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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 2º - ver ahora
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(LLORA)

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Han pasado algunos años desde la muerte de don Alonso.

En el ánimo de Teresa está presente

en todo momento el conflicto de entonces.

Pero un encuentro importante está a punto de tener lugar.

-Me llamo Guiomar de Ulloa,

me visita con frecuencia el padre Vicente Barrón.

¿Cómo está, le habéis visto últimamente?

-Ayer, le manda este libro.

Las "Confesiones de San Agustín".

Bendito sea Dios, necesito tanto de las buenas lecturas.

Mi alma es como un asno tozudo.

-No dicen eso los que se han asomado a ella.

Porque sólo se asoman a una celda que limpio para las visitas,

el Señor me perdone.

-Doña Teresa...

Yo también estoy buscando la forma de que el Señor me perdone.

Me gustaría que llegáramos a ser amigas.

(LEE) Y luego que por medio de estas reflexiones,

se conmovió hasta lo más oculto que había en el fondo del corazón,

y condensada, toda mi miseria se elevó, cual densa nube.

Yo fui y me eché debajo de una higuera,

no sé cómo ni en qué postura me puse,

más se formó en mi interior una tempestad muy grande,

que venía cargada de copiosa lluvia de lágrimas.

Y hablando con vos, Señor...

(SOLLOZA) Y hablando con vos, Señor,

decía muchas cosas,

no sé con qué palabras, pero el concepto era como si dijera:

"¿Hasta cuando ha de durar el que yo diga?

Mañana, y mañana...

¿Por qué no ha de ser desde luego y en este día?

¿Por qué no ha de ser en esta misma hora

poner fin a todos mis mandares".

(LLORA)

Mal he agradecido esas llamas,

y se me parten el corazón.

(SOLLOZA)

Oh, Dios de mi alma,

fortaléceme para no ofenderos nunca más.

No me moveré de aquí,

hasta que hagáis lo que suplico.

(LLORA)

-A mí esos deleites del alma que no se pueden explicar

con palabras llanas...

Visiones, y cuando son cosa de mujer...

-Cierto que se trata de mujer nada vulgar.

-Cuanto menos vulgar, mayor riesgo.

-Pero no olvide que ha sido ella la primera en desconfiar

y en reclamar consejo.

Doña Teresa, este es el licenciado Gaspar Daza, de quien os hable,

he querido que en caso tan delicado como el vuestro

apoye con el suyo mi dictamen.

-Ya don Francisco de Salcedo me ha puesto al tanto de esas...

gracias que creéis recibir.

Que recibo, las recibo aunque no sea digna de ello, creedme.

-Creo que no queréis, pero puede tratarse de ilusión diabólica,

es un hecho muy frecuente que entraña gran peligro.

¿No podríais escucharme en confesión?

-No creo que haga falta.

-¿Seguís sin poder explicar lo que sentís

durante la oración?

Lo he encontrado escrito por Fray Bernardino de Laredo.

Esta es la oración que yo tengo, esto mismo.

He subrayado el pasaje,

quiere decir que vuestra contemplación,

si ha de ser quieta y perfecta,

ha de ocuparse sólo en el amor, sin pensar en nada

durante esta quietud,

porque este amor de Dios no se abarca con el entendimiento.

(LEE) Es sólo deseable y amable,

de modo que la inteligencia cesa y todo es afección, deseos

y voluntad.

-Habrá que examinarlo, nos lo llevamos.

¿Dime qué te pasa?

Ya nunca me hablas.

No sé hablar, y tengo que hablar.

Está trabajoso, Juana,

es como estar metida en un río que a cualquier parte que vas,

temes más peligro,

y te estás casi ahogando.

Pero...

pero si fuera obra del demonio,

todo bien habría huido de mi alma,

y en cambio... -Es obra del demonio,

no os quepa duda.

-Sólo personas muy curtidas en la virtud

pueden recibir este tipo de mercedes en la oración,

y no es que dudemos de la vuestra, pero...

