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Durante mucho tiempo una piel bronceada por el Sol fue un signo de pertenecer a la clase obrera hasta que la diseñadora Coco Chanel, tras un descuido en sus vacaciones, lució su tez morena y la cosa cambió. Se puso de moda el bronceado y aparecieron las cremas solares, pero no para proteger a los nuevos bañistas. En los años 40, el médico Bejamin Green fabricó con petróleo una pomada gelatinosa que protegía del Sol a los soldados destinados en el Pacífico Sur durante la II Guerra Mundial.