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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Capítulo 2 - Cuentas de conciencia - ver ahora
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Quiero... -¿Qué dices, hija?

¿Qué quieres?

Quiero... confesión, padre.

-¿Ahora?

Sí...

Ahora mismo.

-Pero si ya no tienes convulsiones...

Si estás mejor...

(SE QUEJA) -Vamos, hija,

no pienses en eso ahora.

Duerme.

(JADEA)

-¿Pero cómo lo han dejado para tan tarde?

-Es culpa mía, lo ha pedido muchas veces.

-No creíamos que estuviera tan grave.

-Vamos. -Pase.

-Teresa...

Teresa...

Me parece que no está ya en disposición de recibir

la comunión.

Per istam sanctam Unctionem, et suam piisimam misericordiam

indulgeat tibi Dominus, quidquid per visum deliquisti.

(TODOS) Amén.

Per istam sanctam Unctionem, et suam piisimam misericordiam

indulgeat tibi Dominus, quidquid per gustum et locutionem deliquisti.

(TODOS) Amén.

Per istam sanctam Unctionem, et suam piisimam misericordiam

indulgeat tibi Dominus, quidquid per tactum deliquisti.

(TODOS) Amén.

-Un espejo.

-Está empañado.

-No. La cera será la última prueba.

Si vive, abrirá los ojos.

Llanto.

-Ha muerto. (SOLLOZA)

-No puede ser. ¡No puede ser!

No puede ser.

-¿Qué ocurre? Ha muerto.

Hace una hora. -¿Quién ha muerto?

Doña Teresa de Ahumada.

Campanilla.

-Esperad todavía.

A mí me parece que su pulso late.

-Pero padre, ¿cómo vamos a esperar más de dos días?

-No importa. Nuestra hija no será enterrada.

-Cálmese, padre.

(LLORA)

-Ah...

(LLORA) -Juanita, no llores más.

que nuestra hermana está en el cielo.

Yo no quiero que esté en el cielo, yo quiero que esté de monja.

(LLORA)

-En la Encarnación ya está todo dispuesto.

Acaban de abrirle la sepultura.

-Lo peor es mi padre. ¿Quién se lo dice?

-Iré yo.

Cacareo.

Campanadas.

Pasos.

-¿Qué pasa?

-Es un milagro. Parece que se mueve.

-No es un milagro. Yo lo sabía.

Del... infierno...

no se sale...

Para siempre.

Ah... No...

No era... esta tela...

un paño...

de... debrocado.

No falta mucho tiempo

para...

Soy yo, Teresa.

Agua...

(EXHALA)

Agua...

Agua...

¿Por qué llora...?

-Teresa. Ah...

(SE LAMENTA)

Dígame que sí, padre. -Cuando te pongas mejor,

ya lo he dicho. (CANSADA) No, padre, no... ahora.

Tengo que volver allí... (SIN ALIENTO) volver a empezar.

-Qué porfía... si no te puedes ni mover.

(SE LAMENTA)

(COGE ALIENTO PARA HABLAR) Padre, se lo suplico,

déjeme volver a la Encarnación.

Lamentos de Dña. Teresa. -Se va a poner peor.

Lamentos de Dña. Teresa.

-Bien, está bien...

Se ha de hacer siempre lo que ella quiere.

-¿Cómo sigue doña Teresa de Ahumada?

Como siempre, en el banco de la paciencia.

-Dele este escapulario de mi parte. Se lo daré.

-¿Cómo sigue doña Teresa de Ahumada?

Como siempre, en el banco de la paciencia.

-Dos años ya tullida. -Y con ese contento que lo lleva.

-De sus labios no se aleja más murmuración y queja.

¿No es así? Toda Ávila se hace lenguas

de su santidad.

-¿Cómo está doña Teresa de Ahumada? Ahora voy a verla.

-Dios tenga piedad de ella.

-Yo sé por mi familia que en Medina del Campo,

donde les ponían muchas dificultades para fundar,

en tres o cuatro años que llevan, destacan ya

entre todas las órdenes religiosas.

