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Para todos los públicos Últimas preguntas - Decir haciendo - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días, como siempre,

un gusto compartir con ustedes este tiempo aquí,

en "Últimas preguntas". Hoy voy a hablar con una mujer,

ella es teóloga y educadora social, es religiosa,

de la congregación apostólica del Corazón de Jesús,

trabaja en el Instituto Superior de Pastoral,

y escribe mucho, pero sobre todo, hace mucho.

Y ahí es donde nos vamos a quedar. De hecho,

ella ha escrito un libro recientemente,

que se llama "Decir haciendo". Está con nosotros Pepa Torres,

bienvenida, Pepa, buenos días. Encantada de estar aquí con vosotras.

Es un gusto, es un gusto. Pepa, no vale con decir mucho

si estamos parados, ¿no? Este es el decir haciendo, ¿no?

Pues sí, ahí es donde nos jugamos la autenticidad

de nuestras convicciones,

en que la palabra tiene que encarnarse, ¿no?

La palabra se encarna, se hace cuerpo, se hace gesto,

se hace compromiso, ¿no? Realmente, en concreto,

además, el título del libro viene de una columna

de la revista "Al andar", donde yo soy colaboradora

desde hace bastantes años, y es también el objetivo

de esta revista cristiana, ¿no?

O sea, que nuestra palabra cristiana esté comprometida

con la transformación de la realidad, incluso "Decir haciendo",

está tomado de algunas consignas del movimiento zapatista, ¿no?

Las luchas zapatistas en el sur de México.

Vives y trabajas en el barrio de Lavapiés,

este es un barrio donde... En un mundo

donde caben muchos mundos.

¿Crees que algún día esto puede ser extrapolable

al mundo, así, en general?

En ese sueño andamos mucha gente, en esa utopía,

lo que pasa que es verdad que nos encontramos

con unas políticas de fronteras muy, muy duras,

este sueño de una humanidad sin fronteras, ¿no?

Que no haya ciudadanos de primera y segunda, ¿no?

Que no haya un primer mundo y un segundo mundo,

entre comillas, o un tercer mundo, ¿no?

Supone que tenemos que hacer mucho por cambiar

las políticas estructurales, las políticas de fronteras,

y ahí, como ciudadanos y como cristianos y cristianas,

tenemos mucho que hacer.

¿Cuáles son esas fronteras en las que te mueves?

Bueno, para empezar,

quizás hay una primera frontera existencial,

yo soy religiosa, pero como otras muchas religiosas

con una misión apostólica, nos movemos y vivimos

fuertemente en el mundo laical,

y nos vivimos como personas en la sociedad civil activas,

e incluso yo diría activistas, que así me siento

en el mejor sentido de la palabra, ¿no?

O sea, personas religiosas que en el corazón del mundo

tratamos de vivir nuestra fe comprometidamente,

esa sería una primera frontera, ¿no?

Luego, soy mujer, y las mujeres seguimos siendo una periferia

en la Iglesia y en la sociedad civil, mucho más en la Iglesia, ¿no?

Quizás esa es otra frontera, ¿no?

Salir de alguna manera de los espacios

que se nos asigna a las mujeres, por luchar esto,

porque no haya estos espacios, estos mandatos de género, ¿no?

Lo privado, lo público, etc., etc.,

y por supuesto, la frontera de la exclusión,

la frontera de la exclusión, que es mucho mayor

que el mundo de los migrantes y de las migrantes,

pero no cabe duda que las migraciones en España en este momento

son una de las realidades de los colectivos más empobrecidos,

siempre, pero a partir de la crisis, mucho más, ¿no?

Y luego también me muevo en esa frontera

entre el pensamiento y la vida cotidiana, ¿no?

Yo soy teóloga, pero mi teología es imposible

si no bebe de la realidad,

si no bebe de los encuentros con la gente,

si no escucho los sueños y los anhelos de mujeres

y de hombres con los que convivo, ¿no?

Entonces también me muevo en esa frontera,

entre la del pensamiento y la praxis, intentando ahí romperlas,

te diría que son algunas.

Unas fronteras que no son solamente, aunque existen,

en los más diversos aspectos, fronteras físicas,

pero quizás sea mucho más difícil romper las barreras,

las fronteras mentales y de corazón, podríamos decir, ¿no?

