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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 98 - ver ahora
Transcripción completa

Tú más vale que no muevas un pelo.

Ya intenté matarte antes de que te dispararan,

con la pena de que tu acompañante la espichó y no tú.

-Será mejor que acabes con esto, porque si no me matas tú,

te mataré yo.

¡Quieto! Tú estás hablando de tu madre,

y yo de ese tema no sé nada.

A no ser que me refresques la memoria con un acuerdo.

¿Crees que me voy a dejar chantajear por un narcotraficante como tú?

No tienes ni una prueba de que Quintero sea narcotraficante.

El Algecireño lo delatará.

Odia a Quintero y no ha conseguido cargárselo.

Hay que impedir a toda costa que el Algecireño hable.

Quiero proponerte algo que te puede dar muchísimo dinero.

Supongo que te interesa.

-Por supuesto. Estoy dispuesto a hacer lo que sea.

-¿Sabes quién es Gastromán? Es un "influencer" gastronómico.

Una reseña de ese tío en su blog,

te levanta un negocio. -Lo malo es que no sé quién es,

Se ve que se presenta, pero no se identifica.

-"El miércoles pasado di con uno de los peores locales

en el que he tenido la infortuna de comer".

-María me va a matar. Esa crítica va a hundir La Parra.

María, no te puedo mentir.

Esto sin ti no funciona, es un desastre.

Conseguí hacer la tortilla de patatas igual que la tuya,

pero nadie va a comer aquí.

-¿Por qué le dices eso? Le vas a estropear las vacaciones.

-Me da igual, quiero que vuelva. ¿Por qué le regalaste ese crucero?

-Todo lo malo que le pase a este bar, es culpa mía.

-Había dejado de creer en mí misma como Pepi y las demás, ¿sabe por qué?

Porque me hizo sentir como una mierda.

Pero ¿sabe qué? Que eso ya nunca más me volverá a suceder.

-Necesitaba el dinero para mi familia, sino ¿qué?

Está visto que no valgo ni para esto.

-No te vengas abajo. Si dentro de unas horas estarás en tu casa.

-Ojalá tuvieras razón. Bremón abrirá una investigación,

es un gran paso. Hace meses eso era impensable.

¿Por qué siento que he fracasado? Ahora lo ves todo muy negro,

pero mañana cuando venga su abogado, ese va a cantar pero por bulerías.

No te sientas rechazada por mí.

Que no quiera tener pareja no es que no quiera tenerte en mi vida

como amiga o como compañera.

-Solo podríamos tener la certeza de que es su madre

si accediera a hacerse unas pruebas de ADN.

-No tengo ningún inconveniente en hacerme pruebas.

Tu abuelo siempre me apoyó para que viniera a España

a buscarte, y ahora él me necesita.

Te llamaré desde allí.

-No, yo me voy contigo.

-Pero es un viaje muy largo y caro. -No importa.

-Deberíamos acompañarla. Se me había pasado por la cabeza.

No sé, tendría que arreglarlo en comisaría, pero creo que podré.

Tengo unos días libres, seguro que lo puedo arreglar también.

¿Qué va a pensar Olga? Pues la tendremos que convencer.

(Música emocionante)

-He pensado en hacer una lasaña para comer.

¿Os apetece?

Tengo el estómago cerrado, no puedo pensar en comida.

Yo no voy a venir a comer. Después de las pruebas de ADN, paso consulta.

-Estáis nerviosos por los resultados, ¿verdad?

Imagino que igual que tú.

Aquí estamos todos igual de implicados.

Bueno, yo estoy ilusionada.

Si se confirma que es mi madre, me quitaré un peso de encima.

Estos días no he parado de pensar en que voy a conocer mis orígenes.

Aunque, la verdad, ya llevaba un tiempo pensándolo.

-Pues no nos habías dicho nada antes de conocer a Sofiya.

-¿Y preocuparos sin motivo? No quería que os agobiarais.

Pero ahora que ha aparecido Sofiya es distinto, y no queda nada para...

¿Para qué?

Bueno, para el viaje a Rusia

que haremos al confirmar que es mi madre biológica.

Verás, tu padre y yo estuvimos hablando anoche de eso,

y nos preocupa cómo vas a manejar esa situación, porque este viaje

va a ser un antes y un después. Pues, ¿cómo lo voy a manejar?

Con naturalidad. Se trata de conocer a mi familia.

Ya sabes lo que dicen, que la sangre tira.

Sí, eso dicen, pero yo creí que tu familia éramos nosotros.

A ver, me refería a la biológica.

-No nos desviemos del tema. Quiere decir que anoche hablamos

de que como será un momento muy importante en tu vida,

quizás deberíamos acompañarte.

-¿Para qué? Bueno,

siempre hemos estado en tus grandes acontecimientos,

no queremos que esto sea algo distinto.

Bueno, pero es que así como lo dices, parece que voy sola,

y no es así, voy con Sofiya.

Además, no sé qué pintáis en Rusia. No os lo toméis a mal.

Bueno, fuimos dos veces hasta allí para adoptarte.

Hubiéramos ido a la Conchinchina. Ya, mamá,

pero eso fue al principio de todo esto,

y creo que ahora las cosas son distintas, ¿no?

Estás olvidando un matiz muy importante.

Nosotros somos una familia, y parece que desde que vino Sofiya

hemos borrado esos 15 años de un plumazo.

No, yo no he dicho eso.

Ya, pero acabas de decir que no pintamos nada en ese viaje.

Y pasas por alto que a tu padre y a mí esa situación

nos crea inseguridad, sobre todo al ver cómo te afecta.

Es que ahora todo lo ves de color de rosa,

pero no sabes cómo te sentirás en el viaje.

-Yo sé cuidarme muy bien sola.

Y nosotros queremos compartir esos momentos contigo.

No puedes trazar una línea entre el pasado y el presente.

No sabemos dejar de ser tus padres.

Ay, la puerta, será Sofiya, ya voy yo.

Buenos días.

-Perdón, creo que llego uno poco antes de hora.

-No pasa nada, estamos casi listos.

-Buenos días. Hola, Sofiya.

¿Qué tal has dormido?

-No muy bien, estaba algo nerviosa.

