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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Capítulo 7 - Vida - ver ahora
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-¿Y la Madre Teresa?

-Vuelve a tener calentura.

Ay...

(RESOPLA)

Timbales y flauta.

Bullicio.

Bullicio.

-¿Se ha fijado, madre, cuántas mercedes por la calle,

será fiesta?

Yo creo que aquí siempre están de fiesta.

(ARREA)

-Eh, mula.

(ARREA)

-Esta es la casa, parad.

(ARREA)

Golpes.

-Ave María.

-Madre Teresa. Ay...

Me parece bien pequeña y húmeda, ¿no ha podido hallar nada mejor?

-No ha sido posible, encontré menos ayuda

para la obra de la que esperaba.

Pero habrá conseguido por lo menos licencia del arzobispo.

-Verá... ¿Cómo que verá?

¿La ha conseguido, sí o no?

-Él prefiere que reparta sus monjas por los conventos

que ya hay y los reforme. Pues eso sí que no.

Yo he venido aquí a fundar por el mandato del padre Gracián,

y si no se puede fundar me marcho. -¿Qué pasa?

Que nos vamos, que no nos deja fundar el arzobispo.

-No, no, debe esperar. -¿El padre Gracián qué dice?

-Ha escrito a monseñor, monseñor hablará con la Madre Teresa,

hace falta paciencia. Paciencia, paciencia...

He tenido ya tanta.

-6 libras de pan.

6 libras de pan 30 maravedíes.

El azumbre de leche para las enfermas...

Sí. -18 maravedíes.

El caballo que se compró para el padre Gracián,

73 ducados.

¿Estos 7 reales y medio de qué son?

-Del tapiador, madre.

Como vuestra reverencia se empeña en ser

la que mejor paga de Sevilla.

Calle, que siempre me hace las cuentas del gran capitán.

-Puto Sanquinotrel, no me faltaba más

que verlo convertido en santiguador de bolsillos de monja.

¿Pero qué lenguaje es ese?

-Si es que madre... me saca de quicio,

me trae como un jarrillo de mano de acá para allá,

desbocado de pescozones,

haciéndome tratar con gente de toda ralea y encima me ofende.

Ande, hombre, quite allá.

Bien sé yo lo mucho que le debo,

y mejor lo sabe su divina majestad

que le habrá de pagar todo lo mucho

que ha trajinado en las fundaciones.

-Sí, en las fundaciones...

7 reales y medio al maestro albañil.

No se me ponga mohíno, que también sabe lo mucho que le quiero.

(PIENSA) "28 de agosto de 1575,

para la madre María Bautista, priora de Valladolid.

Jesús sea con vuestra reverencia, hija mía.

Cosa extraña es que casi todas las cartas me cansan

si no son las suyas, y el responder a ellas mucho más,

y lo uno y lo otro me es alivio con vuestra reverencia.

Ya habrá sabido cómo vinieron mis hermanos

en la flota que arribó de las Indias el 12.

Lorenzo de Cepeda es el que yo quiero,

y yo le digo que aunque no fuera hermano mío

por ser tan virtuoso y siervo de Dios,

es mucho para amar.

Su hija la Teresa habrá 8 o 9 años,

y es harto bonita y hermosa.

Él sí quiere estar aquí este invierno por no irse."

Llaman a la puerta. -¿Ave María?

-Sí, pase. Muy bien.

-Madre Teresa, aquí vienen tres que quieren ser novicias,

una es esa señora principal de quién os habló

el padre Mariano, la que tiene fama de santa.

Válgame Dios,

sevillana, señora principal y dándoselas de santa.

Bueno, vamos a ver.

Ay... mi monjita, mi monjita. Oye, dime,

¿cómo te llaman? -Teresia.

¿Cómo? -Teresia.

Ja... Teresia.

Hija mía, Teresia... ja, ja.

-Aquí tiene a la madre Teresa de Jesús.

Vengan con Dios, ¿vuesa merced es María del Corro?

-Así me llamo, y estas doncellas Margarita Ramírez y Ana Sánchez.

¿Todas de Sevilla? -Yo soy de Escacena.

Parece esto muy chico, ¿no?