Además, en su colegio enseñan de una manera nueva.

-Desde luego.

Hace poco que Ignacio de Loyola llegó a Roma

como peregrino... hecho un harapo.

Y ya hay jesuitas en toda Europa, y hasta en las Indias.

¿Y vive todavía ese hombre? -Sí, sí,

Ignacio de Loyola vive todavía, ¿verdad?

-Sí. Por cierto,

que el rey quería hacer cardenal a uno de los suyos,

al que fue duque de Gandía, pero el fundador se ha opuesto.

Me gustaría conocerle.

Si me permiten, vuestras mercedes, doña Teresa tiene que descansar.

-Ah. (RÍE) -Bien.

Entonces, nos retiramos.

Le voy a encargar una misa en la capilla de San José,

con 12 velas de cera. Hasta mañana, doña Teresa.

-Id con Dios.

Toma, el escapulario de un devoto.

No te dejan en paz.

Me estorba la oración. Pero qué hemos de hacerle.

Si no los trataras con tanta paciencia...

No sé si es por paciencia, Juana, o por vanidad.

Por gusto de agradar y de que hablen de mí.

Qué cosas dices.

Anda, tómate el caldo.

Es que no puedo seguir así.

No es esto lo que yo quería.

Estoy agotando mi tiempo en menudencias.

Y tenemos tan poco...

No pierdas la paciencia. Quiero levantarme, Juana.

Necesito levantarme.

Así no sirvo de provecho a nadie.

No es verdad. Nos sirves de provecho a todos.

Oración en latín.

(ORAN EN LATÍN)

Oración cantada en latín.

(ORAN EN LATÍN)

Oración cantada en latín.

(ORAN EN LATÍN)

Oración cantada en latín.

(ORAN EN LATÍN)

(MURMURA)

Oración cantada en latín.

Oración cantada en latín.

Ah...

Ah...

-Alabado sea Dios.

Está andando a gatas.

-Ha sido un milagro de San José.

Teresa...

-Ya solo nos queda la marquesa.

¿Está cansada vuestra caridad? Un poco.

-Tenga cuidado, vuestra caridad, que... que se va a mojar el hábito.

(SUSPIRA)

¿Por qué se empeñará la priora en que venga siempre yo

a pedir limosna, si sabe lo que me cuesta?

-Vuestra caridad es un milagro de San José.

Además, habláis bien y ya la gente os quiere.

Tanto arrastrar la sandalia...

Debía bastarnos con el padrenuestro.

"El pan nuestro de cada día, dánosle hoy".

-Ya veis que no basta, que nos morimos de hambre.

De hambre y de oración rezada desde dentro

y no de dientes para afuera, de eso es de lo que nos morimos.

-Lo que Dios disponga, hija.

Ahí está la casa de la marquesa.

Un poquito más de labia y terminamos por hoy.

Piano.

(TOCA EL PIANO)

No se preocupe vuestra merced...

Que en la mayor sequedad del alma,

viene Dios a socorrerla.

-Yo así lo siento...

De la misma manera que la tierra recibe la influencia del cielo,

el alma se humedece con el agua divina.

No va descaminado...

El cielo influye en la germinación de la tierra,

dándole bienes que la temperan...

Y vivifican...

-Lo he leído en los "Diálogos de amor" de León Hebreo.

"Que todo el cuerpo del cielo es como un macho,

que cubre y rodea la tierra con un movimiento continuo...

...y ella recibe su humedad y calor...

Todo nace de ese movimiento celestial...

Aunque la tierra no se mueva corporalmente

antes se aquiete...

para recibir el semen de la generación.

Todo esto...

Todo esto... más ofende que ayuda a entender los caminos del Señor.

Tengo que dejaros. -¿No podéis dedicarme un tiempo más?

(SUSURRANDO) Vendré mañana.

Os lo advierto...

No asoméis a los umbrales de la Encarnación nunca más

o haré que el rey os corte la cabeza.

-¿Se fue ya?

