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No recomendado para menores de 12 años Traición - Capítulo 1: Una familia feliz - ver ahora
Transcripción completa

112. ¿En qué puedo ayudarle?

Necesito una ambulancia urgente. La calle Blanca, 97.

Casa de la familia Fuentes. Es muy urgente.

Por favor, señorita, tranquilícese. Cuénteme qué le ocurre.

Mi padre se ha caído a la piscina y creo que no respira.

¿Ha comprobado si tiene pulso? Le he dicho que no respira.

Por favor, manden una ambulancia. Bien. La ambulancia va de camino.

En menos de cinco minutos, estarán allí.

Pero necesito que me dé algunos datos. Dígame.

¿Cuántos años tiene su padre? 75.

¿Cómo se ha caído a la piscina? No sé.

Lo hemos encontrado allí. Estaba en el agua cuando llegamos.

¿Hay alguien con usted que sepa hacer

maniobras de reanimación? Le intentan reanimar,

pero no respira y no se mueve. Intente mantener

las vías respiratorias abiertas.

La ambulancia está a punto de llegar.

Por favor, dense prisa.

(Suena un pitido continuo)

(Sonido de carga del desfibrilador)

(Suena un pitido continuo)

(LLORA)

(Sintonía)

Siento haberla hecho esperar.

Soy Miriam Márquez, jueza de instrucción.

Solo serán unas preguntas para intentar aclarar

las circunstancias. Tranquila. Sé cómo funciona.

Responderé a lo que me pida.

Su padre, Julio Fuentes, era un hombre

con una imagen intachable.

Al menos, públicamente. Sí. Lo era.

Viven todos ustedes en la misma finca, ¿verdad?

Ajá. Mis padres construyeron a cada uno de mis hermanos

una casa en la misma parcela.

Dígame. ¿Cree usted que alguien podría estar interesado

en acabar con la vida de su padre?

¿Cómo? ¿Por qué me pregunta eso?

Señorita Fuentes, tenemos serias sospechas

de que su padre fue asesinado.

¿Eran ustedes una familia feliz?

Sí. Lo éramos.

¿Y qué pasó para que todo eso se rompiese?

Estábamos a punto de firmar un contrato para fusionarnos

con uno de los grandes despachos de abogados de Gran Bretaña.

Y yo era la única que no estaba

a favor de esa firma. ¿Por qué?

Porque íbamos a ganar muchísimo dinero.

Pero nos iban a obligar a aceptar unos trabajos

con los que yo no estoy de acuerdo.

Así que organizaron una comida

de celebración en casa de mis padres.

Ya solo faltaba la firma de mi padre.

Magnífico, eh.

Las he comprado todas. En serio.

Del año que nació mi madre. Qué bueno.

No. Gracias. Vamos, hermanita.

Un poco para brindar. Yo no tengo nada

por lo que brindar, Roberto.

Haces bien. Si no estás de buen humor,

no hay que beber champán. Ya brindará dentro de un año,

cuando vea la cuenta de resultados. (RÍEN)

Los ingleses son muy cerebrales. Eso ya lo sabemos.

Es bueno para los negocios, pero les va a venir bien

un poquito de nuestro instinto. ¿Verdad, Almu?

A mí me encanta que sean así.

Tú lo llamas instinto. Yo creo que ellos,

más bien, improvisación. Es verdad.

Como sea, vamos a entendernos bien.

Ellos van a conseguir cosas de nosotros.

Nosotros vamos a conseguir cosas de ellos.

Al fin y al cabo, hablamos todos el mismo idioma.

Eso es universal. ¿Ya tenemos champán todos?

Sí. Bien. Pues ha llegado el momento

de que estampes tu firma

y que la familia Fuentes entre en la historia.

En pié, por favor.

Sentaos, sentaos, por favor.

Sírveme un poco más, hijo. Creo que lo voy a necesitar.

Gracias. Dejadme que os cuente

una pequeña historia.

Hace muchos años, antes incluso de conocer a vuestra madre,

en nuestro barrio había una mujer

que tenía un pequeño puesto de fruta.

No era gran cosa, pero vivía de ello.

Con el paso del tiempo, una empresa constructora

decidió edificar en aquel terreno.

Y le dijeron que tenía que marcharse de allí.

Yo estaba empezando y era muy cabezón.

El caso es que conseguí que le reconocieran

un derecho adquirido por el uso del terreno.

La empresa se vio obligada a cederle un local

donde ella montón otra frutería que todavía existe.

Julio, por favor, vete al grano.

Estoy segura de que esto no hay forma de endulzarlo.

Un día, alguien requirió mis servicios

porque se había enterado de lo que había hecho por Berta.

Me ofreció una cantidad de dinero que fui incapaz de rechazar.

Así que acepté el caso.

Después de ese caso, vino otro y otro y otro y muchos más.

Aquel joven abogado que había defendido a la frutera,

nunca volvió.

-No hiciste nada malo, papá. -Sí.

Sí lo hice.

Os miro. Os escucho ahora a vosotros.

Y me doy cuenta de que os hemos hecho

personas sin escrúpulos.

Sin conciencia, egoístas. Y me siento culpable.

Porque he sido yo quien os ha educado de ese modo.

Decidme una cosa.

¿Dormís bien por las noches?

¿Vuestra conciencia os lo permite?

No voy a firmar este acuerdo.

Hacerlo, supondría llevar al bufete

por un camino equivocado y no estoy dispuesto.

Tenías razón, hija.

Durante todos estos meses, tenías razón.

Lamento muchísimo no haberte escuchado.

No puedes hacer eso, papá.

Tengo una casa desmontada. Tengo todo metido en cajas.

Me esperan en Londres.

No os estoy pidiendo vuestra opinión.

Simplemente, os estoy informando de la decisión que he tomado.

Nos hemos pasado más de un año negociando con los ingleses

y te hemos informado puntualmente de todos los pasos.

No es un asunto de negocios. Es un asunto de familia.

Creedme. Es lo mejor. -¿Lo mejor para quién?

Para todos.

Roberto, haz el favor de sentarte. ¡No me voy a sentar!

Me voy a ir porque no quiero escuchar

semejante sarta de gilipolleces.

¡Roberto, no te marches!

¡Roberto, siéntate! ¡Roberto!

Antes, dime una cosa, papá. Dime por qué.

¿Por qué cojones tienes que venir hoy a jodernos la vida?

Porque me estoy muriendo.

¿Pero qué estás diciendo, papá?

Hace unos días, recibí los resultados

de unas pruebas médicas.

Esas pruebas dicen que me quedan dos meses de vida, más o menos.

Os he contado todo esto

porque vosotros aún estáis a tiempo de cambiar. Yo no.

Creedme. Es lo mejor para todos.

Hay algo más.

Hace 30 años,

tuve un hijo con otra mujer.

Es mi gran asunto pendiente

y tengo la intención de solucionarlo.

Solo quería que lo supierais.

(SUSPIRA) Pues, ¡hala!

Ya tenéis algo que contarle a vuestros psiquiatras.

Pueden servir, por favor.

Gracias.

Mamá, ¿por qué no nos habéis dicho nada?

Tu padre no me dejó.

Ya le conoces. Quería hacer las cosas

a su manera, como siempre.

Mamá, nos tenéis para lo que necesitéis.

¿Tienes una cura para el cáncer de tu padre?

Entonces, ocúpate de arreglar tu vida, que bastante tienes.

Muy bien.

Mamá, ¿tú sabías lo del hijo de papá?

Entre tu padre y yo nunca ha habido secretos.

Siento que os hayáis tenido que enterar así.

Evidentemente, la enfermedad de papá debe ser muy grave

porque se la ha ido la puta cabeza.

¿Qué? Alguien tiene que decirlo. Qué desastre.

(SUSPIRA) Desastre.

Mamá, ¿tú sabías que papá pensaba parar la fusión?

(SUSPIRA) ¿Desde cuándo tu padre me pide

permiso para tomar decisiones?

Almudena, ponme una copa. Cojonudo.

¿Otra vez vas a sacar el tema de la maldita fusión?

No es el momento. ¿Crees que no me duele?

Pero te recuerdo que de este bufete vivimos todos.

Y te has comprado los muebles de tu casa gracias a él.

¿Me lo echas en cara? Este bufete también es mío

y hago con el dinero lo que me da la gana.

Bien. Fantástico. Como pare la fusión,

a lo mejor tienes que irte a vivir a otro sitio.

Precioso que hables de dinero nada más enterarte

de que tu padre se está muriendo.

Y tú no piensas decir nada, ¿no?

Siempre soy yo el que dice las cosas.

¿Qué quieres que diga? Que tienes una casa

llena de cajas y un camión de mudanzas para largarte

a Londres dentro de una semana.

Ya lo dije y no sirvió de nada. Déjala.

Es lo único en lo que ella piensa.

Marcharse lejos y mirar para otro lado,

mientras el resto le solucionamos la vida.

¡Mamá! ¿Qué?

No podemos permitir que papá pare la fusión.

Que ya la ha parado, Roberto.

Tus hijos están muy dolidos.

Lo entiendo.

Todos estos años has sido un ejemplo para ellos.

¿De verdad quieres que se queden con este recuerdo de ti?

Están decepcionados.

Y, a pesar de ello, te quieren y te respetan.

Has sido un buen padre. Gracias.

¡Huy! ¿Te acuerdas?

Los llevabas el día que nos conocimos.

(RÍE) Estabas ahí, en medio

de la fiesta en casa de mis padres,

tan nervioso. (RÍE)

Un jovencito vestido de hombre. ¡Oh!

Bueno, no te aflojaste el nudo de la corbata en toda la noche.

Luego nos presentaron.

Y míranos ahora.

