Últimas preguntas La 2

Últimas preguntas

Domingos a las 10.00 h.

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4685760
Para todos los públicos Últimas preguntas - Comisión de servicio - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días, gracias por estar

una semana más en "Últimas preguntas".

Durante este tiempo de verano, de vacaciones para muchas personas,

vamos... Más tiempo libre, por tanto, vamos a recuperar

o vamos a recomendar algunas lecturas

de las que viene bien leer o releer

en este tiempo, que como dijo, de verano, tenemos quizá más ocasión

de dedicar con tranquilidad a los libros, a los buenos libros.

Vamos a recuperar algunas de las conversaciones que precisamente

sobre libros hemos tenido en el programa durante esta temporada.

Una de ellas fue con Miguel Ángel Tobías. Con él estuvimos hablando

de su experiencia en los Andes, de su experiencia también

de trascendencia en los Andes, de encuentro con Dios.

Y ahora lo ha plasmado en un libro que se llama precisamente

"Renacer en los Andes". Vamos a ver esa conversación.

(Música profunda)

Guiado por la atracción de vivir intensamente siempre me he movido

en el límite.

He atravesado desiertos, navegado por aguas peligrosas,

pilotado aviones y buceado en profundas cuevas;

descendido barrancos y practicado la caída libre.

Por mi trabajo he visto la muerte de cerca muchas veces.

Pero nunca me había enfrentado a ella cara a cara.

Hasta que un día me perdí en la Cordillera de los Andes

y la muerte caminó a mi lado.

Sin agua, sin comida,

a muchos grados bajo cero y sabiendo que no podían ir a buscarme

era ya solo cuestión de horas.

Pero pedí ayuda y se me concedió.

¿Casualidad? ¿Dios? ¿Suerte?

Ahora sigo recorriendo el mundo por zonas de conflicto,

de catástrofes, de pobreza. Pero ya no es un desafío.

Es una necesidad de gratitud y entrega.

De ayudar con mi trabajo todo lo que pueda a los demás.

13 años después he sentido la necesidad de contar al mundo

esta experiencia espiritual que movió los cimientos de mi vida.

Una luz, tal vez solo una leve llama, que ya nunca me ha abandonado.

Esperanza, paz, serenidad, fe, amor.

No importa el nombre si con este libro puedo apoyar

a los que se enfrentan a una adversidad o a un desafío.

A encontrar la energía para superar el temor a uno mismo.

A encarar el miedo a este mundo tan bello y tan hostil

y salir fortalecido.

Está con nosotros el protagonista de esta historia, Miguel Ángel Tobías,

muy buenos días. Buenos días.

Bienvenido una vez más, me encanta que vengas.

Muchas gracias, yo también me siento en casa.

Me alegro mucho, Miguel Ángel.

Oye, fíjate que nos contaste esta historia hace tiempo.

Además me decías antes que fue

prácticamente el primer programa o la primera entrevista...

Fue la primera. La primera entrevista.

No lo sabía, ¿eh? No tenía yo ese dato y te lo agradezco muchísimo.

Que fuese aquí precisamente donde acercaste algo

tan duro, tan íntimo, tan personal. Pero es que ahora 13 años después

ya has dicho: "Mira, ya lo cuento en un libro". Un libro en el que,

habiéndote escuchado esta historia también muchas veces,

pero reconozco que me ha sorprendido.

Has sacado una parte, has hecho ahí un desnudo emocional muy grande.

Pues mira. Incluso el primer sorprendido soy yo.

Gente que se sabe la historia, que creía que se sabía la historia,

porque yo se la había contado

y que se ha leído el libro, me dice: "Miguel Ángel, el libro es mucho más

de lo que tú habías contado". Pero entonces confieso y digo:

"No, es que el libro es mucho más de lo que yo mismo contaba".

Porque para escribir el libro he tenido que hacer un ejercicio

de inversión emocional, psicológica,

sobre lo que viví en aquel momento minuto a minuto.

Y me he dado cuenta al escribir el libro que había muchas cosas

que no quería volver a recordar. En las que no quería volver a pensar.

