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Para todos los públicos Teleplaneta - 04/06/2018
Transcripción completa

Comenzamos la semana hablando de otro volcán, en este caso

el volcán de Fuego, en Guatemala, que ha sufrido en los últimos días

espectaculares explosiones en su cima.

Las columnas eruptivas alcanzaron los 10.000 metros de altura,

para posteriormente generar grandes flujos piroclásticos

que se movieron a gran velocidad

sorprendiendo a numerosas comunidades.

Hasta el momento se habla de más de 25 víctimas

aunque las autoridades no se atreve a dar una cifra concreta,

ya que hay desaparecidos y el recuento no ha podido finaliza

por la actividad del coloso guatemalteco.

Más de 1,7 millones de personas están directamente afectadas

por esta erupción, una de las más violentas de los últimos tiempos

en el país centroamericano,

mientras que se ha dado orden de evacuación para al menos

3.000 personas en las comunidades vecinas.

Otro volcán que está mostrando claros signos de inestabilidad

es el Popocatepetl, en México, que en estos días

también sufre importantes explosiones en su cima.

La alerta en la montaña sigue establecida en el nivel 2,

y se refuerzan los sistemas de vigilancia

ante el incremento de actividad en estas últimas fechas.

El Popo, junto al volcán de Colima, es el más activo del país,

y suele dejar caídas de ceniza en los pueblos colindantes,

acostumbrados ya a las explosiones que se producen

en el que ellos conocen popularmente como Don Goyo.

No se han declarado alertas adicionales ni se han producido

evacuaciones, aunque se ha pedido a los residentes que estén atentos

a los comunicados de las autoridades.

Dejamos los volcanes y nos vamos a hablar de inundaciones

en Maryland, en los EE.UU.

Concretamente nos vamos a la ciudad de Elicotte,

que tiene el dudoso honor de haber sufrido en los últimos tres años

dos inundaciones que se corresponde con eventos que teóricamente

no se deberían producir más que una vez cada mil años.

Las imágenes que llegan desde la zona muestran los daños

provocados por la inmensa riada que algunos residentes

han llegado a comparar con un tsunami entrando en la ciudad.

Las autoridades han solicitado ayuda federal y que se declare

el estado de catástrofe en esta zona de Maryland.

Cientos de coches y decenas de locales y viviendas

han resultado afectadas por esta nueva riada.

Acaba de comenzar junio y con él la temporada de huracanes,

y ya tenemos la primera tormenta tropical del año, Alberto,

que ha dejado sus huellas más claras en la isla de Cuba.

Con vientos de hasta 100 kmh, ha dejado al menos

cuatro víctimas y daños millonarios así como un desastre ambiental,

tras un vertido en una refinería del país que deja daños graves.

Alberto dejó consigo también un fuerte oleaje que se dejó sentir

en las zonas costeras cubanas,

donde casi la totalidad de la flota del país permaneció en puerto.

Tras su paso por Cuba, Alberto se debilitó llegando a tocar

la zona Sur de Florida.

En la isla caribeña miles de personas fueron evacuadas

a zonas más seguras mientras esperaban una mejora del tiempo

y además de todo lo anterior dejó graves daños

en carreteras con puentes estratégicos derribados

por la fuerza del agua.

Dejamos el continente americano para ir hasta el Reino Unido

donde también vamos a hablar de mal tiempo,

que ha dejado inundaciones en Birmingham.

Allí las fuertes tormentas descargaron con violencia

una gran cantidad de lluvia que inutilizaron

multitud de carreteras y vías locales.

La policía informó que en algunos casos el nivel del agua

había alcanzado el metro y medio de profundidad,

dejando aislados a cientos de personas.

Los bomberos tuvieron que aplicarse a fondo para dar cuenta

de todas las llamadas de socorro recibidas.

Nos estamos acostumbrando a ver fenómenos meteorológicos

muy desplazados de su zona de acción habitual,

y para muestra un botón, el que nos llega

en forma de ola de calor desde Noruega,

que ha tenido el mes de mayo más cálido de los últimos 100 años,

con una anomalía positiva de nada menos que 4,2 grados

sobre la media para ese mes, lo que deja claro

que el mes que acaba de terminar ha sido extraordinario.

Muchos lugares del país han tenido temperaturas superiores a los 20ºC

pero ahí no acaba todo, porque la pasada semana

en zonas del oeste del país se alcanzaron los 32ºC,

una temperatura más propia de Andalucía

que de una región escandinava, y todo ello en uno de los países

que más esfuerzos está haciendo para combatir el cambio climático,

con restrictivas normas con respect al uso de combustibles fósiles

y facilitando todas aquellas actividades y usos

que impliquen a las renovables.

