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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 75 - ver ahora
Transcripción completa

Quiero proponerte una cosa." -¿De qué se trata?

-"Es un favor, prefiero hablarlo cara a cara."

-Prométeme que la vas a cuidar.

Te vas a portar bien con ella. Laura es muy importante para mí.

-Fue solo un beso, nada más. -No vengas de cínica, que no me va.

-Mira, Nacha, tranquilízate, ¿eh?

-Es que nos hemos besado.

¿Hacemos como si no pasara nada? -Tenemos trabajo y eso es lo primero.

-Tu reprochable hoja de servicios habla mucho en tu favor.

Esta vez se te pondrá una falta leve, pero si este comportamiento se repite

no tendrás la misma suerte.

Yo no te quiero meter en un lío.

Estás a tiempo de que anule la reserva del restaurante.

No me estás metiendo en ningún lío, Emilio.

Nos estamos metiendo los dos.

Espero que la próxima vez me dejes invitar a mí.

-Es su mujer. Ha llamado varias veces

Al parecer ha intentado localizarle en varios teléfonos,

pero no ha habido manera. Dios mío.

¿Es tan fácil conseguir un arsenal?

No, fácil, fácil, no es.

Para comprar algo en la "deep web" no puedes levantar sospechas.

-Creemos que se trata de dos bandas. Son dos tiros, uno en la femoral.

Oye, Elías. Ese chaval es el Cholo.

Es un colega de Jairo.

Te tenemos que pedir un favor. Necesitamos que hagas unas preguntas

y sería más discreto que si las hacemos nosotros.

-Vale. Si me entero de algo, se lo digo a Rober.

¿Otra...

glock 17 en el barrio?

Parece que el Oso las tiene en oferta.

Como no le paremos, convertirá el barrio en un polvorín.

No confiaba en nadie como confiaba en ti.

-Yo también he confiado en ti.

-Entonces no habrá problema en solucionar y ajustar las cuentas.

Ayer te lo dije muy clarito.

Si quieres la ruta del sur, hay dos maneras: conmigo o sin mí.

La decisión es tuya, pero mi paciencia tiene un límite.

-A ver, cálmate un poco, te lo pido por favor.

-Quiero volver a mis negocios, quiero hacerlo ya.

Quiero recuperar lo que me robaste.

-Mantente alejado de mi hija y de mí, aquí no eres bienvenido.

Has traicionado mi amistad. Has traicionado a mi familia.

¡No te vamos a perdonar en la vida!

-¿Qué hacen?

Hagan el favor.

(Música emocionante)

Hoy no te vuelves a quedar a dormir aquí.

Te vas a casa a descansar bien

o te va a salir una hernia.

De eso nada. Soy tu padre, me quedaré hasta que te den el alta.

Ya tienes una edad para dormir ahí. Muchas gracias por llamarme viejo.

Estás hecho un chaval.

Esas ojeras te dan un aire

muy juvenil. Tú encima búrlate de mí.

Es que ya no sé qué más decirte para convencerte.

Has visto que he pasado la noche perfectamente.

Y en un día me van a dar el alta.

No es necesario dejarte la espalda por estar conmigo. Estoy bien.

Ya lo sé, pero no es solo un tema de salud lo que me preocupa.

Si viene alguna visita indeseable, quiero estar aquí a tu lado.

Quintero no volverá a aparecer.

Demasiado atrevimiento tuvo anoche.

Este miserable puede hacer lo que sea para amargarnos la vida.

No volverá.

Le dejaste muy claro que no era bienvenido.

Me he pasado la noche reviviendo la situación.

Pensando en lo que debía o no debía de haber dicho.

O si directamente partirle la cara.

Habría pasado de no venir la enfermera.

Y se lo merecía.

A veces pienso que es eso lo que quiere.

Lo busca como una manera de expiar sus pecados, que sé yo.

No sé, papá, no veo a Quintero arrepentido de haberte engañado.

Pero ¿cómo se atreve a venir a apelar al amor que le teníamos a Carmen?

¿Quería que nos abrazáramos y lloráramos su muerte?

Es que lo pienso y me entran ganas de vomitar.

¿Sabes qué creo?

Que tienes razón.

Que intenta buscarnos las cosquillas.

Quiere hacernos perder los nervios

para desprestigiarnos y desquiciarnos.

¿Tú crees?

¿Una inspectora de policía y un abogado?

Nunca podrían llevarlo ante la justicia si lo agreden.

Él saldría ganando.

Tienes razón, cualquier acusación de nuestra parte sería deslegitimada.

Por eso no podemos entrar en su juego, papá.

Ni caer en sus provocaciones.

Lo sé, hija, pero cuando lo tengo delante, me come la rabia.

Papá, tú no eres como Quintero.

Tú resuelves los problemas en los tribunales, no a golpes.

Eso déjaselo a los delincuentes como él.

No te pongas a su nivel.

¿Qué pasa?

¿He dicho alguna mentira?

¿Acaso tienes algo que ver con un tipo como Quintero?

Sin embargo, tu madre lo eligió a él.

Sí.

Y acabó muerta.

¿Sigues pensando que Quintero tuvo algo que ver con su muerte?

Lo que pienso es que llegaré hasta el fondo de todo esto.

Creo que puede estar implicado en el accidente.

Si como sospechoso ha cometido algún delito,

pagará por él.

Ojalá, hija.

Pero tengo suficiente experiencia como para saber

que la ley no alcanza a todo el mundo,

y que a tipos como Quintero, la justicia a veces ni les roza.

Si no confías en la justicia, confía en mí, papá.

Tú tampoco te obsesiones.