Porque la mente, evidentemente, hace que cuando has pasado

alguna experiencia tan tremenda, tan dura como esta,

de haber estado a punto de morir,

pues hay cosas en las que no quieres volver atrás.

Por lo duro que supuso. Tú tienes el relato, te acuerdas

evidentemente de lo que viviste.

Y tienes pinceladas de los momentos más fuertes que pasaron dentro de ti.

A la hora de escribirlo, para que el lector

pueda meterse de verdad en la historia, he tenido que entrar

en él minuto a minuto. Entonces,

he llorado. He tenido fiebre escribiendo.

Hay una anécdota que... Es un libro además que he escrito

en los ratos que he ido pudiendo durante un año.

Fines de semana y cada momento que podía me ponía a escribir.

Y venía una vez en el AVE entre Valencia y Madrid,

y estaba escribiendo en la tablet y estaba llorando.

Claro, si tú ves a alguien que llora que está hablando por teléfono,

todo el mundo piensa: "Le han dado una mala noticia y está llorando".

Pero claro, que veas a alguien que está llorando mientras escribe

en un ordenador... Entonces una señora se levantó.

Y vino y me dijo: "Perdone, ¿le pasa algo? ¿Le puedo ayudar?".

Me pareció tan... Me enterneció brutalmente. ¿Qué pasó?

Que no me quedó más remedio que explicarle a la señora

y al resto de la gente que estaba en ese vagón de AVE todo el mundo

se enteró de que yo estaba escribiendo el libro,

donde contaba el milagro que viví en los Andes.

Y nunca me voy a olvidar de ese momento. ¿Por qué lloraba?

Porque estaba en ese momento escribiendo

el instante en el que me imaginaba a mis amigos

llamando a mi madre para decirle que su hijo había muerto.

Y claro, las lágrimas me caían de la cara.

Entonces ha sido un ejercicio muy duro. Ha sido apasionante escribirlo,

pero yo le decía a la editorial, Planeta, le decía: "Está siendo

un ejercicio durísimo", no me imaginaba que iba a ser tan duro.

Yo estoy acostumbrado a contar historias por el mundo

a través de los documentales de las películas, pero cuento

las vidas de otros. Son otros los protagonistas.

Y en este caso el protagonista del libro soy yo.

Y estar contando íntimamente todo lo que pensé, sentí... Pues...

Incluso me da hasta vergüenza. Siento pudor en las presentaciones

de los libros. La gente me viene: "Me he leído el libro" y siento

vergüenza cuando me lo dicen. Sí, porque hablamos mucho

de afrontar la vida. Es una frase que decimos con frecuencia.

Pero es que tú en esa experiencia que vives, en ese episodio

tan fuerte de tu vida... Yo, por cierto, remito a los espectadores,

por supuesto a que lean el libro, obviamente, "Renacer en los Andes",

pero también que vean aquella entrevista que hace ya años,

no sé si 7-8 años que viniste al programa y nos lo contaste.

Digo que hablamos con mucha frecuencia de afrontar la vida,

pero es que tú ahí estabas afrontando tu muerte, sin renunciar

a la vida, luego lo comentamos también. Pero estabas afrontando

tu muerte. Es muy duro eso. Eh... Bueno, a ver.

Podemos vivir, en general todos vivimos, afortunadamente, sin saber

cuándo vamos a morir.

Porque si lo supiéramos sería una angustia terrible.

Me duele en el corazón cuando personas,

que por cualquier tipo de enfermedad o lo que sea de repente saben, ¿no?

O les han dicho que tienen un tiempo, un plazo.

Que es verdad que aunque luego esto... Se va para arriba

o para abajo, ya que te hayan dicho que tienes un plazo me parece

una cosa terrorífica. Pero en general no sabemos cuándo.

Entonces, estar viviendo una situación donde yo no estaba herido,

no estaba enfermo,

estaba sano. Simplemente que estaba en los Andes, en medio de una montaña

sin agua, sin comida, sabiendo que nadie me va a venir a buscar.

Y saber que había sobrevivido a la primera noche a muchos grados

bajo cero, y que por mi propio conocimiento científico ya sabía

que la segunda noche era imposible sobrevivir a ella,

saber que te vas a morir dentro de unas horas es terrible.