Sí...

Habría que poner freno, madre, a tanto locutorio

y a tanto caballero principal.

-Este es uno de los más devotos de Ávila, Dña. Teresa,

de su trato solo pueden venirle al convento beneficios.

Que hable con otra monja, somos 180.

-No haberos vuelto tan popular. Es popularidad de baratija

que ya empieza a pesarme. -Ofrézcaselo a Dios.

Qué más quisiera, no tenemos ni tiempo de rezar.

Solo desconsuelo puedo ofrecerle.

¡Ah!

Ah...

¡Ah!

-Perdone. Ah...

-Vengo a traerle el cuadro que sacamos ayer en la procesión.

Dice la priora que... lo guarde en su oratorio.

¿No exagera su penitencia?

¿Está triste? Peor que eso.

Estoy vacía.

-¿Cómo puede ser, con lo mucho que nos da a todas?

Es mentira, las engaño.

Solo les doy gestos vacíos.

Palabras vacías.

(RESPIRA DIFICULTOSAMENTE)

No creo que salga adelante.

Ni que yo, si se muere, lo pueda resistir.

-Me dijeron que quería hablarme.

Lo estoy pasando mal, padre.

Muy mal. -¿Qué es ello?

Que me tienen atada los pretextos del mundo.

Y... y no puedo seguir la llamada de Dios.

Me encierro a orar... y todo ahí se queda.

Por mi culpa.

Porque encierro conmigo mis vanidades.

Me he dado por vencida.

(SUSPIRA)

Ya no rezo. -Eso no puede ser.

¿Y de qué sirve la oración forzada?

-Hay que tener más humildad, hija mía.

Eso es lo que me falta, humildad verdadera.

Y ayuda, padre. Sobre todo, ayuda.

Consejo como el vuestro.

-Y para que se cumpla lo dispuesto con todo su requisitos,

nombro albaceas testamentarios a mi hermano Lorenzo de Cepeda,

a mi yerno Martín de Guzmán

y a mi hija Teresa de Ahumada.

-Bonito negocio...

¿Y cómo espantar a los 50 acreedores que rondan la casa hace tres días?

Los bienes dotales de sus dos mujeres...

se los gastó hasta el último maravedí.

Y todo por la honra, por ese dichoso afán de aparentar.

Martín... espera, al menos, que se apague la voz

que nos pedía que le encomendáramos a Dios

y nunca nos apartáramos de servirle.

Que mirásemos cómo se acaba todo. -Con una administración como la suya,

qué iba a decir... si deja solo cargas.

-Por el amor de Dios, Martín...

No es el momento de hablar así. -¿Y cuándo va a ser el momento

de decir la verdad? ¿Y qué verdad es esa?

¿La que puede caber en una bolsa de doblones?

-Me llamo Guiomar de Ulloa,

me visita con frecuencia el padre Vicente Barrón.

¿Cómo está, le habéis visto últimamente?

-Ayer, le manda este libro.

Las "Confesiones de San Agustín".

Bendito sea Dios, necesito tanto de las buenas lecturas.

Mi alma es como un asno tozudo.

-No dicen eso los que se han asomado a ella.

Porque sólo se asoman a una celda que limpio para las visitas,

el Señor me perdone.

-Doña Teresa...

Yo también estoy buscando la forma de que el Señor me perdone.

Me gustaría que llegáramos a ser amigas.

(LEE) Y luego que por medio de estas reflexiones,

se conmovió hasta lo más oculto que había en el fondo del corazón,

y condensada, toda mi miseria se elevó, cual densa nube.

Yo fui y me eché debajo de una higuera,

no sé cómo ni en qué postura me puse,

mas se formó en mi interior una tempestad muy grande,

que venía cargada de copiosa lluvia de lágrimas.

Y hablando con vos, Señor...

(SOLLOZA) Y hablando con vos, Señor,

decía muchas cosas,

no sé con qué palabras, pero el concepto era como si dijera:

"¿Hasta cuando ha de durar el que yo diga?

