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Para todos los públicos Últimas preguntas - Comer en familia - ver ahora
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(Música)

¿Qué tal amigos? Buenos días, bienvenidos una semana más,

a "Últimas preguntas", el último programa, además,

de este mes de diciembre y de este año 2018,

al que estamos a punto de despedir.

Por eso lo vamos a celebrar,

como solemos celebrar en estos días, en familia.

Fíjese, lo que tenemos entre manos.

Además de tener preparada una mesa de desayuno,

porque vamos a hablar de un libro que se llama "Comer en familia",

bueno, pues nosotros vamos a desayunar en familia.

Con todos ustedes y con la persona que ha escrito este libro,

y que hoy nos acompaña, Miriam Magallón.

Bienvenida, buenos días. Muchas gracias, buenos días.

Nos vamos a tutear, si me permites. Muchas gracias por estar aquí.

Miriam Magallón, que es psicóloga,

y que ha hecho un libro,

que, cuando tengan oportunidad de leerlo, lo podrán comprobar,

da mucho de sí, porque dices: "Comer no es sólo alimentarnos",

aunque es la parte, desde el punto de vista fisiológico, fundamental,

pero hay tanto alrededor de la comida Miriam,

Muchísimo, es que implica,

hasta el empezar a hacer la compra,

hacer la compra, cocinarla, juntarnos,

celebrar. Implica muchísimas cosas.

Desde luego que sí,

Fíjate, si echamos la vista atrás,

da igual que sea este año que estamos ahora terminando,

como si nos remontamos a la infancia,

yo creo que los momentos que nos vienen,

bonitos, de recuerdos, están relacionados,

o giran en torno a la comida.

Completamente, completamente.

Yo creo que el comer juntos, es un encuentro.

Y nosotros además, con nuestra cultura latina,

todavía más. Para todo lo que suceda en la vida, nos juntamos a comer.

Sea bueno, sea malo,

sea cotidiano, sea extraordinario, siempre está la comida de por medio.

O sea que, completamente.

Y, desde luego, nuestros recuerdos de infancia, van,

yo no te sabría decir un porcentaje,

pero muchísimos, asociados a los ratos de comer.

A las celebraciones que hemos tenido, a los olores,

a los sabores, a las casas en las que comíamos rico.

Completamente.

Y cuando tratamos de recordar a personas que ya no están,

las vemos, en muchas ocasiones, alrededor de una mesa,

quizá, en un momento de la Navidad, de estos días que celebramos.

Hay una cosa que me ha gustado mucho en el libro,

una idea que planteáis, y es que comer es crear.

Me parece precioso.

Sí, es que es así.

Yo creo que creamos en el momento en que empezamos a cocinar,

estamos creando, aunque hagamos un plato que hemos hecho mucho,

sí, pero estamos creando.

Pero no sólo eso, creamos una atmósfera cuando ponemos la mesa

y creamos un encuentro cuando nos sentamos todos.

Cuando toda la familia se junta, estamos creando.

Ese momento es completamente distinto,

del que vayamos a tener mañana, o del que tengamos dentro de un mes.

Entonces, tiene un punto muy creativo.

Un punto, en el que, entre todos, formamos una atmósfera,

un momento, un encuentro.

Aunque sea la comida más sencilla, unos huevos fritos con patatas.

Totalmente.

Aunque sea una comida de mediodía, o una cena normal y corriente.

Claro, estamos creando algo nuevo.

Dices también en el libro,

atención padres, tomen nota,

"Hacer en familia, al menos una comida", leo textualmente,

mejora el rendimiento escolar, nos hace más inteligentes,

desde el punto de vista emocional.

Más sanos y más fuertes contra la adversidad.

Aquí está todo, en la comida. Así es.

¿Por qué Miriam?

Los beneficios de comer en familia son muchos,

pero, además es que hay muchos estudios que así lo avalan.

Entonces, el hecho de comer juntos,

hace que tengamos niños más sanos,

está comprobado que la gente que se junta,

al menos, una vez al día a comer juntos,

come mejor, come más frutas y verduras,

come platos mejor cocinados,

no tira de comida procesada o de comida rápida,

y hay un índice de obesidad muchísimo menor,

en las familias que comen juntos,

con lo cual, ya estamos hablando de salud física,

pero también estamos hablando de salud psíquica, psicológica.