Efectivamente, hay unas fronteras físicas,

unas fronteras geográficas, unas fronteras políticas,

que las vemos y nos pueden afectar,

pero luego hay unas fronteras invisibles,

que son las más difíciles de saltar, como son los prejuicios,

los estereotipos, el imaginario social que tenemos

sobre las personas indiferentes. Ayer, por ejemplo,

me llamó compungido una persona que lleva mucho tiempo

en este país, un trabajador, y entonces se encontró

con un prejuicio muy fuerte en su centro de salud,

no querían atender a su hijo, ¿no?

Y bueno, realmente ha puesto una queja

al Defensor del Pueblo, ¿no? Pero era porque su piel no es blanca,

porque no habla perfectamente, y se encontró con alguien

que al ver un extranjero, pues le identificó

como un enemigo, podríamos decir.

Esto no es lo mayoritario en la sociedad española,

evidentemente, pero esto sucede,

o como cuando compañeras que actualmente trabajan

como empleadas de hogar, que me muevo mucho también en este mundo,

son mujeres que tienen una historia en sus países de origen,

unos estudios universitarios muchas veces,

mujeres también muy empoderadas, muy organizadas,

y sin embargo aquí son tratadas como mujeres ignorantes,

como si ser migrante fuese sinónimo de ser ignorante,

y no tiene nada que ver con esto. A mí siempre me gusta decir

que una persona que cruza una frontera

es una persona empoderada, es una persona que tiene un proyecto,

tiene una historia, y que de hecho, las personas que intentan

llegar a Europa son las más cualificadas,

las que tienen cierta economía para poder pagar el viaje,

y realmente es una suerte poder contar con ellos

en nuestros lugares, y es una gran pérdida

para sus países de origen. Pero qué importante

romper esas fronteras ya desde niños, ¿no?

Hay una labor, hombre, se están haciendo cosas,

desde luego, muy importantes, pero yo creo que el camino

aún es largo, ¿eh?

Sí, porque yo creo que todo lo que tiene que ver

con fomentar la convivencia intercultural,

la educación intercultural desde la infancia,

el que podamos encontrarnos con gentes diferentes,

que surja la amistad, las parejas mixtas,

que vivimos en unos contextos

donde ya hay bastantes parejas mixtas,

en concreto, en mi barrio, ¿no?

Eso nos hace darnos cuenta de que somos iguales, ¿no?

Y este error que a veces tenemos en Europa y en España,

esta especie de complejo de hijos únicos, ¿no?

Hay muchas maneras de ver la vida, hay muchas culturas,

y en definitiva, todos somos iguales, ¿no?

Desde nuestra propia originalidad cultural.

Esto hay que incidir mucho en la Educación

y también en la pastoral.

Creo que esto es algo que está pendiente,

y que en este momento, con todo el tema también

de la demonización del diferente,

la criminalización de la inmigración,

todo eso nos está haciendo mucho daño,

y los medios de comunicación

a veces esto no lo cuidan nada, ¿no?

Entonces, cuando conocemos frente a frente a una persona

que ha cruzado el Estrecho, o que ha cruzado la frontera este,

y nos relacionamos con él o con ella,

se nos bajan muchos miedos, muchos temores.

En este libro que comentábamos, "Decir haciendo",

lo subtitulas "Crónicas de periferias".

Son muy variadas, tú nos has apuntado

algunas de esas fronteras,

de esas periferias en las que te mueves.

¿Hay un nexo común?

Personal, tuyo, me refiero.

El nexo común es que todas son experiencias vividas,

son experiencias reflexionadas y escritas,

pero todas son experiencias vividas con los nombres cambiados, ¿no?

La intencionalidad de este libro, que realmente

recoge un montón de artículos y colaboraciones en blog,

es mostrar la vida y la esperanza que acontece en las periferias,

y el milagro de la organización también

de quienes viven en las periferias,

y visibilizar que ahí hay una esperanza,

y hay una emergencia de algo nuevo,

y que hay alternativas posibles, ¿no?

Quizá iría un poquito en esa línea, ¿no?

Apostando claramente por todo lo que es

las mujeres como sujeto de cambio y de transformación social,

creo que eso atraviesa el libro,

y también los y las migrantes

como un potencial de cambio, ¿no?

Hemos dicho al comienzo que eres religiosa,

de la congregación apostólica del Corazón de Jesús.