Mañana, y mañana...

¿Por qué no ha de ser desde luego y en este día?

¿Por qué no ha de ser en esta misma hora

poner fin a todos mis mandares".

(LLORA)

Mal he agradecido esas llamas,

y se me parte el corazón.

(SOLLOZA)

Oh, Dios de mi alma,

fortaléceme para no ofenderos nunca más.

No me moveré de aquí,

hasta que hagáis lo que suplico.

(LLORA)

¿Dime qué te pasa?

Ya nunca me hablas.

No sé hablar, y tengo que hablar.

Es tan trabajoso, Juana,

es como estar metida en un río que a cualquier parte que vas,

temes más peligro,

y te estás casi ahogando.

(PIENSA) "Destruir...

al hombre he sido arrebatada...

como en vuelo de águila...

¿Qué voz es esta? ¿Sois vos...?

¿Sois vos...? (ECO) Sois vos...

No os escucho con mis oídos pero os oigo, Señor,

en el fondo del alma,

en la potencia del trueno

o en la suavidad de la brisa,

como el runrún de muchas aguas...

Sois vos...

Palabra cautivadora en la que se funden

todas las prófesis de los letrados que disputan.

Con qué claridad os imprimís en mi alma

para gobernarla de forma dulce y personal.

Quisiera deshacerme en vos...

porque no me creerán

cuando les diga esta palabra sobre todas las palabras.

-A mí esos deleites del alma que no se pueden explicar

con palabras llanas...

Visiones, y cuando son cosa de mujer...

-Cierto que se trata de mujer nada vulgar.

-Cuanto menos vulgar, mayor riesgo.

-Pero no olvide que ha sido ella la primera en desconfiar

y en reclamar consejo.

Doña Teresa, este es el licenciado Gaspar Daza, de quien os hable,

he querido que en caso tan delicado como el vuestro

apoye con el suyo mi dictamen.

-Ya don Francisco de Salcedo me ha puesto al tanto de esas...

gracias que creéis recibir.

Que recibo, las recibo aunque no sea digna de ello, creedme.

-Creo que no queréis, pero puede tratarse de ilusión diabólica,

es un hecho muy frecuente que entraña gran peligro.

¿No podríais escucharme en confesión?

-No creo que haga falta.

-¿Seguís sin poder explicar lo que sentís

durante la oración?

Lo he encontrado escrito por Fray Bernardino de Laredo.

Esta es la oración que yo tengo, esto mismo.

He subrayado el pasaje...

(LEYENDO) Quiere decir que vuestra contemplación,

si ha de ser quieta y perfecta,

ha de ocuparse sólo en el amor, sin pensar en nada

durante esta quietud,

porque este amor de Dios no se abarca con el entendimiento.

(LEE) Es sólo deseable y amable,

de modo que la inteligencia cesa y todo es afección, deseos

y voluntad.

-Habrá que examinarlo, nos lo llevamos.

Pero...

pero si fuera obra del demonio,

todo bien habría huido de mi alma,

y en cambio... -Es obra del demonio,

no os quepa duda.

-Sólo personas muy curtidas en la virtud

pueden recibir este tipo de mercedes en la oración,

y no es que dudemos de la vuestra, pero...

-No queráis compararos con Fray Bernardino de Laredo.

No, no, pobre de mí,

pero... pero lo que él dice allí,

en el libro,

¿es cosa del demonio?

¿Y qué puedo yo hacer si siento lo mismo?

-El diablo os tienta,

con sus figuraciones, también las alumbradas

como María Cazalla, Francisca de Zúñiga,

y hasta la falsaria Magdalena de la Cruz,

tuvieron por cierto lo que imaginaron.

Nadie podía convencerlas de lo contrario.

Con buena gente me comparáis. -Doña Teresa,

el padre Daza sólo ha pretendido advertiros del peligro.

¿Y qué remedio hay en todo esto?

-Supongo que habréis oído hablar de la Compañía de Jesús...

Han puesto casa en el hospital de San Gil.

