www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5473235
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 666 - ver ahora
Transcripción completa

Anoche...

me acosté con Mateo.

Nos lo merecemos.

Una escapada lejos de todo y de todos.

¿Lo hacemos?

En los brazos de esa mujer me di cuenta

de lo enamorado que estaba de mamá.

Las infidelidades a veces sirven para eso,

para apreciar más lo que tienes.

Y eso fue Petra.

De alguna manera me ayudó a superar el bache con mamá.

-Tú no pierdes tanto con todo esto. No me hables de jueguecitos.

-¿Sabes lo que arriesgo yo? Mi dignidad.

Mentimos a todo el mundo: a tu marido,

a tu hija, que es mi compañera, a mi jefe,

y no sé si tienes tan claro para qué.

-Creía que nuestro amor estaba por encima de todo.

-No lo tengo tan claro, no sé si me compensa.

-Soy Gina Giordano. Soy de Verona

y fui novia de Paolo.

-¿Qué puedo hacer por ti? No me lo has dicho.

-Bueno, he pensado que quizás tú puedes

darme unos objetos de Paolo.

Europol ha enviado un aviso a todas las comisarías

de Madrid porque han detectado la presencia

de un miembro de la mafia calabresa en la capital.

¿Y quién es? ¿De quién se trata? Echa un vistazo.

Francesca Belfiore.

Aunque no sabemos con qué nombre falso habrá desembarcado

aquí en Madrid.

¿Puede que le hayan mandado para recuperar

las claves de las cuentas de Paolo?

Parece ser que hace un par de días una ex de Paolo se pasó por La Parra.

-¿Qué está pasando? Tranquilízate.

Te lo voy a contar,

pero necesito que estés tranquila

porque me tienes que ayudar.

¿Qué es lo que para ella era importante?

Unas fotos de Paolo.

Se las metí en un cuadernillo de sudokus.

-¿Se puede saber qué demonios es esto?

-Señor Quintero, perdone que llegue tarde... ¡Ah!

Pero ¿qué ha pasado aquí?

(SARA LEE) -"Quintero narco". ¿Qué hacemos ahora?

¿Llamamos a la policía? -No, no vamos a avisarla.

-¿Por qué no?

-Seguramente eso es lo que quiere el que haya hecho esto.

Rojo, ¿por qué me ha destrozado el local?

-Vamos a calmarnos porque te equivocas de persona.

-¿Vas a seguir negando la evidencia?

Sabes que nunca me gustaron los cobardes que tiran la piedra

y esconden la mano.

-Quintero, te lo repito.

Te equivocas de persona.

Puedo ser muchas cosas, pero no soy un cobarde.

-Es lógico que se enfadara conmigo y esté bastante cabreado.

-Ya, pero haber acabado en la cárcel puede haberle trastocado.

-Bueno, lo averiguaré pronto.

Le pedí que viniese para hablar con él.

-Buenas noches.

-¿No se habrá ganado algún enemigo en estos últimos días?

-No lo sé, por eso quería hablar contigo.

Consultártelo y saber tu opinión. Tú mejor que nadie sabes

quién me rodea ahora. -Se me está ocurriendo

un sospechoso.

Bueno, mejor dicho, una sospechosa.

-Si estás...

si estás queriendo hablar de Sara, pongo la mano en el fuego.

-No, no, no hablo de Sara.

Hablo de la mujer de la limpieza.

-¿De Lourdes?

(Música emocionante)

Verónica, ¿estás bien?

Sí, un poco dormida. Ya está.

Normal, has pasado toda la noche dando vueltas en la cama.

¿Sí?

Igual fue porque oí llegar a Paula.

La pobre tiene turno de noche y llegó a las tantas.

O sea que, ¿eso es lo que te pasa? ¿Estás preocupada por Paula?

Sí. Bueno, es que tiene que dormir ocho horas.

Dormir protege el corazón, el cerebro y reduce la depresión.

¿También has estudiado medicina?

Bueno, no.

Cuando paso por la clínica hojeo las revistas que tenéis en el "hall"

y el otro día leí un artículo sobre los beneficios del sueño.

Pues a ver si te aplicas el artículo.

Cariño, sé que has dormido mal

porque tienes algo dándote vueltas en la cabeza

y no sé si es peor que duermas mal o que no me cuentes qué te pasa.

Aunque creo que sé lo que te pasa.

Es el maldito TFM, ¿no? Te tiene agobiada.

Pues sí, sí, sí.

La verdad creo que me está viniendo grande.

Con decirte que he pensado pegarme una escapada.

¿Escapada? Sí, este fin de semana a Barcelona.

¿Te acuerdas de Luisa Segura?

Sí, tu compañera de universidad con la que preparabas las clases.

Sí. Pues mira, está ahora mismo de coordinadora en la ONG

y he pensado que me podría dar muy buenas ideas

para el esquema del trabajo.

Pues sí, es una excelente idea.

Era una excelente idea.

¿Por qué la descartas?

Parece que Luisa no puede.

A veces las cosas no salen como uno prevé.

(Móvil)

Muy buenas, Manu, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

Sí, mucho tiempo sin subir por ahí. Demasiado.

Ajá. ¿Y os ha llamado ella directamente?

Ya. ¿No le habéis propuesto otras alternativas?

Creo que el doctor Pontac estaba disponible, ¿no?

Sí, claro, claro.

Hay que tenerla contenta, por supuesto.

Pues yo creo que puedo coger el tren de las 09:00 y así voy con tiempo.

Venga, te digo algo ahora.

Venga, hasta ahora, Manu.

¿Tienes que ir a Barcelona?

Pues sí, parece que al final soy yo el que viaja.

Una urgencia. Bueno, si se puede llamar urgencia a una liposucción.

¿No puede hacerla nadie más?