Si Quintero nos robó ya a tu madre,

que no nos robe la felicidad.

Joder, Jairo.

Despierta, bello durmiente.

¡Eh!

Eh.

¿Qué haces, de qué vas? Yo de nada, ¿y tú?

¿Has visto esta pocilga? Levántate y recoge todo esto.

¿No te puedes ir a la cama a dormir?

Me quedé "sobao" jugando. ¿Y te parece bonito?

Suenas como madre, cálmate un poco, anda.

Me calmaré cuando te vea que buscas trabajo, que no estás de vacaciones.

¿Y tú qué sabes si estoy buscando trabajo o no?

Crees que por ser madero te enteras de todo.

Solo leo las señales.

Comes comida basura, estás todo el día ahí tirado,

y si te saco el tema del trabajo te pones en plan victimísima.

Yo no me pongo en plan victimísima de nada, ¿eh?

Es muy fácil hablar con un trabajo fijo.

Mi trabajo es de todo menos fácil.

Sabes que me ha costado conseguirlo.

No es nada fácil aguantar el día a día y tirar.

¿Ya está? ¿Se acabó la charla o vas a seguir?

Pues no, mira, vas a tener suerte. Tengo prisa.

Voy a preparar el café.

Ah, una cosa.

Cuéntame una cosa, pero no quiero que te enfades.

¿De dónde sacaste la pipa?

Ya estamos con la pipa. Me llevas a comisaría por la pipa,

vengo a casa, durmiendo, me despiertas por la pipa.

No es por ti, es por los otros chicos del barrio.

No quiero que haya más muertes.

Me parece bien, pero ya dije que no tengo nada que ver.

Si sabes quién hace circular las pistolas entre los chicos, dilo.

¡Es tu trabajo, tío! ¡Haz tu trabajo y déjame tranquilo!

No te preocupes que haré mi trabajo. Como si no fueras mi hermano.

Te denunciaré por posesión ilegal de un arma.

¿Me vas a qué?

¿Me estás vacilando?

¿O me amenazas?

Venga, dale, ¿qué quieres de mí?

Te lo he dicho. ¿De dónde has sacado el arma?

No la compré, me la dieron.

¿Quintero?

Te ha despedido, no lo encubras. Pues sí.

La conseguí en la empresa. Lo sabía, lo sabía.

Pero no fue Quintero.

Me la dio Juan, el antiguo vigilante.

¿El que iba a por Miralles? Fíjate por dónde.

Pensaba que había hecho un amigo y tengo un imán para los malnacidos.

Jairo, tío. Mira, no quiero que te hundas, ¿vale?

Me jode verte ahí tirado. Que tú vales mucho.

¿Qué haces con tu vida?

Déjalo, hermano.

Me voy al barrio a preguntar para ti.

Muchas gracias, hermano.

(SUSPIRA)

Bienaventurados los borrachos,

porque ellos te verán dos veces, ¿eh?

Ponme una copita, a ver si cae el milagro.

-Voy.

(TOSE)

-Tú no te tomes a mal las cosas que yo te digo.

Son las pamplinas de mi tierra. La gracia, que me sale así, natural.

-Mira, "salao".

No tienes que explicarme cómo van las cosas allí,

que en Murcia también tenemos arte.

-Si ya lo decía yo.

Eres la alegría de la huerta.

-Y dale con los piropos. -Lo siento, pero no puedo evitarlo.

Me gustas "demasiao", muñeca.

-No estoy para gustarle a los clientes,

solamente para servirles.

Te agradecería, que en adelante, te ahorres los comentarios,

¿vale? -Tranquila, malagradecida, lo haré.

Ahora que también me voy a buscar otro bar donde gastar mi dinero.

Un sitio donde traten a uno como es debido.

Mira, lista, te has equivocado conmigo de cabo a rabo.

A mí nadie me humilla.

¿Te queda claro?

-Hay que ver, jefa.

Menudo repasito le has dado. -Antes tendría que haberlo hecho.

La verdad, esa última mirada me ha dejado "acojoná".

-Bueno, creo que ese no vuelve más aquí.

-Mejor, porque ese tipo no me gustó

desde que lo vi. Tiene algo turbio.

-¿Por qué? Aparte de ser un baboso, no le veo nada raro.

-No lo habrás mirado bien.

Estar detrás de la barra enseña mucho, Salima.

Y ese tipo no es trigo limpio. Llámalo olfato, llámalo instinto.

-Si tú lo dices.

-Tiempo al tiempo.

-Buenos días.

-Buenos días.

(SUSPIRA)

Ayer fui a ver a Alicia.

-Ah. ¿Qué tal está?

-Increíblemente recuperada. Eso ha aliviado mi conciencia,

porque vaya cagada, lo de dejarme quitar el arma.

-No fue tu culpa, mujer, le podía pasar a cualquiera.

-También quería disculparme contigo

por entrar así en el despacho del comisario.

Siento la interrupción.

-No pasa nada.

-Es que ayer pues

ya no encontré el momento de hablar contigo a solas

y me fui a casa con mal cuerpo.

-Si yo también te estuve evitando todo el día.

-¿Por qué?

-Pues porque fue incómodo, la verdad, no te voy a engañar.

-Ya. Siento haber sido tan inoportuna.

Entenderás que no es mi culpa.

-Sí, lo sé.

Pero, imagínate.

Estábamos ahí, rememorando

los momentos tan bonitos que vivimos y apareciste tú

con la bomba de su mujer y la verdad, fue un palo para mí.

-Ya, pero no fue adrede.

Además, no tienes por qué extrañarte de que le llame su mujer.

-Bueno, a ver, no sé. -Parecía grave.

¿Y si le pasaba algo a su familia?

