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Teresa de Jesús

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Teresa de Jesús - Capítulo 1 - Camino de perfección - ver ahora
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-¡Abrid las puertas!

-Hola, Lorenzo. -¿Cómo está, tío Pedro?

-¡Casi no os conozco! Pedro, hijo...

¿Cómo ha sido el viaje? (FATIGADO) -Cansado, lento,

no ha podido ser más deprisa por Teresa.

-¡Menos mal que habéis llegado,

empezaba a estar un poco intranquilo!

¿Qué tal viene ella?

-Poco bien. Los médicos de Ávila no la entienden.

-¿Pero qué es lo que tiene? -No sé.

Ya hablaremos. -Ya.

Espero que os quedéis más de una noche, Alonso.

-No, no podrá ser. Debemos llegar a Becedas lo antes posible

para que la vea la curandera. ¡Pedro!

-¡Cuánto tiempo sin verte, Teresa, hija mía!

¡Cinco años, desde la última vez que viniste!

Los he llevado bien por cuenta. Yo también.

Era casi una niña, ¿verdad?

-Y ahora me encuentro con una monja.

Medio monja querrá bien decir.

Mire, esta es mi amiga Juana Suárez, compañera de convento.

-Que vas a coger frío, hija. Entradla, Juana.

Se tiene que acostar, ya hablaréis luego.

-Ya sabes, Urraca, arriba

en la habitación de la señora, que el Señor tenga en su gloria.

¿Pero vendrá a darme conversación, verdad, tío?

-Anda, entra, claro que irá.

-¡Vamos! ¡Iah!

-¿A ella entonces qué le subo, un caldo?

-Otra cosa no va a querer tomar.

¿Sólo un caldo?

Debías persuadirla de que comiese algo de más sustancia.

-¿Quién persuade a Teresa de nada?

Ni nuestro Padre ha podido nunca.

Un caldo.

-...en el trato de personas cultivadas.

¿De verdad te encuentras solo, Alonso?

-Pues sí, Pedro. Muy solo me encuentro.

Con Teresa, se fue de casa la alegría.

-No me extraña que la eches en falta.

-Y estos también se me irán enseguida, no ven la hora.

Cada vez que se reciben noticias de Rodrigo desde las Indias,

no hay quien los contenga.

-Es ley de vida. Y debía enorgullecerte.

¿Quién te pudo contener a ti de irte a la campaña de Navarra?

-Huy... ¿quién se acuerda ya de aquellas ilusiones?

-Bueno... no es razón para que les quites las suyas.

¡Vaya, vaya...!

¿Conque dispuestos a ganar en el Nuevo Mundo fama y fortuna?

-¡Más que dispuestos!

Sobre todo el mayor. Por él, se iría a pie.

-Tengo 19 años, padre y, dígame, ¿qué suerte puede aguardarme aquí?

-¿19...? Es verdad.

-Yo partiré el pan, Urraca. -Bien.

-No me extraña que los jóvenes quieran marcharse.

Estas tierras, cada vez, son menos hospitalarias.

-Sí, yo también lo comprendo.

E incluso les animo, no creas.

Sobre todo que, nuestros parientes, los Núñez Vela,

han alcanzado muy pronto gran fortuna en aquellas tierras.

Y esto, naturalmente, deslumbra a los mozos.

-¿Quieres algo, Martín? ¿Qué te pasa?

-¿Qué quieres que me pase? ¡Que estoy cansado!

Ya es hora de que nos retiremos a dormir, digo yo.

-¿A dormir ya? Yo no tengo sueño.

-Venid aquí, hijos, no estéis de pie.

-¿Puedo quedarme un rato con ellos? -No,

que es muy tarde y mañana nos espera otra jornada de camino.

Nos retiramos ya.

-Pero si todavía no es tarde.

-Para ella sí, está cansada.

¿No me has dicho que estás cansada? -Sí.

Chapoteo.

