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Para todos los públicos Últimas preguntas - Abiertos a la vida - ver ahora
Transcripción completa

"la adopción es la aceptación de la extrañeza de otro

(Música cabecera)

Hola amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Como siempre, bienvenidos a "Últimas preguntas".

Nos encanta compartir este ratito con ustedes

y con quienes hoy nos van a acompañar

y con quienes hoy vamos a hablar de vida,

de apertura a la vida a través de la paternidad,

la maternidad y en este caso, mediante la adopción.

Están con nosotros Yolanda Nevares y Antonio Mínguez.

Bienvenidos, buenos días. Hola, buenos días.

Ambos son padres, son matrimonio y son padres de cinco hijos,

ni más ni menos. A través de adopción y de familia numerosa.

Sí. Bienvenidos y muchas gracias

por estar con nosotros para hablarnos de una realidad,

como es esa apertura a la vida a través de la adopción,

que no sé cómo llegasteis a ella, por que os debió ir bien

con el primero, porque habéis repetido en cinco ocasiones.

Así es. Nosotros nos casamos en el año 2000,

contentísimos, enamorados

y deseosos de tener hijos,

de tener una familia y se nos planteó una realidad

que no llegaban los hijos, ¿verdad?

De manera que bueno, nos hicimos un estudio de fertilidad

y en ese estudio de fertilidad nos dieron el diagnóstico

de que no íbamos a poder engendrar hijos de forma natural.

De manera que conociendo un poco lo que la Iglesia,

como madre, nos enseña, rechazamos las diferentes ofertas

que nos hicieron sobre técnicas de reproducción asistida.

Nos decidimos por la adopción rápidamente, incluso

lo habíamos hablado antes. ¿Ah, sí? ¿Antes de saber

que biológicamente no ibais a poder tener hijos os habíais planteado

en algún momento? Así es, la verdad

es que incluso en el noviazgo lo habíamos llegado a...

Habíamos hablado sobre esta posibilidad

y teníamos amigos que han sido adaptados,

conocíamos a otras parejas que habían adoptado a sus hijos

y nos parecía una posibilidad muy buena.

La verdad es que cuando nos dieron el diagnóstico de infertilidad,

fue un momento difícil, porque uno cree que tiene derecho

a ser padre o derecho a ser madre,

y nos dimos cuenta que el autor de la vida es Dios,

el que tiene la vida es Dios y no nosotros,

no estaba nuestra mano. Fue un momento difícil que bueno,

recuerdo que fue un Viernes Santo cuando nos dieron...

Una Semana Santa cuando nos dieron este diagnóstico

y fue un momento difícil, lo pasamos mal, el matrimonio.

Es verdad que recuerdo el Viernes Santo

pues celebrando estos misterios de nuestra fe

junto con nuestra comunidad,

el Señor nos iluminó este sufrimiento, esta circunstancia,

esta cruz, en definitiva, que nos ponía el Señor,

nos la iluminó sabiendo que de esto el Señor sacaría

algo bueno para nosotros.

En esa confianza, la verdad que nuestro matrimonio no se resintió

sino que nos unimos y empezamos este proyecto

de nuestra primera adopción.

¿Cómo fue ese momentos de decir: "Biológicamente no podemos

ser padres, eso ya está diagnosticado así,

pero tal vez Dios quiere que lo seamos de otra manera"?

¿Eso lo visteis claro, Yolanda? Sí, eso, como decía Antonio,

lo veíamos, siempre lo habíamos hablado,

durante todo el noviazgo y en el momento en que empezamos

con las pruebas sí que nos dimos cuenta que no esperaríamos,

que ni siquiera esperaríamos un diagnóstico incierto,

que conocíamos algunos amigos con diagnóstico incierto,

no se sabía si iban a poder tener hijos o no.

Nosotros teníamos claro que si no podíamos tenerlos,

o el diagnóstico no estaba claro, íbamos a ir a través de la adopción,

a ser padres, teníamos muchas ganas de ser padres.

¿Cómo fue ese cambio? Porque bueno, sí es un cambio

aunque lo hubieseis hablado, pero a la hora de la verdad,

obviamente es un cambio en el planteamiento.

¿Cómo fue? ¿Cómo encaráis esa primera adopción

de vuestro hijo mayor?

Bueno, como lo teníamos claro,

nos acercamos al Instituto del Menor y la Familia de Madrid

donde tenemos que decir que nos trataron fenomenal,

los funcionarios y los técnicos que hay allí, ¿verdad?

Nos indicaron la manera de comenzar este proceso.

Es un proceso largo, lleno de incertidumbres,

un proceso que vivimos con muchísima intensidad.

Empezamos un proceso de adopción internacional.

Nos hicieron un estudio psicológico, técnico, afectivo...

-Intenso. -Intenso, ¿verdad?

En todos los ámbitos. Siempre muy respetuosos

los técnicos con nosotros.

Cuando ya tuvimos el informe de idoneidad,

comenzamos este proceso de adopción internacional

y en esta situación estábamos cuando en la Comunidad de Madrid

abrieron esta posibilidad de adopción nacional y bueno,

rápidamente nos decantamos

por apuntarnos a esta adopción nacional.

Así llegó nuestro primer hijo, Josué. El que ya es casi adolescente, ¿no?

Oficialmente. Ya es adolescente.

Bueno, pero no se queda ahí la cosa, que vosotros en ese sentido,

me da a mí la sensación de que sí es bastante parecido,

no sé cómo decir, el planteamiento como familia

es bastante parecido a la paternidad,

maternidad biológica. Yo estoy abierto a la vida,

pues si en este caso toca, a pesar de las dificultades

burocráticas que existen, no las vamos a negar,

yo estoy abierta a la vida, pues sigo abierto a la vida, ¿no?

No se trata, a ver si me entendéis cómo lo quiero decir,

no se trata de satisfacer una necesidad de ser padre o madre

y ya está. Eso es.

Claro, nuestra segunda hija fue como decía Antonio,

el mismo proceso. Se abren listas durante un plazo,

nos dio tiempo a volver a solicitar una nueva adopción en esa apertura,

en ese tiempo de listas.

Porque es verdad, queríamos seguir teniendo más hijos,

teníamos un hijo, ya éramos padres, pero queríamos tener más hijos.

Hay vino nuestra segunda hija, en ese tiempo,

que la verdad es que fue rápido porque tuvimos nuestro primer hijo,

tenía un mes y volvimos a inscribirnos en la lista.

Llegó nuestra segunda hija a los tres años.

Hay una cuestión, vosotros tenéis estos dos hijos,

seguís abiertos a la vida, y hay una cuestión que a quienes

tenemos a nuestros hijos a través de la adopción,

mediante la adopción, no sé si a vosotros os ha pasado,

pero a mí me llama la atención que en bastantes ocasiones

me han preguntado:

"¿Y tú puedes elegir el niño que quieres?".

O si quieres que sea niño o niña,

si le quieres con determinadas características.

Y dices, a ver esto no es una elección a la carta, obviamente.

No se trata de una maternidad o una paternidad a la carta.

Digo esto, porque vosotros hicisteis un planteamiento

y dijisteis: "Si nosotros tuviésemos hijos biológicos,

estaríamos abiertos al hijo que Dios quisiera".

¿Qué pasó a partir de ahí? Bueno, la verdad es

que desde nuestro primer expediente de adopción,

el Señor nos cuestionó, porque en los documentos

que hay que completar, había una casilla en la que si la marcabas,

digamos que te ofrecías para la adopción de un niño

con enfermedad o discapacidad y claro,

no la indicamos, no la marcamos.

Pero no marcar aquella casilla nos marcó a nosotros.

Es Señor nos empezó a llamar ya en aquel momento

y después de nuestra segunda adopción,

ya teníamos a Josué, teníamos a Luz,

veíamos como el Señor nos iba pidiendo el ofrecernos

para ser padres de un hijo con dificultades

o enfermo o con una discapacidad, ¿verdad?

No fue fácil, el Señor, que es un caballero,

nos lo susurraba, el Espíritu Santo nos lo susurraba.

Tuvimos nuestro tiempo de discernimiento conjunto,

pero también por separado, ¿verdad? Hasta que bueno, en una peregrinación

vimos que el Señor nos llamaba a dar este salto,

este paso en la fe de fiarnos de él,

de fiarnos de que el hijo que quisiera darnos,

sería el hijo que nosotros necesitábamos y así lo hicimos.

De esta manera llegó nuestro tercer hijo, Juan Pablo.

Pero asumisteis un riesgo muy grande,

porque estabais abiertos al hijo que Dios quisiera.

Quiero decir, que cuando una persona,

una mujer se queda embarazada, una familia decide tener un hijo,

salvo que haya antecedentes familiares,

en principio no te planteas que tu hijo pueda venir

con algún problema, pero vosotros casi teníais

la certeza de que vuestro hijo iba a venir con algún problema.

Sí, al hacer el ofrecimiento hacia un niño con enfermedades,

con discapacidad, es 100 % seguro, eso es...

Y lo que tú decías, pues en el embarazo,

el niño que nace, nace como Dios quiere,

y esa era nuestra seguridad,

que el niño que íbamos a tener, iba a ser el que Dios quisiera.

Sabiendo que si Dios nos lo concede,

también nos iba a capacitar como padres.

No nos va a dar el hijo y nos va a decir:

"Allá os quedéis".

Esa es mi experiencia y la de Antonio igual,

que con el tiempo, hemos visto que nos ha dado hijos

que efectivamente, somos capaces de cuidar

y nos ha ido capacitando para hacerlo día a día,

momento a momento.

Cuando te quedas embarazada no sabes, no sabes si va a tener

alguna dificultad, no la va tener, pero ni siquiera discapacidad,

sino a lo largo de la vida. Un hijo, tiene problemas

al nacer o no y les puede tener en la adolescencia

o los puede... Cuando a mí me dicen:

"Jo, es que tu hijo tiene problemas".

Y digo: "Y el tuyo, probablemente también".

"O los hijos no son sanos", pero es que el mío mayor

también tiene problemas y no tuvo ninguna enfermedad al nacer

o no nació de ninguna manera concreta.

Y veo que tiene dificultades, y que como todos.

No sé si ustedes han reparado en esto,

pero continuamente, tanto Antonio como Yolanda,

hablan de ofrecimiento,

cuando nos ofrecimos para ser padres.

Yo creo que era Antonio quien decía al principio algo así como:

"Los hijos no son un derecho de los padres".

Yo creo que tiene mucho que ver con esto del ofrecimiento.

Hay muchas personas que hablan de la adopción como generosidad,

o de los padres que lo somos a través de la adopción

como que somos muy generosos. Yo mi opinión ya la he contado

en otras ocasiones, ahora quiero la vuestra.

Es verdad que lo que tú dices,

hay gente que nos dice: "Qué generosos", o incluso nos dicen:

"Qué valientes", y nosotros siempre les decimos:

"No, que afortunados". Porque nosotros, cada hijo

es un regalo de Dios para nosotros, los afortunados somos nosotros.

Nuestros hijos son regalos de Dios que son una maravilla para nosotros.

Nosotros somos los padres que Dios les ha dado a nuestros hijos,

pero somos nosotros los afortunados, de verdad.

Nosotros no seríamos padres sin ellos.

No es una cuestión de generosidad,

porque Dios, nos llama a todos a dar la vida.

A todos, siendo padres o siendo consagrados

o cada uno en la vocación a la que Dios le llame,

es a dar la vida.

Dar vida, nosotros damos vida siendo padres.

Estamos encantados, es un regalazo de Dios.

Vuestros dos hijos pequeños también,

vuestro ofrecimiento fue para niños con especiales dificultades,

necesidades especiales. Sí, eso es. Volvimos.

Visteis que había ido bien.

Yo debo decir que Dios ha hecho una obra en nosotros,

porque nosotros no teníamos una especial afinidad

hacia la discapacidad o estábamos en el ámbito

de los niños con dificultades, sino que fue el Señor,

el que nos fue llevando a esta posibilidad de ser padres

de algún hijo con dificultades.

Al principio, en nosotros también había miedos,

había inseguridades, sufrimientos, proyecciones...

Y sin embargo, hemos visto como Dios, lo que decía Yolanda,

nos ha ido capacitando en cada momento

ante situaciones que antes nos parecían una montaña insalvable,

Dios ha venido con nosotros y hemos podido pasar por encima

de estas circunstancias que tantas veces, anteriormente,

nos parecían un mundo.

De manera que cuando ya teníamos a Juan Pablo,

el Señor igual nos invitó a abrirnos a la vida y llegó Rafael.

Rafael, que nació con hipoxia en el parto y un daño cerebral

y que de nuevo fue un regalo para nosotros.

El tenerle y acogerle en nuestra familia.

Podemos decir que le llamamos Rafael,

que significa "salud de Dios" o "Dios sana".

Nunca le hemos pedido a Dios en este sentido que curarse

a nuestros hijos de cuestiones determinadas,

pero es verdad que bueno, Rafael hoy en día,

tiene un desarrollo bastante adecuado a su edad,

aunque tiene algunas dificultades de aprendizaje o de vocación,

pero vemos que Dios es un padre

y que igual que nos cuida a nosotros también cuida a nuestros hijos.

Y luego llegó la peque de la casa, tiene Síndrome de Down

y es la revolución de la familia. Sí, así es.

Por peque, y por niña y por todo. Y por trasto.

Sí, es verdad. Pero la alegría también.

Sí, ella la verdad es que es la que ha traído la alegría a la casa,

la que ha revolucionado la familia y bueno, a los hermanos,

a los abuelos, a todos.

La verdad que nos enseña muchísimo cada día.

Ella nos enseña a vivir la vida, a vivirla bien y además,

pues es verdad que tiene dificultades,

dificultades añadidas por tener Síndrome de Down,

pero también nos enseña que puede aprender como todos,

que ella sigue adelante,

a mí me encantaría que a todos los niños se los tratara

como la tratamos a ella. Viendo su desarrollo y su evolución,

siguiendo su ritmo.

Es fantástico, con los demás todo es exigencia,

todo es exigirles constantemente que aprendan y con ella no,

con ella es todo un logro.

¿Anda? Fenomenal. ¿Habla? Fenomenal.

Es todo... Todo fantástico, todo fantástico.

Fíjate, precisamente esto os quería comentar,

porque tengo por aquí una frase que, en algún momento,

escribió o dijo, yo la anoté, Antonio Ferrandis,

el jefe del Área de Adopciones de la Comunidad de Madrid,

una persona que sabe muchísimo del tema,

y lleva muchos años trabajando, porque lo hace bien, además,

en esta cuestión y él decía que, entre otras cosas,

"la adopción es la aceptación de la extrañeza de otro

al que se hace propio".

Es verdad que yo creo que la adopción tiene ese plus,

pero, si nos paramos a pensar, cualquier hijo es,

por el hecho de ser único e irrepetible,

es un ser extraño a nosotros en cuanto a su individualidad.

En este caso, el bebé dado en adopción,

pues hay una parte genética que nosotros no podemos prever

porque no conocemos, obviamente, y una serie de circunstancias

por el hecho de la adopción que pueden venir añadidas.

Pero es verdad que en su individualidad

cada hijo es diferente, sin embargo,

¿cuántas veces los padres tratamos de proyectar en los hijos,

tratamos de trazar un camino a los hijos?

Lo digo a propósito de lo que decía ahora Yolanda.

Vamos a ver, vamos a ir a un amor más puro,

más por el hijo en sí mismo, como es.

Y eso con una persona, con un niño con síndrome de Down,

vosotros lo habéis visto magníficamente, ¿no?

Sí, así es.

-Es verdad que el síndrome de Down,

aunque es una discapacidad muy significada,

impresiona al principio, ¿verdad?

Nosotros también, cuando del Instituto nos llamaron

para entregarnos a Teresa.

Pero yo he descubierto que es una maravilla de Dios,

porque todos, de alguna manera, somos discapacitados.

Yo, particularmente, discapacitado para amar tantas veces,

discapacitado de poder acercarme al otro.

Y yo veo que Dios, como decía antes Yolanda, capacita.

Y Dios, que nos ha creado a nosotros

también con nuestras discapacidades personales que tenemos cada uno,

pues el Señor también nos da esta posibilidad

de querer a Teresa y de amarla.

Y yo también he descubierto una cosa con Teresa impresionante

y es que cómo ante la debilidad Dios da el amor.

Es verdad que cuando el hijo tiene más dificultad

o el hijo tiene una discapacidad mayor,

una enfermedad, pues nosotros, en el matrimonio,

sale hacia él un mayor amor.

Al igual que Dios con nosotros.

¿Qué es para vosotros ahora, después de cinco hijos,

el primero hace ya 12-13 años...? 13 años.

-13 años. O sea, ya tenéis una trayectoria

de más de una década, aunque la pequeña sea todavía pequeñita.

Ahora miráis, de algún modo también, al pasado.

¿Para vosotros qué es ahora la paternidad, la maternidad?

Poniéndolo también un poco en comparación

o con la referencia que vosotros teníais

de lo que podría ser o pensabais que iba a ser

la maternidad o la paternidad.

No os habíais planteado la adopción, o un poco de pasada,

no os habíais planteado tener hijos con necesidades especiales

o con algún tipo de discapacidad.

Ahora, ¿vosotros cómo vivís la...? ¿Qué es para vosotros la paternidad?

Bueno, la verdad es que, para nosotros, como tú decías,

este no era nuestro proyecto de familia.

Sin embargo, vemos cómo Dios ha obrado en nosotros,

ha ido actuando.

Y es verdad que yo creo que la paternidad y la maternidad

es dar la vida, es dar vida.

Es verdad que yo creo que es una forma privilegiada

que Dios nos da para parecernos un poquito a Él,

un poquito a Él, que es Padre nuestro.

El poder ser padre es esto,

es actuar como Dios actúa con nosotros,

con amor, con misericordia,

pudiendo enseñarle a nuestros hijos lo poco que sabemos.

Yo veo que ser padre es dar la vida dando vida.

¿Cómo se gestiona todo esto? Porque muchas veces

nos hacemos un montón de cábalas, ¿no?

Y queremos estructurar todo mucho.

Bueno, los hijos cuando haya llegado a tal posición.

(RÍEN) O tenga tal situación.

Aquí, por adopción, encima llegan cuando...

Siempre es cuando Dios quiere, pero, en este caso,

es que pueden pasar años o puede ser mañana mismo.

Voy a tener tantos hijos porque la situación es esta,

ahora conviene, ahora no conviene.

Vosotros tenéis cinco hijos, familia numerosa,

tres, los tres pequeños...

O los cinco, al final, con sus necesidades especiales.

Eso es. Todos tienen sus necesidades.

¿Cómo se gestiona esto en el día a día?

Bueno, pues la verdad es que no sé.

Yo supongo que como cualquier familia, ¿no?

Es verdad que no te planteas, no planificas,

pero la verdad que eso es gracia de Dios,

o sea, lo de no planificar a nosotros nos lo concedió Dios.

Y bueno, pues viviendo, con el día a día, sin...

Pues no sé, económicamente tampoco planeas mucho,

no planificas mucho.

Pero es verdad que tenemos la experiencia

que todo se puede hacer.

Nuestros hijos están fenomenal, nosotros también,

están bien atendidos.

Pues yo, la maternidad...

Lo que decía Antonio, a mí me asustaba,

la discapacidad me suponía un poco de incertidumbre.

Pero bueno, después de los cinco hijos que tenemos,

que seguimos abiertos a la vida, que lo que a Dios quiera hoy en día.

Pues yo veo que nos fortalece como matrimonio,

que nos fortalece como familia, no solo a nosotros como padres,

sino a sus hermanos. A los cinco hermanos

es fantástico verles cómo se quieren, cómo se cuidan.

El día a día es normal, viviendo cada día.

Viviendo cada día sin plantearte nada más.

¿Esto cómo se une...? Permíteme esta pregunta,

que puede haber una línea ahí a veces difícil de saber

discernir muy bien o establecer muy bien esa línea.

Esa no planificación, en el sentido que tú lo dices

de dejarse hacer por Dios,

¿cómo se une con la paternidad o maternidad responsable?

Es verdad que la paternidad adoptiva

implica el ir a una institución

a hacer un expediente, un ofrecimiento.

En este sentido, nosotros siempre hemos tenido,

antes de iniciar cualquier proceso, un tiempo de discernimiento.

De cara a Dios, con la oración, viendo lo que Dios nos decía.

En ese sentido, yo creo que tenemos una experiencia muy bonita

con la adopción de Teresa,

porque antes de adoptar a Teresa nosotros teníamos ya cuatro hijos.

El pequeño era Rafa.

Rafa tenía un añito y medio, quizá,

un año y unos meses, y dormía fatal.

Rafa se despertaba todas las noches cinco veces, seis veces, siete veces

y estábamos hechos polvo.

Sin embargo, Dios nos ponía en el corazón

el deseo de tener otro hijo y esto nos parecía irreconciliable

en la situación que teníamos, también la situación económica,

ya son cuatro hijos, el cansancio...

De manera que, bueno, lo discernimos, rezamos

y vimos que no era el momento. Que no era el momento.

Sin embargo, seguía esa inquietud en nosotros.

De manera, que en una convivencia escuchamos una palabra

de la segunda carta a los corintios que decía:

"Ahora es el momento favorable, hoy es el día de salvación".

Y nos impactó muchísimo esta palabra del Señor.

A ella por su parte y a mí por mi parte.

(ASIENTE) -Y cuando lo hablamos, dijimos:

"El Señor nos está llamando a esto, tenemos este deseo en el corazón.

Hoy".

E iniciamos en ese momento, en esa misma semana,

un nuevo expediente de adopción, un nuevo ofrecimiento

para una adopción de especial dificultad.

Esa misma semana, lo supimos mucho más tarde,

pero esa misma semana nació nuestra hija Teresa.

De manera que vimos claramente cómo Dios nos llamaba

porque necesitaba unos padres para Teresa.

Y la providencia de Dios es así, maravillosa.

Una última cuestión, no creo que tengamos tiempo para mucho más,

qué pena, pero a mí me gustaría volver

a lo que comentábamos al comienzo del programa.

Si recuerdan, nos comentaban Antonio y Yolanda

que el dolor que ellos sintieron y lo difícil que fue también

para su vida, para su matrimonio el conocer que biológicamente

no iban a poder ser padres.

Han pasado más de 12 años, 13 años de aquello.

Ahora, ¿qué pasa?

Cuando miráis hacia atrás y recordáis esos momentos,

¿qué os viene a vuestra mente, a vuestro corazón?

(ASIENTE) Yo creo que puedo hablar por los dos

diciendo que damos gracias a Dios

por esta infertilidad que hemos tenido en el matrimonio,

porque Dios se ha servido de esa circunstancia dolorosa

para regalarnos unos hijos maravillosos.

Estamos agradecidos al Señor

porque Él sabía lo que nosotros necesitábamos

y los hijos que nos ha regalado son, para nosotros, un tesoro.

Hemos experimentado lo que dicen las Escrituras,

que todo sucede para bien de los hombres que aman al Señor.

Vemos que Dios ha actuado en nuestra vida

a través de esta primera circunstancia dolorosa,

pues de la muerte, el Señor ha sacado la vida.

Una infertilidad biológica,

pero, desde luego, una vida, un matrimonio muy fértil,

  • Abiertos a la vida

Últimas preguntas - Abiertos a la vida

18 jun 2017

Esta semana hablamos de la apertura a la vida a través de la adopción con una familia que ha adoptado a cinco niños, tres de ellos con necesidades especiales.

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