¿Dónde está el corazón de Jesús en estas periferias,

cómo nos podemos encontrar con Jesús en estas periferias?

Yo creo que algo que está en la entraña de la Iglesia,

y que el papa Francisco ha vuelto a actualizar con fuerza,

es que los pobres, los empobrecidos y las empobrecidas

son el corazón de la Iglesia, hay un vínculo inseparable

entre la fe y los pobres,

nos dice constantemente Francisco, ¿no?

Lo que pasa es que no basta acercarse físicamente

a estos lugares, sino que hay que acercarse

también desde un cambio, desde un cambio,

un cambio de mentalidad, desde un cambio de conciencia,

desde un cambio de sensibilidad, ¿no?

Hay que acercarse para reconocer y aprender

que en estas periferias hay cultura, hay valores,

tenemos algo que aprender,

podemos, desde luego, ser evangelizados,

y que el Evangelio, podemos decir, no lo lleva nadie, ¿no?

Sino que Jesús, las semillas del verbo,

de la palabra de Dios, están en la realidad

y están fuertemente también en estas periferias,

ese cambio de actitud que tiene que ver con la reciprocidad.

Acabas de decir "Podemos ser evangelizados",

ahí también hay un cambio importante de mentalidad.

Tendemos a pensar que nosotros vamos a evangelizar,

aquí o allí, podemos ser evangelizados.

O sea, realmente, yo creo en el cambio de las personas, ¿no?

Y nos cambia la realidad, pero para que nos cambie,

necesitamos acercarnos desde una actitud

de ir más allá de una mirada desde la apariencia,

de que no tenemos toda la verdad,

de que queremos aprender de otros y de otras,

es más un cambio de sensibilidad que de ideología.

Las ideologías yo también creo que son importantes,

pero sobre todo, lo más importante es el cambio de la sensibilidad,

y ahí, el cuerpo a cuerpo, con los otros, con las otras,

con la gente que habita en los márgenes,

es lo que nos puede ir llevando a cambiar la sensibilidad

y desde ahí, a cambiarnos la vida, ¿no?

Yo también convivo con muchas gentes que están en este proceso,

gentes que colaboran en algunas asociaciones

donde yo también trabajo, y realmente soy testigo

de las transformaciones profundas de estas personas,

que al encontrarse con la realidad de una persona migrante,

les ha cambiado gran parte de su vida.

Detrás de todo esto, porque claro,

al hablar de este "Decir haciendo", que nadie piense,

yo creo que no estaríamos terminando de entender

en qué consiste todo esto,

que estamos hablando de un activismo,

en el sentido de hacer, hacer, sin parar de hacer,

detrás también hay una espiritualidad, ¿no?

Sí, sí, bueno, detrás de esto hay un proceso colectivo,

podríamos decir, formado por muchas mujeres y hombres,

de distintas religiones o de ninguna,

que nos llamamos La Red Inter-Lavapiés, ¿no?

La Red Inter-Lavapiés somos una red de personas

que nos hemos conocido cruzando fronteras.

Algunos y algunas porque las han cruzado físicamente,

y otras porque en relación con las personas migrantes,

hemos sentido que teníamos que cruzarlas, ¿no?

Entonces, desde esta red, hay como una espiritualidad,

y esa espiritualidad es que creemos en un mundo sin fronteras,

que todos somos iguales, que el mestizaje es posible,

que podemos compartir nuestras creencias

y nuestras motivaciones más hondas y en ese sentido,

podemos hablar de una espiritualidad del encuentro, ¿no?

De una cultura del encuentro y de una cultura también

del cuidado, del cuidado común, ¿no?

De una cultura también para desafiar fronteras,

y en ese sentido, algo importante en el espacio de la red,

aunque, como insisto, es una red muy diversa,

hay un espacio en donde los que tenemos

algún tipo de creencia religiosa,

fundamentalmente, musulmanes y musulmanas,

y algunas cristianas, pues hay un espacio para nosotras

privilegiado, que es el martes,

que le llamamos cariñosamente "los martes divinos",

que es un espacio de encuentro y de compartir interreligioso,

pero fundamentalmente, desde la vida cotidiana

que compartimos, desde las luchas comunes.