-No queráis compararos con Fray Bernardino de Laredo.

No, no, pobre de mí,

pero... pero lo que él dice allí,

en el libro,

¿es cosa del demonio?

¿Y qué puedo yo hacer si siento lo mismo?

-El diablo os tienta,

con sus figuraciones, también las alumbradas

como María Cazalla, Francisca de Zúñiga,

y hasta la falsaria Magdalena de la Cruz,

tuvieron por cierto lo que imaginaron.

Ahí podría convencernos de lo contrario.

Con buena gente me comparáis. -Doña Teresa,

el padre Daza sólo ha pretendido advertiros del peligro.

La visita a Ávila del jesuita Francisco de Borja,

con gran poder de convocatoria,

provoca que todas las gentes importantes de la ciudad

acudan a escucharle a la catedral.

-¿Dudaremos a caso que su soberana bondad,

sumamente comunicativa de sus vienes,

quiere darnos nuestra riqueza interior mucho más

que nosotros recibimos?

Si así no fuese, no nos animaría su eterno hijo

a lo que podemos tener, diciendo:

"Seréis vosotros perfectos

como vuestro padre celestial es perfecto",

así que de su parte, él está atento sólo

a que nosotros le llamemos y le abramos la puerta,

pero hoy nos atenaza el miedo,

y por esta causa se dan tantas sentencias

contra el buen espíritu,

porque le condenan sin llamarle,

sin conocerle y sin oírle.

Vendrá el día,

cuando se haya de pasar el golfo de este siglo,

en que resplandecerá aquel espíritu divino

Cuya "vita expirat",

que sopla donde quiere, que entra y vivifica

donde y como y cuando le place.

El que se quiera recoger a la oración,

ha de hacerse cuenta que es como el labrador

que llega a su casa cansado,

y todo el cuerpo molido por el trabajo del día,

y así como este recibe su descanso

en dejar su azadón

y sentarse y no hacer nada de sus manos,

así también el que entra en la oración,

ha de llegar como a su casa, cansado de la obra de sus sentidos,

y de esta manera recibirá consuelo y quietud.

Entra en ti,

y trata de hablar a Cristo en ti,

y si alguien te amenaza de extravío,

respóndele que sigues una vía clara,

la de la humanidad de Cristo,

que dispones de una guía segura,

la obediencia a la santa madre iglesia.

Porque siempre debemos tener

para en todo acertar,

la regla que nuestro padre Ignacio de Loyola dictó:

"Lo blanco que yo viera, creer que es negro,

si la iglesia jerárquica así lo determinara.

-Tenía Jesús que atravesar Samaría,

y llegó a un pueblo que se llamaba Sicar,

cerca del campo que le dejó Jacob a su hijo José.

Allí estaba el pozo de Jacob,

Jesús, agotado del camino se sentó junto al pozo,

era casi medio día.

Una mujer samaritana llegó...

El encuentro de Teresa con Borja ha dejado huella,

la prodigiosa intuición de Teresa

la acerca a la necesidad no sólo de ella misma,

sino también de todos los fieles

de interiorizar lo más profundamente posible

el sentimiento religioso con todos los riesgos

de herejía que eso conlleva,

pues alejarse de todo, puede también querer decir

alejarse de la sabiduría de la madre iglesia.

Esta intuición necesitaba de consejo,

y sin embargo, se ha encontrado con la prudencia del padre Daza.

Ahora, Teresa, teme nuevamente no encontrarse en lo cierto,

tiene miedo del engaño del demonio,

y de nuevo surgen síntomas de su malestar espiritual.

Reaparece el nerviosismo y esta nerviosismo

produce de nuevo espasmos, temblores y convulsiones.

-¿Qué le ha dado?

-Nada, lo de siempre, se le pasa sola.

Oraciones.

-Creen que ha llegado la hora en que la adoración a Dios,

no estará más ligada a este o a aquel lugar.

La comunidad del Monasterio de la Encarnación, está inquieta.