Cuando comemos juntos,

los niños están teniendo la oportunidad y, los padres,

que esto es un beneficio de ambas partes.

Tenemos la oportunidad de comunicarnos, de contar,

cómo estamos, qué nos ha pasado, si hemos tenido un problema,

si hoy no hemos sabido resolver algo, si hemos tenido una alegría,

entonces, estamos hablando desde el corazón, desde las emociones,

y nuestros hijos están escuchando eso y aprendiendo a hacerlo.

Con lo cual, si tenemos un problema, podemos resolverlo entre todos.

Hay una cosa que digo en el libro, que es que, a veces,

comer en familia, nos hace escuchar a los más pequeños,

y, a veces, el mayor cuenta algo que le ha pasado,

los padres escuchamos y, de repente,

el pequeño, de una manera mucho más creativa y natural,

dice: "Pues yo haría esto". Y se le ocurre una solución,

que a nosotros, que ya estamos metidos en nuestros carriles,

de lo correcto, no se nos hubiera ocurrido, y que es una buena idea.

Una manera diferente.

Si no hiciéramos esto en el ratito que estamos comiendo todos juntos,

hablaríamos con cada uno de nuestros hijos por separado,

y nos perderíamos la riqueza del grupo, de la familia.

Entonces, emocionalmente, también nos aporta un montón de cosas.

Cuando nos juntamos y comemos juntos, tenemos la oportunidad,

de ver un poco, en que está cada uno de nuestros hijos,

si hoy ha tenido un problema, si lleva unos días quejándose,

porque tiene un problema con un profesor, o con un niño,

estamos detectando si hay un problema,

de acoso, o un problema de falta de motivación para estudiar.

Nos permite detectar y valorar en qué está cada uno,

con lo cual, es una oportunidad fantástica el hecho de comer.

Por eso nos puede ayudar a prevenir,

porque estamos viendo cómo se maneja nuestro hijo con la comida,

si está comiendo lo que le damos o no, si lo disfruta,

si empieza a ser selectivo y a decir de esto no quiero comer.

Nos da la oportunidad de detectar muchísimos problemas,

y, obviamente, de poderles poner solución.

Con lo cual, es un factor protector enorme.

Y lo tenemos ahí al alcance.

Hay una cita de Miriam Weinstein en un libro,

que es fantástico, donde lo que dice es,

que tenemos un recurso a la mano, gratis, de acceso diario,

que si le diéramos todo el valor, podríamos conseguir,

la salud de nuestros hijos, el éxito,

el equilibrio psicológico y emocional,

Y también nos ayuda mucho en la unión familiar.

Es que nos juntamos, hablamos, nos comunicamos,

es que discutimos, que también puede pasar en la comida.

Que también forma parte de las relaciones familiares y es sano.

Pero, ahí estamos dando la oportunidad de construir familia.

Ese ha sido el motivo de elegir hoy este tema,

estamos celebrando en este último domingo del año,

la jornada de la familia y de la vida,

¿cuántos valores familiares, surgen alrededor de la comida?

por muy sencilla que esta sea, no estamos hablando, insistimos,

en grandes celebraciones, que también, las tenemos ahora.

Pero en una comida sencilla, diaria,

cuántos valores, por ejemplo, la comprensión, el compartir,

la escucha, porque hablabas de las cosas que salen en la comida

pero, para que salgan esas cosas, hay que saber escuchar.

Claro, sí.

Es otra de las cosas en las que yo me explayo en el libro,

creo que tiene mucho que ver con la comunicación,

el comer en familia y hacer de esto una virtud,

tiene que ver con que nosotros nos entrenemos para comunicarnos mejor.

Unos padres que saben escuchar, que saben preguntar.

Yo escucho a algunos padres decir: "Es que mi hijo no cuenta nada".

Es que nosotros también tenemos que aprender a preguntarles.

Y, a veces, preguntas demasiado simples,

que nos van a contestar con un bien o con un mal,

nos han hecho cerrar la comunicación.

Si tenemos un rato para: "Cuéntame lo mejor que te ha pasado hoy",

que es lo que más te ha gustado, algo que hayas aprendido,

le damos oportunidad de que hablen y nos cuenten cosas.

