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Para todos los públicos Últimas preguntas - Hijos bonsais - ver ahora
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Hola, amigos, ¿qué tal?

Bienvenidos a "Últimas preguntas".

El tiempo de verano, la época estival más relajada,

quizás es propicia para reflexionar un poco también,

y pararnos a pensar sobre cómo o cuál es

nuestro estilo educativo con nuestros hijos.

Nos puede ayudar, por ejemplo, esta conversación

que vamos a recuperar con el psicólogo Javier Urra,

autor de muchos libros relacionados con la educación

y en este nos sugiere que dejemos crecer a nuestros hijos.

Encantado, como siempre. Sí, sí.

Me siento muy amigo y muy honrado de que me invitéis.

Muchas gracias.

Porque lo cuidáis todo, lo mimáis todo y da gusto.

Lo procuramos. Muchísimas gracias.

Además, merece la pena.

Claro, cuando vemos que vamos a hablar de temas

que yo creo que interesan a todas las personas

que nos están escuchando.

Porque tenemos un libro, se llama "Déjale crecer", un libro...

Iba a decir el último. No, es el último libro de Javier Urra.

Ya hablaremos de eso en otro momento.

Pero este se llama

"Déjale crecer o tu hijo en vez de un árbol fuerte será bonsái".

Es verdad. Un día dije esa expresión.

Si no dejas crecer a los niños, si no le dejas caer y levantarse,

en vez de tener un árbol que florece y se va, que es libre,

que no que no será como te lo planteas como madre o como padre,

Claro.

al final se queda... Un poco aguzado.

¿Estamos en un momento de sobreprotección de los niños?

En occidente, sin duda, sí.

En occidente. Me gusta ese matiz.

Si te vas a Kenia, te vas a Honduras, categóricamente, no.

Pero, en occidente se tienen pocos hijos.

España tiene 1,12.

El país, junto con Italia, con menos natalidad del mundo.

Segundo, se tienen los hijos con más edad los padres.

Tercero, hay una teoría, no sé quién la ha transmitido,

de que hay que tener cuidado para que los niños no se traumen.

Desde ese criterio, de que los niños han de ser felices,

le pedimos a la vida lo que la vida no puede dar.

Porque la vida es simpatía, generosidad, alegría, esperanza,

aburrimiento, tristeza, paro, separación de padres,

muerte de abuelos... La vida.

Por lo tanto, nuestros niños...

Hay que prepararles también para las situaciones de la realidad.

No de un mundo Disney, que ojalá fuera.

Pero, vamos solo encaminados.

Javier, el libro hay que leerlo, obviamente.

Pero déjame que te pregunte esto.

¿Cuáles pueden ser algunas de las causas

que apuntas en el libro de esta sobreprotección?

¿Por qué los sobreprotegemos?

¿Miedos, tal vez?

Las causas de la sobreprotección son válidas.

Una, fíjate, casi un poquito de postureo.

¿Ah, sí? Yo creo que sí.

Creo que padres y madres que desde el primer día

se trasladan a sí mismos y a los demás.

"Tengo que llevarlo al pediatra. Necesitará un logopeda".

"Ahora estoy en tal profesional, ahora le llevo".

Necesito demostrarme a mí mismo y a los demás que soy un buen padre

y una buena madre.

Segundo, porque queremos esa idea de que los chicos den de sí

todo lo que tienen.

Pero todo lo que tienen que nosotros pensamos que tienen.

Claro.

No hay nada peor para un niño, para cualquier ser humano,

que ser esclavo del pensamiento de otro.

Tener otro dueño.

A los niños hay que dejarles crecer, jugar, conocer, bailar,

salir, estar en la naturaleza, practicar deporte, jugar.

Jugar, insisto mucho.

A partir de ahí, un chico te dice: "Yo quiero hacer hostelería,

yo quiero ser ingeniero aeronáutico,

yo quiero ser conductor de autobús".

