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Teresa de Jesús

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3071103
Teresa de Jesús - Capítulo 4 - El castillo interior - ver ahora
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-Ay...

-Bienvenidas. Doña Teresa.

-Mi señora, estaba tan impaciente por verla.

Deben estar muy cansadas del viaje, ¿verdad?

Sí, un poco sí.

-Encárgate de los bártulos.

(NARRA) Dios escribe derecho con renglones torcidos.

El mandato de obediencia para ir a Toledo a consolar

a doña Luisa De la Cerda me permitió alejarme de Ávila

donde a pesar del secreto conque lo procuraba

se iba corriendo la noticia de los preparativos

del nuevo convento.

Si al provincial le dijeran algo de ello

me había de mandar detenerme.

Y todo hubiera terminado.

Es un gran bien para el alma no salir de la obediencia.

Una de las mentiras que dice el mundo

es llamar señores a las personas semejantes,

que no me parece sino que son esclavos de mil cosas.

Es así que del todo aborrecía el desearse señora

cuando conocí a doña Luisa de la Cerda.

Vi que era una mujer tan sujeta a pasiones y flaquezas como yo.

Mientras es mayor el señorío tienen más trabajos

y un cuidado de tener la compostura conforme a su estado

que no las deja vivir.

Comen sin tiempo ni concierto porque han de andar todo conforme

al estado y no a las confesiones.

Han de comer muchas veces los manjares,

más conforme a su estado que no a su gusto.

Pues con los criados es poco lo que hay que fiar,

aunque los tenía buenos.

No se ha de hablar con uno más que con otro,

sino al que se favorece ha de ser malquisto.

No estuve libre de trabajos y algunas envidias

que tenían algunas personas

del mucho amor que aquella señora me tenía.

Debían pensar que pretendía algún interés.

Pues estando con doña Luisa de la Cerda

ordenó su Divina Majestad que tuviese noticia de mí

una beata de nuestra orden,

María de Jesús Yepes,

a quien el Señor había movido el mismo año y mes que a mí

para hacer otro monasterio de esta orden.

Vino de más de 70 leguas por hablarme.

Es mujer de mucha penitencia y oración.

Y tenía bien entendido con no saber leer lo que yo

con tanto haber andado a leer las constituciones ignoraba.

-¿Quién, doña Teresa a Ahumada? -La misma.

-Y hay otra monja más que de seguro viene a sacar tajada

a la señora como todas.

-Si la oyerais no diríais eso.

Ha peregrinado hasta Roma y ha visto al papa.

-El papa.

-Sí.

Está contando unas aventuras de novela.

Llevaba un jubón relleno de monedas de oro y plata.

Y por el camino se puso malísima.

-Lo que no sé es como no revientan.

-Tú sí que vas a reventar como el marrano Solimán.

(NARRA) Desde ahora doy licencia

a mi confesor el padre García de Toledo

que me mandó escribir publique lo que aquí digo

de mi ruin vida y pecados

para que no engañe más al mundo que piensa hay en mí algún bien

para lo que de aquí en adelante

dijese de las mercedes del señor me ha hecho.

No se la doy ni quiero.

Si a alguien lo mostraren

digan quién soy para evitar se engañe.

-¿Otra vez escribiendo?

¿Qué es lo que escribe con tanta ansia?

La obediencia nos manda cosas difíciles.

Aunque ninguna tanta como contar la propia vida.

Pero no sé si lo hago por obligación o por necesidad.

(NARRA) Querida hora, rey mío,

os lo suplico,

que pues cuando esto escribo no estoy fuera

de una santa locura celestial,

que estén todos los que yo tratare locos de vuestro amor

o no permitáis que trate con nadie.

-Si sólo hubieran sido ellas.

Toda la ciudad en contra mía.

Hasta me amenazaron con azotarme públicamente.

¿Pero no traía los papeles del papa en regla?

-Sí, pero es que a todos les parece absurdo

que quiera fundar un monasterio sin renta.

Si de lo que se trata es de que las monjas

aseguren su recogimiento para dedicarse a Dios

parece que lo mejor es que haya renta

para que estén libres de cuidado.

En el Monasterio de la Encarnación nos vemos obligadas

porque no alcanza a estar todo el día de visitas y demandas.

-La regla primitiva manda que sea sin renta.

Creemos o creemos en ella.

Lo que pasa es que somos de poca fe.