Sí, pero Montse Aribau no quiere entrar al quirófano

si no es con su cirujano favorito

y sabes que hay que tener contenta a la condesa.

Ella y sus amigas pijas son una fuente importante de ingresos.

Sí, lo sé.

Me da rabia dejarte así.

Mira, puedo coger el último tren y estoy aquí por la noche.

No hace falta que vayas agobiado.

¿Y si surge una complicación?

O después de la operación te apetece irte a tomar algo con tus amigos.

Sí, tienes razón.

Además, te vendrá bien tenerme alejado de casa, ¿no?

¿Por qué dices eso?

Bueno, por el TFM, para que así estés concentrada.

Realmente aquí solo te iba a molestar.

En fin.

Voy a hacer una maleta rápida y me voy a la estación.

Buenas, ¿qué tal?

¿Estás bien? Tienes mala cara. ¿Qué pasa?

-Nada.

Estaba aquí viendo las fotos que Lara ha subido a las redes sociales.

-Ah sí, una pasada. Vaya "sitiazos".

Se ha ido con su novio y de hecho no se han ido muy lejos, ¿no?

-Es lo que tiene estar saliendo con un futbolista famoso.

No sé, pasta, lujo.

Unos "sitiazos" como tú dices.

Si te gusta, nada, genial.

-Que me pierdo, ¿qué tiene de malo irte de vacaciones con tu novio?

-No, no tiene nada de malo.

Lo único que estoy diciendo es que Lara

no ha escogido unas vacaciones, ha escogido un modo de vida.

-A ver.

No te gusta su novio, ¿no? Por lo que veo, ¿o qué?

-No me gusta lo que Goyo le propone a Lara.

Es que...

A ella le gusta su trabajo, ¿sabes?

Le gusta ser poli y además se le da muy bien.

Y...

Goyo se dedica a otra cosa completamente diferente.

-¿Y a qué se dedica exactamente? Si se puede contar.

-Vive de las casas de apuestas.

A muchas personas les puede parecer un juego,

pero creo que es un problema de salud pública.

Tú no sabes la de jóvenes que pierden la cabeza

por el tema de la ludopatía.

Justamente porque proliferan este tipo de lugares en la ciudad.

-Sí, estoy al tanto.

En la UIT trabajamos con los temas de juego "online".

-Es que no entiendo cómo Lara puede renunciar

a una carrera exitosa, al servicio de los demás

por algo tan rastrero, ¿no?

-Bueno, entiendo tu preocupación,

pero también hay que entender que muchas veces la gente

aunque se equivoque, hay que respetarla. Eso es así.

-Sí.

Hay muchas formas de perder la cabeza.

Y el amor es la peor de todas, te lo digo por experiencia.

-Sí, yo también estoy al tanto.

Pero bueno, ¿qué vas a hacer?

¿Lo vas a hablar con ella cuando vuelva a Madrid?

-Pues es que no sé cómo enfocar el tema.

Pero sí, sí, vamos.

Mañana cuando llegue a Madrid tengo que hablar con ella seriamente.

-Bueno, buena suerte. Chao.

-Toni.

¿Vas a hacer como que no me conoces?

-Mira, Vero, tengo prisa, me duele la cabeza,

tengo turno de noche, no me apetece discutir, ¿vale?

-Espera.

No has pegado ojo, ¿verdad?

-No. -Yo tampoco.

Ya ves, a ninguno de los dos nos compensa discutir.

Pero evitarnos por la calle tampoco va a solucionar el problema.

-Tampoco va a empeorarlo.

-Yo creo que sí.

Las cosas que no se arreglan terminan enquistándose.

Y no quiero que nos quedemos con este mal cuerpo.

¿Vale, Toni?

Me importas demasiado.

-Y tú a mí, ya lo sabes.

Ey, Alonso, ¿me guardas sitio en el "briefing"?

Me tengo que pirar.

-Pásate luego por el centro cívico y hablamos.

Vale.

(SILBA)

-Ey.

-¿Cómo estás? Me han contado lo de la italiana.

-Bueno. -¿Bueno?

¿Me das un abrazo tú o te lo tengo que dar yo?

Desahógate bien, anda.

-No, no, no.

Paso de llorar más, tío.

¿Sabes qué? Estoy empezando a controlarlo.

Por eso de no deshidratarme y esas cosas.

-Joder, yo no sé cómo lo haces que tienes un historial muy grande.

-No sé cómo lo hago para acabar siempre liada con delincuentes.

-Muchas gracias por la parte que me toca, sí, señor.

-Tonto, sabes perfectamente que eres la excepción.

Aunque yo ya estoy curada de espanto.

Si de repente mañana descubro que tienes un secreto inconfesable

creo que no me sorprendería.

-Bueno, nunca se sabe.

Lo importante es que estás bien

y te ha dejado en paz la tía esta.

-¿Tenéis alguna pista o algo?

-No sabemos nada.

Si me entero de algo te lo cuento.

Casi mejor que no, eso significa q que se han pirado los de la mafia.

-Pues mira, sí, tienes toda la razón.

-Tengo que entrar a comisaria, pero estoy aquí a un paso,

sabes que para lo que necesites estoy aquí.

-Lo sé.

-Ánimo, ¿vale? -Gracias.

-Verano de 2015. Santander.

No me gusta nada esa foto.

Siempre la he intentado esconder pero no sé cómo termina apareciendo.

-Perdóname, pensaba que estaba sola en casa.

-No, perdóname tú a mí que no te he avisado.

Ayer tuve turno de noche y llegué muy tarde.

Lo siento.

-Menos mal que no pasé el aspirador.

¿Quieres algo de desayunar?

-Me lo preparo yo, no te molestes.

-Que no es molestia.

Tus padres dejaron algo de fruta preparada y hay café.

Siéntate, que yo te lo pongo.