Ya luego iremos viendo qué es lo que le da capacidad de pasión,

de vocación.

Luego, no querer que el niño no sufra nunca.

Porque si un viernes,

tu hijo de 13 años sabe que todos sus amigos salen

y que a él no lo van a llamar, va a sufrir.

Porque tú no vas a acabar eligiendo a su pareja.

Le puedes dar criterios iniciales para que él vea el mundo y elija.

Se nace con un temperamento, se tiene un carácter,

se desarrolla una personalidad.

El ser humano es el yo y mis circunstancias.

Pero el niño, la niña, tiene su biología, su genética,

su educación.

Tiene la paternidad, pero también tiene una idea...

Una paternidad, por cierto, una paternidad...

Hay autores que hablan... siempre la paternidad es adoptada.

No puede ser una paternidad biológica

porque el ser humano necesita ser querido por ese alguien.

El ser humano adopta el ser padre, esto es muy bonito.

Pero además de eso, lo educan los medios de comunicación,

las redes sociales, los amigos y la decisión del propio niño.

Por tanto,

hay muchas circunstancias que nos llevan en una sociedad

donde los niños se han convertido en tesoros, en una sobreprotección.

Eso no quita, María Ángeles, evitar que los niños estén en contacto

en la red con un tío de 13 años que a lo mejor es un señor de 39.

Para que no se nos metan en grupos fanáticos,

para que no se enganchen en páginas o criterios autolíticos

o de suicidio, o de anorexia, o de ludopatía.

A los niños hay que protegerlos, sin duda.

Cuando digo niños, me refiero de 6 años, de 14, de 16.

Hay que seguir supervisándoles.

Pero no sobreproteger en cosas nimias,

no volverse en contra del profesor,

no cuando dos niños de seis años están jugando en un parque

y se echa arena a otro, ir de casco azul.

No ser un padre helicóptero.

Eso no quita dejar que haya acosos,

pero entre el juego y la pelea entre dos niños de igual a igual,

hay que dejarlo.

A veces nos cuesta,

porque en esa maternidad, en esa paternidad,

en ese querer estar tan encima y por eso los padres y las madres

hoy tienen tanto sentimiento de culpabilidad.

Porque se trabaja mucho,

porque los sueldos no dan para una vida garantizada

y entonces la gente dice: "Le dedico poco tiempo".

Dedícale el que puedas y luego el niño, "es que se aburre".

Tiene una cosa preciosa, se llama imaginación, creatividad.

Por lo tanto, los padres ni tenemos que ser excepcionales

ni tenemos que sobreproteger.

Tenemos que mandarlos para que estén en un campamento,

que vayan a un hospital a ver niños enfermos,

que vayan a ver a la abuela con Alzheimer.

Por tanto, que el niño no piense que lo importante es él.

Lo importante es el tú, el nosotros.

Eso me parece que es lo esencial.

El reto, quizás está en encontrar,

como en tantas cosas de la vida, el término medio.

Ese equilibrio, podríamos decir,

entre esos límites que obviamente hay que poner,

esa protección que hay que darle a la infancia y la autonomía.

Creo que sí.

Pero allí está el reto, ¿no?

Creo que sí.

Que al principio cuando se tiene un niño...

Es que la asistencia es total. Claro.

Necesita pecho, necesita biberón, necesita vacunas, necesita calor.

Luego, hay un momento en que

los niños preadolescentes se van separando

y a los padres les cuesta mucho.

Porque empieza tener sus amigos, empieza a tener sus salidas,

porque no le cuenta todo a su mamá o a su papá.

Entonces notas que estás dejando de tener ese lazo,

pareciera afectivo y de apego.

No. Está ganando en independencia.

Está dejando de ser un niño para ser adulto.

Tenemos miedo.

La oruga no se dejaría de transformar

para convertirse en mariposa.

Pero, al final, esa es la libertad.

Entonces los padres tenemos que educar

para la libertad de nuestros hijos.