-Ya. -Voy a por el coche, os espero abajo.

-¿Quieres un zumo?

-Vale. -Ven.

-¿Qué? ¿Cómo ha dormido el ruiseñor?

-Bien.

Al final no has roncado, ¿no? -Yo no, pero tú te has hartado.

Bueno noche me has "dao", con los ronquidos y las pesadillas.

Buf. -No me acuerdo de nada.

-Yo te lo cuento.

Has estado toda la noche lloriqueando y gritando.

No sé qué de que tus hijas no pasen hambre, no sé qué papeleta.

-¿Qué pasa? Estoy pasando una mala racha.

Hay días que no tengo para comer. Si no, ¿para qué robar un coche?

-Pues si no se vale para robar, al menos hay que valer para trabajar.

Pero por lo visto no vales para una cosa ni la otra.

-Estás hablando demasiado.

Yo siempre he doblado la espalda hasta que me quedé en el paro.

-¿Ah, sí?

¿Y dónde has trabajado tú? Porque no se te ve muy espabilado.

-La última vez de mozo de almacén en Transportes Quintero.

-¿Con Quintero?

Qué casualidad.

-¿Lo conoces? -Ese es un cabronazo de los buenos.

Seguro que te pagaría fatal, con lo rata que es.

-Sí, y me dejó en la calle sin pagarme ni el finiquito.

Debiste matarlo, Algecireño.

-¿Cómo sabes mi apodo?

¿Quién te ha dicho que intenté matar a Quintero?

-Me lo dirías tú ayer al hablar. -¿Me tomas por gilipollas?

Yo no he hablado contigo nada, ni te he dicho mi apodo.

-Me lo diría un poli.

-¿Quién eres tú?

¿Qué haces aquí?

-Ya te lo he dicho, estoy porque he robado un coche, lo sabes.

-Si de verdad quisieras sacar adelante a los tuyos,

hubieras atracado un banco.

Tú has dado un palo para que te metan aquí conmigo, ¿no?

¿Eh? -No tengo otra cosa que hacer,

que venir a conocerte, no te digo.

-Ya sabía yo que algo raro había.

Un tío sin huevos para sacar adelante a los suyos

no es de fiar. -No hables así de mí,

quizá te sorprendes de lo que puedo hacer.

-¿Ah, sí?

Tú tienes menos agallas que un saltamontes,

payaso.

-Verás de lo que soy capaz porque coman mis hijas.

-¿Tú de qué vas, eh?

-Tengo que acabar contigo, es la única forma

de que tengan una vida digna.

-No lo entiendo, pensé que estabas contenta.

Sí, qué se le va a hacer.

Está bien. Si cambias de opinión, aquí estamos, ¿vale?

Venga, hasta luego.

-Buenos días, Max. -Hola, Espe. Por cierto,

¿qué tal te va la rutina? ¿Bien? Si quieres, la cambiamos.

-No, la rutina va perfectamente,

gracias. -¿Y te sientes cansada?

Porque el músculo tarda en tonificarse.

-Que no estoy cansada, si el ejercicio me sienta fenomenal.

-Bueno, pues me alegro.

-Y no te preocupes, que yo no voy a cambiar de gimnasio.

Yo soy una persona fiel para todo.

-¿De qué me hablas, Espe? -De la competencia que te ha salido,

el Gymcool se llama, ¿no?

-¿Ya te has enterado? -Hombre,

todo el barrio habla de lo mismo.

Hasta me han dado una publicidad por la calle y todo.

Que no he entrado, pero me han dicho que es un gimnasio con cristalera,

supermoderno, con todo plateado.

-¿Qué importan las cristaleras y los colores?

-Bueno, ¿y qué me dices de las cuotas? Mira.

-Estos precios son imposibles.

Estas fotos seguro que son de otro gimnasio de Honolulú.

-Ayer me enseñaron las instalaciones y son tal cual.

-¿No dices que no has estado?

-No, a ver, fue un momentito y para acompañar a una amiga.

-Pensé que eras más fiel, que estabas más comprometida.

-Que no me eches la culpa,

ya te he dicho que no cambiaré de gimnasio, no te abandonaré.

Pero ponte las pilas porque el local está muy bien

y las cuotas son las que prometen. -Ahora caigo,

los que se han dado de baja se han ido con la competencia.

-Es que entre el nuevo gimnasio y el Atlas,

no hay color. -Voy a mejorar las instalaciones,

si tengo que tirar un tabique, poner cristaleras.

¿Sabes qué? Te bajo la cuota. -Pues eso me gusta.

No, pero en serio, empléate a fondo, porque si no los del Gymcool,

te pasan por encima.

-¡Compañeros, necesito refuerzos y una ambulancia, ya!

¡Sepárate de él o disparo!

Está muerto.

Toma. ¿Qué haces?

Echar un vistazo a las noticias. ¿Ya quieres amargarte el día?

¿Qué te pasa, Alicia? Desembucha.

No dejo de darle vueltas, Rober.

La guerra del Algecireño y Quintero mató a mi madre.

Al menos uno está entre rejas.

Pero no por mi madre, y Quintero está en la calle.

Ten paciencia, tarde o temprano pringará por todo.

No sé. Cuando intento seguir, siento el aliento de Bremón en el cogote.

Quiere evitar que te precipites, como otras veces.

Ojalá el abogado del Algecireño lo convenza para que largue todo.

Sería la estrategia más lógica para una reducción de condena.

Ayer, cuando me intentó chantajear, quise estamparlo contra la pared.

Menudo asqueroso.

Mira, ¿sabes una cosa?

Yo antes era muy impulsivo, me dejaba llevar por mis emociones.

Así me pasaba, que me metía en "fregaos" en el polígono.

¿Qué pasó para calmarte?

Alguien que conocí me hizo aprender a manejar mis emociones.

Una chica, ¿no? Sí, pero no es lo que crees.

Era profesora del instituto, enseñaba Literatura.

Me enseñó a tomarme la vida de otra manera.

Había estudiado Filosofía y su forma de pensar molaba mucho.

Le estoy muy agradecido por los consejos que me dio.