-Muchas gracias.

¿Por qué no te sientas un rato conmigo?

-Todavía tengo mucha faena.

-¿No quieres saber por qué no me gusta esta foto?

-Yo te veo muy guapa y muy sonriente.

-Por eso mismo no me gusta.

Porque es una sonrisa falsa.

-¿Y eso por qué?

-Mi padre se compró esta moto.

Él estaba supercontento, pero mi madre no.

Le vio dando una vuelta a toda velocidad y no le hizo gracia.

Y mucho menos que me llevara a mí de paquete.

Discutieron y decidieron devolver la moto.

-Vaya.

Y él quería hacerse una foto con su niña antes de devolverla.

-Con sus niñas. Con la moto y conmigo.

Él estaba muy enfadado y yo estaba triste.

Y aquí nos ves, a los dos sonriendo.

Y por eso no me gusta la foto.

Porque es un recuerdo triste.

Y porque muestra algo que no es real. -Ya.

Pero por lo menos gracias a la foto

tienes un recuerdo de ese día, si no, no te acordarías.

-Ya. A ti también te recuerda algo.

Lo digo porque he visto cómo la miras y pareces emocionada.

Pero no quiero meterme donde no me llaman.

-No te preocupes, mi niña.

Mi hijo David tenía 13 años cuando un día apareció por casa

con un catálogo de motos de esta...

Decía que se iba a comprar una moto de estas

y que cuando tuviera 21 años se iba a escapar de casa

y se iba a recorrer el mundo entero.

-¿Y le compraste la moto al final?

-Ojalá, nunca tuve dinero.

Ni él tampoco.

Aunque cada céntimo que tenía lo ahorraba.

Tenía un sobre que había puesto

"Harley David".

Y metía todo el dinero que tenía, año tras año iba ahorrando.

-¿Y qué pasó?

-Un día...

un día entré en su cuarto,

un día entré en su cuarto y el sobre...

el sobre estaba vacío.

Y él había empezado a adelgazar.

¿Sabes? Yo pensaba que,

no sé, que estaba...

jugando con las drogas, no tenía buenas amistades.

Le obligué a entrar en una clínica de esas,

pero fue muy tarde.

Y claro yo trabajaba 24 horas y no...

no podía estar pendiente de él todo el día.

Hasta que esa maldita sobredosis pues...

-Lo siento. Siento haberte hecho recordar ese momento.

-No, perdóname tú.

¿Sabes qué?

Ha sido un recuerdo bonito.

Cuando mi David tenía ilusión y ganas de luchar por el mundo.

Ha sido bonito, de verdad.

Voy a dejar la foto en su sitio.

Come, anda, que estás muy delgada.

-Al final has conseguido que me guste la foto y todo.

-Tengo buenas noticias, Paty.

Mañana empieza el curso de formación para el teléfono de ayuda

y creo que va a haber algunas vacantes.

-Gracias, Miguel, pero creo que no va a ser posible.

Me he precipitado un poco al apuntarme.

-¿Por?

-Bueno, porque creo que no estoy preparada para ayudar a nadie,

no me puedo encargar de nadie.

¿Cómo voy a ayudar a la gente si yo misma estoy hecha un trapo?

-OK. ¿Ha pasado algo?

-Bueno, digamos que...

que acabo de pasar por una crisis gorda.

Y necesito tiempo y...

y digerirlo bien y superarlo,

estoy con pastillas para dormir, con episodios de ansiedad.

Te juro que si pudiera lo hacía, pero es que no tengo fuerzas.

-Bueno, no lo sabía.

Pero olvídate del curso, ahora eso no importa.

Lo que importa eres tú.

Y en centrarte en ti misma, recuperarte,

que de hecho es algo que ya estás haciendo.

-Ah, ¿sí? ¿Y eso cómo lo sabes?

-Bueno, porque estás aquí sentada delante de mí.

Cogiendo fuerza de debajo de las piedras.

Y eso no es tan sencillo como parece.

-Bueno, es que la procesión va por dentro.

-Ya me lo imagino, ya.

Pero bueno, lo importante es cómo tú estás siendo capaz de gestionarlo.

-No sé a qué te refieres.

-Me refiero a que eres una persona que es capaz de contextualizar

lo que le pasa. Entenderlo, tomar cierta distancia

y poder ver su propio problema

y eso habla de alguien que es capaz de gestionar problemas.

Es más, te diría que si alguna vez decides hacer el curso

y lo haces, vas a ser una maravillosa cooperante.

-Joder, ahora me da rabia no hacerlo.

Pero de verdad es que no...

no puedo, no puedo ser ahora voluntaria.

-Tú sabes que son cosas independientes, ¿no?

Quiero decir que por un lado puedes hacer el curso,

pero eso no quiere decir que te tengas que poner a trabajar,

puedes hacerlo más adelante.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Hola.

-Hola, Paula.

-Paula, tu madre ha salido a tomar un café.

-Sí, no venía buscando a mi madre. Quería hablar contigo.

-OK. ¿Me das un momentito, por favor?

-Sí, claro, por supuesto. -¿Paty, te acompaño?

Entonces, ¿quieres hacer el curso? ¿Lo dejamos?

-Venga, vale. Lo hago.

-¿Sí? -Sí.

-Entonces, yo lo que hago es no toco la solicitud, la dejo tal cual está.

Mañana empieza la primera sesión, vente.

Ves qué pasa y decides.

-Perfecto.

Muchas gracias, Miguel. Por todo. Nos vemos mañana.

Chao, Paula. -Adiós.

-Tú dirás.

-Pues mira, vengo porque quiero ayudar a una persona y no sé cómo.

Es la mujer que viene a limpiar a mi casa, Lourdes.

-La conozco.

De hecho, estuvo por aquí en el centro cívico buscando trabajo.