Es terrible. El sentimiento de desolación absoluto.

En ese momento te das cuenta de la importancia que tiene la vida.

Hablamos de la palabra vida y muerte con una facilidad, tranquilidad

y relax... Las noticias,

que es terrible. Decimos: "Han muerto personas. Han muerto otros 5000

en el Mediterráneo han muerto...".

Por favor, pensemos que cada una de esas muertes fuésemos nosotros,

que nos estuviésemos enfrentando a ello.

Y las personas que les ha pasado como a mí, que han tenido esa situación

de ser conscientes de que se iban a morir.

Es una experiencia que...

Desoladora y que solamente tienes dos opciones.

O enfrentarte a ella incluso en la propia aceptación.

Con lo cual, entras en otro estado diferente.

¿Que lo hiciste también? Que lo dice también.

A las 3:00 de la tarde de aquel día, en ese diálogo que mantenía con Dios

durante horas.

Acepté mi muerte. Pero a la vez

era una aceptación interna, interior,

y sin embargo estaba con el compromiso de seguir peleando

y luchando, y no dejar de caminar para ver si yo salvaba mi vida.

Ojalá que la gente que lea el libro

y que esté pasando por una circunstancia no tan grave,

obviamente o tan límite.

Pero al final todos los seres humanos vamos a pasar muchas veces

en nuestra vida por momentos buenos y malos. Y ojalá sirva para que

las personas que lo lean y que estén pasando por esos momentos malos

o el día que los tengan que pasar

les sirva y se acuerden de las reflexiones que hago en el libro,

y esto les pueda dar un poco de fuerza,

un poco de luz, de esperanza, de serenidad, como para decir:

"OK, tengo esta situación delante",

por supuesto pedir ayuda, voy a pedir ayuda, no estamos solos.

Pero además comprometerse con uno mismo a decir: "Voy a hacer todo

lo que yo pueda hasta el límite de mis fuerzas

para salir adelante, para pelear y para superar esta situación".

¿Qué te hace a ti aferrarte a la vida en ese momento? Porque lo fácil

fácil entre comillas, obviamente. Aquí las palabras se quedan siempre

limitadas, pero en esa situación en la que tú veías que era

yo creo que irremediable, salvo milagro, como ocurrió,

pero era irremediable tu muerte, ¿qué te hace a ti

cuando racionalmente era imposible que tú pudieses vivir, qué te hace

aferrarte a la vida? Pues hay dos momentos muy diferentes

en esta historia que viví. Uno fue por la noche.

La primera noche donde estaba congelado,

donde la lucha era contra mí mismo, porque si me dormía, me moría.

Entonces no luchas contra el frío. Luchas contra tu mente que

lo que te dice es: "Duérmete y acaba con este sufrimiento". Y se acaba

el sufrimiento. Y se acaba.

Y en esa noche hubo una mano que dos veces me despertó.

Que ya forma parte de ese milagro, ¿no? Que una mano

me tocara la cara y entonces me despertara y me permitiera

seguir viviendo. Pero la segunda vez que sucedió yo estaba tan...

Tan congelado, tan en las últimas, tan con un sentimiento de paz;

me dolía nada, ya no me dolía nada, estaba muriéndome y no me dolía nada.

Y de repente me vino la cara de mi madre.

Y es el único momento en todo ese día donde yo verbalizo incluso la palabra

que con los labios muy rígidos, sin poderlos mover, dije: "Mamá".

Pero no dije "mamá" para pedirle ayuda a mi madre.

Sino dije "mamá" con el sentimiento... Vi su cara y dije:

"No, no, no, no me puedo morir. No me puedo morir". Entonces

tuve que hacer ese esfuerzo de pasar de la congelación a la descongelación

que significaba volver a sentir dolor.

Que ese volver a la vida esa noche significó volver a sentir dolor.

Y luego ya de día la experiencia otra vez con esa conciencia

de que me quedaban horas para morir.

Pues hice lo único que en aquel momento sentí, que fue entrar

en un diálogo directo con Dios. Y pedir ayuda.