No quiero que olvides que aunque tú vives en el mundo de fantasía,

su familia existe.

-Ay, Espe, cuando te pones así... -¿Cómo me pongo?

Solo digo las cosas como son.

Lo que pasa es que las verdades duelen y no da gusto escucharlas.

-A ver, es una situación complicada, es...

-Es un triángulo y acabará mal.

-No tiene por qué acabar mal, no seas tan agorera.

No sé, las cosas no tienen por qué ser tan tremendistas.

-¿Crees que su mujer se huele algo?

-Mira, no lo sé, es que no quiero ni pensarlo.

Solo sé que me ha dicho que las cosas están mal en casa.

Y que hace mucho tiempo que no habla con su mujer.

Pero no quiero hablar de ella.

-Vale, lo dejo ya, como quieras.

-Por cierto, me preguntó

si sabías algo de lo nuestro y dije que no.

-Menos mal, te agradezco mucho que no le hayas dicho nada,

porque estar en medio de este lío,

ya me pasó en el instituto y acabé fatal.

Oye, Lola.

Ya me dejo de sermones, ¿eh?

Pero ¿qué tal la cita?

-Genial.

-¿Sí? -Sí, fue muy bonito.

-Las primeras citas, que siempre son las mejores.

Todo el mundo se esfuerza mucho, las cosas se idealizan.

-Es que nosotros no nos esforzamos, es que fluye solo.

Es lo que más me gusta.

Bueno, hasta que llegó el aviso de comisaría. Nos tuvimos que ir.

-Y... ¿pasó algo?

-No, para tu tranquilidad, todavía no.

Todavía no lo hemos hecho.

-Mucho mejor, porque así es más fácil luego frenar esta historia.

-Pero ¿qué frenar, Espe? Que no quiero frenar nada, entérate.

Que no. Que lo que siento es lo que siento, y me he dado cuenta

de que la vida es corta

como para estar pensando en si debemos o no hacer algo.

-Lola, piénsalo.

Es mejor pasarlo mal ahora que cuando la bola de nieve

se haya hecho más grande y ya sea imposible frenarlo.

Ay. Estas cosas siempre acaban mal, te lo digo porque lo he vivido.

-¿Sí? -Sí.

En el instituto una amiga mía se lio con un profesor

y cuando se descubrió el pastel los expulsaron a los dos.

¿Sabes qué es lo peor?

Que terminaron separados.

-De verdad, Espe, me estás comparando esta historia con una del instituto.

Que no tengo 17 años, por favor.

-Precisamente, Lola.

Esto es peor.

Es tu jefe y tu superior, y tiene a su mujer pisándole los talones.

-Vale, ya me ha quedado muy claro que estás en contra, otra vez.

Al menos podías probar a apoyarme de vez en cuando.

Es lo que hacen las amigas, estén o no estén de acuerdo.

Salen como setas.

Parece otro país. Chavales de barrio con pistola en mano.

Lo malo será cuando sepamos el motivo del tiroteo,

habrá sido por unas zapatillas o porque han mirado la piba de otro.

Seguro. Y mira que yo crecí donde crecí, ¿eh?

Había navajazos y palizas a punta pala, pero ¿pistolas?

Esto es jugar otra liga.

No saben lo fácil que es quitar una vida con estos cacharros.

¿Y tú, qué?

Es por Tokarev, ¿no?

Hay que apechugar con ello, es parte del trabajo.

¿Es tu primer cadáver?

Sí.

El primero es duro, sí. Hay que aprender a convivir con ello.

Pero nunca se olvida.

¿Lo dices por experiencia? Bueno.

-¿Teníamos que quedar en la cafetería donde está todo el mundo?

¿Qué pasa? Te has puesto hasta colonia.

¿Quieres que te cuente lo que tengo? Sí, hombre, cuenta.

He estado haciendo preguntas sobre las pistolas.

No he sacado una mierda, no hablaban en serio.

Pero he mencionado al Oso y se han dado el piro así.

-Así que lo conocen. -¿Que si lo conocen?

El último en irse me ha recomendado que no lo mencione más a nadie.

Por preguntar por él me puedo llevar la del pulpo. ¿Lo has oído?

-Que esto es cosa mía, que no es de tu hermano, de verdad.

¿Has averiguado algo más?

-Después de irme me ha llegado un mensaje.

Una localización en un parque.

"¿A las 13:00?" ¿Nada más?

No querrá mojarse el chico.

-Podría ser una trampa.

¿Te fías de tu colega, Jairo? ¿Cómo se llamaba?

No se llama.

No soy ningún chivato.

Pero sí, me fío de él.

-Pues no perdemos nada por ir a echar un vistazo con cuidadito, ¿no?

Merece la pena arriesgarse, ¿no?

Tenemos que ir ya, mira la hora. Pues venga, andando.

Eh. Jairo.

Quédate aquí. Este es el bar más seguro del barrio.

Pide lo que quieras, yo pago.

Y una cosa. Que sepas que estoy muy orgulloso de ti, hermano.

¿Vale? Muy orgulloso.

Te veo en casa.

¿Tiene un minuto?

-¿Qué haces aquí, Sergio? ¿Qué ha pasado?

-Está todo en orden.

Me tomé la libertad de venir a preguntar si tiene previsto

hacer algún otro movimiento pronto.

-Muchas libertades te estás tomando, ¿no te parece?

Ya te dije que cuando necesitase tus servicios, yo te llamaría.

-No quería molestarle.

Solo saber si volverá a hacer encargos.

-¿Qué pasa? ¿No llegas a fin de mes, o qué?

-Ya me conoce, soy ambicioso.

