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Para todos los públicos Shalom - Rabia y dolor, la historia de Jennifer Teeger - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Muy buenos días, "shalom".

Todos tenemos un libro que nos ha cambiado la existencia,

pero creo que muy pocos libros la han cambiado tanto

como el libro de Jennifer Teege.

Un libro que ella agarró un buen día en la biblioteca de su zona

y descubrió allí en la historia de su familia,

una historia que cambiaría toda su existencia.

Realmente mi vida no era tan común ya desde el principio.

Mi madre es alemana, mi padre, nigeriano.

Ellos se separaron antes de que yo naciera,

por lo que llegué a un orfanato cuando tenía cuatro semanas de vida

y allí viví mis primeros tres años de existencia.

En ese momento fue cuando llegué a una familia adoptiva,

una familia blanca, alemana.

La familia tenía dos hijos, dos chicos con los que crecí

y esta familia formalmente me adoptó cuando yo tenía siete años de edad.

Generalmente, cuando uno escucha que un niño es adoptado,

automáticamente asumes que este niño no tiene relación

con sus padres biológicos.

En mi caso, fue diferente,

ya que todo el tiempo que estuve en el orfanato

yo veía a mi madre, yo veía a mi madre biológica

y veía a mi abuela biológica.

Ellas venían a visitarme los fines de semana

o yo las visitaba a ellas.

Hasta la edad de siete años, en la que me adoptaron,

mi vida fue un poco más complicada, pero, la verdad,

es que después fue bastante tranquila y sencilla.

Agradable, yo era una niña feliz.

Hasta aquel día, el día que cambiaría mi vida para siempre

de una manera tan rotunda que habría un antes y un después.

Era un día muy normal, agosto, un día soleado,

en el que me acerqué a la biblioteca central de mi ciudad.

Yo vivo en Alemania, en Hamburgo.

Yo estaba en la sección de psicología y no en la de historia,

que es como mi área, ¿no?

Vi un libro en la estantería.

El título del libro era "Tengo que querer a mi padre, ¿verdad?"

El autor del libro era Matthias Kessler,

pero tampoco me decía nada su nombre.

Saqué el libro de la estantería y me fijé en la portada,

ya que había una foto pequeñita en blanco y negro.

Había algo en esa foto familiar, pero no podía decir exactamente qué.

El pie de foto decía:

"Monika Göth, hija del comandante del campo de la lista de Schindler".

Entonces comencé a hojear el libro, tenía texto y además fotografías.

Una de ellas era una mujer con el pelo negro y largo.

Esta foto me recordó mucho a mi madre biológica.

Dos páginas más adelante había otra foto de una señora más mayor.

Llevaba un vestido de flores.

Todos mis años de infancia conservé una única foto de mi abuela materna

y así reconocí que era el mismo vestido.

El pie de foto decía: "Ruth Irene Göth",

y esa era mi abuela.

En ese momento, tuve claro

que no tenía en mis manos un libro cualquiera,

sino que este libro contaba la vida de mi madre y mi abuela biológicas.

Fue bastante duro al principio.

En la biblioteca, yo estaba conmocionada.

Salí del edificio, no podía hablar con nadie,

quería estar sola.

Finalmente, me diagnosticaron trastorno postraumático.

Creo que me afectó tanto por dos razones.

La primera, obviamente, es porque era algo absolutamente inesperado.

Me cayó como un jarro de agua fría.

Pero la segunda razón era aún más dura.

A pesar de no conocer nada de la historia de mi familia,

yo había vivido en Israel,

yo viví en Israel durante más de cuatro años.

Estudié allí, hablo hebreo bastante bien.

Amon Göth, mi abuelo biológico, fue un criminal.

Fue juzgado en Polonia donde fue ejecutado,

no lejos de donde estaba el campo de concentración.

¿Por qué es tan conocido por casi todo el público?

Porque fue interpretado por Ralph Fiennes

en la película "La lista de Schindler" de Steven Spielberg.

Schindler fue el que salvó a los judíos.

Y mi abuelo era el que los mataba.

La película causó un verdadero impacto en nuestra generación,

porque era la primera vez que tantas personas

eran educadas en el tema del holocausto.

Seguramente, los que ven el programa saben muy bien de lo que hablamos,

pero esto no es cierto para todas las personas ahí afuera, en el mundo.

Cuando hablo con personas y hablo con muchas personas,

doy clases y conferencias, me sorprende

cuántas personas tienen un conocimiento tan limitado del tema.

Incluso si les preguntas por Auschwitz,

no te saben contestar y eso me asusta.

Ahora ya no me afecta tanto,

pero inmediatamente después de este descubrimiento,

yo tenía varios pensamientos irracionales.

Me recuerda a mi misma parada frente al espejo observándome

y sujetando con la otra mano una foto de Amon Göth.

Yo estaba aterrada pensando que tal vez pudiera tener

rasgos comunes con él.

Sobre todo en esta parte del rostro, en la parte baja.

Yo me solía preguntar a mí misma: "Si me parezco a él,

¿quiere esto decir que llevo algo de este hombre dentro de mí?"

Esa era una de las cosas que más me preocupaba.

Hoy ya tengo la respuesta.

El hecho de que exista un cierto parecido físico

no dice nada acerca de quién eres, de tu personalidad.