Comenta, no siempre favorablemente

las alteraciones de teresa.

La priora toma la decisión de enviarla fuera del convento

con la señora doña Guiomar de Ulloa,

quien se ofrece a tenerla en su casa

para poder proporcionarle los cuidados

que requiere su delicado estado de salud.

Doña Guiomar, viuda noble que goza

de una excelente situación económica,

demuestra un gran cariño y una sincera admiración

por Teresa.

Teresa se quedará en su casa por más de dos años,

y allí vivirá fuertes experiencias espirituales.

(CANTA EN LATÍN)

(OYE UN FUERTE ZUMBIDO)

(DEJA DE OÍR EL ZUMBIDO)

Ya no quiero conversación con hombres,

sino con ángeles.

(LEE) Cuando el dulce cazador me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor mi alma quedó rendida,

y cobrando nueva vida de tal manera he trocado,

que mi amado es para mí,

y yo soy para mi amado.

Qué precioso,

me da tanta envidia.

¿Qué es lo que le da envidia, estas coplillas?

Son palabras que no pueden expresar

todo lo que siento en mi interior.

(SUSPIRA) Si supiera, doña Guiomar,

tantos años esperando...

-Cuando la observo, veo que a veces sufre mucho,

cuando hablamos siempre me gustaría

que no acabara nunca la conversación.

Me parece que no acabo de entenderla del todo.

Doña Teresa,

hasta que la conocí, nadie había confiado nunca en mí,

nadie,

ni siquiera mi marido.

¿No la amaba?

-Era muy condescendiente,

pero no me exigía nada.

Yo creo que siempre me tuvo como todos en Ávila,

por mujer de poco asiento y juicio.

Yo quería tener un estímulo para ser de otra manera,

pero no lo encontraba.

No es posible encontrar el impulsos fuera de sí mismo.

-Yo no tengo esa fuerza.

La tiene.

-Me siento tan débil para ser santa.

Yo también,

por eso hace más de 20 años que hice un matrimonio

de conveniencia.

Sí, no ponga esa cara, es verdad.

El amor humano que conocí cuando era muy joven,

no se parecía en nada a la pasión absoluta

de los libros de caballería que me daba mi madre a leer,

miraba a mi alrededor.

La vida de la mujer casada

lo sabe bien,

sólo es sometimiento al varón,

al ambiente, a la costumbre,

los embarazos se suceden, hasta morir de sobreparto,

o agotamiento.

Ese fue el destino de mi madre,

y también el de la primera mujer de mi padre,

y será el destino de mi hermana María,

el de Juanita, el de tantas...

Dios me hizo la merced de escogerme para si,

y me libro de estar sujeta a un hombre

que me hubiera cavado la vida

y quizá también el alma,

pero no será más grande el sentimiento cuando me muera

que cuando salí de casa de mi padre,

me parecía que cada hueso se apartaba de por si.

He pasado más de 20 años luchando porque

el matrimonio de conveniencia que hice cuando me entregué a Dios,

se convirtiera en una pasión absoluta.

Y ahora por primera vez,

siento la paz en mi alma.

Me parece como si las pasiones humanas...

ya no tentaran mis sentimientos.

A partir de este momento, Teresa cambia totalmente,

su estado de salud parece mejorar,

y se encuentra siempre alegre y activa.

Los amigos Daza y Salcedo observan este cambio de conducta

y lo comentan con el padre Álvarez,

el nuevo confesor.

-Qué mujer tan sorprendente.

-Ya se irá acostumbrando, ella es así, muy singular.

-Yo diría más bien incongruente,

porque no me diga vuesa merced que su desenfado

se compagina con las pretendidas visiones místicas.

-Desde luego que no. -Ya se lo dije antes, pare Álvarez,

necesita control.

-Pues doña Guiomar dice... -Diga lo que diga doña Guiomar,

a ella, impresionable como buena mujer,

Teresa de ahumada le ha sorbido el seso.