Y si no muevo su dinero, yo no gano nada.

-Tú mismo lo has dicho, Sergio, se trata de mi dinero.

Lo moveré cuando a mí me dé la gana y en las cantidades que yo quiera.

¿Te queda claro? -Clarísimo.

-Lo último que necesito es gente como tú metiéndome prisa.

-No era mi intención.

-Pues ten cuidado y no lo hagas.

Y otra cosa, Sergio.

No me gusta nada, pero ni un pelo,

que te presentes así, en mi oficina, sin avisar y a plena luz del día.

Si no eres capaz

de relajar tu ambición,

y esperar a que te llame cuando te necesite,

es posible que tengamos un serio problema, y créeme,

no querrías que eso pasase.

-Señor Quintero, parece que ha malinterpretado mi visita.

-Marcelino, cuidado.

-¿Qué está pasando?

-Creo que Sergio nos ha mentido a los dos.

¿Verdad?

Según me ha dicho hace un momento,

le habías enviado tú

para que rompiese lazos entre nuestras empresas.

Ya veo que no. -No quería molestarle con esto,

es solo una formalidad.

Creí conveniente firmar cuanto antes la disolución del contrato.

Aún nos ligaba a esta empresa.

-Ya veo.

-Eh, Sergio, me parece que será mejor que te vayas.

-Bien. Tengo todos los papeles firmados.

Les dejo que hablen. -Ya hablaremos luego en el despacho.

-Qué sorpresa verte por aquí.

Ayer me dijiste que no querías volver a verme ni en pintura.

-He venido a pedirte que no te acerques a mi hija.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Sacar los puños?

Sabes que hace falta algo más contundente para amenazarme.

-No es una amenaza.

Ese es tu juego, no el mío, yo no soy como tú.

-Eso es lo que tú crees.

-He venido a pedírtelo por las buenas, de hombre a hombre.

Aléjate de nosotros.

No te burles de mí, ni de mi familia. -No te equivoques.

Yo nunca me he burlado ni de ti, ni de Alicia.

Fui al hospital porque estaba preocupado.

Le habían pegado dos tiros a Alicia.

Pueden no gustarte mis negocios, pero no soy ningún monstruo.

-Bueno,

te daré el beneficio de la duda.

Demuéstrame que tienes humanidad.

Si recapacitas, entenderás la desfachatez de que apeles

a los sentimientos que una vez tuvimos por Carmen.

-Yo nunca he intentado herirte. -Pues lo hiciste.

Sobre todo porque amaba a Carmen.

Pero me traicionó.

-Estaba preocupado por Alicia.

Nada más.

No soportaría que le pasase algo malo.

-No te acerques a mi hija, Fernando.

Déjala en paz.

O no pararé hasta acabar contigo aunque sea lo última que haga.

-¿Ves?

Al final, tú y yo sí que nos parecemos.

Has terminado amenazándome.

No somos tan diferentes,

amigo.

Son y cinco y no aparece nadie. Bueno, paciencia.

Mira esa.

¿Probamos suerte? Venga.

Hola, buenas.

Buenas. -Eh, fuera de mi banco.

El de los delincuentes es ahí, los de las hipotecas.

-Eso es lo que estamos buscando, una banda de delincuentes.

Es habitual de este parque, ¿no?

Apuesto a que alguna vez le han empujado unos chicos o algo.

Imagínese que vuelven y en vez de empujar, apuntan con una pistola.

Eso intentamos evitar. Que aparezcan armas de fuego entre los chavales.

Usted habrá visto más de un trapicheo por aquí.

¿Se le ocurre algún sitio donde alguien deje un paquete

para que otro tipo lo recoja?

Mire. Tenga, para un café.

Pero para un café, ¿eh? Gracias.

Elías, mira. Podían ser ellos.

Quieto, fiera, deja que se acerquen.

¡Mierda, coño!

¡Ostia!

¡Alto, policía!

¡Quietos!

K9, parche 50, sospechosos a la fuga por la Carrasca.

Van dirección centro en una moto negra.

No pude ver la matrícula.

¿Qué? ¿No los has pillado?

A ver si vas a echar ahora los higadillos.

Yo tengo una edad, pero tú qué excusa tienes.

Elías, iban en moto y yo a pata.

¿Crees que soy Superman o qué?

Te digo aquí, en caliente.

La próxima controla los nervios.

Te adelantaste y nos mordieron antes de saber qué venían a hacer.

Lo siento. Venga.

No pasa nada.

Vamos.

-Me da un coraje la cantidad de comida que tiramos en este bar.

Si esto se hace en este barrio, imagínate en uno rico.

-Buenas, amor mío, ¿qué tal va el día?

-Normalito.

¿Y tú qué? Que vienes tan contento.

-Porque tengo a la novia más preciosa, ¿te parece poco?

-Y yo el novio más bueno del mundo.

Solo con venir a verme, me alegras el día.

-Pues espero poder alegrarte la noche también.

¿En tu casa o en la mía?

-En la mía mejor.

Hoy tengo que cerrar el bar.

Si tengo que ir a mi casa y luego ir a la tuya,

se me hacen las tantas. -Tú mandas, reina.

Pero que sepas que a lo mejor se nos hacen las tantas también

y no dormimos demasiado.

-Madre mía, estás desatado.

Si María te oye.

Luego tengo que aguantar sus bromitas.

¿Quieres tomar algo? -Un cortado, por favor.

Parece que María cada vez confía más en ti, ¿no?

-¿Tú crees? -Si te deja a cargo, se fiará.

-Bueno, no exageres, solo fue a hacer un recado.

Y cuando el turno de comida estaba servido.

