Shalom La 2

Shalom

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Para todos los públicos Shalom - El valor de una vida - ver ahora
Transcripción completa

(Músic

En "Shalom" tratamos

de transmitirles semana tras semana los valores y la cultura judías.

Les hablamos de la justicia social, del compartir,

de los valores que son importantes dentro del judaísmo.

En esta semana, queremos hablarles del valor de la v

y de la responsabilidad que tenemos cada uno

por que se conserve.

Les hablamos, en este caso,

en primera persona a través del testimonio

de un superviviente de la SHOA.

Eli Kindler era un niño en la época de la SHOA,

y hoy es un joven de 80 años que nos transmite su agradecimiento

y su experiencia al vivir el rescate a través de una mujer

que no dudó en arriesgar su propia vida

para salvar la de otros.

Sirva esto en homenaje

a todas estas personas que fueron capaces de ser valientes

y arriesgar sus vidas y que nosotros llamamos justos entre las naciones.

(Músic

"Shalom".

Soy Eli Kindler,

tengo 79 años

y llegué a Israel en 1946.

Después de que mi familia y yo nos salváramos de la SHOA.

Nací en el año 38,

justo un año antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial.

En 1941, los alemanes decidieron invadir Rusia

y entonces,

conquistaron toda la parte occidental de Polonia

y siguieron hacia Rusia.

Entonces,

también en nuestra zona se abrieron guetos

en donde fueron concentrados todos los judíos.

Nuestra ciudad se llamaba Sokal.

Y en nuestra zona, vivían en total 15.000 habitantes.

De ellos, 5.000 eran judíos.

Los 5.000 judíos fueron concentrados

en seis u ocho edificios

junto con el resto de judíos de la zona.

Para nuestra suerte,

como mi padre era médico y lo necesitaban en la ciudad de Soka

le concedieron un permiso

con el que le permitían salir todos los días del gueto.

Para trabajar en el hospital general.

Fue cuando le dieron el brazalete

para que, siendo identificado como médico,

podía salir y entrar en el gueto.

Tuvimos suerte una vez más y,

como él trabajaba,

nosotros teníamos dinero para poder comprar comida,

lo que la mayoría de los judíos del gueto no tenían.

Mi madre, junto a otras mujeres,

cocinaba en una olla grande sopa

para poder repartir entre la gente.

Había una familia, los Maltz,

que conocían a una mujer polaca que les había dich

que estaba dispuesta

a que fuéramos a su casa, fuera del gueto, para escondernos.

Pero, para suerte nuestra,

nosotros encontramos una justa entre las naciones.

Y ella decidió escondernos.

Nos escondió a nosotros, y a la familia Maltz.

Estuvimos en la parte de arriba de un establo de ganado,

en donde se criaban cerdos.

Allí, en la parte alta del granero,

estábamos trece personas.

Mi familia eran cuatro.

Y la otra familia eran nueve.

Además, en la cocina de la casa de esta señora,

tenía una abertura con un pequeño sótano

en donde tenía escondida a otra familia con un niño.

En total, tenía escondidas a 16 personas.

Ella nos protegió durante un año y medio

y todas las noches nos traía comida y sacaba nuestros desperdicios.

Necesitaba justificar hacia fuera,

los polacos y los ucranianos, que eran sus vecinos,

que para qué compraba tanta leche.

Entonces,

les explicaba que tenía problemas de piel

y necesitaba leche para curarse.

Entonces,

ella recibió una comunicación

que los ucranianos pusieron en su puerta.

En donde le exigen que abandone su casa

y vaya a la parte oriental

porque ese lugar es solo para ucranianos.

Esto fue tremendo para ella

porque ella no podía irse aunque quisiera.

No podía irse.

Entonces, invitó a los oficiales alemanes.

Y les dijo que ellos no comían bien.

"Solo comen comida militar".

Les invitó a comer en su casa

para que ella les preparara una buena comida.

Y consiguió que ellos vinieran una vez cada dos semanas

a una comida especial que ella les preparaba.

Los ucranianos entendieran que ella era parte del pueblo alemán

y que no podían tocarla.

Era una situación muy difícil y ella supo cómo solucionarla.

Una de las mujeres de la familia Malt

vino enferma de tuberculosis.

Y se puso peor.

Y como el lugar en el que estábamos

los adultos no podían ponerse de pie,

solo podían estar sentados o acostados.

Y esto era peor para ella.

Nosotros éramos tres niños.

Y yo también enfermé de tuberculosis, en los huesos,

en la pierna,

y por eso tengo este problema en la pierna izquierda.

La señora falleció,

y los mayores salieron por la noche y la enterraron en el patio.

Mi padre me atendió el problema de la pierna,

pero no tenía medios.

Lo que yo estoy contando

es sobre personas tanto polacas como ucranianas

que decidieron ayudar a los judíos.

No todos eran antisemitas, no solo la persona que nos atendía,

que era excepcional.

Mi familia cree que la señora Halamaj

es uno de esos 36 justos por los que el mundo existe.

Después, ocurrieron muchas cosas en ese techo.

Estuvimos allí un año y medio.

Los alemanes sufrieron muchas derrotas en Rusia.

En el año 1944,

los rusos llegaron casi hasta nuestra zona

y empezaron los combates entre alemanes y rusos.

Nosotros estábamos contentos porque los rusos estaban ganando.

Dos semanas más tarde,

los rusos conquistaron toda la zona y a nosotros nos liberaron.

Fue a principios de 1944.

Piensen ustedes que a principios de 1944,

Eichmann tomó la decisión y nosotros ya estábamos liberados.

Es increíble que,

cuando los alemanes ya estaban en retirada,

a los judíos los quisieron exterminar

y siguieron usando su maquinaria para seguir matando judíos.

Mi padre le pidió al comandante ruso

volver a la parte polaca.

Y como gesto de agradecimiento,

el comandante ruso le cedió un camión con cuatro soldados

para que lo acompañaran en el viaje.

Nos quedamos unos meses en Polonia,

luego pasamos a Hungría y Austria.

Como mi padre siempre fue sionista,

pidió viajar a Israel.

Estamos hablando de los años en 1945-1946.

Y los ingleses controlaban en aquel momento la zona.

Nosotros éramos tres hermanos.

El mayor, que fue a Inglaterra,

el segundo y yo, que nos quedamos con mis padres.

Por lo tanto, después de la Guerra,

cuando estábamos en Austria,

teníamos familia en Estados Unidos.

Y nos dieron permiso para emigrar a Estados Unidos.

Tenía un hermano que vivía en Israel.

Porque mi padre, antes de la Guerra,

le pidió que fuera Israel,

a Palestina, como le llamaban entonces.

Y como ya habían pasado 10 años de la solicitud del permiso,

los ingleses le concedieron el permiso para venir a Israel.

En 1946, fuimos el único barco con 300 persona

que llegó legalmente a Israel.

Llegaban barcos de inmigrantes ilegales desde Europa,

y parte de ellos, fueron apresados por los ingleses.

Luego, fueron trasladados a Chipre, a los campamentos de refugiados.

Claro que cuando llegué a Israel, llegué a mi casa.

Nunca aprendí polaco, ya que no estuve en el colegio.

Y es el lugar en donde me siento en mi casa.

Polonia, Ucrania y lugares como esos

no fueron una casa para mí.

Eso por un lado.

Pero por otro lado, nosotros, todos los años,

la gente de Sokal,

hacemos un recordatorio en memoria de los que murieron en la SHOA.

Y todos los años, desde los ocho años que llegué a Isra

oigo sus historias y las que me contaba mi padre.

Lo importante que es Israel, y como judío, vivir en Israel.

Y por eso creo, desde mi juventud hasta el día de hoy

que este es el mejor lugar del mundo para vivir como judío.

(Músic

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Shalom - El valor de una vida

25 nov 2018

Recogemos el testimonio de Eli Kindler, hoy a los ochenta años nos habla de su experiencia en la SHOA cuando era solo un niño y tuvo que superar el encierro en un techo de la casa de una increíble mujer que arriesgó su vida por salvar la vida de otras personas.

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