El camino de las mujeres hasta el campo de refugiados keniano de Dadaab, el más grande del mundo, está plagado de peligros. Pero la vulnerabilidad de las mujeres también es patente al final del viaje. Muchas han sufrido violaciones y agresiones. Muchos hombres se quejan también de la inseguridad. Desde ACNUR, reconocen que faltan policías.