¿Y qué?

-Le hemos hablado de vuestro caso al padre Cetina,

un joven religioso de esa orden y le interesa.

Accedería a confesaros...

Pero no está del todo en nuestra mano.

¿Es posible? -El inconveniente está

en que las reglas del convento... Sí, lo sé,

no permiten confesores de fuera.

Pero que venga de todos modos...

Yo lo arreglaré de forma que no se entere nadie...

¡Me va la vida en ello!

-Si ha llamado a una confesor particular será porque lo necesita.

-¿Y las demás qué? -Eso es verdad,

a mí también me gustaría confesarme con un jesuita.

-Pero ella es distinta, ¿qué ha hecho desde que entró aquí

sino dar entender que ella es distinta? Dígamelo, Dña. Inés.

-También nos ha dado mucho ejemplo. -No será de humildad.

Yo llevo muchos años en el convento y cuándo se ha visto

que ninguna monja llamara la atención con tanto secreto y enredo.

Es un escándalo. -Dña. Inés, por Dios.

-¿Viene un jesuita? -Un jesuita, sí, tal para cual.

Que muchas novedades y muchas ínfulas se trae,

también, esos dichosos jesuitas, se empiezan a meter en todas partes.

Dicen que en estos días espera la ciudad a uno de los importantes,

al duque de Gandía. -Un duque... ya ve.

Música de órgano.

-¿Dudaremos a caso que su soberana bondad,

sumamente comunicativa de sus bienes,

quiere darnos nuestra riqueza interior mucho más

que nosotros recibimos?

Si así no fuese, no nos animaría su eterno hijo

a lo que podemos tener, diciendo:

"Seréis vosotros perfectos

como vuestro padre celestial es perfecto",

así que de su parte, él está atento sólo

a que nosotros le llamemos y le abramos la puerta,

pero hoy nos atenaza el miedo,

y por esta causa se dan tantas sentencias

contra el buen espíritu,

porque le condenan sin llamarle,

sin conocerle y sin oírle.

Vendrá el día,

cuando se haya de pasar el golfo de este siglo,

en que resplandecerá aquel espíritu divino

cuya espiga...

que sopla donde quiere, que entra y vivifica

donde y como y cuando le place.

El que se quiera recoger a la oración,

ha de hacerse cuenta que es como el labrador

que llega a su casa cansado,

y todo el cuerpo molido por el trabajo del día,

y así como este recibe su descanso

en dejar su azadón

y sentarse y no hacer nada de sus manos,

así también el que entra en la oración,

ha de llegar como a su casa, cansado de la obra de sus sentidos,

y de esta manera recibirá consuelo y quietud.

Entra en ti,

y trata de hablar a Cristo en ti,

y si alguien te amenaza de extravío,

respóndele que sigues una vía clara,

la de la humanidad de Cristo,

que dispones de una guía segura,

la obediencia a la santa madre iglesia.

Porque siempre debemos tener

para en todo acertar,

la regla que nuestro padre Ignacio de Loyola dictó:

"Lo blanco que yo viera, creer que es negro,

si la iglesia jerárquica así lo determinara".

Campanadas.

-Miren allí, aquella monja es Dña. Teresa de Ahumada,

la amiga de Dña. Guiomar, tal vez sea la ocasión de abordarla.

-No... creo que hay que esperar, no sé por qué me temo

quizá por lo que he visto... que Dña. Teresa comulga,

plenamente, con las tesis de los jesuitas.

-Pero... -No debemos arriesgarnos.

-Con qué fuerza presenta la humanidad de Cristo,

ahora comprendo por que tantos le siguen.

-Novedades y ternezas. -Todo lo contrario,

hace falta valor para afirmar la devoción en medio

de tanta suspicacia escolásticas.

-Vendrá mañana por la tarde a mi casa, no faltéis.

No sé si la priora me dejará salir sin motivo especial.

-Yo se lo pediré, iré yo misma a buscaros...

Y no se podrá negar.

¿Comprendéis mi tormento?

