Las lluvias se están resistiendo en febrero y en el campo empieza a preocupar la posible sequía. Este invierno ha llovido un 40 por ciento menos de lo habitual y hasta un 50 en las zonas más secas. Sólo quedan los meses de primavera para dar la vuelta a los preocupantes datos del año hidrológico. La escasez de agua y las heladas pasan factura a agricultores y ganaderos.