Por lo tanto, son entes distintos a nosotros, no nos pertenecen.

Porque si no tenemos ese criterio de sobreprotección.

Ahora bien, María Ángeles,

estamos teniendo un mayor índice de suicidios infantojuveniles,

sobre todo en niñas. La pregunta es por qué.

Mi respuesta es:

¿Estarán pidiéndole a la vida más de lo que pueden dar?

Cuando alguien les deja,

cuando alguien rompe con ellos, el mundo se quiebra.

Eso hay que anticiparlo, que eso va a pasar.

Tres de cada cuatro jóvenes, tres de cada cuatro, se van a separar.

Hay que educarles para la ruptura.

Hay que prepararles para la separación.

Es que estamos viendo niños que son acosados en la escuela.

¿De quién es la culpa?

Pues naturalmente del agresor.

Pero hay que educar a nuestros hijos

para que tengan habilidades sociales y tenga otras niñas,

otros niños que sean su grupo de apoyo.

De si un día vienen a reírse de mí porque estoy gordito,

porque tengo orejas de soplillo, o porque soy distinto,

o porque no me gusta el fútbol y toco el chelo, tener un grupo.

Eso es fortalecerle.

Para eso hay que haberle enseñado lo que es la soledad, la austeridad,

el esfuerzo, el deber.

Eso es darle un mejor futuro a un niño.

Por último, una pregunta muy seria, muy severa.

Un chaval varón,

María Ángeles, que tiene 15 años y jamás se le dicho no,

la pregunta es el día que su pareja le diga no,

¿lo va a aceptar?

Por eso...

¿Eso ocurre, Javier? Eso ocurre.

¿Hay niños y adolescentes que nunca han oído un no?

Sí. ¿Por parte de sus padres?

En Fiscalía, donde he trabajado 32 años,

he visto un chico de 16 o 17 años que dijo:

"O sea, ¿que yo voy hacer esto porque tú lo dices?

¿Por qué tú lo dices?".

¿Sabes a quién se lo estaba diciendo?

A la magistrada juez.

Como nunca había oído un no, dijo:

"Que lo voy hacer porque tú lo dices".

Cuando llegó la policía y le puso las esposas, entendió que sí.

No había recibido nunca un no.

Entonces, cuando todo el mundo a tu alrededor,

cuando todo el mundo te arropa, cuando la vida es algodonosa,

el día que estás mal, dices: "Tomo una pastilla, o me drogo".

Busco atajos a la vida.

Pero si la vida a veces es que estás trabajando muy bien

y te echan de un trabajo.

Y una vez tienes un gran amigo y un día deja de hablarte

y le llamas y dices:

"Pero qué ha pasado?". Y no te vuelve a contestar.

Y te quedas para siempre con ese sufrimiento,

ese dolor de decir: "Qué hice mal y no lo sé."

Pero eso es parte de la vida.

Entonces, a los chavales hay que fortalecerles en su carácter,

en su asertividad.

"Oye vamos a ir todos a las tres de la noche a beber".

Entonces el chaval debe decir: "No, eres un no sé qué.

Ya no te juntamos".

"Pues vale. Me quedaré sin vosotros.

Yo no voy a las tres de la noche para beber

y para lo que decís que haréis luego.

No. Me quedaré sin amigos y además me quedaré muy triste".

Eso no es fácil de conseguir, pero eso se llama asertividad,

eso se llama tener criterio.

Yo creo que educar ahí es desde el cariño y desde el afecto,

pero un día hay que decirle a un niño: "Cruza la calle".

Que tú le traerías el pan siempre.

Mejor y así tiene menos riesgo, claro.

Pero tiene que hacerlo él.

Se están mandando muchos WhatsApp, que me gustan a mí,

por ejemplo, de una osa madre que sube una ladera nevada.

De pronto, el osezno... Y se cae con las uñas.

La madre mira, la osa mira, pero no baja.

El osezno... Así cuatro o cinco veces.