No quiere ni verme entrar en la cocina.

Por algo habrá contratado a Olga.

-Esa chica tiene una mano con la repostería...

Pero nadie atiende a los clientes con la gracia que tú tienes.

-Ya. Intenta arreglarlo.

-Venga, Salima. Sabes que es verdad.

María confía ciegamente en ti.

Sabe que eres responsable, si no, no te dejaría el cierre.

Eso antes no pasaba.

-No sé si se fía más de mí ahora o desde lo de Osorio.

-Está cambiada. -Ya.

-Quiere vivir cada día como si fuera el último.

Disfrutar de las cosas que le gustan fuera del bar.

-Hace bien.

Nosotros también deberíamos pensar en divertirnos fuera del trabajo.

Toma.

A ver si esto te anima.

-¿Qué es?

-El siguiente paso para nuestra relación.

-La última vez que dijiste eso me pediste que me casara contigo.

-No, esto es muchísimo mejor.

Nos vamos de crucero al Caribe.

-Pero ¡si solo es un sorteo!

-Mujer de poca fe, nos va a tocar seguro.

República Dominicana, Cuba, Bahamas...

Será el viaje de nuestra vida. -Si nos toca.

-Cuando nos toque.

-¿Qué pasa? ¿Lo tienes amañado?

-Yo jamás haría algo así.

-No te ofendas, como lo dices seguro y la rifa la organiza tu ONG.

-Es una manera de recaudar fondos, que buena falta nos hace.

Pero el sorteo se realiza con notario y con todas las de la ley.

Y ese va a ser el boleto premiado.

-Ojalá. -No. No, mejor guárdalo tú.

-¿Seguro? A ver si está premiado de verdad.

-Por eso mismo, para que veas que confío en ti plenamente.

-Bueno, no me entretengas con tus sueños caribeños.

Como María venga y se encuentre esto manga por hombro,

es capaz de mandarme a paseo. Y no a Cuba precisamente.

-Vengo a buscarte a la hora del cierre.

-¿Vale? -Vale.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede? Le traigo buenas noticias.

-Cuéntame.

-La absorción se ha cerrado con éxito.

Y el cliente quedó tan satisfecho que prometió un bonus para el bufete.

-Muy bien. Estupendo. Enhorabuena.

-Respecto a lo de esta mañana, me gustaría aclararlo.

Solo quería ahorrarle tener que cerrar flecos de papeleo

con Quintero.

Perdone que me tomara la libertad de hacerlo sin consultárselo.

-Me gustaría dejarte clara una cosa.

Por muchas libertades que te dé por la relación personal que tuvimos,

yo sigo siendo tu jefe.

No alguien que tengas que proteger. -Por supuesto.

Pretendía ahorrarle el mal trago.

Pero tiene razón, no debí hacerlo.

Le pido disculpas.

-Como comprenderás, por buenas intenciones que tengas,

si me entero de que te mueves a mis espaldas,

eso solo me genera desconfianza.

-Que desconfíe de mí, Marcelino, es lo último que quiero.

Le prometo que no volverá a suceder nada parecido.

Tiene mi palabra. -Bueno.

Bueno. Está bien.

Todo aclarado.

En todo caso, quiero darte las gracias por preocuparte por mí.

-Gracias a usted por su comprensión.

Hola, Montse. -Hola, Sergio, ¿qué tal?

-Muy bien. Bienvenida.

-Montse, qué alegría me das. -Hola.

¿Qué haces aquí metido?

No puedes pasar toda la noche en el hospital

y luego venir a trabajar todo el día como si nada.

Al final vas a enfermar tú.

-No te preocupes, mi hija me prohibió pasar la noche en el hospital.

Y si vienes a proponerme algún plan,

soy todo tuyo.

-Algo tenía pensado.

Pero no sé si bastará con una noche.

-Bueno, eso suena muy interesante. Sorpréndeme.

-¿Recuerdas cuando hablamos de nuestros viajes soñados?

-Por supuesto que sí.

Después de cenar en ese japonés, te dije que me encantaría ir a Japón.

-Y yo que, desde niña, me encantaría ver la aurora boreal.

Tiene que ser mágico.

Y digno de verse aunque sea una vez en la vida.

-¿No estarás pensando...? -En viajar a Noruega.

-Me encantaría acompañarte, pero ya ves cómo tengo a mi hija.

-Lo comprendo.

Por eso me iré sola.

Y te prometo que volveré muy pronto.

-¡Esa implacable cazadora de osos!

-Un día me cansaré de los sustitos. -Perdón. Perdón.

Reconoce que es casi imposible no asustarte.

Estás ahí, en tu mundo, con tus ordenadores...

Pienso que si cambiáramos la mesa de sitio...

-No tengo tiempo para el interiorismo.

-Vale.

¿Y para salir de la madriguera y que te invite a un café?

Un café o algo más fuerte.

No sé.

Me gustaría ver tus ojos

iluminados por el sol. -Ay, ay.

Déjate de historias. Quiero enseñarte algo.

-A tus órdenes.

¿Tenemos alguna pista?

-No exactamente.

He conseguido otras evidencias contra Oso,

así que cuando le pillemos,

va a estar muchos años en la cárcel. -Bien.

Genial, ¿no?

¿Por qué tengo la sensación de que me darás una mala noticia?

-Bueno, no...

no es exactamente una noticia.

Es algo que puede resultar...

un poco doloroso.

He dudado mucho en enseñártelo o no,

pero he pensado que, si fuera tú, preferiría saberlo.

-Bueno, pues no me lo ocultes.

No sé. Venga, va, suéltalo.

-Estuve mirando antiguos foros,

siguiendo la pista de armas que pudieran tener la marca de Oso.

Incluso en webs ilegales,

hay una sección donde los usuarios pueden poner valoraciones.

-Claro, pero ¿qué puede tener eso de doloroso?

-He encontrado comentarios antiguos

relacionados con el incidente de tu hermano.

-Quiero verlo.

"Ese periodista no va a volver a tocarnos los cojones.

'Pringao'".

-Se jacta de lo que hizo.

¿Estás bien?

-Perdón.

¿Sabes qué te digo?

Ese chico es una víctima.

Es una víctima del ambiente en el que se ha criado.

Ni siquiera sabe escribir.

-No te pases de comprensivo tampoco.

La única víctima era tu hermano.

-Maldecirle no devolverá a mi hermano, ¿verdad?

-Te juro que cogeremos a este cabrón que se está haciendo rico con esto.

-Eso.

Eso es lo que quiero.

Por mi hermano y por otra víctima que pudiera venir después.

Así que, dime.

Dime qué es lo que tengo que hacer.

-En realidad, quería sugerirte que te mantuvieras al margen.

-¿Perdona?

-Saben que vamos tras su pista.

Están muy nerviosos y esta gente puede ser muy peligrosa, Martín.

-Me da igual.

No, en serio, me da exactamente igual, Laura.

Yo te metí en esto y no me esconderé en una madriguera como un cobarde.

-Ya, pero yo soy policía.

Y tengo un arma reglamentaria.

No quiero ver un mensaje de estos hablando de ti.

-No lo entiendes.

Tengo que ayudar. Lo necesito.

(Llaman a la puerta)

Buenas. He estado en el parque con Batista.

Puede que sea el punto de entrega de la mercancía del Oso.

Aunque todavía no tenemos nada.

Solo un testigo que corrobora que allí se trapichea con bolsas.

-Ya. ¿Alguien ha oído hablar de él?

-Había unos tipos sospechosos, pero se nos han escapado.

Lo mismo estaban pasando armas que llevar una china encima.

Bueno, aquí está la descripción, por si sirve de algo.

Igual estamos más cerca de pillar al malo.

¿Qué le pasa a nuestro plumilla? -No tengo un buen día.

-Ya.

Bueno, os dejo.

Mañana me pasaré otra vez por el parque.

-Muy bien. Mantenme informada.

-OK, máquina. Hasta luego. -Hasta luego.

-Mi hermano

no era como yo.

-¿Qué quieres decir?

-Era un tío íntegro.

Íntegro de verdad.

Valiente.

Era un ejemplo a seguir.

-Espero que la próxima vez haya más suerte.

Hasta luego, amigo.

Tomad esto para el taxi, porque vais de aquella manera.

-Dudo mucho que estos vuelvan a asomar por aquí.

Les he "dejao" tiesos.

-No hay quien te tosa, se nota que tuviste tiempo de practicar.

-Reconozco que en el trullo pasé horas jugando a las cartas.

Pero bueno, también aprendí otras cosillas útiles.

-Hombre, ahora me vas a decir que te has sacado una carrera.

-Qué cachondo el tío.

Si, en la universidad de la calle, no te jode.

No, pero te diré lo que aprendí, porque el que avisa no es traidor.

Técnicas de persuasión.

-Supongo que querrás decir

tortura, ¿no?

-Muy bien.

Veo

que podemos entendernos.

-Manolo, tú y yo siempre nos hemos entendido.

Y conociéndote,

creo que tendrás que buscar a otro para poner en práctica

lo que sea que hayas aprendido con tus amigos allí dentro.

-A ver si es verdad.

Porque ya estoy empezando a ponerme nervioso.

En este tiempo, lo único que hiciste es marear la perdiz.

Y darme largas. -Tendrás quejas de cómo te trato.

-Sí, me quejo, Fernando.

Porque estoy empezando a pensar

que no quieres darme lo mío.

-Antes tendríamos que discutir qué es exactamente lo tuyo.

-Lo sabes perfectamente.

Todos mis hombres están de acuerdo en que volvamos a lo antes.

Y tú no vas a ser la excepción. -A ver. A ver.

Entiendo que quieras volver a coger el control del negocio,

pero te has tirado cuatro años allí dentro, amigo.

Y ha llovido mucho desde entonces.

No pretenderás que yo vuelva a ser un simple transportista.

He hecho prosperar el negocio, amigo.

Lo he puesto aquí arriba.

Los beneficios se han multiplicado,

y tú te llevas una importante comisión.

-El porcentaje que yo me llevo

es muy poco. -Vamos, hombre.

Yo no lo llamaría precisamente un porcentaje pequeño.

-Son migajas.

En comparación con lo que te llevas.

-No, no, no te equivoques.

Si yo gano lo que gano,

es porque dirijo toda la organización.

Y dirijo la ruta.

Además, hice prosperar el negocio. No te equivoques.

-A ver, háblame claro.

¿Qué me estás pidiendo?

-Que dejemos las cosas como están.

Quiero seguir participando en la cadena de mando

y quiero seguir dirigiendo la ruta.

Y tú puedes descansar y disfrutar.

Yo, si quieres, te doy una parte de mi porcentaje.

Por nuestra amistad.

Así puedes comprar una casa en la playa en Algeciras

y disfrutar de la familia, que es lo que te gusta.

-¿Te acuerdas

de cuando estuviste en la cárcel? -Ha llovido mucho desde entonces.

-Tú lo has dicho.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

En aquella época,

la mayoría de los reclusos eran yonquis,

chorizos,

gente de mal vivir que se lo montaba por su cuenta.

-¿Adónde quieres llegar?

Quiero hacer que entiendas

que las cosas allí han cambiado mucho.

Ahora hay bandas organizadas,

mafiosos, yihadistas...

Gente con contactos en el mundo entero.

Globalización le llaman.

Ahora tengo amigos hasta en el infierno.

Literalmente.

-No hace falta que me amenaces.

Tú y yo podemos hablar tranquilamente de lo que sea.

-Se acabó la conversación.

Otro en mi lugar ya te hubiera "rebanao" el pescuezo.

Me he "quedao" aquí

para que arreglemos las cosas.

De buen rollo.

Pero veo que no estás por la labor. -¿No estoy por la labor?

Soy yo el que te está diciendo que estoy dispuesto a negociar.

-Pues yo no, Fernando.

Ya estoy harto.

Se acabó.

Ahora subo la apuesta.

Ya no me conformo con retomarlo donde lo dejamos.

Quiero que me des una parte de todo lo que te has levantado a mi costa.

Cuatro años que he estado encerrado. -Tú estás loco, Manolo.

-¿Loco? Te hablo muy en serio.

Pero que muy en serio.

-Eso es una barbaridad.

-Esto es lo que quiero.

-No.

Esto no puede ser.

-¿No quieres llegar a un acuerdo? Pues ahí lo tienes.

Ese dinero lo quiero mañana.

Mañana.

¿Eh? Que descanses.

Si puedes.

Cojones.

(Llaman a la puerta)

¿Se puede?

No sé si a estas horas aceptan ya visitas.

He tenido que enseñar la placa para que me dejaran pasar.

¿Cómo estás? Ahora mejor.

Pero te has hecho esperar. He venido directo de comisaría.

¿Te han hecho sudar mucho la camiseta hoy?

Ya te digo. Total, para nada.

Teníamos una pista sobre el Oso, el traficante de armas.

Cuando hemos ido al parque donde se iba a hacer la entrega,

nos han "calao".

¿Lo has visto? ¿Al Oso?

Ese no se deja ver ni en pintura.

Eran dos raterillos, unos chavales.

Me han hecho correr.

(RÍE) ¿Se te escaparon?

Porque iban en moto y yo a pata, no te digo.

(RÍE)

No te rías tanto que bastante he tenido con Elías.

Ven.

¿Qué quieres?

Una cosa.

Ya les pillarás mañana.

Se me ha quedado una cara de idiota...

No te subestimes, Rober, eres un gran policía.

Estoy segura de que vas a pillar al traficante de armas.

¿Qué te pasa?

Supongo que a ti te lo puedo decir.

Claro.

No me quito de la cabeza a Tokarev.

Ni el momento del disparo.

Era tu primer...

A ver, he disparado muchas veces

y herido a algunos delincuentes,

pero lo que es...

Tú ya me entiendes.

Yo no soy quien para quitar la vida a nadie.

No puedo dejar de pensar en ello.

Rober.

Salvaste mi vida y la de otros muchos.

Tokarev habría seguido disparando hasta vaciar el cargador.

Tampoco cuadra que vaya de poli duro y luego vaya con remordimientos,

pero es que... Pero eres buena persona.

Y es normal que los tengas.

Por eso estoy enamorada de ti.

Y quiero que seas mi pareja dentro y fuera del cuerpo.

¿En serio?

(Llaman a la puerta)

La paciente necesita descansar.

Enseguida apago la luz.

¿Nos dejas cinco minutos más? Sí, claro.

¿Tu padre no viene hoy a dormir?

Me costó convencerlo, pero al final lo he conseguido.

No tiene sentido que se rompa la espalda ahí.

¿Qué haces?

Tengo una espalda de hierro.

Puede que no pillara a esos tipos,

pero todavía estoy en forma.

¿De verdad va a ser esta nuestra primera noche juntos?

Eso parece, ¿no?

Siento que pasaras ese mal trago.

Si no fue tu culpa.

Tenía que darte el recado de tu mujer y...

Fue muy mala suerte que yo estuviera ahí.

Aun así, lo lamento.

Fue muy incómodo.

Supongo que especialmente para ti.

Intentaré que no vuelvas a pasar por una situación así.

No lo podemos evitar, mientras...

Mientras averiguamos adónde nos lleva esto, ¿verdad?

Ya tendremos tiempo para pensarlo y para tomar decisiones.

Voy a tomar decisiones.

Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

No quiero que sientas que te esté presionando, de verdad.

Gracias por ser tan comprensiva.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

¿Se puede, comisario? Sí, inspectora. Habíamos terminado.

Oficial. -Inspectora.

Quiero una respuesta a primera hora. De acuerdo.

Vaya horas de hacer una visita.

¿Ocurre algo grave?

Algo insólito, sí.

Pero tranquilo, no tiene nada que ver con tus agentes.

Me voy a tomar unas vacaciones.

Bueno.

Te puedo decir que me temía lo peor.

(RÍE)

Hasta los pájaros de mal agüero tenemos derecho a un descansito.

Ya. Solo he venido a despedirme.

Te imagino en las vacaciones

con el móvil en una mano y el portátil en la otra.

No te voy a negar que he sido así toda mi vida,

pero nunca es tarde para cambiar malas costumbres.

Esta vez voy a estar ilocalizable.

Qué envidia me das.

Solo con planear tus vacaciones se te ve radiante.

Gracias.

(Llaman a la puerta)

¡Pasa!

Por fin, ya era hora.

-Me desconcierta, señor Quintero.

Primero me echa de su despacho y ahora no puede esperar para verme.

¿Qué es eso tan urgente? -Siéntate, anda.

Antes que nada, ¿cómo quedó la cosa con Marcelino?

¿Le has convencido?

No necesito tener más frentes abiertos.

-Por ese lado puede quedarse tranquilo.

Su excusa ha colado perfectamente.

Gracias por el capote, por cierto.

-Espero que aprendieras la lección.

No quiero más visitas a mi despacho, y menos sin avisar.

-Sí. -Bien.

¿Seguro que Marcelino se ha quedado tranquilo?

Mira que me tiene ganas. -Lo sé.

Pero se lo ha tragado por completo.

Créame, lo voy conociendo.

En este momento, sus prioridades son otras.

Tiene muchas cosas en la cabeza.

-Espero que no te equivoques por la cuenta que nos trae.

-Quédese tranquilo.

Bueno, ¿para qué me necesitaba?

Tiene cara de haber recibido muy malas noticias.

-Eres un lince, ¿no?

-¿Cuánto necesita sacar?

Ahora no necesito que saques dinero fuera de España,

lo que necesito es que lo traigas de vuelta.

-Eso es complicado.

Y muy arriesgado, no se lo recomiendo.

-Os creéis muy listos los jóvenes.

Aparte de atrevidos, sois también un poco engreídos.

¿No te parece?

Creéis saber todo y no os dais cuenta

de que los demás ya hemos ido y hemos vuelto varias veces.

-Cierto.

Supongo que si pide eso es porque no queda otro remedio.

-Supones bien.

Todavía no tengo muy clara esa operación,

pero estoy tanteando el terreno.

Valorando mis cartas.

-¿De qué cifra estamos hablando?

Debe haber tenido un gran contratiempo.

-¿Cuándo puedo disponer de esa cantidad?

-Toda precaución es poca en una operación así.

Para hacerlo de forma discreta y segura,

un mes.

-No tengo tanto tiempo.

¿Puedo disponer de eso mañana?

-Imposible.

El dinero tardaría una semana mínimo en llegar a España.

-Está bien. Está bien.

Gracias, Sergio. Puedes irte.

-¿Qué hago entonces?

-Limitarte a contestar a mis preguntas

y hacer lo que yo te diga sin entrar en valoraciones.

¿Crees que puedes hacerlo?

Vete. Ya te llamaré.

-Buenas noches, señor Quintero.

-¿Te das cuenta que esto es lo más parecido

a una conversación de amigos que hemos tenido?

Bueno, nunca es tarde para empezar.

Pero te aseguro que no era por ti, sino por tu cargo.

Claro.

Mi trabajo de mosca cojonera no me permite hacer muchos amigos.

¿Mosca cojonera? No sé a qué te refieres.

No, ahora en serio, Emilio.

Admiro mucho tu trabajo y creo que eres un gran comisario.

Un momento.

Eso sí que me suena a despedida.

¿Dónde vas de vacaciones? ¿Al fin del mundo?

No.

Es otro de mis propósitos de cambio.

No posponer las cosas importantes.

No quería irme sin decírtelo.

Te lo agradezco.

Y me apunto el consejo para mí también.

Hazlo.

No te dejes arrastrar por la rutina.

Cuando llegue el momento de mirar atrás,

lo peor es arrepentirse de lo que nunca se ha hecho.

Gracias por tu visita y felices vacaciones.

Gracias a ti.

Adiós. Adiós.

Quedamos que hablarías con ellos. -Ya, si yo se lo quería decir.

El otro día estaba mazo convencida.

Vamos, que no se ha dado la ocasión.

-Olga, no se va a dar la ocasión, las ocasiones no se dan,

las ocasiones se buscan o se provocan.

He estado pensando en el viaje

que hará Montse para ver la aurora boreal.

Y seguro que le apetecería mucho contemplar ese espectáculo contigo.

Es el único recuerdo que tengo de las dos juntas como policías

y quisiera que la tuvieras tú.

-¿Cómo? ¿Jairo en paro? ¿Qué pasó? -Ni idea. Solo sé lo que te conté.

-Estaba supercontento en el curro.

¿No te contó nada más? -No, ya te lo he dicho.

-Oye, ya me he enterado que te has quedado parado.

-(CARRASPEA)

Parado no, me he quedado en paro, que no es lo mismo.

-¿No? -No, yo me estoy moviendo mucho.

No soy ningún tirado.

-Quería hablar contigo sobre Nacha.

-¿Qué le pasa a mi excompañera de patrulla?

-¿Sabes por qué cambió de parecer respecto al boxeo?

-No sé de qué me hablas.

-De repente me ha dicho que quiere entrenar para competir.

-¿Alguna novedad del Oso?

-En cuanto la haya, lo sabrás.

Bueno, tú y todos los compañeros.

-¿Dejarás que te machaquen en un ring por un mal de amores?

-No sé de qué me hablas.

-Creo que lo sabes perfectamente.

A mí no me la das, que soy perro viejo.

-¡Salima!

¡Salima nos ha tocado la rifa, el primer premio!

¡Nos vamos de crucero! -¿Estás seguro?

-¡Segurísimo! De más de mil números va y sale el mío.

¡Increíble! -Sí que es increíble.

-Dame el boleto, voy a ir a la ONG a reclamar el premio.

Venga.

-No lo tengo.

-¿No habías quedado tú en hacer la cena?

-Es que os quería decir una cosa.

No me voy a presentar a recuperar las tres que tengo pendientes.

¿Perdona?

"Mira, Fernando."

Estoy harto

de este barrio,

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Servir y proteger - Capítulo 75

10 ago 2017

Elías y Rober siguen la pista del traficante de armas. Manolo 'el Algecireño' aprieta las tuercas a Quintero dándole. Ibarra pide a Marcelino que la acompañe de viaje a cumplir su última voluntad.

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