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Teresa de Jesús

Fuera de emisión

Con gran rigor histórico asistimos a la vida de Teresa de Jesús, monja carmelita, descendiente de judíos conversos, que emprendió la reforma de la Orden. En sus escritos nos dejó uno de los testimonios más apasionantes del siglo XVI.

Serie de carácter biográfico religioso que, con gran rigor histórico, sigue la vida de teresa de Jesús. Monja carmelita, descendiente de judíos conversos, que emprendió, en pleno corazón de castilla, un movimiento en pro de la liberación del espíritu, dejando en sus escritos uno de los testimonios mas apasionantes de aquel tiempo, en que, entre enormes tensiones, se estaban sentando las bases de la modernidad europea.
La serie comienza retomando la vida de teresa a los 23 años, esbozando el marco familiar y social en que se desenvuelve. A lo largo de ocho episodios se sigue la aventura de aquella mujer que se mezclo con el pueblo y frecuento la nobleza y que, en medio de la más desbordante actividad experimento las más sublimes vivencias místicas. La que había sido procesada por la inquisición termino por ser la primera doctora de la iglesia.
La serie ambientada en el siglo XVI ha sido rodado en escenarios naturales, de ciudades españolas de castilla, Andalucía y Extremadura, utilizando monumentos de nuestro patrimonio artístico. La construcción de los interiores del convento de la encarnación y san José supuso 9600 metros cuadrados de decorado en estudio.
Para la reproducción de fachadas, calles, complejos urbanísticos, ya desaparecidos, se construyeron 5000 metros cuadrados de decorados. En el reparto artístico figuran cerca de 300 actores y 45 especialistas de acción. Se han construido carromatos y utilizado caballos de monta, mulas, burros, rebaños y piaras.
El costo global de la serie asciende a 400 millones de pesetas, aproximadamente.

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Teresa de Jesús - Capítulo 8 - Hija de la Iglesia - ver ahora 51.18 min
Transcripción completa

Hace ya muchos años

que mi voluntad...

está tan unida a la de Dios

que no hay división

entre él y mi alma,

sino que toda me muero,

siempre en su presencia.

No con palabras

ni en visiones

o arrobamientos,

sino de manera...

que no miro provecho

ni descanso

en el obrar,

porque he entendido

que en el obrar,

en obediencia

a sus deseos

está...

mi regalo.

El tabique tiene que venir más acá,

como está aquí, en el plano, ¿lo ve?

Aunque menos torcido porque a mí el pulso me falla algo.

-¿Lo ha dibujado vuesa merced?

Si quiere llamar a esto dibujo, sí.

-Bueno, viene a ver lo de la escalera, ¿no?

-¿No decía que estaba cansada? No ha parado en todo el día.

Pero lo de la escalera es importante.

-Deme el plano, ya se lo explico yo,

quiere hacerlo ella todo.

Ande, siéntese aquí un ratito. Ay...

-¿Sabe vuesa merced mucho de obras, no?

Un poco voy sabiendo,

pero ya estoy para sopitas y buen vino.

(PIENSA) "Me acuerdo cuando era tan guardosa de mi cuerpo

que sólo pulir una uña me llevaba media mañana.

Ay... estoy vieja y cansada,

aunque no estoy peor que suelo

ya que trabajos son para mí salud y medicina."

(JERÓNIMO GRACIÁN PIENSA) "Valladolid a 28 de agosto de 1581,

a la madre Teresa de Jesús.

La gracia del espíritu santo sea con vuestra reverencia,

no puedo ocultarle por más tiempo, madre, cuán preocupado me tiene

el decaimiento de espíritu de las monjas

del convento de San José,

que por ser la primera fundación debiera servir de ejemplo

a todas las demás,

le ordeno pues que en virtud de santa obediencia

se dirija con presteza a Ávila para remediar los males

de aquella casa.

Que el señor le dé su gracia,

su hijo querido, Jerónimo Gracián."

Cómo ha cambiado todo.

(RESOPLA)

Ni reconozco esta casa

de tan destartalada como está.

-Todo se debe a la escasez de recursos,

las monjas protestan de la comida y excusan los trabajos.