Hasta que alcanza la cota alta, pero no baja.

Le cuesta más no bajar que bajar. Claro.

Pero sabe que el osezno tiene que demostrarse su autonomía.

Las águilas empujan a las crías y caen.

Y eso es lo que les fortalece las alas.

Si nuestros aviones cuando despegan es contra el viento, no a favor.

Tú te fortaleces...

Hay veces que, por ejemplo los gobiernos o los...

"Vamos a probar a los chicos, que no se dañen en la autoestima".

Se equivocan.

La autoestima se fortalece cuando te vas a la cama,

o yo, o el que nos está viendo diciendo:

"He hecho todo lo que yo soy capaz de hacer".

Y te vas humildemente orgulloso de ti mismo.

Eso es, has hecho lo que podías hacer.

Eso es cuando los padres, estas navidades pasadas,

o cualquier día, sale un niño en una obra de teatro

y dice: "Cucú".

Los padres se ponían a aplaudir.

¿Por qué aplauden si ha dicho "cucú" y además no lo ha dicho bien?

Cuando un chico hace una cosa bien, hay que decir: "Muy bien".

Lo que no puede ser, es que los padres hoy, muchos padres,

decís a los hijos:

"¿Me puedes retirar el libro, por favor?

¿Me traes, por favor, un vaso de agua?".

En cambio, ellos exigen.

Sí, es verdad. No.

¿Por qué los padres piden por favor?

No. "Vamos a recoger la mesa". O "recoge la mesa".

No es una petición.

Es un respeto. Tú eres parte de esta casa.

Si te hago todo, te hago como el cristal, duro pero frágil.

Por eso, hablar de la sobreprotección

en la misma editorial "La esfera de los libros",

donde nació aquel libro que vendí 300 mil libros en España,

que es "El pequeño dictador", tiene su punto.

El punto es no sobreprotejamos a los niños

porque a veces los hacemos tiranos y a veces los hacemos quebradizos.

Les estamos...

Me da la sensación por esto que leemos en el libro

y que cuentas que, por un lado, procuramos darles mucha libertad,

pero en el fondo se la estamos quitando

porque no los estamos dejando con esa hiperprotección...

Yo estoy de acuerdo.

La idea del libro "Déjale crecer" es que estamos haciendo a veces...

Personas que, en vez de ser ciudadanos, son consumidores.

Entonces, el niño, desde muy corta edad, ya pide,

ya exige una marca de botas, luego quiere esa ropita.

Qué bien que elija si le gusta este color u otro, de acuerdo.

Pero, sobre todo, hay que comprometerle.

Los dilemas éticos.

A un niño de 13 años hay que decirle:

"Ahora mismo se está planteando el tema de la eutanasia.

Cuando una persona tiene que morir,

facilitarle esa muerte y la dignidad.

¿Qué tienes 13 años?

Claro, eres un ciudadano.

Todavía no tienes derecho al voto, pero no eres el futuro,

eres el presente.

¿Esto cómo lo ves?"

Vámonos a un tema mucho más grave. La eugenesia.

¿Quién es una persona para decidir, hijo,

si una persona tiene derecho o no a la vida?

Porque sea afecto de parálisis cerebral, de síndrome de Down.

La eutanasia porque mi madre, que es verdad, tiene un...

No sé exactamente qué tipo de demencia senil,

si es un Alzheimer o etc.

que no me reconoce, pero me siente.

¿Quién determina eso?

Hijo, no te lo voy a preguntar muchas veces, pero planteémoslo.

Hijo o alumno. Creo que eso es tratar a los chicos con respeto.

Es decir: "Oye hija, si sales a la calle,

si rompes cosas o haces pintadas,

que sepas que la multa me llega a mí que soy la madre,

o a mí que soy el padre porque yo tengo una responsabilidad."

Al tener esa responsabilidad sobre ti, hija o hijo,

yo no quiero saber cuándo tenga 17 años

qué tipo de relaciones tienes con tu pareja.