Con lo cual, estamos mejorando la comunicación,

y ellos también nos escuchan como hablamos,

y tienen la oportunidad de hablar, o sea, son niños que se expresan.

Si en una comida nos juntamos y nos ponemos a charlar,

los niños, hasta los más pequeños, va a empezar a querer,

soltar su frase, y cuando empiezan a hacer frases,

cada vez con más palabras, con más estructura,

porque están empapándose de todo eso,

de comunicar, obviamente.

Y saber esperar el turno, por ejemplo,

el comprender que los demás tienen algo que decir,

el compartir los alimentos, pero compartir también,

lo que estamos comentando, compartir nuestra vida.

Pero seguro que hay muchas familias que ahora están viendo el programa,

y dicen: "Es que yo no puedo comer en familia", por los trabajos,

por las prisas, por los horarios diferentes,

tenemos que intentarlo, ¿no?

Tenemos que intentarlo, tenemos que luchar contra eso.

Es cierto que, a diario, hay gente que dice: "Ni un sólo día puedo".

Pero, si al menos puedes, un martes, un miércoles,

salgo un poco más rápido, los niños consigo recogerlos,

y por lo menos, el martes o el miércoles nos comprometemos

a cenar juntos. Eso unido al fin de semana,

en el que sí tenemos que hacer el hueco, pelear un poco,

con los partidos de los niños, con lo que sea, con las salidas,

si por lo menos, nos juntáramos un par de veces a la semana,

sería fantástico.

Obviamente, mucho mejor si es una vez al día,

pero, entiendo que hay veces que no es posible.

Pero esos días, como que nos lo curramos,

van a ser pocos, pero van a ser de calidad.

No vamos a tener prisa un sábado en la comida, un domingo,

no vamos a tener prisa por levantarnos,

vamos a hacer una sobremesa tranquila.

Vamos a empezar poniendo la mesa juntos,

que me echen la mano los niños a cocinar en casa,

ya estamos creando un ambiente y una atmósfera distinta.

Entonces, hay que luchar por eso.

Hay algunos conflictos de familia,

o incluso, personales,

que, en tu consulta, sin ir más lejos, Miriam,

en tu consulta como psicóloga,

resuelves,

con procedimientos y terapias en las que nos vamos a entrar,

pero que tú lo ves y dices:

"Esto se resuelve con una buena comida".

Es cierto, sí.

Hay gente que me cuenta,

que son 3 o 4 en casa, y que comen todos desperdigados.

A mí eso me da una clave.

Aquí está pasando algo, no hay un lugar de encuentro.

Es gente que llega a cualquier hora, se calienta lo primero que pilla,

o a lo mejor, hay una madre que se ha esforzado en preparar la comida,

pero luego, cada uno llega, se sirve, come y se va.

Eso nos está denotando cosas, aquí hay un problema,

no tenemos un lugar de encuentro, en el que podernos juntar,

y comentar, entonces, esa falta de comunicación,

incluso, en la hora de la comida, hace que cada uno vaya por libre,

que cada uno tenga sus problemas, que se vayan metiendo en líos,

que se vaya sintiendo más solo, más desanimado,

que se meta más en su habitación,

hablamos, sobre todo, de adolescentes, o de gente joven,

que se recluye y que no habla, que no cuenta lo que les pasa.

Los padres se preocupan, pero tampoco encuentran un espacio.

Bueno, pues es que comiendo juntos, sería mucho más fácil.

A lo mejor puedo esperar 10 o 15 minutos a que venga mi hijo,

o mi padre, mi madre, y que nos sentemos a comer.

Y ha cambiado completamente.

Y pueden ser comidas diarias, a lo mejor de 15 minutos,

entiendo que no podamos hacer una gran comida todos los días,

pero nos permite encajar tanto lo que nos está pasando.

Y yo así lo compruebo,

cuando en la consulta trabajo desde ahí,

de repente, pues un adolescente que hablaba muy poco,

o que se metía mucho en su habitación,

de repente: "Pues hoy me ha preguntado mi padre y le he contado,

y él también me ha contado" y, vuelve a haber un encuentro.

Cuando crees que en otro modo, no surgen, pueden surgir ahí, ¿no?

Eso es. Sé que no es el tema del libro,

pero yo quiero preguntarte esto,

y comer solo, cuando no queda más remedio por la razón que sea,

¿si queremos, puede propiciar el encuentro con uno mismo?

Totalmente.

Hay un apartado dentro del libro,

al que yo le doy especial importancia,

que es el comer conscientemente.

O sea, que uno ponga atención, al ratito que está comiendo,

incluso, aunque esté solo.

Prepárate tu comida bien hecha,

no comas cualquier cosa,

prepáratela con cariño, como si fuera para los demás,

es un acto de autocuidado también, el comer bien.

Prepárate la mesa, no comas de pie, ponte tu mesa, tu mantelito,

caliéntatelo y siéntate a comer.

Bueno, el ratito de estar comiendo solo,

sin tele, sin radio, estoy comiendo,

hace que estés mucho más presente en lo que comes.

Mucho más consciente de los sabores, de la textura, de la temperatura,

vas a masticar mucho más, vas a comer menos cantidad,

porque cuando comemos con conciencia,

atentos a lo que estamos haciendo,

no estamos de manera inconsciente, que uno se pone un plato,

y está viendo la pantalla, como pasa a los adolescentes,

repite y casi no se da cuenta de que está repitiendo,

y cuando termina de comer, dice: "No sé ni a que sabía,

ni como me ha sentado".

Pues el hecho de comer, aunque sea solo, con conciencia,

yo creo que aporta muchísimas virtudes,

y una de ellas es la de: "Estoy conmigo mismo".

Si nos paramos a pensar en esa línea que estamos comentando,

tanto solos como en familia,

pero lo vamos a abordar desde un punto de vista más personal.

Si nos paramos a pensar, ¿podemos asociar,

qué hábito tenemos con la comida en función de nuestras emociones?

Porque, alguna vez a todos nos ha pasado,

de tener un mal día y, voy a por un poco de chocolate,

me voy a comer ese bollo, ¿no?

Aquí entramos en el tema del comer emocional.

Yo creo que va completamente unido, o sea, desde que nacemos,

y ya antes, a través del cordón umbilical,

cuando recibimos alimento, estamos recibiendo mucho más.

Cuando una madre da el pecho a su hijo, o le da un biberón,

le está dando calor, cercanía, cariño, cuidado,

el bebé se siente a gusto, se siente querido.

Entonces, desde ahí, hacemos una unión muy fuerte

entre comida, afecto y emoción.

A lo largo de la vida, vamos creciendo, pero esa unión,

que se ha quedado ahí tan impregnada,

hace que, a veces, cuando sentimos malestar,

igual que de pequeños llorábamos y nos daban el biberón,

cuando, de repente, nos sentimos solos o tristes,

o venimos enfadados del trabajo, de cualquier cosa,

tenemos la fantasía de que la comida nos va a calmar.

Y es cierto que la comida es un placer, es un disfrute,

pero la comida no puede ser la panacea a todo.

Que no podemos, a golpe de comida, a golpe de capricho,

calmar nuestras emociones.

Tenemos que aprender a escuchar lo que nos pasa,

y, yo explico en la consulta,

a cada necesidad, hay que darle una respuesta en el mismo plano.

Si yo tengo una necesidad emocional,

tengo que buscar una respuesta emocional que me calme.

Pero no puedo dar a una necesidad psicológica,

una respuesta fisiológica, como es comer.

Porque luego, me encuentro muchísima gente en la consulta,

con mucho sobrepeso, con problemas,

con muchos trastornos de la conducta alimentaria,

o con atracones.

Llego de un mal día, llego angustiado,

y me pongo a comer desaforadamente,

porque siento que eso me calma.

Incluso por la noche. Incluso por la noche,

me levanto y voy a los dulces, o a lo que pillo.

porque, a veces, es lo que pillo, cualquier cosa,

y devoro en muy poco tiempo muchísima comida.

En un primer momento, digo: "Ya está".

Pero luego, me siento muy culpable, el malestar vuelve a aparecer,

porque la comida no ha servido para eso.

Lo que tenemos es que pararnos a ver, qué me provoca esta angustia,

esta ansiedad. Trabajarlo de otra manera.