-Que es una enfermedad extraña, ya te digo.

Empezaron a crecerle los desmayos a poco de tomar el hábito.

Y muchas veces se ve privada de sentido.

Algunos médicos han dicho que puede ser del corazón.

Pero el caso es que nadie da con el remedio.

¿La curandera de Becedas parece que es muy buena, no?

-Esa fama tiene por estos contornos.

¿Y qué opinas de mi decisión?

-Un poco aventurado me parece, a tu edad,

que te quieras meter a fraile Jerónimo.

Pero sé que eres como Teresa: los consejos, de nada os sirven.

¿Supongo que lo habrás pensado bien?

-No es pensarlo.

Es sentir necesidad.

Algo muy difícil de explicar.

-Sobre todo a un viejo. -No digas eso.

No me llevas más que tres años. -Sí.

Pero estoy muy acabado. -¡Pero hombre de Dios,

no hay que apocarse de ese modo!

¿Tan mal van las cosas?

-No tan fáciles, como sabes. El dinero, cada vez vale menos

y todo está fiado al oro de las Indias.

-Ya. -Todas las tierras esquilmadas

por la mezcla, para vender después la lana a Flandes

y tener que comprar muy caras

las labores que de allí nos devuelven.

-Ya.

¿Y la peor parte nos toca a los que tenemos tierras?

Es verdad.

Pero mayores dificultades pasó nuestro padre.

-A mí ya me faltan fuerzas para enderezar los negocios.

Desde aquellos pleitos no levanto cabeza.

Sigo pensando que me miran como hijo del toledano.

-Olvídate ya de eso.

La honra de los Cepeda quedó a salvo.

Lo que ocurre

es que acaso tú te empeñas en aparentar más de lo que puedes.

-Eso es de familia.

-Por desgracia.

Tápate los brazos que hace frío.

No me voy a dormir todavía.

Pase.

Creí que ya no venía, tío.

-Me he entretenido hablando con tu padre.

¿Has cenado bien? ¿Bien?

Ni siquiera se ha terminado el caldo.

-Pues tiene mejor cara. Tengo que dar mucha guerra todavía.

-Me voy a quedar un rato, pero no sueñes que estaremos

hablando hasta las tantas como la otra vez.

No, eso ni pensarlo. A ver qué libro es ese.

-Es para ti, un recuerdo de tu tío.

Cuando estés mejor lo lees.

¿Recuerdas, hace cinco años?

¡Ay, tío!

¿Sabe lo que fueron para mí las lecturas de entonces?

Si pudiera tenerle a mi lado cada vez que me desaliento.

-¿Por qué te desalientas?

¿No estás a gusto en el convento?

Sí, sí...

Si no es eso.

No tengo tiempo de explicárselo.

Ni yo misma lo entiendo.

-Da igual. No te fatigues.

Es que siempre creo que las cosas serán

de otra manera, más grandes, ¿sabe?

Más... -Más heroícas.

Sí, hija, sí...

A mí me pasa igual.

Nos cuesta creer que las cosas son como son.

Tío, cuando se vaya con los Jerónimos, ¿rezará por mí?

Para que nunca pierda la alegría.

-Pero... no quiero que esto sea una despedida.

¿Y qué otra cosa es si no una despedida?

¡Ay! ¿Te quema?

Un poco.

-Que Dios te bendiga.

Ladridos.

-Aquello está muy lejos. -Ya ves, es lo que hay.

Este es un mundo pobre y pequeño, Pedro.

-No está aquí lo que yo busco.

Aunque volveré. Volveré con dinero,

sin dinero son honras.

-¡Teresa! Teresa.

¿Qué tal se encuentra? -No se queja,

pero tampoco contesta. Ah.

Se debilita de no comer.

-Nunca tuvo muy buena salud, Juana.

Pero antes de entrar en el convento,

no era tan metida en sí.

