Los efectos desmesurados que esta crisis tiene para los que no cuentan con redes de protección social (países en desarrollo/latinoamericanos, pero también inmigrantes irregulares, por ejemplo) hace necesaria que la respuesta más justa e inteligente exige algo más que dinero: imaginación y riesgo político (no sólo por parte de gobiernos, sino también por parte de sindicatos, sector privado y sociedad civil).