La ovación con la que el coliseo blanco despidió a Kaká en la noche de Champions tenía tanto de esperada como de justificada. El brasileño demostraba por fin frente al Ajax que puede volver a ser el jugador que enamoró a Florentino Pérez de tal manera que el dirigente blanco desembolsó 64 millones de euros para transferirlo de Milán a Madrid