Hija mía, lo que nos han dado,

pero mala regla me parece la de entrar protestando.

-Digo, si no es protestar, es mi manera.

-Qué calina, ¿nos podemos sentar?

-Supongo que le habrán llegado noticias de mí.

Algo he oído.

¿Conocen la regla de nuestra orden? -¿Y eso qué es?

-Las normas por las que nos regimos las carmelitas descalzas.

Elegimos a personas de oración

y que pretendan toda perfección y menosprecio del mundo,

tal vez su rigor sea demasiado para las mujeres de esta tierra

y no lo puedan llevar.

-Eso habrá que probarlo.

Lo probaremos.

¿Qué hace otra vez en la cocina?

-Un gazpachito para mí, ¿lo quiere probar?

¿No le he dicho muchas veces que aquí

no se permiten esos lujos de la comida especial?

-Y yo le he dicho que estoy delicada.

Y con eso ya cree que tiene bula para todo,

para no barrer, para no madrugar, para escurrir el bulto

de los trabajos molestos.

¿Si estaba delicada por qué entró aquí? No lo entiendo.

-Yo tampoco entiendo por qué vino a fundar a Sevilla

si nos tiene tanta tirria a las andaluzas,

que no hay cosa que hagamos que le parezca bien.

No hago diferencias entre castellanas y andaluzas.

-Si se cree tan santa no debiera faltar a la verdad.

No me creo santa. -Claro que se cree,

¿y sabe lo que dicen en Sevilla? No me interesa saberlo.

-Que no aguanta más perfección que la suya,

y que por eso me tomó celos.

Jamás me han preocupado esas habladurías,

aquí de lo que se trata es de saber si somos capaces

de guardar fidelidad al espíritu de la reforma,

o de no serlo no hay otra alternativa.

-Una reforma inventada a su capricho,

y que ya deja hablar hasta a la Inquisición.

Mucho padre Gracián va a necesitar para librarse de ella.

Creo que haría bien abandonando este convento.

-Lo haré, pero se acordará de quién es María del Corro.

(LLORA)

¿Qué ha ocurrido?

Por el amor de Dios, dígamelo.

-El padre Gracián...

¿Qué... qué le ha pasado?

-Le han dado muerte.

No, no puede ser, ¿pero quién?

-Los frailes calzados en un tumulto.

Oh...

Se lo advertí. Cuidado que se lo advertí,

que tuviera cuidado.

-Tan dulce como era, y tan fuerte.

(LLORA) Qué dolor, madre.

(LLORA)

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

No le llore todavía, hija,

puede ser una falsa noticia,

aún no sabemos quién la ha traído.

¿Tanto le quería?

-¿Vuestra reverencia no?

Vamos a rezar, hija, vamos a rezar.

-Madre nuestra, madre nuestra.

Madre nuestra, no era verdad

porque está ahí fuera en el locutorio.

-Bendito sea Dios, bendito sea mil veces.

Queden con Dios.

Lo dábamos por muerto.

¿Viene herido? -No, no, no ha sido nada.

Sosiegue, madre, en Sevilla enseguida corren los bulos.

Se lo advertí, que tuviera cautela, pero no me hizo caso.

-Tenemos al arzobispo de nuestra parte, no tema.

(RESOPLA) Ya nunca podré dejar de temer.

Pueden envenenarle, tenderle una celada...

toda prudencia es poca.

Esta tierra es muy mala, muy mala.

Tenemos muchos enemigos.

-Pero también el favor de Dios, y una obra que llevar a cabo.

(RESOPLA) Hijo mío...

-Tal vez no debiera decirlo, pero además

de comisario de la Inquisición soy amigo vuestro,

y como tal me veo en la obligación de reprenderos gravemente.

¿No fue vuestra paternidad quién trajo aquí

a la Madre Teresa de Jesús?

-Por mi mandato vino, sí, ¿qué hay de malo en ella?

-Pesan sobre ella y las descalzas de su convento

acusaciones de vida depravada y de llevar a cabo

prácticas de alumbrados.

-Eso es falso, la Madre Teresa es una santa.

-Muchas mujeres con reputación de tales

han sido sacadas al cadalso por la Inquisición,

porque sino lobos vestidos con piel de cordero.

