¿Dónde han quedado las ideas originales? ¿Dónde ha quedado la mirada personal del realizador o del guionista? ¿Nos hemos convertido en meros replicantes de fórmulas que funcionan? ¿Donde está el sabor del peligro, el riesgo real y no el riesgo de mercado?. El sistema no se reinventa hoy como en los años setenta y las crisis económicas mundiales hacen que las ideas se vuelquen hacia lo rentable en vez de indagar en la imaginación, a la cual el cineasta o artista debe su obra. La imaginación está relegada en estos casos a un lugar donde ha sido domesticada. ¿Cómo combatir entonces no contra el sistema, sino contra uno mismo para no convertirse en un mero empleado del mercado?.