Eso es tu intimidad, tu dignidad, tu honor.

Pero, mientras tanto, tengo que saber con quién escribes,

qué haces, cuáles son los riesgos, qué traes a casa.

Por cierto,

yo no tengo problema en mostrarte quiénes son mis amigas,

mis amigos, mis compañeros de trabajo.

Yo quiero conocer a los tuyos y yo te respeto.

La sobreprotección no permite el respeto.

Es alguien que está siempre tutelado

y los niños tienen que dejar de serlo desde corta edad.

Entonces, a mí me da la sensación de que hemos cambiado,

incluso el significado de...

O entendemos el respeto de forma muy distinta.

Porque parece que les estamos respetando más.

No digo si les damos todo, porque yo creo...

No quiero pensar que esa sea la intención de los padres,

pero al final es en lo que caemos, ¿no?

Yo creo que sí.

Los padres lo que quieren es querer,

lo que quieren es trascender, pero tiene que ser padres.

Ser padre es ser adulto, ser padre es dar amor, dar seguridad,

es decir no, es poner límites, es marcar un horario, es decir:

"Levántate y haz la cama".

Lo otro es una idea equívocamente democrática

de la familia con un viso anarquista de:

"Aquí haces lo que quieres y si no lo haces, lo hago yo".

Si lo haces tú, va a aprender a no hacerlo.

Pero le incapacitas para hacerlo.

Tiene derecho a hacerlo con todos los costes que conlleve.

Por cierto, si no se hacen tales cosas, habrá una sanción.

Tienes derecho a ser sancionado.

Porque si no, la sociedad te va a sancionar después.

Claro. Porque si no...

La sociedad a veces también es la idea de...

Los anuncios: "Porque tú lo vales".

¿Todo el mundo lo vale?

No lo tengo tan claro.

Mis colegas psiquiatras, psicólogos, todo el mundo dice:

"La autoestima".

Yo veo mucha gente que tiene excesiva autoestima.

El 90% de la gente, María Ángeles, cree que vale más que los demás,

que es más listo que los demás.

Estadísticamente no es posible.

Yo doy conferencias en todas las ciudades,

en todos los pueblos de España y muchas veces...

A veces digo en una sala: "Bueno, aquí habrá algún imbécil".

Y la gente se parte de risa porque todos piensan:

"Joder. El de al lado".

Este es el ser humano. No.

¿Cuál es tu esfuerzo? ¿Qué has hecho?

Yo tengo muy buen pelo.

Yo tengo muy buen pelo, pero eso no tiene mérito,

es heredado de mis padres que tenían muy buen pelo.

No. Yo soy lo que hago, lo que hecho.

Mi esfuerzo, mis 49 libros, mis conferencias,

mis clases en la universidad, mi grupo de trabajo...

Eso es lo que yo soy.

Eso lo puede ser un adulto, un joven.

Claro que a un chaval hay que darle responsabilidades.

Yo creo mucho en los jóvenes.

Yo con 18 años era jefe de un campamento

que tenía tres grupos de 500 chicos cada vez

y que llevábamos niños de educación especial

con niños que no lo eran.

¿Era menos responsable que ahora?

No. Era más joven, tenía más fuerza,

pero no menos criterio ni menos responsabilidad.

Eso hay que darla, hay que transmitírsela.

Hoy hay muchos niños que además son hijos solos, no hijos únicos.

Me gusta ese matiz. Esa diferencia.

Claro, claro.

He vivido toda la vida en Bravo Murillo, Madrid.

Tenía un balón de fútbol y una bicicleta.

Todo el día en la calle, jugábamos, nos caíamos, con cariño,

nos levantábamos.

Me parece que hay que trasladar a los chavales.

Oye, tú mismo,

pero tú mismo porque te vas a encontrar

con la capacidad de la prostitución o trata de mujeres,

con el tema de la droga, con no pagar Hacienda,

con saltarte los stop, con ser un irresponsable y beber

y salir a la carretera y un día te llevas a un ciclista.

