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Para todos los públicos Últimas preguntas - Comunicar esperanza - ver ahora
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de la Santa Sede, teniendo claro una cosa.

(Música cabecera)

Hola, amigos, muy buenos días.

Gracias por estar una semana más con nosotros en "Últimas preguntas",

aunque hoy hemos cambiado de lugar.

Hemos salido,

hemos dejado por unos momentos los estudios de Prado del Rey

y nos hemos venido a la sede de la Conferencia Episcopal Española.

En concreto, a la Comisión de Medios de Comunicación

porque la semana pasada

se celebró la Jornada de Medios de Comunicación,

coincidiendo con el Domingo de la Ascensión.

Vamos a hablar de esta jornada

y lo vamos a hacer con el presidente de la Comisión de Medios,

con don Ginés García Beltrán, obispo de Guadix.

Buenos días, don Ginés, gracias por estar con nosotros.

Buenos días, M Ángeles,

y gracias a vosotros por acogerme en esa casa.

Precisamente, con motivo de esta jornada,

el papa Francisco ha propuesto un mensaje

al que ha puesto como título, como lema,

"Comunicar esperanza y confianza en nuestro tiempo".

Don Ginés, esto, con la que está cayendo, con lo que está pasando,

¿es posible realmente?

Pues hay que comunicar esperanza y sí es posible,

no es una utopía irrealizable la que el papa nos lanza.

Hay que comunicar esperanza, confianza,

como si fuera un eslogan bonito, pero que es irrealizable.

No, no, la esperanza es posible.

Y la esperanza se sustenta tantas veces en la confianza.

Pensemos no solo en el plano religioso,

sino en el plano meramente humano, cuando yo tengo confianza en alguien,

me fío de lo que dice y eso hace brotar la esperanza.

Por eso, también lo dice el papa y hablaremos de esto,

incluso las malas noticias hay muchas formas de comunicarlas.

O se pueden comunicar las malas noticias de un modo derrotista,

pero también se pueden las malas noticias,

porque hay que decirlas también,

abrir brechas de esperanza, brechas de confianza.

El propio papa dice en el mensaje que, efectivamente,

hay veces que la realidad es la que es

y que hay que comunicar las cosas que no son tan buenas,

pero que están ocurriendo, que están pasando.

¿Cómo podemos hacer esto los comunicadores, los periodistas?

¿Cómo podemos hacerlo, pero sin generar miedos,

sin generar apatía, como el papa dice,

sin generar desesperanza?

Claro, es la obligación también del comunicador.

Tiene que dar las buenas noticias, ojalá fueran muchas,

pero también las malas noticias.

Sin embargo, muchas veces depende también de nosotros.

Él pone el ejemplo o la imagen del trigo y la cizaña.

Dice: "Nosotros somos los que molemos, hacemos la molición,

podemos moler la cizaña, podemos moler el trigo".

Y creo que aquí es muy importante también la fe.

No en vano, la palabra fe es confianza.

Por tanto, transmitir confianza es trasmitir fe.

Cuando nosotros transmitimos,

porque lo que comunicamos es el Evangelio, que es buena noticia,

en definitiva, Jesucristo,

estamos transmitiendo confianza, estamos transmitiendo esperanza.

Francisco, y esta es una de las constantes

cada vez que se dirige a los periodistas

o cada vez que habla de los medios de comunicación,

nos propone un estilo comunicativo abierto, creativo,

de encuentro, en definitiva.

Claro que sí,

porque la comunicación se inventa en cada momento.

El año pasado nos decía también algo muy bonito,

decía que comunicación es proximidad.

Y tú, cuando te encuentras con alguien,

no viene ya preestablecido lo que vas a decir,

lo que vas a hacer,

sino que el otro siempre me sorprende,

el otro siempre es nuevo

y, por tanto, la comunicación también tiene que tener esta creatividad.

No obstante, si esto lo hacemos desde una perspectiva distinta,

nos damos cuenta cómo también cambia la cultura, cambia el hombre

y la comunicación tiene que estar siempre adaptada a nuestra cultura,

al hombre contemporáneo,

porque de qué serviría comunicar si el otro no me entiende.

Pero para esto es fundamental la escucha.

Sí, escuchar siempre es fundamental,

pero no solo la escucha de oír,

sino la escucha de aceptar al otro cómo es,

lo que el otro me quiere transmitir.

Es decir, que la escucha siempre es un enriquecimiento

porque es aceptar que el otro tiene algo que decirme.

