Troy Davis, condenado hace 20 años a morir por la inyección de una dosis letal de pentobarbital. Un jurado lo halló culpable de matar de un balazo al agente Mark MacPhail en una pelea de bar. Dos décadas después de aquel juicio, siguen sin haberse encontrado las pruebas materiales del homicidio. Y siete de los nueve testigos no policiales se han retractado de su declaración alegando coerción e intimidación policial en la obtención de sus testimonios.