Lo primero que nos sorprendió de Fran Gayo es el instrumento con el que se acompañaba: el auto harpa. Un instrumento que desconocíamos y que emite uno de los sonidos más relajantes y bonitos que hemos escuchado nunca. Eso unido al piar de los pájaros (tan ad hoc que parecía que estaba preparado), la paz del bosque, el sol entre los árboles, la profunda voz de Fran y la preciosa canción que interpetaba, daban ganas de quedarse ahí a pasar toda el día escuchándole.