-Eso a cualquiera que la trate. -Y yo soy el primero en admirarla,

pero hay aquí una cuestión muy delicada,

la de sus orígenes.

-Teresa de Ahumada es nieta de judíos conversos,

vuesa merced llega de fuera, pero en Ávila

todo el mundo lo sabe aunque no se comente,

a su abuelo le llamaban el toledano.

-Hasta en los tejados había gente,

no se cabía en la plaza,

y los balcones, un racimo que parecía que se vendrían abajo.

Desde tres días antes no había lugar en mesón no posada,

la gente durmiendo al raso.

De todas las aldeas de Castilla habían acudir.

-¿Y tú lo viste bien? -Sí,

pero mis dineros me costó,

13 reales pagué por el asiento,

y hasta 20 se llegaron a pagar.

Desde la media noche cogiendo sitio.

-¿Viste al rey nuestro señor? -Sí,

y al príncipe don Carlos, que es muy pálido y enclenque,

los dos de negro, dicen que algunos señores

principales de Valladolid,

que le pedían clemencia para uno de los reos,

les contestó el rey:

"Yo mismo traería leña para quemar a mi hijo,

si hubiera pecado contra la fe".

-¿Y cuántos eran los reos? -Los que murieron 12,

entre hombres y mujeres, ellas, casi todas monjas.

-¿Monjas? -Sí,

monjas de Santa Clara, y algunas bien mozas y hermosas.

traían sambenitos, candelas y cruces verdes,

sólo a dos que llevaban mordaza los quemaron vivos.

-Un tal César y un tal Sánchez,

los demás... Garrote.

-¿Y a esos por qué no?

-Porque no se retractaron los jodíos,

terne que terne, quisieron antes morir ardiendo.

El César se atrevió a gritar que iríamos todos al infierno,

ya veis, delante del rey y los obispos,

ponía espanto verle los meneos, pero ni una queja.

El otro, estando ya medio chamuscado se soltó de la argolla,

e iba saltando de madero en madero gritando:

"Misericordia, misericordia".

-A buenas horas el muy hijo de puta.

Risas.

-He querido reunir a toda la comunidad

para daros noticias de que el gran inquisidor,

don Fernando de Valdés,

que Dios guarde,

acaba de promulgar un índice de libros prohibidos,

cuyos títulos pasará a leer el señor comisario

del santo oficio.

Quien tuviere en su poder alguno de estos libros,

habrá de quemarlo, bajo peligro de excomunión.

Nos, don Fernando de Valdés,

por la divina miseración arzobispo de Sevilla,

inquisidor apostólico general contra la herética

pravedad y apostasía

en los reinos y señoríos de la majestad del rey don Felipe,

sabedor de que algunas personas no guardan la norma

dictada por nuestro santo padre el papa Paulo III

referente a la tenencia y lectura de libros heréticos,

escandalosos o malsonantes

que causan gran daño a los fieles cristianos,

es especial a los ignorantes,

ordenamos, prohibimos y mandamos,

que ninguno tenga ni lea los siguientes libros.

De Francisco de Evia, "El itinerario de la oración",

de Bernabé de Palma el "Vía espíritus",

de Fray Luís de Granada, "El libro de la oración y meditación",

y la "Guía de pecadores".

De Juan de Ávila, el tratado sobre el "Audi filia",

de Francisco de Borja, Duque de Gandía,

las "Obras del cristiano",

de anónimo franciscano, el "Fasciculus mirre",

de Francisco de Osuna, el "Tercer abecedario",

"El tesoro de los ángeles", de autor anónimo,

de Juan de Valdés, el "Diálogo de la doctrina cristiana".

De ahora en adelante, señor,

tú serás mi libro vivo.

Este lenguaje del espíritu...

es tan malo de declarar a los que no saben letra como yo,

que no sé cómo acertar a explicarme,

pero yo os aseguro que lo vi,

estaba junto a mí,

y claramente lo sentía.

-¿Cómo lo ha visto?

