Traición La 1

Traición

Martes a las 22.30 horas

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No recomendado para menores de 12 años Traición - Capítulo 2: No sé quién eres - ver ahora
Transcripción completa

112, ¿en qué puedo ayudarle?

¡Mi padre se ha caído a la piscina y no respira!

Desfibrilador.

Soy Miriam Márquez, la jueza de Instrucción.

¿Cree que había alguien interesado en asesinar a su padre?

Todo empezó con la firma de la fusión con los ingleses.

Éramos una familia muy unida hasta ese día

No voy a firmar este acuerdo.

¿Por qué decides hacer esto ahora?

Porque me estoy muriendo.

Vamos a mantener el acuerdo el tiempo necesario.

Os pedimos un poquito más de tiempo.

Tenéis 48 horas para decidir qué hacéis.

48 horas era muy poco tiempo, ¿no? -¿Me está acusando?

¿Nos quedamos? -Hay que entenderlo...

¡Dile a este señor que no me defiendan! Y menos él.

Mis planes pasan por instalarme en Londres.

¡Lo llevo planeando hace meses!

Cuando el barco se hunde,

las ratas son las primeras en saltar.

Hay algo más. Tuve un hijo con otra mujer.

Es mi gran asunto pendiente y tengo intención de solucionarlo.

Mamá, por favor, ese hijo...

No sé cómo has podido perdonarle todo estos años.

Mis hijos sois vosotros.

Y no voy a dejar que un desconocido

venga a quitaros lo que os pertenece.

Soy Carlos Santos, tenía una cita con don Julio Fuentes.

Mi padre quiere cambiar las cosas. Pero mis hermanos no.

Juntos podríamos hacerlo de otra manera.

No me conocéis de nada. Pero mi padre confía en ti.

Yo creo que merece la pena.

Señor Fuentes,

un placer conocerle. Necesito a alguien

en quien poder confiar. ¿Por qué yo?

Tu madre nunca te lo contó.

Ahora mismo tienes ante ti dos caminos:

uno está lleno de problemas...

Dice que le ofreció dinero. ¿Eso dice? No,

no es verdad, yo nunca le ofrecí dinero.

Me han ofrecido una plaza en Málaga.

Si esto no va a ninguna parte, yo prefiero...

No cambia nada, quiero el divorcio. ¿Y por qué ahora?

Si me dejas, te va a salir.

Tenemos un acuerdo prematrimonial. Un acuerdo que no tiene validez

si demuestro tu infidelidad.

¿Usted sospechaba algo de lo que su marido estaba haciendo?

No, por supuesto.

¿Y a él le beneficiaba la fusión?

Ha surgido un problema y no creo que pueda poner mi parte.

Tienes que poner lo que prometiste. Millón y medio.

Voy a buscar una solución.

Ya te dije que podías confiar en mí.

¿Tu mujer sabe algo de todo esto, verdad?

¿Qué haces aquí? Lo que me dijiste del despacho...

¿Realmente lo crees?

Nunca podré olvidar ese momento.

Pasa.

¿Papá?

Debió marearse y cayó a la piscina.

Un miembro de esa familia es el asesino

A papá le quieren hacer la autopsia.

Mueve tus contactos.

No permitas que nadie destruya esta familia.

Necesito que pares la autopsia.

¿Sabes lo que me juego si se descubre?

¿Te vas a ir? -Si se firma la fusión, sí.

No sé cuál es el problema. -Ninguno, perfecto todo.

¿Se lo has dicho ya a mamá? -No.

Mi marido estaba muy enfermo.

-Él mismo nos lo contó.

Le quedaba muy poco tiempo de vida. Menos del que creíamos.

Dicen que él nunca le llevó la contraria.

Justo el día en que le lleva la contraria, aparece muerto.

Casualidades de la vida.

Supongo que debió ser duro pasar por todo eso:

enterrar a su marido cuando todo el mundo empezaba a hablar.

La gente siempre habla, querida. Y la mayoría de las veces

sin tener siquiera la más mínima idea.

Y en cuanto a la pregunta,

sí, claro. Evidentemente es muy duro

enterrar a la persona con la que llevas casi toda tu vida.

Por eso mismo quieres hacerlo

lo más rápido posible y en la intimidad de la familia.

¿Y en esa intimidad, imagino,

no incluía usted al hijo que su marido reconoció?

Debería ser escritora.

Entre sus suposiciones y su imaginación,

no le hace falta siquiera mis respuestas.

¿Continuó todo igual con sus hijos,

tras descubrir que su marido tenía un hijo?

No. Nada vuelve a ser igual

Pero seguíamos siendo una familia.

¡Mamá!

¡Mamá!

Mamá, están los coches esperando.

Pues que esperen. A ver si ahora me va a meter prisa un chófer.

Estás muy guapa así.

Te vas a ir a Londres, ¿no?

Mamá, llevo tiempo preparándolo, ya te lo he dicho.

Pensé que la muerte de tu padre podría cambiar tu opinión.

Pero ya veo que no. -Si está a dos horas de avión.

¡Londres está a 2000 kilómetros, que es lo que siempre has querido,

poner distancia y alejarte de mí! Eso no es verdad.

¿Cómo te puedo hacer entender? Que no tienes que explicarme nada.

Lo entiendo todo a la perfección. Vamos, nos esperan.

¡No! ¡Es que estoy harta!

¡Siempre tienes tú que tener la última palabra!

¡Todos lo estamos pasando mal! ¿Por qué...?

¿Qué te he hecho para que me trates así?

¿Qué te he hecho? ¿Ya?

¿Te has desahogado?

En el cajón del escritorio tienes calmantes para los nervios.

¡Tómate un par, parece que te hacen falta!

-A ver, hoy es un día complicado, os tenéis que portar bien, ¿vale?

-Vale. -¿Sí?

Si os aburrís os ponéis a ver la tele o a jugar con la consola.

-Mamá, ¿y el abuelo dónde va a estar?

Bueno, pues el abuelo va a estar en...

¡Ay... vosotros portaos bien, eh!

-¿En un ataúd, verdad?

Pues mira, sí.

El abuelo va a estar en un ataúd que, además, es muy bonito.

¿Y luego se convertirá en un esqueleto?

No, en una calavera, ¿a que sí?

¡Pero qué cosas decís! A ver, el abuelo

está al lado del Niño Jesús, ahí es donde está.

Es que dice la tía Carmen que el Niño Jesús no existe.

Pues la próxima vez que veas a la tía le dices que tu madre

dice que sí existe.

¡Eh! -Vale.

Vale. Venga, a jugar.

¡Yo me pido el Madrid!

¡Anda que tu hermana Carmen...!

Por favor, de mi hermana Carmen, ahora no estoy yo para...

¿Pero qué te pasa, estás bien? -Bueno, estoy...

Sí, sí, o sea...

¿Qué horas son estas de beber?

Y no sé para qué bebes, si bebes y te duele la tripa.

No... no es eso.

Es que he hecho algo que... -¿Algo?

Sí, te prometo que... solamente ha sido una vez.

¡No, por favor! ¿De verdad?

A ver, ¿y quién es ella?

¡No, hombre, no, eso no es, cómo va a ser eso! ¡Eso no...!

¿Tú te acuerdas de Jaime? ¿Te acuerdas de Jaime?

¿De Jaime? -Mi amigo.

¿El hombre que vino a casa de mis padres antes?

Este. Pues mira, el caso es que Jaime me ofreció entrar

en un negocio de energías renovables.

¿Y tú qué sabes? -Bueno, eso no viene a cuento.

Vamos a ver, el tema

es que yo tenía que poner un millón y medio de euros

para poder entrar en el negocio...

¿Y de dónde vas a sacar un millón de euros?

Pues lo saqué... vamos que lo saqué de la cuenta del despacho.

Víctor. -Sí.

¿Has cogido un millón de euros de la cuenta del despacho?

Y medio. He cogido un millón y medio.

La cosa era muy fácil. De verdad, íbamos a firmar la fusión.

Y con los beneficios lo iba a poder reponer.

¡Pero ahora, con la auditoría...!

¡Me van a pillar! -Vale, vale.

Basta. Los problemas se solucionan afrontándolos no lloriqueando.

Yo no lloriqueo. -Sí.

Claro que estoy lloriqueando. ¡Pero, joder, es para lloriquear!

¡Que puedo acabar en la cárcel! -Muy bien. Para...

Nos tenemos que ir al cementerio.

¡Quítate esa corbata, que es horrorosa!

Mi padre siempre ha sido mi mejor amigo.

MI consejero, mi confidente...

Mi maestro.

No sé cómo voy a seguir a partir de ahora

sin sus palabras de ánimo,

de confianza y de orgullo.

Me resulta muy complicado hablar en este momento,

pero confío en que todos los presentes

comprendan cuál es nuestra emoción.

Queridas hermanas,

es muy importante que ahora estemos unidos

para preservar el espíritu de nuestro padre.

Lo que más voy a echar de menos es

escucharte hablar de ellas

y de mí.

Porque cada vez que hablaba de nosotros,

lo hacía orgulloso.

Hinchaba el pecho y hasta...

Se le saltaban las lágrimas de la emoción.

Por favor.

Le acompaño en el sentimiento.

Seguro que estás muy afectado.

Siempre lamento la muerte de cualquier persona.

¿Eso era para ti, "cualquier persona"?

Al final has conseguido lo que siempre deseaste.

No sé a qué se refiere. ¿No?

Yo sí, no te preocupes.

Todo el mundo va a saber a qué me refiero.

Esa pose de hijo abandonado no vas a poder mantenerla mucho.

Ha sido un funeral muy... muy emotivo.

Aunque no lo parezca, mi hermano es un hombre sensible.

He estado hablando con un amigo.

Los ingleses no tenían interés en quitar de en medio a tu padre.

De hecho, tenía otro despacho... Carlos, por favor.

Voy a aceptar la herencia de tu padre y entrar en el despacho.

¿En serio?

¿Pero estás seguro? No, pero bueno...

Casi nunca estoy seguro de nada, o sea que...

En una hora en el despacho, vamos a firmar la fusión.

Allí estaré. Y si puedo, intentaré impedirlo.

Me encantará ver cómo te estrellas contra la pared.

¡Capullo de mierda! Roberto.

Tenías razón, es un tipo sensible.

¡Roberto!

Disculpe.

Déjale. -¡Qué?

Necesita estar solo.

¡Pobrecito! Quería mucho a su abuelo.

Está en una edad difícil. Y a esa edad todo te afecta más.

Yo perdí a mi padre a su edad. -No lo sabía.

¿Y cómo lo superaste?

Me costó mucho...

Sobre todo porque mi madre se mudó de ciudad,

conoció a otro tipo... que no era mala gente, en absoluto.

Pero no era mi padre.

A ver, Julián, si lo dices por ti,

nunca te he pedido que ocupes el lugar del padre de Sergio.

Lo sé, mi amor, lo sé.

Sergio es...

¡Sergio es un chico estupendo, es estudioso, es brillante!

Ahora se quiere ir de campaña con los de Greenpeace...

Ya lo sé, es un niño muy sensible. -Lo es.

Lo es. Y por eso todo le afecta más.

Y un cambio de ciudad... Mira,

yo creo que debería quedarse aquí con su padre un tiempo.

Pero, bueno, Julián, ¿a qué viene todo esto ahora?

Piénsalo, vas a empezar en un bufete nuevo.

No conoces a nadie, tendrás que adaptarte;

yo voy a estar montando mi negocio, va a estar todo el tiempo solo.

Y su vida, sus amigos, su novia están aquí.

Bueno, pero yo no me quiero separar de él.

Bueno, pero tú tienes que pensar en él, no tienes que pensar en ti.

No puedes ser egoísta, eh.

No lo sé... supongo que tienes razón.

Piénsalo.

Tenemos que ir al despacho. Dame las llaves.

Sí... Isabel, Isabel.

¿Es posible que allí esté el tipo que hará la auditoría?

Tranquilízate, cielo.

No tienes de qué preocuparte. -Ya.

Yo formo parte del despacho.

No voy a permitir que nadie te ataque.

¿Y cómo lo vas a hacer?

¿Qué van a pensar tus hermanos...

...que metí la mano en la caja?

De mis hermanos me encargo yo.

Vamos a ver, sólo necesitamos ganar tiempo.

¿Tú manejas las cuentas, sí?

Pues encárgate...

De hacer todo lo que haga falta para que ese tipo no descubra nada.

Sí, pero es... -No, nada.

Respira. Va a ir bien. Vamos.

Timbre.

Dime, hijo. Firmamos ahora con los ingleses.

Y ese desgraciado viene a pararla. ¡Destrúyelo!

¿Me oyes? Tienes mi voto. Utilízalo.

Confío en ti, ¡no dejes que se salga con la suya!

Veo que tenemos a un nuevo invitado.

Carlos Santos.

¿Y está usted en esta firma en calidad de...?

Heredero de Julio Fuentes.

¡Un bastardo... eso es muy británico!

Veo que empezáis a adoptar nuestras costumbres.

¿Pero... esto qué es?

Es algo normal, dada las circunstancias.

Perdón. ¿A qué os referís?

Isabel, quieren exigir una indemnización

y parar la fusión si se demuestra que tuvimos que ver

con la muerte de nuestro padre. Perdón, si me permiten.

Tras lo ocurrido, nuestro despacho quiere asegurar la inversión.

Es una muestra de desconfianza, ¡no me lo puedo creer!

¡Esto es un insulto!

Si no tenéis nada que ocultar...

No me puedo creer que os echéis atrás otra vez.

No, no... no malinterpretes lo que decimos.

¡Nadie está diciendo eso! Deberíais.

¿Cómo? Esto no es lo pactado por papá.

Dice que vais a recortar para los casos de oficio.

Ya te he explicado que este es un nuevo pacto.

Precisamente fue tu padre quien cambió las reglas del juego.

Ayudar a la gente que no tiene medios

forma parte de la historia de este despacho.

Tú lo has dicho: forma parte de la historia.

Estamos hablando en concreto de esta cláusula.

¡Me parece insultante

que hayáis llegado a pensar algo así!

¡O de revisar las cuentas, estaban claras!

La cláusula viene de arriba, Isabel.

Ya les puedo decir que sois encantadores,

¡que les da exactamente igual!

¡Estos son negocios!

Pero somos socios, nos estáis inculpando de asesinato.

¡Es intolerable!

Es un simple trámite. ¡Mis cojones!

Firmemos.

Sí, vamos a firmar.

Sólo ofende quien puede. Por favor, no firméis.

Esto no es lo que habíamos acordado.

Vamos a ello.

Propongo que votemos.

¡Claudia, por favor! Yo estoy de acuerdo con Claudia.

Maravilloso, que nos vean unidos.

Bueno, no tengo todo el día. Mano alzada.

¡Esto es lo último! Sí, a mano alzada.

¿Votos a favor? Por favor.

Mamá ha delegado su voto en mí.

Voto a favor. ¿Cuándo ha hecho eso?

¡Llámala por teléfono si quieres!

¿Votos en contra?

Pues nada, vamos a firmar.

Golpes. Adelante.

Ya está. -¿Ya está?

Sí, hemos firmado. Pero van a seguir revisando las cuentas.

¡Roberto me va a matar! -Sí.

Tenías que haber confiado en mí mucho antes, cariño.

¡Pero tenía miedo de defraudarte!

No digas eso. Tú eres mi marido y el padre de mis hijo.

Perdonad, lo siento. Busco a Víctor Ayala.

Ah... soy yo.

Soy Rafael Sotomayor. -Encantado.

Mi mujer Isabel.

Soy el encargado de auditar las cuentas del bufete.

Me han dicho que puede ayudarme.

¿Pasa algo? -¡No!

¿Por qué? ¿Tenemos cara de que pase algo?

Yo estoy bien, ¿y tú? -Muy bien.

Los dos estamos bien, las cuentas, todo.

Necesitaré las claves de acceso para ver las cuentas.

Claro y yo te las voy a dar.

¿Tú trabajabas en Londres, no?

¡Qué casualidad!

Víctor y yo queremos ir a Londres este verano, él nunca ha estado.

Yo soy más de París. Íbamos a ir este verano.

Con los niños, tenemos dos: seis, ocho años.

¿Debe ser la hora de comer casi, no?

¿Por qué no me acompañas y me cuentas?

No creo que pueda, tengo trabajo.

No, hombre, no... ¡vete!

Vete, tú descuida, ya me encargo yo de ir preparando todo.

Hazle caso, él sabe más que nadie.

Y yo soy medio dueña del despacho, te doy dos horas libres.

Si usted me da permiso, encantado.

Pero, por favor, no me llames de usted que me voy a enfadar.

Vamos.

Ah, necesitaré también el balance de los dos últimos años.

Pídele mis datos a tu secretaria. -Sí, claro. Descuida.

¿Cuándo fue que la primera vez

que usted tuvo contacto con la familia Fuentes?

Cuando me trasladé para auditar las cuentas de la fusión

entre mi despacho en Londres y el de ellos.

Y ahí fue cuando se fijó en Isabel,

la hija de los Fuentes.

¿Cómo? -Se rumorea que ustedes

tuvieron una relación extramatrimonial.

Disculpe, pero no sé de qué me está hablando.

¿Seguro que no quieres un poquito? Está buenísimo.

No tomo nueces, soy alérgico.

No me digas.

¿Pedimos otra cosa?

Qué pena, es la mejor de Madrid.

Bueno, voy a parar.

Londres.

Aparte del trabajo Londres tiene que ser una ciudad

muy interesante, ¿no? -Sí, sí, bueno es...

es Londres.

(RÍE)

Bueno, claro, Londres es... Londres.

Sí, pero me refiero a vivir en Londres. Vivir, vivir, ¿no?

Yo nunca he vivido en el extranjero.

Me imagino que vivir fuera de España

tiene que ser una experiencia muy buena.

Al principio sí, pero Londres es...

Hace mucho frío.

Está siempre lloviendo, te pasas días sin ver el sol.

Es... es deprimente.

Buenísimo para el cutis, ¿eh?

No. No, qué horror, qué horror. Yo no podría.

Con lo que me gusta a mí el sol, la luz.

Ya. Estaba deseando volver.

Espero poder quedarme aquí definitivamente.

Móvil.

Disculpa. -Sí.

Móvil.

¿Sí?

No. No, no, ahora no puedo hablar.

Una hora.

Muy bien.

Perdona.

¿Entonces puede ser que te hagan volver a Londres?

Depende. Si la fusión no se termina realizando

es posible que tenga que regresar.

Ya, es por la cláusula esa, ¿no?

Perdóname, entre tú y yo, pero es...

En fin, que no tienes de qué preocuparte.

Ya te aseguro yo que nadie de mi familia tiene nada

que ver con la muerte de mi padre.

Te creo. Te creo. Pero no sólo es la cláusula.

Si las cuentas no cuadran también es posible

que acaben echándose para atrás.

Y entonces tendría que volver a Londres.

Y eso sería terrible.

Hola. Sí, soy yo.

Oye, me ha quedado un hueco libre esta tarde.

Nos vemos allí.

Y no te retrases. No me gusta esperar, ya lo sabes.

¿Ya estás aquí?

Sí.

He tenido un día horrible.

Pues mira, un día parecido al mío.

Acabo de hablar con Papá.

¿Cuándo pensabas decirme que yo no iba a Londres?

Sergio, no quiero discutir contigo.

Pensaba decírtelo yo antes.

Los primeros meses en Londres van a ser una locura.

¿Qué tendrá que ver eso? Ya no soy un niño.

Yo no he dicho eso, pero preferiríamos...

Preferiría que vinieras cuando estuviéramos instalados.

¿Pero por qué? -Porque sí, porque lo digo yo.

Vale, está claro que me vas a echar mucho de menos.

Sergio, por favor...