-¿Pero quién ha podido levantar tales infundios.

-No son infundios, sino informes

de alguien que estuvo en el convento

y que lo sabe bien.

No debió nunca traer aquí una mujer como esa

que está siendo el escándalo de toda la ciudad,

y vuestra paternidad mismo debiera guardarse

de tratos con ella, pues salpica su reputación.

Se me da igual que si no lo oyera, no hay en miedo

que en fosa de fe falte ninguna de nosotras.

-Se ve bien que no conoce los rigores de este tribunal,

si no, no pondría esa cara de pascuas.

Permíteme, mi padre, en vez de poner de duelo la suya,

que no hay lugar.

-Sí lo hay, y yo tengo la culpa por haberlas traído aquí.

En ese caso habría que echar la culpa a Dios nuestro señor

que me mandó vencerle siempre, hasta la muerte.

-¿No lo lamenta?

¿Cómo puede pensar eso, hijo mío?

-Como consultores del santo oficio de la Inquisición

venimos a tomarle declaración sobre los cargos

que obran en contra suya.

-Unos se refieren a su vida privada,

otros a su manera de interpretar la religión.

¿Está dispuesta a contestar? Sí, léalos.

-Se le acusa de vida depravada y de haber tenido trato

con diferentes varones. ¿Qué dice a ello?

¿Qué hubiera sido de mí, una pobre mujer sin fuerzas,

si no hubiera conocido a Fray Pedro de Alcántara

que Dios tenga en su gloria,

al padre Francisco de Borja, al padre Domingo Báñez

y a tantos otros que me dieron sabio consejo y me alentaron?

La mayoría jesuitas, como vuestras paternidades.

-No hablamos ahora de magisterio de doctrina,

que eso vendrá más tarde.

Aquí se refiere a trato carnal.

Lo había entendido.

-¿Y qué responde?

Hay cosas a las que no respondo.

-Que conste así.

Se le acusa de haber tenido hijos en secreto

y de haberlos mandado a las Indias.

Nunca me hubiera separado de un hijo mío

si lo hubiera tenido, que conste así,

y también que Teresita Cepeda, aunque se me parece,

es hija de mi hermano,

porque supongo que de ahí viene la calumnia.

-En cuanto a la religión, se le acusa

de llevar a cabo extrañas ceremonias

que son propias de alumbrados,

como atar a las monjas de pies y manos, y azotarlas.

Jesús bendito. -Tomar unas los velos de las otras

y volverse de dos en dos de cara a la pared

para tener mayor apartamiento e intimidad

como pudo ver una testigo.

Digan a esa testigo que lo de los azotes no pudo verlo,

y aunque lo otro sí, lo vio con mala fe.

-Le ruego que vaya más despacio y se explique más claro.

Pues es sencillo,

como somos pobres y no tenemos tantos velos,

a veces los tomamos unas de otras para ir a comulgar

con el rostro cubierto,

como también hizo esa testigo, María del Corro.

-¿Quiere que conste el nombre? Sí,

que las ollas cuanto más se tapan, más hierven,

y en cuanto al otro cargo,

como tenemos el comulgatorio en el patio, a pleno Sol,

en verano por librarnos de él y estar más recogidas,

cada cual se arrincona donde pueden acabando la comunión

y volvemos el rostro a la pared para huir del resplandor.

Perdón, ¿me he explicado demasiado deprisa?

Campanas.

-Te ha puesto una paloma, tú no tienes paloma.

No me hagas reír que se enfada Fray Juan.

-Ya estoy terminando, resista un poco.

-En el nuevo convento que ha comprado mi padre

habrá una sala grande con muchos almohadones

y cuando te pinten te podrás apoyar,

almohadones de muchos colores.

Anda, calla, locuela. -¿Qué convento dice?

-Uno más grande que le va a regalar mi padre

antes de que nos vayamos de Sevilla,

y se estrenará con una procesión de muchas flores,

y vendrá el arzobispo, ¿verdad, tía?

Eso espero, a ver si salimos de aquí

con mejor fama que entramos,

aunque de poco valen los esfuerzos

cuando el barco se va a pique.

-Falta mucho para que se vaya a pique el barco

de Teresa de Jesús.