Con los ojos corporales no, aunque los tenía abiertos,

pero era...

era una evidencia fuerte,

algo así como...

como cuando sentimos la lumbre del Sol estando de espaldas a él,

o alguien que se nos acerca por la noche y respira.

-¿Y quién le dijo que fuera Jesucristo?

Él mismo me lo dijo muchas veces,

pero antes de que me lo dijese,

ya se había impreso en mí entendimiento que era él,

y antes de eso,

me lo decía y no lo veía,

pero estaba a mi lado.

Al lado derecho.

-No puede ver semejante visión.

Yo también estaba ignorante de que la pudiera ver,

por eso tuve temor al principio,

y no hacía más que llorar,

pero luego sentí un gran regalo, y ya non tenía temor.

Veo que no me creéis.

-¿Y cómo voy a creerla?

No sé qué puedo hacer para convenceros.

-Ni yo para que me obedezca.

Os obedezco en todo, pero no puedo mentiros,

y ni depende de mi voluntad que el señor

se digne a visitarme, ni yo puedo dejar de complacerme.

-Basta, pues no hay más que obstinación

y vanidad en esa arrogancia,

pero siendo tanta,

lo único que deduzco claramente es que no me necesitáis para nada.

¿Quiere decir que no volveréis a confesarme?

-¿De qué sirve, adelantamos algo?

Y sin embargo, padre,

yo necesito guía.

-No es eso lo que da a entender vuestra actitud,

y más le digo,

si se empecina en ello, difícil será

hallar a alguien que la quiera confesar de ahora en adelante,

porque a nadie le gusta que le den lecciones.

¿Lecciones?

Pero si yo sólo busco la verdad.

-Esa ya entra aquí como Pedro por su casa,

como tiene gula de la priora.

Un día nos la van a poner a predicar.

Gemidos.

Gemidos.

(GIME)

Gemidos.

(GIME)

-Teresa... (GIME)

He visto...

(SUSPIRA) He visto un ángel.

Estaba...

estaba cabe mí,

hacia el lado izquierdo.

No era grande, sino... sino pequeño y muy hermoso.

El rostro tan encendido,

que se diría de los ángeles muy subidos,

que parece todo se abrasa.

Debe ser de los querubines,

que sus nombres no me los dice.

Veíale... veíale en la mano

un dardo de oro largo, y al fin del hierro

parecía tener un poco de fuego

que me metía por el corazón

y que me llegaba hasta las entrañas.

Luego... al sacarle,

parecía que se las llevaba consigo,

y que me dejaba abrasada en grande amor de Dios.

(GIME)

Es... es tan grande el dolor... -¿Dolor?

Y tan excesiva la suavidad que me pone,

que no cabe desear que se me quite.

No es un dolor corporal,

sino espiritual,

aunque no deja de participar el cuerpo algo,

y aún bastante...

Es... es un requiebro tan suave que pone entre al alba y Dios,

que suplico yo a su bondad lo dé a gustar

a quién pensare que miento.

-Yo sé que no mentís.

-Yo voy a avisar. No lo haga, venga aquí.

-Luego dice la doña Teodora que son invenciones.

¿A que eso no lo hace ella?

-Hazme sitio que no puedo ver.

No hagan bullicio vuestras caridades,

vuelvan a sus faenas como si nada hubiesen visto.

Dios mío.

Nos llamamos Carmelitas porque el profeta Elías

se retiró al monte Carmelo él sólo,

a hacer vida ermitaña en una gruta,

lejos del ruido de las ciudades,

y allí se desnudó de todas las cosas terrenas.

Más tarde le imitaron muchos y fue cuando se fundó la orden.

-¿Y eso usted cómo lo sabe?

Podéis verlo en el libro sobre la institución

de los primeros monjes que está en el convento,

es de los que aún no se han quemado.

(RÍEN)

Alguno tenía que quedar. (RÍE)

-¿Y los otros monjes también siguieron viviendo solos?