-¡María, no os retraséis,

que nos queda mucho camino y nos puede coger la noche!

Tu marido parece enfadado.

Trote.

-¡Martín, que ya vuelve Lucas!

-¡Ah!

-Pronto vuelves. -Ah...

-¿Qué te ha dicho? -Que no,

que hasta la primavera no atiende.

Ya se lo decía yo a vuestra merced.

-¿Cómo que no? ¿Pero has hablado con ella?

-Sí, señor, con ella en persona.

-¿Y qué razón te ha dado? -Pues esa,

que ella hasta marzo... no empieza las primeras curas.

Necesita unas hierbas que ahora no crecen.

-Pero ya has dicho que es un caso urgente.

-Sí. -¿Y qué?

-Se encogió de hombros. Gasta pocas palabras.

-Vaya por Dios.

Lo que nos faltaba.

No os preocupéis, me puedo volver a Ávila.

-Eso no.

-Ya se verá, María. Ya se verá.

Lo que diga tu padre. Vamos a consultárselo.

-Que se vayan ellos. Tú de mi casa no te mueves

hasta la primavera. ¿Entendido?

La casa es de tu marido, María.

-Sí, pero tú eres mi hermana.

Estás enferma y te sienta bien esto.

Lo que digáis.

Anda, a ver qué deciden.

Cascabel.

-¿Cómo van esos ánimos? Mucho mejor.

Malo de ser que no dure hasta marzo.

-Ah...

A ver si me acierta esa mujer.

-Seguro. Mi suegro estaba con un pie

en la sepultura, y ya acaba la huerta y todo.

Le dejó como nuevo.

Con que a vuestra merced que es joven, imagínese.

Veremos. Lo que Dios quiera.

Cencerros.

-Con su permiso.

Me voy a llevar el caballo a la cuadra.

-¡Ah!

Cencerros.

Balido.

Trinar de pájaros.

Parece que nos quedamos hasta marzo, ¿sabes?

¿Quiénes? Tú y yo, con María.

Los hombres estaban hablando de volverse a Ávila

esta misma tarde.

¿Mi cuñado también? También.

Tiene que resolver unos negocios allí.

Ya.

Cascabel.

Teresa... ¿Qué?

Cuéntame algo.

Esta enfermedad te ha vuelto muda.

No sé por qué me estoy acordando ahora de una historia

que mi madre me contó muchas veces.

La de Oriana, la hija del rey Lisuarte.

Mi madre hablaba de ella como si la hubiera conocido.

Era tan hermosa, que la llamaban la Sin Par.

¿Sí?

Un día, su madre, la reina, le trajo al Doncel del Mar.

"Hija mía"; le dijo; Este doncel te servirá.

Oriana le miró y respondió inmediatamente:

"Me agrada".

Al doncel se le grabaron tanto estas palabras en el corazón,

que no se le borraron jamás.

Nunca se cansó de servirla

y su corazón estuvo siempre en ella.

Duró tanto este amor como sus vidas,

porque ni una hora dejaron de amarse.

¿Y se amaron para siempre, siempre jamás?

Eternamente.

El amor solo vale cuando es para siempre.

Guarrido.

(RÍEN)

(MURMURAN)

(ORA) -"Mihi autem nimis honorati sunt amici tui, Deus:

nimis confortatus est principatus eorum.

Domine, probasti me et cognovisti me:

tu cognovisti sessionem meam, et resurrectionem meam.

Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.

Sicut erat in principio et nunc et semper,

et in saecula saeculorum. Amén.

Mihi autem nimis honorati sunt amici tui, Deus:

nimis confortatus est principatus eorum".

Oración cantada en latín.

Oración cantada en latín.

(ENTONA REZO)

¡Amén!

¿Te encuentras mal o es que estás cansada?

Porque algo te pasa, no me digas que no.

No te preocupes por mí, de verdad.

Pero ¿cómo quieres que no me preocupe?

Acuérdate de lo contenta que venías, ¿no te acuerdas?

Algo te ha debido de pasar.

Lo quiero saber, soy tu amiga. Perdóname, Juana,

no puedo contestarte, no sé.

Pero ¿estás enfadada conmigo por algo?

¡Qué disparate!

Son cosas...

Cosas que no se pueden explicar,

que pasan y ya está.

Pero ¿qué cosas?

No entiendo cómo puedes cambiar así.

Yo tampoco, déjalo.

No me hagas más preguntas, por favor.

Ay, Dios mío.

(LEE) "Tercer abecedario espiritual",

de Francisco de Osuna.

Lo que falta no es el escribir o el hablar

sino el callar y el obrar.

Lo que falta no es el escribir o el hablar

sino el callar y el obrar.

El hablar distrae, y el callar y el obrar recoge

y da fuerza al espíritu.

Para guardar el espíritu no hay más remedio que padecer

y callar y cerrar los sentidos

con uso e inclinación de la soledad

y olvido de toda criatura y de todos los acaecimientos

aunque se hunde el mundo.

De cómo es de guardar el corazón a manera de castillo interior.

¡Juana!

¡Juana, una luz!

(LEE) Guarda tu corazón... pues es de notar que si el demonio

solamente halla una parte o camino mal guardado

por ahí se entra al castillo del corazón.

¡Oh, dichosas lágrimas por las cuales se purgan

las manchas interiores!

Por las cuales se matan los entendimientos de los pecados.

Benditos los que así lloráis, porque reír oséis.

En estas lágrimas conoce, ¡oh, alma! tu Esposo;

abraza el deseado; embriágate ahora con el arroyo del deleite;

saca leche del pecho de su consuelo y miel;

estos son maravillosos dones que te dio el Esposo,

esto es, lágrimas y gemidos;

trae para ti beber en estas lágrimas por medida;

estas lágrimas son para ti pan de día y de noche,

y más dulces que la miel y el panal.

-Teresa... ¿qué haces aquí?

¿Qué ha pasado?

(LLORA DESCONSOLADA)

-Siempre con un libro en la mano,

en eso como su madre.

Ella siempre la recuerda. Dice que era muy buena.

-Sí... Y fantasiosa.

Se entendían bien.

Porque cuando se fue con su hermano apenas la riñó,

y eso que la idea salió de ella.

¿Y tú cómo te llevabas con tu madrastra?

-Fue una madre para mí.

Como después lo tuve que ser yo con Teresa cuando ella faltó.

Dime, María...

¿Tú crees que a Teresa le hubiera ido mejor de casada?

A veces pienso... si no echará de menos otra vida.

-¿Cuál?

¿La que llevo yo? No.

Como te extrañaste tanto cuando se hizo monja.

¿Y es verdad que tuvo un novio? Nunca habla de eso.

-Novio, novio...

Era el primo, que la tenía trastornada.

Por eso mi padre la mandó a las Agustinas

de Santa María de Gracia. Pero ¿por qué?

-Es muy rígido y le preocupa mucho la honra.

Pero si quieres que te diga la verdad

no le veo llevando la vida que llevo yo...

Ni la que llevó su madre.

Ella vuela más alto.

Es distinta.

Sí...

Debe ser eso.

Teresa...

Teresa, ¿estás dormida?

(RESPIRA PROFUNDAMENTE) Teresa...

Contesta, por favor, no me asustes.

¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Señor!

Pero ¿qué te pasa, por Dios?

¿Bajo a llamar a tu hermana? No, no.

Deja, deja...

(SUSPIRA) ¡Ay!

¡Qué fría estás!

¿Qué sientes?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

¿Has estado leyendo?

No te sienta bien leer ese libro.

Déjalo, por favor.

Déjalo.

Canto de los pájaros.

-¡Vamos! Vámonos.

Mula.

Vamos.

A ti, reina del deleite,

gran señora

de vasallos...

Gran señora

de vasallos.

Dícenme que tienes callos

en el rostro del afeite...

En el rostro del afeite.

Y que vuestra señoría

tiene tres dientes postizos...

Tiene tres dientes postizos.

Que sabe mucho de hechizos

y estudia

nigromancia...

Y estudia

nigromancia.

Golpes metálicos.

Vocerío.

(LOS NIÑOS RÍEN Y GRITAN)

Bullicio.

-Quitaos de ahí, dejad pasar.

¿Qué tal, hija? Ah...

-¿Cansada?

Procuraremos que se encuentre aquí lo mejor posible.

Murmullo.

(EL BEBÉ LLORA)

(EL BEBÉ LLORA)

Llanto del bebé.

Silencio.

-Lo peor son las convulsiones y los desmayos.

Y que tiene perdidas las ganas de comer.

-En Ávila le hicieron sangrías y le dieron fricciones

con aceite de escorpión, pero nada.

-Y los dolores, ¿dónde los tiene?

-En el corazón.

Dice que siente como dentelladas en el corazón.

-El corazón engaña.

Es muy mañoso.

Que se tome esto.

¿Ahora? -Cuanto antes mejor.

-Anda, bébetelo.

-Le prepararé más.

Tiene que estarlo tomando durante un mes.

Y que se dé buenos paseos.

Que se esparza.

Es cosa del hígado. -¿Se pondrá buena?

-Si no tiene fe en mí, ¿a qué santo este viaje?

Golpes.

(LOS NIÑOS GRITAN) -¡Corre, corre!

-¡Fuera de aquí!

-¡Vamos! -Fuera de aquí, muchachos...

Hala, para abajo. -¡Corre, corre!

(GRITA)

Bullicio y trasiego.

-Oraciones para que ponga la gallina.

Para saber quién hurtó la cosa perdida.

Flauta y tamboril.

Para anular los males sin que la lluvia caiga.

Para la calentura, para la hidropesia.

¡Pronóstico a la preñadas!

Ponte esta piedras contra el pecho,

has de bostezar hasta que crujan las varillas.

Que no te empezca el humo, ni el sumo,

ni el redrojo, ni el mal de ojo.

Torobisco ni lentisco, ni nublado que traiga pedrisco.

No tengas más mal que tiene la corneja en su nidal.

¡Así se aplaque este dolor

como que esto fue hallado en banco de tundidor!

Ladridos.

-¡A la paz de Dios! -Alabado sea el Señor.

-Aquí, mi amo, aquí.

Risas.

(MURMURAN SOBRE EL CURA)

-Merece una coplilla.

Zambomba.

Cura que en la vecindad vive con desenvoltura,

¿para qué le llaman cura si es la misma enfermedad?

(RÍEN)

Es devota y limosnera,

es corrida y amorosa...

Y del cura toda entera.

(RÍEN)

Risas.

Y si le llamara padre,

algún rapaz y tiernamente,

la voz de aquel inocente misterio encierra y verdad.

Da arcadas.

¡Jesús, qué barbaridad!

(RESPIRA ALIVIADA)

(TOSE)

(TOSE)

(RESPIRA ALIVIADA)

(SUSURRAN)

Y cuando vuelvo en mí, que dura como un "Ave María",

siento el mundo debajo de mis pies y una pena grandísima

por todos los que andan perdidos en mil cosas sin gustar de Dios.

-¿Cuántos años tiene, vuestra reverencia?

Veinticuatro.

-¿Y no le parece que vuela muy alto?

He leído en un libro

que quien quiere ir a Dios no debe andar a saltos de sapo,

como una gallina trabada,

podemos volar como las águilas

y ya vendrá Dios a ponernos en el nido

cuando nos cansemos como el aguilucho.

-Pero, ¿no está enferma?

Ese es otro mal.

Su caso es la comidilla del pueblo,

no debías seguir confesándote con él.

Contéstame al encargo que te hice.

¿Has podido informarte sobre esa mujer?

Algo me dijeron

y la he visto ayer en la taberna.

En medio de las bromas me dijo la posadera:

"esa es la manceba del cura".

¿Cómo es?

Ya no muy joven,

con el pelo muy negro,

anda con desafío...

Y dicen que no le importa que la gente murmure.

¿Qué más dicen?

Nada...

Cosas de poca monta.

¿Pero cuáles?

Que le tiene puestos hechizos en un idolillo de cobre

que le ha rogado llevar por amor suyo al cuello,

y que nadie ha sido poderosos para quietárselo.

Seguramente nadie lo ha intentado.

(RESOPLA)

¿Qué ocurre, padre?

¿No me absolvéis?

-No puedo.

¿Tan graves son mis culpas?

-No,

lo son las mías.

Nadie es un miserable a los ojos de Dios.

-¿Y a los de vuestra reverencia?

Ay, señor, qué desatino...

Alzad del suelo.

Decidme lo que sea.

-Se apartará de mí si se lo digo.

No temáis,

no lo haré.

-Hace siete años que vivo

en trato carnal con una mujer

que me tiene enajenada la voluntad.

Es cosa pública

y he perdido la honra.

Sólo vuestra reverencia,

que no lo sabía,

ha sido capaz de mirarme

como nadie me había mirado nunca,

pero ahora ya...

¿Quién os ha dicho que no lo sabía?

-Ego te absolvo a peccatis tuis

in nomine Patris, et Filii,

et Spiritus Sancti...

Amén.

-Ya, digo que tienen que seguir,

no hay más remedio.

-Pero si es que no mejora.

No es que no mejore, es que empeora.

-Siempre igual,

siempre todos tan impacientes.

Trinar de pájaros.

Rumor de agua de río.

Rumor de agua y trinar de pájaros.

¿Qué te ha dado?

-Pero ¿por qué ha de ser mala una afición

como la que me une a vuestra reverencia

si me trae la luz?

Es mala porque es extremada.

-Sabíais que al dejarla a ella necesitaba

de vuestra reverencia más que nunca.

Hemos de salvarnos solos

con la gracia, no hay otro camino.

-En ese camino solo vuestra reverencia me acompaña.

Pues cerradme la puerta.

-No puedo. No puedo seguir adelante solo.

Yo también voy sola.

Pero voy con vos, porque vamos al mismo sitio.

-¡Teresa!

-Ya he avisado a mi padre.

Tiene que volverse a Ávila.

Es inútil...

Aquí no hacemos nada.

(SE QUEJA)

-Con cuidado.

¿Cómo vas, hijo?

La silla preparadla.

Cuidado.

Aquí tiene.

-Buen viaje.

Bullicio.

Relinchos.

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Teresa de Jesús - Capítulo 1 - Camino de perfección

30 mar 2015

Serie de carácter biográfico-religioso que, con gran rigor histórico, sigue la vida de Teresa de Jesús. Descendiente de judeo conversos y monja carmelita emprendió en pleno corazón de Castilla, un movimiento en pro de la liberación del espíritu, dejando en sus escritos uno de los testimonios mas apasionantes de aquel tiempo, en que, entre enormes tensiones, se estaban sentando las bases de la modernidad europea. La serie comienza retomando la vida de Teresa a los 23 años, esbozando el marco familiar y social en que se desenvuelve. A lo largo de estos capítulos se sigue la aventura de aquella mujer que se mezcla con el pueblo y frecuenta la nobleza y que, en medio de la mas desbordante actividad experimenta las mas sublimes vivencias místicas. La que habia sido procesada por la inquisición termina por ser la primera doctora de la Iglesia. Ambientada en el siglo XVI, ha sido rodada en escenarios naturales y decorados en ciudades españolas de Castilla, Andalucia y Extremadura.                                                                                                                                              

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19/03/2013

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