Otro tema importante de la comida, Miriam,

y que trasciende el ámbito familiar,

en cuanto a lazos familiares se refiere,

pero, la familia mundo, podríamos decir,

y es el tener conciencia también, de quienes no tienen alimentos,

esa responsabilidad con la comida, con la alimentación,

teniendo presentes a quienes no lo tienen, por ejemplo.

Otro tema fundamental, y del que hablo en las conclusiones,

finales del libro, porque, a mí esto sí me ha cambiado,

el escribir el libro, tener que leer de determinados temas,

había temas que tenía muy trillados por la consulta,

todo el tema emocional. Pero hay otros, que he investigado.

El ser consciente de la cantidad de comida que se despilfarra,

para mí ha sido un tema casi desgarrador,

que yo he convertido ya en una causa personal.

En mi casa se ríen, pero en mi casa no se tira comida,

me parece un crimen.

El podernos mentalizar de lo que cuesta,

llegar a tener en tu casa,

las manzanas, las naranjas, la carne, la leche,

todo el proceso, la cantidad de gente implicada en ello,

la cantidad de energía que hay que dedicar,

los medios de energía que suponen,

el gasto hídrico. Bueno, para mí ha sido un mundo.

Me parece fundamental que hagamos un consumo responsable.

Que valoremos la comida,

y que no la malgastemos ni la tiremos,

porque como tenemos dinero, nos lo podemos permitir.

"Esto a lo mejor, está caducado", lo tiro,

"Esto está feo, esta fruta es fea, no la quiero", la tiro.

El darle valor a todo eso, porque, hay tanta gente que no lo tiene.

Y porque, supone un esfuerzo tan grande,

del agricultor, del recolector,

de la persona de las grandes superficies,

de todo, y no sólo eso, luego, todo lo que gastamos,

para reciclar toda la comida que hemos tirado.

Luego hay que incinerar, hay que transportar basuras,

residuos, esto es, una cantidad ingente de dinero,

de energía, de gastos de personas.

Tenemos que ser responsables.

Y saber reciclar comidas,

y cosas que se han quedado del día anterior,

comérnoslas al otro día, aprender a congelar,

aprender a utilizar esta comida que se quedó,

pues para convertirla en otro plato.

Ese comer creativo, que comentábamos al principio,

Le damos vueltas, que se puede hacer un pudding, por ejemplo,

con ese pan que se nos ha quedado duro.

El tema de los plásticos, que está ahora muy en boga, pero es verdad,

es que tenemos que ir eliminando los plásticos,

es que tenemos que pedirles a los comercios que no usen tantos,

y coger las cosas sin las bolsas, o llevárnoslas nosotros de casa.

A mí, en ese tema, sí que se me ha abierto un mundo,

porque, tenemos que hacer un consumo más responsable, más sostenible,

menos pijotero, comer las cosas de temporada,

hay que comer lo que es de ahora,

no cosas que traen de la otra punta del mundo,

que ha costado un dineral traerlas, o que son productos de neveras.

No, comamos lo que toca en esta época,

y productos locales, lo que tenemos ahora.

Yo entiendo que un día, una cena,

uno quiere una cosita un poco más "gourmet",

pero, volvamos un poco, a los orígenes,

a coger de la naturaleza lo que ella nos trae,

lo más natural posible,

sin tanta elaboración, sin tanto procesamiento,

y démosle valor a la comida.

Pues ese era el tema que hoy queríamos abordar, esos valores,

ese valor de la comida y esos valores de ese comer en familia,

que es el título de este libro,

que, está publicado por Mensajero, por el grupo de comunicación Loyola

en una edición preciosa y, sobre todo, que tiene un contenido,

esto ha sido nada más que un aperitivo,

de lo que van a poder encontrar en este libro,

que ha escrito Miriam Magallón. Te agradecemos muchísimo,

esa generosidad del compartir, compartir la comida,

compartir este desayuno,

pero compartir también toda tu experiencia en esta obra.

Gracias Miriam. A vosotros.

Y nosotros seguimos hablando de familia,

y además de leer este libro, debemos de leer una revista,

magnífica, es la revista "Misión".

Acaban de celebrar su décimo aniversario,

muchas felicidades compañeros.

Y para celebrarlo, han organizado hace unas semanas,

una mesa redonda en la que, hablaban de la familia.

Nos lo cuenta Margarita García.