Se apuntaban, pero para poder vivir solo, sin molestarse,

cada uno en su celdilla.

Las construían en las laderas de las montañas,

yo me lo figuro como...

Como una colmena de abejas.

-¿Y de qué vivían?

De frutos del campo y de limosnas,

a quién sólo busca el reino de Dios,

todo lo demás le viene dado por añadidura.

-Ahora por desgracia ya no se puede hacer eso.

-¿Y por qué no?

-Si es con renta y nos morimos de hambre,

y todo son rencillas.

-Porque somos muchas. -Claro, pero yo digo pocas.

Las que estamos aquí, que nos llevamos bien, ¿no?

¿Qué dice, tía?

¿A que sería capaz?

Pues no iba a ser capaz,

no se lo propongan dos veces.

¿Lo están diciendo en serio?

-Si lo hicieron aquellos monjes antiguos,

con llevarnos el libro y hacer lo mismo que ponga allí...

Sería tan precioso.

-¿No dice nada, no le gustaría?

Siempre he soñado con eso.

Mi hermano y yo cuando éramos niños ya jugábamos a ermitaños,

y en la puerta de casa hacíamos ermitas,

poníamos unas piedrecillas encima de otras,

pero en seguida se nos caía.

No resulta tan fácil.

-Ni tan difícil, sólo que al principio

nos haría falta un poco de dinero,

aunque aquellos monjes no lo tuvieran.

-Yo puedo ayudar con mil ducados.

Quien esté conforme que levante el dedo.

Vamos tía, anímese,

que sin vuestra reverencia no hacemos nada.

Las cosas hay que pensarlas.

Vaya, menos mal.

Anda, ayúdame.

Llaman a la puerta.

-Doña Guiomar, la manda el cielo.

A ver qué dice ella.

-¿Qué ocurre aquí?

Estas doncellas proponen que nos juntemos

unas pocas monjas

para hacer un monasterio pequeño y llevar vida de ermitañas,

como los monjes de las reglas primitivas.

-Y ella no quiere.

-A mí me parece que podría ser una obra muy santa,

¿por qué no quiere? -Convénzala.

No he dicho que no quiera.

-A Fray Pedro de Alcántara acabo de cederle

mis posesiones de Aldea del Palo para que funde un monasterio allí.

Este proyecto no me parece más descaminado que el suyo.

Si lo emprenden, cuenten conmigo para todo.

No se precipiten tanto,

habrá que encomendárselo a Dios y...

y consultarlo también con él.

No se puede empezar la casa por el tejado.

(HABLA EN LATÍN)

Era el principio de todas las numerosas futuras

fundaciones de conventos para monjas ermitañas,

lo que será la base de la reforma de la orden Carmelita,

de la que nacerán las Carmelitas Descalzas,

un cambio decisivo en la vida de Teresa.

Las dudas vuelven a ella en el preciso momento

en el que se enciende en su interior,

ese nuevo fuego eterno.

Para Teresa, naturalmente, el amado incendiario es Dios.

(VOZ INTERIOR) Llevarlo adelante con todas las fuerzas.

-Todo serán desasosiegos y trabajos,

¿qué dirá el confesor?

(VOZ) Superar cualquier obstáculo. -No me creerán.

(VOZ) Todo es posible en mi nombre.

-Ahora estaba a gusto y en celda muy a propósito, Señor.

(VOZ) También en el monasterio de San José,

aunque sea más pobre. -De San José.

(VOZ) Así se ha de llamar.

Nadie sabe que va a ser un convento.

La gente cree que es una casita que están reformando

Juana y su marido para vivir en ella,

Para eso se han venido desde Alba de Tormes

¿Por qué no me lo habías dicho?

Conviene llevarlo en el mayor secreto.

En el más absoluto secreto,

sí, porque son muchas las dificultades

de carácter financiero y burocrático,

pero sobre todo, era graves las objeciones

que interponían los superiores de Teresa

en cuanto a los principios y a la doctrina.

