Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:45 horas

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Para todos los públicos Shalom - La dulzura de Hanuká - ver ahora
Transcripción completa

y las recetas que acompañan... Lo que te dije antes, la memoria.

(Música cabecera)

Muy buenos días, Shalom.

Nos toca despedir con ustedes la fiesta de Hanukah,

la fiesta de las luces donde cada noche

hemos encendido una velita más.

Hoy tenemos todas las velas encendidas,

y como cada vez que toca despedir una fiesta,

uno puede estar un poquito triste.

Nosotros no estamos tristes

porque ustedes están aquí con nosotros.

Y, además, como buenos amigos que se toman el café del domingo

viendo "Shalom", les hemos traído un postre especial

para que tengan una Hanukah dulce, dulce, dulce.

¿Quién ha hecho estos postres? No son efectos especiales,

es Anita Bensadón. Buenos días, Anita.

Hola, Coty, ¿qué tal? Bienvenida, Shalom.

Gracias. Y feliz Hanukah.

Feliz Hanukah.

Muchas gracias por estos dulces maravillosos.

Cuéntanos por qué has elegido estos postres y cómo se llaman.

Bueno, cómo se llaman, aquí tienes las rosquitas,

los fritos y los buñuelos, que en Israel se llaman sufganiot.

Como tú sabes muy bien, para Hanukah hay que comer fritos.

Eso es lo que yo creo que no todos nuestros amigos saben.

Pues eso. El milagro del aceite.

Cómo la fiesta de Hanukah se basa en el milagro del aceite.

Y por eso hacemos tantos fritos. Exactamente.

Cuéntanos de alguno de ellos. Las rosquitas, ¿son difíciles?

¿Te llevan mucho tiempo? No, no.

Están en el libro. En este libro maravilloso.

Y la verdad que se hacen en un momento,

pero tienen una cosa, que hay que hacerlas

y servirlas en las horas siguientes porque si no se endurecen.

Vale. Anita, las rosquitas las aprendiste,

aunque tú lo explicas en tu libro, las aprendes, ¿de quién?

Mira, esa receta me hubiese encantado

que me hubiesen salido igual que a esa señora,

era la señora Sara Belitz.

Y hacía unas rosquitas maravillosas.

Yo esta vez quise hacer su receta,

no sé si salieron como ella, pero bueno.

Siempre me recuerdo yo de las rosquitas.

Me imagino que sí.

Además son unas rosquitas típicas para la fiesta de Hanukah.

Los sufganiots, que son los buñuelos,

además de llevar azúcar por encima están rellenos, ¿verdad?

Bueno, lo puedes rellenar de mermelada de fresa,

lo puedes rellenar de crema pastelera, de chocolate,

un poco como uno quiere, ¿no?

¿Y esas las aprendes de quién?

Pues esa la verdad... Ensayando y ensayando.

Ensayando y preguntando y como todo el mundo las recetas.

Me parece muy bien.

Los fritos es que yo siempre hago hojuelas, ¿vale?

Y encontré este método para hacerlas más fáciles.

Y me encantan y eso sí que se puede congelar y se queda perfecto.

Esas sí se pueden congelar.

Que además tenemos que decirlo, Anita Bensadón es una gran maestra,

una gran maestra con mayúscula y es que las maestras cuando enseñan

además te dan los trucos para que te salgan bien,

y Anita, y yo soy testigo de ello, además te llama y te pregunta:

"¿Te han salido bien?

Porque si no, dime en qué ha fallado y te digo cómo arreglarlo".

Sí, eso es verdad.

Anita, no me cansaré de preguntarte cómo llegas a la cocina,

cómo una chica joven que tenías 13, 14, 15 años...

Yo empecé porque mi madre se murió cuando yo tenía 17 años.

Entonces, por obligación. Empecé por obligación.

Y luego me fue gustando poco a poco.

Por obligación porque eres la mayor...

De cuatro. De cuatro hermanos.

Entonces, tú como primogénita e hija,

te toca entrar a la cocina mientras que tus amigas estaban jugando.

Absolutamente cierto.

Y bronceándose, porque tú naciste en Tánger.

Yo nací en Tánger y ese momento no era muy agradable para mí

porque tenía que estar en la cocina y nunca me gustó,

y luego ya poco a poco fui tomándole cariño

y luego ya más tarde cuando mis hijos eran mayores

yo pensé que yo tenía que hacer algo para que toda esa cocina

se guardara en la memoria de ellos y de todos los jóvenes.