Por ejemplo, unos compañeros de esta red,

junto con otros y compañeras,

están en Bruselas, en el Parlamento europeo,

un poco para denunciar la política de fronteras en Europa,

y para exigir cambios en la Ley de Extranjería,

y el martes de hace unos días,

estuvimos ahí un poquito como orando sobre esta realidad.

Empoderándonos para poder ir a Bruselas

y llevar este convencimiento.

Hablando de encuentros, Pepa,

son muchos los encuentros que Jesús mantuvo

y que así lo reflejan los evangelios,

mantuvo con las mujeres.

Unos encuentros originales, en el sentido de que,

desde luego, el encuentro de un hombre con una mujer

en ese contexto histórico, eran totalmente diferentes

a lo que él propuso para siempre, además.

¿Tenemos aún mucho, 2000 años después,

aún mucho que aprender de esos encuentros de Jesús?

Muchísimo, y especialmente a mí en ese momento,

me parecen provocativos dos.

Uno es el encuentro con la mujer samaritana,

porque es un encuentro que se da pie de igualdad,

algo que todavía entre hombres y mujeres

no lo tenemos superado. A pie de igualdad,

donde la mujer es reconocida como sujeto de interlocución,

y eso, todavía en nuestras sociedades todavía muy machistas,

pues esto cuesta, ese sería uno, ¿no?

A pie de igualdad y desde una hondura, ¿no?

Y el segundo que me parece enormemente provocador,

es el encuentro de Jesús con la mujer sirofenicia,

una mujer empoderada que le reclama a Jesús

la salvación para su hija, y que de alguna manera,

amplía la concepción de la salvación de Jesús, ¿no?

Le hace ver también que las extranjeras

también tienen derecho a esa liberación,

y entonces Jesús la convierte

en su maestra en interculturalidad, podríamos decir, ¿no?

Yo creo que ese reconocimiento de las mujeres

desde esa reciprocidad,

sigue siendo un gran déficit en nuestra sociedad

y en nuestra Iglesia.

Pues Pepa Torres, ha sido un gusto, de verdad,

compartir este ratito aquí en el programa,

pero podemos compartir muchos más con la lectura de este libro,

"Decir haciendo", un libro, perdón, firmado por Pepa Torres,

y sus crónicas de las periferias, "crónicas de periferias".

Como digo, un auténtico gusto y gracias

por haberlo compartido con nosotros. Gracias a ti,

ha sido un gusto poder conversar contigo.

Nosotros nos vamos ahora a conocer otras historias, otras realidades,

en este caso, vamos a hablar del Año Santo de Covadonga.

El centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga,

el 1300 aniversario de la batalla que inició la Reconquista,

la batalla de Covadonga, y el centenario

de la declaración de este lugar como Parque nacional,

hacen de este santuario una cita obligatoria

a nivel internacional.

"Covadonga es un imán", decía Juan Pablo II,

y por eso es importante.

En Covadonga vamos a beber no de los siete caños de la fuente,

sino de la fuente original, que es Jesucristo,

y su madre, la Santina, que allí tenemos,

y eso es lo que nos da fuerza, es lo que nos da vida.

Más de un millón de personas acuden cada año a Covadonga,

donde en esta ocasión se podrá ganar la indulgencia plenaria,

y en el que espera una persona, María, nuestra madre.

Hay que peregrinar a Covadonga fundamentalmente,

porque allí nos espera alguien, y alguien muy importante,

nos espera la madre, es como una madre

que no ve a sus hijos durante el año,

pero en tiempo de Navidades o en tiempo de Pascua,

allí está esperándonos, y por eso es fundamental.

Porque María tiene algo, la madre siempre tiene algo,

y es fundamental ir a Covadonga por este motivo,

hay alguien que nos espera,

y ese alguien es María, nuestra madre.

Bueno, pues nos tenemos que despedir hasta la próxima semana,

nos encantará estar con ustedes en La 2 de RTVE,

y también en el Canal Internacional, y por supuesto,

a través de la página web. Y hoy nos vamos a despedir

de un modo diferente, de un modo distinto,

lo vamos a hacer con Luis Guitarra y con Carmen Sara Floriano.

Hasta la próxima semana.

(Música)

En todas las profecías

está escrita la destrucción del mundo,

todas las profecías cuentan que el hombre creará

su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida que siempre se renueva

engendraron una generación de amadores, soñadores,

hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo,

sino con la construcción de un mundo

de mariposas y ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.