Y qué decir, don Ginés, no sé si estará de acuerdo,

pero a mí me parece que, en el momento actual, todos comunicamos.

A través de las redes sociales,

en nuestro ámbito familiar, educativo,

todos estamos comunicando.

Por lo tanto, este mensaje del que estamos hablando, esta jornada,

no va dirigida, me parece a mí,

solamente, aunque sí de un modo principal,

a los comunicadores o a quienes nos dedicamos profesionalmente a esto,

sino, de algún modo, para todos, a todos nos atañe esto.

Comunicar, efectivamente, es de todos.

Y la comunicación no deja a nadie fuera

porque la comunicación es una mirada, es una palabra,

la comunicación es un apretón de manos,

pero en este nuevo universo digital en el que vivimos,

¿quién no comunica?

Yo conozco muchas abuelas

que, para crear lazos de unión con sus nietos,

tienen Facebook y tienen Twitter, incluso Instagram.

Por tanto, hoy comunica a todos.

Si esto lo llevamos al plano de tantos cristianos,

tantos católicos que nos están viendo y escuchando,

diría no solo comunica el obispo, no solo comunica el sacerdote,

todos estamos llamados a comunicar.

Y por hacerlo práctico,

a nadie se le ocurre que en una parroquia

no tenga que haber catequistas

o no tenga que haber personas que lean las lecturas

en la celebración de la eucaristía o que atiendan Cáritas.

Y yo me pregunto, ¿cuántas de nuestras parroquias

tienen personas que se dedican a la comunicación?

Porque hoy comunicamos a través de las nuevas redes

y, por tanto, si la parroquia quiere ser iglesia en salida,

también tendrá que ponerse las pilas

y tener gente que sepa comunicar y que pueda comunicar.

Usted durante mucho tiempo,

en su labor pastoral ha estado especialmente centrado

en las familias, acompañando a las familias, a los matrimonios.

Este estilo comunicativo del que estamos hablando

que propone el papa Francisco,

¿es válido también para este ámbito doméstico,

este ámbito de la familia?

¿Es un estilo esta propuesta de esperanza, de confianza?

¿Es así como debemos comunicar también entre los esposos,

de padres a hijos, de hijos a padres, entre hermanos?

Yo aquí diría dos cosas.

En primer lugar, los medios son medios.

Por tanto, los medios tienen que ayudar a la familia

al encuentro personal, al encuentro físico,

a hablar entre ellos.

Muchas veces se ha dicho que hoy las familias

miran todos en la misma dirección, es decir, miran a la televisión,

pero no se hacen un corro para hablar entre ellos.

Por tanto, estos medios tienen que ayudarnos

a comunicarnos entre nosotros personalmente,

pero después también hay otra cosa.

Y es que los padres tienen que ser también educadores de su hijo

en lo que se refiere a los medios de comunicación.

Y aquí hay dos extremos que son malos.

Aquellos padres que dicen:

"No hay redes sociales, no hay Internet, no hay comunicación".

Mire, si no lo hacen en casa, lo van a hacer fuera.

O, por el contrario, aquellos padres que no tienen un control

de la utilización que sus hijos hacen

de estos medios de comunicación.

Que no son ni buenos ni malos,

sino que lo utilizamos para el bien o lo utilizamos para el mal.

Si lo utilizamos para el bien son muy buenos.

Ahora mismo, don Ginés,

habrá muchos jóvenes, muchos adolescentes

que estarán diciendo en casa: "Qué bien este obispo.

¿Has escuchado, mamá, lo que está diciendo?

Que hay que utilizar las redes".

Pero es verdad.

Sería un error pensar que lo mejor

es que mis hijos no participen en esto

porque poco menos que está el diablo ahí.

Ustedes, los miembros,

los obispos miembros de la Comisión de Medios de Comunicación

de la Conferencia Episcopal Española,

han dirigido también un mensaje

a la luz del propuesto por el papa Francisco

en el que hablan de la postverdad.

¿Qué significa? ¿Qué quiere decir?

Un término que, además,

no sé, pero parece como que se ha puesto muy de moda, incluso.

La postverdad es ese ambiente,

ese aire que respiramos cada día todos

y que muchas veces no nos damos cuenta.

Y hoy vivimos en un ambiente de postverdad.

De hecho, el diccionario Oxford

eligió como palabra más importante de 2016 la palabra postverdad.

¿Qué es la palabra postverdad? Lo que hay detrás de la verdad.

