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Shalom

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Para todos los públicos Shalom - Claves para el éxito en el nuevo curso - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Muy buenos días, "shalom". Nosotros hoy desde "Shalom"

queremos desear un feliz y buen año escolar,

pero no basta con los buenos deseos,

además de eso, hemos ido a preguntarles

a grandes educadores que nos den algunos consejos:

Jehuda Reinharz y Michael Sandel.

Jehuda Reinharz

nos ha dejado su experiencia personal,

cómo se encara,

desde un niño que fracasaba en el colegio

a llegar a ser presidente de las mejores universidades

del mundo.

(HABLA EN INGLÉS)

Nací en Haifa en 1944, antes de que existiera

el Estado de Israel.

Mis padres huyeron de Alemania en los años 30.

En general, tuve una infancia feliz,

pero cuando yo tenía alrededor de los 13 años,

mis padres decidieron irse de Israel y nos volvimos a Alemania.

Teníamos muchas dificultades económicas

en Israel. Mi padre

trabajó en todo lo que te puedas imaginar,

carpintero, electricista.

Finalmente, se hizo de una especie de carreta

que utilizaba para hacer portes.

Trabajaba muy duro, pero, a pesar de todo,

no conseguía ganar suficiente.

Finalmente, en 1958, nos tuvimos que volver a Alemania

porque, en realidad, lo que mis padres querían

era emigrar a Estados Unidos

y eso en aquellos tiempos era muy difícil.

Llegamos a Estados Unidos después de tres años. En ese tiempo,

tuve que asistir a la escuela en Alemania.

La verdad, no fue una buena época para mí.

En tres años fui a cuatro escuelas.

De alguna me fui yo, de otras me echaron ellos

por mala conducta. En 1961

llegamos a Estados Unidos y allí hice lo que la mayoría hacía:

fui a la Universidad.

De hecho, fui a dos universidades simultáneamente:

fui a la Universidad de Columbia y al Seminario de Teología Judía

porque decidí estudiar Historia Judía.

Todo el tema de la historia judía

empezó a interesarme ya estando en Alemania.

porque me di cuenta de que poco conocía yo

de mi propia historia. Después fui a Harvard.

Acabé con mi doctorado en la Brandeis,

de la que fui presidente durante 17 años

y, al día siguiente de dejar el cargo, me nombraron

presidente de una fundación,

conocida como la Fundación Mandel,

que es lo que ocupa mi tiempo hasta hoy en día.

Creo que implantaron en mí,

desde mi más tierna infancia,

no solo por mis padres, por mis tíos, etc.,

la importancia de una buena educación,

educación superior, que tenía que obtener logros,

no importa en qué ámbito.

Recuerdo que un tío vino a visitarnos en Alemania,

en el tiempo entre un colegio y otro, y me dijo:

"Escucha, la educación es algo que nunca nadie te podrá quitar.

Te pueden quitar el dinero, tu trabajo, pero tu educación nunca.

Eso forma parte de ti".

Y eso me marcó mucho.

Recuerdo que yo hacía demasiadas preguntas

en clase y eso molestaba mucho a los profesores,

por lo que la manera más sencilla de librarse de mí era diciéndome:

"Vete".

Ellos querían silencio en clase y yo no era

un chico silencioso.

Me preocupa el futuro de la educación.

Hay cosas que cambiaría si yo fuera el zar

de las instituciones educativas.

Lo primero que haría y eso me daría muchos problemas,

pero eliminaría el cargo vitalicio

en los profesores.

El profesor que lleva más de una serie de años

y cumplidos unos requisitos pasa a ser vitalicio.

No sé si es lo mismo en Europa, probablemente sí.

Segundo, sacaría, en la medida de lo posible,

la política fuera de las universidades.

La tercera cosa es que los presidentes

de las universidades, de nuevo, hablo de mi país,

los presidentes de las universidades

temen expresar su opinión.

La razón es que temen que sus donantes

no sigan aportando fondos.

Si dicen "estoy a favor de Trump"

o "estoy en contra de Trump",

no saben lo que los donantes piensan,

no sea que digas lo que lo contrario

de lo que ellos piensan y dejen de subvencionarte.

Pero esto no fue siempre así.

Había una época en que los presidentes tenían

un estatus especial, como diciendo:

"Puedes estar de acuerdo conmigo o no,

pero estas son mis ideas y las mantengo".

Yo les diría a los padres: "No desistas nunca de un hijo".

Michael Sandel, por su lado, nos comparte algunas reflexiones

sobre la paternidad, cómo ayudarles a mejorar

sin obligarles y exigirles demasiado,

cómo encarar el tema de la felicidad

y, sobre todo, nos comparte una vivencia personal

que tiene que ver con su premio Princesa de Asturias

y con la ley de los sefarditas.

No se lo pierdan.

(HABLA EN INGLÉS)

Es la mayoría de los aspectos de nuestra vida,

en nuestro trabajo,

nuestra carrera, en el colegio,

luchamos por dominar la materia,

por controlar la situación lo más posible.

Pero cuando esto lo llevamos a los hijos,

a formar una familia

o vivir en una comunidad con personas

con muy diferentes fortalezas y debilidades,

seguimos con los mismos impulsos

de perfección, de dominar, de ejercer el control.

Esto es muy perjudicial

porque nos puede distraer

de otras virtudes, como, por ejemplo,

aceptar a las personas como son.

Como padres, animamos a nuestros hijos a luchar,

a trabajar duro,

a sacar buenas notas,

y los animas a todo esto, pero, cuando este mismo impulso

te lleva a insistir en la perfección,

creo que esto puede dañar

la relación paternofilial

y nos puede estar privando

a nosotros, como padres, de una actitud muy importante,

como es abrirnos a lo desconocido,

aceptar lo impredecible en nuestra vida.

Cuando luchamos por la perfección

demasiado insistentemente,

perdemos la oportunidad de aceptar los logros del niño

o de los amigos o de los vecinos

tal y como ellos verdaderamente son.

Creo que este tema tiene que ver con cosas muy importantes,

como son la aceptación,

la tolerancia, la apreciación del pluralismo.

Lo que es maravilloso acerca de ser padres y tener hijos

es lo impredecible de las situaciones.

Por ejemplo, de cómo va a ser cuando crezcan,

qué les va a interesar,

dónde van a tener éxito y dónde no.

Y, si vemos cada sorpresa, cada inflexión impredecible,

como una especie de fallo en nuestro control,

entonces estaremos perdiendo algo maravilloso, como es aceptar

lo desconocido, lo nuevo,

que, a su vez, depende de la disponibilidad

que tengas de aceptar lo impredecible.

Es difícil, como padres,

ejercer el equilibrio entre intentar ayudar,

preparar, dirigir y educar a nuestros hijos por un lado

y también estar abiertos a los giros impredecibles

de sus metas

o sus pasiones. Con demasiada facilidad,

identificamos la felicidad con la satisfacción

como consumidores.

Esto supone un lujo por un lado, pero por otro

nos distrae porque absorbe nuestra identidad,

nuestra visión de la verdadera felicidad.

Pensar que la felicidad

procede de la satisfacción de las preferencias que tengo,

es un concepto consumista

de la felicidad

y nos distrae de hacer las cosas difíciles,

como es avanzar en el estudio.

progresar, participar en comunidad.

Estas a veces son cosas difíciles

que requieren nuestra atención continua.

El consumismo nos distrae de todo esto.

Creo que necesitamos un concepto más amplio de felicidad.

Filosóficamente, asumimos que la felicidad

es una condición, un estado mental,

pero Aristóteles, por ejemplo,

afirmaba que la felicidad es una actividad,

la actividad del alma

en una especie de virtud.

Es estar involucrado en una actividad

que nos lleva en última instancia a alcanzar

una buena vida.

Esto es lo que la felicidad

verdaderamente representa

y esto lo vemos en varias tradiciones y culturas.

Diferentes corrientes comparten esta idea,

que la felicidad es estar involucrado en una *

Tratar cultivar virtudes de carácter

que nos permiten acercarnos a esa buena vida

y nos aportan virtudes que nos permiten colaborar

con otros, ya sean nuestras familias

o en nuestras comunidades, acerca del verdadero significado

del bien común.

Y esto es felicidad.

Pero esto requiere una determinada manera de vivir

y no distraernos

todo el tiempo comprando por internet

o estando pendientes de los comentarios

o enviando mensajitos

en las redes sociales.

Esto requiere una atención sostenida,

pero también involucrarse en una actividad orientada

al bien común.

-Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales:

Michael Sandel, de Estados Unidos.

-Me siento muy honrado

por haber sido merecedor de este reconocimiento.

Fue una experiencia memorable:

el viaje a Oviedo

y sentir la cálida acogida de toda la ciudad,

la gente entusiasmada en las calles.

Es una especie de celebración de toda la ciudad

a los Premios Princesa de Asturias.

Es algo que recordaré toda mi vida.

Pero para mí esto, además,

tiene una dimensión añadida

porque mi mujer, Kiku Adatto,

y nuestros dos hijos: Adam y Aaron,

así como otros miembros

de la familia de Kiku,

habían solicitado la nacionalidad española

como ciudadanos judíos sefarditas.

El padre de Kiku, toda la familia de su padre

procede originalmente de Sevilla

y hemos podido trazar la historia de su familia

hasta la expulsión, en 1492.

Ellos se tuvieron que escapar a Estambul, en Turquía.

El padre de Kiku, Alberto Adatto,

emigró cuando era jovencito desde Estambul a los Estados Unidos.

y creció en su familia hablando ladino.

Esta era la lengua que hablaban en su casa.

De hecho, cuando llegó a Estados Unidos,

no hablaba inglés.

Siempre tuvo mucho interés

por las raíces sefarditas

de su familia por todo lo concerniente

a lo sefardí.

Ahora el hecho de que mi mujer, Kiku, y nuestra extensa familia

hayan recibido la nacionalidad española

gracias a la ley que otorga esto

completa el viaje histórico de esta familia.

Esta experiencia le dio un sentido especial

de orgullo y conexión personal,

le dio un sentido diferente para mí

al premio Princesa de Asturias.

(Aplausos)

(HABLA EN INGLÉS)

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Shalom - Claves para el éxito en el nuevo curso

15 sep 2019

De cara al nuevo curso escolar en Shalom nos hemos acercado a dos excelentes educadores para averiguar cuáles son las claves del éxito: Jehuda Reinharz, Presidente de la Fundación Mandel y Michael Sandel catedrático en Harvard y premio Princesa de Asturias. A través de sus reflexiones y anécdotas de sus vidas ambos nos comparten algunas de las claves para el éxito en el curso escolar y en la vida misma.

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