¿Vivían con renta Cristo y los apóstoles?

De modo que me envían a pedirle parecer a vuestra reverencia,

pero no la encuentro muy favorable a ello.

¿Se ríe?

Sí.

Es que tiene gracia que venga a pedirme parecer

cuando es vuestra reverencia quien me abre los ojos.

Porque ahora veo claro que no seremos de verdad libres

mientras no nos dejemos de consejos de letrados

y atendamos al evangelio.

-Tome, póngalo allí en el carro.

-Nunca podré pagarle su visita.

En estos meses me he convertido en otra mujer.

Yo también soy otra bien distinta de la que vino.

-A ver si no se desanima en sus propósitos.

Ya no, con esta carta.

Pero rece por mí.

-Rezaré.

Que tenga suerte.

Lo mismo le deseo.

No sé cómo darle las gracias.

No se aflija vuestra merced que la dejo en buena compañía.

Ea, queden con Dios vuestras mercedes.

-Con Dios, doña Teresa. -Lleve bien viaje vuestra merced.

-Que vuelva pronto.

A mí me da pena que se marche.

-¡La carta de Fray Pedro!

(LEE) Si vuestra merced quisiere seguir el consejo

de Jesucristo de mayor perfección en materias de pobreza, sígalo.

Porque no se dio más a hombres que a mujeres

ni es dificultoso de guardar sino a los incrédulos

y a los que solamente se gobiernan por prudencia humana.

No vacile ni tome pareceres sino de seguidores

de los consejos de Cristo, que sabe lo que se aconseja

y da favor para cumplirlo para los que confían en él

y no en las cosas de la tierra.

Ya sabe que a mí no me deslumbran linajes.

Pero no quiero que nuestros conventos se conviertan

como tantos de los que hay en refugios de mujeres

que van allí a remediarse.

-Me han dicho que la envía el padre Daza.

Parece que hace años fue muy galán.

Sí, pero ahora todos se hacen lengua

de su buen sentido y recogimiento.

No me importan a mí muy jóvenes,

con de que vengan con ilusión de empezar un camino nuevo.

-Mi amiga doña Leonor de Acuña

me ha hablado de una criada suya de mucha piedad,

que también piensa en religión.

Pero no sabe ni leer ni escribir.

No es que yo quiera letradas sabihondas, Dios me libre,

que no desean más que imponer su criterio.

Pero ya conoce mi norma, es preciso que sepan leer.

Los libros son imprescindibles para el espíritu.

Además han de rezar el oficio divino.

-En ese caso...

Claro que algunas que sean fuertes podemos admitir para legas.

-Ah.

-Doña Teresa de Ahumada.

-Me envía el padre Daza.

Me llamo Úrsula de los Santos.

Sí.

Él me ha hablado de vuestro interés por entrar en el nuevo convento.

Pero no sé si sabe bien nuestro propósito,

ni si ha medido sus fuerzas.

-Si he venido es porque estoy segura.

Lo he pensado muy bien.

No vaya a estar tampoco demasiado segura de sí misma.

-No quisiera parecer presuntuosa, pero sé muy bien lo que quiero.

Me alegro, hija.

Yo necesito personas decididas.

Me espantan las titubeantes y melancólicas.

Pero la mucha seguridad estorba a veces la obediencia.

¿Lo ha pensado?

-Estoy dispuesta a obedecer.

-¡Acabemos con Teresa de Ahumada y se acabará el convento!

Gritos y alboroto en la calle.

-Hoy 24 de agosto del año del Señor de 1562,

festividad de San Bartolomé,

yo, Gaspar Daza, en nombre del obispo

de quien tengo comisión y facultad

os admito a vosotras; María de Paz,

Antonia de Henao,

Úrsula de los Santos

y María de Ávila,

al hábito reformado del Convento de San José

según la regla primitiva

de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Lo habéis conseguido.

(PIENSA) "¿Habré hecho bien?

¿No habré faltado contra la obediencia

promoviendo todo esto sin orden de mi padre provincial?

¿Serán felices estas pobrecitas

que aquí se encierran en tanta estrechura?

¿Tendrán siquiera para comer?

¿Quién me habrá metido en este disparate?

Claro, yo tengo casa grande, celda buena, viejas amigas

y seguridad de vida.

¿Pero y estas?

¿Seré yo capaz de renunciar a aquello y venirme aquí?

¿Y me entendería con ellas?

No, no,

ya sé que es el Demonio quien me empuja

a este callejón de desaliento".

Yo prometo, Señor, hacer todo cuanto pueda

por tener licencia de venir de esta casa.

Quien pudiéndolo hacer con buena conciencia.

Prometeré estricta clausura.

-Doña Teresa.

Diga, María, hija.

-La priora de la Encarnación ha mandado recado

para que vaya allí sin demora.

¿Será para algo malo?

Vamos allá y lo sabremos.

Por vuestras caridades lo sentiría, que son inocentes de todo.

-Madre, le digan lo que le digan no vaya triste ni con flaqueza,

que mayor cáliz bebió Jesucristo.

Pero tampoco se disculpe, que no tiene de qué.

Dice gran verdad, hija.

Que él la bendiga y me deje volver pronto.

No creo haber faltado en nada a la obediencia.

Soy monja de la Encarnación

y como tal me he limitado a acompañar y animar

en un nuevo Convento de San José fundado con patentes de Roma

y bajo la autoridad del obispo a cuatro novicias

que han prometido allí una vida más perfecta.

No quiero ser motivo de discordia.

Y en algo he ofendido a vuestra caridad

os pido ahora mismo perdón.

-Habiendo venido a este concejo que ciertas mujeres,

diciendo que son monjas del Carmen,

han tomado una casa que es censual a esta ciudad.

Y han puesto altares y dicho misas en ella.

Y habiendo como hay muchos monasterios de frailes

y monjas pobres que padecen necesidad

nos hemos reunido para que se provea

lo que más conviniere al vir universal de Ávila.

-¡Que se vayan de aquí, no queremos tantos en Ávila!

(GRITAN ENFADADOS)

-¡Empiezan por cuatro haciéndose las santas!

-¡Lo que quieren es vivir a costa de los demás!

-¡No resistan a la autoridad, no les servirá de nada!

¡Abran al corregidor!

-¡No hacemos daño a nadie!

-Cuando tanto mal hay que perseguir

aquí viene a inquietar a cuatro pobres monjas.

-¿Qué le parecerá a doña Teresa? -Le parecerá muy bien.

-Atiendan a poner aquí más madera.

-¡Es un mandato del concejo de la ciudad! ¡Abran!

Golpes. -¡Ah!

-Esas mujeres han dado motivo de escándalo

resistiendo la autoridad del magnífico señor corregidor.

-Ellas no tienen por qué obedecer más que al señor obispo.

-El hecho de que vuestra paternidad tenga una hermana

entre las novicias de San José desautoriza a vuestra paternidad

para deponer en este pleito.

La casa es contradicha

por haberse edificado en sitio censual

y por razón del perjuicio que resulta a esta ciudad

y al edificio de las fuentes de ella.

-Vamos por partes.

Aquí hay una cuestión municipal

y otra religiosa.

-La religiosa creo que queda zanjada

habiendo un breve del papa que les ha sido mostrado.

-Pero tampoco en materia de religión

puede desatenderse el escándalo nunca visto

que ha ocasionado en nuestra ciudad la novedad de ese convento.

Yo entiendo que debiera deshacerse

con tanta presteza como se ha levantado.

-Yo no sé, hay quienes dicen

que la fundadora es una intrigante y otros...

-Otros, los que la conocemos, sabemos que es una mujer de bien.

-Yo no conozco a la fundadora ni la he visto en mi vida.

Así que hablo movido tan sólo por el amor a la verdad.

Si tiene breve del papa no erraron la intención

ni en los medios para fundar.

-Es el padre Báñez,

dominico que ha venido nuevo al convento de Santo Tomás

y que tiene fama de gran teólogo.

-No corresponden a la ciudad sino solamente al señor obispo.

Suspéndase este pleito hasta informarle

de los pareceres en contra y que él sea servido de remediar

lo que vea inconveniente.

Murmullos.

-Una esterilla de esparto,

un cilicio,

una disciplina de cadenilla,

un hábito.

Anote que es viejo y remendado.

-Viejo y todo ha de volverlo como lo demás.

Pierda cuidado.

-Firme aquí.

-¿Qué ha puesto?

Teresa de Jesús.

Así me llamo desde hoy.

-Vaya por Dios, todo son novedades y cada cual su gusto.

-Quede con Dios, doña Teodora.

-Quede con Dios, doña Teodora.

-Quede con Dios, doña Teodora. -Que Dios la acompañe.

Ve con Dios.

Vamos, Juana, despídeme de otra manera

que no me voy a las Indias.

O vente conmigo.

No, no soy capaz y tú lo sabes.

Mi miedo no es por mí, sino por ti.

Esta aventura no puede salir bien.

Me cuesta dejarte,

pero no puedo hacer otra cosa.

Yo...

no sé.

Una parte de mi vida se va contigo, Teresa.

Pensemos más bien en la que empieza.

-Ea, que lo pasen bien vuestras caridades.

Queda con Dios, Juana.

-Quede con Dios, doña Juana.

-Quede con Dios, doña Juana. Que él os acompañe.

-Adiós, Juana.

-¡Ya están aquí, alabado sea Dios!

(LEE) Os hacemos gracia que no podáis tener ni poseer

bienes algunos en común o en particular

según la forma de la primera regla de la dicha orden,

sino que libremente podáis sustentaros de las limosnas

y caritativos socorros que por los fieles de Cristo

piadosamente os fueren hechos.

No obstante las constituciones apostólicas

ni cuales quiera otras en contrario.

Dado en Roma a 5 de diciembre, el año tercero

de nuestro santísimo padre y señor papa Pío IV.

-Alabado sea Jesucristo y la Virgen María su madre.

A la oración, hermanas.

-A la oración, hermanas.

-A la oración, hermanas.

(NARRA) El cimiento de esta casa es la oración.

Y ella no consiste en pensar mucho, sino en amar mucho.

Han de ser las monjas del Carmelo ermitañas contemplativas,

ocupadas tan solo en cultivar

como buenas hortelanas el huerto del alma,

para que nuestro rey venga a deleitarse mucha veces en él

y a holgarse entre las flores de las virtudes.

Es menester irse acostumbrando a que nada nos importe ver ni oír,

sino estar en soledad,

cuidar sólo del alma,

hacer cuenta que no hay en la tierra sino Dios y ella.

Nosotros no somos ángeles, sino hombres.

Y por eso nos es Cristo muy buen amigo,

porque le miramos hombre y vémosle con flaquezas y trabajos

y así nos es compañía.

Tratad con Dios como con padre, y como con hermano,

y como con señor, y como con esposo.

A veces de una manera, a veces de otra,

que él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle.

Cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores,

entended que, si es en cocina, entre los pucheros anda el Señor,

ayudándoos en lo interior y en lo exterior.

Creedme que Marta y María han de andar juntas

en cada una de nosotras para hospedar al Señor en el alma.

Si María se echó a contemplar a los pies del señor

fue porque ya había hecho el oficio de Marta

lavándole los pies.

La tabla del barrer se comienza desde la madre priora

para que en todo dé buen ejemplo.

Nunca jamás la priora ni alguna de las hermanas

pueda llamarse doña.

Pues si contemplar y tener oración mental y bocal,

y curar enfermos, y servir en las cosas de la casa,

y trabajar sean lo más bajo, todo es servir al Señor

que viene a estar con nosotras como huésped,

y a comer, y a recrear.

¿Qué más se nos puede dar estar lo uno en lo otro?

Obras quiere el Señor, que si ves a una enferma

a quien puedes dar algún alivio no se te dé nada perder la devoción

y te compadezcas de ella.

Y si tiene algún dolor, te duela a ti.

Y si fuera menester lo ayunes para que ella lo coma.

Las enfermas sean curadas con todo amor del regalo y piedad

conforme a nuestra pobreza.

Y si les faltare lo que los ricos

tienen de recreación en las enfermedades,

no se desconsuelen que a eso han de venir determinadas.

Por eso, hermanas mías, volemos alto a pedir al Señor,

que pues si en alguna manera podemos gozar

del Cielo en la Tierra que nos dé su favor

y nos muestre el camino y dé fuerzas al alma

par acabar hasta hallar ese tesoro escondido

que está dentro de nosotras mismas.

Así que, hermanas, todo lo que pudierais

sin ofensa de Dios procurad ser afables.

Y entender de manera

con todas las personas que os trataren,

que amen vuestra conversación

y deseen vuestra manera de vivir y tratar.

Y no se atemoricen y amedrenten de la virtud.

Cuanto más santas, más conversables.

No dejéis arrinconar vuestra alma.

-Ella también está enferma muchas veces y no lo dice.

-Sí, ¿pero a ella cómo vamos a parecernos?

-Lo que no sé es cómo puede con todo.

Sobre todo desde que la han hecho priora.

-Y el libro que está escribiendo, que también le lleva tiempo.

-Bueno, pero eso lo hace porque le gusta.

-Porque le gusta no,

porque se lo ha mandado su confesor.

-Y también porque le gusta.

Si no no le saldría tan bien.

Y además se le nota en la cara que le gusta.

De Fray Pedro de Alcántara, que gloria haya,

aprendí esto del ahorro.

Porque se iba fijando en las hierbas que elegía su burro

para cogerlas él después.

"Lo que no mata engorda", decía.

-Pero si en esta vasija no hay más que posos.

No se canse,

es cuestión de paciencia.

Deme otra.

Dele unos golpecitos a ver.

¿Ve cómo cae algo?

-Dos gotas.

Oro son cuando hay sequía.

¿Vamos recogiendo algo o no?

-Ya...

¡Madre!

¡Madre!

¿Qué le pasa, madre?

Suelte, yo la cogeré.

¡Ah!

Hija, por Dios, qué inoportunidad.

Ya pasó.

¿Se ha caído algo?

-No, ni una gota.

Válgame Dios,

la que hubiéramos hecho.

-Los del concejo ya parece que se han aplacado.

Y la ciudad también.

Pienso mucho sobre lo que siempre

decía vuestra reverencia de la determinación.

No todos se alborotan por falta de determinación,

por no saber lo que quieren.

Y si han de atender a una consigna o a la contraria.

Es muy difícil que oigan la voz del espíritu,

la verdadera, y luego el hambre.

¿Cómo se le va a pedir juicio a un pueblo hambriento?

Y mucho menos espiritualidad, ¿no le parece?

Pero diga algo, que llevo un rato hablando solo.

¿O es que ese paño tan tosco

le interesa más que lo que yo le digo?

No tenemos otro para coser nuestros sayales.

Es paño barato,

del que suelen hacer mantas a las cabalgaduras.

(SUSPIRA)

-¿Pero podría dejar la labor cuando baja al locutorio

como en la Encarnación hacía?

Porque ni me atiende.

Aquellos eran otros tiempos de más relajo

y podía disiparme en sutilezas.

Aquí ni una hora puedo perder.

Somos pobres de solemnidad.

-Entonces como a mí no me gusta

que esté cosiendo mientras hablamos le propongo un arreglo.

Vuestra merced dirá.

-Cada vez que baje al locutorio

le daré un cuarto

por lo que le haya estorbado en coser.

¿O es que le parece poco pago

para que Marta se convierta en María?

Es un precio ajustado.

¿Empezamos desde ahora?

(NARRA) No está el negocio de ser monja en el hábito.

Pero llamadas por merced de Dios a llevar el de nuestra señora

que antes vistieron aquellos santos profetas ermitaños,

debe nuestro vestido ser símbolo

de la pobreza y el recogimiento que profesamos.

Y así no hay en él cosa de color

sino que sea de jerga o sayal, sin tintura,

y eches el menos sayal que se pueda para ser hábito.

Sin pliegue, redondo, y el escapulario de lo mismo.

La capa de coro de la misma jerga blanca

y que lleve la menos que ser pueda.

Atento siempre a lo necesario y no a lo superfluo.

Las túnica de raíz de la carne sean de esta meña

y los vestidos de saya vil.

El calzado, alpargatas.

Y por la honestidad calzas de sayal o de estopa.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

Hermanas, no disimulen,

que mal de muchos consuelo de tontos.

Que el Señor nos perdone pero habrá que dejar los rezos,

ya que tenemos forasteros.

Risas.

-Por si fuéramos pocos parió la abuela.

-Menos mal que son chicos, ¿eh? -Peor.

-Es que si fueran grandes menudo ejército.

-Sí, llegaba hasta la muralla.

-A ver si con la procesión de mañana se aplacan.

-¡Ah, por aquí!

¡Por aquí! -Espere un momento.

-La madre está escribiendo una canción.

-¿Ah, sí?

Música.

Música

(TODAS) Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

-Hijas, pues tomáis cruz, tened valor.

Y a Jesús, que es vuestra luz, pedid favor.

Él os será defensor en trance tal.

(TODAS) Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

-Inquiera este mal ganado en oración,

el ánimo mal fundado en devoción.

Más en Dios el corazón tened igual.

(TODAS) Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

(TODAS) Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

-Pues vinisteis a morir, no desmayéis.

Y de gente tan civil no temeréis,

remedio en Dios hallaréis de tanto mal.

(TODAS) Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

Pues nos dais vestido nuevo, Rey Celestial,

libra de la mala gente este sayal.

Corte por ahí todo lo roto.

Y póngale este pedacito por detrás.

No es difícil, inténtelo.

-¿Me hace la caridad de dejarme sus tijeras?

-Las necesito yo ahora.

Cuando termine con ellas,

déjeselas.

-Tome las mías, mi vida.

¿Qué melindres y arrumacos son esos?

"Mi vida", "mi bien", "mi alma".

¿Somos niñas acaso?

¿O enamoraditas de romance?

Ea, no haga pucheros tampoco por una nonada,

que no querría yo que mis hermanas pareciesen otra cosa

que varones fuertes.

Por experiencia he visto,

dejando lo que en muchas partes he leído,

que es un gran bien para el alma no salir de la obediencia.

Porque si de veras se rinde el entendimiento a ella,

el Demonio deja de acometer con sus continuas inquietudes.

Y también cesan nuestros bulliciosos sentimientos,

amigos de hacer su voluntad.

¿Qué tiene, hermana Úrsula?

Váyase a acostar.

-¿Pero por qué?

Porque lo necesita.

Acompáñela a su celda.

-¿Cómo está hermana?

-Muy mala.

-¿Pues qué tiene?

¿O qué le duele?

-No sé, hermana, pero la madre lo dice.

Llaman a la puerta.

Ay, coartada de mí.

-No nos asuste, madre, ¿qué tiene?

No se puede perder un momento, que la lleven a la enfermería,

que llamen al barbero y que la sangren.

Vamos.

-Vamos, el cuenco.

-Ande, traiga.

-No, ha dicho la madre que lo sostenga ella.

-Vamos, quien sea.

No ahí no, más abajo.

Ande, y no mire si no quiere.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

Rezos en latín.

-Pater noster.

(REZAN EN LATÍN)

(REZA EN LATÍN)

(TODAS) Amén.

-Y una vez sentados le preguntaron sus discípulos.

Y los adoctrinaba diciendo:

"Bienaventurados los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos y humildes

porque ellos poseerán la tierra".

(TODAS) No la debemos dormir la Noche Santa,

no la debemos dormir,

no la debemos dormir.

No la debemos dormir la Noche Santa,

no la debemos dormir,

no la debemos dormir.

La Virgen a solas piensa qué dirán

cuando el rey de luz inmensa parirá.

No la debemos dormir la Noche Santa,

no la debemos dormir,

no la debemos dormir.

Miren, miren qué galán ha quedado San José

vestido de tiros largos.

-Parece que sonríe.

Claro, nos agradece que le hayamos quitado años.

Qué...

qué primorosamente pintado.

¿Quién lo ha hecho?

-Una hermana cualquiera con la ayuda de Dios.

-Ha sido la hermana Úrsula.

Calle, no la contradiga,

que bien respondió a mi impertinente curiosidad.

¿Echa algo de menos vuestra caridad, hermana?

-¿También adivina ahora el pensamiento?

Conozco muy bien a mi Ana de los Ángeles.

-Sabe que llevamos más de 30 años juntas.

No lo he olvidado.

-Después de tanto tiempo y tanta lucha

empiezo a pensar si en el fondo de toda esta aventura

no estará la vanidad.

No me he equivocado eligiendo a la superiora de esta casa.

-A veces tengo dudas, madre,

de si lo que hacemos no es levantar ídolos de nosotras mismas

y crearnos una figuración de Dios

a nuestra medida.

¿Lo cree así?

-Tanto mirarnos quizá nos aleje de los demás.

Anda el mundo tan revuelto,

y nosotras aquí.

No nos recogemos en nuestro castillo interior

buscando refugio y consuelo.

Si nos entregamos a la oración no es para gozar,

sino para servir.

-A pesar de todo no hago nada por los demás.

Sí, yo también siento la necesidad de hacer algo más.

-Este es Fray Alonso Maldonado,

el padre misionero de quien le hablé.

¿Es verdad que venís de las Indias?

-De allí vengo, de San Francisco de California.

Ay, cuánto le envidio.

¿No habréis visto por ventura

al padre Francisco de Borja de la Compañía de Jesús?

-No, aunque oí hablar de él.

Pero las Indias forman un imperio tan vasto

como jamás pueda imaginarse desde un rincón de Castilla.

La labor de un misionero

equivale a una gota de agua en el mar.

Aunque fuéramos un ejército de miles

difícilmente llegaríamos a toparnos unos con otros

si la providencia no lo dispusiera.

Y ni aún daríamos abasto para remediar la miseria

de tantos millones de almas

que no conocen de Cristo ni el nombre

y que se pierden por falta de doctrina.

¿Por qué no envían más?

-Precisamente para ese negocio he venido comisionado.

-Trae varias cartas para el rey nuestro señor.

No os contentéis con entregarle las cartas,

procurad que os escuche, cuando se ha palpado algo

nunca puedo contarlo la pluma como la lengua.

-En eso dice verdad.

Yo querría entregarme en esa empresa

aunque pasara mil muertes.

-Cualquiera que la oiga

pensará que no está haciendo nada aquí.

No me compare, mi capellán, el trote de un borriquillo

con el vuelo de un águila.

-También los borriquillos son necesarios, madre Teresa.

Sí, pero muchas veces cuando entran en un trampal

o en un atolladero ya no saben salir de allí.

Señor, mostradme el camino

para remediar la pérdida de tantas almas.

¿Cómo no pueden gozar de vos?

No permitáis que me limite en este palomar.

Ya que me habéis dado a guardar parte de vuestro tesoro,

no me atéis las manos para distribuirlo.

¿Qué puedo hacer, Dios mío?

-Ni en Italia tenemos una reforma así.

Lo que aquí han visto mis ojos

sólo lo había visto a veces en sueños.

Es un ambiente de vida monacal tan verdadero

que parece copiado de la institución

de los primeros monjes.

Por más que nuestra copia sea imperfecta

en ese libro de la institución de los primeros monjes

nos hemos inspirado, reverendo padre general Rubeo.

Por eso cuando nos acusan de novedosas

respondo que nada menos nuevo que volver a los orígenes.

-Sí, pero es tan poco frecuente.

Ya podrían aprender los carmelitas del Reino de Andalucía.

Vengo de visitarlo y escandaliza ver

cómo ha llegado a corromperse allí la orden.

Esta es una de nuestras ermitas.

-Ma cuanto e bello.

Me apena mucho, figlia mía, que su ejemplo no cunda.

¿Y no me concedería vuestra reverencia

el honor de ayudarle a aliviar esta pena,

que también es la mía?

-¿De qué forma?

Muy fácil, dándome patente par fundar

en otras partes de Castilla más conventos como este.

-¿Sería capaz de emprender sola labor tan trabajosa?

-Vuestra reverencia no conoce a la madre Teresa de Jesús.

Su pensamiento no sosiega ni repara en inconvenientes.

¿Lo tienen en cuenta nuestros misioneros

cuando se embarcan camino de las Indias

sin más equipaje que su fe?

Yo por ahora no veo más inconveniente

sino que nuestro padre general niegue el permiso,

que de rodillas le suplica su súbdita

con la humildad de una hormiga.

-Cuente con él, figlia mía, y con mi beneplácito.

Pero permítame recordarle que Castilla es tierra de hambre

y no le será fácil recoger limosnas.

Empezaremos por Medina del Campo.

Allí el comercio es muy próspero y contamos con algunos amigos.

¿No es cierto, padre Ávila?

-Algunos hay.

También un buen convento de jesuitas,

imprentas de libro y ferias de ganado.

Sería muy hermoso coincidir en uno de esos días de feria.

La ciudad estará llena de gente

y no nos tirarían piedras como aquí.

Hay que disponerlo todo muy bien.

Será una fundación solemne y muy sonada esta segunda.

-¿Aún no le he firmado las patentes y ya se ve de viaje?

Sí, padre, al fin me veo de viaje.

  • Capítulo 4 - El castillo interior

Teresa de Jesús - Capítulo 4 - El castillo interior

31 mar 2015

Con el respaldo de las más destacadas figuras de la época Teresa, ya Teresa de Jesús, inicia con varias monjas una nueva vida monacal inspirada en la de los primeros monjes de la institución. En otoño de 1561 Teresa es enviada a Toledo, al palacio de Doña Luisa de Cerda.

Histórico de emisiones:

22/03/2013

 

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