¿Y qué es lo que hay detrás de la verdad?

En definitiva, que lo que menos importa es que esto sea así

o sea de la otra manera.

Lo importante es cómo yo vivo, cómo yo siento la verdad

o mi verdad.

Claro, aquí a la base hay lo que hemos llamado

y, sobre todo, el papa Benedicto XVI ha llamado

el imperio del relativismo,

pero también existe esto que se ha puesto últimamente muy de moda

a raíz de la muerte de su autor, del filósofo Bauman,

la sociedad líquida.

Aquí todo el líquido no tiene consistencia.

Claro, esto nos da una cultura de la pura sensibilidad

donde lo que vende no es que sea verdad, sino que a mí me toque.

Muchas veces esto nos deja en la epidermis, en la piel,

y las cosas no entran, no hacen experiencia.

Por tanto, estamos obligados a recuperar la verdad de las cosas.

No la postverdad, no lo que hay...

El subjetivismo de la verdad,

sino lo que es, es y lo que no es, no es.

¿Qué consecuencias tiene esta postverdad?

Yo creo que una consecuencia importante

es el relativismo,

la sensiblería,

que muchas veces desemboca en frivolidad,

donde somos capaces de vivir los acontecimientos más grandes

con tantísimo dolor

y a los tres minutos, y exagero, ya no me han dicho nada.

Pongo un ejemplo.

Cuántas veces me he encontrado con gente que dice:

"Mire usted, cuando veo a estos niños de África

con las barrigas inflamadas por el hambre,

es que se me quitan las ganas de comer,

es que se mueve todo en mi interior".

Esto es bueno, pero la postverdad es que, dentro de cinco minutos,

yo ya ceno y ya se me olvidó que hay un niño que pasa hambre.

Esto podemos llevarlo a cualquier ámbito de nuestra vida

y de la vida de la sociedad.

Por tanto, yo creo que la postverdad nos hace muy superficiales

y, por tanto, muy frívolos.

Nos hace muy relativistas

y, por tanto, con pocas raíces

para, por ejemplo, entablar un diálogo social.

La postverdad me lleva muchas veces

a decir y pensar: "Esta es mi verdad. Esto es lo que hay".

Y, por tanto, si tú quieres, lo aceptas.

Y si no, estaremos enfrente, seremos enemigos.

Fíjate lo que supone en el campo social, cultural,

también en el político,

donde parece que se cierran barreras de diálogo,

barreras de encuentro.

De hecho, insisten ustedes en el mensaje en que la postverdad

nos aboca a un mundo sin bondad y sin belleza.

Cuando falta la verdad,

se deteriora la bondad y se deteriore la belleza.

Lo que nos lleva a la bondad y a la belleza es la verdad.

El poder expresar en verdad, el poder recibir la verdad,

el poder encontrar la verdad, nos hace mejores.

Y eso, al hacer mejores, nos lleva también a la belleza.

La belleza es consecuencia y va muy unida a la bondad.

Lo bueno siempre es bello.

No lo hemos comentado todavía,

pero a mí me parece que hay una gran responsabilidad también

por parte de los receptores.

Las personas que ahora mismo puedan estar viendo este programa,

yo creo que este mensaje, esta jornada,

les tiene que llamar a decir:

"Bueno, nosotros aquí tenemos algo que decir,

que somos, al fin y al cabo, a quien se dirige esta información",

así que es también una llamada de atención para ellos.

Nos tienen que exigir a todos los comunicadores,

al profesional de la radio, de la televisión,

y también al obispo, que es un comunicador,

y también al sacerdote, claro.

Por eso, la exigencia ética

que conlleva la profesión de comunicar la vocación,

más que profesión, la vocación de comunicar

nos tiene que llevar a transmitir verdad

porque, si no transmito verdad,

puedo confundir al otro

y puedo hacer que el mundo sea menos habitable.

Creo que...

Esto es una consecuencia tras consecuencia,

que todos tenemos que asumir.

Los profesionales de los medios

y todos los que, de una u otra manera, comunicamos.

Usted, además, es miembro de la Secretaría para la Comunicación

de la Santa Sede.

Cuéntenos en qué consiste,

qué es este organismo que ha propuesto el papa.

La Secretaría de la Comunicación

está dentro del gran organigrama reformador del papa Francisco,

el de la curia romana,

que son sus colaboradores más inmediatos

en el gobierno de la iglesia.