Fin, terminé.

Puede venir a verlo, para lo que queda

no hace falta que pose.

Ya tengo yo los huesos muy duros

para estar tanto rato en la misma postura.

Jesús María.

¿Esa soy yo?

Dios te lo perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste

me has pintado fea y legañosa.

-Pero la paloma está muy bien.

Es que siempre se pinta mejor lo que no se ve.

Explosión.

(TOCAN LOS INSTRUMENTOS)

Campanas.

Explosión.

(TOCAN LOS INSTRUMENTOS)

Explosión.

Pido humildemente a su ilustrísima, señor arzobispo,

que bendiga a estas pobres descalzas

y les perdone sus muchas faltas

por el amor a Jesucristo.

-Nos, Cristóbal de Rojas,

por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica

Arzobispo de Sevilla,

para mayor gloria del Señor, honra de su santa madre

y provecho de las almas,

bendecimos este convento de San José de Sevilla

y a quienes en él vais a morar.

In nomine patris, et filii,

et spiritus sanctis,

amén.

Alzaos, madre teresa.

Concedednos la gracia de vuestra bendición.

En el nombre del padre,

del hijo

y del espíritu santo. -Amén.

(PIENSA) "Al padre Jerónimo Gracián en Almodóvar.

Jesús, qué revuelto anda el demonio,

enferma de calenturas muy recias tengo tan quebrantado el cuerpo

que esto escribo con harta pena,

que quedan como descoyuntadas las manos y con dolor,

pero más espantada me traen el odio y la furia

que los frailes calzados a fuerza contra nosotros los descalzos.

No se contentan con haber arrancado de nuestro padre

general Rubeo la prohibición de hacer más fundaciones,

no, como si tuvieran miedo de esta pobre mujer.

Me mandan recluirme en uno de los conventos,

he escogido mi San José de Ávila,

pero me detendré algún tiempo en Toledo

por estar más cerca de todo.

Dicen que ya anda por la corte Fray Jerónimo Tostado,

Dios nos libre de él, pues se propone acabar con nosotros.

Vuelvo a insistirle que estas desgracias

no hubieran pasado si, como a tiempo le he dicho,

hubiésemos mandado descalzos a Roma,

porque no nos basta con tener al nuncio de nuestra parte

mientras allí intriguen los calzados

protegidos por el sobrino del papa."

-No es que los frailes calzados no nos amen, es que nos odian.

Yo comprendo su posición,

¿cómo no había de molestarles que vuestra reverencia

sea su visitador general y yo mismo descalzo

por empeño de la Madre Teresa, confesor del monasterio

de la Encarnación del que ella es priora?

Y todo se ha agravado con la fundación

de esos tres conventos de frailes nuestros en Andalucía

sin licencia del general de la orden.

-Pero todo se ha hecho de acuerdo con el comisario apostólico

y con el nuncio de su santidad,

y vuestra reverencia sabe cuán relajados

andan los frailes en la Andalucía.

Sí, con nuestros pecados,

hasta me ha contado nuestra madre que...

hace poco tiempo, en mitad del día dio la justicia a dos de ellos

en una casa infame.

(PIENSA) "Al padre Jerónimo Gracián,

visitador de la orden de descalzos.

Mire que estamos vuestra paternidad y yo

cargados de muy gran cargo como es la reforma de nuestra orden

y que hemos de dar cuenta a Dios y al mundo.

Trate por todas las vías que pudiere

de que nos concedan a los descalzos una provincia

dentro de la orden carmelita,

porque en esto está el todo de la reforma."

-Hay luz dentro, están ahí.

-Rodead la casa, que no escapen.

-¿No oye?

Llaman a la puerta. -Abra la puerta.

-¿Qué hace? Vienen a prendernos,

he de quemar antes estas cartas que tienen

algunos asuntos sobre la reforma y pueden comprometernos.

-Abran la puerta. No resistan a la autoridad.

-Vienen a por nosotros, echarán la puerta abajo.

Golpes. Levántese.

-Vamos, que ya cede.

-Ahí están.

¿Qué se les ofrece?

¿Puedo saber por mandamiento de quién nos prenden?

-El vicario general padre Tostado.

