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(Música)

(Escritura a mano sobre papel)

(Alarma despertador)

(Alarma despertador)

(Alarma despertador)

¡Mierda!

(Música pop)

¡Teresa! ¡Teresa! ¡Que te olvidas el sándwich!

(Risas)

¡Teresa!

Fátima. -¿Cómo llevas el examen?

¿Cuál de ellos? -¿Cuál va a ser?

Mi vida entera es un examen. -Literatura.

Eso es una maría. -Tú, que crees que la literatura

empieza con "Los juegos del hambre". -Molaría. Cuidado, la priora.

La muy zorra llamó a mi padre otra vez.

Las hay que se aburren. -Mucho.

Gorda, ¿qué te dije? En este colegio no se pueden llevar turbantes.

Vete a comer cerdo, mora de mierda. -¡Quita!

¿Qué, qué, qué?

Ahora, ¿qué? Ahora, ¿qué? -¿Qué hacéis aquí? ¡A clase!

Vamos.

-Teresa

de Jesús.

¿Os suena? Nació aquí, en Ávila.

Si os digo este nombre, pensáis en reliquias, milagros

o monjas pasadas de éxtasis.

(Risas)

Teresa fue una mujer escritora,

algo muy difícil en su época.

Y emprendedora.

Al final de su vida fundó 17 conventos,

enfrentándose a los poderes establecidos

en busca de su propia libertad.

Tuvo que superar muchos obstáculos, por ejemplo, Teresa padeció,

durante toda su vida, una enfermedad muy dolorosa.

No se sabe a ciencia cierta, pudo ser una enfermedad neurológica,

brucelosis, epilepsia.

Otros hablan de bipolaridad, depresión.

También se enfrentó a la Inquisición,

que quiso juzgar a esa mujer tan rara y tan guapa.

-¿Al final qué pasó? ¿La Inquisición quiso quemarla?

-Ah, leed el libro.

(Timbre de final de clase)

(CHICO) Madre mía, qué coñazo, tío.

-Teresa, no has entregado los dos últimos resúmenes.

Estás ausente en las clases. ¿Dónde está esa chica

que no paraba de leer y de hacer preguntas?

Hoy te has dormido en clase. -La medicación me deja KO.

(SUSPIRA) Sé que estás pasando un momento complicado.

Yo también perdí a mi madre cuando era muy joven, ¿sabes?

Sé que no es nada fácil.

Si necesitas cualquier cosa,

sabes que puedes contar conmigo, ¿de acuerdo?

Toma, creo que te interesará. ¿Te animas a hacer un resumen?

(HOMBRE) Os pueden quemar. (MUJER) Respira, Teresa.

No.

¡Quita! -¡Quieta!

¡Quieta! -¡Dejadme! ¡No!

¡Abre! -¡Tómate la pastillita!

¡Cállate! -¡Cállate, loca!

¡Gilipollas! -¡Muérete como tu madre!

(SUSURRA) Mierda.

Joder, mierda.

(Señal de fallo de conexión)

¡Joder!

Ay, ¿dónde están las pastillas?

Aquí.

"Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia

para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me hizo,

me la dieran para que muy por menudo y con claridad

dijera mis grandes pecados y ruin vida.

Recuerdo que, al abandonar mi casa, pensaba que la tortura

de la agonía y de la muerte no podía ser peor

a la que experimentaba yo en aquel momento".

Pasa.

Harto difícil me sería explicarlo, reverenda madre.

Busco en la vida monástica

un camino de perfección.

De pequeña, cuando no jugaba a los caballeros con mis hermanos,

construía ermitas en el jardín.

Solicito ingresar como novicia en esta casa

sin el beneplácito de mi padre.

¿A hurtadillas?

¿Una mujer de vuestro rango?

¿Cuáles son las razones?

Que a mi padre, el pesar le partiría el corazón.

No quiero ser testigo de eso.

Además, no quiero que malgaste dinero en lo que para mí es...

un camino de privaciones.

Bueno sería pronunciar mi voto de pobreza

con la dote de un hidalgo en las manos.

Por eso decidisteis adoptar el apellido de vuestra madre.

Fama es que os hacéis llamar

Teresa de Ahumada,

en lugar de Sánchez de Cepeda.

Yo quería mucho a mi madre.

Murió después de diez partos, a cada cual más doloroso.

Ella me enseñó a leer. Leía mucho.

Y yo, a su amparo, heredé tan buen hábito,

tanto que si no tenía libro nuevo, parecía no tener contento.

Vuestra corta edad parece comprender que los libros

son el mejor camino para llegar a Dios.

Confieso que me es difícil rezar sin ellos, reverenda madre.

Mostradme vuestra patente de hidalguía.

Pero no tengáis la menos duda

de que tanto mi padre como mi madre son cristianos viejos.

¿Su padre y su madre, dice?

Sí.

¿Y vuestros abuelos?

Juan Sánchez e Inés de Cepeda.

Quizá nos seo ocioso contar con el consentimiento de vuestro padre

para lograr la patente y, de paso,

no descartar una dote.

¿Cómo creéis, si no,

que estas casas de Dios se mantienen?

Te equivocas si piensas que encontrarás aquí

una vida diferente a la de fuera.

Nuestro retiro no deja de ser un reflejo de la sociedad

que querías dejar atrás.

Muchas de las monjas son creyentes, sinceramente convencidas,

con vocación religiosa, pero otras

son solteronas de buenas familias,

viudas piadosas, hijas rebeldes, descarriadas de alcurnia.

Son las monjas de velo negro, porque aportan dotes suficientes,

saben leer, pero solo ellas pueden tomar decisiones.

No te olvides de que la priora desciende de una familia poderosa.

Muchas de estas familias se sirven de los bienes de los monasterios

para acrecentar su hacienda.

Las de velo blanco, en cambio, al no haber aportado dote,

nos empleamos en las tareas domésticas

y no podemos tomar decisiones.

Y luego están las doñas. Traen consigo sus vestidos,

alimentos, incluso a sus perros y criadas.

(Salmo cantado)

Nuestra rutina diaria:

dos horas de rezo en voz alta y compartido.

Los temas son siempre los mismos.

Los lunes, el pecado. -Los martes, la muerte.

Los miércoles, el infierno. -Los jueves, el juicio.

Los viernes, la Pasión de Cristo. -Los sábados, Nuestra Señora.

Los domingos, la gloria de la vida eterna.

Y el lunes, vuelta a empezar.

A continuación, dos horas de labores en la sala común.

Sin olvidar los relevos,

que hemos de cumplir en honor de nuestro benefactor,

Bernardo Robles, enterrado en el presbiterio.

¿Por qué? Es absurdo. El buen hombre

donó a la Encarnación toda su fortuna.

A cambio exigió que desde el día de su muerte

hubiera siempre una monja arrodillada ante su tumba,

día y noche por los siglos de los siglos.

Dime que no hay más obligaciones.

El locutorio, donde recibimos visitas

y procuramos dar consuelo,

espiritual, si cabe darse, a cambio de una limosna.

(Monedas cayendo en cuenco)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Teresa.

¿Qué tienes?

(Móvil, vibración)

¿Teresa? -Papá.

No te oigo, me... (SE ENTRECORTA) -Papá, escúchame.

Estoy encerrada en el almacén...

(Llamada cortada)

¡Mierda!

¡Por favor! Estoy aquí, ¿me oye alguien?

¡Por favor!

(MUJER) (RESPIRA CON DIFICULTAD)

(SE ATRAGANTA, TOSE)

Por piedad...

(TOSE, SE ATRAGANTA)

(TOSE)

Vieja.

Religiosa de Lisboa, como sea que digáis llamaros.

Terminar vuestro padecimiento es tan sencillo

como reconocer vuestro teatro.

Hacedlo y la tortura finalizará.

Vos os servís de mil y una argucias para hacer creer a los demás

que Dios pinta llagas en vuestro cuerpo,

que dibuja aureolas en vuestra cabeza, que os hace levitar.

Vos no propagáis la fe cristiana,

sino el deseo de nigromancias y orgías.

Vos no sois una santa.

Vos no obráis milagros.

Vos sois una alumbrada.

Repetid conmigo.

(TOSE, SE ATRAGANTA)

(ATRAGANTADA) Deteneos, deteneos, por caridad.

(ATRAGANTADA) Por caridad.

Diré lo que vos queráis.

Repetid conmigo: "Todo era una farsa.

Yo soy una alumbrada".

Yo soy una...

alum...

Sangre. Cese el tormento.

(LLORA)

-¿Os halláis indispuesto, Salazar?

Gracias, excelencia.

No sabía yo de estas debilidades.

Toda mi vida he estado rodeado de libros y manuscritos.

Mis ojos no están hechos a la... mortificación de la carne.

Pues acostumbraos,

al menos si queréis progresar en el Santo Oficio.

El judaísmo, los luteranos, las alumbradas,

todos ponen en peligro el dogma de la fe católica.

Comprenderéis que no podemos ser escrupulosos

al extremar ciertas medidas.

Sabemos que detrás de personas aparentemente cristianas

se esconden las peores prácticas judaizantes.

Comprendo, excelencia. Excelencia.

Como vos bien sabéis, soy jurista.

pero mi mayor afición son las letras.

Mi tío me habló de ciertos nobles del reino

ante los que vos podríais introducirme.

Seguid investigando a la vieja.

Acabemos primero con la sangre, reverendo.

La sangre.

Ya hablaremos de las letras.

(Gritos angustiados de mujer)

Mi hermana os ruega que os acerquéis a hablar con ella.

Ten cuidado, dicen las gentes

que tiene mucho temperamento y poco juicio.

Ave María purísima.

Sin pecado concebida.

Soy Guiomar de Ulloa.

¿Acaso mi hermana os haya hablado de mí?

No era menester, vuestra merced es persona principal.

Entonces no me reconocéis.

Mi esposo y yo fuimos amigos de vuestro hermano Rodrigo

en la época en que vos estabas convaleciente con vuestro padre.

Por cierto,

¿tenéis nuevas de vuestro hermano?

Recibimos noticias de su muerte el pasado mes de marzo.

durante una batalla en las Indias, en el Río de la Plata.

Goce de Dios en su santa gloria.

Yo también perdí a alguien muy querido poco ha.

Imaginad, viuda a mi edad y con cuatro hijos.

Desde entonces, todo me resulta ajeno,

vacío.

Estos trajes me aprietan, me asfixian.

Sin embargo, soy incapaz

de desprenderme de todo el lujo que me rodea.

No sabéis, señora, hasta qué punto os entiendo.

Me han dicho que vos habéis entrado en la Encarnación

en procura de una vida más auténtica y recogida.

Yo también necesito encontrar un camino.

El camino.

Nada te turbe.

Nada te espante.

Ellos están con nosotros,

en nosotros.

La vida es para siempre.

(HOMBRE) 25 fanegas de cereales al año

o, en su defecto, 200 ducados.

Ropa de cama.

¿Qué es esto, Juana? ¿Qué ha de ser? Es tu dote.

Hermana, ¿cómo le habéis dejado? Ya lo conocéis.

Cuando se le mete entre ceja y ceja nadie lo convence de lo contrario.

¿A quién me recordará? Gasta un dinero que no tiene.

Trajo la patente de hidalguía.

Se puso furioso cuando vio que vinisteis sin ella.

Con la patente y la dote ya podéis tomar el hábito.

(HOMBRE) Se incluye en la lista

un banquete para todas las hermanas del convento.

-Teresa gozará de tan buena salud aquí como en vuestra casa,

don Alonso. Esta misma tarde cambiaré a Teresa de aposento.

(Aplausos)

(Salmo cantado)

Ave María purísima.

Sin pecado concebida.

Madre, ¿os encontráis bien?

Sí, doña Guiomar,

solo que me cuesta adaptarme a las fatigas de la Encarnación.

Si por el motivo que fuera

no hallarais paz en esta casa,

haced la merced de aceptar la mía.

Ave María purísima. -Ave María...

Sin pecado concebida. Ando preocupado.

Esta situación es trágica. -Ayúdame a superar esta pena.

-Ave María... Sin pecado concebida.

-Estoy desesperada, mi marido está enfermo.

-Ayúdeme, madre. -Ave María...

-Para ordenar y catar las cosas que había menester

para las... y la Virgen fuese a Nazaret, a casa de su padre

y de su madre, y apareció el ángel y saludola diciendo:

"Ave María, gracia plena"... -Ave María purísima.

-Ave María purísima. -Ave María...

Sin pecado concebida. No puedo soportarlo.

Vengo a pedir su ayuda. Sin pecado concebida.

-Ave María purísima.

(Salmos cantados)

Sin pecado concebida.

Espero que tengáis algo verdaderamente notable que contarme.

Descuidad, excelencia.

¿Y bien?

Después del último interrogatorio, volví aquí,

a la guarida de la religiosa.

Ella intentó fundar en esta casa una congregación de mujeres

sin bula papal

ni permiso de la Corona que autorizara dicho ejercicio.

¿Podéis contarme algo que aún no sepa?

¿Os he contado que en mis años mozos me interesé por la magia?

¿También la magia? Blanca, por supuesto.

Menos por Dios, os interesáis por cualquier cosa.

Un pecado venial, sin embargo, Dios ha querido perdonarme

transformándolo en algo de provecho.

La religiosa sedujo a buena parte de esta población

a través de supuestos milagros.

Y su excelencia se preguntará: ¿cómo?

Magia.

Refrescando la memoria, excelencia,

¿de qué milagros hablaba la gente?

Lo de siempre, llagas en la mano, luz santa, levitación.

Encontré este hato escondido en una trampilla,

bajo el entarimado. Son comunes en cualquier casa.

¿Ensangrentados?

¿Conocéis las propiedades de la luz, excelencia?

¿Soy párvulo y vos, mi maestro?

La mayoría de las veces

desconocemos cómo reaccionará el ojo

a los efectos de los rayos solares. Habláis como un luterano.

No me debo explicar bien, excelencia.

No, nada bien.

Y mi paciencia se agota.

¿Y ahora?

¿Habéis bebido, Salazar?

Cristo divino.

¿Y la levitación?

Teresa, ábreme, por favor.

Ahora no, Juana. Teresa, tienes que comer.

Déjame, quiero estar sola. Teresa, no seas tan terca.

¿Cómo no vas a tener hambre si llevas tres días de ayuno?

¿Sigue igual? Lo mismo.

Santa Madre de Cristo.

Tenemos otra fanática en el convento.

Pero, reverenda... Ya se le pasará.

No es la primera ni la última.

Intenta tomar atajos para llegar a Dios.

A veces me vienen leyendo a deshoras sin yo esperarlo.

Es un sentimiento muy grande.

que me hace creer que Él está dentro de mí

o que yo estoy toda dentro de Él.

¿En qué estáis pensando cuando esto os acontece?

En nada.

No se puede pensar en nada.

A veces, leer ayuda.

Incluso estar enfermo ayuda.

No poder dejar de pensar en la enfermedad ya es un paso.

Y después llega habiendo dolor,

pero es un dolor sabroso.

¿Anoche por qué me dijo eso?

"No tengas miedo, que yo te daré libro vivo".

¿Libro vivo?

¿Qué quiso decirme.?

¿Quién?

Luego soñé que el padre de Nuestro Señor San José

me daba las llaves de una casa. ¿Por qué?

Y sentí mi cuerpo troceado y repartido por distintas tierras.

¿Por qué?

Vuestra merced no me cree.

Os creo, Teresa.

Por eso querría que aceptarais convalecer en mi casa.

No.

¿Por qué?

No pienso salir de aquí. Él está aquí.

Aquí no hacéis sino encerraros en vos misma

e incumplir vuestro voto de obediencia.

¿Y si el voto de obediencia desobedece las órdenes de Dios?

En mi casa no tendríais otro dueño. Es que no comprendéis.

Vaya adonde vaya, no estaré siendo verdadera.

Tonterías.

En toda Ávila ya se habla de lo buena monja que sois.

Y lo soy.

¿Y por qué dudarlo? Porque dentro de estas paredes

todo se va en visitas, en cotilleos y en rutinas.

Y yo mientras, no consigo encerrarme dentro de mí

sin encerrar conmigo mis vanidades.

Pero vos hacéis un buen servicio a los vuestros.

Dios está primero.

A mi parecer, una puede desear estar a solas con Dios,

siempre que no haya por medio cosas que toquen en obediencia

o aprovechamiento del prójimo.

¿Teresa?

Respira, Teresa, respira.

Padre.

¿Me habéis perdonado?

No tenía nada que perdonarte, Teresa.

En todo caso, tendrás que perdonar tú

el viejo orgullo de tu padre.

Aunque precisamente es esto lo que quería evitarte.

De nuevo enferma y sin nadie que te cuide.

Dios velará por mí.

Vuelve conmigo a casa, Teresa.

Yo velaré por ti.

Las intenciones del alma podrán más que las servidumbres del cuerpo.

De acuerdo.

No insistiré más.

Si has menester soledad, la tendrás.

Pero tu padre aguardará ahí, detrás de la puerta,

hasta que te hayas recuperado.

(Ruidos de hambre del estómago)

¿Qué os pasa, padre?

Nada, nos disponíamos a dejaros a solas... con Dios.

Juana.

Probaré un poco de ese caldo,

que no he de ser yo excesivamente orgullosa.

Tenéis razón.

Dios también anda entre los pucheros.

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

Dicen, excelencia, que vos desenmascarasteis

a una de las milagreras más famosas de Toledo.

Os felicito. -Os lo agradezco,

pero no es mérito mío.

Mi discípulo, Rodrigo Salazar.

Ávila es cada vez más un pozo de herejía y...

Sus padres eran conversos, pero de buena fe.

Sí, ahora lo recuerdo.

Su excelencia me habló de sus inquietudes literarias.

A su excelencia le preocupa en modo particular

el caso de la Encarnación. Me extraña.

Conozco muy bien a la reverenda madre

y no es mujer de mano débil.

¿Qué hay de esa tal... Teresa?

Teresa de Ahumada. Teresa Sánchez de Cepeda.

Por alguna razón tomó el apellido de la madre.

Muchos son los que hablan de sus visiones y arrobamientos.

Dicen que hasta el mismísimo Jesucristo se le aparece.

Está bien, reverendo.

Confesaré a la madre Teresa si ese es vuestro deseo.

Hacedlo con sumo cuidado.

Dada vuestra natural bondad,

temo que encuentre la manera de engañaros.

Reverendo, llevo muchos años determinando por confesión

el grado de autenticidad de dichos milagros.

Sería preferible que la monja escribiera sobre lo acontecido

y que vos recibáis noticias sobre lo que lee.

Su excelencia va a publicar un nuevo índice de libros prohibidos.

Es hermoso, reverendo.

Vuestra merced puede hablar sin rodeos.

Desde el divino Garcilaso,

al que nuestro querido virrey de Nápoles tanto apoyó,

es difícil encontrar un hombre de su altura.

Os ruego, comparadme con cualquiera menos con Garcilaso.

Os digo que es hermoso por su ejecución.

¿Pero? Pero ¿y qué hay de vuestra alma?

¿Dónde estáis vos entre estas líneas?

En cada una de ellas. Pues yo no os encuentro.

No tengáis miedo de descubriros.

Quizá lo que vos más censuráis sea precisamente

lo que sus lectores más ansiamos conocer.

No dejéis de mostrarme lo que escribáis.

Es mi deseo ser la testigo de vuestros empeños

y quizás, algún día, convertirme en vuestra valedora.

Padre nuestro,

permitidme celebrar el poder de vuestra gloria

a través de mis palabras.

Yo os daré mi castidad,

mi humildad cada hora de mi vida,

a cambio de que mis palabras permanezcan eternamente

en la memoria de los hombres.

Hay un camino interior.

Recorrerlo no depende de nadie, salvo de nosotras mismas.

Gracias, Juana.

Una vez superado el miedo, se halla la paz

y se reciben dones inefables.

¿Qué clase de dones, hermana?

El Señor me dijo estas palabras:

"Deshace toda el alma, hija, para ponerla más en mí.

Ya no es ella la que vive, sino yo".

Yo, sin entenderlo, lo entendí.

Pues yo no lo entiendo.

No se puede decir más claro por ser tan oscuro lo que allí pasa.

Ya estamos con los galimatías.

Ya lo siento, hermana...

Isabel de Santo Domingo, para servir a vuestra merced,

aunque sea analfabeta y corta de entendimiento.

No digáis eso, seguro que vos entendéis más que muchas.

No entiendo nada si dice que no se entiende.

Ni yo, es como... como una paradoja.

¿Qué es una "pardaroja"?

Paradoja es... Una paradoja es...

la manera que tenemos de expresar a Dios con el lenguaje del hombre.

Por ejemplo, una paradoja es que yo diga...

"Vivo sin vivir en mí".

Y en tan alta vida espero...

Que muero porque no muero, es así, ¿no?

(RÍEN)

Serviré a vuestras reverencias en todo lo que sea menester.

Lo último que desearía es ver este convento

convertido en un semillero de alumbradas.

(Risas)

Esas visiones que os dicta Dios son solo la antesala

de lo que me espera en la contemplación.

Allí no se ve nada.

Solo se siente.

El hablar se hace interior y las formas se disuelven.

Y así, solo las tentaciones superadas dan la fuerza suficiente

para la fe y el amor.

¿No pensáis que acaso, madre,

todas esas visiones sean fruto de la fiebre?

¿No teméis ser juguete del demonio?

Pudiera ser, reverendo.

Lo llegué a pensar un día en que se me apareció un sapo gigante,

en el locutorio.

Me dije: "Solo puede ser cosa del demonio".

Después comprendí que incluso esa visión tenía algo que decirme.

Lo concedo.

La imaginación es la loca de la casa.

Es difícil llegar a un lugar determinado de conciencia

sin entretenerla antes un rato.

¿Cómo sabéis que no son fruto de vuestra imaginación

los cuerpos llagados y las luces blancas de Nuestro Señor?

¿Que no son también travesuras de la loca de la casa?

Porque el gozo que dejan en mí esas visiones

no lo pudiera soñar mi humildad

ni aun con la imaginación más portentosa que existiera.

(SUSPIRA)

Os encomiendo una tarea para nuestra próxima confesión.

El Santo Oficio necesita tener constancia por escrito

de las visiones que vos padecéis.

Remontaos al tiempo que consideréis necesario

para hablarnos de vuestra vida

y de cómo llegasteis a estas circunstancias.

(Golpes en la puerta)

Buenas noches os dé Dios, hermana. No menos que a vos, madre.

¿Ocurre algo?

No, nada.

Venía a haceros una pregunta, con todo respeto.

¿Sobre qué, hermana?

Si vuestra merced puede enseñarnos

a mí y a unas cuantas hermanas un poco burras

a leer y escribir.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia

para que escriba el modo de oración

y las mercedes que el Señor me ha hecho,

me la dieran para que muy por menudo y con claridad

dijera mis grandes pecados y ruin vida.

Lo sé, Juana.

Son una sarta de necedades y desatinos.

(SUSPIRA NERVIOSA)

Juana, ¿tan malos son?

Por favor, Teresa, sabes que no soporto la falsa modestia.

¿Te gusta, pues? ¿Y por qué te enojas?

Porque me gustan tanto como me desazonan.

Tus confesores no pueden leer esto.

Te perseguirán por el mero hecho de haberlo escrito siendo mujer.

Todo el rigor que no tienen para consigo

lo tendrán contra ti.

¿Y qué hago?

Te propongo un plan.

Yo transcribiré todo lo que escribas.

Elaboraremos una versión en la que tus confesores

no encontrarán ningún signo de herejía.

Bien está que censures, Juana,

pero añadir de tu cosecha faltas de ortografía...

Escritos de mujer, ¿sin faltas de ortografía?

Bastará eso para mandarte a la hoguera.

¿Qué haremos con el original? Ponerlo a buen recaudo.

De momento nadie debe leerlo.

Y lo mismo con tus poemas, son igual de peligrosos.

Mas en el futuro

las hermanas deberían leer estas palabras.

Por el bien que pueden hacerles, aunque otros querrán ver el mal.

De acuerdo. Pero solo en el futuro.

Cierto es, solo en el futuro.

Así que el verbo hecho carne.

Insistís en vuestras visiones sobre nuestro Señor Jesucristo.

Lo veis claramente a vuestro lado,

como cuando andaba en el mundo.

Una imagen para que sin fin pueda uno gozar.

He intentado explicarlo lo mejor que he podido.

Imaginaciones, madre, imaginaciones.

Bien, lo primero que hemos de hacer

es devolver el orden a vuestra conciencia.

Para ello os ordeno en obediencia que evitéis cualquier ocasión

de que vuelva a producirse un hecho así.

Rehuid la lectura.

Cesad de orar si no es al ordinario modo y con vuestras hermanas.

De esta manera todo volverá a su ser.

¿Queda claro? Sí, reverendo padre.

Vuestro escrito será evaluado por la Santa Inquisición.

Por cierto,

¿tenéis alguna copia manuscrita?

No quisiera por un azar perderla y que os quedarais sin vuestro libro.

Sí, alguna hay, sí.

Vuestra reverencia.

Acaso esto pueda interesaros.

En Extremadura, dicen que son legiones, las alumbradas.

En Madrid hace poco quemaron en la hoguera 20 herejes,

entre ellas varias iluminadas. Isabel.

Digo la verdad. Atiende a la tarea.

Y verdad es también que Teresa no es una alumbrada.

Pero es mujer, piensa y escribe.

¿Y qué? Que otro gallo nos cantaría

si Teresa hubiera nacido cura en lugar de monja.

Lo importante ahora no es eso.

Lo importante es averiguar el porqué de estás persecuciones.

Y saber si la Encarnación sigue siendo nuestra casa.

¿Qué quieres decir?

¿Por qué dimos en pensar que aquí hallaríamos la libertad?

La intimidad necesaria para ir al encuentro con Dios.

Desde que llegué, solo he hallado ruido, mediocridad e hipocresía.

Vaya, gracias. Buenas amigas también, Isabel,

pero ¿por qué resignarnos a vivir aquí?

¿Y adónde íbamos a ir?

¿Por qué no podemos fundar nosotras también una casa?

Tener un cuarto propio.

Recuperar la libertad de los fundadores del Carmelo.

Ya estamos, el humo alerta el peligro

y tú te lanzas a las llamas.

Una buena inspiración jamás ha de abandonarse por miedo.

Tampoco aquí estáis a salvo, Juana.

¿Habéis tenido noticia del índice de Valdés?

Todos mis libros están en esta lista.

Las personas que yo más admiro ahora son herejes.

¿Por qué? ¿Quién decide esto? Obispos.

¿Quién toma las decisiones de la Encarnación? Sacerdotes.

¿Por qué? ¿Por qué obispos y sacerdotes,

si ninguno de ellos vive aquí y desconocen nuestras condiciones?

Hay grandes hombres en la Iglesia. Claro, por supuesto que los hay.

Fray Pedro de Alcántara, por ejemplo.

¿Por qué no puede haber también grandes mujeres?

Mujeres que tomen sus propias decisiones

en una casa donde no se pidan dotes

ni patentes de hidalguía,

donde no se haga diferencia entre cristianas viejas o nuevas,

monjas pobres o ricas.

Esa casa no existe, Teresa.

Si deseas algo y no existe, ¿qué haces?

Quedarte de brazos cruzados.

O pedírselo al Señor. ¿Y si no llega?

Si no llega es porque el Señor, en su infinita sabiduría, no...

no juzgó oportuno concederlo.

No. ¿No?

No.

Hay que poner de nuestra parte.

Si deseas algo y no existe, solo hay un camino.

Créalo.

Créalo.

Como veis, no hay nada ahí que pueda ser juzgado sospechoso.

En todo caso, la madre Teresa es una monja joven

con muchos pájaros en la cabeza.

¿Qué hay de sus lecturas?

¿Sus lecturas?

-Es la lista de los libros que tenía en su celda, excelencia.

Hasta una niña de cinco años os engañaría.

¿A qué os referís, reverendo?

No me creo ni una palabra de lo que aquí está escrito.

Esta mujer se contiene, disimula,

hasta finge faltas de ortografía

y vos no lo apreciáis porque no sabéis nada de literatura.

¿Creéis que leyendo estos libros esa monja iba a escribir así?

A mi parecer son un montón de libros inofensivos.

Si no tenéis nada mejor que ofrecerme, marchaos.

O regresad al convento de la Encarnación

a por el verdadero "Libro de la vida".

¿Qué ocurre, reverendo?

¿Hay algo que no me haya contado?

"Ya toda me entregué y di

y de tal suerte he trocado

que mi amado es para mí

y yo soy para mi amado.

Cuando el dulce cazador... (OFF) "Me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor mi alma quedó rendida

y, cobrando nueva vida, de tal manera he trocado

que mi amado es para mí y yo soy para mi amado".

Hiriome con una flecha

enarbolada de amor

y mi alma quedó hecha una con su criador.

Ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me he entregado.

Y mi amado es para mí

y yo soy para mi amado".

Esta es la que escribimos a fray Pedro de Alcántara.

¿Es que no recibirá? Doña Guiomar me dijo

que le hablaría de nosotras. Adelante, enviémosla.

¿Qué tienes ahí? Cartas de apoyo

para conseguir ayudas y fondos. ¿Por qué no las hemos enviado ya?

Se me antojan muy atrevidas. Juana, ¿otra vez?

Princesa de Éboli. Ella desea conocernos.

Su Majestad el rey, Dios nos guarde.

Y si el rey no contesta, escribiremos al papa.

¿Qué? Que tanto optimismo, Teresa,

nunca te viene sin fiebre. Eres peor que mi padre, Juana.

Cualquier cosa, hasta la fiebre, antes que la mediocridad.

(HOMBRE) Registrad todas las celdas.

Que no quede un rincón sin registrar.

Los libros.

(HOMBRE) Tenemos orden de requisar los libros.

Vuestra reverencia, os ruego me perdonéis.

¿Me haríais merced de escucharme en confesión?

-¿Ahora? -Albergo en mi alma muchas dudas,

vuestra reverencia, muchas, muchas dudas.

Este no es momento propicio para vuestra solicitud.

¿Y explicarme la teología de Santo Tomás de Aquino?

(CHISTA) Ahora no es momento, hermana.

Las cartas.

No complique más nuestra labor. Traemos una orden.

Buenas tardes. Buenas tardes.

¿Se os ofrece algo, vuestras reverencias?

Estos libros prohibidos

como otros que se encontraren del siguiente índice

serán entregados al fuego.

Todos los libros escritos por heresiarcas,

todos los libros religiosos

escritos por los condenados por la Inquisición,

todos los libros sobre judíos y moros

con tendencias anticatólicas,

todas las traducciones heréticas de la Biblia

todas las traducciones de la Biblia a lenguas vernáculas en que...

Allá donde se queman los libros, Juana,

tarde o temprano también se queman a las personas.

(SUSPIRA) Mierda.

"Corpus domini nostri, Jesu Cristi".

"Corpus domini nostri, Jesu Cristi".

"Corpus domini nostri, Jesu Cristi".

Esta es, ¿qué os parece?

Ay, Dios mío, me esperaba otra cosa.

Pero si no tiene ventanas...

¿Sinceramente? Siempre.

Una cochambre.

Quizá las primeras casas de los carmelitas también lo fueran.

Lo importante es volver a la esencia.

Cuatro monjas no necesitamos más. Pero, madre, lo que necesitarán

será... ¿El qué?

¿Un techo?

Sí, algo habrá que hacer con esto.

¿Quién comprará la casa? Ninguna de nosotras podría...

Mi cuñado será el encargado de adquirirla,

el que casó con mi hermana. Dios bendiga a su hermana.

Y a doña Guiomar de Ulloa.

Será la principal benefactora de esta casa

y mediadora para conseguir autorización del provincial.

El reverendo padre Ángel es un hombre caprichoso

de humor voluble, pero nos recibirá.

¿Vuestro cuñado comprará una casa donde no tendrá voz ni voto?

Nosotras le daremos el dinero y él solo estampará la firma

y figurará como comprador sin gastar un maravedí.

Doña Guiomar aportará 1.500.

Será suficiente para comprarla. Y más que pondría

siempre que vuestras mercedes me acojan en esta casa.

¿Y cómo se llamará?

Doña Guiomar, ¿recordáis mi sueño?

Las llaves de San José.

San José, el convento de San José.

Serafín cazador, el dardo os tira

para que os deje estática la punta

y las plumas se os queden en la palma.

Con razón vuestra ciencia el mundo admira.

Si el seráfico fuego a Dios os junta,

y cuanto veis en Él

traslada el alma.

Sonetos.

Reverendo, vuestra merced no deja de sorprenderme.

(Puerta abriéndose)

¿Cómo osa entrar aquí

y de este modo?

Habéis pisoteado mi confianza utilizándome en vuestro provecho.

Ese tono es impropio de vos

y no conviene a este lugar.

Para ordenar a unos bárbaros quemar libros

no era menester mandarme a mí de confesor a ningún sitio.

Me dijeron que combatíais la herejía mediante la astucia,

no mediante la crueldad.

Veo que estaba mal informado.

No volváis a disponer de mí.

Lamento que hayáis presenciado un espectáculo tan bochornoso.

¿Quemar libros, reverendo?

¿He oído bien? Libros incluidos en el...

Que se quemen libros, sean cuales fueren,

debería provocar espanto a un hombre como vos.

Su excelencia exige mucho de nosotros.

No es su excelencia quien me preocupa.

Rodrigo,

un hombre de vuestro talento debería aspirar a algo más.

¿De verdad puede complacer a un poeta

ser un lacayo de la Inquisición?

Hablaré con mi esposo, el gobernador.

No nos gustaría que una cosa semejante sucediera en Toledo.

Doña Jimena.

Os lo ruego.

No olvidéis mis sonetos.

No dejemos que un episodio lamentable

dé al traste con nuestra amistad.

Sin vuestras visitas

os aseguro que yo no sabría cómo alentar a las musas.

Desde que vos me leéis

yo leo con vuestros ojos,

escribo para vuestros oídos.

Así que San José, ¿eh?

Una casa que será un cielo, si puede haberlo en la tierra.

Restituir la antigua observancia de la regla del Carmelo,

que es muy distinta de la que se aplica en la Encarnación.

Es la regla primitiva, la que crea las circunstancias

para que sean posibles desprendimiento y contemplación.

Oh, el desprendimiento y la contemplación.

Suena a cosa importante.

Y lo es.

¿En qué consiste exactamente esa vieja regla del Carmelo?

En practicar la oración y el ayuno,

en no poseer rentas ni propiedades en común ni particularmente,

en guardar silencio y en descalzarse.

En nuestros conventos no importará ni el linaje ni el dinero,

solo la vocación religiosa y la actitud.

Conventos. Así es, reverendo padre.

Porque piensa fundar más de uno.

Era una forma de hablar.

Estimo su proyecto, doña Guiomar,

pero no habrá autorización mientras su comunidad no cuente

con ingresos asegurados

o al menos con una bula papal que avale el proyecto.

Abrir un convento es una cosa,

jugar a las casitas... otra.

¡Teresa! ¿Será soberbio?

Acéptalo como una recomendación. Sí, de un soberbio.

¡Teresa!

No llegaremos a nada

si no ocultamos nuestras verdaderas intenciones.

Yo no hablo de mentir, pero sí de disimular.

Con hombres como el provincial has de aprender a parecer sumisa

aunque finalmente tú lleves las riendas.

Confía en mí.

Cuando contemos con más avales, el padre Ángel dará la autorización.

¿A quién habré de acudir?

Ya he escrito a las más altas instancias.

Somos mujeres, Teresa.

El poder hemos de tomarlo como quien sube una escalera,

peldaño a peldaño. Conquista los peldaños más bajos

y verás qué fácil te resulta luego alcanzar los más altos.

(HOMBRE) (TOSE)

Juana, ha llegado tu hermana.

¿Qué tal está? Mejor, pero la fiebre no mengua.

(HOMBRE) (TOSE)

¿Cómo se os ocurre viajar a vuestras tierras

y en vuestro estado, padre?

Aún había grano que vender.

¿A estas alturas?

Aún había grano.

Aún soy dueño de mis tierras.

¿Cómo fue con el provincial? Nada, todavía nada.

¿Qué tramáis?

Nada bueno, padre, que harto nos conoce.

La que nos va a caer. Nunca hemos llegado tan tarde.

Tranquilízate, Juana.

Tú, fantaseando con viajes y fundaciones.

¿Cómo te ausentarás de aquí? Ya se verá.

Madre mía, menudas horas, ya ha terminado el rezo.

¿Qué hacemos aquí? Entrando a hurtadillas en vuestra propia casa,

como dos ladronzuelas

en vez de cuidar de vuestro padre y vuestro pobre cuñado,

como las monjas normales.

Firmaré la licencia,

pero solo por el aprecio que le profeso a vuestro padre

y a vuestra santa hermana.

Imaginaos lo que es criar a dos hijos

y cuidar a dos enfermos a la vez.

Quiso Dios que me consagrara a la oración estos años,

ahora me pide que me entregue a los demás.

Hacedme merced de no meter a Dios en esto.

Cuanto antes dejéis de mentarlo como si fuera vuestro amigo

antes dejarán de perseguir a este convento.

Aún tengo las cenizas de aquella hoguera metidas entre las telas

y en el fondo de las narices.

Cuidad de vuestra familia.

Podéis llevaros algunas hierbas de nuestra botica.

Y avisadme cuando mejoren.

Tengo previsto para vos un destino mejor.

¿Otro destino?

¿A qué os referís?

Doña Luisa de la Cerda, una mujer muy principal,

ha quedado viuda y os requiere a su lado.

¿A mí?

Parece ser que ha caído en una profunda melancolía.

Pero ¿por qué a mí?

Vuestro nombre ha traspasado las murallas de Ávila, hermana.

¿No iréis ahora a decirme que vuestra fama es indeseada?

Nunca perseguí la gloria, reverenda madre.

Pues la gloria os persigue a vos y a una tal casa de San José.

Viajaréis a Toledo

y atenderéis a la viuda.

Un poco de aire no os hará ningún daño.

Tenemos que avanzar

o emprenderé viaje a Toledo y el proyecto se irá al traste.

La reverenda madre me aleja de Ávila.

Y nadie nos contesta, ni siquiera su amigo,

fray Pedro de Alcántara.

A veces las comunicaciones van lentas.

Fray Pedro viaja mucho. Excusas.

Nadie nos apoya. ¿Cómo que nadie?

No.

Las cartas de frailes que desean conocerte,

nobles mujeres que quieren leer tus libros,

un mercader de seda de Toledo te donó parte de su herencia.

¿Cómo que nadie?

Nadie que nos pueda dar autorización.

Quizás no sea mala idea viajar a Toledo.

Desde luego que no. ¿Viajar yo a Toledo ahora?

Con mi padre enfermo y nuestra casa a medio hacer.

Muy bien, decidme, ¿para eso nos consagramos a Dios,

para consolar viudas?

Disculpadme, doña Guiomar, yo... yo no quería.

Vos, conmigo podéis ser sincera.

¿Lo puedo ser yo con vos?

Creéis que doña Luisa es un obstáculo en vuestro camino.

Y yo os digo

que estáis más cerca del rey o del papa

consolando a esa viuda

que mandando mil cartas desde vuestra celda,

por muy bien que escribáis, madre.

Visitad a todas esas personas notables,

dadles a conocer vuestro libro. Algunas no serán de vuestro agrado,

la mayoría querrá conoceros por vanidad,

pero son llaves que abren puertas.

Camino de Toledo se pasa por muchos lugares.

Viajaré.

Mientras tanto, no me quedaré aquí parada

porque me falte un permiso.

Las obras primero y los permisos después.

(HOMBRE) Marta Cerceño,

ha sido condenada por traicionar a nuestra Santa Madre Iglesia.

promoviendo la oración mental y otras prácticas

judaizantes y propias de conversos.

Para obtener una muerte digna,

solo ha de decirlo conmigo.

Yo me convierto a la fe de Jesucristo.

Yo me convierto a la fe de Jesucristo.

Deja de quejarte, hija,

y de sentirte culpable.

A tu padre le complace

que su hija viaje,

trames lo que trames.

Mucho os ablanda la enfermedad.

¿Qué me va a ablandar?

Le he oído muchas veces decir

que las mujeres solo valemos para coser e hilar.

Y también para perder el tiempo junto a un padre enfermo.

Nada comparado con lo que vos tuvisteis que cuidar de mí

y faltándonos madre.

¿Recordáis aquella vez que me llevasteis a Becedas

a visitar a aquella curandera?

Curandera será para otros,

porque a ti casi te remata. (RÍE)

Aún tengo el sabor de aquellas hierbas amargas en la boca.

Una purga diaria.

Durante un mes, esta joven

tomará estas hierbas en infusión.

Con estas uñas de rana.

Y alas de mosca pulverizadas.

Excrementos de culebra.

Lo siento mucho, Teresa,

pero no encontrábamos la cura.

El amor que vos me disteis, padre,

esa fue la mejor de las curas.

Hija...

Tenemos...

que hablar de un asunto

que no hemos tocado nunca.

Es algo sobre tu linaje,

sobre tu abuelo.

Lo sé todo sobre nuestro linaje, padre.

Sé por qué tuvimos que abandonar Toledo.

También sé que no hay nada de lo que avergonzarse.

Ojalá... hubiera sido tan fácil para mí.

No dejáis de sorprenderme, reverendo.

Primero los queman

y luego buscan las pruebas.

No es cierto, archivero. Las pruebas las teníamos.

Lo que sigue es una cuestión de burocracia.

Sí, burocracia de la carne quemada.

Gentil donaire.

¿Decíais, archivero? Os preguntaba

por el nombre de la acusada.

Marta Cerceño.

Cerceño, veamos.

Familias judías...

Familias judías procesadas... Letra ce.

Ajá.

Aquí está.

Celada, Celedón.

Celiz, Centelia, Centeno, Cepeda

y Cervantes, como veis,

ni rastro de Cerceño.

Gracias, archivero.

Excelencia,

he encontrado la clave para juzgar a la monja.

Oh, interesante.

Aunque no dejan de ser huellas del pasado.

¿Y ese libro que ha escrito? Aún no obra en nuestro poder.

(COCHERO ARRÍA LOS CABALLOS) -¿Por qué?

(COCHERO) ¡Vamos! La monja es astuta.

Excelencia, sabe que mi olfato no suele fallar.

En este caso, como en tantos otros que he defendido,

sé con total certeza que aquí hay demonio.

Vos no creéis en el demonio.

Vos solo creéis en las palabras, reverendo.

Las palabras son importantes.

Menos importantes que Dios.

Encontrad ese libro, Salazar.

Sin él no habrá juicio.

Bueno.

Buen viaje.

Gracias, doña Guiomar.

Bueno.

¡Oh!

(Música sobre la conversación)

(Música sobre la conversación)

(Música sobre la conversación)

Muy bien, muchas gracias.

(MUJERES) (GRITAN)

Ay, tengo las articulaciones contritas.

Mira cómo habla ahora la analfabeta.

Madre mía, Toledo.

Aquí hay gente de calidad y con influencias.

Nunca había salido de Ávila, ah, bueno, sí,

una vez a Sanchorreja, cuando era pequeña.

Me llevó mi hermano... Calla, por Dios, que me aturullas.

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

(Campanada)

Madre Teresa, todos esperábamos con expectación vuestra llegada.

Permitidme que os presente, el reverendo padre García de Toledo,

y mi prima, doña Ana de Mendoza, princesa de Éboli.

¿Por qué lleva un parche?

-Gran merced nos habéis hecho al emprender este viaje

solo para ejercer la caridad con nuestra noble amiga.

Solo cumplo el mandato de mi reverenda madre.

Por supuesto.

Dudo que a vos puedan moveros otros intereses.

No obstante, es fama que pretendéis fundar vuestro propio convento.

Decidme, ¿cuánto hay de cierto en ese rumor?

Vuestra alteza comprenderá que cada una de nosotras

anhele la posesión de un espacio donde morar y recogerse.

Nada más cierto.

Y lo que es más, y a vos os lo confío,

yo misma albergo la intención de fundar un convento.

Sería un convento de carmelitas en toda regla.

Vos misma, si así lo deseáis,

podríais alcanzar el rango de reverenda madre priora.

No temáis a la carencia de sustento.

Yo costearía los gastos de esta casa,

la huerta y una iglesia.

Aceptar tales condiciones

supondría quedar enteramente al albur de sus veleidades.

¿A qué llamáis vos "mis veleidades", madre?

La priora de un convento no debería estar a expensas de nadie

a la hora de tomar sus decisiones.

Rechazáis, pues, mi ofrecimiento.

San José es mi prioridad.

Mientras no aprenda a llevar mi propia casa,

no veo de qué manera iba a saber dirigir otras.

No obstante, aún no habéis obtenido licencia.

Toda ayuda que pudiera procurarnos

una señora de vuestra calidad será bienvenida.

Es curioso.

Vos no consentís en ayudarme, pero me pedís ayuda.

Si os pido otra cosa a cambio,

acaso os prestéis a concedérmela.

Si de alguna manera pudiera haceros feliz...

"El libro de la vida".

Dicen que lo lleváis con vos doquiera que vais.

Si vos os dignarais prestarme ese libro,

aunque solo fuera durante vuestra estancia...

yo me holgaría de escribir al provincial de Ávila,

incluso de hablar a Su Majestad el Rey.

Será un honor contarla entre mis lectoras, alteza.

Pero os ruego la máxima discreción.

Son palabras fáciles de ser malentendidas.

Dadme licencia que descanse esta noche

y mañana vendré a entregároslo.

Sea como vos pedís.

Y después compartiremos opiniones como dos buenas amigas.

(Puerta cerrándose)

Qué mujer más tozuda

y al mismo tiempo ingenua donde las haya.

Como dos buenas amigas.

¿Qué os ha parecido esa frase?

Digna de nuestros mejores escenarios.

Sois vos, reverendo, quien debería dedicarse al teatro.

Lo mío son los versos, alteza,

no las comedias.

Os aseguro que el libro estará pronto en vuestras manos.

No espero menos, alteza.

Alteza. -¿Qué ocurre?

Las monjas abandonaron el palacio anoche de madrugada.

(ISABEL) A la de tres, una, dos y tres.

Se ha movido un pelín. Otra vez, una, dos y tres.

Otro pelín. Imposible.

Cuando fui a Sanchorreja, me pasó algo parecido.

Nos quedamos aquí, coge las cosas. ¿Aquí?

Madre, ¿aquí? Cojamos las cosas, Isabel.

(Fuertes truenos)

(HOMBRE) (TOSE)

Buen hombre, ¿estáis enfermo?

¿Habéis menester alguna cosa?

-Una limosnita denme vuestras mercedes. (TOSE)

Dinero no tenemos, pero podéis sentaros con nosotras.

(TOSE) Dios os lo pague, madre. (TOSE)

(TOSE)

Disculparéis que no me acerque, madre.

Mi mal no me lo permite.

No me espanta vuestro mal, buen hombre.

A males parecidos he tenido que enfrentarme

y sé del dolor y el estigma que dejan.

Entonces sabréis comprender que yo no crea en Dios

y en nada que se le parezca.

Si existiera un Dios que amara a los hombres,

no habría creado la muerte y la enfermedad,

como ejemplo de su benevolencia.

(TOSE)

Muchas noches en vela me he preguntado exactamente lo mismo.

Llegué a la conclusión de que tantas sequedades

en realidad son un regalo para apreciar los días de lluvia.

Rezad en soledad y en silencio.

¿Sin confesores ni padres espirituales?

No dependéis de nadie, salvo de vuestra voluntad.

(TOSE)

Tened paciencia.

Buscad dentro de vos aquello que no puede morir ni corromperse.

Lo intentaré, madre.

Creedme que lo intentaré.

(Golpes, chillidos de animales)

Teresa, respira, Teresa.

Teresa, aguarda, por favor. No te recojas.

Escucha, nos siguen llegando cartas.

Los avales están al caer y quizás la bula papal.

No desesperes ahora.

¿Reverendo?

Vos, como siempre, tan curiosa, doña Jimena.

Rodrigo...

¿Se puede saber qué os ocurre? Es lo mejor que habéis escrito.

La fuerza de las imágenes,

la franqueza con la que habláis de ir al encuentro de Dios.

Es hermoso

y, lo más importante de todo, sincero.

¿Qué os ocurre?

¿Tanto os gusta a vuestra merced?

Mucho.

Es lo mejor que he escrito.

Con diferencia. Sin haberlo escrito yo.

Pero esta es vuestra letra.

¿Qué hacéis?

A mí, en cambio, me parece terrible.

Terriblemente bello, si lo preferís.

¿Quién me defenderá de tu belleza?

¿Quién?

Son los versos de un hombre virtuoso.

Lástima que esto lo haya escrito una mujer.

¿Qué?

Las mujeres os damos placer.

Las mujeres os damos hijos.

¿Y no os vamos a poder dar palabras?

Estas palabras me hacen daño, ¡daño!

Me diréis cómo puede una palabra, una simple palabra,

ser más poderosa que la razón.

¿Cómo puede una palabra expresar a Dios?

¿Cómo puede una palabra abrasar más que el fuego?

Teresa, ¿estás mejor?

Teresa, ábreme, es algo importante.

Teresa, alguien quiere veros.

No recibo visitas, todo es vanidad.

Y aunque fuera por vanidad, madre,

¿se prestaría vuesa merced a recibirme?

Teresa, es fray Pedro de Alcántara.

¿Siguen ahí sentados?

¿Y sin cruzar palabra?

Sí. No puedo entenderlo.

Reverenda madre, después de conocer a esta mujer, os puedo asegurar

que su espíritu pertenece a Dios.

No es a mí a quien tiene que convencer, fray Pedro,

sino a la Santa Inquisición.

Mierda.

Excelencias,

¿cuál es el motivo para citar aquí a esta mujer?

Se cita a Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada

por orden del Santo Oficio

bajo la acusación de promover el luteranismo,

judaizar en secreto... ¿Judaizar?

Y de incumplir el voto de obediencia

contraído con el monasterio de la Encarnación.

¿Quién la acusa de ello?

La denuncia viene de un desconocido

que mantuvo una charla con la acusada

en el camino de Pastrana a Ávila.

Nos basta con el testimonio de este testigo,

cuya identidad el Santo Oficio protege.

Nos consta que Teresa es una fémina inquieta y andariega,

desobediente y contumaz,

que, a título de devoción, ha inventado malas doctrinas

caminando fuera de la clausura

en contra del concilio de Trento,

enseñando, como mujer, en contra de lo que San Pablo enseñó:

que la mujer no enseñase.

¿Verdaderamente están vuestras excelencias

dispuestos a juzgar a una mujer por enseñar a leer a sus semejantes?

Porque la mujer es defectuosa y mal nacida,

jamás debería enseñar y tomar autoridad frente al hombre.

Santo Tomás de Aquino.

Pero de ahí, excelencias, a considerarlo brujería...

-Fray Pedro, vuestra plática es muy apasionante,

pero nos gustaría escuchar a la acusada.

Muchas veces acaece el decirnos: "Hay peligros.

Fulano por aquí se perdió".

Aquella que rezaba mucho cayó.

No es para mujeres, que les podrán venir ilusiones;

será mejor que hilen".

Sin que las mujeres podamos opinar también.

¿Os burláis de la acusación, madre?

Es requisito para relajar la mente

que hagamos uso de chistes de vez en cuando.

Frase sacada de alguno de vuestros libros, supongo.

Es de Santo Tomás de Aquino, reverendo padre.

¿Veis la forma que tiene de engatusarnos?

Sin haber contestado a la pregunta. ¿Qué pregunta, reverendo?

¿Os creéis con derecho a mandar sobre los hombres?

No es cosa... ¿Puede una mujer reformar

una orden de frailes? Creo...

¿Con qué derecho?

Aunque se diga lo contrario, hay más mujeres que hombres

a las que el Señor hace ciertas mercedes.

Ya que vos no ponéis de vuestra parte,

no tengo más remedio que aportar como prueba a este tribunal

una muestra de vuestros escritos.

Esta acumulación de prosas extáticas,

grotescas y exageradas

que habéis dado en llamar "El libro de la vida".

Os puedo asegurar

que esta obra contiene muchas proposiciones escandalosas,

temerarias y malsonantes,

y que toda ella está llena del sabor de la herejía.

Capítulo 16.

Contrastáis el demasiado seso de los predicadores corrientes

e ineficaces

con el gran fuego de amor a Dios

y a continuación decís

que os proponéis cultivar ese amor en secreto.

"Seamos todos locos por amor", decís.

"Seamos todos locos por amor".

¿Qué disparate es ese?

Capítulo 10.

"Acaecíame, aunque con mucha brevedad pasaba,

meditando y aun algunas veces leyendo

el venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios,

que en ninguna manera podía dudar que estaba él dentro de mí

o yo, toda engolfada en él".

Engolfada.

Curiosa manera de expresarlo.

No encontré otra manera más acorde para expresar dicha experiencia.

¿Es adecuado emplear el lenguaje del amor humano

para expresar el amor divino? No hay otras palabras.

Obscenidades. Amor.

Amor humano.

Nosotros no somos ángeles, tenemos un cuerpo.

Querer hacernos ángeles en la Tierra,

y tan en la Tierra como he estado a causa de mis enfermedades,

sería desatino. ¿Vuestras enfermedades

os dan derecho a escribir estos libros

destinados a calentar el horno de las vírgenes recogidas?

Pecado.

El pecado no está en las cosas como son,

sino en los ojos de quien las contempla.

¿Eso es todo, reverendo?

Una última pregunta, madre Teresa.

¿Es cierto que habéis levantado en esta ciudad

sin el consentimiento de nadie

un convento de descalzas en homenaje a San José?

Así es.

¿Qué pretendéis hacer allí?

Reformar la orden del Carmelo,

volver a la esencia, al primer cristianismo.

Hablamos de cristianismo, madre. Por supuesto.

¿O de judaísmo?

Si me dais licencia, excelencia, es la segunda vez

que se acusa a la madre Teresa de semejante cosa

sin aportar prueba alguna.

Proseguid, reverendo.

Toledo, 22 de junio del año del Señor de 1485.

¿Os dice algo esta fecha, madre?

El 22 de junio de 1485,

un hereje judeoconverso

de nombre Juan Sánchez

se presentó ante los inquisidores de Toledo

a los que dijo y confesó

haber cometido muchos y graves crímenes y delitos de herejía.

¿Podríais decirme quién era ese tal Juan Sánchez?

Juan Sánchez era mi abuelo.

Si la prédica de esta mujer

tiene tanto que ver con las costumbres de sus antepasados,

díganme vuestras excelencias por qué no deberíamos castigarla

con las purificadoras llamas del fuego.

Madre,

¿todo esto es cierto?

Mi patente de hidalguía obra en manos de mi reverenda madre priora.

Obtenida con malas artes por vuestro padre.

Una patente puede comprarse, madre.

El verdadero honor, ese, no se compra con dinero.

Más me turbaría haber cometido pecado venial

que descender de los hombres más bajos de la Tierra.

Es pecado venial, madre. No.

Falsificar una patente, quebrar el voto de obediencia

desoyendo a vuestra priora, romper con la Fe católica,

promoviendo la oración mental como los judíos

y el trabajo manual como los luteranos.

Es pecado no necesitar confesor ni oración en voz alta

para comunicarse con Dios, como tratasteis de enseñar

al testigo que la acusa. Es pecado ser una mujer ambiciosa

y es pecado sentirse elegida por Cristo

sobre todo cuando vos sois hija de herejes

y de enfermedades sin nombre.

Solo tenéis que confesarlo.

Repetid conmigo:

"Yo escribo y predico como conversa.

Yo soy culpable de renegar de la Fe católica.

Yo solo soy una hereje".

¿Y aunque así fuera, reverendo?

¿Qué decís, madre?

Aunque yo fuera judía, árabe

o conversa, ¿qué más daría?

¿No era acaso hebreo Nuestro Señor Jesucristo?

Solo hay que escucharla

para darse cuenta de su ambición desmedida

y del desprecio que esta mujer

tiene por toda jerarquía eclesiástica.

Ruego que consideréis el castigo que merecen tanto ella

como las alumbradas que la siguen en el monasterio de la Encarnación.

Su excelencia, el inquisidor general Fernando de Valdés,

va a pronunciar su veredicto.

Yo, Fernando de Valdés y Salas,

inquisidor general del Reino,

por la autoridad que me otorga la Santa Madre Iglesia,

declaro a la acusada... -Excelencia.

Disculpad mi osadía

al hablar en este momento. ¿Cómo os atrevéis?

Su excelencia está pronunciando el veredicto.

No veo ni entiendo por qué amedrentar a esta mujer

con miedos y amenazas.

Y advierto a quien quiera contradecir a la madre Teresa

que tomo sus asuntos por propios,

así que también tendrá que discutirlos conmigo.

Con vuestras excelencias y con el Santo Padre, Pio IV.

Por la presente bula

la Iglesia de Roma autoriza la apertura del convento de San José

en la ciudad de Ávila,

firmado el 24 de agosto del año de Nuestro Señor de 1562.

¿Bula papal?

Nuestro rey ha de dirimir en esos asuntos,

no la Iglesia de Roma.

Declaro a la acusada inocente y libre de toda sospecha.

Excelencia.

¡Excelencia!

Os lo ruego, excelencia.

Estoy convencido, puedo encontrar pruebas.

Convencido, ¿de qué? ¿De qué?

No os habéis topado con una hereje ni con una bruja.

Es una escritora.

¿Qué teméis?

Cuidad vuestra elocuencia y no olvidéis vuestro linaje.

Las llamas.

también os pueden quemar a vos.

Me alegro de que os encontréis mejor.

¿Veis como no teníais que desesperar?

Ahora que habéis superado vuestra enfermedad,

escribid, contadlo.

¿Cómo?

¿Cómo...

no confundir la sed de amor

con el acero del odio?

La primera frase ya la tenéis.

Si deseas algo y no existe, solo hay un camino.

Créalo.

(Timbre de inicio de clases)

(Puerta abriéndose)

Teresa, ¿te encuentras bien?

Lo conseguisteis.

¿El qué?

Inaugurasteis San José.

Teresa, no sé de qué me estás hablando.

Anda, acompáñame, te está esperando la directora.

Teresa, siento mucho lo que ocurrió.

Estamos tratando entre todos de encontrar al culpable.

¿No es cierto?

¡Míreme a los ojos cuando le hablo, Salazar!

Teresa, es necesario que nos digas tú qué ha sucedido.

¿Fue Salazar el que te encerró anoche en el almacén?

Fue...

Creo que fue un accidente.

Me quedé encerrada sola.

Teresa, tu padre ha venido a buscarte.

¿Puedo?

Sí, puedes irte.

Pero tú y yo

tenemos una conversación pendiente.

Salazar,

usted se queda un ratito más, ¿eh?

(PROFESORA) (HABLA EN INGLÉS)

Perdón, señorita Suárez. -Por favor, Teresa.

-Santo Tomás de Aquino: "Es requisito para relajar la mente

hacer uso de chistes de vez en cuando".

¡Papá!

Teresa.

Respira.

Respira, Teresa, respira, respira.

¿Estás bien, mi amor? -Sí.

¿Sí?

Vamos a casa.

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'Teresa', la película

17 nov 2015

Teresa es una película sobre la vida de Santa Teresa de Jesús, dirigida por Jorge Dorado, con guion de Juanma Romero y coproducida por TVE y La Cometa TV. La cinta está protagonizada por Marian Álvarez, junto a Antonio de la Torre, Aitana Sánchez Gijón y Terele Pávez, entre otros. La Orquesta y Coro de RTVE ha grabado la banda sonora, bajo la dirección de Federico Jusid, compositor de la partitura.

Teresa ofrece una nueva visión de la figura de la mística a través de la mirada de una joven de nuestros días que lee El Libro de la Vida. Esta película para televisión nos acerca a la vida y la obra de Teresa de Cepeda y Ahumada, un personaje singular que, quinientos años después de su nacimiento, sigue manteniendo el carisma y la importancia histórica.

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