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Para todos los públicos Últimas preguntas - Cristianos en Siria - ver ahora
Transcripción completa

un pequeño proyecto que pueden tener

(Música cabecera)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Como ven, hemos cambiado de lugar, de decorado.

Estamos en el colegio San José del Parque,

de los hermanos maristas, en Madrid.

Y nos hemos venido hasta aquí porque hay un hermano

a quien queremos conocer y con quien queremos conversar.

Es el hermano George Sabe.

Él es hermano marista y es natural de Alepo, en Siria.

Estos días está en España

porque ha recibido un premio en la Universidad de Navarra

y nosotros hemos aprovechado

para compartir con todos ustedes y compartir con él

sus vivencias, su realidad, sus esperanzas.

Hermano George Sabe, bienvenido, gracias por estar con nosotros.

Buenos días.

¿Cuál es la situación en su ciudad, en Alepo,

en Siria, en general, pero en su ciudad en particular?

En Alepo, especialmente,

porque es la ciudad herida

y que sufrió mucho más que otras ciudades de Siria,

la situación queda una ciudad dividida en dos partes.

Y desde hace tres semanas,

el ejército sirio empieza a ocupar partes de...

Ocupadas por los rebeldes.

Espero que, al volver a Alepo,

la ciudad va de nuevo a ser una única ciudad

con posibilidad de llegar

a barrios donde era imposible de llegar

porque estaban allá los rebeldes, el Frente Al-Nusra,

los del Estado Islámico y otras también elementos armados.

¿Y la comunidad cristiana cómo lo vive?

La comunidad cristiana, en principio, en toda Siria

es una comunidad ya desde el tiempo de los apóstoles de Jesucristo.

Sabéis que en Damasco San Pablo se convirtió.

Antioquía era la ciudad

donde a la primera comunidad se llamó los cristianos.

Y nosotros somos de tradición cristiana desde el tiempo de Jesús.

Actualmente, es una pequeña comunidad

de algo como 30 000 personas.

Mientras que, antes de la guerra, éramos 250 000.

Es una comunidad compuesta de católicos,

de ortodoxos y de protestantes,

de católicos orientales,

armenios, griegos, caldeos,

latinos y otras comunidades.

Y...

Hay mucha gente cristiana que ha dejado el país,

que salió.

Que ya tenía miedo para sus hijos y que no querían quedarse.

No somos amenazados directamente por la guerra,

pero indirectamente la guerra

ha dejado a la comunidad de ser muy reducida,

pobre, con muchos miedos,

pero también con una cierta esperanza que un día la paz va a llegar.

Las congregaciones religiosas que estaban en Alepo

se quedan aún en Alepo.

Las instituciones de la iglesia están aquí

funcionando,

pero es verdad que el número de personas

ya es muy reducido.

¿Cómo vivimos?

Pues vivimos a la gracia de Dios,

vivimos esperando que un día la guerra se acabe

y que podamos quedarnos en el país.

A veces pensamos que ya no tenemos ningún futuro

en Siria.

Pensando, por ejemplo, en Irak,

en lo que pasó con los cristianos en Irak, en Mosul,

y otras ciudades de Irak.

Tememos que a nosotros también nos ocurra lo mismo.

Porque en Siria está Daesh, el Estado Islámico.

Y es una amenaza real para los cristianos

y para los musulmanes.

En Alepo, ciertos barrios que ahora,

actualmente, el gobierno está recuperando,

está el Frente Al-Nusra,

lo que se ha convertido a llamarse Jabhat al-Sham,

actualmente, Jabhat Fateh al-Sham.

Y esos también son tan fanáticos como los demás

y quieren echarnos fuera del país,

fuera del Oriente Medio.

Es una realidad de amenaza, aunque seguimos viviendo.

Y el hecho de seguir viviendo,

también aporta

esa parte del mosaico de Siria,

porque somos comunidades diferentes

que vivíamos y vivimos y queremos vivir dentro de este país

y dentro del Oriente Medio.

Ojalá que no ocurra que un día en Siria

o en otra parte de Oriente Medio no quede ningún cristiano.

¿Y cómo vive su fe?

Porque, claro, vivir la fe, como nos ha dicho,

bajo la amenaza del Daesh,

es un riesgo vivir la fe públicamente, me refiero.