Nunca se ha visto un monasterio de monjas ermitañas,

está fuera de las reglas, pero Teresa

está fijando una regla propia,

concretamente la de las Carmelitas Descalzas.

Aunque por ahora es sólo un delirio,

dentro de poco será una tempestad.

Ya sabe que a mí no me deslumbran linajes,

pero no quiero que nuestros conventos

se conviertan como tantos de los que hay,

en refugio de mujeres que van a remediarse.

-Me han dicho que la envía el padre Daza.

Parece que hace años fue muy galana.

Sí, pero ahora todo se hace en lenguas

de su buen sentido y recogimiento.

No me importan a mí muy jóvenes,

con tal de que vengan con ilusión de empezar un camino nuevo.

-Mi amiga doña Leonor de Acuña me habló de una criada suya

de mucha piedad que también piensa en religión,

pero no sabe ni leer ni escribir.

No es que yo quiera letradas sabiondas, Dios me libre,

que no desean más que imponer su criterio,

pero ya conoce mi norma, es preciso que sepan leer.

Los libros son imprescindibles para el espíritu.

Además han de rezar el oficio divino.

-En ese caso... Claro que...

algunas que sean fuertes podemos admitir para legas

(RÍE)

-Doña Teresa de Ahumada.

-Me envía el padre Daza,

me llamo Úrsula de los Santos.

Sí.

Él me ha hablado de vuestro interés por entrar en el nuevo convento,

pero no sé si sabe bien nuestro propósito,

ni si ha medido sus fuerzas.

-Si he venido es porque estoy segura,

lo he pensado muy bien.

No vaya a estar tampoco demasiado segura de si misma.

-No quisiera parecer presuntuosa,

pero sé muy bien lo que quiero.

Me alegro...

hija.

Yo necesito personas decididas,

me espantan las titubeantes y melancólicas,

pero la mucha seguridad estorba a veces la obediencia,

¿lo ha pensado?

-Estoy dispuesta a obedecer.

Bullicio.

Golpes.

Golpes.

-Acabemos con Teresa de Ahumada y se acabará el convento.

Bullicio.

-24 de agosto del año del Señor de 1562,

festividad de San Bartolomé,

yo, Gaspar Daza,

en nombre del obispo de quien tengo comisión y facultad,

os admito a vosotras,

María de Paz, Antonia de Henao,

Úrsula de los Santos,

y María de Ávila,

al hábito reformado del convento de San José

según la regla primitiva de nuestra Señora

del Monte Carmelo.

Lo habéis conseguido.

-Habiendo venido a este consejo que ciertas mujeres,

diciendo que son monjas de Carmen,

han tomado una casa que es censual a esta ciudad,

y han puesto altares, y dicho misas en ella,

y habiendo como hay muchos monasterios de frailes

y monjas pobres que padecen necesidad,

nos hemos reunido para que se provea lo que más conviniere

al bien universal de Ávila.

-Qué se vayan de aquí, no queremos más conventos pobres en Ávila.

Bullicio.

(TODOS GRITAN)

-Empiezan por cuatro haciéndose las santas.

-Lo que quieren es vivir a costa de los demás.

-No resistan a la autoridad, no les servirá de nada.

Abran al corregidor.

-No hacemos daño a nadie.

-Cuando tanto mal hay que perseguir,

¿a qué viene inquietar a cuatro pobres monjas?

-¿Qué le parecerá a doña Teresa? -Le parecerá muy bien.

-Atiendan a poner esta viga más ladera.

-Es un mandato del concejo de la ciudad.

¡Abran!

Vamos.

Golpes. -Oh.

(MURMULLAN)

-Esas mujeres han dado motivo de escándalo,

resistiendo a la autoridad del magnífico señor corregidor.

-Ellas no tiene por qué obedecer más que al señor obispo.

-El hecho de que vuestra paternidad tenga una hermana

entre las novicias de San José,

desautoriza a vuestra paternidad, para deponer en este pleito.