Con consciencia de que yo de allí solo era imposible que saliese.

Sabía que no había opción ninguna dónde ir.

Estaba en medio de los Andes, cientos de kilómetros de montañas.

A 5000 m de altura, a muchos grados bajo cero por la noche.

Y como te decía antes, sin agua y sin comida.

Y entré en ese diálogo interno en el que...

En el libro se relata muy detalladamente cómo fue ese diálogo,

qué cosas pedí, cómo se me fueron dando, cómo fueron sucediendo

las cosas.

Y que por supuesto, queda siempre, como no puede ser de otra manera,

en la cabeza, en la mente, en el corazón del lector,

poder sentir que efectivamente fue un milagro.

Y si alguien piensa que fue la suerte, pues tuve la suerte

más grande que alguien puede tener en el mundo.

O que fue fruto de la casualidad que yo fuese pidiendo cosas, y esas cosas

fuesen pasando. Yo acepto, obviamente, cuál es

lo que cada uno quiera sentir. Pero íntimamente no tengo ninguna duda,

lógicamente, de que aquello fue un milagro. La mayoría de la gente

que lee el libro lo ve. Ve claramente ese milagro.

¿Me dejas que lea el párrafo en el que cuentas esta conexión

con tu madre? Claro.

"Solo dije mamá.

Y fue como volver a generar conexión con la vida.

Porque eso es lo que representa una madre: la vida.

Era como si acabara de nacer y el bebé que todos fuimos

estuviera desorientado, sin ver, sin entender lo que oye,

ni dónde está ni por qué.

No sabe respirar, le han sacado de su letargo, de una hibernación.

Y tiene que decidir si quiere vivir.

Pero de repente está frente a su madre,

que le da fuerza y sentido a todo. Así me sentí yo.

Era un bebé naciendo, reconociendo

y queriendo vivir gracias a la fuerza de su madre".

Me... Qué fuerte.

Sí. Me... Me emociono, porque no...

Porque eso es lo que representa la madre. Tengo la suerte de que,

que siempre he sentido esto.

Y siempre he sabido cuál es el valor de una madre.

Ayer en la presentación del libro en otra ciudad,

contaba de una película en la que también hablé aquí, "Rising Nepal",

que rodé meses después del terremoto en Nepal.

Que yo quería filmar el encuentro de dos víctimas: hijo y madre.

La madre en las montañas, el hijo en Katmandú.

Y como quería filmar esa verdad,

no les permití encontrarse antes de rodar, por lo tanto, coloqué

las cámaras; cuando las cámaras estaban colocadas

le dije al equipo de producción: "Ahora decidle a Devendra,

a ese protagonista, que camine hacia su madre".

Los nepalíes son muy fríos en cuanto al contacto físico. Entonces,

se agarró así de los brazos de la madre, se movió un poco,

y yo dije: "No, no, es tu madre ¿cómo...? Esto no puede ser".

Y de repente este chico dijo: "Madre, déjeme un momento

que me agache a besarle los pies". Cuando vi eso,

dije: "¡Ah! O sea también, también lo tienen claro, y es esto".

Que es lo que trato de decirle a todo el mundo a lo largo de mi vida.

No van a encontrar nada más importante en la vida que la familia.

Que los padres, los hermanos. Y la madre representa

eso. Y cuando hablamos nos miramos y todo el mundo lo entiende,

todo el mundo siente esto.

Y también le digo a las personas que por las circunstancias de su vida

su madre ya no está con ellos,

eh... Les digo: "No os equivoquéis, nunca van a dejar de estar".

Claro que están ahí. Hablad con ellas, pedidles,

porque no van a dejar jamás una madre

desde este lado o del otro jamás va a estar dejando de velar por sus hijos.

De algún modo hablas también en el libro

de esas personas que ya no están físicamente aquí con nosotros.

Además, no tengo delante el párrafo, pero sí que dices:

yo sentí la ayuda de distintas personas, Dios, pero no estaba solo.

Algo así vienes a contar. Esa presencia de ángeles aquí,

alrededor de nosotros, pero en esa vida después de la muerte,

en esa presencia de almas. Mira.

Desde toda la vida he pensado y he sentido,

y para mí es una obviedad, que hay ángeles que caminan entre nosotros.

Y uno puede pensar: "¿Cómo, son figuras extrañas...?", no, no.

Sus alitas... No, serán como sean, y los habrá

de todos los tipos y colores, pero si uno piensa en una madre

Teresa de Calcuta, si piensa...

Todos los misioneros que hay en el mundo,

anónimos, que nunca vamos a conocer, que están en las zonas

o en las leproserías o en las zonas donde nadie quiere ir,

donde lo único que hay es horror, hambre, sufrimiento y desesperanza.

¿Alguien tiene duda de que estos seres humanos, de que estas personas,

son ángeles? Ninguna. Entonces me fascina.

Como estoy muy entrenando en esto me fascina ir por el mundo

con esta sensación de ir descubriendo

no de los con alitas, de los que caminan por aquí,

de ir descubriendo ángeles. Desgraciadamente vivimos

en un mundo en el que...

Hay muchos problemas. Donde estamos viendo el horror permanentemente.

Yo que recorro también el mundo en zonas de catástrofes o en guerras

o en zonas de pobreza, le digo a todo el mundo: "Fijaros,

que en cada sitio en el planeta donde haya una situación dramática,

donde haya una situación dura, si te quedas un rato mirando,

en algún momento aparece un ángel".

Y aparece un ángel en forma de lo que sea que le da una botella de agua,

que le da un abrazo, que le hace una sonrisa a alguien.

Entonces yo no tengo duda.

No estoy convencido de que haya 8000 millones a 7500 millones

de humanos sobre la Tierra. De esos debe haber

unos cuantos millones de ángeles, que seguro, caminan entre nosotros.

¿Qué es para ti la sensación de, de miedo, de soledad?

Y de humildad también. Porque por lo que nos has descrito,

por lo que leemos en este libro hay un momento y es humildad absoluta

de "Yo solo no puedo

necesito, ni más ni menos, que a Dios".

Mira.

Yo creo que. Primero, con el tema de la soledad.

Sin ninguna duda, estoy 100 % convencido de que la enfermedad

más grave que puede tener un ser humano es la soledad.

Precisamente en España, donde la cifra es...

Creo que hay como 1 millón y medio de personas mayores de 65 años

que viven solas.

De esas seguro que hay un porcentaje, no sé cuál es,

que lo hacen voluntariamente y que están bien, y que están bien de salud

y que están felices y...

Pero me pongo a pensar en los cientos de miles que no.

Me pongo a pensar en los cientos de miles de personas que sienten

esa soledad o porque sus familiares no les prestan atención;

o porque en general la sociedad

no mira hacia otro lado y estamos... Caminamos así por el mundo.

"Yo, yo, yo; lo mío, lo mío, lo nuestro".

Y no somos capaces de girar hacia los lados.

Con lo cual, animo a la gente, y en el libro que hago reflexiones

al final también sobre la soledad, el amor, Dios, la muerte...

A que por favor seamos muy conscientes de estas personas

porque yo viví

el sentimiento de soledad

probablemente más dramático que se puede llegar a vivir. Que es

"sé que me voy a morir".

"Estoy físicamente solo, no hay nadie a mi alrededor".

Pero además, las personas que me quieren,

que no saben que estaba yo viviendo esa tragedia

en los Andes, que estaban en España en agosto, que están de vacaciones,

que están pensando que su hijo,

su hermano, su tío, su primo

está viviendo un viaje de aventura en Perú con sus amigos y que todo está

bien y que no pasa nada.

Fue terrorífico. Decía: "Me voy a morir y me voy a morir solo,

y me voy a morir sin que la gente que me quiere

ni siquiera pueda tener un pensamiento hacia mí

en este último momento". Con lo cual, desde aquella experiencia,

por eso decía antes lo de la soledad.

Estoy muy obsesionado, en el buen sentido de la palabra,

con que fomentemos entre todos este concepto que nos miremos.

Que por favor miremos a los lados, que intentemos ver

quién tenemos al lado y si realmente tiene esa enfermedad, que tratemos

de ayudarle.

Y con respecto a lo que decías de la humildad,

una persona

muy religioso, que en aquel momento cuando yo viví la tragedia

de los Andes era el asesor de Cultura del presidente del Gobierno

en aquel momento. Por lo tanto, un tipo muy, muy culto. Era quien

escribía los discursos de Cultura.

Con 62 años. Rafael se llama.

Me dijo una cosa, me dijo: "Miguel Ángel,

sin tú saberlo has cumplido los preceptos

para que se pueda dar un milagro".

Y claro le pregunté cuáles eran.

Entonces, el primero me dijo: "Humildad para reconocer

que tú de allí solo no salías".

Porque sin esa humildad es imposible,

obviamente, que se me hubiera ayudado. Porque si yo me creo

autosuficiente, yo creo que lo puedo todo, yo creo que esto lo voy

a resolver, ¿por qué me va a ayudar nadie? No tiene sentido.

Los otros fueron pedir ayuda, porque si no pides ayuda, igual.

Si no pedimos ayuda, ¿por qué nos la van a dar? Libre albedrío.

Puedes hacer con tu vida lo que quieras.

Lo tercero fue aceptar mi muerte. O sea, es decir encomendarme a lo que

parecía que era inevitable que iba a pasar.

Y otra cosa de la que hemos hablado antes: decidir que voy a seguir

caminando. Es decir, hay que pedir ayuda,

pero uno tiene que luchar con todas sus fuerzas y poner toda su cabeza,

todo su corazón, toda su inteligencia, toda su voluntad,

en intentar resolver ese problema que está teniendo.

Y si se dan estas cosas, y Dios quiere, pues de repente

se produce. Hablo con mucha vergüenza de esto, porque yo sé que

evidentemente hay mucha gente que se ha muerto en la montaña,

hay mucha gente que muere todos los días. No tengo ni idea, no lo puedo

saber por qué a mí se me ayudó.

Y en otros momentos, desde nuestra mente racional humana,

dices: "¿Por qué no se ayuda a otros y no se ayuda siempre?

No lo puedo saber".

Lo único que puedo hacer, y lo digo también con toda humildad,

es vivir en consecuencia. De saber

que se dio ese milagro, que se me ha dado una segunda oportunidad de vivir

y que tengo que vivir siendo consciente de que se me dio

esa segunda oportunidad. Utilizas ahí siempre una frase

que creo que lo define muy bien: "Estoy en comisión de servicio".

Estamos todos en comisión de servicio lo que pasa que yo ya lo sé.

En esa comisión de servicio estás haciendo un servicio magnífico,

obviamente, con una de las cosas que mejor sabes hacer: la producción

de películas de cine, de documentales.

Ahora estás trabajando, nos queda muy poquito tiempo pero como vas

a venir pronto a contarnos otras cosas, pues no pasa nada.

Pero sí al menos coméntanos un poquito un proyecto en el que además

estás participando con esta casa, con TVE.

Sí, estoy haciendo una... Produciendo y dirigiendo una película

maravillosa. En coproducción con TVE.

Que se titula "Me llamo Gennet".

Que es la historia de la primera sordociega de nacimiento

europea en tener un título universitario.

Pues deseando ver esa historia y tantas otras

en las que trabajas y seguirás trabajando en esta comisión

de servicio en la que todos estamos.

Bien, pues esta es la historia que hoy queríamos compartir

con todos ustedes. Nos encontramos, les emplazamos, si lo desean,

hasta la próxima semana. Nos encantará que el próximo domingo

volvamos a estar juntos aquí, en "Últimas preguntas".

Hasta entonces, que tengan una feliz semana.

(Música créditos)

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Comisión de servicio

Últimas preguntas - Comisión de servicio

05 ago 2018

Hoy nos acompaña Miguel Ángel Tobías para hablarnos de sus proyectos profesionales fruto de su experiencia en los Andes, un testimonio que ha plasmado en el libro "Renacer en los Andes".

ver más sobre "Últimas preguntas - Comisión de servicio" ver menos sobre "Últimas preguntas - Comisión de servicio"

Los últimos 516 programas de Últimas preguntas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos