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Para todos los públicos Últimas preguntas - Católicos en tiempos de confusión - ver ahora
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(Música)

Saludos, amigos, buenos días.

Gracias por estar una vez más con "Últimas preguntas".

Una cita, siempre procuramos que lo sean,

pero hay personas que son auténticos referentes

en el campo en el que se desempeñan.

Y hoy, tenemos a uno de ellos.

Si les digo que está de nuevo y, para mí,

de verdad que esto es un gusto poder decirlo,

de nuevo con nosotros Fernando García de Cortázar,

pues poco más hay que decir.

Estamos hablando de un referente

en el ámbito del estudio de la historia,

de los historiadores en nuestro país.

Es Premio Nacional de Historia 2008,

tiene publicados más de 70 libros.

Y de alguno de ellos vamos a hablar.

Dos libros, por cierto, yo creo que muy diferentes;

algún nexo habrá entre ellos, pero, en principio,

sus temas muy diferentes, pero que nos pueden aportar muchísimas cosas.

Libros que no dejan indiferente a nadie.

Pero vamos a entrar de lleno en la conversación,

don Gonzalo García de Cortázar, buenos días.

Muy buenos días a todos. Un gusto que esté aquí.

El gusto es mío, estoy aquí encantado.

Gracias, de verdad.

Vamos a empezar con este, si le parece,

es un libro que me parece un libro necesario.

Se podrían poner muchos adjetivos,

pero uno de ellos es que es un libro necesario.

Una de las cosas que nos hace falta a los católicos es pensar

sobre nosotros mismos y estudiar un poco más aquello en lo que creemos.

Se llama "Católicos en tiempos de confusión", un libro publicado,

precioso, por cierto, en la editorial Encuentro.

Bueno,

pues aquí hace usted una auténtica radiografía del momento actual.

Sí. Walter Benjamin decía que la historia

no es como el puro recuento del pasado,

sino que se ve en tiempo de peligro.

Entonces, ¿qué es lo que se ve en estos momentos?

Yo creo que hay que decirlo en esta hora grave de España,

como yo digo en el prólogo del libro,

yo creo que se ve pues que la crisis económica ha producido también

una erosión cultural enorme;

se ve que los grandes referentes intelectuales están de capa caída;

se ve que la promoción editorial, incluso, ha sufrido,

las orientaciones editoriales.

Y yo creo que esta liquidez, a veces, cultural y moral de España,

a mí me parece que es mayor de lo que ha ocurrido en otros países.

Y, en este caso,

pues yo creo que era necesario un libro en el cual los católicos

nos plantearemos cuál debe ser nuestra situación

en el año 2018, 2019.

Si podemos permitir que nos manden a la sacristía,

como decían los liberales.

Ya no a las sacristías, si no fuera de las iglesias, porque, a veces,

quieren quedarse con ellas.

Y si podemos permitirlo o si, al contrario,

tenemos una religión que la profesamos en la intimidad

pero también en el exterior.

Nuestra religión nos exige un compromiso público

y en este libro se aboga por un espacio público para los católicos.

Y, al mismo tiempo, creo que es claro,

este no es un libro solo para los católicos, que, gracias a Dios,

tienen su fe y su liturgia y sus creencias;

sino también a todo ese espacio que, diríamos, de católicos culturales.

La gran Oriana Fallaci, a la cual yo conocí, me acuerdo, en Sevilla,

decía que ella era una cristiana cultural.

O el propio Gustavo Bueno decía: "Yo soy ateo católico".

Es de decir, soy ateo dentro de la cosmovisión católica.

Entonces, yo insisto mucho en esto,

en que la cosmovisión católica es en la que ha impregnado ciertamente

de sus señas de identidad a Occidente

y no reconocer es no reconocer, efectivamente,

el gran hecho cultural de la Iglesia

y el gran hecho cultural del Evangelio.

Entonces, este libro pretende que, incluso,

personas agnósticas cultas reconozcan lo que significa la religión,

lo que significa Occidente,

lo que significa la cultura cristiana.

Porque eso, desde la más absoluta objetividad,

eso es un hecho en sí, incuestionable.

Más allá de creencias, prácticas... Es un hecho incuestionable.

Efectivamente. Es un hecho incuestionable.

Entonces, ¿por qué las ideas de libertad, de fraternidad,

de solidaridad o como quiera llamarse ahora,

surgen prácticamente en Occidente;

surgen bajo el Imperio Romano;

por qué surgen en Europa?

Porque antes se predicó, el Sermón de la Montaña,

antes se predicó Las Bienaventuranzas.

¿Por qué no existe Ilustración en el Tíbet?

Porque hace 2.000 años,

no se dijo lo que se dijo a través del mensaje evangélico distribuido,

fundamentalmente, a través de la expansión del Imperio Romano.

¿Qué ha pasado, especialmente en estos tiempos actuales,

también en otros de la historia obviamente,

pero especialmente en el momento actual, qué ocurrido...?

Claro, serían muchas las claves y para eso, entre otras cosas,

hay que leer este libro, pero no para llegar a un análisis.

Pero le pregunto:

¿qué ha ocurrido para que ahora eso se quiera borrar de un plumazo?

Bueno, ha ocurrido una cosa clara.

Estos populismos de izquierda confunden un sano laicismo

con un clarísimo anticatolicismo;

confunden que el Estado tenga sus competencias

y que no sea un Estado nacional católico,

lo confunden con la militancia anticatólica,

con el borrar de nuestra cultura

y de nuestros espacios públicos a la Iglesia católica.

Y, por otro lado,

son mucho más condescendientes con otras religiones,

como con el islamismo.

Incluso en estas fechas que acabamos de celebrar, las Navidades,

se dice cada barbaridad:

que se está celebrando el solsticio de invierno,

que se celebra no sé qué diosa, etc.

O sea, es tal barbaridad que atenta contra,

como usted ha dicho muy bien,

contra hechos culturalmente comprobables,

que todos los historiadores reconocen,

como es el hecho de que la Navidad celebra la venida del hijo de Dios,

celebra la encarnación.

Para unos Dios; para otros, un hombre importante,

un hecho histórico comprobable que, efectivamente, tuvo un mensaje que,

gracias a Dios, se ha mantenido y que ahora,

con mayor detenimiento y mayor empuje,

los católicos debemos tratar de defender.

Porque, como usted ha dicho,

las insidias son mucho más grandes y las confusiones.

Fundamentalmente esta que he dicho,

la confusión de un estado laico y un estado anticatólico.

Creo que el Estado no debe fomentar

ni el anticatolicismo ni el anticlericalismo

ni estas manifestaciones antirreligiosas gravísimas

que a muchos de los católicos, de los cristianos, nos ofenden y mucho.

Pero mirémosnos un poco, si le parece, a nosotros,

a los que nos consideramos católicos.

Muchas veces, tendemos a echar,

como se suele decir en un lenguaje popular,

a echar la culpa al empedrado, o sea, todo viene de fuera.

Nos están atacando, utilizamos incluso estos términos, ¿no?

Pero yo me pregunto y le pregunto a usted:

¿qué hacemos nosotros, cuál es nuestra responsabilidad?

Porque con mirar solamente hacia afuera y decir: "Qué mal está todo".

Sí, estoy de acuerdo.

Es famosa aquella frase de Pío XII, cuando creo que era un embajador,

le dijo: "Cómo está el mundo, qué granujas hay en el mundo".

Y Pío XII le dijo:

"Pues, mire, no sea usted un granuja y habrá uno menos".

Creo que, efectivamente, tenemos que mirar nuestra responsabilidad.

Y abandonar, muchas veces, este espacio de pasividad.

Este espacio de pasividad en el cual estamos sumergidos, muchas veces,

bueno, por ciertas deficiencias en la Iglesia a lo largo de la historia;

por no saber que nuestro mensaje no debe

quedar reducido al ámbito de la vida privada,

sino que debe ir a las plazas y a las calles;

y también recordando que nuestro mensaje es muy original

y que el sentido de la acomodación no debe ser tan grande a acomodarnos

en lo que en cualquier momento digan los políticos o la sociedad.

Yo creo que quizás ese es uno de los grandes fallos de la Iglesia.

El no creer que su mensaje es original

y estar continuamente a remolque del léxico

y del lenguaje y de las concesiones que vienen del mundo político

o del mundo social.

¿De qué manera tendríamos que tener

esa presencia pública los cristianos?

Porque es de verdad que, a veces, como usted decía antes:

"Que se queden en la sacristía o menos todavía".

¿De qué manera podemos estar presentes, pero eso sí,

integrados perfectamente en una sociedad que es laica?

Estamos en un Estado aconfesional.

Efectivamente, primero,

siendo conscientes de la originalidad de nuestro mensaje.

Y siendo conscientes de que nuestra actividad no termina exclusivamente

en los límites cerrados de nuestra familia,

de nuestro colegio, de nuestra asamblea de amigos.

Sabiendo que nuestro credo, nuestra religión,

nos impone una actividad pública.

Actividad pública que tiene que estar en el terreno de la política,

incluso, en el terreno sindical, por supuesto,

en el gran terreno de la educación.

Efectivamente, a la educación

tiene que ser una obligación del Estado,

pero tiene que contar con elementos

de instituciones especializadas en educación como es la Iglesia;

es decir, tiene que ser obligación del Estado,

pero no gestión del Estado.

Entonces, yo creo que en esos terrenos,

tenemos que ser muchísimo más militantes.

En el terreno de la defensa de nuestro credo,

de evitar las continuas ofensas que se hacen a él,

la erosión continua de nuestro mensaje.

Y sabiendo, efectivamente, insisto en ello,

que nuestro mensaje no tiene por qué acomodarse

a lo que digan por ahí los políticos ni las asambleas

ni los sindicatos ni la gente en sí,

sino que nosotros trataríamos de convencerlos a ellos

de que nuestro mensaje responde

mucho más a las necesidades del tiempo

y a las verdaderas necesidades del hombre.

Y que es un mensaje completamente benéfico,

más allá de lo que algunos crean.

Como si la defensa de lo que yo estoy diciendo

sea una defensa de la institución eclesiástica.

No, defiendo el mensaje evangélico,

es el más benéfico,

el más beneficioso para la sociedad,

como lo ha sido a lo largo de los años,

a pesar de la multitud de errores y de la multitud de equivocaciones,

por qué no, de la Iglesia como institución.

Es justo reconocerla. Es justo reconocerla.

Pero que el mensaje en sí es el mensaje que nos hace más libres,

que nos hace muchísimo más iguales.

Y, como historiador, yo diría que, incluso,

en la historia de la emancipación del hombre

y de las conquistas de la libertad siempre ha estado detrás

explícita o implícitamente el mensaje del Evangelio.

Pero para eso, igual estoy siendo yo demasiado crítica,

pero me pongo la primera, tenemos que creérnoslo nosotros mismos.

Es lo que le he dicho yo: nos lo tenemos que creer.

Tenemos que creer que nuestro mensaje...

Que, a veces, nos acomodamos.

Tenemos una idea muy rutinaria, de un catolicismo casi sociológico,

muy de prácticas, de rituales, mucho más que de creencias.

Muchas veces,

hemos creado una iglesia o una religión

de practicantes más que de creyentes.

Entonces, yo creo que tenemos que hacer una iglesia

y una religión de creyentes vivos,

que se crean el mensaje y que se crean con esas consecuencias que,

yo insisto, en la historia y en la vida actual.

Nuestro mensaje no es solo para contentar nuestras ganas,

diríamos,

de ser mejores, nuestro deseo de aplacar nuestra soledad,

sino que nuestro mensaje es un mensaje

que trata de liberar a las personas, que trata de decir, bueno,

que la vida no termina aquí, que hay un más allá.

Tenemos que insistir mucho más en la trascendencia.

Y eso es obligación

de todos los que hemos sido educados en la fe católica.

Y lo debemos hacer las personas que tenemos voz,

con la voz que tenemos o la forma de escribir.

Yo creo que eso es muy necesario.

Y usted ha insistido mucho en esto:

primero que nos lo creamos, que tenemos que ser militantes.

Yo he sido, como sabe muy bien, muy militante toda mi vida.

Entonces, creo que en esto, tenemos que militar.

En este libro, "Católicos en tiempos de confusión",

vamos a ir precisamente ahí, a esas raíces, a esos principios morales,

a esos orígenes, a esa presencia de los católicos.

Pero yo decía al principio que usted

también es autor de muchísimos libros,

pero más recientemente, un libro que está teniendo un efecto tremendo,

y yo no me resisto a a comentarlo, ya que tenemos al autor.

Entiendo, entiendo.

Este libro, "Viaje al corazón de España".

Yo decía al principio y ahora,

a medida que va transcurriendo la conversación, estoy más convencida,

de algún modo se complementan.

Porque en este libro nos vamos a encontrar, de algún modo,

el reflejo de ese cristianismo,

de esas las raíces cristianas de un país como puede ser el nuestro,

España, se refleja en muchas cuestiones gastronómicas,

culturales, desde el punto de vista arquitectónico, pictórico,

de costumbres... Literario.

Y están aquí recogidas algunas de ellas.

Claro, también este libro responde a lo que decíamos antes,

¿qué es lo que vemos en estos tiempos de crisis,

en esta hora grave de España?

Pues vemos, en buena medida, que aquellas cosas en las que creímos,

y muchos creemos ahora, han dejado de ser alimento para muchos.

La propia idea de España ha entrado en quiebra

por la agresividad de los nacionalismos y,

a veces, con cierto consentimiento de la izquierda.

Y este libro es una especie de canto de amor rabioso a España,

como diría la gran poetisa Ángela Figueras.

Un canto de amor a un país tan diverso, tan plural,

tan rico en historia, tan rico en literatura,

tan rico en pensamiento, tan rico en filosofía.

Pues recorro todas las provincias españolas con un deseo,

efectivamente, de reafirmarnos los españoles a través de la variedad,

del paisaje y del paisanaje.

Y este libro yo lo he hecho porque, además,

tengo una clara conciencia nacional, una clara conciencia de patria.

Sin complejos. Sin ningún complejo.

Porque me lo inculcaron mis padres.

Así como la piedad hay que inculcarla en la infancia,

en los ámbitos religiosos,

también la conciencia de patria se puede educar en esa época.

Yo creo que hay que hacerlo.

En este libro se conjugan, aparte de lo que he dicho,

mi preparación como historiador, a caballo también entre la literatura,

que está muy presente en este libro,

porque las ciudades son también la gente que ha escrito sobre ellas;

hay dos elementos para mí muy importantes

que me sirven para mí en el libro.

Yo he casado a 503 parejas.

¡Lleva la cuenta!

Sí. Empecé a escribirlas desde el comienzo.

Entonces, a través de esos matrimonios, de esos enlaces,

pues he visitado 47 provincias.

Y, muchas veces,

las he visto a través de los ojos de felicidad de las personas

que se casaban.

Y, luego, he tenido la suerte,

aparte de una formación en distintas ciudades españolas,

de haber dirigido un colegio mayor,

que en los años 80 era el colegio mayor más grande de España,

con el San Juan Evangelista de Madrid,

en el cual estaban representadas casi 50,

casi todas las provincias españolas.

O sea, que he conocido el paisaje viajando y el paisanaje también.

Porque este libro es un canto al paisaje español,

pero también a la bondad del paisanaje español.

Y es un libro que, bueno,

los españoles lo están reconociendo y lo están agradeciendo.

Como saben,

estamos ya en la cuarta edición

de un libro que tiene cinco o seis meses.

En una edición, por cierto, magnífica,

hay que reconocer aquí también la labor de la editorial.

Porque uno puede llevar un trabajo magnífico entre sus manos

y en sus folios, pero, bueno, no dar con...

Pero aquí la editorial ha hecho un trabajo precioso.

Espero que le den el Premio Nacional de Edición,

porque es realmente maravilloso.

Es un gran editor, Ricardo Artola, con una gran experiencia,

que mima, que quiere al libro,

que tiene ideas y que da ideas al autor de cómo debe ser su obra.

Y yo creo que ha conseguido un verdadero éxito con este libro y,

en este caso,

me cuesta menos alabarlo porque no me estoy alabando a mí mismo,

sino al libro.

Y tiene usted razón, mi original, con otro soporte,

no hubiera tenido el éxito que está teniendo.

Porque es un libro tan bonito de verlo, tan fácil de consultar,

voy a mi provincia, mi región...

Yo me permito decir aquí

cuál es el paisaje que más me gusta de la Castilla

o de la España interior,

o cuál es el paisaje que más me gusta de la costa.

Y todo está teñido un poco con esa subjetividad

y siempre pasando por esa gran cultura que nos dieron algunos.

Además, es un libro, ahora que dice usted esto,

me parece que es un libro que podemos, los lectores,

entiéndame como lo digo, perfectamente completar.

"Pues yo no estoy de acuerdo, de mi pueblo, lo mejor no es esto,

es esto otro". Efectivamente.

Con lo cual, queda un paisaje precioso.

Yo suelo decir que lo que no quiero es fomentar los localismos

porque el libro,

a pesar de que trata de todas las provincias españolas,

lo que trata de fomentar es que todas ellas se parecen;

que todas ellas nos aportan mucho;

que todas ellas han sido partícipes de de la gran historia de España;

que todas ellas también participan de la gran literatura,

del gran idioma que es el español, de la música,

que también está muy presente.

Porque la música nos evoca mucho.

Entonces yo, que me he educado en esta cultura, diríamos, de patria,

que mis padres me dieron, la música tiene un gran papel.

La música vasca, siempre escrita en tono menor, con esa nostalgia;

la Zarzuela, las grandes canciones de regionales;

las jotas de la Dolores;

el Negra Sombra en Galicia...

Todo eso para mí ha sido mi sustrato y mi infancia.

Y si Rilke decía que mi patria es mi infancia,

pues en mi patria por supuesto también es de mi infancia;

y mi patria universitaria es Salamanca

y por Salamanca me desvivo

literariamente escribiendo sobre ella.