La casa es contradicha

por haberse edificado en sitio censual,

y por razón del perjuicio que resulta a esta ciudad,

y al edificio de las fuentes de ella.

-Vamos por partes,

aquí hay una cuestión municipal,

y otra religiosa.

-La religiosa creo que queda zanjada

habiendo un breve del papa, que les ha sido mostrado.

-Pero tampoco en materia de redención,

puede desatenderse el escándalo nunca visto

que ha ocasionado en nuestra ciudad

la novedad de ese convento.

Yo entiendo que debiere deshacerse con tanta presteza

como se ha levantado.

-Yo no sé, hay quienes dicen que la fundadora

es una intrigante y otros...

-Otros, los que la conocemos,

sabemos que es una mujer de bien.

-Yo no conozco a la fundadora ni la he visto en mi vida,

así que hablo movido tan solo por el amor a la verdad.

Si tiene breve del papa, no ha errado en la intención,

ni en los medios para fundar.

Es el padre Báñez, dominico que ha venido nuevo

al Convento de Santo Tomás,

y que tiene fama de gran teólogo.

-No corresponden a la ciudad, sino solamente al señor obispo.

Suspéndase este pleito hasta informarle

de los pareceres en contra,

y que él sea servido de remediar lo que vea inconveniente.

(MURMULLAN)

-Una esterilla de esparto,

Un cilicio,

una disciplina de cadenilla, un hábito.

Anote que es viejo y remendado.

-Viejo y todo, a devolverlo como lo demás.

Pierda cuidado.

-Firme aquí.

¿Qué ha puesto?

Teresa de Jesús,

así me llamo desde hoy.

-Vaya por Dios,

todo son novedades y cada cual su gusto.

-Quede con Dios, doña Teodora.

-Quede con Dios, doña Teodora. -Quede con Dios, doña Teodora.

-Que Dios la acompañe.

Se abre una puerta.

Ve con Dios.

Vamos, Juana,

despídeme de otra manera que no me voy a las Indias,

o vente conmigo.

No, no soy capaz, y tú lo sabes.

Mi miedo no es por mí,

sino por ti.

Esta aventura no puede salir bien.

Me cuesta dejarte,

pero no puedo hacer otra cosa, yo...

No sé.

Buena parte de mi vida se va contigo, Teresa.

Pensemos más bien en la que empieza.

-Ea, que lo pasen bien vuestras caridades.

Queda con Dios, Juana.

-Quede con Dios, doña Juana.

-Quede con Dios, doña Juana. -Que él os acompañe.

-Adiós, Juana.

-Ya están aquí, alabado sea Dios.

-Os hacemos gracia que no podáis tener

ni poseer bienes algunos,

en común o en particular, según la forma

de la primera regla de la dicha orden,

sino que libremente podáis sustentaros de las limosnas

y caritativos socorros que por los fieles de Cristo,

piadosamente os fueren hechos.

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Teresa de Jesús - Versión reducida - Capítulo 2º

18 abr 2019

Serie de carácter biográfico-religioso que, con gran rigor histórico, sigue la vida de Teresa de Jesús. Descendiente de judeo conversos y monja carmelita emprendió en pleno corazón de Castilla, un movimiento en pro de la liberación del espíritu, dejando en sus escritos uno de los testimonios más apasionantes de aquel tiempo, en que, entre enormes tensiones, se estaban sentando las bases de la modernidad europea. La serie comienza retomando la vida de Teresa a los 23 años, esbozando el marco familiar y social en que se desenvuelve. A lo largo de estos capítulos se sigue la aventura de aquella mujer que se mezcla con el pueblo y frecuenta la nobleza y que, en medio de la más desbordante actividad experimenta las más sublimes vivencias místicas. La que había sido procesada por la inquisición termina por ser la primera doctora de la Iglesia. Ambientada en el siglo XVI, ha sido rodada en escenarios naturales y decorados en ciudades españolas de Castilla, Andalucía y Extremadura.

Histórico de emisiones:
06/04/2012
21/03/2016

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