Todo lo que hemos conseguido juntos.

Pilar, quiero pensar

que todavía puedo hacer las cosas como se deben hacer.

¿Y qué es hacer las cosas como se deben hacer?

Bueno... ¿Decirles a tus hijos

lo que les has dicho?

Ya les has dado un escarmiento. Venga.

Baja y arregla las cosas antes de que sea tarde.

Lo siento.

Es lo mejor para ellos. A veces, la verdad duele.

Demasiadas verdades en un solo día, ¿no crees?

Oh. Lo superarán.

Y tú no estarás aquí para verlo.

No. No estaré.

Puedes hacer lo que quieras.

Pero ten clara una cosa.

Ese chico no va a pisar nunca esta casa.

¿Serás capaz de no respetar mi última voluntad?

Ponme a prueba.

Sí, sí. Para nosotros también ha sido una sorpresa.

Tenemos que hablar con calma, por favor.

Esto aún lo podemos solucionar.

Sí, claro.

Sí.

Bien.

Sin problema.

¿Cómo estás?

No está siendo un gran día, la verdad.

¿Sabes lo que creo? Deberíais incapacitar a tu padre.

Pero, bueno, Julián...

¿Cómo vamos a hacer algo así?

No sería difícil. Sois buenos abogados

y está claro que el cáncer le ha frito el cerebro.

Hemos quedado mañana con Manuela a primera hora en su hotel,

antes de que se marche a Londres. ¿Para qué?

Tenemos que intentar mantener el acuerdo

el tiempo necesario. ¿Cómo que mantenerlo?

Papá ha tomado una decisión y nosotros vamos a respetarla.

Pero una vez fallezca, nosotros decidiremos qué hacer.

¿Esto es en serio? Almu, ¿te parece bien?

No lo sé. No lo sé, Claudia. Por favor, di algo.

Lo tengo que pensar. Me parece asqueroso

que seáis capaces de mentir así a papá.

Respecto a la fusión, ya sabes lo que opino.

Me siento aliviada de que no vaya a firmar.

¿Cómo eres tan ingenua? ¿Quién engaña a quién?

Roberto, ¿tú estabas en la parte

en la que papá decía que se moría?

No te duele más que a mí. Ya.

Una cosa no tiene que ver con la otra.

Llevamos diez años tirando del carro, nosotros.

Él quería retirarse y vivir como un rey. Y es lo que ha hecho.

Pero tenemos que dejarlo todo bien atado,

porque cuando él se vaya, seguiremos aquí

y también tenemos derecho a una buena vida.

Imagino que la decisión de su padre...

No sé. No debe ser fácil tomarse bien algo así, ¿no?

¿Perdona? Usted misma lo dijo.

Había mucho dinero en juego con esa fusión.

¿Cuánto habría perdido su familia si no se firmaba?

¿30 millones de euros?

Mi padre se estaba muriendo.

Y era lo único que me importaba. Nada más.

¿Y sus hermanos? ¿Su madre?

¿También estaban solamente preocupados

por la salud de su padre?

Qué bien. No hago las pruebas para entrar

en el equipo de fútbol porque nos íbamos

y nos quedamos. -Lo último que necesito,

es que empieces a quejarte. -Si te parece, me callo como tú.

¡No te permitiré que me hables en ese tono!

¡Y apaga la tele, por favor! -Calma.

A Sergio hay que entenderlo.

Nos habíamos hecho a la idea... -Dile a este señor

que no hace falta que me defienda. Y menos, él.

Sergio, no te defiendo. Creo que tienes razón.

Me gustaría... -Me da igual lo que te guste.

Vete a tu cuarto. No quiero escuchar más.

Siempre soy yo el que sobra.

Es que siempre me pasa lo mismo. Siempre.

Ahora que parecía que por fin nos podíamos alejar

de todo esto y empezar otra vez.

Es...

Mira lo positivo. Primero, me ha llamado señor.

Así que vamos avanzando.

Y segundo, está muy bien tener sueños, Almudena.

Si eso es lo que quieres, pelea por ello.

No agaches la cabeza. Lamentarse no vale de nada.

Pelea por ti y pelea por mí. Te lo suplico.

Porque yo no pienso desembalar todo otra vez.

(SUSPIRA)

Madre mía, lo que les ha costado dormirse.

¿Qué hora es? -Tarde.

-¿No vienes a la cama? -Voy en un rato.

Quiero acabar unas cosas.

Yo necesito dormir para pensar con claridad.

Ven pronto, eh. -Sí.

Buenas noches. -Buenas noches, ahora voy.

Jaime, soy yo, tengo que verte urgentemente.

-¿Qué? -¿Eh?

No, nada, nada, era publicidad del ordenador.

-Ah, vale.

Les pedimos una opinión.

Porque si no... Podríamos ir a preguntar a otros médicos.

Tengo una amiga oncóloga, lo sabes, podría hacerte una pruebas.

El diagnóstico es el que es y no hay nada que se pueda hacer,

pero nada de lo que os he dicho tiene que ver con mi enfermedad.

Tus hermanos tienen que darse cuenta

de que van por un camino equivocado.

Llevo mucho tiempo tratando de convencerles.

Dicen que son otros tiempos y que las cosas han cambiado.

Claudia, las cosas importantes, las de verdad,

esas no cambian nunca.

Permanecen siempre... siempre.

Hemos discutido tanto por culpa de la fusión.

Y, de repente, este giro de 180 grados.

¿Estás seguro que es por la enfermedad?

¿No te parece motivo suficiente para entrar en razón?

Papá, te conozco.

Entonces, confía en mí.

Creí que te esperaba tu mujer en casa.

Necesitaba algo para quitarme el dolor de cabeza

y estar con ella no es lo mejor para eso.

Tu hermana Claudia está en el salón.

¿Y papá? Duerme como un bendito.

Y roncando, claro.

Dormir sin tapones es una de las cosas

que más voy a celebrar cuando Dios se lo lleve.

¿Qué? Contigo no voy a andarme con tonterías.

Tienes que conseguir que papá no pare la fusión.

Como sea.

Antes tu padre me lo consultaba todo...

Pero ¿ahora? Ahora no se puede contar con él.

Ahora va de santo. Dios...

A quién querré engañar. Algo tendremos que hacer.

Hijo...

Tú eres como yo, los dos somos iguales.

Sabemos lo que queremos y cuándo lo queremos.

No podemos esperar.

Es el momento de que asumas la responsabilidad.

¿Qué se supone que me quieres decir con eso?

Eres abogado, ¿no?

Considérame una clienta exigente.

Quítaselo todo, que se quede como vino a este mundo; sin nada.

Eso es fácil de decir, ¿y si no lo consigo?

Entonces habrá que tomar medidas...

Más drásticas.

¿Por qué no me explica cuál ha sido

la relación con la familia Fuentes en este tiempo?

La verdad que no sabría por dónde empezar.

Mi consejo es que empiece por el principio.

Me llamaron para una entrevista de trabajo.

¿Formaba parte de un proceso de selección?

No, ninguno.

¿No le pareció extraño que le llamaran para una entrevista?

(Bullicio)

Hola, bueno días. Tenía una reunión con Fuentes.

¿Te pasa algo? Eh... no, nada.

Trabajas aquí, supongo. Tienes gran capacidad de deducción.

Eres todo simpatía por lo que veo.

Tú sí que no trabajas por aquí.

Tú también tienes capacidad de deducción.

Tengo una entrevista, depende de cómo me salga.

Igual mañana vengo vestido de otra forma para que no me mires así.

-Sí, han cambiado, por eso decía. -Sí, lo tengo aquí.

-Vale. -Lo tengo.

Hola, soy Carlos Santos, tengo una cita con Julio Fuentes.

-Uf, llega como diez años tarde.

Vamos, es el tiempo que hace que no viene aquí.

-Bueno, en realidad, hoy está aquí

y ha dicho que esperaba una visita.

¿Carlos Santos ha dicho? Sí.

Un segundo... Sí, Carlos Santos.

Si me acompaña.

Deséame suerte.

(Bullicio)

Si aguarda aquí un instante le aviso.

(Llaman a la puerta)

-Don Julio, su visita.

-Gracias, Susana.

-Puede pasar.

Gracias.

Carlos. Señor Fuentes.

Un placer conocerle. También me alegro de verte.

Gracias por venir, siéntate, por favor.

¿Sabe? Me he enfrentado a su bufete alguna vez.

¿Ah, sí? ¿Y cómo te fue?

¿Usted qué cree? (RÍE)

Échale un vistazo.

¿Y esto?

Ese eres tú.

Ah... este era yo.

Hace años que no me dedico a este tipo de casos.

Lo sé, ahora estás en el turno de oficio.

¿Por qué?

¿Por qué no? Bueno...

Disculpe, pero no termino de entender por qué me ha llamado.

Vaya...

Pensé que esto me resultaría más sencillo.

Llevo años siguiendo tu carrera.

Y me gustaría ofrecerte un puesto dentro del despacho.

Si de verdad me ha seguido, sabría que no trabajaría aquí.

Sé a lo que te refieres y, precisamente, por eso;

quiero que el bufete cambie.

Me gustaría...

Recuperar los valores sobre los que lo fundé.

Me parece muy bien, pero... ¿Por qué yo?

Hay cientos de abogados ahí fuera y aquí tan capaces o más...

Creo que eres mejor que cualquiera de ellos.

Pero, sobre todo, necesito a alguien en quien poder confiar.

Y, por favor, trátame de tú.

¿Qué le hace pensar que se puede fiar?

No me conoce de nada.

¿Tu madre nunca te lo contó?

¿Mi madre...?

Disculpe, pero... no le sigo.

Eres hijo mío.