Si me pongo a pensar en ello, me doy cuenta

de que esta situación me permitió desarrollar

una personalidad a parte de ser la nieta de un asesino nazi.

Y eso me permite expresar mis sentimientos más abiertamente

que otras personas,

pero, indudablemente, es una carga muy pesada,

además de la que llevamos todos a hombros.

Cuando yo vivía en Israel,

yo no sabía nada acerca de esa parte de mi pasado.

Yo llegué a Israel por casualidad.

Después de acabar mis estudios en París,

conocí a una chica israelí que me invitó a visitarla.

Realmente llegué a Israel como una turista más.

Yo relacionaba Israel con el holocausto

y me la imaginaba un país oscuro, gris,

por todo el sufrimiento y las desgracias.

Yo pensaba que era un país donde una bomba

te podía explotar en cualquier momento y eso me daba miedo.

Y cuando finalmente llegué a Israel, era tan diferente lo que descubrí.

Yo viví en Tel Aviv.

Si conoces Tel Aviv, ya sabes que es una ciudad llena de vida,

bañada por el mar, con un cielo azul intenso.

Con sol prácticamente todos los días.

Yo estaba enamorada de la cultura, de la lengua, de las letras,

de cómo escriben en otra dirección.

Sí, me convertí en una experta en Israel.

Allí viven muchos supervivientes y también sus familias,

porque esto es un tema que afecta a toda la familia,

pero ellos supieron mirar hacia adelante.

La última palabra del libro es esperanza,

porque si miras para el futuro, puedes, de alguna manera,

vivir una nueva vida.

Muchas veces he tratado el tema de la culpa.

Yo verdaderamente pienso que no puedes heredar la culpa.

Yo soy la tercera generación, yo no estaba en la guerra.

Eso no quiere decir que porque no soy culpable,

no soy responsable.

Y este es un punto muy importante que quiero destacar.

Yo siento una gran responsabilidad, por supuesto,

por ser una descendiente de Amon Göth.

Y cuando me encuentro con supervivientes,

siento que también para ellos representa una cierta esperanza

el hecho de ver que la descendencia de Amon Göth

es absolutamente diferente.

Siento una gran responsabilidad

solamente por el hecho de ser alemana.

Es parte de nuestra historia, parte de nuestro ADN

y eso nos lleva de nuevo a la responsabilidad

y, además, y creo que esto es cierto para cualquier persona,

siento la responsabilidad por el simple hecho de ser un ser humano,

porque lo que sí creo firmemente

que lo que viene primero es la humanidad.

Cuando miro al mundo hoy, veo muchísimos desafíos.

No creas que aprendemos tanto de la historia.

Yo pienso firmemente que debemos mirar al pasado,

por supuesto para honrar a las víctimas,

y aprender qué ocurrió, pero también, y esto es tan importante,

mirar al pasado para aprender del pasado,

para evitar cometer los mismos errores en el futuro.

Y lo que a veces observo y esto es muy preocupante

es que cometemos los mismos errores una y otra vez.

Con mis hijos hablo menos de lo que la gente piensa.

Cuando yo descubrí esta parte de mi pasado,

ellos eran muy pequeños, estaban en la guardería.

Yo no podía compartir con ellos los detalles.

Ahora, ellos lo saben y, por eso, en mi libro yo hablo también

del poder tóxico de los secretos

y esa era también una de mis mayores preocupaciones.

Si hablamos desde el lado de las víctimas,

yo puedo entender su silencio, porque su sufrimiento fue tan inmenso

que de eso hacía muy difícil el compartirlo.

Y también significaba volver a revivir aquellas experiencias

y este es un tema diferente.

En Alemania, hubo un silencio absoluto después de la guerra.

No por el sufrimiento, sino por la culpa,

porque afortunadamente hubo gente que se arrepintió

y se sintió culpable,

pero es importante hablar de estas cosas.

En un nivel más personal, si existen secretos en una familia que son tabú

debido a la culpa o a la vergüenza que representan,

necesitamos tratarlos, porque los secretos son siempre tóxicos.

Afectan mucho al nivel subconsciente y los hacen aún

más difíciles de manejar.

Yo tuve que tomar una decisión.

Si algo negativo nos ocurre y nos puede ocurrir a todos,

trata de hacer algo positivo de ello,

trata de que con ello puedas ayudar a otras personas.

Entonces, esto mismo se convierte en una especie de regalo.

Yo tengo un nombre alemán, un nombre inglés.

Mi primer nombre es Jennifer.

Pero además tengo un nombre africano.

Isioma significa la afortunada

y pienso que es una buena descripción de cómo me siento.

Jennifer Teege nos ha dado muchas lecciones maravillosas

y creemos que seguirá dando muchas más.

De aquí, Jennifer Teege se va a Jordania,

a campos de refugiados para repartir víveres.

Ella nos dice que nadie como ella que se crío sin hogar

sabe la importancia de tener uno.

Con esta lección fantástica, hoy les decimos "shalom".

(Música)

  • Rabia y dolor, la historia de Jennifer Teeger

Shalom - Rabia y dolor, la historia de Jennifer Teeger

29 oct 2017

Una bella muestra de perdón escrita por una mujer mestiza que con seguridad se habría convertido en víctima del sistema racial nacionalsocialista.

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