Detrás de su apariencia cotidiana

guardaban la ternura y el sol de medianoche.

Proliferaron así en el mundo, los portadores de sueños.

Atacados ferozmente por los portadores

de profecías habladoras de catástrofes,

los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías,

dijeron que sus palabras eran viejas,

y en efecto, lo eran,

porque la memoria del paraíso es antigua aquí,

en el corazón del hombre.

Como laboriosas hormiguitas,

estos especímenes no dejaron de soñar y de construir

hermosos mundos, mundos de hermanos,

en el que hombres y mujeres se llamaban compañeros,

y de todos lados venían a impregnarse de su aliento,

de sus claras miradas, y hacia todos lados

partían quienes les habían conocido, portando sueños,

soñando con un tiempo de mariposas y ruiseñores,

en el que el mundo no tenía que acabar en la hecatombe,

no, antes bien, los científicos diseñarían

plazas, jardines, fuentes, fabulosos juguetes,

todo para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

"Son peligrosos", imprimían los grandes periódicos.

"Son peligrosos", decían los presidentes en sus discursos.

"Son peligrosos", susurraban los artífices de la guerra.

"Hay que destruirlos", imprimían los grandes periódicos.

"Hay que destruirlos", decían los presidentes en sus discursos.

"Hay que destruirlos", susurraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su propio poder,

por eso no se extrañaban,

sabían de que la vida los había engendrado

para defenderse de la muerte que anuncian las profecías.

Por eso, defendían la vida aún con su propia muerte.

Por eso cultivaban jardines de sueños,

y los exportaban envueltos en grandes lazos de colores

y los profetas de la oscuridad se pasaban días y noches enteros

vigilando los parajes y los caminos,

intentando descubrir esos peligrosos cargamentos

que nunca lograban atrapar,

porque el que no tiene ojos para soñar,

no ve los sueños ni de día ni de noche.

Y en el mundo,

en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños,

los traficantes de la muerte ya no pueden detenerlo.

Por doquier hay paquetes envueltos en lazos de colores,

solo esta generación, amadores y soñadores,

son capaces de ver.

Dicen que la Tierra, después de parirlos,

desencadenó un cielo de arco iris

y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.

Nosotros solo sabemos que los hemos visto,

y que la vida los engendró

para defenderse de la muerte que anuncian las profecías.

Ellos y ellas son portadores de sueños.

(Música)

Lo primero de todo fue la luz.

Lo primero de todo fue la luz.

Lo primero de todo,

lo primero de todo fue la luz.

Luego vino la espuma,

luego vino la luna,

luego vino el azul.

Luego vino la vida,

luego nació una espiga,

luego viniste tú.

A la intemperie, a la intemperie,

a la intemperie.

Lo primero de mi historia fue el amor.

La primera de mi historia fue el amor.

Lo primero de mi historia,

lo que hizo girar la noria, fue el amor.

Luego vino el ser hombre,

luego vino el dar un nombre

a la lluvia, a la flor.

Luego vino un "te quiero",

luego nació el deseo,

luego alguna canción.

Bajo ese cielo estrellado nos dimos la mano,

y echamos a andar

sin preocuparnos las metas,

sin buscar cobijo, sin miedo a quedar

a la intemperie, a la intemperie,

a la intemperie.

A la intemperie.

Y en mitad de la vida, tú y yo.

En mitad de la vida, tú y yo.

En mitad de la vida,

con las manos vacías, tú y yo.

Apurando el camino,

compartiendo el destino,

aprendiendo a ser dos.

Con los cinco sentidos,

escuchando el latido de cada corazón.

Bajo ese cielo estrellado,

nos dimos a la mano y echamos a andar.

Sin preocuparnos las metas,

sin buscar cobijo, sin miedo a quedar

a la intemperie, a la intemperie,

a la intemperie,

a la intemperie.

Lo primero de todo fue la luz.

Lo primero de todo fue la luz.

  • Decir haciendo

Últimas preguntas - Decir haciendo

29 abr 2018

Este domingo entrevistamos a la teóloga Pepa Torres autora del libro "Decir haciendo", su último título publicado por la editorial San pablo. Con ella charlamos sobre temas de religión y espiritualidad así como de inmigración, movimientos sociales o el lugar que ocupa la mujer en la Iglesia Católica.

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