¿Le ha pasado algo? ¿Está bien?

-Pues creo que lleva mucho tiempo sin estar bien.

Tenía un hijo que era drogadicto.

Ella intentó sacarle de ese mundillo,

pero al final hace dos años que se murió de una sobredosis.

-Lo siento. No tenía ni idea. -Ya.

Bueno, el caso es que está muy sola.

Intenta hacernos creer que está bien,

pero la he visto muchas veces de bajón.

Creo que no ha superado la pérdida.

-Bueno, es bastante posible.

De hecho, superar la pérdida de un hijo es algo muy complicado.

Y cuando encima estamos hablando de que las drogas están detrás de eso

son procesos muy complejos, muy específicos, difíciles

y normalmente los drogadictos suelen tener relaciones con derivas muy...

muy destructivas con la familia.

-El problema es que solo le tenía a ella.

Bueno, quiero ayudarle y no sé qué hacer.

-Lo primero es hacerle saber que no está sola.

Que hay mucha más gente que está en la misma situación que ella.

-¿Que aquí tenéis a más personas con el mismo problema que ella?

-Claro, sin duda, hay muchas mujeres que están en la misma situación

que Lourdes. De hecho, aquí tenemos en concreto

un grupo de mujeres que se reúne una vez a la semana.

-¿Y qué hacen en esas reuniones?

-Básicamente hablar,

que es lo más importante que uno puede hacer cuando está sufriendo

un trauma como el que está sufriendo Lourdes.

Y bueno, la verdad es que se hacen compañía,

hacen muchas cosas en común y te sorprendería

realmente todo lo que ayuda eso, ¿no?

Esas mujeres pueden ayudar a Lourdes mucho mejor que tú y yo.

-Me parece una idea muy guay.

El problema va a ser convencerla a ella.

-Si tú puedes hacerla entrar por esa puerta,

yo haré que nos dé una oportunidad.

-Venga, trato hecho.

Gracias. -De nada.

-Adiós.

-Señor Quintero, ¿se sabe algo ya de los vándalos del otro día?

-Pues no, todavía no se sabe nada.

Digamos que...

hasta ahora hay más preguntas que respuestas.

Como, por ejemplo, saber por qué

no se llevaron la maldita caja registradora.

-A lo mejor no les dio tiempo.

-Sí que les dio tiempo, claro que les dio tiempo.

Lo que pasa es que prefirieron dedicarlo a destrozarme el local

y a dejar esa maldita pintada que dejaron encima de la barra

con ese mensaje tan claro.

-Lo mismo fue un rival del pasado que se quería reír de usted.

-Sí, igual sí.

-Me voy a ir a limpiar al almacén, si necesita algo me llama.

-Espera un momento.

Me gustaría preguntarte algo sobre lo que pasó aquí esa noche.

-Dígame.

-Verás, si no recuerdo mal el día anterior me comentaste que

necesitabas venir a otras horas, venir de madrugada

porque tenías cosas que hacer por la mañana

y necesitabas tenerla libre, ¿es eso?

-Sí, sería como cambio tanto porque tengo el otro trabajo.

Sí, me parece que sí.

-Por mí no hay ningún problema, ya te dije desde el principio

que te podías organizar como mejor te convenga. No tengo nada que decir.

Solo quería confirmar que esa noche viniste de madrugada aquí a limpiar.

-Sí, creo que sí.

-¿Y de verdad no viste nada extraño, Lourdes?

Me resulta muy...

muy raro que no vieses ni escuchases... nada.

¿De verdad que no viste nada?

-No. Si lo hubiera visto ya se lo hubiera dicho.

-Verás, Lourdes, es que pasa lo siguiente.

Cuando llegué aquí a media mañana,

y me encontré lo que habían hecho en el local, todo destrozado,

las botellas rotas por el suelo,

me di cuenta de que el alcohol estaba ya medio seco.

-Ah. ¿Y?

-Pues que tarda un tiempo en evaporarse.

Echando cuentas,

y yendo atrás en el tiempo, calculando,

pues creo que lo que sucedió aquí

tuvo que ocurrir más o menos o cuando tú estabas aquí limpiando

o al poco después de irte.

De verdad me resulta muy extraño.

¿En serio que no escuchaste ni viste nada?

¿Ni siquiera esa ventana que rompieron en el baño?

-Por supuesto que no, porque si no ya se lo habría dicho.

Yo lo que creo es que usted debería haber ido a la policía,

ya se lo dije en su momento, ya los tendrían pillados.

-Puede que sí o puede que no.

-Mire. Hablando de policía, Paula.

-Perdona, Quintero, sé que aún no has abierto,

pero ¿te importa si hablo un momento con Lourdes?

-No, Paula, no. No me importa nada en absoluto.

Puedes hablar con ella todo lo que quieras, así aprovecho yo

y voy al banco que tengo que resolver un par de asuntos.

Luego seguimos hablando, Lourdes.

-Claro, cuando quiera. -Muchas gracias.

-¿Quieres tomar algo? ¿Un vaso de agua algo?

-Sí, por favor.

-¿Y esa cara de sorpresa?

Te dije que iba a venir.

-Miguel está echando una mano en terapia.

Tenemos 10 minutos.

-Bueno, ¿pues empiezo ya entonces?

Ayer se me fue la pinta completamente.

Estaba rayado por lo de mi padre, tenía que reventar

y reventé contigo, no es justo. Lo siento.

-Vale.

Dime la verdad, ¿qué le pasó a tu padre?

¿Te ha contado por qué hizo lo que hizo?

-Sí.

Se estaba acostando con la mujer de su compañero.

-¿Cómo?

-Hace unos años el matrimonio con mi madre no iba bien

y decidió buscar fuera de casa lo que no estaba encontrando.

-Creo que me suena.