Volvemos a las lluvias torrenciales pero en este caso con mayúsculas,

y curiosamente lo hacen en un país que suele ser noticia

por su agresivo y caluroso clima, como es Omán.

Hay que reconocer que sin embargo Omán es un país

en el que suele llover de forma torrencial varias veces al año,

viendo el agua correr por los barrancos o wadis.

En esta ocasión las lluvias que ha dejado Mekunu

rompen récord en muchas zonas del país.

En algunas estaciones se han llegado a recoger

hasta 620 litros-m2, lo que supera en 6 veces lo que llueve

en todo un año en ciudades como Muscat.

En muchos otros puntos se han superado los 200 litros-m2

y esto ha provocado daños muy graves en diversas localidades,

que hacía décadas que no escuchaban cifras de semejante magnitud.

Pero si estamos hablando de calor, entonces debemos ir a Pakistán,

que ya ha venido a este programa aquejado de síntomas similares.

Una semana más las temperaturas han llegado a superar los 50ºC,

e incluso han coqueteado con estas cifras durante días seguidos.

Hasta 51,1ºC se han alcanzado en la ciudad de Jacobabad

que no ha bajado de los 47ºC en los últimos diez días,

o la ciudad de Sibi, que ha visto como el mercurio ha superado

los 49ºC todos los días de la semana pasada.

Las autoridades intentan ayudar a la población a combatir

estas temperaturas extremas ya en el mes de junio,

lo que augura desde luego un verano muy complicado

en el que podrían verse temperaturas cercanas a los 53ºC

en algunas zonas del país, que sigue sufriendo cortes

en el suministro eléctrico por la enorme demanda

de los equipos de aire acondicionado.

Hay retos que el ser humano, en su lucha por la supervivencia,

como cualquier otra especie, debe ir solventado

para intentar que su calidad de vida aumente paulatinamente.

El hombre ha conseguido logros extraordinarios,

pero esas mismas hazañas nos plantean colateralmente

amenazas que potencialmente tienen la capacidad

de poner en peligro nuestra forma de vida.

Una de esas grandes amenazas es la desertificación.

Factores no sólo naturales, sino relacionados directamente

con la acción humana están detrás de este proceso que consiste

en la degradación de una tierra fértil a una árida o semiárida,

y que puede incluir varios elementos,

tanto climáticos como humanos.

Es hoy por hoy uno de los problemas más alarmantes que nos encontramos

a nivel global, y por ello cada 17 de junio desde 1994

se celebra el Día Internacional

contra la desertificación y la sequía,

ratificado por la Asamblea General de Naciones Unidas

y a la que se han sumado 193 paises.

Casi el 25% de la superficie terrestre está ya afectada

por este proceso de difícil solución,

unos 3600 millones de hectáreas, que afectan directamente

a 1100 millones de personas.

Aunque muchas de las causas se pueden atribuir

a procesos naturales, el hombre está jugando un papel determinante

en su rápida extensión.

Nuestro desarrollo nos lleva a un mayor consumo de materias primas,

a una necesidad cada vez mayor de extender

nuestro radio de influencia.

Esta dependencia de los recursos naturales nos lleva

a situaciones límite para los ecosistemas que nos rodean.

Sobreexplotamos los acuíferos para poder abastecernos de agua,

los recursos hídricos son contaminados de diversas formas

y contribuimos inexorablemente al aumento de salinidad de las aguas.

La agricultura extensiva nos ha llevado a sustituir

ecosistemas enteros por campos de cultivo,

necesarios para nuestra supervivencia, pero causando

daños irreparables al suelo, que se erosiona, degrada,

y acaba transformado en un páramo desierto.

Igualmente provocamos incendios forestales tan repetidos

que la tierra no es capaz de regenerarse.

La pérdida de suelo influye en un mayor impacto a nivel humano

de uno de los fenómenos más terribles que puede sufrir

el ser humano por su duración. La sequía.

Miles de millones de personas están sometidos o amenazados

por este fenómeno que puede hacer que durante años no caiga

una sola gota de agua arruinando todo lo que abarca,

como el caso del Mar de Aral, uno de los mejores ejemplos

de las aberrantes conductas que en materia ambiental

puede tener el hombre.

Estos ejemplos, que son sólo un botón de muestra

de una realidad cada vez más extendida,

nos muestran claramente la influencia

que estamos ejerciendo sobre nuestro entorno.

Necesitamos más suelo para poder cultivar, beber o habitar,

pero necesitamos más conciencia para poder preservar

ese mismo suelo.

Mientras no comprendamos esta extraña pero demoledora lógica,

la desertificación seguirá su implacable paso,

ayudada más que nunca, por las arenas del tiempo

que estamos perdiendo.

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