Verme obligada a rechazar un regalo de Dios...

por miedo a que sea engaño del demonio.

-No lo es... sino espíritu de Dios.

No tenga miedo... No deseo otra cosa.

Sino que alguien me ayude a perderlo.

-Medite en la pasión como viene haciéndolo

y si el Señor se digna, nuevamente, a levantarle el espíritu...

Déjese llevar, resistir la llamada sería gran yerro.

Con qué claridad lo veo ahora que me habláis.

Lo malo es cuando me quedo sola... en medio de tanta hostilidad.

-Somos muchos los que hoy la sufrimos.

Cántico religioso de las monjas.

Tome, hija, verá qué bien le sienta.

-Aquí está lo que os decía... (LEE) El Señor ha de entrar

en tu ánima estando las puertas cerradas,

por lo tanto di al portero que las apriete y atranque bien

diciendo a todos los que vinieren que no.

Dña. Teresa, ¿a qué se refiere?

A los sentidos que nunca dicen basta.

-¿Y el portero? Ah... el portero...

Todo consiste en volverse, una misma,

portero de su propio corazón; porque, a veces,

las dificultades surgen dentro de nosotros mismos.

Ahí mismo dice...

"Cuando entra y viene a posar en una casa

se desembaraza toda porque él la precisa

y trae consigo todo lo que es necesario para llenarla".

Pero nosotros tenemos miedo a vaciarnos para el Señor.

-Como vuestra caridad dice, "solo Dios basta".

Sí, hija, lo digo por experiencia.

Pasos.

-¿Interrumpo? No, no... pensaba ir esta tarde

a vuestra casa.

¿Qué pasa, ocurre algo?

-Os traigo una noticia que os va a causar disgusto.

El padre Francisco de Borja ha tenido que irse.

¿Que... que se ha ido? ¿Y cuándo volverá?

-Mucho me temo que tardaremos en volver a verle.

(LEYENDO) Tenía Jesús que atravesar Samaría,

y llegó a un pueblo que se llamaba Sicar,

cerca del campo que le dejó Jacob a su hijo José.

Allí estaba el pozo de Jacob,

Jesús, agotado del camino se sentó junto al pozo,

era casi medio día.

Una mujer samaritana llegó a sacar agua

y Jesús le dijo: "Dame que beba". Sus discípulos

habían ido al pueblo a comprar alimentos.

La samaritana le preguntó: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides

de beber a mí que soy samaritana?". Jesús le contestó:

"Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber,

le pedirías tú a él y él te daría agua".

La mujer le preguntó... "Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo,

¿de dónde vas a sacar agua viva? ¿Acaso eres tú más

que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo donde bebían ellos,

sus hijos y su ganado? Jesús le contestó:

"El que bebe agua de esta volverá a tener sed,

el que beba del agua que yo voy a dar nunca más tendrá sed;

porque ese agua se le convertirá dentro en un manantial de agua

que salta dando vida sin término".

-¿Qué le ha dado?

-Nada, lo de siempre, se le pasa sola.

Lectura de "La samaritana".

...Ha llegado la hora en que la adoración a Dios,

no estará más ligada a este o a aquel lugar.

-Que el Señor os acompañe, Dña. Teresa.

-Pierda cuidado que se repondrá. -No me cabe duda

con tan ilustre enfermera.

-¿Se la llevan ya?

-Sí, hija, en carroza, como a un santo.

Ya tenemos otra beata Mari Díaz en puertas.

-Madre Mari Díaz...

Muy temprano se ha levantado hoy. -Es viernes

y después de los maitines tenía que recorrer los pasos

de la agonía del Señor.

Ahora voy a ver a la enferma.

-Luego iré yo.

-¿Qué tal ha pasado la noche? -Muy tranquila,

no ha dado ni un ruido. -Deje que la ayude.

-No, vuestra merced vaya a rezar sus devociones.

-Ya están rezadas. -Pues vaya un rato a tomar el sol.

-Mírela qué tranquila...

A mí me dijo ayer que no le importaba morirse.