-Y aunque fue una aventura pasajera supuestamente

él se enteró.

Y tuvieron una crisis muy gorda Somontano y su mujer

y se acabaron divorciando.

Él entró en una especie de depresión

y fue cuando empezó toda esta mierda.

-Que terminó con la red de comisiones ilegales.

Él se sintió culpable y decidió cubrir sus huellas.

-Yo creo que todavía no lo ha superado.

Me ha pedido que no se lo cuente a mi madre.

-¿Y qué vas a hacer?

-Guardarle el secreto hasta que se lo cuente él.

-¿Cómo? -Le he hecho prometerme

que se lo va a contar a mi madre. Creo que se lo merece.

-Creo que es mejor que no se entere nunca.

Lo digo por experiencia.

-¿Por experiencia? -Sí.

Tu madre ha sufrido solo una infidelidad.

Yo he vivido unas cuantas.

He aprendido que con el tiempo es mejor, no sé, mirar hacia otro lado.

-¿No quieres saber hasta dónde llega la traición?

-¿Para qué? ¿Para sufrir más?

He perdido la cuenta de las modelos a las que les doblo la edad.

Si pienso en cada una de esas jovencitas

me dan ganas de... -¿De qué te dan ganas?

¿De vengarte?

¿Con un jovencito al que tu marido le dobla la edad?

-¿Perdona?

-Eso es lo que estás haciendo, ¿no?

Lo veo claro ahora.

-¿De dónde sacas eso? -De tu propia lógica.

Llevas años aguantando que tu marido te la pegue con cualquiera,

¿y qué haces? ¿Mandarlo a la mierda? No. ¿Divorciarte? Tampoco.

Mejor devolvérselo con la misma moneda, ¿no?

-¿Eso crees que es lo que estoy haciendo?

¿Lo que estamos viviendo, lo nuestro?

¿Crees que lo que estoy haciendo es utilizarte?

¿Eso es lo que me dices? -Te digo la verdad.

Ayer me sentía como mi padre, como un cabrón.

Me enamoré de una mujer y ella de mí

y me metí en medio de un matrimonio que estaba perfectamente.

-Eso no es así. -Claro que no es así.

Tu matrimonio lleva roto un montón de años.

Mientras cada uno tenga su juguete fuera de casa.

Basta con mirar hacia otro lado.

-Estás siendo muy injusto. -Estoy siendo un pringado.

Un imbécil que se pasa esperando a que le escribas.

Y que es incapaz de dormir pensando lo que haces en otra cama.

Se conforma con verte los 10 minutos que tu jefe está en terapia.

Si para ti esto es un jueguecito,

si es una venganza de cornuda aburrida

paso de este rollo. Paso.

-¿En el centro cívico del barrio? -Sí. Ese mismo.

Miguel es un tío encantador.

Conoce muy bien estos temas, por eso no he podido evitar

contarle tu historia.

-Ya.

¿Qué le has dicho exactamente?

-He sido muy discreta, de verdad.

Solo le hablé un poco de tu pérdida, de tu situación.

-Yo no te he pedido que hicieras nada.

-Ya lo sé y me siento muy mal por meterme donde no me llaman,

yo tampoco creí que sirviera de nada, pero él me hizo cambiar de opinión.

-Bueno, la verdad es que me arrepiento de haberte dicho nada

porque no era para que pensaras que yo estaba mal,

de verdad, créeme, yo estoy estupendamente.

Estoy bien. -Entiendo que no estés convencida.

Incluso que estés cabreada conmigo,

esas mujeres han vivido una situación parecida a la tuya.

Quizás podrías darles una oportunidad.

-Lo siento, tengo que terminar de recoger el almacén.

Si no te importa. -Vale, vale.

Solo te voy a pedir que lo pienses, nada más.

Ya no te molesto más.

(Puerta)

¿Sí?

-¿Se puede?

-Hola, Paty, ¿qué tal?

-Hola.

-Te ha llegado el mensaje de Claudia.

Quería hablar contigo.

-Ya y veo que Claudia te ha puesto al día

con mis andanzas con la mafia.

-Sí, pero no quiero hablar de eso.

Quiero saber cómo estás tú.

-La verdad es que no estoy en mi mejor momento.

-La psicóloga te ha dado unas pautas, ¿no?

-Me ha puesto unos ejercicios para intentar mantener a raya

los pensamientos negativos.

-Empecé muy a tope, con muchas ganas.

Incluso me apunté a un curso en el centro cívico.

-¿Y por qué hablas en pasado?

-Porque todo eso fue antes de que apareciese Gina en mi vida.

Bueno, Gina, o como se llame esa tía.

-Dime la verdad, ¿a qué le tienes miedo?

¿A esa mujer o a que te vuelvan a engañar?

-Pues sinceramente

creo que tengo miedo a...

a no poder volver a confiar en nadie.

Tengo la sensación de que cada persona que se me acerca

tiene una doble intención conmigo.

-Tienes razones

para ser prudente.

Pero tampoco hay que volverse paranoica, ¿no?

Ojalá fuera tan fácil.

Cada vez que intento levantarme viene alguien

y me pone una zancadilla distinta.

-Sí, te han puesto unas cuantas zancadillas,

pero ¿y las manos?

-¿Qué manos? -Las manos que tienes

cuando necesitas ayuda, la de tus amigos:

María, Espe, Toni.

Esa gente que son lo que parecen

y en la que tienes puesta tu confianza.

¿Por qué me parece que te alejas de ellos?

-No, yo no me estoy alejando de nadie.

-Ah, ¿no?

¿Y Olga? Es tu amiga, ¿no?

-Sí. -¿Por qué no la has llamado ya?

No la voy a llamar para contarle otra rayada de las mías.

-No tienes por qué hablar de nada de esto.