Mira, la primera tendencia o la primera idea de esta secretaría

fue agrupar a los nueve organismos

que se dedicaban a algún aspecto en la comunicación en la Santa Sede.

En este momento que todavía se está haciendo la integración,

queda cada vez más claro

que no es solo un organismo que recoge nueve organismos,

sino que es un organismo totalmente nuevo.

¿Por qué?

Porque a la hora de hacer este trabajo,

se ha podido ver claramente

que el mundo y el hombre que tenemos enfrente es distinto

y que la respuesta comunicativa que la iglesia tiene que dar

tiene que ser también nueva, distinta.

Pongo como ejemplo en el discurso

que el papá nos dirigió a la plenaria de la secretaría.

En un momento, el papa habla de reforma.

Y nos dice en ese modo comunicativo tan personal suyo:

"Reformar no es pintar por encima.

Reformar, como su nombre dice, indica, es cambiar la forma".

Por tanto, tenemos que cambiar la forma, lo más profundo.

Insiste el papa:

"Y para esto, siempre hay que hacer violencia".

Ha introducido una palabra que puede llamar la atención

y dice: "Bueno, violencia de la buena, pero un poco de violencia".

Y es verdad.

Porque, si queremos cambiar algo,

pero me quiero quedar sentado en mi sillón,

quiero, en teoría, que cambie, pero yo no quiero cambiar.

Y para que algo cambie, tengo que cambiar yo.

Me tengo que hacer violencia.

Muchas veces los cambios sabemos que pueden...

mover, no solo mi persona, sino también la de los demás.

Yo creo que en esa línea va la Secretaría para la Comunicación

de la Santa Sede, teniendo claro una cosa.

Y es que su misión fundamental es apostólica,

es comunicar el Evangelio

y, por tanto, todos los esfuerzos son esfuerzos misioneros

y, por tanto, de una renovación, de una conversión misionera,

que es una palabra tan querida para el papa Francisco.

Desde luego, el tema de las comunicaciones sociales,

a propósito de esta profunda renovación

que se ha hecho en la Santa Sede, que ha propuesto el papa Francisco

para las comunicaciones desde la Santa Sede,

demuestra el enorme interés que tiene el pontífice

en todo lo relacionado con la información, con la comunicación,

con el encuentro, en definitiva.

El papa está muy implicado en la reforma de las comunicaciones,

además, nos lo ha demostrado con una serie de gestos.

También en ese discurso nos dice:

"No podemos vivir de glorias del pasado,

sino que tenemos que asumir el desafío, el reto actual.

Y por eso, tenemos que implicarnos todos".

Esto es algo irreversible.

Y, evidentemente, el papa es muy consciente

que la comunicación es fundamental,

que en el mundo en el que vivimos, si no comunicamos,

no somos, no existimos,

y que tenemos que comunicar de un modo asequible al receptor,

al que no se está escuchando o viendo.

¿Cree usted que este estilo comunicativo del papa Francisco...?

Algunos dicen incluso que si responde a una estrategia,

a mí me parece que no es más que un don que él tiene

y que lo hace así de bien y sabe llegar a tanta gente.

¿Pero cree usted que este estilo del papa

está abriendo unos nuevos horizontes a los periodistas,

a los comunicadores?

Sin duda.

Sin duda.

Y yo creo que una de las grandes aportaciones del papa

es la humanización de la comunicación.

Si nos paramos a pensar,

¿el papa por qué llama la atención en lo que dice y lo que hace?

En primer lugar, por su sencillez.

Porque lo entiende todo el mundo y esto es importante.

Por tanto, lo hace creíble, lo hace auténtico.

Y esa es la segunda característica más importante

que creo que tiene la comunicación del papa Francisco,

que es auténtico.

Y yo percibo que no me habla de memoria,

sino que me habla del corazón.

Por tanto, yo creo que el papa es profundamente espontáneo,

pero yo creo que, en el fondo, es una espontaneidad organizada.

Es decir, sabe lo que quiere decir, sabe dónde quiere llegar.

Y por eso, en cada momento,

utiliza la sencillez y la autenticidad

para hacer lo que cree que debe hacer o lo que quiere hacer.

Yo creo que esta es una lección muy bonita

porque todos en la vida tenemos más o menos claro

dónde queremos llegar, qué queremos hacer.

Pues mira, hazlo con espontaneidad,

hazlo con autenticidad, con proximidad,

que seguro que va a llegar.

Vamos a dejar, por el momento, la comunicación de la Santa Sede

y vamos a quedarnos aquí, en casa, en España, en nuestro país.