¿Y qué fue de ella? Se marchó al extranjero,

España se le quedaba pequeña.

¿Era muy mayor?

Yo tenía 18 y ella tendría unos 40.

(ASIENTE) Y te liaste con ella, ¿no?

Te he dicho que era 20 años mayor.

No me has contestado. Sí, pero solo fue una noche.

Fue una razón por las que pidió cambiar de instituto.

¿Cómo lo has sabido? Por cómo hablabas de ella.

Sí, pero de eso hace una eternidad, no nos desviemos del tema.

Quiero decir que aprendí a sosegarme y tomarme la vida con filosofía.

(Suena un móvil)

Es de comisaría.

¿Sí?

Claro, dime.

Vale.

Sí, enseguida voy.

Venga, gracias.

Han matado al Algecireño.

Ha sido su compañero de celda.

Lo que faltaba. Está claro a quién beneficia.

A Quintero.

Siempre él.

Venga, tómate el café y vámonos a comisaría.

¿Qué pasa? ¿Por qué querías verme con tanta prisa?

-Hola. Vamos a ver,

Salima me contó que tenías una cámara de fotos profesional,

con equipo, flashes, trípode, todo eso.

-Lo compré de segunda mano, pero funciona bastante bien.

-Seguro que haces fotos estupendas.

-Me gusta disparar, y aunque sea vanidoso, no se me da mal.

-Eres mi hombre. Necesito que me hagas un favor.

-Cuéntame, me tienes intrigado.

-La competencia está apretando mucho,

y tengo que hacer promoción o me iré a pique.

-Lo dices por el gimnasio nuevo. Todos hablan maravillas de él.

-Está hecho a todo lujo. Tiran la casa por la ventana con ofertas.

-¿En qué te puedo ayudar?

-Quiero que me hagas unas fotos de promoción para el Atlas.

-Claro, yo te hago las fotos de las instalaciones.

-No, de las instalaciones no, eso lo hace todo el mundo.

Yo tengo una idea mucho más personal.

Pero no te la contaré ahora.

Te espero cuando cerremos y vienes con todo el equipo, todo eso.

-Perfecto. Pues luego nos vemos.

-Gracias, Eugenio.

Acabo de revisar su expediente. No tiene ni una multa de tráfico.

Aparte del robo de la moto de hace 15 años y el coche,

está totalmente limpio.

Había una cosa curiosa en su vida laboral.

Mira su último trabajo.

Transportes Quintero. Lo sabía. (ASIENTE)

Los tentáculos de ese mafioso llegan a todos lados.

¿A qué te refieres?

Es evidente que Fali le ha matado por encargo de Quintero.

No corras tanto, para esa empresa ha trabajado casi todo el barrio.

Me cuesta creer que alguien mate por encargo al lado de la policía.

Ese no tiene pinta de sicario. ¿No te cuadra más una ida de olla?

¿No te parece? No.

Asesinó a Sotillo por encargo de Quintero.

Lo que no sé son los motivos del crimen.

Vamos a averiguarlo.

¿Por qué mataste a Manuel Sotillo? Quiero que me digas la verdad.

Ya se lo he dicho, inspectora. Me sacó de quicio.

¿Crees que voy a tragarme eso?

Es la verdad, inspectora, tiene que creerme.

Solo recuerdo que insultó a mis hijas,

y de pronto tenía las manos en su cuello.

Lo siento, Fali, pero no cuela, tío.

Nos cuesta creer que alguien con el historial limpio,

mate por unos insultos.

Lo juro, tienen que creerme.

Cuando faltaron a mi familia, me volví loco.

¡Basta ya!

Deja de mentirnos.

¿Conocías de antes al Algecireño?

Les he dicho que no.

Sabías perfectamente quién era.

No he oído ese nombre en mi vida.

Tiene que creerme, lo juro.

Está bien, te creo.

Te preguntaré por otra persona.

¿Cuándo viste a Fernando Quintero?

Pues supongo que cuando me di de baja.

Hace unos tres meses o así, más o menos.

¿Y no lo has vuelto a ver?

No, pero ¿qué tiene que ver él?

Te ordenó que mataras al Algecireño.

Robaste el coche cerca de la comisaría

para que te detuviéramos y te metiéramos en ese calabozo.

Eso no es verdad, yo robé el coche porque tenía necesidad.

He matado a ese porque me sacó de quicio.

¿Cuánto te ofreció a cambio?

¿Tanto para que merezca la pena estar en la cárcel?

No me ha pagado nadie nada. ¿Por qué mataste a Manuel Sotillo?

¡Confiesa de una maldita vez!

¡Basta ya, Alicia!

Rober, acompaña al detenido al calabozo.

Esas no son formas de tratar a un detenido,

no te puedes saltar el protocolo.

Lo siento, comisario,

pero quería ver al Algecireño delante del juez,

igual que a Quintero, porque seguro que él ordenó a Fali que lo matara.

¿No crees que te estás pasando? Tu odio te nubla el entendimiento.

No, lo veo todo muy claro. Piénselo,

solo Quintero salía ganando con esta muerte,

y el último trabajo de Fali fue en Transportes Quintero,

¿no le parece casualidad?

Mucha gente del barrio trabaja o ha trabajado para Quintero,

es algo circunstancial. Sí, pero solo Fali

cometió un robo de día, cerca de la comisaría,

para que lo detuviéramos y lo metiéramos en ese calabozo.

Mira, aunque tu hipótesis fuera cierta,

solo tienes sospechas contra Quintero,

pero ni una sola prueba sólida. Con el debido respeto, comisario,

creo que tenemos motivos para interrogar a Quintero.

No soy ingenua como para pensar que hablará,

pero sí para ponerle en un aprieto.

Me dijo que investigaría la muerte de mi madre.

Está bien, le citaré en mi despacho.

Te aviso cuando quede con él.

Una vez presente la denuncia por Internet, viene a firmarla.

No, sin esperar colas.

Vale, adiós, buenos días.

-Esperanza, ¿qué me cuentas, eh?

¿Hay algún caso interesante hoy?

-¿Ya te has quedado sin contenido para tus artículos?

-Encima que me intereso por vuestro trabajo.

Perdona por haberte molestado.