Mira, te voy a explicar

cómo vivimos en la parte que está bajo el control del gobierno,

pues seguimos teniendo esa posibilidad

de vivir y celebrar

y permitir a los niños ir al colegio,

celebrar las primeras comuniones,

porque estamos en la parte

que está controlada por el gobierno sirio y por el ejército.

Ojalá.

Ojalá que ningún día llegue el Estado Islámico a nuestra parte.

Eso es para las celebraciones y la catequesis y otros,

pero la fe es otro problema.

Como cristianos, nos preguntamos

sobre nuestra fe,

cuál es la dimensión de esperanza que podemos tener en la realidad,

la cual estamos viviendo,

y qué testimonio tenemos que aportar

a los demás ciudadanos con los cuales estamos viviendo.

Porque el Santo Padre Francisco

nos invita a desplazarnos,

a desplazarnos hacia las fronteras.

Y como cristianos que vivimos en la realidad de guerra,

pues la frontera es donde está el otro que sufre,

el otro que necesita de nuestra presencia.

Y es importante para nosotros vivir nuestra fe con esa esperanza.

En el mundo musulmán

se vive a partir de una fe

que cree que todo es "maktub",

escrito, todo es destinado,

ya estaba destinado a nuestra vida.

Nosotros, como cristianos, pues no,

vivimos la libertad que nos ofrece el Señor

y queremos a todo precio que el Señor nos ayude a descubrir

cuál es la misión que tenemos actualmente

en medio de esta guerra.

Es una misión que creo que es de aportar paz

y aportar, sobre todo, esperanza

en momentos muy duros donde se pierde la esperanza.

Las preguntas que nos vienen cuando se muere alguien

o que hay desplazamiento, ¿dónde está el Señor?

¿Y por qué no nos ayuda?

¿Y porque el Señor no nos protege?

Entonces, es totalmente una nueva catequesis

que estamos aportando,

en la cual, la presencia del Señor, es una presencia internada

que está cerca de nosotros,

que apoya lo que estamos viviendo,

que sufre de lo que estamos sufriendo

y que, con nosotros, busca el camino de la paz.

Es totalmente una nueva catequesis

y que creo que nos va a cambiar la vida.

Otro tema que creo que es importante,

la guerra nos aportó

la suerte de encontrar al otro,

al otro que es diferente,

que puede ser que antes de la guerra,

aunque vivíamos en la misma ciudad,

pues no estábamos muy en relación con los otros.

Teníamos relaciones, sabíamos que estaban los demás,

pero no lo cotidiano como se está viviendo ahora,

no el sufrimiento que se vive actualmente.

Entonces, es una apertura muy grande que tenemos hacia el otro.

Descubrirlo, cogerlo, respetarlo, respetar su tradición

y abrirnos y decirles que nosotros también vivimos

dentro de esta misma ciudad,

pero también con una visión diferente de fe.

Permítame que retome algo que usted decía hace un instante.

Es esa pregunta que muchas personas

en Siria y en tantos lugares del mundo,

quizá ahora muchas personas que están viendo esta conversación,

que ven los informativos

y estamos conociendo qué está ocurriendo en Siria,

una pregunta que muchos nos hacemos.

En medio de este dolor, ¿dónde está Dios?

La fe nuestra, hoy día, nos invita a ver a un Dios

muy cerca de nosotros,

un Dios que sufre de lo que estamos sufriendo,

un Dios que no es un parasol

que nos protege del mal que viene de fuera,

porque hay una persona que ha decidido matar.

Y a esa persona que decidió matar

el Señor no le puede impedir, si no va a sufrir con la víctima.

Y eso es importante en lo que estamos hoy descubriendo

en el Evangelio,

que Jesús acompañó a los que sufren,

a los que estaban excluidos.

Y él mismo pasó por Getsemaní,

pasó por ese jardín donde sufrió

todo lo que los hombres de mala voluntad querían hacer de él.

Y nos invita Jesús a hacer otra cosa,

a vivir de otra manera.

Y no es fácil.

A veces, perdemos de vista al Señor,

le decimos: "Estás muy lejos".

"Estás durmiendo". "¿Por qué no nos apoyas?"

"Estamos rezando, haciéndolo todo bien.

¿Qué culpabilidad tenemos por recibir lo que estamos recibiendo

o vivir lo que estamos viviendo?"

La respuesta es que el Señor es un don de amor a cada uno de nosotros.

Y nosotros estamos invitados a compartir este don de amor

que hemos recibido.

El padre Champagnat, fundador, decía

que nosotros, como maristas,

estamos invitados a decir a los niños

cuánto el señor Jesús y María les quieren.

Yo creo que es también de actualidad hoy día para nosotros,

que vivimos en la fe y en Jesucristo,

de decir a la gente cuánto Dios les quiere en todo caso,

en todo momento de su vida.

Y hablaba también del testimonio, de la importancia del testimonio.

Cuéntenos qué es lo que hacen los hermanos maristas en Alepo.

Antes de todo, es una labor de presencia, estar presente.

La gente necesita, hoy día, en mi ciudad,

un oasis de paz.

Una presencia que les diga: "Bienvenidos

a estar escuchados".

A que puedan decir todo lo que les hace sufrir.

Pero también es una presencia que responde a las necesidades

de gente que se ha desplazado, que ha perdido todo,

perdió el empleo, perdió la casa,

perdió el sentido de vida, perdió el futuro,

y también quiere vivir y sobrevivir.

Entonces, tenemos muchos programas de urgencias,

desde la comida, hasta el vestido, hasta calzados,

hasta distribución de agua a las casas.

Y todo un programa para los civiles heridos de guerra.

En todo el tema, lo más importante es ofrecer

una cierta seguridad a la gente.

Y permitirles sobrevivir a esta guerra.

El 80 % de la población siria en Alepo

está bajo el nivel de pobreza. El 80 %.

Mucha gente no tiene su propia casa, está viviendo en un alquiler.

Y en eso también lo ayudamos.

Y por otra parte también, ayudamos en la educación.

Porque es nuestro carisma.

Y educar es educar a la paz,

educar a vivir con el otro, que es diferente.

Educar es abrir los horizontes.

Educar es aportar a un niño, a un adolescente,

una visión del mundo que no excluye al otro.

Y por otra parte también estamos en el desarrollo.

Es decir, ofrecemos a los adultos

que ya no tienen trabajo, están en el paro,

posibilidades de preparar su propio futuro

el día que vendrá la paz al país.

En un centro de desarrollo y de "training",

jóvenes y personas adultas

pasan para recibir una formación que les prepara

o a empezar

un pequeño proyecto que pueden tener

o recibir cualquier formación humana

y económica y de desarrollo

que les permite, en el futuro,

ojalá que sea muy próximo, de paz,

que puedan tener un trabajo.

Nos comentaba, hermano, que desde el año 2012

usted no había salido del país.

Ahora, cuatro años después, ha vuelto a España,

ha vuelto a esta Europa occidental.

¿Qué se ha encontrado?

¿Cómo vive o cómo percibe los contrastes?

(RESOPLA)

Estamos en dos mundos diferentes.

Yo he vivido mucho en Europa también

y no podía imaginar lo que podía ser una guerra,

no podía imaginar

que la guerra reduce la vida de la persona humana.

Le deja sin recursos,

le deja con muchos días sin dormir,

de sufrimiento,

y también la guerra me enseñó

a desprenderme de muchas cosas y muchas necesidades que antes yo tenía

y que, hoy día, veo que no son necesarias para mí para vivir.

Cuando llegué a Barajas, al aeropuerto,

que conozco muy bien, que conocía muy bien,

y que muchas veces he pasado

y que veía que era normal ver todo lo que había en el aeropuerto,

me sentí extranjero.

No me veía

en esta parte del mundo.

Me decía a mí mismo:

"¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo y dónde estoy?"

Puedo contaros lo que pasó esa mañana en el baño.

(RÍE)

Después de muchos, muchos,

por lo menos, un año, voy a decir,

pude tomar un baño de agua caliente del grifo.

Y ya veía que el agua salía y caliente.

Y yo me decía a mí mismo

pues eso, ya lo había perdido de vista.

Son cosas, son detalles.

Puede ser que no son importantes y necesarias,

pero hay dos mundos diferentes.

El mundo en el cual la gente sufre

y el otro mundo, creo que también sufre, pero por otras cosas,

aunque tengan de sobra muchas cosas.

Pero es una realidad.

Otro tema que quería comentar es el tema de la exclusión,

que hay fronteras que no se pueden atravesar,

que se necesita un visado para un sirio para salir de su país

y venir a Europa o a otras partes del mundo.

Actualmente, sin visado,

yo puedo viajar a dos países en el mundo,

al Sudán y a Irán.

Y todos los demás países del mundo me exigen un visado.

Y cuando ven que en mi pasaporte soy sirio,

ya enseguida hay muchas dificultades de obtenerlo.

El tema de la exclusión es un tema mundial hoy día

porque a ciertas personas se les permite viajar por el mundo entero,

estar bien recibidos por el mundo,

y otros que se les echa fuera de ciertas fronteras.

Pienso en todo lo que pasa desde África hacia Europa,

todo lo que pasó, por ejemplo, el año pasado 2015 durante el verano,

desde Siria, Afganistán, hacia Europa.

Es un tema que hay que comentarlo,

hay defender la libertad de escoger un lugar seguro

porque este es el tema.

Una familia necesita a todo precio

un lugar seguro,

un lugar donde se reconoce como persona humana,

que tiene sus derechos, que los puede vivir.

Os voy a contar una historia de una niña de algunos años,

8 o 9 años.

Vino un día a decirme:

"Hermano,

no me llamo desplazada.

No soy un número.

Me llamo..." Y me dijo su nombre.

Y creo que aquel día ella me explicó

con sus palabras lo que quiere decir

una persona,

que tiene una historia, que tiene un reconocimiento,

que es una persona,

aunque sufrió de la guerra,

aunque no tiene todo lo que tenemos,

pero es una persona humana.

A esa niña le puedo decir hoy a través de la televisión

que ojalá en el mundo entero

todos los niños, todas las personas no sean excluidas,

no sean solo un número

al cual las organizaciones internacionales

dan a comer o ayudan o no sé qué,

sino son personas humanas

que tienen su historia

y que su historia es una historia sagrada,

es la historia del amor de Dios.

Yo creo que, a través de esa niña,

quiero decir a mucha gente hoy, para mí,

tenéis un nombre, tenemos una relación,

y ojalá seamos una comunidad.

Hermano, ¿cuál es su sueño? ¿Cuál es su esperanza?

Mi esperanza es...

Hablamos en el evangelio del reino de Dios.

Yo lo traduzco con la palabra civilización del amor.

Educar a los niños, a los jóvenes,

a vivir

en una civilización

donde la persona humana está reconocida,

tiene sus derechos, está querida por los demás,

y, al vivir así,

creo que se ahorra mucho sufrimiento

en el mundo en el cual estamos viviendo.

No es solo desear la paz para mi país,

también eso es importante para nosotros,

pero también es esperar para otras partes del mundo

que no sea el consumismo, que no sea el poder de los grandes

quienes se aprovechan de los pobres

y del pueblo,

pero cada una de las personas sea reconocida como tal.

Esa es mi esperanza.

¿Y qué nos dice a los cristianos, a todas las personas,

más allá de confesiones, a todas las personas

que ahora estemos participando de esta conversación,

qué nos diría?

No sé si les puedo decir,

pero en mi país

hemos resistido a la guerra,

hemos resistido a perder nuestra fe.

Y creo que, en occidente,

os invito también a resistir a perder vuestra fe

y también a educar a nuestros hijos en los valores del Evangelio.

Yo creo que hoy día, para nosotros todos,

desde el Evangelio,

desde lo que nos enseñó Jesús y lo que vivió Jesús,

nos da una respuesta

a la manera de ver el mundo

en el futuro.

Vivid vuestra fe

a partir de los valores del Evangelio.

Hermano George Sabe,

de verdad, muchísimas gracias por haber estado con nosotros,

por habernos transmitido esta realidad

y por haber compartido, cómo no, también sus sueños, sus esperanzas.

Muchas gracias. Muchas gracias.

A todos ustedes, amigos,

gracias también por el tiempo que nos han dedicado a través de La 2

y del Canal Internacional de TVE.

Ya saben lo que les decimos siempre.

Ahora, la conversación continúa en casa,

continúa en la familia, continúa en el trabajo, con los amigos,

porque ha dado, yo creo, para una importante reflexión

todo esto que hemos conocido con el hermano George Sabe.

Nosotros les reemplazamos hasta la próxima semana.

Si lo desean, ya saben dónde es la cita,

en "Últimas preguntas", aquí, en Televisión Española.

(Música)

  • Cristianos en Siria

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02 abr 2017

Hoy hablamos con el hermano marista George Sabe y de la labor de los maristas en Alepo (Siria) 

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