Hola, amor. -Hola.

¿Cómo tan pronto en casa?

Tengo que ir a ver a mi madre.

He venido a cambiarme de zapatos. ¿Tú dónde vas?

Al super, que está la nevera vacía.

Venga, voy contigo. Te acompaño.

¿Qué? -Que voy contigo. Te acompaño.

No, hombre, no. No hace falta.

Tendrás cosas mejores que hacer.

Déjale que te acompañe, va.

Eso, que no se diga que nos llevamos mal.

Venga, vale.

Vamos.

Hasta ahora.

Hay buena mercancía aquí.

O sea, que para eso quieres que me quede aquí, ¿no?

Para hacer lo que te salga de los cojones.

(RÍE)

Hombre, Sergio, tampoco te pongas así.

No es para tanto.

Pero si desde el principio te has querido librar de mí.

No. Entiéndeme, no nos une nada.

No eres mi hijo.

Y estamos todo el día discutiendo.

Discutiendo porque tú quieres.

No, porque tú le has comido la cabeza a mi madre.

Y pienso dejarle claro quién eres.

¿Y por qué estás tan seguro de que ha sido idea mía?

¿Por qué tienes tan claro que no ha sido tu madre?

Eh, serán sólo unos meses, hasta que nos instalemos.

Y luego podrás venir.

Mira, hazme un favor,

vete a la caja que voy a escoger un vino.

(TARAREA)

¿Lo has traído? -¿Tú qué crees?

Espero que te hayas esmerado.

Ya me conoces, soy muy meticuloso.

¿Te piensas ir muy lejos esta vez?

Tú haces muchas preguntas, ¿no?

¿Ahora qué eres, policía?

Sí, lejos.

Lo suficiente para perderte a ti de vista

y a un imbécil de 17 años

al que si no un día voy a estrangular.

Eres un padrazo.

Sí...

un padrazo.

(SUSPIRA)

Tengo un problema con las claves.

No, no, no, no, no.

No, no puede ser que esté ocurriendo otra vez.

¿Qué ocurre?

¿Puedo confiar en ti? -Claro que puedes confiar.

Sabes, de un tiempo a esta parte

están ocurriendo cosas raras en los ordenadores.

¿A qué te refieres? -Pues cosas raras,

claves que no entran, programas que no se abren.

Es como si alguien estuviera intentando hackearnos.

Pero eso es bastante grave. Deberías denunciarlo.

Ya, pero no tengo pruebas, no puedo hacerlo.

Además, creo que es...

Que, no, no... -Que es alguien de aquí.

Pero no puedes actuar como si no pasara nada.

No, no. Por eso vamos a llevar este asunto entre tú y yo.

Y vamos a dar con el culpable.

Pero necesito que confíes en mí, claro.

Lo siento, sólo confío en mí y en mi trabajo.

Eso habla muy bien de ti como profesional, Rafa.

Pero si damos la voz de alarma

no vamos a poder dar con el culpable.

Quién sea que esté detrás de todo esto

no debe saber que vamos tras él.

Está bien, no diré nada, pero con una condición.

¿Cuál? -Si en una semana

no has descubierto a quien sea que está entrando

en los ordenadores tendré que decírselo a Manuela.

Una semana... bien. Gracias, Rafa. Gracias.

Una semana. ¿Y qué pensaba usted hacer en esa semana?

¿De dónde iba a sacar el dinero?

Mi mujer me iba a ayudar.

Curiosamente la persona que más perdía

con la negativa de don Julio Fuentes a firmar era usted.

No, no estoy muy de acuerdo con eso, sinceramente.

Y tampoco diría yo perder. Yo perder no lo llamaría.

¿Y cómo lo llamaría entonces?

Pues mire, creo que con la muerte de mi suegro...

ganaba toda la familia.

Este era el vino favorito de vuestro padre.

Ahora que estamos todos

yo creo que es un buen momento para brindar por él.

Timbre.

¿Pero quién es?

Tiene una visita.

Buenas noches.

Disculpen que les interrumpa de esta manera.

Un poco tarde para llegar a una casa de visita. ¿No cree?

Es importante. -¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

Me temo que sí, no traigo muy buenas noticias.

¿De qué se trata?

Ya tengo el informe del resultado

de la autopsia de su padre,

de don Julio Fuentes.

Han encontrado restos de talio en su sangre.

¿Talio? ¿Qué es eso?

Es una sustancia venenosa que se encuentra

en los insecticidas y en los matarratas.

Nos es... nos está diciendo...

A su padre le envenenaron.

Es absurdo, tiene que haber un error.

Mi marido estaba muy enfermo.

A una persona enferma también se la puede asesinar.

No, por favor, eso no tiene ningún sentido.

¿Quién iba a querer matar a mi padre?

Y ha venido a esta casa

porque tiene sospechas de nosotros, ¿no?

También tengo una orden de registro.

Ya les digo que es una sustancia muy común

en los hogares. Pero a partir de este momento

les voy a pedir a todos máxima colaboración.

Por supuesto que la tendrá,

de todos nosotros.

Yo me tengo que marchar.

A ver, mi familia y yo tenemos previsto

un viaje al extranjero mañana mismo.

De momento no voy a solicitar la retirada de su pasaporte,

pero sí le pido que no abandone el país.

No...

Procedan.

Voy a por una botella de vino para cuando venga tu madre.

¿Te preparo algo? -No, estoy bien.

Pensé que ibas a esperar a mi madre para abrir el vino.

El vino hay que abrirlo antes para que se aviven los sabores.

Además, tu madre debe estar por llegar.

Y si no te la bebes entera, ¿no?

¿Puedo hacerte una pregunta? -Claro.

¿Quién era el tipo del super?

¿Qué tipo?

Con el que hablabas donde los vinos. Te he visto.

Ah, uno que quería que le aconsejara.

He visto cómo te daba algo.

Una tarjeta suya.

Era vendedor de seguros.

¿Qué pasa, que ahora me espías o qué?

Mamá, ¿estás bien?

¿Te pasa algo, mi amor?

Sí, bueno...

A mi padre, que...

lo han matado.

Bueno, lo han envenenado.

Y la jueza no me deja salir del país.

No porque sea sospechosa,

porque es lo normal, es el protocolo.

En fin, que tenías razón, hijo, que tenía que haberte

avisado antes porque al final no nos vamos a ningún sitio,

porque soy una imbécil y al final me hago ilusiones

y no nos podemos ir a ningún sitio.

(LLORANDO) Esto es un desastre.

¿Pero cómo que lo han matado? -Envenenado, Julián.

¿Qué dices, Almudena? -No lo sé, no sé, no sé.

¿Entonces? -No nos vamos.

¿Cómo que no nos vamos?

Querrás decir que tu madre no quiere que te vayas.

Mi madre no tiene nada que ver.

Es una jueza la que no me deja salir del país.

¿Una jueza?

¿Qué hacemos?

Ya está, me voy yo antes.

Sigo con lo que tenemos en marcha en Londres

y en cuanto la jueza te deje en paz,

que serán unos días, te reúnes allí conmigo.

¿Me dejas sola?

Con todo lo que está pasando

me gustaría que estuvieras aquí conmigo.

Aparte de que no creo que te dejen salir a ti tampoco.

¿A mí tampoco? ¿Por qué?

Porque sería sospechoso.

No.

(RÍE) No.

No, no, no. No me jodas, Almudena.

No, a mí no me puede estar pasando esto.

¿A ti?

¿A ti?

Querrás decir a los dos. Nos está pasando a los dos.

No sé, somos pareja, se supone que...

Somos una pareja, y te lo he demostrado mil veces...

poniéndome a tu lado siempre que tienes problemas

con tu madre, con tus hermanos, con tu familia.

Pero las mierdas de tu familia son de ellos.

¡Y esta era nuestra oportunidad, Almudena!

Ya te dije que lo más importante

era mantener a la familia unida.

Y también te dije que hay mucha gente

deseando destruirnos.

Esta noche has tenido la primera prueba de ello.

¿Qué es esto, mamá?

Esto es lo que puede proteger a la familia.

Mueve tus contactos con esa jueza.

Sé que tú nunca me fallarías.

Tenía la esperanza de que te hubieras marchado.

Pero mis deseos últimamente no se cumplen.

¿Qué haces?

Vamos, ¿de verdad no crees

que podamos arreglar lo nuestro?

No tengo ninguna duda de que no.

Pues yo creo que te equivocas.

Sabes, a mí me costaría mucho renunciar a...

a esta casa,

al club, el gimnasio, las compras...

el descapotable.

¿Qué descapotable?

El que tú me vas a comprar.

En blanco.

Vas a tener que buscarte a otro capullo

que te pague los caprichos.

No, no hace falta,

lo vas a hacer tú. ¿Ah, sí?

Y además vamos a seguir estando casados.

Así nadie se enterará que te estás tirando

a la jueza que lleva el caso de tu padre.

¿De dónde has sacado semejante ocurrencia?

Eres como un niño pequeño, Roberto; transparente.

Pero yo te conozco muy bien y a mí no me puedes engañar.

Además, te vas dejando el móvil en cualquier parte.

Como le digas algo a alguien...

A quien sea... ¿Qué?

¿Qué es lo que vas hacer, eh?

¿Estás dispuesto a perder 30 millones de euros?

Mira, Roberto, si no me haces muy pero que muy feliz...

te hundo.

Y tú ya sabes lo que yo entiendo por felicidad.

¿A que sí, cielo?

Pensé que era Julián.

No, si no ha vuelto todavía. Yo ya me iba a la cama.

Timbre.

¿Estás solo?

Sí, sí.

¿Qué pasa?

La autopsia.

A mi padre lo asesinaron.

Lo siento.

Te juro que deseaba estar equivocado.

Carlos, cuando mi padre paró la fusión...

a mis hermanos les dieron 48 horas para firmar.

¿48 horas?

Está claro que alguien se dio bastante prisa.

Había mucha gente interesada en esa fusión.

Estoy segura que alguien quería que firmara...

Claudia, perdóname, pero es que no...

no entiendo qué quieres que haga.

¿Es que no te das cuenta, Carlos?

Es que por eso mi padre te llamó.

Por favor, tienes que ayudarme.

Tenemos que saber qué ha pasado.

La que no se da cuenta eres tú.

Si a tu padre lo mataron por parar la fusión tú también

podrías estar en peligro. Te oponías a la firma.

Ni siquiera tenías que haber venido aquí sola esta noche.

¿Quién iba a querer hacerme daño a mí? No lo entiendo.

¿Y a tu padre?

¿Te has fijado se te ha seguido alguien esta noche?

Pues no, Carlos, no.

He aparcado enfrente de tu casa. No me he fijado.

Deberías quedarte aquí a dormir esta noche.

Timbre.

Es la jueza.

Buenas noches. ¿Podría pasar?

Me gustaría hacerle unas preguntas.

Por supuesto.

Pasen.

Gracias.

Buenas noches.

Quizá prefiera que estemos los dos solos.

Eh, no, no. No se preocupe. Te puedes quedar.

No tengo nada que ocultar.

Como quiera.

¿Reconoce estas cartas?

Se las escribió su madre hace más de 13 años

a Julio Fuentes contándole su difícil situación

y pidiéndole ayuda.

Disculpe, no sé qué tiene que ver esto

con la muerte de Julio Fuentes.

Eso es lo que estoy tratando de investigar.

He tenido acceso al atestado de la policía.

¿Es cierto que su madre se suicidó?

Carlos.

¿Sabía usted de la existencia de estas cartas?

Es la primera vez que las veo.

¿Sabía usted que Julio Fuentes era su padre?

No.

¿Entonces cómo puede explicar que entre todas estas cartas

una no la escribiera su madre?

La escribió usted poco tiempo después de su muerte.

¿No reconoce su propia letra?

Era un crío, mi madre acababa de morir

y necesitaba encontrar un culpable.

En esta carta usted amenaza de muerte a Julio Fuentes,

jurándole venganza por haberle hecho tanto daño.

Hace más de 13 años de aquello.

Tiempo suficiente para elaborar un plan.

Usted aparece en la vida de Julio Fuentes

y ahora él está muerto.

Claudia, te juro que no tengo

nada que ver con la muerte de tu padre.

Por favor, acompáñeme, tengo que tomarle declaración.

Por supuesto.

Yo no sabía nada.

Ese chico no era de fiar, estaba claro.

Él era quien más ganaba.

Un sinvergüenza y un aprovechado es lo que era.

Lo que es. Y venía dándonos lecciones de moral.

Lo dicho: un muerto de hambre.

(LEE) Has demostrado que tienes un corazón de piedra.

Mi madre ha muerto por tu culpa y es algo que nunca te perdonaré.

¿Me puede decir qué pone aquí?

No pararé hasta que pagues por el daño que has hecho.

Hace mucho de aquello. No me puede acusar de amenazas.

Si no tenía intención de intimidar a Julio,

¿con qué motivo le envió estas cartas?

Quería que se sintiera mal, que le remordiera la conciencia.

Él podría haber ayudado a mi madre y no lo hizo.

¿Estuvo con anterioridad en casa de los Fuentes?

No. La primera vez fue la noche de su muerte.

Revise las cámaras de seguridad. Ya lo hacemos.

Todavía no me explico por qué no me dijo

que no sabía que Julio Fuentes era su padre.

Jamás le consideré mi padre.

Por eso mentí.

¿Me puedo ir ya?

Sí. Se puede ir ya.

(SUSPIRA)

¿Te lo dije o no? Eso para que nos hagas caso.

Te dije que de ese tipo no nos podíamos fiar.

Que nos haya mentido, no significa que asesinase a papá.

¿Qué te pasa? ¿Por qué le defiendes todo el rato?

No le estoy defendiendo. Al contrario.

Ha sido a mí a quien ha engañado a la cara.

¿Qué le dijo a la jueza cuando

le enseñó las cartas? Lo reconoció.

¿Tú qué coño haces aquí?

No me digas que pagaste la fianza.

¿O te escapaste? Siento defraudarte.

Salí lo mismo que entré, por la puerta y sin cargos.

¿Cómo te atreves? No sé cómo no se te cae

la cara de vergüenza de venir. No hice nada malo.

¿Estás seguro?

En este bufete se dice más

con los silencios que con la palabra.

Imagino que charlabais de algo de lo que no me puedo enterar.

No es nada, Manuela. Discutíamos asuntos de familia.

Por eso yo no tengo. Os espero en la sala de reuniones

Estudiadlo bien, sobre todo,

las actuaciones de las próximas semanas.

El equipo está preparado desde hace meses.

Un momento. Perdona. Aquí pone

que tenemos que despedir a diez personas.

Ajá. En el anexo verás la curva entre eficiencia y productividad.

Podemos alcanzar los mismos objetivos

con menos empleados.

No pienso permitir que despidáis a nadie.

Esa gente forma parte de nuestro equipo desde hace años.

Un despido debería ser la última opción.

Estoy seguro que se pueden estudiar otras vías.

Esto forma parte de los acuerdos de la fusión.

No. Se supone que la fusión era buena para todos.

¿A esto os referíais? Aplicando el plan de eficiencia,

los ingresos aumentarán un 10%.

No veo qué problema ves en eso ahora, Claudia.

No me lo puedo creer.

Claudia.

No podéis aumentar el beneficio a costa

del trabajo de la gente. No es ético.

¿Esto está pasando de verdad?

¿Ahora este va a darnos lecciones de ética?

Vuestro padre tenía razón cuando me dijo

que se avergonzaba de vosotros. ¡Ten cuidado con nombrar

a mi padre! También era mi padre.

¿Me disculpa?

Disculpa, Manuela.

Claudia. Claudia. ¿Qué quieres?

Hablar contigo, pero no puedo hacerlo

si tengo que perseguirte. No quiero hablar contigo.

Te has pasado la noche declarando en el juzgado.

Está bien. Me dolió que tu padre no quisiera ayudar a mi madre.

Por eso la carta. Pero créeme,

yo no tengo nada que ver con su muerte.

Me gustaría creerte. Pero ya no me puedo fiar de nadie.

Y no sé si me puedo fiar de ti. Puedes hacerlo.

Nada ha cambiado. Todo ha cambiado.

Se supone que íbamos a cambiar las cosas en el despacho.

Van a despedir a diez personas, Claudia. ¿Qué piensas hacer?

Lo que vaya a hacer, es asunto mío.

Joder, ¿qué haces aquí? ¿Por qué lo has soltado?

¿Qué querías que hiciera? ¿Meterle en la cárcel

por faltas de ortografía en una carta de hace 13 años?

Amenazaba con matar a mi padre.

Escrita por un adolescente. ¿No lo ves?

Te lo dije. No consentiré que entres en el caso.

No debería hablar contigo. ¿Cómo puedes estar tan ciega?

Hay gente que se pasa toda una vida

para vengarse. Suéltame.

Vamos a mi despacho.

¿Te has vuelto loco? Sí, sí.

¿Cómo se te ocurre cogerme así delante de todo el mundo?

Perdóname. Tampoco entiendo muy bien a qué juegas.

Primero, lo sueltas a él.

Ahora ordenas un registro en la casa de mi madre.

Eso forma parte de mi trabajo. No puedo saltarme protocolos.

Estoy cansada de tus arranques. Lo siento.

¡Son muchas cosas! Joder, entiéndeme.

Por un lado, la muerte de mi padre.

Por otro, ahora tengo que encontrarme a este bastardo.

Y luego... Lo que faltaba.

¡Dios!

¿Qué ha pasado?

Beatriz... Beatriz se ha enterado de lo nuestro.

¿Qué? Sí.

Ha visto un mensaje tuyo en mi móvil.

Vale.

Muy bien.

Mi carrera a la mierda. Por fin lo has conseguido.

¿Quién ha dicho eso? Tú no te preocupes por nada.

De Beatriz me encargo yo. Ella no va a decir nada.

Vale. Muy bien. Me dejas mucho más tranquila, Rober.

Vamos a ver. Tu mujer está loca. ¿Cómo quieres que no me preocupe?

Lo sé. Mi matrimonio es una pesadilla.

Ya lo sé. Pero yo solo quiero estar contigo.

Rober, márchate, por favor.

Ahora sí que nadie puede vernos juntos.

Miriam, no te preocupes. Yo le voy a decir a Beatriz

que voy a ofrecer lo que sea. Perdón.

-Adelante. -Los resultados de toxicología.

Nosotros ya hemos terminado. Pues muchas gracias por todo.

Y que pase usted un buen día. Igualmente, señor Fuentes.

Permiso.

El que se ha ido, es uno de los hijos, ¿no?

Sí. Quería ver qué tal iba la investigación.

No le gustará nada cuando sepa

que el asesino está en su propia casa.

Julián, llevo llamándote toda la noche. ¿Dónde estás?

Estoy muy preocupada.

Por favor, si escuchas este mensaje,

devuélveme la llamada.

¿Por qué habían discutido?

Todas las parejas discuten.

¿Era buena la relación de Julián

con su hijo? -Sí, claro.

¿Sabía que Sergio sospechaba de él? -¿Cómo?

No. Ya le he dicho que la relación

entre mi hijo y Julián era muy buena.

¿Tan importante es que no podías esperar

ni a que terminase de arreglarme?

Es sobre Julián, abuela. ¿Qué le pasa a Julián?

No es de fiar. Se aprovecha de mamá,

porque lleva un año en casa y no le he visto trabajar.

Mamá le da dinero a todas horas y nunca le pide explicaciones.

Si ella no lo hace, ¿vas a hacerlo tú?

Ella está ciega, abuela.

Sí. En eso estamos de acuerdo. ¿Qué le vamos a hacer?

Tu madre, en cuestión de hombres,

nunca ha sabido elegir. Mira tu padre.

No compares a mi padre con este caradura. Papá trabajaba.

Sí. Diez horas al día en una oficina de mala muerte

y por un sueldo de miseria.

Abuela, estoy seguro de que Julián va a acabar engañándola.

A ver, Sergio. Si has venido hasta aquí, es para contarme algo.

Creo que Julián se va a marchar.

Sí. Tiene una reserva para México. Lo vi en su ordenador.

¿Estás seguro de eso? Sí. No sé cómo decírselo

a mi madre para que me crea. Le tiene comida la cabeza.

Así que esperas que lo haga yo.

Déjalo en mis manos.

Señora, hay una mujer que quiere verla.

Gracias, James.

Siento haberla hecho esperar. No se preocupe.

¿Qué ocurre? ¿Se ha dejado algún rincón

esta mañana sin registrar?

Vamos al salón. Estaremos más cómodas.

¿Algo de beber? ¿Un café?

No es una visita de cortesía, doña Pilar.

Solo necesito hacerle unas preguntas.

¿Y la comodidad está reñida con esas preguntas?

Pase, por favor.

¿De verdad no le apetece un café?

Puedo hacer que le traigan

otra cosa: un refresco, agua. No. No se preocupe.

Ya le he dicho que estoy en visita oficial.

Señora Fuentes, no existe una manera fácil

para decir este tipo de cosas.

Adelante, querida. Estoy curada de espanto.

Su marido murió a causa de una sustancia introducida

en el coñac que tomó aquella noche.

Hemos encontrado restos de ese veneno en la botella.

Una botella a la que solamente tuvo acceso su familia.

¿Es una acusación o, simplemente, me está informando?

No es necesario que se ponga usted a la defensiva, señora.

¿Cómo me voy a poner? Si está diciendo

que alguien de mi familia es sospechosa de asesinato.

¿Su marido tomaba coñac normalmente?

Todas las noches, antes de dormir, tomaba una copa.

Necesito saber si alguien más pudo entrar en la casa

en las horas anteriores a la muerte de su marido.

¿De verdad no quiere un café?

Señora Fuentes, dígame. ¿Pudo entrar alguien en la casa?

No tengo ni idea.

No estoy todo el día vigilando la entrada.

Para eso pago a una empresa de seguridad.

Ya hemos pedido las copias del circuito interno de seguridad.

Si alguien entró, daremos con él o con ella.

Pues, entonces, está perdiendo el tiempo aquí.

Igual que lo perdieron esta mañana revolviendo todo

sin ningún tipo de respeto.

¿Dónde estuvo usted aquella noche?

Perdona... No recuerdo tu nombre.

Soy la jueza Márquez.

Los jueces también tenéis nombre de pila, ¿no?

Miriam. Miriam.

No voy a contestar a más preguntas sin un abogado delante.

Y como sabes, en mi familia hay muchos

y a todos les pagué yo misma los estudios.

Gracias por su tiempo.

No me lo puedo creer todavía, ¿sabes?

Sobre todo, le echo en falta cuando voy al club.

Ver allí su sitio, su mesa.

Ahora se sientan allí unos alemanes. Hay que joderse.

Gracias, Pilar.

¿Y tú? ¿Le echas mucho en falta?

Si te digo la verdad, no.

Aun estando donde está, no deja de darme

quebraderos de cabeza.

¿Y eso? ¿Qué es lo que ha pasado?

Pues hay una mosca que no para de dar vueltas

alrededor de mi familia. Y creo que ya hemos sufrido

lo nuestro como para seguir aguantando impertinencias.

Miriam Márquez. ¿Te refieres a la jueza?

Quisiera saber a quién me estoy enfrentando.

Quién es, dónde nació, con quién sale, a qué restaurantes va,

incluso, cuántas multas de tráfico tiene.

Pilar, por favor, no me pidas que meta mis manos

en aguas turbias. Es una jueza.

Te lo estoy pidiendo por nuestra amistad, Luis.

Por mí.

¿Y Andrea? ¿Cómo está tu mujer?

Bien. Gracias. Sí.

Hace tiempo que no la veo.

Por cierto, ¿todavía no sabe adónde vas los jueves por la noche?

De acuerdo, Pilar.

Haré todo lo que pueda.

Sabía que podía contar contigo.

Rafael, ¿cómo llevas el informe? -Bien.

Llevo toda la noche con ello.

En un par de días te lo paso. -Bien. No te retrases.

¡Mierda, mierda!

¡Mierda! Estoy acabado. -¿Qué pasa?

Lo ha descubierto. Mira.

-No sé qué es esto. -Vamos a ver, cariño.

Es la pantalla del auditor, del Rafa ese,

que ha descubierto que hay un agujero en la contabilidad.

-¿Estás espiando? -¿Qué querías que hiciera?

¿Que me quedara esperando a que me descubrieran?

Ahora sí que estamos jodidos.

¡Mierda! Ahora se lo contará a su jefa

y pararán la fusión. Tus hermanos me echarán

y me denunciarán y acabaré en la cárcel.

¿Cuántos años me pueden caer? No puedo acabar en la cárcel.

Tengo claustrofobia. Esos sitios me sientan fatal.

-¿Ya? -¿Qué pasa?

Las cosas no se solucionan huyendo, Víctor.

-Esto no tiene solución. -Tiene solución.

Vamos a ver. ¿Este chico qué ha descubierto?

Que hay un agujero en las cuentas, ¿no?

-Sí. -Todavía no sabe

que has sido tú quien ha cogido el dinero.

No.

Esto que te voy a contar, me gustaría que no saliera de aquí.

He estado investigando y ya sé por qué

no podemos entrar con las claves en los ordenadores.

Ahora mismo, nada más que puedo confiar en ti.

He descubierto que hay un agujero en la contabilidad

y faltan un millón y medio de euros.

Y por eso voy a presentar mi dimisión irrevocable.

-No. No digas irrevocable. -¿Por qué?

Porque pareces un político. No.

Y deja bien claro que presentas tu dimisión

porque es tu obligación y tu responsabilidad

haber supervisado las cuentas.

Mi obligación, en este caso, es...

Mi obligación, en este caso, es dar la cara

y por eso voy a presentar mi dimisión

y voy a presentar mi...

No. Esto de dimitir es que no lo veo claro.

En este país, no dimite ni Dios. Por favor.

¿Por qué no digo que me ha dado un ictus?

A mi padre le dio uno y no conocía ni a su perro.

Confía en mí, Víctor. Por favor.

Verás que no te deja dimitir. -¿Por qué estás tan segura?

-Mírame. Que lo vas a hacer muy bien.

De verdad, ¿sabes por qué?

Porque lo tienes que hacer muy bien,

es la única oportunidad que tenemos de salvarnos.

-Es mucho dinero, Isabel.

Eso lo descubre un niño y ese tipo es un profesional.

-Por eso tienes que adelantarte,

tienes que hacerle ver que estás sorprendido.

Hazle creer que estáis en el mismo bando,

que cualquiera podría ser el ladrón, menos vosotros dos,

que tenéis que desconfiar de todos.

-No sé, puede que funcione un rato, pero luego se hará preguntas...

Me va a pedir el balance y ahí aparecen las cosas.

-¿Qué te digo siempre?

-Que tengo que afrontar los problemas.

-Pues eso.

Ya es la hora. Vamos.

Mi amor, no te pongas nervioso. -No.

Teléfono.

Roberto, dime.

-Hola.

-Llevo horas llamándote.

-Lo sé... y lo siento.

-¿Y dónde se supone que has estado toda la noche?

-Agarré el coche y conduje, he dormido en un hotel.

Necesitaba pensar.

-Y... ¿has aclarado tus idead?

-No había nada que aclarar.

Soy un idiota.

Solo quiero estar contigo en Londres, aquí o donde sea.

Tú le das sentido a mi vida.

Perdóname.

-¿Qué es esto?

-Cásate conmigo.

-No lo sé, Julián.

-Piénsatelo, al menos.

Te quiero y quiero a Sergio.

Es todo lo que necesitamos.

-No recordarás la primera oficina, eras muy niña.

No, sí que me acuerdo.

Éramos seis y mira ahora.

Hay más de sesenta empleados.

Vamos a encontrar una solución.

No queremos que nadie se vaya.

Eso díselo a tu hermano Roberto y a tu hermana Almudena;

solo saben hablar de beneficios y no ven más allá de sus narices.

Ya. Ya sé cómo son mis hermanos,

no hace falta que me lo cuentes.

Pero vamos a encontrar una solución.

Confía en mí.

Pasos.

Ha llamado mamá, quiere vernos. A todos.

¿Ahora? Ahora, sí.

Perdona, Juan.

No le hagas esperar, anda.

Trinos.

¿Quién nos iba a decir que al final resultaría cierto

lo de que el alcohol mata?

¿Qué dices, mamá?

Pues que el veneno que mató a vuestro padre estaba en el coñac.

Solo alguien con acceso a la casa pudo meter el veneno en la botella.

La policía está analizando las grabaciones de las cámaras

para saber si alguien se coló en la finca.

-¿Eso quiere decir que somos todos sospechosos?

-Bueno, es la mayor tontería que he escuchado en mi vida.

Quiero pediros una cosa y solo os lo voy a pedir una vez.

Claro, mamá... lo que quieras.

Uno a uno, mirándome a los ojos, me vais a decir la verdad.

¿Cómo que la verdad?

La verdad.

¿Crees que ha sido uno de nosotros? Yo no he dicho eso.

¿Por qué los das por hecho?

En la vida, los mayores fracasos vienen por dar algo por hecho.

¿Podéis hacer esto por mí, por favor?

Soy vuestra madre, sea cual sea la verdad, podré asimilarla.

Y no saldrá de esta habitación.

Joder, mamá, de verdad... Roberto.

Mirándome a los ojos.

Pues claro que yo no he matado a mi padre.

-No...

Yo no lo hice, mamá.

-Esto es ridículo, mamá.

No me has contestado, Isabel.

¡No! Yo no maté a papá, no maté a papá.

Claudia.

Yo no lo hice, mamá.

Muchas gracias, hijos.

Os quedáis a comer, ¿no?

Le he pedido a Riselis que os prepare el bizcocho que os gusta.

Voy a ver cómo va.

¡Ah! Por si alguno tiene la más mínima duda...

Yo tampoco.

¿Puedo pasar?

He estudiado las cuentas, sé que me dijiste que los harías,

pero si redujéramos los beneficios no habría que despedir a nadie.

Le voy a pedir a Víctor que haga un informe.

Claudia.

¿Me has escuchado?

El veneno estaba en el coñac.

Mi padre bebía coñac todas las noches

y eso solo lo sabíamos los miembros de la familia.

Quiere decir que... Tengo que saber quién fue.

Claudia, puede ser peligroso, no sabemos quién está detrás.

Me da igual, necesito saber quién lo ha hecho o me vuelvo loca.

Ya no me puedo fiar de nadie.

Sé que te he fallado...

Pero déjame demostrarte que te puedes fiar de mí.

Rafa, he estado trabajando toda la noche

y, al final, me he encontrado un agujero en las cuentas, ¿no?

En las cuentas no, al final encontré un agujero.

Rafa, ¿puedo hablar contigo un momento a solas?

-¿Ahora? -Sí, es que es muy urgente.

A ver, Rafa, cómo... Cómo te cuento yo... esto.

Lo que te voy a contar me gustaría que no saliera de aquí.

Ahora mismo nada más puedo confiar en ti.

Y... ya sabemos... O sea, ya sé yo...

O sea, yo soy... El... el que... Uf.

Ya sé por qué no podemos entrar con las claves de los ordenadores.

-¿Por qué? -Pues... hay un agujero.

-¿Un agujero? -En las cuentas.

He trabajado y he encontrado que faltan...

Un millón y medio. -¿Un millón y medio?

-Un millón y medio. -Eso es mucho dinero.

Eso es mucho, no, es muchísimo dinero.

-¿Estás bien, Víctor? -Eh...

Todo lo bien que se puede estar en este caso.

Ya me entenderás. -Estará en alguna parte.

El dinero no desaparece.

Alguien lo habrá cogido. -Ya.

Yo no lo he cogido. -No he dicho que seas tú.

-Que quede claro, no he sido. -Ha quedado claro.

-Déjame terminar. A ver.

Mi obligación es dar la cara

y, por eso, voy a presentar mi dimisión irrevocable.

-Sinceramente, la decisión de dimitir te honra.

Yo habría hecho lo mismo. -¿Te parece bien?

-¿No te parece desproporcionado? -Tú lo has dicho,

era tu responsabilidad. -Ya...

Si dimito, a lo mejor, tienes que volver a Londres.

-Son cosas que pasan.

-¿He dicho "irrevocable"? Irrevocable no hay nada.

-No te entiendo. -Eh... vamos a ver.

Necesito un día, Rafa, que me guardes el secreto un día.

Tienes que ser discreto, tengo que organizarlo todo

antes de presentar la renuncia, entiéndelo.

-Un día. -Ajá.

-A ver cómo se lo digo a Manuela, no le hará gracia.

-No. Gracia no le va a hacer.

-¿Se lo has dicho ya a tu mujer?

-Eh... no...

-Quizá deberías hacerlo.

-Sí, supongo, sí. Supongo que sí, claro, debería...

-Muy bien, si no necesitas nada más...

-¡Sergio!

Me voy.

¿Qué haces? -Nada.

Veo que has vaciado todas las cajas.

-Era hora de que esto pareciera una casa.

-Eso quiere decir que te quedas, que no te vas a Londres

o a cualquier lado tú solo.

-¿Qué iba a hacer yo solo en Londres sin tu madre?

Y sin ti.

Ayer me calenté en exceso, pero ya hemos hablado.

Y está todo bien.

-Pues... me alegro.

-¿Te alegras?

-¿Te sorprende que quiera que mi madre esté bien?

-Me sorprende que me incluyas.

Y me alegra, me alegra que por fin nos entendamos.

Por cierto, también he colocado tus cosas.

Y no tienes que darme las gracias, es lo que hacen las familias.

Ayudarse sin esperar nada a cambio.

-Y, claro, nosotros somos una familia.

-Aún no, pero lo seremos, no te preocupes.

Estamos en el buen camino.

Su puta madre.

Entonces, esos negocios de Julián, ¿terminan de arrancar o qué?

Van despacio, mamá.

Hay muchos trámites y no es fácil encontrar inversores.

Ya... Sobre todo si no los buscas.

Hija, ¿te puedo hacer una pregunta?

Trinos. Claro.

¿Qué es lo más importante para ti en una relación?

Un conjunto de cosas, no sé...

Ay, vamos, Almudena, por una vez intenta ser un poquito original.

El amor, mamá. Ay...

Trinos. Cualquiera puede querer.

El amor está un poco sobrevalorado.

Hay cosas más importantes.

¿Qué cosas?

La confianza.

Es como un espejo.

Cuando se rompe tú lo puedes pegar,

pero siempre quedará una grieta en el reflejo.

¿De qué estás hablando, mamá?

De la vida.

Que cada uno lo aplique a lo que quiera.

Sergio.

Lo habitual es el pago por transferencia.

-¿Y quién lo hace? -Al señor Ayala le gusta saber

qué entra y qué sale de su departamento

desde un pago millonario hasta el último bolígrafo.

-Ya.

Gracias por la información. -De nada.

Oye, ¿qué te ha preguntado el auditor?

-Nada. -Cómo que nada, ¿qué te preguntó?

-Bueno, transferencias, pagos...

-¿Eso que es, que te dio una embolia?

-No. -Pues cuéntame.

Cariño, llevo más de media hora

esperando, si no me da un infarto, no me da nunca.

-A mí padre le envenenaron poniendo algo en la copa

de coñac que tomaba todas las noches.

Creen que fue uno de nosotros. -Yo no fui, te lo juro, no fui.

-Pero qué tonterías dices, yo no he dicho eso.

-Ya, yo no soy un asesino, lo sabes.

-Lo sé, eres incapaz de hacer algo así, sí, incapaz,

pero de meter la mano en la caja sí que eres capaz.

-No es comparable. -No lo comparo, ¿lo comparo?

-Un poco sí. -Tranquilízate.

Estás muy nervioso, qué pasa. -Claro, porque arriba está Rafa

y yo he dimitido y me dijiste que me frenaría, pues no me frenó,

no, y le dije: "Irrevocable". Qué cagada, Isabel,

mira que me lo dijiste, y lo peor, habló con Sedes

y le dijo que aquí no se saca dinero si no soy yo

quien da el visto bueno.

El tonto de Sedes, cuidado con él. -Nadie dijo que ser delincuente

iba a ser fácil. -¿Delincuente?

-Tranquilízate, veremos la forma de reconducir la situación.

-Pues ya me dirás cuál.

Bueno, le pedí un día de margen, tenemos un día.

-Un día, un día, está bien.

Yo me encargo. -¿Qué vas a hacer?

-Tú, vete a casa. -Vale, me voy,

¿un par de horas está bien? -De sobra

-Gracias.

Hola.

Hola, Isabel, ¿qué tal, cómo estás?

-Bien, bien, ¿Víctor no está? -No, salió hace un momento,

tenía algo que hacer, una reunión, creo.

-No me lo creo, quedó conmigo aquí ahora es que no le entiendo,

siempre me hace lo mismo, no sé.

-Discúlpale, está hasta arriba de trabajo, seguro que se le pasó.

-Es que quedamos ahora para ir a una galería

para comprar un cuadro, es una inversión grande

y la exposición termina hoy.

En fin.

Oye... -Dime.

-¿Tú...?

Nada, nada, déjalo, una tontería.

Bueno, me voy, que tendrás mucho trabajo.

-A mí, me encanta el arte.

-¿No te importaría acompañarme?

No sé, empezó como un juego, la verdad, y empecé

y vino uno, luego otro y ahora no puedo parar,

me cuesta muchísimo elegir, es este.

¿Y?

Sé sincero, por favor, eh, dime qué te parece.

-Yo me lo llevaría. -¿Sí?

-Sí, mira, ponte aquí.

Justo en el centro.

Estos dibujos simétricos están pensados, ante todo,

para transmitir armonía y tranquilidad.

Están, claramente, inspirados en los bandanas budistas.

-Sí.

Sí, es muy relajante.

Imagínate poder observarlo

cada noche antes de dormir como una meditación.

-Me lo imagino.

Evidentemente, es una versión minimalista del concepto,

pero, en realidad, es esa, que transmita paz.

Mira, fíjate en el tono grisáceo de ese azul verdoso.

Si tuviera que asociar la calma a un color, sería ese.

-Sí, yo también lo elegí

por esta sensación de perfección que sugiere.

Como si todo estuviera en su sitio.

-Entonces está hecho para ti.

-Sí.

¿Pero a quién se le ocurrió

esta majadería, alguien me contesta?

Siéntate, Roberto.

Esta propuesta es un disparate y no permitiré que salga adelante.

Esa gente tiene familia, ¿qué es un disparate?

¿Os dais cuenta de lo que hacéis? Perfectamente,

igual deberías reflexionar sobre tu presencia en esta empresa.

¿Es que ni siquiera os lo vais a pensar?

¿Crees que alguien bajará

a conciencia el margen de beneficio?

Trabajo 15 horas al día y no voy a hacerlo gratis.

A ver, Claudia,

eres mi hermana y me gustaría que estuvieras bien.

¿Y qué quieres decir con eso? Que vigiles con quién te juntas.

Y si todo esto te supera o no te ves capacitada,

deberías echarte a un lado

y dejar que nosotros dirigiéramos el despacho.

Vete a la mierda,

Almudena.

Pues ya lo ves, aquí estamos para ganar dinero.

Así que si te quieres dedicar a los desfavorecidos,

puedes volver a tu antigua oficina o donde coño quieras

que seguro que hay una lista de gente muy grande esperándote.

No te confíes tanto.

Esto acaba de empezar.

¿Y ese chico por qué no está encerrado?

Esas cartas no prueban nada,

la jueza necesita hechos, no papeles viejos.

A lo mejor es que no ha presionado lo suficiente.

No la presionaré más, no quiero

que la jueza piense que tenemos algo que ocultar.

Lo que no queremos es que nadie piense que alguien de nosotros

ha podido matar a tu padre.

Y si para eso tienes que presionar a la jueza, lo haces.

No voy a atosigarla.

Claro, cómo no me di cuenta,

digno hijo de tu padre.

No puedes tener la bragueta cerrada.

Bueno, mira, lo que importa aquí es que yo sé cómo tratarla.

Presionando no voy a conseguir nada,

yo me encargo.

Tú sabrás cómo lo haces, prefiero no imaginármelo,

pero haz que sea beneficios para esta familia.

Es maravilloso, Rafa, me encanta, tienes muy buen gusto, eh.

He tenido mucha suerte de que me acompañes tú.

-Tienes una casa preciosa. -¿Sí?

-Y muy alegre.

Seguro que la decoraste tú.

-Sí, bueno, yo ahora la veo

un poco, no sé, fría.

Bueno, seguro que son tonterías mías, no sé.

¿Te puedo invitar a algo?

No sé, un café, un vino.

-Un vino, un vino está bien, gracias.

-Ponte cómodo, vengo ahora mismo.

Ruido.

He elegido un blanco al final que es un...

¿Rafa?

¿Rafa?

Ay, ¿dónde estabas?

-Buscaba el servicio, pero creo que me perdí.

-Quiero que pruebes este vino, es una maravilla,

tiene un... No te lo digo, a ver qué sacas tú.

Te voy a confesar una cosa,

antes no he sido sincera del todo contigo.

Te he pedido que me acompañaras porque hoy no quería estar sola.

-Es normal, con lo de tu padre. -No, no.

No solo por lo de mi padre.

¿Te puedo hacer una pregunta de confianza?

-Claro.

-Sobre Víctor.

Yo le noto un poco raro, últimamente, ¿has notado algo?

-Tiene mucho trabajo, ¿no?

-No, no es solo por el trabajo, no

Te estoy poniendo en un compromiso horroroso.

-No, qué va, qué va.

-Un poco.

Ya está, déjalo, no pasa nada.

-Quizás deberías hablar con él.

-¿Por qué? ¿Sabes algo, Rafa? Dímelo, por favor.

-Ha pasado algo grave en el despacho,

falta dinero de la caja, un millón y medio.

-¿Un millón y medio de euros?

Pero eso es muchísimo dinero

¿Y cómo Víctor no me ha dicho nada?

Claro, pobre, ahora lo entiendo todo.

-Va a dimitir. -¿Que va a dimitir?

¿Por qué va a dimitir?

Va a dimitir para salvarme a mí,

para que mi familia no pueda decirme nada, para...

Rafa, es mucho esto que te voy...

¿Tú podrías ayudarle? -¿Yo? ¿Y qué puedo hacer yo?

Ni siquiera formo parte del bufete.

-Pero algo podrás hacer.

Rafa, eres buena persona, se te ve en los ojos,

se puede confiar en ti.

Por favor, intenta hacer algo.

Víctor te lo agradecerá y yo también.

No, Rafa, no, no, no, soy una mujer casada.

-Lo siento, lo siento, no sé cómo pudo pasar,

no pude evitarlo, fue un impulso.

Lo siento de verdad, por favor,

no le digas nada a Víctor. -No, no.

-Intentaré ayudarle.

-¿Sí?

¿De verdad?

-De verdad.

-Muchísimas gracias.

He reservado para cenar

y date prisa porque se nos hace tarde.

Bea, por favor, no paré en todo el día,

necesito llegar a casa, descansar y no pensar en nada.

¿En serio?

Pues qué mala suerte porque llevo todo el día en casa

encerrada y me apetece salir a cenar con mi marido.

Por favor, ¿no podemos salir

el sábado como hacen los que se odian?

Pues el sábado también salimos ya se me ocurrirá algo.

¿A que es precioso?

Ya te llegará la factura, no te importa, ¿no?

Lo que haces hace tiempo que dejó de importarme.

A ver, no quieres que nadie se entere de tu relación

con la jueza, ¿no? Pues entonces

tendrás que salir a cenar con tu mujercita.

Y no te preocupes por invitar a tus hermanos.

así cenarás tranquilo que yo, de momento,

no te quiero envenenar.

De momento, dice.

Buenas noches.

¿A qué huele? -Tu novio que está cocinando.

-Huele a cena familiar que ya tocaba.

-Me parece una idea maravillosa.

-Pues cámbiate, ponte cómoda que en 15 minutos está.

-Pero una cosa, ¿esto es una cena de despedida o qué es?

-¿De despedida? ¿Por qué dices eso?

-No sé, que te lo diga Julián, creo que sabe de qué hablo.

-Te juro que no tengo la menor idea de lo que dices.

-Te ayudo, tienes una reserva en el ordenador para Méjico

para dentro de dos meses.

-¿Ahora te dedicas a espiar en mi ordenador?

-Ven, atrévete a negarlo.

-Oye, Sergio, sé que te caigo mal, no entiendo que me odies,

pero te caigo mal, pero esto me parece demasiado.

Yo no niego nada, aquí hay una reserva, efectivamente.

Pero si te fijas,

verás que el nombre del billete no es el mío.

-Marcos Figueroa, ¿qué es esto?

-Marcos Figueroa, un buen amigo mío

que está pasando una muy mala racha.

Tiene a su familia en Méjico

y me pidió que le ayudara a viajar allí,

le compré un billete. -Con el dinero que no es suyo.

¿Y quién era el tipo con quien quedaste hoy?

El otro día te vi con él en el super y dijiste

que no lo conocías de nada. -De verdad, Sergio,

no sé qué pretendes ni lo que haces.

-¿No sabes de quién hablo? -No.

-No te preocupes, tengo la prueba.

¿Qué coño le has hecho a mi móvil?

-¿Yo? ¿Yo le he hecho algo a tu móvil?

¿Un poco infantil, no?

-Creo que te estás pasando. -Mamá, te digo la verdad,

no le creas -Le creo, ¿qué te pasa?

¿Tanto te molesta verme feliz? -Solo intento protegerte,

este tío no te quiere.

-Sergio, Julián me pidió casarme con él.

-¿Y qué le has dicho? -Le he dicho que sí.

Y ahora quiero que te disculpes. -No pienso hacerlo.

-Tranquila, no hace falta.

-Quiero que te disculpes, ¡inmediatamente!

¡Sergio!

¡Sergio!

-Eh, eh, está bien. -Lo siento.

-Está bien, está bien.

Tiene que hacerse a la idea de que tú y yo

vamos a estar juntos para siempre.

¿Eh, sí?

Y por eso lo mejor es hacer público nuestro compromiso cuanto antes.

-Es verdad. -Sí.

Por favor, otra.

Solo.

Voy a pedir champán para la cena,

no creo conveniente que tomes más güisqui.

No me gusta el champán con la comida y lo sabes.

Pero a mí me encanta y pienso pedir el más caro.

Venga, Rober, no pongas esa cara,

que no estás en un funeral.

Bea, una cosa es que salgamos a cenar y otra es que disfrute.

Acostúmbrate a esta cara, es la que tendré contigo.

Cenaremos juntos, pero no estoy dispuesto a darte conversación.

Bien... Bea, ¿qué haces...?

Bea, por favor, no me pongas... Ya verás como sonríes.

Sonríe... Estamos haciendo el ridículo.

Sonríe, sonríe...

¿Ves? Qué guapo.

Voy al baño. Dios...

(Música y risas en el local)

Mándame la foto...

Salís muy guapos los dos.

Miriam, ¿qué haces aquí? Cenar con unos amigos,

no sabía que tenía que darte explicaciones.

No es lo que parece, he venido...

(IRÓNICA) Porque tu matrimonio es un infierno, ya lo veo...

(Música y risas)

He intentado llamarte, hablar contigo.

Hubiese preferido que me contases a mí,

antes que a mi madre, que el veneno que mató a mi padre era del coñac.

A mí también me hubiera gustado no tener que ver nada de esto.

Pero ya ves... la vida es así,

nunca salen las cosas como uno quiere.

Así que lo mejor será que aceptemos todo esto cuanto antes, ¿no crees?

Pásalo bien.

(Risas y música)

Precioso collar... ¿topacio?

-Un regalo... de mi marido.

(Llaman a la puerta)

(Se abre una puerta)

Carlos... Joder, Claudia.

Perdón, no quería asustarte... ¿estás bien?

Sí... sí.

¿Qué sueles beber cuando sales? ¿Cómo?

Que qué sueles beber cuando sales. Cerveza...

Soy todo un clásico. Has tenido suerte.

Acerté. (RÍE)

Hoy he estado a punto de llamarlo por teléfono.

¿Qué le hubieras dicho? ¿A mi padre?

Si pudieras hablar con él...

¿Qué le dirías? (SUSPIRA)

No sé...

Que le echo de menos.

Que por aquí todo el mundo parece haberse vuelto loco.

Que no sé si seré capaz de hacer con el despacho lo que quería.

Eh... chis. Dijimos que nada de llorar

esta noche. Lo sé.

Pero si hay que llorar, se llora. No, Carlos, no.

Además, mi padre siempre me decía que me ponía muy fea si lloraba.

Tu padre mentía muy mal...

Vamos a hacer un pacto, ¿vale?

A partir de esta noche, nada de mentiras entre nosotros.

Perdóname por haberte mentido.

Me tengo que ir...

¿Qué...? Gracias por esta noche.

(Pasos que se acercan) Claudia, hija...

Es tarde, ¿has estado trabajando hasta esta hora?

Necesitaba despejarme. Hay muchas cosas

que no quiero pensar. Eso no hará que desaparezcan.

Buenas noches, cariño... Las cartas de la madre de Carlos.

Las tienes tú, ¿verdad? ¿Qué te hace pensar eso?

Que si papá hubiera leído esas cartas,

habría ayudado a esa mujer.

Pero nunca las leyó, ¿verdad?

Porque tú se lo impediste.

Lo que yo impedí, cariño,

fue que esa mujer destruyera nuestra familia.

Ya quiso hacerlo una vez,

no iba a consentir que lo intentara de nuevo.

Esa mujer no quería destruir nada,

solo pedía ayuda porque estaba desesperada.

Acabó suicidándose, mamá. ¿Ahora voy a ser yo

la responsable de que una desequilibrada

se tire por una ventana?

Mira, siento mucho que esa mujer acabara así;

pero cada uno elige su destino.

No estoy diciendo que seas responsable de nada...

No todo el mundo es tan perfecto como tú.

¿Has acabado ya o vas a seguir atacándome?

No te estoy atacando.

Pero no me podía creer que papá no hiciera nada por ella.

Tu padre... él sí era perfecto, ¿no?

No estoy diciendo eso. Hazme un favor, Claudia.

No vuelvas a hablarme de esto nunca más.

No te acuestes tarde.

(Golpe)

¡Oh...!

Rafa, ¿qué haces aquí? ¿Estás loco?

¿Cómo has entrado? Víctor está con los niños,

puede venir en cualquier momento. -No dejo de pensar en ti.

Necesitaba verte. (VÍCTOR) Isabel... ¿me has llamado?

(RAFA) Chis...

(Llanto de uno de los niños)

-Voy yo... -Vale.

(Llanto de uno de los niños)

(Llanto de uno de los niños)

(DA PALMADAS) Arriba, vamos...

No sé para qué tenemos una casa tan grande.

Me despiertas todas

las puñeteras mañanas. Ya sabes qué tienes que hacer.

Si no te gusta, te vas.

Veo que anoche no te quedaron claras las cosas.

No pienso marcharme, Rober,

así que ya te puedes hacer a la idea.

¿Cuánto quieres? Oh...

¿Cuánto quiero de qué? Lo admito: he sido infiel,

me he follado a media ciudad, quiero divorciarme de ti

y estoy dispuesto a pagar, ¿cuánto quieres?

¿Tú, de verdad, crees que me conformaré

con una parte cuando puedo tenerlo todo?

Pero ¿no te das cuenta de que esto es absurdo?

No podemos seguir así. Sí que podemos.

Llevamos mucho tiempo así, ¿para qué cambiar nada?

¿Cuánto te van a dar por la fusión? ¿30, 50 millones?

Joder, Beatriz... ¿no te das cuenta?

¡¡¡No te quiero!!!

¡¡¡No quiero estar contigo!!! ¡¡¡Quiero a otra mujer!!!

¿Has terminado ya?

Eso no es un problema, cariño, ¿tú sabes la cantidad de parejas

que no se quieren? Tus padres sin ir más lejos.

Teniendo hijos secretos y no se divorcian.

Bea, ¿me estás hablando en serio? ¿Crees que estoy de broma?

Mira, si quieres puedes seguir con esa... con esa amiguita tuya.

Discretamente, eso sí, porque tu mujer sigo siendo yo

hasta que la muerte o muchos millones nos separen

Hazlo por ella, si tanto la quieres.

¿Tú qué crees que van a pensar cuando se enteren

de que se folla al hombre que investiga?

-¿Qué haces aquí? No te preocupes,

no me ha visto nadie.

Quería verte...

¿Qué te pasa?

No podemos... salir juntos a la calle,

no podemos ir a cenar...

Ni siquieras podemos vernos en los hoteles

y yo lo único que quiero es estar contigo.

Tienes con quién ir a cenar. Fui con ella para protegerte,

no quería que fuese contándole lo nuestro a... la prensa

ni a nadie...

Mira, Rober... todo esto también es duro para mí.

No sé cuánto durará el proceso, pero mientras estás con ella.

Es... es insoportable.

De verad, no te puedes hacer una idea.

Hay momentos en que tengo ganas

de mandarlo todo a la mierda de una vez.

Ya se le ocurrirá cualquier cosa, después otra...

Con tal de tenerte agarrado.

Cuando yo acepté este caso, pensé que sería algo rutinario;

pero toda esta situación se me va de las manos.

No va a haber nada, nada ni nadie...

Que me impida estar contigo.

(Teléfono)

Rafa, quería hablar un momento contigo.

Mi mujer me ha contado lo de ayer. -¿Lo de ayer?

-Sí, que la ayudaste mucho con el cuadro.

-Oh... no hay de qué, necesitaba ayuda y la ayudé.

¿Has hablado con ella de algo más de lo que pasa aquí?

-No, no tengo valor, ¿sabes? Creo que vamos a tener

que empezar de cero en otro lugar.

Ya he firmado la renuncia, voy a presentarlo.

-No creo que sea necesario. -¿Por qué?

-He maquillado las cuentas para que todo cuadre.

-¿Y se las vas a presentar así a Manuela?

Pero... tarde o temprano lo va a descubrir.

-Estarán tranquilos unas semanas,

así ganamos tiempo. Descubriremos quién se llevó el dinero.

-Rafa... -Víctor.

Me pediste que confiara en ti...

Ahora te lo pido yo.

-Gracias, Rafa, no tenías por qué hacerlo, muchas gracias, Rafa.

-Voy a llevarle esto a Manuela.

-¿Hola? -Ha funcionado...

Sí, cariño... (RIENDO) Ha funcionado.

-Si yo sabía que lo ibas a hacer muy bien.

Ajá... claro. Un beso.

(SUSPIRA)

-Te he visto crecer, Claudia.

A ti y a tus hermanos... no quiero ponértelo difícil.

Sé para qué estamos aquí.

Lo siento mucho, Juan.

Sé que solo te quedan dos años para jubilarte y...

Hay gente con hijos. Claudia...

No es culpa tuya, sé que has hecho todo lo posible para evitarlo.

Ojalá hubiera podido hacer más.

Lo siento mucho.

No dejes que tus hermanos destrocen esto.

Solo tú puedes mantener el legado de tu padre.

-Claudia, perdona, mira, acaban de traer este sobre para ti.

Gracias.

Supongo que tendrás una razón de peso para estar aquí.

Más de una. Venga ya, Carlos,

tiene que haber algo raro tras la muerte de Julio Fuentes.

He visto a su hijo hablando con la jueza en el juzgado.

¿Y...? Digamos que la actitud de Roberto

no era muy amigable. Bueno...

Eso es muy habitual en él.

La tenía agarrada por la muñeca. Fuerte...

Ella se ha quitado, pero claramente ha sido una situación... incómoda.

Oh... perdona, si quieres, vengo en otro momento mejor.

No, tranquila, David ya se iba, ¿a que sí?

Sí...

Me debes una. Dos.

Hala... hasta luego. Hasta luego.

¿Estás bien? Sí...

Carlos, no te enfades,

pero cuando te llevaron

a declarar decidí hacer unos análisis de ADN.

¿En serio? Perdona...

Pero creo que tenía motivos para desconfiar en ese momento.

Tranquila, está bien.

Toma...

¿Y esto...?

No...

No, no puede ser, mi madre

me aseguró que Julio era mi padre. Lo siento mucho, Carlos.

Los resultados no dan lugar a dudas.

No somos hermanos.

¿Se lo vas a contar? Ellos tienen derecho a la verdad.

¿No quieres averiguar por qué

tu padre mintió en esto? ¿Por qué declarar de nuevo?

Si no mostramos fisuras en lo que decimos, no hay que preocuparse.

Esta tarde se hará público el asesinato de papá.

Tu padre no habría permitido esto. ¡Pues no soy mi padre!

Isabel, lo del otro día... -Ya está, olvidado, nada.

-Sé qué pasó con el dinero y tú también.

-Te iba sacar de nuestra vida. -Sr. Casas, no me queda claro

a qué se dedica usted exactamente.

-Lo trajeron esta mañana. Gracias.

Creo que a papá no le dio tiempo a contarnos algo.

Solo quiero la verdad. ¿Estás preparada para lo que sea?

Te recuerdo que sigues sin coartada.

Escúchame, te pido un favor... ¿En serio?

-Tú le dices a tu madre que no sabe cómo soy...

Tú sí que lo sabes.

Alguien filtró una información sobre la muerte de Julio

que nos puede hacer mucho daño. Déjalo en mi mano.

Una pregunta, ¿es cierto?

Has dicho que querías respuestas, quizá no hacíamos buenas preguntas.

Este parece el camino que buscábamos.

¿Te pasa algo? Este sitio...

Es como si ya hubiera estado aquí.

(Golpe)

Almudena, yo tengo un pasado

y tengo cosas que solucionar. -¿Qué cosas?

-Ahí se sienta mi padre. -Lo sé,

por eso me senté aquí. -¿Lo sabe alguien más?

-Aún no, pero están tras la pista y lo averiguarán.

-Te preocupas mucho por él. -No es por él.

-Menos mal que me atendió Manuela, me temblaban las piernas.

-Enhorabuena.

-Hola... -¿Qué haces aquí?

-Vine a ver a mi hijo, ¿qué tiene de raro? Hay novedades.

¿Cómo te atreves a entrar? Su hija Claudia se ha hecho

una prueba de ADN, comparándolo con el mío, no coinciden.

Como tema de conversación está muy bien, ¿no cree?

Traición - Capítulo 2: No sé quién eres

05 dic 2017

La muerte de Julio Fuentes ha conmocionado a la familia. Sabían de la enfermedad del padre, pero nadie se explica el fatal desenlace. Amigos, conocidos y profesionales de la abogacía se citan durante la solemne ceremonia del entierro. Mientras tanto, la jueza de instrucción avanza en las pesquisas. Ordena la autopsia del cadáver, para escándalo de la familia, que pretende evitar a toda costa la publicidad y el escarnio público. Pero no será lo único a lo que tendrán que enfrentarse: Carlos está convencido de que la muerte de su padre no fue un accidente y parece dispuesto a hacer frente a la familia…

Contenido disponible hasta el 28 de septiembre de 2067.

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