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Nos cuesta distinguir personas de otras razas. Por ejemplo, a simple vista, todos los asiáticos nos resultan parecidos. Y lo mismo piensan ellos de los Europeos. Un grupo de científicos norteamericanos ha investigado cómo nuestro cerebro identifica las caras que vemos. Los resultados han mostrado que al mirar a personas de otras etnias percibimos menos detalles y nos da la sensación de que tienen muchos rasgos en común. Por suerte es un fallo de nuestro cerebro que podemos corregir. Con el tiempo y la costumbre podemos aprender a diferenciar todo tipo de personas.