Yo voy a repetir los títulos que luego es verdad y,

con toda razón,

hay veces que nos dicen nuestros amigos:

"Oye, que no me enteré del título que dijiste".

Vamos a repetirlos.

"Viaje al corazón de España" y "Católicos en tiempos de confusión",

los dos libros más recientes, por el momento,

de Fernando García de Cortázar, que ha estado con nosotros.

Y como imagino que estará ya sin parar entre otro trabajo,

pronto los recibiremos de nuevo aquí.

Yo, encantado.

Por qué creo que hay que predicar.

Así como hemos dicho que nuestra religión

no debe quedarse en nuestra interioridad

ni en nuestra práctica familiar, sino que debe saltar.

Y qué mejor que saltar a la televisión

y llegar a todos los españoles.

Para nosotros es un auténtico gusto, no deje de visitarnos.

Gracias.

Y, con todos ustedes,

nos quedamos porque todavía tenemos algo más que contarles.

(Música)

"Venga, que vamos a empezar ".

"Hoy es el día de la infancia misionera,

una jornada con más de 175 años de historia y que es una llamada

a que los niños ayuden a otros niños.

Nos lo explica el recién nombrado

director nacional de Obras Misionales Pontificias,

José María Calderón".

Lo que se intenta es abrir el apetito misionero en los niños,

que los niños, desde pequeños, sepan que la misión es algo importante.

Y no son agentes pasivos, sino que, gracias a Dios,

ellos pueden actuar.

Con su oración, con su ayuda económica,

están ayudando a que otros niños puedan conocer a Jesús.

Y también la recíproca, es decir,

de allí también viene la fuerza de la felegría, de la alegría de vivir.

El cristianismo en dificultades, en problemas,

sin los medios que aquí se tienen,

nos lo están enseñando esos niños a los que se les ayuda.

"Niños de todos los rincones del planeta, Sáhara Occidental.

De allí ha sido su prefecto apostólico,

a presentarnos una realidad de Iglesia diferente a la nuestra,

pero que está presente mostrando el amor de Dios

a los niños con discapacidad."

La provincia eclesiástica donde nosotros obramos,

a cargo de dos parroquias, en el norte,

la de Villa Cisneros antigua, más al centro en el sur,

y con los cristianos que allí están.

Y en nuestra zona, además, con poca inversión,

todos los cristianos vienen a trabajar.

Menos los del sur , que son inmigrantes,

que son los que luego quieren atravesar el Mediterráneo

o llegar a las Islas Canarias, ya que sus familias están lejos.

Hay algún niño que va naciendo y, entonces, ayudamos con pañales.

Pero, la mayoría de los niños, con los que además trabajamos,

son musulmanes.

Yo he vivido la infancia misionera

desde una parroquia como es Lanzarote

y como niño también cuando estaba en el grupo de catequesis

y ahora vivo, nosotros vivimos como misioneros,

en este país musulmán ayudando.

Primero, viendo qué niños son los más pobres.

Y, de hecho, colaboramos, gracias a Infancia Misionera,

con un centro de discapacitados, de niños y niñas musulmanes,

marroquíes, etc., que necesitan rehabilitación y terapia;

hemos ayudado y acompañado mucho al centro.

Y hace un gran bien, un bien increíble.

Y es buena noticia,

es gran noticia para todas las familias

que descubren que hay niños,

Iglesia que ayuda y que se preocupa de ellos.

"El director del centro nos cuenta

que esta jornada es vital para seguir ayudando a estos niños."

La Infancia Misionera ha sido como la columna vertebral del centro.

Gracias a ella, el centro se mejora, más eficiente,

más profesional, completamente.

Gracias a ellos, hemos podido formar a una fisioterapeuta que,

en este momento, es la que le da fuerza,

es la que protege al centro, porque es la única profesional,

completamente.

Ese ha sido uno de los mayores retos.

Ayuda en material, en muchas cosas, completamente.

Ha sido nuestro apoyo más fuerte desde el principio.

"Si quieres ayudarnos, únete.

(TODOS) ¡Sí!"

Pues así nos despedimos, con esa intensidad que hemos tenido hoy.

Un gusto haber podido hoy compartirlo con todos ustedes.

Gracias por estar al otro lado y, ya saben,

quedamos emplazados para la próxima semana.

Hasta entonces, que sean felices.

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Últimas preguntas - Católicos en tiempos de confusión

27 ene 2019

Este sacerdote, escritor e catedrático de historia y premio nacional de historia en 2008, nos presenta este libro con el que reclama que el humanismo de tradición cristiana vuelva a ser un referente para nuestra sociedad.

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