Así será seguramente.

Anita, en ti hay una frase que dice:

"Si la vida te da limones, hazte tú una limonada".

(RÍE) Pero tú has hecho un pastel de limón.

Esto no es una limonada.

No, la verdad que me gustaba mucho más la repostería que la cocina.

Y así empecé escribiendo un libro de repostería,

luego escribiendo un libro de cocina, dando cursos.

He estado dando cursos casi 30 años, y ahora ya os toca a vosotras,

los jóvenes.

Pero los jóvenes, jóvenes, yo sé que has estado dando un taller

de cómo hacer pan a más de 240 señoras,

señoras, abuelas, madres, hijas, todas.

Sí. O sea que...

Yo siempre me quejo, pero me divierto.

Mucho, y si no no lo podrías hacer, porque Anita Bensadón

ha llevado la cocina sefardita al nivel de repostería de lujo,

de arte, porque... No creo, no creo.

Todas las recetas tienen su nombre y apellido.

Y su sabor. Y su sabor.

Me gustaría preguntarte, porque la cocina se ha puesto

de moda últimamente que parece que hubiéramos inventado el fuego.

O sea, cualquier cosa tiene recetas de cocina

y además con unos índices de audiencia tremendos,

a la gente le gusta, se engancha.

¿Por qué consideras tú que la gente se ha enganchado tanto

en los temas receta de cocina?

Yo creo que, fíjate, el Internet ha hecho mucho.

Porque hoy en día una joven quiere una receta, yo que sé,

de rosquitas... "Rosquitas sefardíes".

Y te salen un montón de recetas, ¿comprendes?

Claro.

Entonces, una se lo va diciendo a la otra, el teléfono, fotos...

Es verdad, y así también se anima mucho,

pero también es verdad que en tu libro,

en los dos libros, porque este de "Recetas endiamantadas",

Anita Bensadón nos da...

Ahí también tienes salado y dulce. Sí.

También nos das los trucos. Eso es muy importante.

Hemos visto que a veces se transmiten recetas

o se copian recetas, pero tú me decías muchas veces,

y a ti te pasa muchas veces como artista y profesional,

que lees una receta y dices: "Esta receta no está bien".

Sí. Las cantidades no son las correctas.

Aunque te voy a decir una cosa,

a mí un profesor francés me había dicho:

"Si tú compras un libro y hay dos recetas

que te salen fenomenal, el libro es bueno".

¿Sí? Bueno. Yo creo que ahí hay más de dos.

(RÍEN)

Aquí están todas y yo he probado muchas de ellas.

Porque tú has trabajado con chefs, con reposteros muy conocidos.

Bueno. Cítanos alguno de ellos,

no seas tan modesta.

No, yo tengo muchos amigos chef y la verdad que todos,

de todos he aprendido algo. Eso es un buen maestro.

Te voy a decir una cosa, cuando alguien dice:

"Eso ya lo sé". No. Qué inteligente.

No, siempre se aprende algo de alguien.

Pero, Anita, no hace falta que te lo diga yo,

para aprender algo de todo el mundo, primera condición,

tienes que ser humilde.

(RÍE) Tienes que ser humilde y eso tú lo eres.

Gracias.

¿Cuál es el siguiente desafío que tiene Anita Bensadón?

Ninguno. (RÍEN)

Porque después de estos dos libros, no voy a hacer ningún otro.

En una casa que se huele, que hay comida recién hecha,

que se huele a bizcocho, a bollo, a pan.

A pan. Lo que más... Lo que más huele es el pan.

Y la verdad en Sabbat cuando haces el pan

y te queda ese dolor tan maravilloso en la casa.

Bueno, y no decimos nada del cocido de Sabbat,

comer en las casas judías una especie de cocido

que lleva garbanzos, patatas, carne, huevos,

y se deja la noche entera hirviendo a fuego lento.

Sí.

Por la mañana del sábado cuando te levantas,

o sea, el olor que hay en esas casas...

Es verdad.

Es un olor característico, y que además lo buscas

y te traen el olor a Sabbat, el gusto.

Pero también, ojo, si no huele, no te ha salido muy bien.

Es que no ha salido buena.