¿Y vuestra merced, madre Mari Díaz? ¿No tiene ganas de morirse?

Porque yo grande la tengo de ver al Esposo.

-¿Qué dice...?

-Que si vuestra merced no quiere morirse.

-¿Yo, hija...? ¿A qué santo? No deseo morirme,

sino vivir mucho para padecer por Cristo

que eso, a buen seguro, no lo podré hacer después de muerta.

-Ya tiene otra cara, menos mal.

Gracias a los cuidados que recibo en esta casa,

que Dios os bendiga Dña. Guiomar. -Hoy ha dormido muy bien.

Mire qué hierbas tan ricas,

tanto como le gustan a vuestra merced.

Además, le traigo una buena noticia...

Ya tiene un confesor que la atienda.

-No hay que mortificarse, sino relajar el espíritu.

Ya lo tengo mucho más tranquilo, por eso, también,

este corpezuelo mío se sosiega...

-Durante unos días invoque al Espíritu Santo,

pero no como una penitencia sino como un placer.

(CANTA UN SALMO AL ESPÍRITU SANTO EN LATÍN)

Ya no quiero conversación con hombres,

sino con ángeles.

(LEE) Cuando el dulce cazador me tiró y dejó herida,

en los brazos del amor mi alma quedó rendida,

y cobrando nueva vida de tal manera he trocado,

que mi Amado es para mí,

y yo soy para mi Amado.

-Qué precioso,

me da tanta envidia.

¿Qué es lo que le da envidia, estas coplillas?

Son palabras que no pueden expresar

todo lo que siento en mi interior.

(SUSPIRA) Si supiera, doña Guiomar,

tantos años esperando...

-Cuando la observo, veo que a veces sufre mucho,

cuando hablamos siempre me gustaría

que no acabara nunca la conversación.

Me parece que no acabo de entenderla del todo.

Doña Teresa,

hasta que la conocí, nadie había confiado nunca en mí,

nadie,

ni siquiera mi marido.

¿No la amaba?

-Era muy condescendiente,

pero no me exigía nada.

Yo creo que siempre me tuvo como todos en Ávila,

por mujer de poco asiento y juicio.

Yo quería tener un estímulo para ser de otra manera,

pero no lo encontraba.

No es posible encontrar el impulso fuera de sí mismo.

-Yo no tengo esa fuerza.

La tiene.

-Me siento tan débil para ser santa.

Yo también,

por eso hace más de 20 años que hice un matrimonio

de conveniencia.

Sí, no ponga esa cara, es verdad.

El amor humano que conocí cuando era muy joven,

no se parecía en nada a la pasión absoluta

de los libros de caballería que me daba mi madre a leer,

miraba a mi alrededor.

La vida de la mujer casada

lo sabe bien,

sólo es sometimiento al varón,

al ambiente, a la costumbre,

los embarazos se suceden, hasta morir de sobreparto,

o agotamiento.

Ese fue el destino de mi madre,

y también el de la primera mujer de mi padre,

y será el destino de mi hermana María,

el de Juanita, el de tantas...

Dios me hizo la merced de escogerme para sí,

y me libró de estar sujeta a un hombre

que me hubiera cavado la vida

y quizá también el alma,

pero no será más grande el sentimiento cuando me muera

que cuando salí de casa de mi padre,

me parecía que cada hueso se apartaba de por sí.

He pasado más de 20 años luchando porque

el matrimonio de conveniencia que hice cuando me entregué a Dios,

se convirtiera en una pasión absoluta.

Y ahora por primera vez,

siento la paz en mi alma.

Me parece como si las pasiones humanas...

ya no tentaran mis sentimientos.

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Teresa de Jesús - Capítulo 2 - Cuentas de conciencia

20 mar 2013

Teresa de Cepeda, convaleciente de su gravísima enfermedad, comienza sus "cuentas de conciencia" y conquista poco a poco su seguridad interior. En agosto de 1539, Teresa está muy enferma, sufre un colapso y la dan por muerta.  

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