Simplemente es llamar, nada de mensajes y emoticonos.

Para escuchar su voz.

(Móvil)

¿Otro?

Llevas todo el día pegado a esa cafetera.

¿Cuánto llevas, cuatro? -Cinco.

Mala noche.

-Sé por lo que estás pasando.

Lo de Somontano y tu padre ha debido ser un buen mazazo.

-No ha sido agradable.

Mira, a mí...

a mí no me gusta ir de curilla,

pero igual podemos sacar la parte buena.

-¿Que hay una parte buena de que mi padre encubriese a un corrupto?

-No, lo bueno es darse cuenta

de que a todas las personas, incluido un policía tan excelente

como tu padre pueden equivocarse.

Esa es la lección, que nadie es perfecto. Te puede pasar a ti.

(ASIENTE)

Cada vez lo veo más claro.

-Se llama libre albedrío.

La vida nos hace elegir entre lo correcto y lo incorrecto

y a veces los caminos nos confunden

y podemos llegar a perdernos.

(Móvil)

Sí, a veces los caminos son una mierda.

Tú no estás pensando en tu padre, ¿verdad?

-No, estoy pensado en otra persona.

-Hombre, ya, estás pensando en Paty.

La verdad es que es curioso la mala suerte que tiene la chavala.

-Sí, sí, le vienen todas juntas.

-Además se ha quedado más sola que la una.

Bueno, María le ayuda mucho, le tiene mucho cariño, pero bueno,

no es lo mismo que tener a alguien de su edad para compartir las cosas.

-Ya. La verdad que no he estado muy pendiente últimamente, no.

-¿Me prometes que le vas a echar un ojo?

-No, Elías, necesito el café. -No me seas tan blandengue,

cuando tengas una crisis no hace falta que te des tanta caña.

Así dentro de un par de horas te apetece un café y vas a La Parra

que ahí hay una camarera preciosa para compartirlo.

No me refiero a mi prometida, ¿eh?

Y con lo de tu padre, pues haz que esos...

esos errores sean tus lecciones.

Ya tendrás tú tiempo de cagarla.

Pues mira,

yo sí voy a tomar uno.

A tu salud.

Venga, compañero.

(Móvil)

Antonio, por favor, no llames que me da palo, en serio.

Antonio, por favor, por favor, no.

-Hola, ¿qué tal?

¿A que no sabes quién está en la consulta?

Paty.

No, ha venido por un catarro, no te preocupes.

Te paso con ella, ¿vale?

-¿Cómo está la "più bella ragazza di todo Verona"?

Ah, ¿estás en el súper? Vaya, qué sorpresa.

Tú haciendo cosas de chef, no me lo esperaba.

¿Vas a hacer la receta de María?

Cuando se lo cuente le va a hacer mucha ilusión.

No, era el queso pecorino el que utilizamos nosotras, sí.

Ya, tía, yo también te echo mucho de menos.

(ASIENTE)

No, no, estoy bien.

Sí, estoy bien, es solo que...

que, bueno, que tengo la voz un poco tomada por el resfriado

que te ha dicho tu padre, sí.

Ya sé que tengo que llamarte más a menudo.

Y lo haré. Te lo prometo, ¿vale?

Sí, sí, no te preocupes, ya hablaremos.

Un beso, guapa.

Chao.

Ojalá estuviera aquí.

-¿Lo has visto? No es tan difícil.

El calor de los amigos depende de la confianza.

Por cada zancadilla, la mano de un amigo.

Y tú tienes muchos.

Te lo han dicho, pero ahora me toca a mí.

Eres muy fuerte, Paty. Vas a salir de esta.

No te preocupes.

-Ojalá tengas razón.

Bueno, me voy.

Muchísimas gracias, Antonio, por todo.

-Cuídate.

Cuídate.

Ay. Hola.

¿Qué tal, Paty? Bueno, hola y adiós. Bien.

La he visto tristona. ¿Ha pasado algo?

Ha estado hablando con Olga.

Ah, entonces se ha emocionado, ¿no?

Pero ¿está mejor? Mejor, sí.

¿Estás listo? Porque he reservado temprano en el restaurante catalán.

"Pan tumaca", qué rico.

(RÍE) Vámonos.

(Teléfono)

¿Sí?

Hola, ¿qué tal?

No, no, Elías no está. Soy Toni Ríos,

lo estoy sustituyendo, se ha tenido que ir.

Si quieres me lo mandas a mí.

Sí, ¿tiene mi "mail"?

OK, pues espero aquí.

Venga, gracias, chao.

¿Qué haces aquí?

-Podías haberme respondido a algún mensaje o llamada.

-He tenido mucho lío.

Y como podrás comprobar tengo mucho trabajo,

así que si no te importa...

-No quiero discutir.

Se acabaron los reproches.

No quiero que nos hagamos daño.

Hoy me has dejado claro lo que sientes

y creo que no voy a poder hacer nada para cambiar esa impresión.

Sobre todo si no me das la oportunidad.

-¿No habían acabado los reproches?

-Tienes razón, lo siento.

No voy a seguir siendo un problema para ti.

Solo te pido un favor.

Un último favor.

Quiero que tengamos una despedida en condiciones esta noche.

-¿Qué?

-He reservado la habitación de siempre, para nosotros.

-¿En serio? Mira, Verónica, tengo mucho trabajo, ¿vale?

-Me da igual. Si hace falta voy a estar esperándote toda la noche.

Llevo todo el día haciéndolo. -¿Y Mateo?

-Está fuera de Madrid hasta mañana.

Es esta noche o nunca.

Te lo prometo, Toni.

Después de esta noche ya no habrá ninguna más.

-Los bocatas. -Gracias, María.

Oye, pero...

pero ¿aquí cuántos bocatas hay?

