Siempre bella, la Ribeira Sacra gallega en otoño lo es más. Ubicada en las riberas del río Sil y del Miño, debe su nombre a la gran cantidad de monasterios y templos ubicados en los cañones y laderas que jalonan la zona. Allí debían encontrar la paz y el sosiego necesario para el crecimiento espiritual. Y allí estaba todo, siglos y siglos después.