Ah... enhorabuena, enhorabuena.

-Venga, sacadlo de aquí.

-Venga.

Oh... Hermana María de San Jerónimo,

que la vida es tan triste.

¿Qué habrá sido de aquel santico de Fray Juan,

-Tantos días y sin saberse nada,

espantada estoy den este encantamiento.

¿Adónde lo llevarían?

No sé... no sé cómo Dios sufre por él.

(LLORA)

Ni por qué trata tan mal a sus amigos.

-Madre, no llore,

que me va a hacer llorar a mí.

Ande... ande, suba delante,

que esto está muy oscuro y yo ya...

ya tengo las piernas flojas.

Ay, señor.

Ay...

Ay, hermana María,

que se me desatina la cabeza.

-¿Madre? Madre.

¿Qué ha sido? ¿Qué ha sido, cual...?

Ay... no, no, no, no...

Virgen, el brazo,

me he roto un brazo. No puedo levantarme.

Vaya a avisar... avise a la hermana Ana de San Bartolomé.

(TOSE)

Ay, Dios mío... que yo me quede manca

pero que no torturen a Fray Juan de la Cruz,

que me permitan volver a verlo.

Ay... mi brazo.

-Madre, ¿qué ha pasado?

El brazo... que me lo he roto.

Ay...

Ahora, hija, no vas a ser sólo mi enfermera,

tendrás que ser también mi secretaria.

-Jesús... Madre, si no sé escribir.

Golpes.

(JADEA)

Virgen santísima, valedme.

Ladridos.

Ladridos.

-No se le conoce, parece la imagen de la muerte

y pide asilo, ¿qué vamos a hacer?

-Dárselo, lo que hubiera hecho la Madre Teresa.

-Pero le estarán buscando, pueden venir

a registrar el convento.

-Si vienen no se atreverán a violar la clausura.

Pero a mí los azotes, ni el no poder mudarme de ropa,

ni la comida que me tiraban al suelo, ni el balde sin vaciar,

ni los vómitos eran tan duros de soportar

como el tormento de las noticias.

Me decían que a la Madre Teresa y al padre Gracián

los habían encarcelado por ser más herejes que Lutero

y que a mí me iban a arrojar a un pozo

para que nadie pudiese saber nada de mí.

-Jesús mío, ¿cómo habrá resistido sin morirse?

Dios no me ha retirado el consuelo

y de vez en cuando escribía algún poema de devoción

con pluma y tinta que me dio un carcelero más caritativo.

(PIENSA) "En una noche oscura, en ansias en amores inflamada,

oh, dichosa ventura, salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura por la secreta escala, disfrazada,

oh dichosa ventura, a oscura y en celada,

estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba más cierto que la luz del medio día,

adonde me esperaba quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía.

(SE RECUERDA A ELLA MISMA CANTANDO)

(SE RECUERDA A ELLA MISMA CANTANDO)

Cuantos recuerdos...

me trae esta casa, hija mía.

-Es por aquí.

Lo sé muy bien.

-Mire qué yemas tan rica, tanto como le gustan

a vuestra madre,

y además le traigo una buena noticia.

-¿Quién es?

Por Dios, Guiomar,

soy Teresa de Jesús.

-Teresa.

Teresa... -No se mueva, no,

tiene que estar quieta.

-Qué alegría verla, Madre Teresa.

He sido ingrata, Guiomar,

ingrata,

y sobre todo cobarde,

pero sabía que nada como los muros de esta casa,

tan querida para mí,

podía traer a mi alma con más vivo dolor

la imagen de mi derrota.

Tenía miedo de volver.

-He estado tan enferma...

La esperaba, siempre la esperaba,

su valor me daba ánimo.

Ya no lo tengo.

-No hable así, la conozco bien, volverá a sacar valor.

¿De dónde, amiga mía?

Cuando los pozos se secan

es inútil seguir echando el cubo para que suba agua.

A los calzados nos persiguen sin tregua.

Fray Juan anda por ahí, huido y medio muerto.

A la priora de Sevilla la han destituido

y obligado bajo pena de excomunión a entregar mis cartas.

Gracián encarcelado en Alcalá de Henares.

La orden se me escapa de las manos.