Tú eres todo eso, todas esas cosas.

Pero también puede ser una persona que escriba, buen médico,

un magnífico piloto de aviación,

o un señor que esté detrás de unas cámaras de televisión

y haga lo mejor para sacar la mejor imagen del invitado.

Tú eres y yo te respeto, pero ya eres.

No es que vayas a ser el futuro, eres el presente.

María Ángeles,

los que nos ven y yo somos lo que quedó del niño que fuimos.

Este libro

"Déjale crecer o en vez de un árbol fuerte, serás un bonsái"

es un libro fluido, es un libro que se lee como el agua,

porque no me gusta escribir. Es que está dictado.

Es un libro...

Pero ese libro que se basa en la psicología,

que se basa en la realidad de 32 años de Fiscalía,

que se basa en un centro donde hay hijos que agreden a padres,

que se basa en muchas experiencias para decir:

"¿Qué nos está llevando a esto?". Me he dado cuenta que gran parte,

no todo, pero gran parte,

es una sociedad que sobreprotege a los niños

y que solo les da derechos sin entender

que ser libre es tener responsabilidades.

En el libro...

Yo creo que planea durante todo el libro,

pero en algún momento sí que lo dices expresamente.

Nos sugieres a los padres, o nos aconsejas podríamos decir,

que disfrutemos... Estudiando iba a decir.

Que disfrutemos educando. Sí.

Tener un hijo es una pasada, es un conflicto.

Lo que pasa es que lo vemos como un conflicto.

Conflicto, seguro.

Entre otras cosas porque los padres son como una pared.

Los hijos, como la hiedra, le sirve para apoyarse y subir,

pero también para chocar.

Esto creo que te lo he contado en tu programa aquí,

en Televisión Española,

yo en Fiscalía he visto algunos chicos que me decían:

"Yo creo que a mis padres no les importo nada".

Les decía: "¿Por qué?".

"Porque diga lo que diga y haga lo que haga, no me dicen nada".

Eso es un problema.

Los padres, las madres tenemos que ser muy pesados.

Tenemos que estar muy encima para evitarles peligros reales,

cosas que no pueden ver.

El joven vive el presente,

es incapaz de aprender mucho de lo pasado

y mucho menos de proyectarse en el futuro.

Esa es la función de los adultos. Pero con corresponsabilidad.

También María Ángeles, diciendo: "Mi vida, la mía,

la de María Ángeles,

no la de la mujer, no la de la madre, no la de Javier,

no lo de la pareja, la mía.

Hijo, yo también tengo mis derechos,

yo también tengo malos momentos,

también tengo un compañero de trabajo

que no es lo más cariñoso del mundo".

Por lo tanto, ese poder hablar,

ese poder ir un día a ver un partido de deporte con los hijos.

También hay que decir: "Oye, vente un día verme.

Vente un día al estudio a ver cómo hacemos una entrevista".

Para que los chicos aprendan a estar, a ver nuestra valoración,

a ver el mundo desde nosotros.

Por cierto, ¿el respeto a los abuelos?

El esfuerzo que fue, saber que ha habido austeridad.

No hay garantía de que nuestros niños no vayan a tener

una situación económica de hecatombe,

que tengan que prescindir de todo lo que tienen.

Porque al final, hijo eres lo que eres, no lo que tienes.

Todo se puede perder.

Pero si tú eres una persona íntegra, noble, leal, con palabra,

con esfuerzo, serás digno.

Y el último día de tu vida podrás mirarte a un espejo y decir:

"Mereció la pena. Hice lo que tenía que hacer."

Pero mi teoría, posiblemente todos los que nos están viendo

no van a estar de acuerdo,

yo no creo que al mundo se venga solo para ser feliz.

Hay que ser feliz... Joder.

En esta entrevista estoy súper feliz,

pero no es el objetivo ser feliz.

Es transmitir y mejorar en algo lo que hemos recibido.

Por cierto, un sentido de trascendencia de la vida,

de espiritualidad de la vida, de mirar a las estrellas.

Es decir: ¿No habrá nada más?

Y de sentir, no solo de pensar, no solo de exigir, sino de dar,

de enseñar a ser solidario, generoso.

Los Reyes Magos... A los niños se les trae juguetes.

Hay que darles la posibilidad de decir:

"Uno de los juguetes que de los Reyes, nuevo,

¿lo quieres regalar? Hazlo, hazlo".

"De la paga que tienes ahora que empezamos otro nuevo año,

¿quieres dar un euro para niños que lo tienen peor?".

Tienes derecho, pero no lo voy a dar yo, lo vas a dar tú,

quitándotelo de ti.

Por lo tanto, vas a tener una disonancia,

vas a tener un problema, pero, ¿mereció la pena?

Esa es tu decisión.

Como un día podrá ser hacer una transfusión sanguínea.

Pero démosle.

Creo que eso respetar.

Lo otro es anular y no me queda muy claro

si anular a un niño se hace por amor o por amor a uno mismo.

Si no deja de ser un "Es que yo soy padre,

yo soy madre. No puedo dejar de serlo".

Oye, retente.

Aunque cueste.

Aunque te cueste.

A veces uno puede tener un punto de celos,

pero uno tiene que entender que eso al final estropea el amor.

Hablabas de trascendencia.

Me parece que nos vamos a ver relativamente pronto

porque tu trabajo más reciente

tiene que ver precisamente con la trascendencia, ¿no?

Un librito, pequeño, muy pensado,

muy trabajado que se titula "Nostalgia del más allá".

Entonces hablaremos del más allá.

Por cierto, ¿el más allá está antes o después?

Qué pregunta.

¿Se muere antes de nacer?

¿Dónde estamos? ¿Qué es la vida?

¿Qué es lo esencial?

Bueno, llevo muchos años escribiendo un librito.

Si tienes la amabilidad, como siempre, de invitarme,

estaré encantado.

De hecho, nos planteamos hablar hoy.

Pero dijimos, no.

Ese libro hay que tratarle con tranquilidad y...

A lo largo de este año...

Para hablar de un tema que no se habla mucho con ellos.

¿Qué hay después? ¿Qué pasa después?

¿O qué ocurre antes?

Pero es una pregunta inteligente.

Además, ni tú, ni yo, ni nuestros hijos tengan la respuesta,

pero podemos por lo menos compartirla para saber

que la ansiedad, la angustia, las preguntas, la esperanza

no es igual a los 6 años que cuando tienes 61.

La vida.

La vida, que muchas veces es preguntas convertidas, sin duda.

Pues, encantada de seguir escuchando estas respuestas

o alguna de esas respuestas que podemos dar.

Encantado de estar en este magnífico programa.

Qué bien que este magnífico programa se continúe en el tiempo.

Qué gran labor social, ciudadana.

Qué magnífica persona y qué magnífica profesional eres tú.

Muchísimas gracias, Javier.

Pero, sobre todo gracias por este tiempo

que con tanta amabilidad nos regalas,

porque es un auténtico regalo.

Me dicen: "No recuerdas los títulos."

Vamos a recordarlo

"Déjale crecer o tu hijo en vez de un árbol fuerte será un bonsái".

Firmado por Javier Urra.

Gracias, Javier.

De "La esfera de los libros".

Y gracias a todos ustedes, amigos espectadores.

Si lo desean, la próxima semana, nos encontramos aquí,

en "Últimas preguntas".

(Música)

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Últimas preguntas - Hijos bonsais

18 ago 2019

El psicólogo y gran experto en educación de niños y adolescentes, Javier Urra, nos sugiere algunas pautas para que la manera de educar a los hijos esté orientada hacia su crecimiento humano en el ámbito persona, social y espiritual.

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