No, no... no es la pobreza la causa de la distracción,

sino la distracción la causa de que esto se vea tan pobre.

-Las monjas jóvenes necesitan su ejemplo, no sus quejas,

tienen que obedecerla. Me ven como a una extraña,

yo no soy su priora. -Es la hora, madre nuestra.

-Queda pues recibida como priora del convento de San José de Ávila

la madre Teresa de Jesús.

(TODAS) La recibimos y queremos.

-Madre Teresa, póstrese en tierra con la cabeza en el suelo.

(ENTONA UN CÁNTICO EN LATÍN)

(TODOS CANTAN EN LATÍN)

Bien, hermanas.

Me han hecho priora por pura hambre.

Yo, Diego de la Trinidad, vicario provincial de Andalucía

mando al reverendo padre Fray Juan de la Cruz,

rector del colegio de San Basilio de Baeza,

vaya a Ávila y traiga a nuestra muy reverenda

y muy religiosa madre Teresa de Jesús,

fundadora y priora de San José de Ávila

a la fundación con el regalo y cuidado

que su persona y a su edad conviene.

En fin, habíamos traído hasta las mulas.

Lo siento mucho, pero... no puedo.

El padre Gracián me ha mandado ir a fundar a Burgos.

¿No cree que le obedece demasiado ciegamente?

No, no lo niego, pero...

la verdad es que en esta ocasión no me duele hacerlo,

me siento más a mis anchas en Castilla.

Aquí el cielo parece mandar en la tierra

y el aire es más puro.

Andalucía me sofoca. También a mí,

por eso mismo su presencia allí me habría ayudado.

Esperaba que vuestra reverencia hubiera intercedido

por mí para que me trasladaran a Castilla.

Lo hice, pero...

el padre Gracián no accedió.

¿Se acuerda

de la primera vez que nos vimos en Medina del Campo

en un locutorio como este?

Me quedé sobrecogido ante su autoridad y energía.

Ajá.

Y mientras la escuchaba hablar pensaba...

"A esta mujer nunca habrá nadie capaz de quitarle el mando".

Ja, ja, ja.

Más se equivocó vuestra paternidad que yo, que pensé...

"Ese frailecico

es de los que se meten sin hacer ruido en el castillo interior,

le doblarán pero nunca conseguirán quebrarlo",

y todos sus pasos, sus palabras y sus obras

lo han dejado patente.

Ay...

Alguien había de haber que no me defraudara.

Eso que dice, madre

me paga de mis persecuciones y zozobras,

pues dejando a parte el juicio de Dios

no me curo de ningún otro sino del suyo.

Cuantas cosas hemos hecho juntos

aunque pocas veces nos hemos visto.

Yo siempre le he sentido conmigo.

Ay... pero queda todavía tanto por hacer.

No piense en ello, sino en lo que queda sembrado.

Aún no me he acostumbrado a no mirar hacia atrás

y esa es mi locura,

seguir navegando en una barca sin remos

como cuando los tenía.

En fin, debo partir sin vuestra reverencia,

pero ya la buscaré al volver.

Busque callandito

porque a lo mejor sabe Dios dónde me encuentro.

Quede con Dios, Madre.

Ya nunca volveré a verle.

Trueno.

(CANTAN EN LATÍN)

-Madre, madre nuestra, madre nuestra.

Abajo hay unos vecinos que dicen que nos sacan con barcas,

que esta casa no resistirá porque todas se hunden

y los molinos también, madre, que el tiempo está muy bravo.

-Creo que debíamos irnos, madre nuestra.

Hagan lo que quieran,

yo no me muevo de aquí,

no podemos llevarnos nuestras reliquias.

Alguien se tendrá que quedar para defenderlas,

sobre todo el Lignum Crucis.

-Lo que sea de una, que sea de todas.

¿Encontró algo de pan?

-De debajo del agua he tenido que sacarlo.

Bueno es, bendito sea Dios,

que me encuentro muy flaca.

Trueno.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

Trueno.

-¿Malas noticias? No son buenas.

Por si fuera poco el pleito que nos espera

ahora en Valladolid.