Nunca debí dejarlas en manos de hombres,

sólo soy una pobre vieja

de la que no se escuchan ya ni los consejos.

-¿Y el rey?

¿No estaba a favor de los Descalzos, no puede hacer algo?

Debe sufrir presiones también él.

Yo... yo le he vuelto a escribir que no nos abandone.

-Ve como no pierde su tesón.

Pero si yo no sé ni lo que digo en las cartas,

me bailan las letras.

Y este brazo...

Ni para vestirme sola me valgo.

(SUSPIRA)

-Madre,

estoy perdiendo la memoria,

a cada paso confundo personas y sucesos.

No sé dónde estoy ni quién soy.

Por si la pierdo del todo y por si no la vuelvo a ver...

déjeme que le diga que lo más importante de mi vida

ha sido su amistad.

(SOLLOZA)

-Hemos examinado atentamente el dictamen

que vuestras reverencias han elaborado

sobre el pleito que tanto tiempo ya divide

a los Frailes Carmelitas Calzados

y a los Descalzos de la madre teresa,

y en consecuencia decidimos solicitar

de nuestro santísimo padre, el papa,

que ratifique la creación de una provincia

eclesiástica de Descalzos

con gobierno independiente de la de los frailes calzados

para que termine de una vez por todas

la injusta persecución contra ese reducido grupo

de hombres y mujeres que desde sus 22 conventos

edifican al pueblo con la austeridad de su vida,

y así estamos dispuestos a defenderla,

fundada por la Madre Teresa, como una de las más preciadas

joyas de nuestra corona.

Ha sido una... una gran suerte

coincidir con el padre Gracián en Toledo

y que su ilustrísima se haya dignado a redimirnos,

porque para lo que queremos pedir,

vamos de acuerdo en todo.

-Mucho me alegro de conocerla, Madre Teresa.

Lo deseaba hace tiempo,

desde que leí un libro suyo que presentaron a la Inquisición.

Por la suerte que ha corrido ese libro

es por lo que quería preguntarle

además de pedirle licencia para fundar en Madrid,

que si Dios me da un poco de salud

es la última...

y más ardiente ilusión de mi vida.

-Por el libro no haya pena.

He examinado esa doctrina con mucho rigor

y creo que a la Inquisición lo entregó alguien

que quería su mal.

Lo he leído todo varias veces y es de doctrina muy segura,

verdadera y provechosa.

Bien pueden piar por él cuanto quisieren.

Hemos...

hemos de hacer un memorial enseguida

para recobrar el libro secuestrado.

-No hace falta,

puedo pedir el ejemplar que tiene el duque de Alba

y de él sacar para los conventos las copias que quisiere.

Pero si no es por las copias,

¿es que no lo comprende?

Lo que yo no quiero es que el libro

siga en poder de la Inquisición.

No... mientras lo tenga mi herida seguirá abierta.

Vuestra paternidad lo sabe bien.

-Se ha vuelto muy suspicaz, Madre Teresa.

Le digo que no hace falta,

como tampoco corre tanta prisa lo de fundar en Madrid,

es un capricho en la coyuntura presente.

-Yo por mi parte puedo darle la licencia que pide.

-Eso ya lo hablaré con la Madre Teresa más despacio.

Podría quedarse para otra ocasión.

Ahora tiene que fundar en Palencia.

Pero lo de Palencia no quita para...

-Madre Teresa, ya no puede abarcar tanto.

(PIENSA) "Crecerá siempre esta orden de descalzos

si sus frailes guardan estas cuatro normas;

que las cabezas estén conformes,

que aunque tuviese muchas casas haya en cada una pocos frailes,

que traten poco con seglares y esto para bien de sus almas,

y en fin que enseñen más con las obras que con las palabras".

  • Capítulo 7 - Vida

Teresa de Jesús - Capítulo 7 - Vida

01 abr 2015

Teresa de Jesús funda Sevilla con grandes dificultades. Las tensiones entre carmelitas calzados y descalzos generan una auténtica batalla. En el verano de 1575, Teresa llega a Sevilla, atravesando las calles con puestos callejeros y vendedores ambulantes.

Histórico de emisiones:

27/03/2013

 

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