-¿Tiene prisa?

Le repetiré la pregunta.

¿Sabía que su padre llamó al señor Carlos Santos?

-No, no lo sabía.

En ese momento, Roberto y yo estábamos ultimando detalles

de la fusión con los ingleses.

No tiene que cambiar nada desde la última reunión.

Ha cambiado todo.

Le dejamos claro que no hay problemas.

La decisión de papá no es definitiva, lo solucionaremos.

¡Por mis cojones que arreglamos esto!

No me he pasado un año negociando para mandarlo a tomar por culo.

¿Por qué no me dejas hablar a mí? ¿Por?

Porque tenemos que transmitir tranquilidad.

¿Qué coño dices? ¿Que no la transmito?

Está bien, habla tú.

Uf.

No corras, no corras.

Vamos tarde. No corras, llegamos bien.

-Manuela.

-¿Qué tal? -¿Qué tal?

Hola, Manuela, ¿cómo estás?

-No sé si os conocéis, Rafael Sotomayor.

Mi mano derecha. -Encantada.

-Sentaos. -Un placer.

-Muchísimas gracias por recibirnos.

Entiendo que estás liadísima. -No, estoy cabreadísima.

Lo que ocurrió ayer es inaceptable.

Tenéis mucha suerte de que os haya recibido.

-Sí, lo entendemos perfectamente y os pedimos disculpas de nuevo.

Para nosotros también ha sido una sorpresa enorme esa decisión.

-¿Cómo piensas solucionar esto?

Sin la firma de su padre no es posible la fusión.

-La solución que hemos pensado es muy sencilla:

Aplazar la firma de la fusión, vamos a firmar, por supuesto,

pero os pedimos un poco más de tiempo, Manuela.

-Y... ¿en ese tiempo en qué van a cambiar las cosas?

Manuela, mi padre se está muriendo, nuestro padre.

-Lo siento muchísimo, de verdad. ¿Por qué no empezar por ahí?

-Esto cambia las cosas.

Le... le queda poco tiempo de vida,

por eso, si aplazamos la fusión, una vez que mi padre fallezca

firmaremos lo acordado.

-Deben entender que su enfermedad no puede marcar nuestra agenda.

-Hay bufetes que está interesados en esta operación.

Lo sabemos, Manuela. Si no es con vosotros...

Lo haremos con otros.

Sí, te estamos pidiendo un poco de margen, nada más.

Tenéis 48 horas para decidir qué hacéis.

¿Es el tiempo que nos das?

Rober... No, no, llevamos trabajando

un año juntos, desarrollando este proyecto.

Te decimos que nuestro padre se muere

y dices que nos das 48 horas. ¡Vete a tomar por culo!

Un poco de respeto. ¿Respeto?

Respeto, me dice...

Anda y que os jodan a todos.

-Lo siento, disculpadle.

Manuela...

Si no hubiera firma de la fusión...

¿Mantendríais vuestra oferta de...

Colaborar conmigo en las oficinas de Londres?

-Qué mona eres.

-48 horas era muy poco tiempo, ¿no?

-¿Está insinuando algo?

-Antes de que su cumpliesen esas 48 horas,

su padre apareció muerto en la piscina.

-Me está acusando, directamente. -No.

Solo le pregunto qué pensaban hacer con ese tiempo

para cambiar la decisión de su padre.

¡48 horas! Después de un año negociando, de bailarle el agua.

Le enviamos una cesta de Navidad de dos mil putos euros. ¡48 horas!

Rober, por favor, es ella la que está al mando.

Tenemos dos días, vamos a intentar...

Ver qué hacemos. No se morirá en dos días,

por muy enfermo que esté. ¡Ojalá!

-Vamos a hacer creerle que estamos dispuestos a darle un giro.

¿Me escuchas? Te estoy escuchando.

(Móvil) ¿Estamos dispuestos?

A papá se le ha ido la cabeza y no...

Y no es tonto.

-Víctor. -Vuestro padre está aquí.

-¿Qué? -En el bufete, está reunido.

-¿Reunido con quién? -Con un chico joven,

no sé quién es, pero llevan un buen rato.

-Vale, vamos para allá.

Tenemos que darnos prisa. Pasa. Cuidado con el coche.

Dime, al menos, que lo pensarás. Antes debería procesar otras cosas.

Por supuesto.

Pero... no tenemos mucho tiempo.

Las cosas están cambiando. ¿Por qué no vino antes?

¿Crees que no me atormenta pensarlo?

Podría haber hecho muchas cosas de forma diferente,

pero, al final, la vida te enseña

que cada uno hace lo que puede en cada momento.

A veces, eso no es suficiente.

Ya...

-Es que no puede ser que le haya citado aquí, ¿seguro que es él?

-Con papá no podemos estar seguros de nada.

-Llevan un buen rato encerrados, o sea, reunidos.

¡Te llamé veinte veces! Lo sé, estaba reunida.

Nada es más importante. Que ya...

Papá ha vuelto. Ya lo sé.

Y sé con quién está.

Se llama Carlos. Eso, Carlos.

Me lo encontré en el ascensor.

Creo que es abogado. ¿Y... qué más? ¿Qué te ha dicho?

Que venía a una entrevista. Callaos.

Perdón. Ah, no, pasa, pasa.

Disculpa.

Perdón.

¿Qué tal la entrevista? Eh... Bien.

Me han ofrecido el trabajo. Ya...

¿Y lo vas a aceptar?

Pues no, no lo sé, no tengo muy claro qué ha pasado.

¿Por qué? ¿Qué te ha dicho mi padre?

¿Julio Fuentes es tu padre?

Entonces, ya debes saber qué me ha dicho.

-¿Podemos pasar?

-¿Desde cuándo me pedís permiso para entrar?

¿Y bien?

-Papá...

A ver...

Hay...

Hay cosas que no estamos entendiendo.

¿Quién era ese chico?

-Ese chico es mi hijo.

No os voy a pedir que lo consideréis vuestro hermano,

eso tendréis que decidirlo cada uno de vosotros.

Agradezco que nos des la...

La oportunidad de decidir.

Yo, también te lo digo, no tengo muchas ganas.

¡Yo sí!

¿Quién es su madre, papá? -Claudia, por Dios.

-Una mujer a la que amé...

Y por la que estuve a punto de dejarlo todo.

Pero no sé si fui sensato o cobarde.

O una mezcla de las dos cosas.

¿Has vuelto a verla?

-Murió hace años.

¿Alguna pregunta más? -Sí, papá.

Este chico, ¿a qué ha venido, exactamente?

-Os dije que tenía asuntos pendientes y quería solucionarlos.

-Sí... bueno... ¿Los has solucionado ya?

-Lo sabréis a su debido tiempo. No tengo que dar explicaciones

sobre las decisiones que tomo en el despacho.

Verás, papá...

No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza,

a todo lo que ha pasado en las últimas horas, yo...

Confieso que no...

Me siento confundido.

Pero también quiero que sepas que...

Entiendo que no tiene que ser fácil.

-Os lo agradezco.

Sé que lo es para vosotros.

-Ayer no tuvimos tiempo de hablar con calma, papá.

Tiene razón.

Y... Bueno, ya que estamos...

Quiero...

Ayer perdí los papeles y quiero pedirte perdón.

Lo siento mucho.

Pero tus decisiones son tuyas y tenemos que respetarlas.

Por otra parte, somos una familia

y por complicado que sea, todo se puede hablar.

Por supuesto que sí.

¿De qué queréis que hablemos?

¿De vuestro hermano?

¿De la reunión que habéis tenido con los ingleses?

Sigues teniendo ojos en todas partes.

¿Quién ha venido a contártelo?

Tú mismo me lo acabas de decir.

¡Queríamos buscar una solución!

Algo que nos beneficiase a todos. Escuchadme bien,

aunque yo no vaya a estar aquí, haré lo necesario

para preservar la dignidad de este bufete.

¿Algo más?

¿Estás bien?

Bien.

Tienes que ayudarme, hija, con Carlos, habla con él,

eres la única que puede hacerlo.

Por favor, es que no le conozco de nada, no sé qué hacer ni decir.

Tú siempre sabes lo que tienes que decir.

Por favor, no le digas que estoy enfermo,

no quiero que eso influya en su decisión.

Sería injusto por mi parte aprovecharme de eso.

Tranquilo.

No te pago para que hagas preguntas,

ni una llamada más. Atiende bien una cosa

es la última vez que tú y yo hablamos.

¿Sabe llegar? ¿Disculpe, señora?

Hace cinco minutos que tendríamos que haber llegado.

Si quiere, puedo sentarme a su lado para ayudarle a conducir

o mejor, puedo conducir yo por usted.

No es necesario, doña Pilar, lo siento.

¿Sabe qué va a pasar? Que cuando llegue a la floristería

no van a quedar lirios blancos

y me tendré que llevar rosas y no me gustan.

Así que, me va a dejar allí y me va a llamar un taxi

para que venga a recogerme porque no le quiero ver más aquí.

(Móvil)

Dime, hija.

¿Qué? Enseguida estoy ahí

si el chófer no se pierde.

Al despacho de mis hijos.

(SUSPIRA) Ay, para lo que le queda vivir,

de verdad, que mejor morirse.

Ella piensa meterle en el bufete, está visto que esto es lo último,

quiere seguir siendo el jefe cuando ya no esté.

No, qué diría la gente, no, no.

Si hace eso, es que perdió, definitivamente, la cabeza.

Una cosa es que papá

le quiera meter y otra que la acepte.

Ese es un muerto de hambre, claro que aceptará.

Mamá, por favor, eso no lo sabes. Claudia, ¿no viste qué pinta tenía?

Bueno, no importa, papá tomó una decisión, respetadla.

¿Qué decisión hay que respetar la de ahora o la de antes?

Porque él fue el primero que quería firmar con los ingleses.

Si cambió de opinión, sus razones tendrá.

Pues que se explique como Dios manda

de una manera que entendamos todos.

¿Por qué te lo tiene que explicar?

Si tomó esta es que es la mejor para todos.

Claudia, no sé tú,

pero no quiero pasarme la vida defendiendo fruteras.

Me pongo en su lugar y no tuvo

que ser nada fácil tomar esta decisión.

Ya, y seguro que pidió una segunda opinión.

¿Perdona?

Papá no necesita que le digan lo que tiene que hacer.

Papá se está muriendo y no pienso deshonrar su memoria.

¿Tú no te morías por irte a Londres?

¿Qué quieres que diga? Empieza a pensar en ti,

en tu futuro y en el de tu hijo.

No la animes, esa es la especialidad

de tu hermana, pensar en ella solo.

¿Y papá, qué? Papá se muere, coño.

Sí.

Y muerto el perro...

En ese momento usted no aceptó la oferta

de don Julio Fuentes. No.

Yo tenía una vida, un trabajo.

Carlos. ¿Qué pasa, te manda tu padre?

¿Podríamos hablar un momento, por favor?

Si tienes un segundo tomamos algo en la cafetería.

¿Tomar algo? He perdido un juicio, no hay nada que celebrar.

Solo quiero hablar, ¿te puedes esperar, por favor?

Fuentes no necesita abogados como yo,

allí solo hay triunfadores. Has perdido un juicio

y te entiendo, pero por eso no eres mal abogado, lo sabes.

Gracias, es un alivio, se lo recordaré a mis clientes,

pero ellos no tienen un duro

y no pueden estar toda la vida litigando.

Por eso mismo, ¿no lo ves? Con nosotros tendrías más medios

y recursos para plantarles cara, ganarías más casos.

No vendo mi alma al diablo. No te pido que te pases al enemigo,

mi padre quiere cambiar las cosas.

Pero mis hermanos se lo quieren impedir.

Carlos, juntos haríamos las cosas de otra manera.

Juntos, no me conocéis de nada. Pero por algún motivo

mi padre confía en ti y me pidió que yo también lo hiciera.

Pues muchas gracias por vuestra confianza,

Fernando, por favor, ¿puedes devolverla?

Nunca trabajaré con vosotros, ¿me perdonas?

Carlos, sé que te implicas,

personalmente, y es lo que necesito.

Me implicaba, ahora estoy en turno de oficio

y me da menos problemas.

¿No te gustaría volver a implicarte?

No.

pues creo que merece la pena y no por ti,

por toda la gente que podrías ayudar.

¿Quieres que te acerque al club? -Parece mayor, ¿no?

-Bueno. -Mayor que Claudia, digo.

-¿Qué importa? -¿Cómo que no? A mí me importa.

-Lo que debería importante... -¿Víctor?

-¿Qué haces aquí? Ah, perdona...

Isabel, mi mujer, Jaime, un amigo.

-Amigo y socio.

-¿Y socio? -Bueno, amigo, socio, socio, amigo.

¿Habéis quedado con tu madre, no? -Sí, me voy a ir

que no la quiero hacer esperar, encantada.

-Encantado.

-¿Por qué vienes sin avisarme? -Eh... No fui yo quien llamó

anoche diciendo que necesitaba hablar, urgentemente.

-¿Y no puedes responder sin más? Bueno, da igual.

Jaime, a ver cómo te cuento esto, surgió un problema

y no creo que pueda poner mi parte.

-Es una broma, ¿no? -No.

-No es tan sencillo echarse atrás,

hay inversores que ya pusieron dinero.

-Lo entiendo, pero encontrarás a otros interesados en el negocio.

-No hay tiempo, tienes que poner lo que prometiste,

el millón y medio que dijiste. -Jaime, que no es que no quiera

es que no tengo ese efectivo, no lo dispongo.

-Cuando alguien quiere de verdad algo hace lo que sea

por conseguirlo, me decepcionas,

Víctor, pensé que eras más ambicioso.

Lo malo es que cuando se corra la voz de que te fuiste,

nadie querrá hacer negocios contigo.

Bueno, ya nos veremos.

-Espera, Jaime.

-Dime.

-Eh... voy....

a buscar una solución.

-¿Estás seguro?

-Sí, confía en mí.

-Confío en ti, ciegamente.

¿No vas a decir nada, mamá?

Es que no me puedo creer lo que nos está pasando, mamá.

Tengo que avisar que no vamos a poder ir a la cena

en casa de los Rodríguez. Mamá.

Ay, tranquilízate, por favor, no vayas a montar un espectáculo.

Ya tengo bastante con las salidas de tono

de tu hermana Almudena.

Pues yo necesito que alguien me explique qué narices

le pasa a papá, ¿es que no no se puede ir en paz sin más?

Tu padre nunca ha sido un hombre fácil y parece empeñado

en no serlo hasta el final.

Y ahora nos tiene que lanzar toda su porquería

en el último momento. Debe tener prisa por lavar

su conciencia antes de morir.

El miedo al infierno.

No le da derecho, eso no le da derecho.

Primero, nos humilla a todos diciendo que se avergüenza

de nosotros y luego, por favor, lo de ese hijo.

No sé cómo pudiste perdonarle todos estos años,

yo no sé qué haría si supiera que Víctor tiene un lío por ahí.

Los hombres son lo que son, ninguno es un santo.

No importa lo que seas, nena, importa lo que piensen de ti.

Bueno, ¿y qué hacemos ahora? Porque ese chico es hijo de papá,

también es su hijo, algún derecho tendrá.

No si yo puedo impedirlo.

Mis hijos sois vosotros y no voy a dejar que un desconocido

venga a quitaros lo que os pertenece.

(Móvil)

Perdón.

¿Hola? Hola, ¿estás sola?

No, pero puedo hablar.

Vale, necesito que me hagas un favor,

ve a casa de papá y busca en sus papeles, en el despacho,

en la caja fuerte, los papeles del bufete,

el testamento. Pero eso tiene que estar

en el despacho de papá. ¿Por qué te crees que te llamo?

los buscamos y no están aquí. ¿Registrasteis su despacho?

Isabel, no me vengas con escrúpulos, ve a casa de papá

y encuéntralos. Necesito tu ayuda, por favor.

Que... Que se me ha olvidado, completamente, que los niños

tenían natación, me tengo que ir, perdón.

Luego te llamo, mamá.

(Móvil) ¡Ah!

Roberto, ¿para qué me llamas, quieres que me dé un infarto?

No me gusta nada esto. No encontré nada, no me dio tiempo.

Que sí, que sí,

que sí, que sigo buscando, no me llames más.

(Se abre una puerta)

(Portazo)

¿Pilar?

Ah.

¿Isabel?

Papá.

Pensé que no había nadie. Yo acabo de llegar

tampoco de oí entrar.

Me voy a preparar un té, ¿quieres?

No, si yo ya me voy.

Pero a algo habrás venido. No.

¿No?

Bueno, sí.

He venido a hablar contigo.

Muy bien.

¿Qué pasa, Isabel?

¿Cómo estás?

Curiosamente, mejor que ayer.

¿Qué van a decir, papá? ¿Cómo crees que van a reaccionar

cuando sepan que tienes un hijo secreto?

¿Qué va a decir quién? La gente, papá, la gente.

¿Tú sabes lo humillante que es para mamá?

Tu madre siempre lo ha sabido. Pero no es lo mismo,

una cosa es que lo supierais tú y mamá y fuera vuestro secreto,

que me parece muy bien y otra cosa muy distinta

es que se haga público.

Y mamá no eligió eso, eligió callarse y tragar.

Hija... Papá, no es lo mismo,

mamá no lo eligió.

Esto es cosa tuya, te has liado la manta a la cabeza

y decidiste arrasar con todo sin contar con nadie.

También se han hecho muchas cosas sin contar conmigo.

Hija,...

yo no tengo intención de hacerle daño a nadie,

solo hacer lo que me parece correcto.

Ya nos lo has dicho, sí.

Pero aun así nos haces daño, papá.

¿Para qué fue, exactamente, aquella tarde a ver a su padre?

Se lo he dicho, para hablar con él

y fue la última vez que le vi.

Me arrepentiré toda la vida de lo último que le dije.

Isabel dice que los papeles no están allí.

A lo mejor los documentos del bufete están en el banco.

Donde estén está claro que no quiere que los encontremos,

al final desearemos que se muera ya.

Centrémonos, a lo mejor Claudia tiene razón y este chico

no aceptó la oferta de papá.

Si conseguimos convencer al bobo de que no lo acepte,

quizá papá recapacite y reconsidere su posición.

Vale, ¿cómo le convencemos?

Dice que le ofreció dinero. ¿Eso dice el chico?

No es verdad, nunca le ofrecí dinero,

fui a hablar con él, sí, pero nada más.

(Timbre)

Creo que no nos presentaron,

debidamente, esta mañana, Roberto Fuentes.

Carlos Santos.

Siento presentarme sin avisar, estarás muy ocupado,

¿pero tendrías cinco minutos?

Pasa.

Mira, no sé qué te habrá contado mi padre en vuestra reunión.

Perdona, pero me pides que haga como si esto no hubiera ocurrido

y no es tan fácil. No, te pido que estés al margen

de una situación de la que no conoces los detalles.

Aceptas el dinero, cada uno sigue su camino

y todos contentos.

¿Qué te preocupa tanto?

¿Perdona? Vamos a ver, te presentas

en mi casa con un cheque de 300000 euros

y pretendes que... 300000 euros,

¿qué importan mis razones?

No sé qué números manejas, pero no creo

que estés acostumbrado a ver tantos ceros.

Ahora mismo tienes ante ti dos caminos, uno está

lleno de problemas, dificultades

y el otro es llano, directo, seguro, es el que te ofrezco

así que vine aquí para ayudarte.

No te compliques la vida.

Uh, me das más miedo cuando sonríes que cuando estás cabreado.

Está bien tener motivos para sonreír tras un día de mierda.

Todos llevamos un día de mierda.

Bueno, ¿me dices qué es tan gracioso?

Ya que insistes, acabo de convencer a tu nuevo hermanito

para que se vaya a tomar por culo y no aparezca más.

¿Has hablado con Carlos? Ese chico es historia del pasado.

¿Cómo lo convenciste? ¿Tú qué crees?

¿Cómo se convencen a las personas? Pareces nueva.

Con dinero y cómo tú dices, viendo el día de mierda

que llevamos, un problema menos me pone muy contento.

¿Te parece bien, tengo tu aprobación?

Claudia, ¿dónde vas? es una buena noticia.

Todo lo que hace uno por esta familia

y no se me reconoce nada, coño.

Ah, disculpad.

La última vez que viniste al club fue en la boda de Catalina,

la hija de los Lestón.

Si estás aquí es porque tienes algo que decirme, ¿no?

He venido a ver cómo estabas, mamá. Y no te funciona el teléfono.

Me imagino que tendrás una opinión

de lo que está pasando.

Bueno, yo también estuve casada. Ay, no me lo recuerdes,

ese matrimonio fue un error desde el principio.

Pues, precisamente, por eso creo que los problemas de pareja

es mejor poner distancia, mamá.

Eso es lo que llevas planeando

desde hace mucho tiempo, poner distancia.

Mamá, sabes que mis planes pasan por instalarme en Londres,

lo llevo planeando desde hace meses.

Por favor, ¿no puedes hablar con papá y convencerlo?

¿No tienes valor para enfrentarte a él?

¿Qué pasa, que para esto sí me necesitas?

Mamá, eres la única que le puedes convencer,

lo sabes perfectamente. ¿Y si no quiero convencerle?

¿Eh, Almudena?

Dime...

¿Tan importante es Londres?

Tienes aquí una responsabilidad y te necesito a mi lado.

Mamá... Y más ahora

con la enfermedad de tu padre.

Estoy a una hora de avión, mamá, necesito ocuparme de mi familia.

Tu familia está aquí.

Eres la mayor y ahora que tu padre

no va a estar, deberías ocupar su lugar.

Mi familia no puede tener queja de mí, tengo 45 años, mamá.

Si no cojo ese tren ahora, lo perderé para siempre.

Cuando el barco se hunde,

las ratas son las primeras en saltar.

¿Cómo puedes decir algo así?

Toda la vida he hecho lo que tú has querido.

¿Por qué no dices la verdad, Almudena, tan odiosa te resulto?

¿Tanta prisa tienes por huir de tu madre?

Ahora ya tengo claro para qué has venido.

¿Almudena?

Es mi hija mayor, siempre ha estado a mi lado

en todo momento. ¿Usted tiene hijos?

¿No? Para una madre son lo primero.

Es verdad eso que dicen que por un hijo una madre

es capaz de matar.

Hablo en sentido figurado, claro.

Una madre está dispuesta a darlo todo por sus hijos.

Pero hay cosas que los hijos nunca deberían saber de sus padres.

Nunca...

¿Qué haces aquí?

Esperabas a otra persona supongo...

Tú hace mucho que no subes aquí...

Quizá ese sea tu problema.

Yo siempre he estado orgulloso de ti, papá.

Siempre...

Desde pequeño.

Me encantaba cuando la gente

te paraba por la calle y te agradecían...

Me gustaba mucho.

Y es lo que yo siempre he querido,

que tú estuvieses orgulloso de mí, por eso...

Por eso me duele...

Me duele que no hayas sabido

ni querido, ni una vez...

Ni una vez... recononcer nada de lo que he hecho.

¿Tú tienes idea la cantidad de horas que he metido en la fusión?

¿Lo ves, hijo? No has entendido nada.

Tú sigues dándole vueltas a la fusión

y no te has dado cuenta del significado de todo esto.

A ti lo único que te mueve es tu ambición.

Y ahora resulta que la ambición es mala... esto es nuevo.

(IRÓNICO) O que yo soy el único ambicioso...

¿Me puedes explicar cuándo te has vuelto tan ingenuo, papá?

¿A qué vienes? Vengo a que tu nuevo hijo,

Carlos, el hijo perfecto

que, al parecer, no tiene todos los defectos nuestros,

acaba de aceptar mi cheque para no volver por aquí.

No puedo creer que hayas sido capaz de hacer algo así.

Tú me enseñaste, papá, lo aprendí todo de ti...

Todo. Tú me has obligado a hacerlo.

¿Y qué piensas que has conseguido con eso? No te servirá de nada.

¡No voy a firmar nunca esa fusión!

¿A qué viene todo esto? La fusión es buena para todos.

¿Por qué te empeñas en cerrar esa puerta?

Tú no tienes ni idea...

de lo que significa que te cierren la puerta.

Vosotros no sabéis lo que es tener problemas,

habéis llevado una vida de lujo

y sin preocupaciones. ¿Sabes...

qué hace la gente desesperada de verdad,

cuando le cierran la puerta?

Se cuelgan del techo.

Tú te mueres...

Y tu forma de despedirte es diciéndonos que no te gustamos.

¿Esa es la manera en la que quieres que te recordemos?

No, quiero que me recordéis...

Como debí haber sido toda mi vida.

(Timbre) Va...

(Timbre) Que ya va.

Joder... ¿qué haces aquí?

Nada, necesitaba ver al abogado de los pobres,

al abogado de las causas perdidas, a ese que no le importa el dinero.

Mira, lo he pensado y Fuentes representa

todo lo contrario a lo que soy, jamás encajaría en un despacho así.

Pero para coger el dinero de mi hermano no eres tan estupendo.

Eres un cerdo.

No eres nadie para venir aquí a darme lecciones.

¿Qué sabrás tú de mí?

¿Qué sabrás tú de mi vida? No lo entiendo.

Esa historia tan bonita

del abogado que jamás vendería su alma al diablo.

Debería darte vergüenza, hoy lo has hecho.

Tengo que pagar el alquiler, la luz, el agua... vivir.

¿Y te tienes que rebajar ante mi hermano?

Mi padre te ofreció un puesto en su despacho y te has vendido.

¿Me dejas ver las suelas de tus zapatos?

¿Cómo?

¿Ves...? Como yo decía, como nuevas, ¿y por qué?

De la moqueta del despacho al coche, de ahí al club...

Una vida entre algodones, no sabes qué es la vida real.

Sí, he vivido muy bien.

¿Tengo pedir perdón por ello? No, con no juzgarme es suficiente.

Mira, puedes hacer lo que te dé la gana... es tu derecho.

Imagino que hablaste con mi padre. Tranquila, lo dará por hecho.

Ten, al menos, el valor de decírselo a la cara.

(Se cierra la puerta de un golpe)

(Pisadas con tacones)

¿Tan insoportable ha sido?

Insoportable...

Hasta que has aparecido tú.

Siempre he sentido que mi padre me juzgaba por todo lo que hacía.

Desde pequeño... y sé que siempre se ha sentido decepcionado.

No digas eso.

Es tu padre. Precisamente porque es mi padre,

no entiendo por qué se empeña en amargarme la vida así.

No puedes ser así, Rober,

estás en guerra contínua con todo el mundo.

Tu padre será lo que sea;

pero ha sido capaz de tomar una decisión.

Hay quien... no es capaz de tomar ninguna.

Ya hemos hablado de eso,

en cuanto se haga efectiva la fusión pediría el divorcio.

Lo sé... pero, ahora, la fusión está parada.

¿Qué vas a hacer?

Me han ofrecido una plaza en los juzgados de Málaga.

Yo te quiero, Rober...

pero si esto no va a ninguna parte, yo prefiero...

Prefiero no hacerme daño. No, Miriam, tú no, por favor.

Hoy no. ¿Hoy no?

Entonces cuándo...

¿Vas a esperar a que te digan

que te vas a morir para... tomar una decisión?

-Sr. Ayala, mañana voy al banco,

¿tiene que hacer algún ingreso? Algo...

-No sé... mañana llévate

el paraguas que va a llover. -Eso dicen.

-A ver...

Transferencias no hay...

Y... cheques... tampoco hay. No...

No hay cheques, cheques no hay.

-Pues nada, hasta mañana. Gracias. -De nada.

(Música disco)

Te dije que podías confiar en mí.

-¿Al portador? -Ajá...

-Dime una cosa, Víctor, ¿tu mujer sabe algo de esto?

-Sí, sí, sí, sabe... algo.

Algo sabe, vamos a ver, no le he explicado

en profundidad los detalles concretos del negocio;

pero sabe que se hace sí...

-¿Sabe que me das este dinero? -No.

Ese detalle justo no se lo he dicho, aún.

-¿Y si el negocio no sale bien? Porque puede no salir bien.

¿Cómo se lo explicas? -Bueno...

Con confianza, Isabel y yo tenemos una relación

en la que podemos hablar con toda libertad, o sea...

Somos uña y carne.

¿Puedo...?

-Ya... tranquilo, te guardaré el secreto.

-¿Se encuentra bien? -Sí, hace un calor insoportable.

Perdón... le decía que no entendía nada.

-Usted también es dueña

del bufete, ¿no? -Sí...

Pero son mis hermanos quienes lo llevan.

-Su marido sí trabaja allí. -Sí.

Es el director financiero.

-¿A él le beneficiaba de alguna manera la fusión?

-No especialmente, no.

Su trabajo iba a ser el mismo de siempre.

No la voy a engañar,

nosotros siempre hemos vivido muy bien con fusión o sin ella.

En todo caso, me afectaba más en el terreno personal.

-Dice tu padre que la fruta ya no es como antes.

Lo que pasa es que hay que pagarla.

¿Quieres algo para el dolor de cabeza?

Sí... quiero el divorcio.

(SOLLOZA)

(GRITA Y LLORA)

¡Almudena! ¡Almu, Almu!

¡¡¡Almudena!!!

¡Mírame, Almudena...! Almudena... Almudena.

Almudena... eh... mi amor.

(ALMUDENA JADEA)

¿Estás bien?

Este año no hemos podado el manzano...

El próximo invierno.

No te acuestes tarde.

(SUSPIRA)

(Motor del coche)

(Se para el motor)

¿Qué haces aquí?

Dijiste que le echara cojones, ¿no? Pues ya está.

No le echas mucho, aquí parado. ¿De verdad crees que es fácil?

No te has puesto en mi lugar por un minuto.

No... claro que no,

te guardas toda tu empatía para tus clientes.

Además, hay algo que no entiendo.

Bienvenido al club. ¿Por qué soy tan necesario?

Habéis llevado el despacho durante años,

él mismo podría volver a dirigirlo.

Es complicado de explicar.

Eso que me dijiste sobre cambiar el despacho...

¿Realmente lo crees? No he dicho que vaya a ser fácil,

pero sí que lo creo.

¿Por qué...? ¿Has cambiado de idea? No... curiosidad.

¿Vamos...? Vamos.

Pasa... ¿papá?

¿Papá...?

Si quieres, espérame en el jardín que voy a buscarle. Allí al fondo.

Claudia, ¿qué haces aquí? ¿Dónde está papá?

Abajo en el jardín, ¿qué quiers? ¡Claudia!

Nunca podré olvidar ese momento.

Llama a una ambulancia.

¡¡¡Claudia, llama a una ambulancia!!!

(GRITA)

Como si el tiempo se detuviera.

Usted encontró el cuerpo, ¿verdad?

No, él lo encontró.

Lo habéis matado...

Vosotros lo habéis matado. -¿Qué estás diciendo?

Qué coño estás diciendo... ¡Hijo de puta!

(TODOS INTENTAN DETENERLO) ¡¡¡En mi propia casa!!!

No te quiero volver a ver en la vida.

¡Lárgate! Esta mañana estuve con él

y estaba bien. ¿Quién cojones te has creído?

¡Un muerto de hambre! Es lo que eres...

Carlos, mi padre estaba enfermo. Vámonos, Claudia.

Vamos...

Es cierto... mi marido estaba muy enfermo.

Él mismo nos lo contó.

-Le quedaba muy poco tiempo de vida... menos del que creíamos.

Debió marearse y cayó a la piscina.

¿Por qué tenía tan claro

que a don Julio Fuentes le asesinaron?

No hace falta ser Colombo. ¿Usted no lo pensaba?

Las preguntas las hago yo, señor Santos.

No se deje engañar por las apariencias.

Uno de los miembros de esa familia es el asesino.

Me gustaría saber qué pasó

después del fallecimiento de don Julio Fuentes.

¿Qué haces aquí?

No lo sé. Llevo toda la noche dando vueltas.

Ahora pensarás en qué te gastarás el dinero de mi hermano.

¿Por qué no me dijiste que tu padre estaba enfermo?

Él no quería que influyera en tu decisión.

De todos modos, da igual.

No debió esperar a morirse para querer cambiar las cosas.

No me pareció que estuviera tan enfermo.

Pues lo estaba.

Ni se te ocurra volver a acusar a mi familia.

¿Te queda claro? ¿Te queda claro?

No sé tú, pero yo no creo en las casualidades.

Pues puedes creer lo que te dé la gana.

Yo voy a enterrar a mi padre.

La familia quiere que el velatorio sea en su casa.

Sí, claro. En el panteón familiar.

Muy bien. Gracias.

Dejé a los niños con mis padres. -Gracias, cielo.

Tengo que organizar todo el tema de la comida

antes de que llegue la gente.

Recuérdame que llame a Antolín y a Luis María.

Qué disgusto se van a llevar.

No me puedo creer que se haya ido tan rápido.

Al menos, no ha sufrido.

Quédate con eso. -¿Tú cómo lo sabes?

Bueno, es lo que dicen los médicos, ¿no?

¿Queréis café? ¿Agua? ¿Alguna cosa?

No. Si ya está el servicio preparando el desayuno.

No sé qué sentido tiene esto, los velatorios y los entierros.

Si me muero, no quiero que me hagáis nada de esto.

Si lo hacemos por el abuelo, cariño.

Ya verás cuánta gente viene y lo importante que era.

Sergio, tu madre tiene razón.

La vida es un círculo y esta es una manera de cerrarlo.

Julián, por favor, ponme un gin-tonic.

Necesito estar preparada

para afrontar el día de hoy. Mamá.

¿Antes de desayunar? ¿Te parece lo mejor?

¿Por qué no? No me voy a poner a conducir.

Claudia, cielo, ¿cómo estás? ¿Has dormido algo?

No podía parar de pensar que... No sé.

A lo mejor, si hubiera llegado antes.

No, no, no. No pienses eso, cariño.

Lo entiendo. Sí.

Gracias.

Acabo de hablar con la jueza.

A papá le quieren hacer la autopsia.

Una autopsia. Es denigrante. Ya lo hago yo.

Estaba enfermo. ¿Qué más quieren saber?

Mamá, es el protocolo normal en estos casos.

Lo hacen con todo el mundo. Ya te lo explicaron.

¿Te parece bien que nos traten como a todo el mundo?

Hemos trabajado mucho para no ser tratados como todo el mundo.

Creo que nos lo hemos ganado.

La culpa es tuya por traer a ese chico.

Yo no le he traído. Me lo encontré en la puerta

porque quería hablar con papá. Por favor.

¿Qué querías que hiciera? ¿Podéis no discutir más?

¿Qué más da? Siempre poniéndote en mi contra.

¡No me pongo ni a favor ni en contra!

¿Nadie conoce a la jueza que ha ordenado la autopsia?

Yo. Yo la conozco.

¿Y por qué no hablas con ella? ¡Mamá!

¿Y qué quieres que le diga? Que pare la autopsia

para poder enterrar a tu padre.

No es bueno que todo el mundo especule sobre su muerte.

Esta ciudad es un nido de víboras. No te puedes fiar de nadie.

Muy bien. Hablaré con ella.

Veré lo que puedo hacer. Gracias, hijo.

Está bien que alguien se preocupe por esta familia.

No lo dice en serio.

Ya sabes cómo es mamá. No lo piensa de verdad.

No, no. Sí que lo piensa.

Lo que dice de mí, lo piensa de verdad.

(JADEA) Señora, ¿se encuentra bien?

Fuera. ¿Quiere un...?

¡Fuera!

(SUSPIRA)

Autopsia de Julio Fuentes. 75 años.

Signos de ahogamiento por inmersión.

Distensión abdominal.

Piel azulada en rostro,

especialmente, alrededor de los labios.

Procedo a incisión.

Robert.

Robert, qué horror.

Lo siento. Lo siento. Te estaba esperando en casa.

Uno sabe que los padres se mueren.

Roberto, sé que no es el mejor momento,

pero tenemos una conversación pendiente.

Tienes toda la razón del mundo. No es el momento.

La muerte de mi padre no ha cambiado nada.

Sigo queriendo el divorcio. Por favor, no conviertas

esto en algo desagradable. ¿Por qué ahora?

¿Qué ha pasado ahora? Nada. No ha pasado nada.

Nada desde ayer ni en el último mes, ni año.

Llevamos demasiado tiempo igual.

Hablas de tu padre, pero eres igual que él.

Me voy. Si me dejas,

te va a salir muy caro.

Escúchame bien.

Tú te vas a ir de aquí como viniste.

Depende de cómo te portes, quizás, un poco mejor.

Te recuerdo que tenemos un acuerdo prematrimonial

de separación de bienes. Un acuerdo sin validez

si demuestro que te has acostado con otra.

Es eso. Crees que estoy con otra.

No te entra en la cabeza

que no quiero estar contigo porque no te soporto.

¿Crees que te vas a librar de mí así como así?

Me parece tan horrible que le vayan a hacer

la autopsia a mi padre. -Bueno, no te preocupes.

Es solamente una formalidad. -¡Víctor!

-¿Qué pasa? -¿Qué pasa? Que imaginarme

a mi padre encima de una mesa de esas

y una persona abriéndole, ya me dirás.

He hablado con el albacea de papá.

Nos espera en dos horas para leer el testamento.

¿Estamos locos? ¿No pueden esperar hasta que le hayamos enterrado?

Si queremos firmar la fusión,

mejor saber las cartas con que jugamos.

Víctor, necesito un estado detallado de las cuentas.

¿Puedes tenerlo tras la firma?

Sí. Pero ya mandé un balance a Londres

cuando me dieron el visto bueno.

Nos van a poner un auditor para supervisar las cuentas.

Después de que papá detuviera la fusión, quieren revisarlo todo.

¿Nos van a poner un auditor?

Si en el balance aparece todo: las entradas, las salidas.

Está ahí todo. -Lo quiero actualizado y detallado

hasta la última bombilla. Que por nosotros no quede.

¿Hay algún problema? -No. ¿Qué problema va a haber?

Almudena, bueno... -Vale.

¿Y a ti qué te pasa? -Hace calor.

Pues quítate la chaqueta. -No.

Me voy al jardín.

Jaime, soy Víctor. Necesito hablar contigo.

Es muy importante.

(RESOPLA)

¿Usted sospechaba algo de lo que su marido hacía

a sus espaldas? -No. No. Por supuesto que no.

Ojalá lo hubiera sabido antes.

¿Y por qué cree que su marido no miente ahora,

cuando dice que no tuvo nada que ver

con la muerte de su padre? -Es imposible.

Mi marido es incapaz. Si se marea con la sangre.

¿Y de su hermano Roberto?

¿Cómo estás? Cansado.

¿Has dormido algo? Nada. No descanso.

No, no. Aquí no, Robert.

¡Dios! Qué ganas tengo de dejar de esconderme.

Pronto no tendremos que hacerlo.

Necesito que pares la autopsia de mi padre.

Sabes que no puedo hacer eso.

Mi padre era un enfermo terminal.

¿Sabes el daño que esto le puede hacer

al prestigio del bufete y a la familia?

Creo que voy a marcharme. ¿Adónde vas?

No me parece normal lo que me estás pidiendo.

¿Puedo pedirme al menos discreción?

La prensa se cebará con nosotros

cuando salga la noticia de la autopsia.

Si los resultados no dan nada extraño, no la haré pública.

Bien. Nadie lo sabrá.

Miriam, ayer le pedí el divorcio a mi mujer.

Pues, entonces, voy a pedir que alguien me sustituya hoy mismo.

No quiero volver a tener una conversación así contigo.

No me parece ético que trates de influirme de esta manera.

Vale, vale.

Está bien. Siento haberte puesto en un compromiso.

Pero no volverá a pasar. ¿Tú sabes lo que yo me juego

si esto se descubre? Lo sabes, ¿no? Sí.

Buenas a todos.

He hablado con la jueza. Serán discretos con la autopsia.

Gracias, hijo. Sabía que podía confiar en ti.

Disculpa, Luis. Podemos empezar.

Lo siento, pero todavía no estamos todos.

Disculpen el retraso. Había un poco de tráfico.

¿Pero tú qué coño haces aquí?

Lo mismo que tú. Por cierto...

Esto es tuyo.

Así es, Roberto. Tu padre dispuso

que él también estuviera presente. Siéntese, por favor.

Bien. Como sabéis, me unía a vuestro padre

una profunda amistad de muchos años

y su muerte ha supuesto un duro golpe para mí.

Al grano, por favor, Luis. A este paso, me vais a tener

que enterrar a mí también.

Claro, Pilar.

Don Julio Fuentes Álamo, nacido en Madrid

el día 12 de mayo de 1941, vecino de Madrid,

manifiesta su propósito de otorgar testamento abierto,

para lo cual tiene, a mi juicio, capacidad legal suficiente.

Y a tal fin, expresa en este acto su última voluntad

en la forma siguiente:

Lega a su citada esposa y a sus hijos a partes iguales

el usufructo vitalicio de todos sus bienes,

relevándoles de fianza e inventario y facultándoles

para posesionarse del legado.

¿No lo oís? ¿No lo oís?

Es papá. Riéndose de nosotros en nuestra cara

desde donde coño quiera que esté.

Parece mentira que no conocierais a vuestro padre.

Yo le ayudé a llegar hasta donde llegó.

Y así es cómo me lo paga.

Si papá así lo quería, tenemos que respetarle.

Por mucho que nos cueste, es su hijo.

Sus derechos tendrá. Te recuerdo que ayer acusó

a tus hermanos de haber matado a tu padre.

No lo estoy defendiendo. Estoy defendiendo a papá.

Cómo no. Qué engañados os tenía a todos.

Además, no sabemos si realmente es hijo suyo.

¿Quién no nos dice que sea un farsante?

¿Pero qué dices? Que apareció de la nada

de un día para otro. Pide una prueba de ADN o algo,

pero ese tipo no se llevará nuestro dinero.

¿Cómo pedirás una prueba de ADN si así solo bloquearías

el testamento? Si el chico recurre, lo retrasaremos años.

¿Podemos pensar? Sí.

Cálmate. Se me va la cabeza, Dios.

No sé ni lo que digo.

Lo que está claro es que mañana tras el entierro,

firmamos la fusión. Ni hablar.

A ver, ¿no os dais cuenta? Papá no quería firmar esa fusión

por alguna razón sería, ¿no?

Tu padre no necesitaba motivos para meter la pata.

Eso, escucha a mamá, Claudia.

Papá, ya no está, Claudia, no va a volver.

Somos seis personas con voto en el despacho.

A todos os parece bien, ¿soy la única que respetará

la voluntad de papá antes de morir?

¡Y tú, ¿no dices nada?!

Hija, yo voy a estar de vuestra parte siempre.

A lo mejor eres tú la que debe decidir

de qué lado está.

Carlos, ¿te parece bien irte así, sin más?

Tenía miedo de que tu hermana me volviese a pegar.

Muy gracioso.

¿Qué vas a hacer? ¿Te manda ella para preguntarme?

¿Eres la chica de los recados? Se acabó.

¿Sabes? Ahora lo más tentador

es salir corriendo y no mirar atrás.

Pues vete si quieres, me da igual, pero que sepas que la voluntad

de mi padre era que fueras parte de su herencia.

Habla claro, ¿cuál es la tuya, cuál es?

Te necesito, ¿vale? Dentro del despacho ayudándome.

Como quería tu padre.

Pero también como quiero yo.

Mi padre paró la fusión del bufete con un despacho inglés

cuando estaba casi cerrado.

¿Cuándo pasó eso?

Hace dos días.

David. Hombre.

Qué pasa.

Oye, ¿te pegaste con un cliente?

No, con un abogado. Y yo que creía

que solo pegaban a periodistas.

Si te dan una hostia es que te la ganaste.

Pues es verdad. Bueno, ¿qué averiguaste?

Todos saben que el despacho Fuentes

conversa con el despacho Morgan & Richardson.

Guardar un secreto en este país es muy complicado.

¿Y a quién favorece ese negocio?

¿En serio me lo preguntas?

A los Fuentes, ellos salen beneficiados.

Amplían capital, cartera de clientes

y se sacan un pastizal. Se ponen aquí arriba, joder.

¿Y si los Fuentes decidieran parar la operación, qué pasaría?

¿Por qué iban a hacerlo, sabes algo?

No, joder, es una hipótesis. Si se retiran de las negociaciones,

al día siguiente otro despacho negociaría con los ingleses.

¿Otro despacho? A los ingleses

les da igual pactar con uno u otro.

Si no lo hace con los Fuentes, será con los Ortega

que están en segunda posición.

Esos tipos nunca pierden o si lo prefieres, siempre ganan.

Y tras una crisis hay mucho negocio y lo saben

y tienen claro entrar en el mercado español.

Y creo que me toca ya, oye, esta no te la cobro.

Bueno, a una caña te puedo invitar. Me gusta eso.

Para ti.

Gracias.

El señor Carlos Santos, su hermanastro,

asegura que ustedes asesinaron a su padre.

¿Y ese chico tiene pruebas de lo que dice?

Porque si no las tiene, la palabra de ese muerto de hambre

vale tanto como la de toda

esa gente que odia a mi familia y son unos cuantos.

¿Y si se demostrase todo esto, usted desconfiaría de alguien,

de alguna de sus hermanas?

Si se demostrase que alguna de mis hermanas tiene

algo que ver con la muerte

de mi padre, yo me encargaría de hacer justicia

con mis propias manos.

No me contestó a la pregunta, señor Fuentes.

Creo que está bien, ¿pero vendrá mucha gente?

-¿Está bien? Es una barbaridad,

no sé por qué hay tanta comida.

-Estás bebiendo mucho, ¿no crees?

-Sí, bueno, estoy nerviosa.

¿Y Víctor?

-En casa con los niños.

¿Julián? -En casa con las cajas.

Mañana vienen los de la mudanza.

-¿Te vas a ir al final?

-Sí, claro que me voy a ir.

Hombre, si se firma la fusión, sí.

-Ya. -¿Por qué, qué pasa?

-Nada. -No sé, ¿no te parece bien?

-No, me parece, no, Almu, pensé que con la muerte de papá,

a lo mejor cambiabas de idea.

-¿Y por qué tendría que cambiar de idea?

Lo he planeado hace un mes.

Además, ya tengo reservado el colegio de Sergio.

-Vale, pero... Bueno, ahora ahora mamá nos necesita a todos.

-A ver, Isa, me voy a Londres, no a Tombuctú, si mamá me necesita,

estoy a dos horas de avión es que no sé cuál es el problema.

-Ninguno, perfecto, todo, ya nos apañaremos.

No, no te enfades, cielo.

¿Se lo has dicho ya a mamá?

-No.

¿Por qué le tiene usted miedo a su madre?

Yo no le tengo miedo a mi madre, ¿qué clase de pregunta es esa?

Todo el mundo dice

que no se atreve a enfrentarse a ella.

Mi madre tiene un carácter difícil,

no es fácil convivir con ella, pero nada más.

¿Por eso usted quería viajar a Londres para alejarse de ella?

Si usted lo quiere decir así.

Pero claro, la decisión de su padre de parar la fusión,

impidió que usted lo hiciera. No maté a mi padre.

No se imagina la de veces que he escuchado últimamente.

Mamá, yo pues no sé, creo que este podría estar bien.

Ese lo estrenó hace poco.

No le dio mucho tiempo a ponérselo. Ay.

Mira.

La cartera de papá.

No me lo puedo creer.

A tu padre le gustaba mucho llevar fotos vuestras.

Esa tuya le gustaba, especialmente.

Pues no sabía nada, mamá, nunca me lo dijo.

Tenía que haber hablado mucho más con él.

Sí, pero tu padre era un hombre de muy pocas palabras.

La pena es que no se hubiese callado

al final de su vida.

Quédate con la cartera, a él le gustaría que la tuvieras.

Desde la funeraria vienen a por el traje.

Sí, yo se lo llevo.

Ay, tu hermana Isabel.

Está más centrada.

Aunque no se casó muy bien, eh. En cambio, Almudena, oh...

Qué débil es, aunque la culpa es mía porque la protegí demasiado.

Mamá, ¿empezarás a darme a mí también?

En ti es en el único en el que puedo confiar.

Tu padre tenía muchos defectos, pero mantenía esta familia unida

eso no se le puede negar.

Ahora, tú tienes que ocupar su lugar.

Yo no soy como papá. Ni yo quiero que lo seas.

Lo que quiero es que nadie destruya esta familia.

Hay mucha gente deseando acabar con nosotros.

No permitiré que nadie os haga daño, estate tranquila.

Marieta, María José,

muchísimas gracias por acompañarnos.

Mi padre siempre os apreció mucho.

Si me disculpáis.

Un segundo, mamá.

Te acompaño en el sentimiento. Gracias.

Tu padre era un gran hombre.

-Lo siento mucho. Muchas gracias a los dos por venir,

ha sido todo inesperado, muy duro.

¿Muy conveniente, no? ¿Perdón?

Os damos 48 horas para que toméis una decisión

sobre la fusión y 12 horas después el problema está ahí

dentro de una caja de madera. Espera un momento, disculpadme,

llevo muchas horas sin dormir

y no estoy seguro de qué cojones insinúa este...

No insinúa nada.

Mi padre estaba muy enfermo, ¿con qué clase de familia

crees que tratas, chaval? Siento si Rafael te ofendió,

pero solo tratamos que nuestro despacho no se perjudique

si en algún momento se destapa algún asunto turbio.

Te juro por mi padre que aquí no hay ningún asunto turbio.

Eso espero.

Por eso supongo que no os importará que Rafael se quede en Madrid

para encargarse de la auditoría de las cuentas.

¿Debe ser él?

Mi mano derecha. Qué bien.

Por supuesto que sí,

las cuentas del bufete están saneadas.

Eso es algo que decidiré yo

para eso me pagan.

Preséntale mis condolencias

al resto de tu familia. Así lo haré.

Jaime, gracias por venir.

-Víctor, es lo menos que podía hacer.

Lo siento mucho. -Bueno, ya sabes

cómo son estas cosas.

-Sí, a ver si cambia la racha, nos vendría bien a todos.

-Sí, un golpe de suerte no nos vendría nada mal, no.

Hola, Jaime, ¿no?

Sí, Isabel.

Sí. Siento mucho lo de tu padre.

Muchas gracias por venir, Jaime.

Os dejo.

Joder, tu mujer tiene confianza ciega en ti, eh.

Ven un momento, anda.

Empiezo a cansarme de tus comentarios.

Ocúpate de que todo salga bien por nuestro bien.

-¿O qué? Nadie te obligó a entrar en el negocio y más te vale

que el dinero que me diste sea limpio porque

no me comeré tu mierda, ¿entendido? -Sí, Jaime, sí.

Sí, perdóname, es que estoy muy nervioso.

Todo esto me está superando. El dinero que te di

lo cogí de la cuenta del despacho

y van a hacer una autoría, necesito recuperarlo, ¿puedo?

-No se puede, el dinero está ya invertido.

-Claro, claro, voy a acabar en la cárcel, Jaime.

Mis hijos crecerán sin padre. -Tranquilo, el negocio

va a ir bien, pronto recuperarás el dinero y tendrás más, seguro.

Acuérdate de lo que decías. -¿Qué decía?

-Que cuando tuvieras beneficios lo devolverías

y darle en la cara a la familia de tu mujer

demostrándoles lo que vales.

Mira, Víctor, lo peor en los negocios

es acobardarse a mitad de camino.

No te olvides esto.

¿Quién era ese?

¿Quién... quién era quién?

El del traje azul con el que discutías ahí fuera.

Ah, ah, era... era un amigo, un compañero, pero no discutíamos.

Con tu permiso, es que voy a...

¿Un compañero del bufete?

No lo conozco.

Sí, o sea, no, no, no, un compañero de pádel,

es un compañero de pádel, estoy ahora dándole

y, bueno, vino a presentar sus respetes.

Así que ahora juegas al pádel.

¿Lo sabe Isabel? ¿El qué?

Lo del pádel. Claro que lo sabe,

estamos practicando los dos,

estamos entrenando mucho nuestro revés.

Te decía...

Que el pádel desestresa

y libera muchas tensiones.

Eh... ¿Tú nunca...?

No, a mí no me gusta jugar si no es para ganar.

No te olvides.

¿Cuándo conoció a su marido?

Yo tenía 18 años, fue en casa de mis padres.

Él era de origen humilde. Sí.

Pero tenía potencial para llegar hasta donde llegó.

Eso se veía a la legua.

Si no, no me habría casado con él.

Precisamente, a todos los que he preguntado,

dicen que nunca le llevó la contraria

y que llegó donde llegó gracias a usted.

Sí... eso dicen.

Justo el día que sí le lleva la contraria, aparece muerto.

Casualidades de la vida.

¿Por qué cree que alguien de su familia destruiría a su padre?

¡Hijo de puta!

Destrúyelo, ¿me oyes? No dejes que se salga con la suya.

Mi padre siempre ha sido mi mejor amigo.

Lo más voy a echar de menos es escucharte hablar de ellas.

Hay mucha gente deseando destruirnos.

Sé que tú nunca me fallarás.

Si a tu padre lo mataron por parar la fusión, estás en peligro.

¿Te ha seguido alguien?

Debemos darnos prisa, las cosas se ponen feas.

¡Te lo he dicho mil veces, Víctor!

No perdono la traición.

¿Te piensas ir muy lejos?

Quién era el del súper. -No vuelvas a ponerte en medio.

Siento haberla hecho esperar.

¿Dónde estuvo aquella noche?

Ya sé lo que ha pasado con el dinero y tú.

-Te preocupas mucho por mi marido. ¿Lo sabe alguien más?

-Están tras la pista y pronto lo averiguarán.

Tengo que acabar esto.

Ahí se sienta mi padre.

Toda esta situación se me está yendo de las manos.

¿Sabes cómo se ataca a una serpiente de dos cabezas?

Haciendo que se arranquen una a la otra la cabeza.

Dañas a la gente a tu antojo.

¿Pero qué sabes tú del dolor?

¿Esto es una amenaza? -Soy la jueza de Instrucción.

Va siendo hora de que nos ocupemos en serio de esa chica.

Yo no soy de las que pierden, pero puedo hacer que los demás pierdan.

No me obligues.

Traición - Capítulo 1: Una familia feliz

28 nov 2017

Julio Fuentes (Helio Pedregal) reúne a su familia y revela dos secretos que afectarán a todos. Además ordena detener el proceso de fusión que se está negociando con un bufete inglés. Existen demasiados intereses y dinero en juego y sus hijos tratarán de convencerlo para que reconsidere su postura. No todos están de acuerdo con determinadas decisiones, y las noticias sientan como un jarro de agua fría. La aparentemente bien avenida familia comienza a resquebrajarse.
Junto a Julio, a la cabeza del clan también se sitúa Pilar (Ana Belén). Son los padres de Almudena (Nathalie Poza), hija mayor y abogada; Roberto (Pedro Alonso), segundo hijo, también abogado y actual director del bufete; Isabel (Manuela Velasco), socia del bufete, pero que no trabaja; y Claudia (Natalia Rodríguez), la pequeña de la familia y también abogada. Sus relaciones con otros miembros de sus entornos familiares o profesionales forman las tramas e intrigas de la ficción.

Contenido disponible hasta el 28 de septiembre de 2067.

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  1. jonathan

    es una serie muy buena, que merece una segunda temporada, saludos desde colombia

    08 may 2018
  2. Graciela

    Ignoro como realizan las mediciones de audiencia en España, supongo que como en la mayoría de los países. Desde sudamérica veo Traición, a través de su página y, me he enterado que no habría segunda temporada. Lamento mucho, primero porque se pierde una serie con calidad actoral, segundo porque el rating o las mediciones de audiencia parecen valer más que la calidad. Entiendo que el espectáculo es un negocio, pero no siempre se interpretan bien las cifras. Tenemos el caso de Sense 8, levantada por su costo vs. bajo rating, hasta que los seguidores se unieron y lograron que se le diese el lugar y el cierre que merece. Mis saludos, con esperanza que no todo sean números. Mes hommages a la Sra. Ana Belén, querida por todos los uruguayos. Saludos al elenco tan sólido.

    25 feb 2018
  3. Mercedes

    No puedo ver la serie

    27 dic 2017
  4. Marta

    No puedo ver la serie en la tabletas y nunca he tenido ningún problema con otras series

    25 dic 2017
  5. Marisasmdp

    Muy buena , como hago para verla con chromecast ?

    04 dic 2017
  6. paqui

    buenisima desde bahrain

    03 dic 2017
  7. marisol

    por que no veo el capitulo 1 a la carta?

    03 dic 2017
  8. Delia Moreno Yepez

    Primer capítulo, me engancho, me encantó. Parece será una muy buena serie, desde México, D.F. Delia Moreno Yepez

    03 dic 2017
  9. Ana ST

    No funcionan los enlaces para verla... :(

    02 dic 2017
  10. isbel m.aranda

    muy buena, me gustó muchisimo. gracias por subirla.

    02 dic 2017