Te has pasado tres pueblos, es mucho más de lo que hablamos.

-Es que me sobraba bastante pan y te he hecho otros con chocolate

para que no sean todos de embutido.

-Con chocolate.

-Chocolate para endulzarle un poco la vida a esas criaturas

que bastante amargada la tienen.

-¿Cómo se supone que te doy yo las gracias?

-Diciéndome luego si les ha gustado.

-Te van a hacer la ola, te lo aseguro.

(RÍE) -De verdad te lo digo.

-María, ¿has cerrado ya cocina?

-Estamos a punto de cerrar. ¿Cómo vienes tan tarde?

-Por el metro. ¿No te queda algún bocata, una tapa fría o algo?

-No, cariño, si es que acabo de entregar todo el pan que tenía.

-Ah, bueno. -Eh, Lourdes...

yo tengo bocatas de sobra, que no te dé reparo.

-Pero estos son para la gente necesitada del centro.

-No, no, de verdad.

Sí, pero María ha hecho muchos más de los que necesitamos.

Aquí fácil sobran seis o siete, así que, que no te dé apuro.

-Bueno, si te sobran, cojo uno. -Sí, sí.

-Te lo pago, María. -Sí, hombre, me vas a pagar. Nada.

-Oye, Lourdes, ¿tú tendrías un momento para hablar conmigo?

Me gustaría que charláramos. ¿Te puedo invitar a tomar un té?

¿Podemos tomar un té o algo?

-¿Un zumo para llevar para el bocata?

-Venga, sentaros y ahora te lo llevo.

-Gracias. -Gracias.

-Siéntate.

He estado hablando con Paula. (ASIENTE)

-Y me ha contado un poco tu caso, tu situación.

-Ya, ya me ha dicho,

pero vamos, yo creo que no tenía que preocuparse.

-¿Te ha contado cómo funciona?

-¿Lo de las mujeres, la terapia y todo eso?

Sí, me ha contado, pero no va conmigo.

-Ya. Aunque no te lo creas

es más natural de lo que parece. -Ya.

-Y esas mujeres que hacen parte del grupo

eh... también eran mujeres solitarias, guerreras, como tú

que llevaban el peso de la muerte de unos hijos por culpa de la droga

y de verdad que no te podrías imaginar

la cantidad de actividades que comparten

y creo... creo que estarían encantadas de darte la bienvenida.

-Te lo agradezco mucho, pero es que no encaja conmigo.

-Eso no lo sabes hasta que no lo pruebes.

Déjame que te invite un jueves por la tarde que es cuando se reúnen

a que te vengas

y veas a ver qué pasa, sin expectativas.

No hace falta ni que hables.

Con que escuches estoy convencido de que te vas a dar cuenta

de las cosas que tenéis en común.

Y creo humildemente, Lourdes, que esto te puede ayudar

a llevar mejor cierto dolor,

cierta soledad, culpa.

-Mira, eh... yo te lo agradezco muchísimo

y siento mucho la pena de esas mujeres,

pero te digo que no encaja conmigo.

¿Sabes por qué? Porque no me gusta ir aireando mis miserias por ahí

ni compartir mis penas con nadie y sobre todo, sobre todo,

porque no tengo que curar ninguna culpa,

porque la culpa de la muerte de mi hijo no la tuve yo.

¿Sabes? Sé perfectamente de quién es la culpa.

Así que te lo agradezco mucho, pero me voy a ir.

-Te he puesto una bolsica, Lourdes.

-Muchas gracias. Y a ti también.

(Móvil)

Dime, Mateo.

"Hola, cariño, ¿cómo estás?

Siento no haber dado noticias,

pero ya sabes lo pesada que es la condesa."

¿Cómo ha ido la cirugía?

"Estupenda, pero sobre todo en cuanto la hemos sedado. (RÍE)"

¿Y ahora dónde estás? "En la habitación del hotel

y me estoy arrepintiendo, tenía que haber cogido el tren.

Pero bueno, te habría fastidiado la noche."

¿Por qué lo dices?

"Pues porque estarás ahí concentrada,

bueno, encerrada entre libros, apuntes.

¿Cómo lo llevas? ¿Agobiada?"

Bueno, peor de lo que pensaba.

"Nada, pues tranquila que ya te dejo.

No quiero que te desconcentres. Simplemente llamaba para decirte

que pienso en ti y que te quiero."

Buenas noches, Mateo.

(SUSPIRA)

-Aquí tenéis, chicas.

-Felipe.

Sara.

Vaya, está esto bastante animado hoy, ¿no?

Casi se podría decir que de bote en bote. (RÍE)

-No son los número de concierto, pero se acercan.

Yo diría que esas ideas tuyas de márquetin

están funcionando bastante bien.

No sé si tendrías que empezar a pensar ya en la próxima idea

o en el próximo vídeo para seguir animando el local. (RÍE)

-Madre mía, Fernando, qué presión. -No, no te sientas presionada.

Sabes que estoy muy contento con tu trabajo

y que lo estás haciendo muy bien, así que puedes estar tranquila.

-Caray.

Te veo en buena compañía.

-Sara, quédate a cargo de todo un momento, ¿vale?

Tengo que atender un asunto personal.

¿Puedes acompañarme, por favor?

¿Qué pasa? ¿Todavía no te has dado cuenta que no quiero

ni indeseables ni impresentables en mi casa?

-Vamos, Fernando, que vengo en son de paz.

Se están diciendo cosas feas de tu local y me preocupo por ti.

¿Sabes algo de los responsables de las pintadas?

-En primer lugar, no te preocupes por mí, y en segundo,

si tanto te gustan los cotilleos

será mejor que te vayas a una peluquería.

-Ya. Que no tienes ni idea, ¿no?

Y por eso has montado este guateque

porque no quieres que eso afecte al Moonlight y por eso

tampoco has llamado a la policía.