En las casas donde se cocina y se hace repostería,

¿qué se gana y qué se pierde?

A veces hoy día tenemos cocinas muy sofisticadas, muy bonitas,

todas de acero mate, pero no las usamos mucho.

Quedan muy bonitas, pero no se usan mucho.

¿Qué se gana en una cocina, en una casa,

en una familia donde se cocina? ¿Que qué se gana?

¿Y qué se pierde?

¿Se pierde algo? Pues...

No se pierde nada. ¿Tiempo...?

Que nos da mucha pereza. Qué más da.

Qué más da lo que es la cocina, lo que cuenta es lo que se hace,

y lo que se queda y lo que se recuerda.

Eso es lo más importante.

Totalmente, porque además hoy en día es verdad que decimos:

"Uy, cuánto tiempo...".

Pero cuánto tiempo nos pasamos conectados al Internet

y mandando un mensaje o haciendo fotos.

O sea, ¿este tiempo es tiempo perdido o tiempo invertido?

Tiempo invertido siempre.

¿Qué postres son los que tus nietos dicen:

"Me lo he comido y, Anita, me he acordado de ti"?

Las tortitas. Tortitas...

Yo que sé.

Pero ¿sí te llaman para pedirte recetas...?

¿Los nietos? No. Ellos lo que quieren es:

"Anita, ¿puedes hacer...? Que voy a ir a tu casa".

Y les gusta. Sí.

¿Qué es...? ¿Qué aconsejarías a una persona

que nunca ha hecho un postre sefardita?

Pues que se anime, que se anime y que lo haga, y que no tenga miedo.

Una cosa que sí es verdad y que yo estoy completamente en contra,

por ejemplo, el público español. (ASIENTE)

Que yo siempre en los cursos digo siempre lo mismo:

"¿Por qué compráis el arroz con leche?"

Ya.

Enseñad a vuestras hijas a hacer arroz con leche.

Las natillas, la leche frita, todo eso se va a perder.

Claro. Y es una pena.

Tú además en tus libros has puesto las contraportadas

de los libros con el original de las recetas

tal y como tú las recibiste. Sí.

O sea, hay cosas de estos postres que Google, que Internet,

no te los puede dar. Sí que te da la receta.

Claro. Pero no te da...

El punto de la masa. Exacto.

Y hay otra cosa que el maestro hace muy bien y es inspirar.

Un maestro te inspira, te emociona, te entusiasma y te dice:

"Ánimo, que tú también puedes". Claro.

Y ya verás que no es tan difícil. Y es una satisfacción increíble.

Tremenda.

¿Cómo recuerdas Hanukah en tu casa? De jovencita.

Primero, una januquiá preciosa de aceite, con mechas.

Como se hacían antiguamente. Y luego las canciones,

y luego que siempre, siempre, había algo de fritura.

Que es por eso que nos has elegido estas recetas maravillosas.

¿Cómo piensas que hoy en día se transmiten las fiestas?

Te das cuenta que en las casas judías

parte va en la transmisión intelectual, de los ritos,

la ceremonia del encendido, y gran parte es la cocina

y las recetas que acompañan... Lo que te dije antes, la memoria.

La cocina, los sabores, todo es memoria.

Uno solamente de pensar en el olor ya le trae recuerdos.

Y además qué poderoso es el olor cuando directamente

uno ya se acuerda de la persona, del momento,

y te hacen volver al momento. Exacto.

Te hacen sentirte niña.

Anita Bensadón, con este fin de fiestas, fin de Hanukah,

dulce, dulce, dulce, no podemos estar tristes.

Yo te diré: "dulce lo vivas". Si Dios quiere.

Dulce lo vivas y dulce lo tengas, si Dios quiere.

Amén. Si Dios quiere.

Bienvenida a "Shalom" y gracias por endulzarnos el Hanukah.

Gracias.

Pues con este fin de fiesta, con este postre maravilloso,

estos postres maravillosos, con el ejemplo de una vida

de cómo se encaja un momento difícil y se hace una receta de lujo.

Con este lujo nos despedimos

y les deseamos buena semana, Shavúa Tov, Shalom.

(Música créditos)

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Shalom - La dulzura de Hanuká

01 ene 2017

Para poner el broche final a esta celebración hemos decidido invitar a SHALOM a una repostera de gran renombre, ella es Ana Bensadón.

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