Amy Winehouse murió de forma "accidental" tras consumir grandes cantidades de alcohol. Ese es el resultado de los análisis que se le hicieron al cuerpo de la cantante tras su fallecimiento. Se ha detectado que en su sangre había una cantidad de alcohol cinco veces superior al límite legal para conducir. Al parecer, la cantante atravesaba por un período de abstinencia aunque los días previos a su muerte había vuelto a beber.