La comitiva ha recorrido los puntos más importantes de Pyongyang, la capital norcoreana. Hasta ahora no ha trascendido si Kim Jong-Il será enterrado o si su cuerpo será embalsamado y expuesto en el Palacio Memorial de Kumsusan, como el de su padre Kim Il Sung. Han sido tres horas de cortejo fúnebre meticulosamente coreografiado, al estilo norcoreano: con miles de soldados alineados al milímetro para despedir al líder, y decenas de miles de personas de toda condición llorando su marcha sin consuelo aparente ni cansancio. Mientras, en Seúl algunos celebran la muerte de Kim Jong Il con fuegos artificiales y champán. Y a la vez lamentan la subida al poder de su hijo Un, porque entienden que eso retrasará aún más la reunificación de Corea.