Mi única preocupación a estas alturas

es salvar el convento de San José de Ávila.

-Pero tía, a mí me ha escrito mi hermano Francisco

y dice que los abogados le dan la razón,

que habiendo muerto nuestro padre...

Él está manejado por su suegra,

pero no me pienso rendir tan pronto.

-La voluntad de su hermano don Lorenzo no se ha cumplido,

¿y por culpa de quién? De vuestra reverencia,

de modo y manera que el legado pasa sin más

a su primogénito Francisco mi yerno,

y sobre todo, no se hable más.

Hablar le llama a lo que está haciendo.

Ladrar lo llamo yo.

Si mi pobre hermano, que gloria halla,

viera cómo han despilfarrado entre vuestra merced y su hija

los capitales de Francisco...

y no contentos con eso pretenden todavía hacer presa

en el legado de este pobre ángel.

-Ay, pobre hija mía, ni siquiera sabe si tiene vocación.

-Cálmese tía y avéngase a razones.

Doña Beatriz ha dicho bien.

Tiene mucho poder de recomendación,

pero no tiene justicia,

y lo que nunca pensé es que hubiera puesto

en contra mía a los de mi propia sangre.

-Yo no entiendo de eso, tía, pero si va a ser

para bien de mi hermano Francisco y los abogados dicen..

-La santa madre Teresa de Jesús, aunque haya hecho voto de pobreza,

en cuanto media una cuestión de dinero, pretende saber más

que todos los abogados.

Algún día, hija, que no tardará mucho en llegar

tu prima y tú os arrepentiréis de haberme dado este sinsabor,

el más amargo de mi vida.

-Ya había comprendido por sus cartas

que no puede sufrir dejar de mandar

y que de humildad no anda sobrada.

Vamos, hermana Ana.

Ya... ya todo da igual.

-¿Se va, madre Teresa?

Sí, hijas...

miren bien por la religión,

no hagan las cosas sólo por costumbre,

sino haciendo actos heroicos.

Dense en tener buenos deseos,

que aunque no los puedan poner por obra,

les traerá gran provecho.

Muy consolada me voy de esta casa.

Recen por mí.

-Sí, váyanse ya.

Y no vuelva más por aquí.

-Que Dios bendiga vuestra reverencia.

-Traemos a la madre Teresa de Jesús.

-¿Cómo es posible? Alabado sea Dios, qué alegría.

La madre aquí, y viene sin avisar.

-Viene muy enferma,

desde Burgos que no para de vomitar

así que hemos pensado descansar aquí en Medina

antes de seguir camino a Ávila.

-¿Quiere acostarse? No, no.

No hay prisa.

Antes quisiera que la madre...

Alberta Bautista

me diera alguna cuenta sobre su priorato,

porque tengo entendido que no van muy bien las cosas por aquí.

-¿Qué va mal por aquí, vamos a ver?

¿Hasta cuándo va a seguir siendo el ojo que todo lo ve?

Poco tiempo me queda ya de serlo, hija.

Dígame por caridad dónde está mi celda,

si es que merezco tenerla.

-Traigo una orden para vuestra reverencia.

Oh... no me asuste,

creí que había venido por el gusto de verme.

Medicinas necesito ya,

y consuelo más que órdenes.

-Lo siento,

pero doña María Enríquez, la duquesa de Alba,

la llama a Alba de Tormes

para que ayude espiritualmente a su nuera

que va a dar a luz,

ha enviado una carroza. No puedo,

tengo que dar el hábito a mi sobrina,

el padre Gracián me ha mandado ir a Ávila.

-Él ahora está en Andalucía, ¿no?

Pues que mande allí.

No se meta con el padre Gracián.

Ay... Señor.

No puedo ni con mis huesos.

Ay... y el padre Gracián sin mandar una carta en tanto tiempo,

ni un consuelo, ni nada.

-El padre Gracián no siempre le ha tratado bien.

Sí.

Voy viendo que le gusta más sentirse alabado que combatido.

En Andalucía destaca más que aquí porque todos le adoran.

-¿Pero qué le duele?

Todo, hija.

Ya ni sé lo que me duele,

y esta debilidad...

-Tiene el pulso muy flojo.

En algún camino nos tenemos que quedar.

Hija mía, si puede procurarse algo,

lo que sea, prepáremelo porque...

porque ya no puedo más.

-He dado cuatro reales para que trajeran los huevos,

pero no se ha podido.

No llore, hija,

Dios lo habrá dispuesto así.

¿No quedaban unos higos?

(SOLLOZA)

-Ey, ey...

-Madre, ya ha nacido con toda felicidad

el nieto de la duquesa de Alba.

Alabado sea Dios,

ya no será menester la santa.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

(TODAS) Bienvenida madre nuestra.

-Ya vendré a preguntar por vuestra reverencia.

Descanse.

Qué bien huelen estas sábanas.

Hace más de 20 años que no me acostaba tan temprano.

Hum...

Oh...

(JADEA)

¿Qué me pasa?

Mi dolor, hermana.

-Hay sangre.

un flujo de sangre.

Llame al médico.

Qué lástima de sábanas tan limpias.

-Calle, calle.

Qué mal huelen, hija, estos aceites de botica.

Eche perfume de espliego,

que va a venir la duquesa.

-¿Puede entrar la duquesa de Alba?

Ay, alabado sea Dios.

Cubra, cubra, hija, porque no huela mal.

-Madre Teresa.

Yo bien quisiera tenerla en mi palacio.

No, no, no haga eso, vuestra excelencia,

que huele muy mal con unos remedios

que aquí me han hecho.

-Siempre está preocupada por el olor.

-¿Dice que es malo?

Más bien parece como si hubieran rociado la celda

con agua de ángeles.

¿No aspira la fragancia?

¿Sigue bien el niño?

-Sí.

Pronto estará buena

y podrá a vuestra reverencia verte.

(REZA EN LATÍN)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Madre, si nuestro señor

fuera servido de hacer de vuestra reverencia

no otra cosa que llevarla así.

¿Y cuánto se tarda?

-Digo... si eso ocurriera,

¿qué queréis que hagamos?

¿Quiere irse a Ávila o es su voluntad de quedarse aquí?

Jesús... deje eso, padre mío.

¿Y aquí no me darán...

un poco de tierra?

Se abre una puerta.

-Se está dejando morir,

ni siquiera habla de Ávila.

Ya le da igual quedarse aquí.

Parece que fue ayer

cuando una noche que yo me encontraba toda descoyuntada

me dijo:

"Hija venga hacia mi celda aunque en presente esté enferma".

Ella me enseñó la libertad de no estar asidua a nada,

pero cómo la necesito ahora.

¿Qué podré hacer yo cuando me falte?

Han sido cinco años

viendo como todo lo que tocaba era vida,

y ahora parece que todo se muera con ella.

-Hermana, aquel almendro...

¿no estaba seco?

Estamos en octubre.

(REZA EL LATÍN)

(SE QUEJA)

Amado mío

y señor mío,

ya es tiempo de caminar.

Vamos muy en hora buena.

Cúmplase tu voluntad.

(SE QUEJA)

Hijos míos y señoras mías,

por amor de Dios les pido

tengan gran cuenta de la guarda de la regla,

y las constituciones,

que si las guardan con la puntualidad que deben

no será menester otro milagro para canonizarlas,

y miren el ejemplo

que esta amada monja les dio y ha dado,

y perdónenme.

(RESOPLA)

-Hermana Ana, váyase a comer,

no puede seguir así.

(SE QUEJA)

-¿Qué quiere, madre, quiere algo?

(JADEA)

¿Quiere que venga la hermana Ana de San Bartolomé?

-¿Hermana, quiere llamarla?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-¿Qué quiere, madre?

Ah...

-¿Quiere que la levante? Ajá.

(RESOPLA)

Hija soy de la iglesia

y en ella muero.

(TOMA AIRE)

Al fin hija de la iglesia.

(SUSPIRA)

(SOLLOZA)

(REZAN EN LATÍN)

(REZAN EN LATÍN)

-Al día siguiente la enterraron con la solemnidad

que se pudo hacer en aquel lugar.

Pusieron su cuerpo en un ataúd

y cargaron sobre él tal cantidad de piedra,

cal y ladrillo que se quebró la madera

y se entró dentro.

Hicieron esto porque les pareció que así la tendrían más segura.

-Abrimos el ataúd nueve meses después del entierro,

lo hayamos quebrado por encima y medio podrido y lleno de moho,

con mucho olor de la mucha humedad que tenía.

Los vestidos también estaban podridos.

El santo cuerpo estaba lleno de la tierra

que había entrado por el ataúd

y también lleno de moho, pero sano y entero,

como si lo acabaran de enterrar.

Tanto que mi compañero Fray Cristóbal y yo

nos salimos fuera mientras la desnudaban,

y después teniéndola cubierta con una sábana me llamaron

y descubriendo los pechos

me admiré de verlos tan llenos y altos.

Quitáronle casi todos los vestidos y la lavaron

y quitaron aquella tierra,

y era grande y maravilloso el olor

que se derramó por toda la casa.

La pusieron en un arca en el mismo lugar donde estaba,

pero antes yo le quité la mano izquierda.

Esta mano traía yo en una toquilla con papeles y destilaba aceite.

La dejé en Ávila en un cofrecito cerrado.

Cuando corté la mano, corté también un dedo meñique

que traigo conmigo,

y cuando me cautivaron los turcos, me lo tomaron

y lo rescaté por unos 20 reales y unas sortijas de oro.

-Acordó el capítulo de los descalzos

que el cuerpo de nuestra madre

volviera a su convento de San José,

y un sábado de noviembre de 1585,

mientras las monjas de Alba recelosas

rezaban apresuradamente completas y maitines

en presencia de la priora y otras dos hermanas,

el padre Gracián, Nacianceno y yo

preparamos el traslado.

El convento exigió quedarse al menos con un brazo.

-Harto contra mi voluntad, por cumplir obediencia

saqué un cuchillo que traía colgado de la cinta

para cortar el brazo que debía dejar en el monasterio de Alba.

Fue cosa maravillosa

que sin poner fuerza lo separé por sus coyunturas

como si buen rato hubiera estado mirando para acertarlas,

y quedó el cuerpo de una parte y el brazo de otra.

-No cabía el cuerpo en el baúl que habían traído los frailes,

lo vistieron de sus hábitos,

y envuelto en una sábana y una manta de sayal

el padre Gregorio Nacianceno abrazose con él

y le entró a la posada.

Él y yo pasamos la noche

en tan grande y santa compañía.

Salimos de Alba a la madrugada,

y hizo noche y la mañana tan sin frío

como si fuera Junio.

Entregamos la gran reliquia a las hermanas de San José

que están tan alegres con tenerla

como las de Alba desconsoladas por haberla perdido.

-Cuando el duque tuvo noticia de que se habían llevado

el cuerpo de la santa,

su indignación fue grande.

Amenazó a las carmelitas de Alba de Tormes

con graves penas

si permitían que se les arrebatase también

el brazo que les habían dejado.

Entabló negociaciones con Roma,

su poder hizo que muy secretamente

se sacase el cuerpo de San José

y muy a escondidas también se devolviese a Alba.

el cuerpo de la madre Teresa de Jesús fue desmenuzado,

el pie derecho y parte de la mandíbula superior

están en Roma,

la mano izquierda en Lisboa,

la derecha, el ojo izquierdo, dedos y trozos de carne

esparcidos por España y por toda la cristiandad.

Su brazo derecho y su corazón se conservan

en los relicarios de Alba de Tormes

con lo que queda de su cuerpo.

Beatificado en 1614,

fue en 1622 proclamada santa.

En 1626 las cortes españolas la declararon

compatrona de los reinos de España,

pero los partidarios de Santiago lograron revocar el acuerdo.

Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca

fue posteriormente designada patrona

de los escritores españoles,

y al fin en 1970 declarada doctora de la iglesia.

Teresa de Jesús - Capítulo 8 - Hija de la Iglesia

01 abr 2015

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