La condena a penas de cárcel hace una semana a unos propietarios de Barcelona nos sugirió interesarnos por el acoso inmobiliario. Se dio más durante la burbuja inmobiliaria, cuando los precios en las ciudades subían y subían. Pero todavía se dan casos, y ahora la justicia ha empezado a castigar no sólo el acoso activo es decir, hacer cosas para que el inquilino se vaya, sino simplemente abandonar el edificio.