¿Cómo cree, cómo ve usted,

como presidente de la Comisión de Medios de Comunicación

el momento actual de la comunicación,

de la realidad del iglesia en nuestro país?

Mira, yo lo veo muy bien, muy positivamente, con mucha esperanza,

porque veo que hemos avanzado mucho.

Sobre todo, la esperanza,

porque creo que nos queda mucho por hacer,

que tenemos muchísimo que mejorar en todo.

En nuestros programas en la televisión pública,

en las diócesis...

Tenemos mucho que mejorar, pero es verdad que hemos hecho mucho.

Voy a poner un ejemplo que es muy significativo.

Hace siete años,

cuando teníamos reunión de delegados diocesanos

de medios de comunicación social,

el 90 % eran sacerdotes de buena voluntad.

Señores a los que el obispo les había dicho:

"Mira, necesito alguien que esté al frente de esta delegación".

Y el sacerdote lo asume en obediencia y en buena disponibilidad.

Si hoy vamos a una reunión de delegados de medios de comunicación,

el 85%, y quizás me quedo corto,

son laicos, laicas, sobre todo.

¿Cuál es el perfil hoy del profesional

o del responsable de comunicación de nuestras diócesis?

Mujer, joven, muy bien preparado

y con un perfil eclesial muy bueno.

Por tanto, creo que esto es muy esperanzador.

Y no porque no tengamos cura, seamos cada día menos cura,

sino porque creo que es una misión fundamental de los laicos

y, por tanto, la formación tiene que ser un pilar fundamental

y hoy podemos aportar profesionalidad y también eclesialidad,

que es tan importante para transmitir,

no solo como profesional de memoria,

sino algo que tú estás viviendo en tu propia realidad.

Por eso, muchos de los delegados o delegadas diocesanas

o de los equipos,

son chicos y chicas que trabajan en su parroquia, en un movimiento,

y que después comunican

porque es lo que han estudiado, para lo que están preparados.

Y más allá del ámbito puramente eclesial,

la comunicación de lo que podríamos llamar el hecho religioso

de lo espiritual, algo tan inherente al ser humano,

¿hay interés por comunicar, por informar, sobre esta dimensión?

Pues mira, esto pasa como en Nicodemo, como en el Evangelio,

que tenía mucho interés en ver a Jesús,

pero como era miembro del Sanedrín, no iba por el día, iba por la noche.

Entonces, oficialmente, culturalmente,

parece que nos interesara demasiado,

y, si interesa algo, en lo negativo.

Pero después, a la hora de la verdad, yo creo que sí interesa.

Podría poner también muchos ejemplos,

pero cuando hay algún acontecimiento, estoy pensando en el sur,

pero también en cualquier lugar de España, cuando llega la Semana Santa,

a los canales de radio y televisión le interesa

las manifestaciones de fe popular

o ahora, dentro de poco, el Rocío, por ejemplo.

Es decir, ¿interesa eso? También interesa mucho

todo lo que hace referencia a la acción social

o caritativa de la iglesia.

En definitiva, el hecho religioso interesa,

aunque podamos decir que, culturalmente,

no está muy de moda, pero sí que interesa.

Por cierto, ¿cómo surge ese interés,

esa vinculación de usted con los medios de comunicación?

Pues, mira, yo no creo en la casualidad.

Por tanto, no voy a decir que por casualidad.

Yo simplemente había hecho algún programa

en la radio de Almería,

de donde yo soy originario,

y cuando fui obispo,

los obispos del sur me pidieron que me encargara de las comunicaciones,

también entré a la Comisión de Medios de Comunicación.

Y bueno, esto engancha, ¿eh? Engancha.

Y aunque siempre lo digo

porque es verdad que yo soy un profano en estos medios,

o en el medio,

pero me interesa, me gusta

y creo que merece la pena poner aquí mucho esfuerzo,

la carne en el asador, porque es importante.

Por tanto, soy un profano que estoy encantado de estar donde estoy.

Don Ginés, muchísimas gracias.

Usted, además, es nuestro pastor

como presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación.

Gracias por este tiempo que nos ha dedicado

pero, sobre todo, gracias por su acompañamiento siempre.

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Últimas preguntas - Comunicar esperanza

04 jun 2017

Hoy nos acompaña Mons. Ginés García Beltrán, Presidente de la Comisión de Medios de Comunicación para conversar sobre la jornada de MCS "Comunicar esperanza y confianza".

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