"Que una revista cumpla 10 años,

en un momento en el que las pantallas ganan terreno al papel,

merece una buena celebración.

Y así lo han hecho los amigos de la revista "Misión",

una publicación que, desde 2.008,

llega de forma gratuita a las casas de más de 100.000 familias,

en nuestro país."

La revista "Misión", es un proyecto muy apasionante,

que nació hace 10 años.

Es una revista de suscripción gratuita,

con la idea de poder llegar al mayor número de familias

católicas de España.

Y, en cada número, vamos presentando una misión diferente,

para que las familias puedan, desde su realidad cotidiana,

ir viendo una misión concreta.

Sacar un medio de comunicación adelante, nunca es fácil,

pero ha merecido la pena, porque, ahora te encuentras con familias,

suscriptoras de la revista, lectoras,

y te das cuenta, que leen la publicación y les gusta,

la disfrutan, y encuentran en ella argumentos para defender su fe.

"Con un coloquio en la Universidad Francisco de Vitoria,

y con unos ponentes de excepción,

la revista 'Misión' celebró que llevan 10 años,

ayudando a la familia cristiana a vivir su misión en el mundo.

Ser reflejo del amor de Dios.

Para eso nació de la mano del 'Regnum Christi',

para ofrecer a los católicos, argumentos,

y una formación sólida y cercana para vivir su fe sin complejos."

Pienso que defender a la familia es lo más importante que podemos hacer.

Como madre, me doy cuenta de la importancia que tiene,

transmitir los valores de la fe, a nuestros hijos desde pequeños.

Y esto, a veces, nos hacen falta herramientas para poderlo hacer.

Eso es lo que hacemos en la revista "Misión".

"En apenas unas décadas, nuestra sociedad,

se ha transformado de tal forma, que los valores cristianos,

tienen cada vez menos espacio en el actual escenario social.

¿Qué futuro le espera a la familia cristiana?

¿Qué podemos hacer?"

Confío mucho en ese futuro de la familia en España,

a pesar de que la familia está herida,

porque participa de esa gran herida que nuestra sociedad tiene,

fruto de la secularización.

Pero, aunque la familia participa de esa herida,

tiene también la solución para esa herida,

o sea, al mismo tiempo es enferma y médico.

Ambas cosas están aunándose en ella.

Entonces, tenemos mucha esperanza, y desde la Iglesia,

intentamos acompañara a la familia muy de cerca, en nuestra Pastoral,

en los centros de orientación familiar,

que son los hospitales de campaña,

a los que el Papa Francisco nos llama para estar cerca de la familia

Es muy llamativo como en Inglaterra,

han tenido que crear un Ministerio de la Soledad.

porque hay ya tanta gente sola.

Indudablemente, esa soledad,

tiene mucho que ver con la crisis de la familia.

No podemos vivir en soledad.

Nos necesitamos mutuamente.

Y la institución básica donde,

se acoge a todo miembro que llega,

donde se nos cuida desde el nacimiento hasta la muerte,

es la familia.

"La ex política María San Gil,

trasladó un mensaje a los gobernantes:

'Más políticas a favor de la familia,

porque en ella reside el futuro de nuestra sociedad.'"

Sobre la familia se asientan los principios, los valores,

que defendemos, y se asienta la sociedad del siglo XXI.

Lo que sí creo es que la familia tiene que ser reforzada,

porque no hay nada mejor que la familia,

donde se aprenden todos lo valores que dan dignidad a la persona,

y dignidad al ser humano, y creo que, entre todos tenemos que apoyar,

fomentar y sustentar este pilar tan importante como es la familia.

Y, sobre todo, la familia cristiana.

"Felicidades, y a por otros diez años más."

Pues así nos despedimos,

será si Dios quiere hasta el año que viene.

Hasta la semana que viene, al fin y al cabo.

Les deseamos que este año que va a empezar,

y que nos encantará compartir con todos ustedes aquí,

en "Últimas Preguntas",

pues sea un año de paz y de bien,

y lleno de bendiciones para todos.

Hasta la próxima semana, si Dios quiere.

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Últimas preguntas - Comer en familia

30 dic 2018

En la Jornada de la Familia y de la Vida conversamos sobre estos aspectos con la psicóloga Miriam Magallón. También celebraremos el 10 aniversario de la revista Misión.

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