En realidad venía buscando a Lola. -Pues puede ser más borde que yo.

-Ya, podré soportarlo. Solo quería hablar con ella un momento.

-¿Sobre?

-Te lo tengo que contar a ti primero, ¿no?

¿Y si fuera algo personal?

¿Por qué no la llamas y dejas que juzgue si le interesa?

-¿Lola? Martín Díez quiere verte.

Vale, yo se lo digo.

Pues nada, ahora mismo viene. -Muchas gracias.

Hija, vaya repaso me has dado, así como quien no quiere la cosa.

-Te estaba imaginando con un corte de pelo más atrevido

y la ropa un poquito más moderna. Ganarías mucho, ¿eh?

-No sé qué quieres que te diga,

cuando compre te contrataré de "personal shopper".

-¿Qué tal? -Aquí, tolerando estoicamente

los comentarios de tu compañera sobre mi aspecto.

-Le sentaría bien un cambio de imagen, se podría sacar partido.

-No sé, tampoco le veo tan mal, eso lo tendrá que decidir él.

-Hombre, gracias, ya empezaba a sentirme como un adefesio.

-No habrás venido a hablar de moda. -Evidentemente. Verás,

estoy preparando un artículo extenso sobre víctimas de maltrato,

y quería incluir una entrevista contigo.

-Pero si me entrevistaste hace unos meses.

-Pero era sobre la UFAM, de tu manera de organizar la unidad.

Ahora me gustaría ahondar en tu lado más humano, ¿eh?

Conocer tu día a día, tu trato con mujeres maltratadas.

-Ahora estoy muy liada, pero quizás Espe te pueda ayudar,

sabe un montón sobre esto.

-¿Yo? No, yo ni hablar, tú te explicas mucho mejor que yo.

Además, dentro de tus tareas está la de atender a los medios.

No te puedes escaquear.

-Bueno, vale, ya lo hago yo, tranquila.

-¿Sí? ¿Seguro que sí? -Sí, sí.

-Bueno, no sé cómo vas de tiempo, pero me vendría bien hacerlo hoy.

¿Podrías pasarte por mi oficina? -¿Dónde la tienes?

-Ah, ¿que no lo sabes? Está aquí al lado, sí.

En el bar la Parra, en una mesa.

-Pues me paso cuando acabe el turno, sobre las 21:00 o por ahí.

-Sobre las nueve es perfecto. Muchas gracias.

-Hasta luego. -Hasta luego.

-Hasta luego.

¿A qué viene ese interés en que haga esta entrevista?

-¿Interés? Si yo no he hecho nada.

-No, nada, no ha hecho nada, la niña.

Venga, que te conozco.

-Está bien, lo confieso.

Creo que te sentaría bien airearte un poco y salir de estas paredes.

-Ya, ¿solo eso?

-Pues así podrías olvidarte

del sieso de Bremón.

-Mira que eres, ¿eh?

Ya he iniciado la investigación, a ver si aclaramos lo del calabozo.

No, la declaración del detenido

no resulta convincente, así que hemos abierto otras vías.

De acuerdo. Venga, Claudia, hasta ahora, nos vemos ahora.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Buenos días, comisario. Hola.

Pase, gracias por venir tan rápido. Bueno, no hay de qué.

Ciertamente, me tiene usted muy intrigado,

por ese tono tan serio en su llamada.

He venido lo antes posible. ¿Me siento?

Sí, por favor, donde quiera.

Pues sí, la verdad es que quería informarle

personalmente de algo muy grave que ha sucedido esta madrugada.

Han asesinado a Manolo Sotillo.

El hombre que intentó matarle.

Pero ¿no estaba detenido en los calabozos de esta comisaría?

Le ha estrangulado su compañero de celda.

(Llaman a la puerta)

¿Puedo pasar, comisario? Sí, pasa, inspectora, por favor.

Precisamente ahora estaba informando al señor Quintero

de la muerte de Sotillo.

Verá usted, comisario, yo

no le desea ningún mal a nadie,

pero no voy a llorar la muerte de alguien que intentó matarme.

Sí, ya me figuro que esta noticia le habrá aliviado bastante.

No sé si ha oído lo que he dicho, no voy a llorar su muerte.

Pero, claro, es lógico que esté aliviado porque la persona

que me ha intentado matar ya no vaya a volver a hacerlo.

¿No le parece?

Bueno, la inspectora Ocaña tiene que hacerle unas preguntas

al respecto. Adelante, inspectora.

¿Conoce a Rafael Carrasco?

No.

Igual le suena más por el nombre de Fali.

Pues no, no me suena tampoco de nada, ¿por qué?

Es el delincuente que asesinó a Sotillo.

¿Y por qué tenía yo que conocer a ese tal Fali?

No, porque hasta hace no mucho trabajó para usted.

En mi empresa ya saben que trabaja muchísima gente, ¿verdad?

Bueno, no los conozco a todos personalmente

ni me sé sus nombres de memoria, es lógico.

Qué casualidad que justo una persona que trabajó para usted

ha asesinado a Sotillo.

La vida está llena de casualidades, ¿qué quieres que le haga?

Verá usted, comisario,

si estoy siendo sospechoso de algo,

me gustaría saber exactamente de qué.

Nadie le está acusando de nada, pero en esto caso hay

cosas muy extrañas y nuestro deber es esclarecerlas.

Con el debido respeto, no es necesario irnos por las ramas.

Señor Quintero,

creo que ordenó a Fali que asesinara a Sotillo.

¿Cómo? No sé si ha escuchado lo mismo que yo, comisario,

pero esto está resultando ya insultante

y hasta cierto punto, delirante. A ver, ¿por qué

iba a ordenar la muerte de una persona? ¿Y en qué cabeza cabe

que intente convencer a otra persona para que cometa un asesinato

en las mismísimas narices de la policía?

A usted le venía muy bien esa muerte.

Así no podía contar sus trapicheos en los negocios.

Inspectora, creo que debería dedicarse usted

a escribir novela negra y a dejarme en paz.

Señor comisario, que la inspectora tenga una imaginación desbordante

no es de extrañar. Pero lo que sí me sorprende, y mucho,

es que usted le esté siguiendo la corriente a esta desquiciada.

Un respeto a la inspectora. ¿Un respeto?

Aquí el único que merece un respeto, comisario, soy yo.

Me están acusando de ordenar la muerte de una persona

que previamente ha intentado asesinarme a mí,

que estaba bajo su custodia. Si ustedes no son capaces

de cuidar de sus presos, es su problema, no es el mío.

El Algecireño intentó asesinarle en varias ocasiones.

Motivos de peso tendría para ello, digo yo.

Se lo he dicho ya cientos de veces. Ese señor se presentó

en mi empresa, en mi despacho para contratar mis camiones

y transportar pescado desde Algeciras a Madrid.

A mí me dio mala espina, no cerramos ningún tipo de negocio,

y parece que no le sentó bien. ¿Qué quiere que le haga?

La primera vez que lo intentó, fue sacándolo de la carretera .

Accidente en el que murió mi madre. Verá usted, comisario,

si no dispone de presupuesto para tener un médico o un psiquiatra

que le haga una revisión periódica a sus agentes,

puedo cederle el de mi empresa. ¿Cómo puede negarlo?

Yo escuché al Algecireño confesárselo en el hospital.

El golpe que recibió en la cabeza le ha hecho tener alucinaciones.

¿Va a negar que intentó convencerme para que disparara a Sotillo?

¡Basta ya!

Comisario, no estoy dispuesto a seguir aguantando más insultos

y más injurias, pero ni un minuto más.

Me voy a ir a no ser

que esté detenido.

Puede marcharse. Muchas gracias.

Por cierto, comisario.

Si vuelvo a verme en una encerrona como esta,

emprenderé acciones legales contra esta comisaría

y contra ustedes dos. Que tengan un buen día.

Hola, Salima. "Salam aleikum", Salima.

Lo de siempre, por favor. Para mí también, gracias.

Pues es lo que nos faltaba.

Un cadáver en nuestros calabozos.

Y la sombra de Quintero, planeando, como siempre.

Aunque a mí ese malnacido no me importa lo más mínimo ahora.

Solo me importas tú, Claudia.

¿Me vas a contar de una vez qué te han dicho en la clínica?

Pues no sé por dónde empezar.

Ha sido una situación extraña, no sabíamos de qué hablar.

Yo he estado con una angustia. Ya, me imagino.

Lo estaréis pasando fatal Antonio y tú.

He tenido que hacer de tripas corazón para no llorar.

Me da miedo perder a mi hija si la prueba da positivo.

No anticipes acontecimientos.

Si se confirma que Sofiya es la madre biológica de Olga

ya veréis qué hacéis.

Poco a poco, ¿no? Ya.

Gracias Gracias.

Es que no te he contado lo mejor.

Ahora a Olga le ha dado por...

por decir que se va a Rusia a conocer a su familia.

Como si Antonio y yo fuéramos marcianos.

Bueno, pero...

Olga tiene clarísimo quiénes son sus padres.

Pero tiene ilusión de conocer sus raíces.

Ha dicho que no la acompañemos, que no pintamos nada en ese viaje.

Es adulta y puede viajar sin permiso, ¿qué hacemos?

Si se queda allí no se lo podemos impedir.

Para esa cabecita.

pero no te pongas en una situación que no tendrá lugar.

Elías, sabes que yo no sentía el instinto maternal.

Pero cuando adoptamos a Olga,

se convirtió en lo más importante de mi vida.

Olga os adora a Antonio y a ti.

La habéis educado con mucho amor.

Eso no lo va a olvidar así...

de la noche a la mañana. Ya.

No sabrás cómo se lleva con Sofiya.

Tienen una complicidad...

Que le da unos abrazos que no me los da ni a mí.

Es duro confesarlo, pero...

es que estoy celosa.

Me esfuerzo por no romperme ante Antonio

porque lo lleva peor que yo.

A veces no aguanto tanta presión.

No sé qué hacer. ¿Qué hago, Elías?

No tienes que hacer nada.

Bueno, lo de siempre que es apoyar a Olga.

Y ofrecerle todo tu cariño.

Ten en cuenta que esto

también ha sido un gran impacto para ella.

Me da miedo perder a mi hija, Elías.

No vas a perder a tu hija, Claudia.

No lo soportaría. Ya, pero tranquilízate.

Todo se arreglará. Sí, vale.

Tú has salido de peores situaciones que esta.

¿Y sabes por qué?

Porque eres una superviviente nata.

-Verás, Margarita, yo...

siento mucho todo esto por lo que está

pasando tu familia.

Por eso...

quiero que me permitas

ayudaros en todo lo que pueda.

Toma, esto es para ti.

-Gracias, señor Quintero. Es usted un buen hombre.

-Nada, es lo mínimo que podía hacer por vosotros.

Me encargaré personalmente de que

cada seis meses tengáis un sobre como ese,

pero esto es muy importante, Margarita.

Nadie se puede enterar, ¿de acuerdo?

Nadie puede saberlo, ni siquiera tu familia más cercana.

Si alguien te pregunta pues

dices que os ha tocado un pellizco muy gordo en la lotería.

O algo así. ¿De acuerdo?

Gracias. -Hasta luego.

Por ahí no, sal por aquí mejor.

Adiós.

Pasa, Jairo, cierra la puerta.

-¿Esa era Margarita, la del Fali?

-Sí, la misma. ¿La conoces?

De vista. No parece muy triste, la tía.

Bueno.

Digamos que se acaba de llevar una buena alegría.

-¿Qué alegría si su marido no puede venir a trabajar

-Sí, pero a mí me ha quitado un buen peso de encima.

-¿Qué peso?

-Uno bien gordo.

Se llamaba Manolo Sotillo Torrezno,

alias el Algecireño, ¿te suena?

Porque ya no nos va a volver a molestar nunca más.

-¿Fali se lo ha "cargao"? -Bingo.

Me gusta que cada vez pienses más rápido, chaval.

-¿Cómo va a ser si Manolo estaba en el calabozo?

-Y Fali también.

-¿Fali también? -Sí.

Ayer por la tarde le dio por robar un coche en el barrio

y la policía lo detuvo inmediatamente.

Casualmente lo encerraron en el mismo calabozo

que el Algecireño.

Manolo parece ser que le estuvo provocando

toda la noche hasta que se cansó, se volvió loco

y terminó estrangulándolo.

Mira tú.

-Pues por un lado qué bien, pero por el lado de Fali...

Le van a caer una ristra de años.

No va a salir hasta que sea abuelo ya.

-Bueno, por eso le ofrecí una importante cantidad de dinero

para que su familia saliese de la miseria.

-Pero no va a disfrutar de su familia ni del dinero.

Se ha ventilado su futuro de un plumazo.

-Ahí está el quid de la cuestión, Jairo.

El Fali tiene una enfermedad degenerativa

de esas raras que ya no tiene cura

y acaba de empezar la fase terminal.

Los médicos no le dan más de cuatro o cinco meses de vida.

En esa situación dentro de un mes, mes y medio

estará en su casa.

No me ha costado ningún trabajo convencerlo

de que matase al Algecireño

a cambio de que a su familia

no le falte de nada en el futuro.

¿Qué te parece?

Una jugada maestra, ¿no?

-¿Margarita sabe que su marido se lo ha cargado por dinero?

-Si es lista, se lo terminará imaginando,

pero le conviene creerse la versión que le está dando Fali.

Le está diciendo que sí porque cometió una torpeza

y que cuando le encerraron en el calabozo con un tipo

al que no conocía, este empezó a provocarlo

durante toda la noche hasta que se volvió loco

y lo terminó estrangulando.

Con respecto al dinero, pensará que se le doy porque Fali fue

un buen trabajador en esta empresa

y también porque tengo buen corazón.

-¿Y si el Fali se va de la lengua y confiesa?

-¿Por qué iba a hacer eso?

Quiere morir tranquilo sabiendo que a sus hijas

no les va a faltar nada.

Son lo que más quiere en el mundo,

a ellas y a su mujer.

Por eso lo que acaba de hacer Fali es un verdadero acto de amor

a su familia.

La que tiene la mosca detrás de la oreja es

nuestra amiga Alicia Ocaña.

Esa inspectora tengo que reconocer que cada vez es más lista.

He tenido que ir esta mañana a la comisaría a responder

unas preguntas delante de ella y del comisario Bremón.

-¿Qué va a pasar?

Que me he indignado y mucho

porque me están acusando de ordenar la muerte del Algecireño

en un calabozo de su propia comisaría

delante de sus propias narices.

¿Sabes lo que dicen que tienen como prueba?

Que Fali estuvo trabajando durante un tiempo en esta empresa.

Como tú comprenderás,

ni eso es una prueba

ni eso es nada.

No tienen nada.

Así que para celebrarlo puedes tomarte la tarde libre.

Anda, vete a tu casa o haz lo que te dé la gana.

-Venga, Carmen, a darle duro.

Pero ¿tú dónde estabas?

Acabo de estar en La Parra y dice Salima

que has estado desaparecida.

-Bueno, es que estaba un poco...

y quedando con Sofiya también.

-Para variar un poquito, ¿no?

¿Y qué tal con ella?

-Pues muy bien, tía.

Ya nos hemos hecho las pruebas de ADN para confirmar que es mi madre.

-¿Cuándo tienes los resultados? -Mañana.

-¿Mañana ya?

Tienes que estar de los nervios, ¿no?

-Bueno, más o menos.

Como estoy tan segura de que es mi madre...

-¿Y cómo estás tan segura de eso?

-Hombre, por el certificado de nacimiento.

Bueno, y porque lo siento.

Tenemos una química tan especial...

Estoy deseando conocer al resto de mi familia.

-Olga, tú ya tienes una familia.

-Bueno, Paty, me refería a la familia de mi madre,

a la biológica.

Hemos preparado un viaje a Rusia.

Tengo unas ganas de conocer a mi abuelo,

el sitio donde nací, la ciudad...

-Creo que te estás montando unas películas y...

Igual no acaban como tú piensas.

-¿Qué pasa?

¿Tú también te has propuesto chafarme el día?

No quiero que lo pases mal si al final Sofiya no es tu madre,

-No me voy a llevar ningún palo porque sé que es mi madre

-¡Olga, tía!

-¿Qué le pasa? -Nada, cosas nuestras.

¿Qué haces por aquí a estas horas?

-Mi jefe se ha "enrollao" y me ha dado la tarde libre.

-¿Y por qué me traes esa cara de mal rollo?

¿Prefieres seguir currando?

-No, claro que no.

Le estoy dando vueltas al coco.

-¿A qué?

-¿A qué?

A la vida.

A veces me da la sensación de que no controlamos un carajo

Nos pensamos que sí,

pero somos como marionetas.

No sé muy bien en manos de qué estamos o de quién estamos,

pero somos todos marionetas.

-Pero ¿y ese discurso?

¿Te ha salido natural o lo has leído en un libro?

-No, natural, recién hecho.

No sabes las ganas que me da despertarme una mañana,

decirle a todo: "Chao"

-¿Todavía sigues pensando en marcharte una temporada?

Si pudiera, me iría para siempre

y empezaría de nuevo.

Lo que pasa es que es un poquito tarde ya.

-¿Tarde para qué?

-Tarde para cortar los hilos que me mueven los brazos.

Estoy muy metido ya para irme así como así.

-Me estás asustando, tío.

¿Pasa algo?

No.

Si es mi movida mental.

-Ya, no, pero...

Lo que estás diciendo suena un poco chungo, tío.

Hablas como si no decidiéramos nada sobre nuestras vidas.

-Sí, es lo que estoy diciendo.

Es lo que pienso.

-De verdad, entre tú y Olga me estáis animando la tarde.

-Oye, Paty.

Una pregunta.

¿De verdad soy un tío legal para ti?

-Por supuesto que eres un tío legal para mí.

¿Por qué iba a cambiar de opinión?

Solo necesito mirarte a los ojos para ver lo noble y lo buena persona

que eres.

-Trae.

Chapa el chiringuito que te invito a tomar algo.

No me han dado la tarde libre.

-Sí, porque va a ser solo un momento.

Venga.

-Bueno, pero rápido que tengo que volver a currar, ¿eh?

-Hola, Alicia.

Eh, vaya cara, compañera.

Después de la muerte del Algecireño no creo que atrapemos a Quintero.

No sé cómo, pero siempre sale limpio de toda la mierda.

Tranquila que antes o después trincaremos

a ese malnacido.

Con el Fali no podemos contar.

Dirá que se le ha ido la cabeza o algo parecido.

Antes de pasar a segunda actividad enchirono a Quintero.

Ya se presentará una oportunidad.

Y tú alegra esa cara, Alicia.

No te olvides de lo que te he dicho.

-Y dime una cosa,

estar tan en contacto con víctimas de maltrato

supongo que de alguna manera te acaba afectando.

-Es inevitable empatizar con el sufrimiento de las víctimas

y muchas veces lo paso mal.

-¿En qué piensas para no venirte abajo?

-El único estímulo que tengo es saber que con nuestra ayuda

muchas mujeres acaban alejándose de sus agresores

y rehacen sus vidas.

-Vaya material, Lola.

En serio, con esto tengo más que suficiente.

Me has impresionado, ¿eh?

Tu relato es de tal claridad y crudeza

que se te ponen los pelos de punta.

-Es la pura verdad.

Tampoco quería edulcorarla ni nada parecido.

-Y yo te lo agradezco, ¿eh?

Porque es justo la entrevista que estaba buscando.

Dime una cosa

"off the record", ¿eh?

¿Cuándo empezaste a sentir la vocación de policía?

-Vocación vocación no sé.

El caso es que a mí siempre me han preocupado mucho

Admiraba mucho a las mujeres peleonas como mi abuela

y como a mí se me daba muy bien el deporte siempre

pues un día decidí presentarme a las oposiciones de policía

y aquí estoy.

¿Y tú siempre has querido ser periodista?

-¿Yo?

Yo, vamos, desde renacuajo.

Con decirte que en octavo de EGB ya publiqué mi primer periódico.

-No te creo. -Sí, sí, sí.

Hombre, tenía 13 o 14 años.

Vamos, que no era un periódico periódico,

pero era un panfletillo que tenía sus letras de imprenta, sus fotos...

-Te estás tirando el pisto. -Que no, a ver...

De vez en cuando adorno la realidad para hacerla más interesante, ¿vale?

Ahora no te estoy exagerando.

En mi colegio estaba el típico grupo de pelotas que publicaban

una gacetilla oficial.

Aquello era un panfleto vomitivo.

A mí me dio tanta rabia que yo dije:

"No, yo voy a publicar el mío".

Y no dejé títere con cabeza.

Con decirte que publiqué una foto del director del colegio

entrando en un club de alterne.

No te puedes imaginar el lío que se montó.

Menudo elemento.

Seguro que te caería una buena.

-Perdona, no, directamente expulsado.

Expulsadísimo.

Eso sí, salí de ese colegio por la puerta grande,

a hombros, jaleado por la mayoría de mis compañeros.

(RÍEN)

-Habría que verte con esa edad.

Seguro que ya tenías ese punto divertido que tienes ahora.

-¿Te parezco divertido?

Tu compañera Esperanza no piensa lo mismo.

Para ella podría ser perfectamente director de una funeraria.

-¿Lo de siempre, comisario?

Sí, gracias, Salima.

Ha estado muy bien la entrevista, ¿eh, Martín?

Espero que me avises cuando esté publicada.

-No, perdona, no.

Te voy a mandar el primer borrador, ¿vale?

Así si quieres corregir algo o incluir algo

que se te haya olvidado...

-A tu disposición. -Muchas gracias.

Hasta luego, comisario. Buenas noches, Ramos.

La entrevista que acabo de hacerle a la oficial Lola Ramos

va a quedar impresionante.

Qué mujer.

¿La has vuelto a entrevistar?

¿Qué quiere que le diga?

Tiene tantas cosas que contar.

Me quedaría horas escuchándola hablar sobre su trabajo.

Sobre su trabajo y sobre cualquier otra cosa.

Ya veo que se cuida, ¿eh?

Selecciona exactamente el plato como para hacer una buena digestión.

así que, por favor, no me toque las narices.

Escuchar impertinencias es bastante indigesto.

Vaya pronto, comisario.

Cualquiera diría que le molesta que entreviste

a una de sus subalternas.

Salima, lo que sobre te lo quedas para el bote, ¿vale?

-Pero si no sobra nada.

Al contrario, te faltan 3,50 euros.

-Vaya, perdóname el chiste fácil, pero ¿no crees que últimamente

os estáis subiendo a la parra con los precios?

Te has puesto en modo espléndido

invitando a Lola a todo que eso tiene sus consecuencias.

Va a ser eso.

Que aproveche.

-Dale.

Venga, Eugenio, no te cortes.

A ver, desde todos los ángulos, ¿eh?

Que se vea.

-Yo creo que con los trofeos tenemos suficientes.

Quiero que me saques boxeando.

-Vale. -Venga.

Vamos a ello.

-Ahí está.

-Puedo hacerlo más despacio marcando los golpes.

Prefiero que boxees de forma natural y ya me encargo yo de ajustar

la velocidad de obturación.

-Pues venga, vamos allá. -A ver.

Tranquilo, tranquilo, Max.

A ver si me voy a llevar un puñetazo y nos quedamos sin cámara.

-Es que me posee el espíritu del tigre de Moratalaz.

-Es que me enciendo. -Ya.

Bueno, creo que ya tenemos bastante material.

-Ahora la guinda del pastel.

-¿La guinda?

-Que lo sepa todo el barrio, ¿eh?

El Atlas es una fábrica de campeones.

Venga, dale.

Ahora que lo pienso,

puede ser un buen eslogan para promocionarnos, ¿no?

-(RÍE)

Pero ¿qué haces, papá?

Defender nuestro pan.

Mira.

La gente se está yendo al Gymcool ese.

Tenemos que contratacar.

-¡Hala, qué fotones!

Y qué pedazo de ofertas.

-No te preocupes.

Nosotros vamos a hacer un folleto fantástico.

-¿Quieres publicitar el gimnasio con fotos tuyas boxeando?

¿No te gusta?

-Me hubiera gustado que me preguntaras

mi opinión porque trabajo aquí, no sé si te acuerdas.

Aunque para eso tenías que haberme contado tus planes.

-Intenté dártela, pero te largaste con Jairo esta tarde

y el folleto corre prisa, ¿vale?

Aunque no te preocupes porque aquí el héroe ha hecho

unas fotos espectaculares, ¿a que sí?

-Sí, son maravillosas, muy rompedoras.

-Bueno, campeón, escúchame.

En cuanto estén las fotos me avisas, ¿eh?

Pásalas por Photoshop y ponme un poco más de músculo.

Venga, hasta luego.

-Eugenio, dime una cosa,

esas fotos son patéticas, ¿verdad?

¿No? -Tan poco están tan mal.

-Por favor, no disimules.

Como hagamos estos folletos nos vamos a quedar sin los clientes

que nos quedan.

¿Por qué no les has dicho que hacía el ridículo?

-Cualquiera le corta el rollo con lo motivado que estaba.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Estas fotos las tiras directamente a la basura, ¿vale?

Y vamos a hacer unas fotos de verdad, bien modernas.

Eso sí, que no se entere mi padre, ¿eh?

Sería como una traición

y Max se puede coger conmigo un cabreo del 15.

-Que no, si no es nada rencoroso

y encima en cuanto vea las fotos que vamos a hacer

Si yo soy muchísimo más creativa y además tengo una edad más acorde

a los potenciales clientes que vienen que es muy importante.

-Bueno, ¿y cuándo lo hacemos?

Él siempre anda por aquí.

-Vente mañana una hora antes de que abra el gimnasio, ¿va?

-Hola, hija. Hola, papá.

¿Qué has hecho?

Medallones de merluza con la receta de tu madre.

Espero que esta vez me haya salido mejor que la última vez.

Seguro que sí.

Y si no, la intención es lo que cuenta.

Quería compensarte por el plantón que te di anoche.

Es normal que quieras estar con ella.

¿Cómo está?

Un poco cansada, pero muy animada después de haber superado

esta primera fase del tratamiento.

Bueno, ¿y tú qué tal?

Hoy le tomabais declaración al Algecireño, ¿no?

Pues sí.

¿Y qué ha pasado?

Que otro detenido lo ha estrangulado en el calabozo.

Yo también me quedé igual de sorprendida.

Estado de enajenación mental transitoria.

Al final no hay manera de que la mierda le salpique

a Fernando.

Pongo la mano en el fuego de que Quintero está detrás.

¿Por qué estás segura?

Porque ese tipo trabajó para él.

Eso no es determinante.

Ya lo sé, pero por eso necesito encontrar

los motivos por los que se dejó convencer

para cometer ese asesinato.

Quizá le extorsionó.

Papá, te juro que...

No voy a parar hasta demostrar que Quintero está detrás.

Tienes que vivir el presente.

Dejar atrás el pasado.

Montse me lo recuerda cada instante.

(Suena un móvil)

¿Dígame?

¡Inma!

Sí, qué sorpresa.

Claro, cuenta con ello.

Sí, yo también te escucho con muchas interferencias.

Eso es, mañana nos ponemos al día.

Hasta luego.

¿Era la tía Inma?

Dice que viene mañana a Madrid, que si podía quedarse en casa.

No parece que te haga mucha ilusión.

Ya sabes que la tía es muy peculiar,

pero es la hermana de tu madre.

No puedo decirle que no.

Claro.

Por mí no hay problema y haremos que se sienta muy a gusto.

Voy a cambiarme de ropa y cenamos esos medallones, ¿vale?

Bien, no tardes.

-Cada minuto que pasa tengo más dudas sobre ese viaje, ¿sabes?

Si las pruebas dan positivo significará que Sofiya es su madre,

pero no que es una buena madre.

¿Sabes lo que le ha pasado al Algecireño?

Está muerto, mejor dicho, le han matado.

Ese tío me tenía amenazado de muerte.

Muerto el perro se acabó la rabia.

Parece que te alegraras.

Me gustaría saber en qué términos queda nuestra relación laboral

a partir de este momento.

-Pues mal.

sobre todo porque te sigues empeñando en basarla en el chantaje.

-No me gustaría que lo viera así.

Solo copié unos archivos de Ocaña Abogados

en los que usted aparecía.

Solo era una manera de cubrirme las espaldas.

-Y por eso estás aquí ahora para pedirme algo

a cambio de esos archivos, ¿no?

-Martín, necesito otra oportunidad.

Por favor, encuentra a otro.

-Bueno, a ver...

Estaba pensando en una amiga bloguera...

-¿Y cuándo podría venir?

-Imagino que cuando tenga un hueco en su agenda.

Pincho de autora, gentileza de La Parra.

-Lo siento, pero no lo voy a probar.

-Si estorbo, dilo y me busco la vida.

Tú no estorbas, hombre.

Una chica tan pija como ella igual no le mola vivir en este chabolo.

Ni le mola ni le deja de molar.

Algún plan de futuro tendréis que tener.

-Solo eres un divertimento para ella,

un capricho de niña bien que le da morbo enrollarse con un pandillero

Estamos tan compenetrados que podíamos vivir juntos.

Sí, corriendo.

Te lo digo en serio, Alicia.

Nos queremos, lo hablamos

y a vivir juntos, a compartir piso, cama, gastos...

No he hablado tan en serio en mi vida.

Deberías pedirle perdón, Salima.

Si solo encuentra frialdad y reproches en la pareja,

acabará buscando por ahí algo de comprensión.

-Necesito contarte algo.

-¿No me digas que acaban de publicar otra reseña negativa?

-No, no es nada sobre el bar ni sobre ti.

Es algo que nos afecta como pareja,

algo que nos puede separar.

-Ya te pedí disculpas.

-¿Así te gusta?

-Me encantan. -¿Sí?

-Eso, a ver... -¿Ahí te gustan?

-Sonríe, muy bien.

¡Me encanta!

-Claudia, ¿podríamos estar juntos cuando abráis sobre?

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  • Capítulo 98

Servir y proteger - Capítulo 98

13 sep 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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