-Cada uno lleva su negocio como mejor le parece

y yo tengo mis maneras.

Nunca me ha gustado aceptar la ayuda de nadie ni de la policía

ni de ningún impresentable como tú así que será mejor que te largues.

-¿Y mis recursos? ¿Tampoco los necesitas?

Porque está claro que no tienes ni idea de por dónde buscar

a los que se han reído en tu cara. -A ver si te enteras,

no quise asociarme contigo en el pasado,

tampoco me voy a aliar ahora.

Lo único que quiero es que me dejes en paz

y que te largues de aquí.

-Hace 20 años no te habrían hecho esa pintada.

-Escúchame bien, hace 20 años

alguien me llega a soltar una insolencia

como la que me acabas de soltar y le habría machacado la cabeza.

Lo sabes perfectamente,

así que será mejor que le des gracias a Dios

porque las cosas han cambiado.

-Y más que van a cambiar, amigo.

Estamos condenados a entendernos.

-Lárgate.

-Eres idiota, Verónica.

(SUSPIRA)

(Puerta)

Perdón por las horas.

-Pasa.

Estaba nerviosa.

-¿Pensabas que no vendría?

-Después de lo que dijiste en el centro cívico

y de no coger ni una llamada...

-Es que no me apetecía cogerte el teléfono.

Vienes a comisaría a hablarme de una despedida.

-¿No es lo que querías? -Es lo contrario a lo que quería.

Lo único que estás haciendo es confirmar lo que creía,

que para ti soy un juguete, pasajero.

Unas vacaciones que puedes acabar cuando te dé la gana,

cuando se están haciendo demasiado largas o difíciles

y yo no soy eso, ¿sabes? -Espera.

Vale, lo de la despedida ha sido ofensivo.

(SUSPIRA) Pero ha hecho que vinieras hasta aquí.

Te voy a pedir un favor.

Mírame.

Dime qué ves.

Yo te lo voy a decir.

Ves a una mujer nerviosa, llorosa

que lleva todo el día pendiente de ti.

Una mujer que miente a su hija

y traiciona a su marido

y lo arriesga todo por ti, para estar contigo.

(LLORA)

¿Tú crees que estoy preparada

para despedirme de ti?

-No sé lo que quieres, Vero.

-Yo te quiero a ti.

Estoy enamorada de ti.

Deja esto.

¿Tú crees que esto se puede fingir?

¿Tú crees que late así por mi marido

o por cualquier persona que no seas tú?

-Yo es que ya no sé

si estamos enamorados o nos estamos volviendo locos.

-¿Qué diferencia hay?

-Pero ¿esto qué es, Espe? ¿Qué has estado haciendo?

-Informándome sobre el negocio de Goyo,

sobre el negocio de tu novio, las casas de apuestas.

¿Sabes a lo que te vas a dedicar los próximos años?

¿A qué se debe el "boom" de las casas de apuestas?

A que explotan los instintos más bajos de personas vulnerables.

-Gracias, comisario.

Buenos días. Adiós.

Las 07:00. -¿Las 07:00?

-Sí. -Tengo que irme.

-Vero,

¿no me dijiste que Mateo no venía a dormir a tu casa?

-No es por Mateo, es por Paula.

-¿Acabas de entrar?

-Sí, he ido a comprar unos bollos, pero estaba cerrado.

-No me mientas, mamá.

-¿Cómo?

-Vas vestida igual que ayer,

te tiembla la ceja como si estuvieras nerviosa,

no sé, ¿dónde has pasado la noche?

-¿Problemas en casa?

La he llamado cuando he llegado, pero no tenía tiempo.

Últimamente solo tiene tiempo para los estudios,

para todo menos para mí.

¿Se ha cogido la baja otra vez? -No.

Es que le han dado la mañana libre porque se ha metido en un curso

y para que estuviera tranquila. -¿Un curso de qué?

-Gestión de situaciones de crisis, imagínate, eso es una locura.

-Pues qué valiente es Paty, es admirable.

-Todos, tarde o temprano, tenemos una desgracia en nuestra vida

y lo único que quieres es que los demás respeten

tu manera de llevarlo, ¿me entiendes?

-Yo le conozco.

-Me ha dicho que se llama Jaime Ibáñez.

-¿Jaime Ibáñez? (ASIENTE)

-Claro que lo conozco.

El profesor Trapecio.

-¿Trapecio? -Sí, hombre, que sí, el canguro ese

que metía en el saco los problemas sin resolver.

-Venga por aquí.

-Vaya, ¿así que este señor era un conocido de la tele?

-Sí, me gustaba mucho.

-Ese maldito personaje

me arrancó de cuajo todo lo bueno que yo tenía

y el éxito del profesor Trapecio fue directamente proporcional

a mi fracaso como persona.

El éxito te da una idea deformada de ti mismo

y si no tienes los pies en el suelo te puede deformar por completo.

¿Y a ti te ha afectado de alguna manera?

No, no es que me afectara,

es que me transformó en un completo imbécil.

La gente más cercana fue la que lo pagó.

Voy a echar mucho de menos a mis compañeros,

más de lo que pensaba.

En muy poco tiempo me he dado cuenta de que son un gran equipo.

-Dicen en el barrio que ha engañado a todo el mundo,

a los clientes, a otros empresarios,

dicen que incluso a la policía.

No sé, lo mismo también te engañó a ti.

-Lourdes, si tienes un problema con él

yo te aconsejo que lo hables con Fernando.

-Aguanta esto, por favor.

Ay. -Qué bonita es.

-¿Ahora sí me puedes besar?

-Sí.

-Ey, comisario.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 666

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Servir y proteger - Capítulo 666

26 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 666" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 666"
Programas completos (704)
Clips

Los últimos 2.189 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios