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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 648 - ver ahora
Transcripción completa

No quiero morir, Toni. Y tampoco quiero que tú mueras.

No podría con esa culpa. -¿Qué culpa?

-Tú no tendrías que estar aquí.

-Nos queda mucho por vivir, ¿vale?

-Estoy bien. No necesito ningún psiquiatra.

-¡Hola! Perdón, no sabía que estabas ocupada.

-Hola, Toni, pasa.

Sí, yo ya me iba.

Pero antes quiero pedirte un favor,

que convenzas a Verónica para ver a un especialista.

Es lo lógico después del episodio que sufristeis.

Es recomendable, sí.

-¡Madre mía!

¿Quién es el responsable de eso?

-Fernando Quintero. (PERPLEJO) -¿Qué?

-No, él no me ha puesto la mano encima, pero es lo mismo.

-Pero ¿qué te ha pasado?

-Nada. Nada...

Debiste convencer a Quintero para que me dejara entrar.

-Si Verónica ha decidido que está bien,

lo tienes crudo para hacerla cambiar de opinión.

Ya...

¿Y si hablas tú con ella?

Deberías conocer a alguien.

¿Cuánto hace que no tienes una cita?

-No quiero hablar de este tema, y menos contigo.

-¿Por qué?

-Yo ya estoy enamorado de una mujer.

-No sigas por ahí, Andrés.

-Esta noche iré al piso de Paolo a recoger mis cosas,

pero no tengo fuerzas para hacerlo sola.

¿Te importaría acompañarme?

Me pareció ver a Filippo Tassano en el taller de Álvaro.

Y, si Álvaro y Elvira

tienen algún tipo de relación con la mafia,

es posible que supieran que Paolo trabajaba para ellos.

¿Adónde quieres llegar?

No descartaría que Elvira Soler

contactase con Paolo para pedir un sicario.

¿Ha pasado algo?

-Es que ya sé por qué me dejó Toni. Más bien, por quién.

-Ah. ¿Tiene una pareja?

-No, pero está claro que sigue pillado por Paty.

-Pero ¿Paty no tenía novio?

-Sí, lo tenía.

Paty estaba con un italiano, pero ha desaparecido.

Y se ha llevado un palo

al saber que estaba metido en asuntos turbios.

-¿Y cómo sabes que sigue enamorado de Paty?

-Porque la está ayudando a sacar las cosas del piso del italiano

y la está apoyando todo lo que puede.

-Gracias por estar siempre.

(TONI BALBUCEA)

-Si quieres salir de la mierda en la que estás metida

debes denunciar a ese tío.

Y, si lo haces, yo estoy dispuesto a ayudarte.

-A ver, Quintero,

esto me lo he hecho yo sola; punto número uno.

Y dos: no necesito a otro chulo que dé la cara por mí.

-Deberías estar contenta, mamá.

Me he convertido en un asesino sin escrúpulos...

Y Silvia ha estado a punto de morir por tus ansias de venganza.

-Ya te he dicho que yo no quería que pasara todo esto.

Es más, me alegra que haya salido del coma.

-¡Eres una mentirosa, mamá!

(Música emocionante)

Gracias.

(Llaman a la puerta)

Buenos días.

¿Cómo estás?

Bien. Me acaban de sacar sangre y faltan unas pruebas.

Si todo va bien, me dan el alta hoy.

Te las tendrás que llevar a casa.

Gracias. Me encantan.

Si quieres, déjalas ahí.

No tienes buena cara.

Tengo resaca. Ayer me lie bebiendo por la noche.

¿Por qué me miras así?

¿Qué pasa? ¿No puedo salir?

Quiero hacerte una pregunta. Es profesional.

¿Sobre qué?

Paolo Montechi.

No dices nada.

No hay mucho que decir. Es un cliente del taller.

Me pidió que le pusiera la moto a punto. ¿Por?

Porque hay evidencias de que es él

quien contrató al sicario para atentar contra Miralles.

Vamos, el responsable de que yo esté aquí.

¿Paolo?

¡Eso es imposible, Silvia! Él es bróker y economista.

También lleva las cuentas de la mafia calabresa en España.

Es del mismo grupo que Filippo Tassano.

¡Joder! ¿Otra vez con este tema?

¿Piensas que colaboro con la mafia calabresa?

En vez de ofenderte, solo contesta a la pregunta.

¿Qué pregunta? No has parado de hacerlas desde que he entrado.

Si quieres interrogarme, vamos a comisaría.

Simplemente contesta si...

si sabías que Paolo Montechi pertenece a la mafia calabresa.

No, Silvia, no lo sabía. Solo era su mecánico, ¿vale?

¿Por qué has dicho "era"?

Porque le arreglé la moto, me pagó y punto.

¿Sabes dónde está? No, no lo sé.

Mis clientes no me dicen dónde van.

Si tanto te interesa, búscalo. Para eso eres policía.

Al parecer, ha desaparecido. Ha huido, ha vuelto a Italia.

¡Pues tendréis que ir a Italia a buscarlo!

Estoy harto de tu desconfianza.

Me has dado motivos para desconfiar.

Es alucinante, tío.

¿Cómo puedes pensar que estoy en tratos con la mafia?

Igual no es cosa tuya. Igual es cosa de tu madre.

¡Ah, claro! Ya tenía que salir mi madre en la conversación.

¡Sabes que odia a Miralles desde que ocurrió lo de Ricky!

Ha jurado vengarse de ella delante de mucha gente. Es público.

El dolor que siente mi madre por haber perdido a dos hijos

es insoportable.

Sé que ha dicho muchas barbaridades y en público.

Pero eso no la convierte en una asesina.

No lo sé. Lo estamos investigando.

Y a mí también me estáis investigando.

¿De verdad piensas que soy un monstruo?

El hombre del que me enamoré no lo era.

Eso lo sé.

Y ahora sí, ¿no?

Ahora pareces otra persona.

Lo he pasado fatal, Silvia,

pensando que no ibas a salir de esta.

Y cuando despertaste fui el tío más feliz del mundo.

Sé que lo que te pasó fue horrible,

pero estos días que pasamos juntos

fueron mágicos, como cuando estábamos juntos.

Pero, como siempre, lo estropeas todo con tus insinuaciones.

(Puerta)

-Hola, Álvaro.

-Adiós, Berta.

-¡Bueno!

¿Qué ha pasado, hija?

¿Habéis discutido? Nada.

Pues se ha ido enfadado, qué quieres que te diga.

Con lo majo que es y con lo volcado que está en ti...

No tienes ni idea, mamá.

Al final, ¿qué? ¿Te dan el alta?

Faltan un par de pruebas y me darán el alta.

Qué ganas tengo de que duermas en tu cama esta noche.

-¿Qué tal con María?

Desde que volvisteis de París, os veo supercompenetrados.

-Y tan compenetrados,

todas las noches nos dormimos a la vez viendo la misma serie...

Lo único que ha roto la monotonía fue ayer,

que acompañamos a Paty a recoger cosas a casa del italiano.

-Pobre Paty. Necesita apoyo moral y logístico en estos momentos.

La he visto bastante hecha polvo.

-Por eso no quisimos dejarla sola.

-¿Y hoy vais a ayudarla? Yo puedo colaborar.

-Hoy volvemos a la rutina:

cenar delante de la tele hasta quedarnos casi fritos.

No llegamos ni a los títulos de crédito. Es un poco patético.

-Bueno, patético tampoco.

Pero es cierto que no es bueno caer en la monotonía.

-Estoy de acuerdo. Y debo reconocer

que María y yo estamos un poco apalancados.

Desde que volví de Francia lo único que ha roto la monotonía

ha sido detener al tonto este del cocinero.

-Que no es poca cosa, ¿eh?

Pero no creo que María piense igual.

Creo que piensa que vuestra relación está llena de alicientes.

-Por eso se agarró al caso ese como a un clavo ardiendo.

-¿Y tú has hablado con ella?

-¿Y qué puedo decirle?

-Entonces no hables con ella, pero sorpréndela,

con una sorpresa así bien currada.

-No creas que no lo he pensado y lo sigo pensando.

Y no solo por eso, sino por tener un detalle

por haberlo pasado tan mal.

-Sí. Se lo merece porque ha estado ahí siempre contigo.

Pero tiene que ser algo que esté muy a la altura

y ahí te tienes que romper un poquito el coco.

-¿Y si la llevo a un restaurante de lujo?

-Hombre, te estoy diciendo que te rompas el coco, ¿no?

-Más restaurantes no.

-Hola, chicos. -¿Qué tal, compañera?

-Bien. A ver...

Aquí está la carpeta.

-Déjame pensar: María se lo pasó muy bien

con lo del caso de los animales, ¿no?

-Sí, la verdad es que le excitó muchísimo.

-Ya sé: deberías hablar con Miralles

y que te la asigne como nuevo binomio.

-Qué graciosita estás. Vamos, es que me troncho contigo.

-¡Déjame ser feliz!

Es que no se me ocurre nada ahora mismo.

Lara, ¿se te ocurre un plan que esté muy guay

para sorprender a alguien? Algo muy chulo.

-La Mazmorra del Maligno.

-¿Perdona?

-¿Eso qué es, como un "pub" superchulo?

-No, mucho mejor.

Me llevaron el fin de semana pasado y aluciné.

Es algo original, divertido...

Una pasada.

Mira.

Mira, es una "escape room".

Abrieron hace un mes en la calle Torrijos.

Es la caña. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

-¿Sabes lo que son las "escape room"?

-Pues claro que sé lo que es,

es un juego: entras en un cuarto y tienes que conseguir salir

resolviendo enigmas, con trampas...

-Sí, justo.

Y aquí las pruebas están muy bien paridas, no son tópicas.

A mis colegas y a mí nos costó muchísimo resolverlas.

-¿Y por qué se llama así?

-Por la ambientación y la historia.

La habitación donde te encierran es la mazmorra

en la que Eric el Carnicero torturó a sus víctimas.

-Eso suena acogedor, ¿eh?

-La cosa es salir de la habitación antes de que te descuartice.

-Eso es un planazo, ¿eh?

Si María se lo pasó pipa con lo del Santana,

con Eric el Carnicero ni te cuento.

Lo veo, ¿eh?

-Lourdes, no te he preguntado hasta ahora,

¿qué tal vas en la casa esta en la que estás limpiando?

-Yo estoy encantada. Y creo que ellos también.

La señora es un amor. A él le conozco menos.

-¿Y a qué se dedican?

-Ella es abogada y él es cirujano plástico,

el Dr. Bremón. -¿Bremón?

¡Vaya! ¡Qué casualidad! Será el hermano del comisario.

Me parece que me dijo que tenía un hermano cirujano o médico.

-Yo al comisario no le conozco. ¿Usted sí?

-Sí, es el comisario de la comisaría que tenemos en el barrio.

Lo más normal y lógico es que lo conozca.

¡Claudia, qué sorpresa! ¿Qué tal, Fernando?

¿Tienes un momento? Claro. Dime.

Es algo delicado.

Bien, si quieres vamos a sentarnos y hablamos más tranquilamente.

Perfecto, gracias.

Pues donde quieras. Aquí mismo, gracias.

Oye, ya me he enterado de que ha habido...

un tiroteo en el barrio. Según he leído en prensa,

parece que la inspectora Orestes está gravemente herida. ¿Está bien?

Sí, está fuera de peligro.

Y vengo en relación con ese tiroteo.

Según tengo entendido, habéis detenido

al que realizó los disparos.

Sí, pero la investigación es algo más compleja

de lo que ha salido publicado.

Te quería preguntar si conoces a este hombre.

Sí, claro, lo he visto varias veces por el barrio,

sobre todo, en La Parra.

Si no me equivoco,

es el novio italiano que se ha echado ahora Paty.

Sí, efectivamente. ¿Sabes si ha venido por aquí?

¿Le has visto acompañado? No, no.

Ni lo he visto ni tengo noticias de que haya estado por aquí.

Pero ¿qué tiene que ver el novio de Paty con ese tiroteo?

El sicario fue contratado por Paolo para matarme a mí.

¿Qué? ¿Para matarte a ti?

Sí. La intervención de Silvia me salvó la vida.

Desafortunadamente, Paolo ha huido y le estamos buscando.

¿Por qué querría hacer algo así?

Eso trato de averiguar.

Estoy buscando la máxima información posible.

Entre otras cosas, con la gente con la que se relacionaba.

Pues no tengo ni idea ni sé cómo te puedo ayudar...

Pero...

Espera un momento, Claudia.

Es que no me cuadra nada esto.

¿Ese tío no era un bróker de esos de los que trabaja en bolsa

o un inversor o algo así?

Ya. Verás, lo que te voy a contar es confidencial.

Te pido que no trascienda.

¡Por Dios, sabes que puedes confiar en mí!

Paolo, efectivamente, es bróker.

Pero, además, trabaja a sueldo de la mafia calabresa.

¿Cómo? ¿De la 'Ndrangheta?

No me lo puedo creer.

¿La mafia italiana está extendiendo sus tentáculos por Distrito Sur?

¿Tú no lo sabías? No. No tenía ni idea.

Pensé que a través de tus contactos quizá te hubiera llegado.

Claudia, sabes que yo le prometí a mis hijos

que no volvería a meterme en estos líos

y, por ahora, sigo cumpliendo mi promesa.

Por cierto, ¿sabes cómo están los chicos?

Porque, si...

Si no entendí mal...

creo que ellos conocían a ese tal Paolo

y de hecho ellos se lo presentaron a Paty.

Sí, fue así.

Pero tranquilo, he hablado con ellos y están bien.

¿Seguro? Podrían estar en peligro.

No te preocupes, déjalo en mis manos.

Lo que sí te voy a pedir, por favor,

es que levantes tus antenas

y si oyes hablar de Paolo

o de alguien relacionado con él, me avises.

Claudia, me gustaría ayudarte con esto,

pero, sinceramente, no puedo.

Ni en mis peores momentos siendo narcotraficante

quise nunca tener nada que ver...

con la 'Ndrangheta. Son muy peligrosos.

Es uno de los cárteles de droga más peligrosos que hay en el mundo,

así que, cuanto menos husmee por ahí, mejor para todos.

Está bien. No insistiré. Gracias.

Espera un momento, Claudia.

¿De verdad no tienes idea de por qué quieren hacerte daño

o han intentado matarte?

Bueno, todo es muy confuso y no puedo contarte más.

Ya, comprendo.

Que pases un buen día, Fernando. Igualmente.

-¡Toni! -¡Ey!

¿Qué tal estás? -Bien.

¿Sabes si Claudia está en su despacho?

-Ha salido hace un rato. ¿Por?

-Porque me pidió una lista de personas relacionadas con Paolo.

-Igual estaría bien que hablara con Julio.

Él fue el que te lo presentó. -Sí, fue él.

Aunque tampoco es que se conocieran mucho.

Julio no llevaba mucho tiempo en Italia.

-Pero ahora cualquier información es importante.

-Eso, que lo he pensado y ya tengo la lista.

-Guay. Yo me tengo que ir ahora.

Que Lara te avise cuando vuelva Claudia.

-Vale.

-No sabes las ganas que tengo de acabar con todo esto.

Me siento tan culpable y tan tonta...

-No digas tonterías, anda. Por cierto,

lo más importante es que Silvia está mejor. Le dan el alta.

-¿En serio? -Sí, ha llamado a Espe.

-¡Qué bien, menos mal! Qué guay.

-Bueno. Qué majos ayer Elías y María

ayudándote con la mudanza.

-Sí, sí...

Más oportunos, imposible.

Oye, Toni...

que lo siento mucho por lo que pasó ayer.

Es que lo pienso y me da una vergüenza... Soy tonta, tío.

-Que no pasa nada.

Estabas agobiada y te salió así...

-Total, total.

Eso, que me arrepiento un montón, que es que tenías toda la razón.

Fue un arrebato.

-Vale, ya está.

-¿Me perdonas?

-¿Qué dices? No tengo nada que perdonarte.

Dame un abrazo, anda.

-Jo, gracias.

Bueno, me meto dentro a seguir. -Va, nos vemos.

-Que pases buen día. -Chao.

-Hola, Toni. -Eh, ¿qué tal?

¿Vienes a comisaría?

-Sí, precisamente. Iba para pedirte ayuda de nuevo.

-¿Por qué?

-Mabel, una trabajadora paraguaya del taller clandestino.

-¿Le ha pasado algo?

-Tiene miedo de que la deporten a Paraguay.

En su barrio hay una mara que le exigía un pago

y tiene miedo de que esa mara se cebe con ella.

He pensado que podríamos ayudarla. -¡Claro! ¿Y qué hacemos?

-Quiero pedir el estatus de refugiada.

O al menos intentarlo.

-¿Y qué puedo hacer yo?

-Estaría bien incluir un informe sobre las condiciones penosas

en las que se veía obligada a trabajar.

-Vale, pues te redacto yo un informe

con todo lo que encontramos. ¿Para cuándo lo quieres?

-Durante el día de hoy.

-Vale... Pero más tarde, porque tengo que ir al juzgado.

Tengo que estar unas horas.

-Ningún problema. Si quieres, te ayudo.

-Vale, guay. ¿Cuándo te viene bien?

-¿Qué te parece a las 21:00 en el centro cívico?

-Perfecto.

-¿Bien? Vale.

-Chao. -Chao.

-¡Emma! ¡Emma!

¡Espera un momento, por favor! (SECA) -¿Qué quieres?

-Hablar contigo. -Pensé que había quedado todo claro.

-Ayer te fuiste de una forma un poco brusca.

-Bueno, porque no tenía tiempo para escuchar tus tonterías.

-¿Por qué esa prisa? ¿Te está esperando tu jefe?

-No, un cliente. Ya sabes a lo que me dedico.

-Tienes miedo, ¿es eso?

-¿Miedo? ¿De qué?

-Sí, miedo.

Miedo a Rojo.

Y es normal, seguramente te tendrá amenazada.

-Déjame en paz, Quintero.

-Estás cometiendo un grave error.

-Sí, perdiendo el tiempo aquí contigo.

-Emma, lo único que quiero es ayudarte. Déjame.

Conozco gente que te puede ayudar.

-¿Se puede saber por qué te metes donde no te llaman?

-Porque no soporto a ese tipo de tíos:

esclavizan, pegan palizas,

extorsionan, se aprovechan de las mujeres

y viven a su costa. A esa gente hay que denunciarla.

-Mira, a mí nadie me pega y nadie me esclaviza.

Y Rojo tampoco. No quiero seguir hablando.

-Pero lo hará, y lo sabes.

Y puedes terminar... vete a saber cómo.

La única solución es denunciarlo.

-Cuando quiera dejaré de trabajar para él.

-Eso no te lo crees ni tú.

¿A cuántas mujeres tiene esclavizadas ese hombre?

-Madre mía...

Como si tú pudieras dar lecciones de algo...

A mí no, Quintero. A mí no.

Métete tus sermoncitos donde te quepan

y olvídame.

Que conste que te agradezco que te preocupes por tus subordinados

y que luches por reconocer sus méritos ante Jefatura.

¿Y cómo se lo ha tomado ella?

Te puedes imaginar, muy contenta.

Paty, por favor, siéntate. Gracias por venir.

Hola, Claudia. Comisario.

Te traigo la lista que me pediste.

Le he estado dando vueltas, pero no se me ocurre nadie más.

¿Puedo irme ya? No. Espera un momento.

En esta lista has escrito "Álvaro y Elvira Soler".

(ASIENTE)

¿Qué relación tenían Álvaro y Elvira con Paolo?

Pues Álvaro era el mecánico de Paolo.

Le ha estado ayudando para poner su moto a punto.

El otro día se la trajo

y estuvieron hablando de temas de mecánica.

Ya. ¿Y Elvira?

Eso fue un poco más raro.

Vino porque quería consejo para invertir dinero en bolsa.

¿Elvira Soler quería invertir en bolsa?

Sí. Debió de escuchar que a María le fue muy bien

con unas recomendaciones que le hizo Paolo

y supongo que querría lo mismo.

¿Y Paolo aceptó? No.

No, la rechazó amablemente.

¿Estabas presente cuando todo esto sucedió?

Justo cuando hablaron del tema, no.

Yo llegué cuando ella se iba, nos cruzamos en la puerta.

¿Cuántas veces fue Elvira Soler al apartamento?

Que yo sepa, solo esa vez.

Bien. Pues ya te puedes ir.

Bueno, si necesitáis algo, sabéis dónde estoy.

Muchas gracias. Has sido de gran ayuda.

Hasta luego. Hasta luego.

Ya has oído. Los dos Soler conocían a Paolo.

No hace más que confirmar mis sospechas.

Puede que tengas razón y fueran los que encargaron tu muerte.

Esa mujer me odia con toda el alma.

No va a parar hasta que no acabe conmigo.

Que conste que te ofrecí protección.

¿Qué podemos hacer ahora?

(INCRÉDULA) La Mazmorra del Maligno.

-Me han dicho que es divertido.

-Muy divertido... El nombre da "yuyu".

-Es un juego, tranquila. Además, hay más participantes.

-Ah, ¿va más gente de la comisaría?

-No, particulares. Pillas la entrada y te ponen con quien te toca.

-Pues no sé si me hace mucha gracia.

-Pues no sé,

lo hacemos juntos, en pareja.

-Ah, bueno, mucho mejor porque tú te encargas del Maligno.

Ay, Elías, yo qué sé, yo soy más de comedias...

Todo eso de la sangre y los gritos a mí no...

-Pero es muy divertido. Es un subidón de adrenalina.

-La falta que tendré yo de que me suba la adrenalina.

Me sube aquí a diario en hora punta.

-Aquí se trata de que Eric el Carnicero no nos descuartice.

-Pues, mira, a cada paso lo vas mejorando.

-Es que tengo la sensación de que nos estamos apalancando.

-¿Apalancando? Pues serás tú, ¿eh?

Dile a Bremón que te ponga en misiones imposibles.

-No se trata de eso. Yo quiero que salgamos, nos divirtamos.

Hacer algo diferente de lo de todas las noches.

Entonces he hablado con Lara, que es muy moderna,

y me ha recomendado la Mazmorra del Maligno.

-"Mu" moderna.

¿Desde cuándo somos tú y yo modernos?

-Cuando te pones en ese plan, yo me rindo.

-A ver, ¿a ti qué te pasa?

¿Ya no te diviertes conmigo en el sofá viendo una serie

los dos junticos, picando algo?

-¿Qué dices? Si sabes que me fascina estar contigo.

Lo que pasa es que tengo miedo de que caigamos en la rutina.

Cuando las parejas se apoltronan, se aburren y se acaba todo,

(RÍE) y más conmigo que soy un plomo.

Además, tenía necesidad de darte una sorpresa

y tener un detalle contigo por todo lo que has pasado.

-Venga, vale. Haz la reserva.

-Gracias, mi amor.

Reservo para hoy mismo.

Me voy, que Nacha me echa a los perros.

-Hale, tira.

-¿Qué le pasa a Elías?

-Esta noche cerramos antes.

Tú te vas a terminar la mudanza y yo a La Mazmorra Maligna.

-A La Mazmorra del Maligno querrás decir.

-¿Conoces el sitio? -Claro, es un "escape room".

Todos los días está "petao".

-¿Y tú has ido?

-No, yo iba a ir con...

-Bueno, no te preocupes, ya te contaré cómo es,

que a Elías le hace mucha ilusión.

-¿Sí? No sabía yo que iba de ese palo.

-Yo tampoco. Pero dice que nos estamos amuermando.

-¿Ha dicho eso? -Sí.

Dice que eso de estar apoltronados en el sofá

y picando mientras vemos series va a matar nuestra relación.

Yo, entre mazmorra y sofá, me quedo con sofá.

-¿Y por qué vas a ir, entonces?

-Porque ha puesto una cara de ilusión al decirle que sí...

-Pues nada,

a disfrutar al "escape room", ahí a la mazmorra.

-A ver, qué vamos a hacer.

-Sospechan de ti.

Bueno, de nosotros.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque he estado esta mañana con Silvia en el hospital.

-Ah. ¿Y qué te ha dicho?

-La policía sabe que Paolo contrató al sicario.

-¡Maldito chapucero!

Hubiera cantado si lo hubieran pillado.

-Ya, mamá. Lo peor es que están atando cabos

y el cerco se está estrechando cada vez más.

-¿Qué cabos?

-Silvia sospecha hace tiempo que colaboro con la mafia.

-Con sospechas no van a ningún sitio.

-Ya, pero tú prometiste vengarte de Miralles.

Piensan que estamos detrás de la contratación del sicario.

-Te digo que no tienen nada a donde agarrarse.

-Y yo conozco a Silvia.

No parará hasta encontrar algo que nos relacione.

-No pueden encontrar nada.

El cuerpo de Paolo está destrozado en el desguace, ¿no?

¡Entonces tranquilos!

(Móvil)

Sí.

Sí, soy yo.

¿Qué quiere?

(CHULESCA) Ah, no, no. Dígale a la inspectora Miralles

que todo lo que tenía que decirle se lo dije en mi casa.

(SERIA) Ah...

Ya...

¿Y tiene que ser tan tarde?

Muy bien.

Pues ahí estaré.

Adiós.

-¿Qué pasa?

-La inspectora Miralles quiere verme.

-¿Quiere interrogarte?

-No sé, la policía que me ha llamado no me lo ha dicho.

-¿Lo ves? Están estrechando el cerco.

(ASIENTE) -Es posible.

Me ha citado a última hora, a las 21:30.

-¿Crees que es para ponerte nerviosa?

-Por supuesto que sí. Pero pienso ir.

Que me haga las preguntas que quiera,

no va a sacarme una palabra.

-No, es mejor que vayamos juntos.

-No, yo puedo ir sola. -Mamá, por favor.

Quiero ir contigo.

-¿Y tú qué? ¿Le pedirás a Toni que te ayude con la mudanza?

-¿A Toni? No... ¡No!

Creo que mejor que no.

-¿Qué os pasa?

Ayer cuando llegamos Elías y yo al apartamento estabais raros.

-Que le besé.

-¿Tú? Pero ¿y cómo hiciste eso?

-¡Yo qué sé por qué lo hice!

Estábamos ahí los dos y a mí me dio todo el bajón

por lo de Paolo... ¡Yo qué sé!

-¿Y él qué hizo? (RESOPLA)

-¿Pues qué va a hacer? Rechazarme.

-Bueno, es que a lo mejor no era el momento.

Pero, vamos, que Toni y tú hacéis muy buena pareja.

Yo siempre lo he dicho.

No sé, que me gusta mucho ese chico "pa" ti.

(Música intimista)

(Sirena lejana)

(Pasos)

-¡Eh, que viene! -¡Ostras, corre, corre!

(ATURULLADA) -Coge las...

(AMBAS) ¡Sorpresa!

¿Y toda esta locura?

(ESPE) ¡Una fiesta de bienvenida!

Mamá, ¿tú sabías algo?

Sí, cielo, pero era un secreto. -Toma, los gorritos.

¡A ver!

¡Muy bien, muy guapa!

¡Está todo precioso!

Aunque no tengo mucho cuerpo para fiestas.

¡No somos mucha gente, somos nosotras!

(LARA) -Lo que queremos es que te olvides del hospital.

-¡Y celebrar que te han dado la cruz con distintivo rojo!

-Oye, ¿San Francisco?

(PREOCUPADA) ¿Qué lleva el San Francisco?

Sin alcohol.

¡Qué rico! ¡Algo que no sabe a medicina!

(RÍE)

Jo, gracias.

Voy a dejar todo esto y seguimos con la fiesta.

¿Me tengo que poner de tiros largos?

Que no, tonta, que no. Si tú eres divina.

(Llaman a la puerta)

Ya están aquí, inspectora.

Gracias, Paula. ¿Puedes esperar?

Bueno,

lo que tengas que preguntarme, hazlo ya. Es tarde.

Álvaro, solo quiero hablar un poco con tu madre.

Déjanos a solas.

Si es una conversación informal, puedo estar yo.

-Tranquilo, cariño, espérame fuera.

Paula, el Sr. Soler esperará fuera.

Quédate con él. De acuerdo.

(ELVIRA SUSPIRA)

¡Bueno, tú dirás!

¿Conoce a este hombre?

No.

Sin embargo, Ud. estuvo en su casa.

¡Qué absurdo! ¿Cómo voy a estar en casa de alguien que no conozco?

Pues yo se lo presento: Paolo Montechi.

Y usted ha estado en su casa.

(GIME DESPISTADA) Yo no sé dónde vive.

¿No sabe dónde vive,

pero sí sabe quién es, o al contrario?

(CONFUNDIDA) No me marees, ¿eh? No, no...

Tenemos una testigo.

¿Una testigo de qué?

La novia de Paolo, Patricia Fernández, Paty.

Ella asegura que la vio a usted en su apartamento con Paolo

y que, a su modo de ver, se conocían.

Pues, no sé, debió confundirse.

Si dice que me vio unos minutos...

¿Y por qué sabe que fueron unos minutos? No se lo he dicho.

No he dicho que fueran minutos, horas... No he dicho nada.

Estás liándome, ¿no?

Tú estás liándome

para que te diga lo que quieres oír.

¿Qué tratos tenía usted con el Sr. Montechi?

¿Qué, qué...?

Pero ¿qué tratos?

Eso quiero que me explique.

Verá, señora Soler,

esta carrera de mentiras que se ha empeñado en mantener

está a punto de llegar a su fin.

De usted depende alargar la agonía o no.

Escúcheme.

Yo estoy aquí para esclarecer la verdad.

En eso consiste mi trabajo, y lo haré más tarde o más temprano.

Usted elige.

¡Bueno, pues volvamos al principio!

¿De qué conoce usted a Paolo Montechi?

¿Y por qué estuvo usted en su casa?

Que...

yo no conozco a ningún Paolo ni a ninguna Paty.

¡Vamos, por favor, Elvira!

Paty es la camarera de La Parra,

donde yo la he visto en infinidad de ocasiones

hablando con ella.

¡Yo no conozco ningún bar llamado La Parra!

¡Yo no he estado nunca allí!

O, bueno, al menos...

al menos no lo recuerdo. ¡No, no lo recuerdo!

No me mienta y contésteme a las preguntas.

¡No, yo no lo recuerdo! ¡No recuerdo!

¡No recuerdo nada!

(LLORA) ¡No recuerdo!

¡No recuerdo!

¡Mi hijo! ¡Dile a mi hijo que venga!

¡Quiero que venga mi hijo! ¡Mi hijo, mi hijo!

(SE LAMENTA)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Por favor, Paula, que venga el hijo de la Sra. Soler.

(ALARMADO) ¡Mamá! ¿Estás bien?

(ATURDIDA) -¡Álvaro! ¡Álvaro!

¡Álvaro!

-¿Qué ha pasado, inspectora?

Tu madre no se siente bien.

Es que no ha parado de hacerme preguntas

y me ha puesto la cabeza como un bombo.

-Tranquila. ¿Cómo puede tratar así a una persona enferma?

¿No tiene un mínimo de compasión? Le he hecho unas preguntas.

¡Y mire cómo la han dejado! Tranquila, ¿vale?

Como le pase algo a mi madre, le voy a meter una denuncia.

Haz lo que tengas que hacer.

Venga, vámonos. Venga, va. (ELVIRA GIME Y RESPIRA CON FUERZA)

Has interrogado a los Soler, ¿no?

Eso me hubiera gustado a mí.

Pero la señora Soler

me ha hecho un buen numerito de teatro.

Me ha hecho creer que no se encontraba bien,

que no recordaba nada.

Por su alzhéimer.

Ha querido tomarme el pelo.

Está bien claro que, si no quiere recordar,

no recordará.

Pues no va a haber forma de interrogarla.

Eso me temo.

Cielo, deberías esforzarte en comer un poquito más.

No tengo más apetito.

Bueno, ¿quién quiere yogur, quién quiere fruta, quién helado?

-Yo estoy bien. -Yo tampoco.

Vale, lo pruebo un poco.

Muy bien.

(LARA) -Oye, Silvia,

¿cómo se te queda el cuerpo cuando te conceden

la cruz con el distintivo rojo?

Bueno, me dio tal subidón, que pensé que serían las drogas

que me estaban chutando en el hospital.

Normal.

-Silvia, no te vayas a dormir tarde.

Yo me iré al sofá. Te he puesto sábanas limpias.

En la cama cabemos las dos.

Estás convaleciente aún y necesitas espacio.

-Oye, en mi armario tengo un juego de cama para el sofá

y una almohada.

-Genial, te acompaño.

-Helado para la nena,

y helado para mí.

Echaba de menos esto.

Y yo sé quién te ha echado de menos a ti.

Álvaro encargó que llamáramos a tu madre.

Lo sé, se lo pedí yo.

Y esta mañana ha venido a verme y me ha traído flores.

No te va a gustar lo que te voy a decir,

pero Álvaro te quiere.

Y a mí me duele que me quiera.

Porque sientes algo por él. Y no puede ser.

¿Por qué?

Ya lo sabes, Espe. Hay dos Álvaros:

uno que me quiere, que se desvive por mí,

que me trae flores,

y después hay otro Álvaro que encubre a su familia,

a su madre, y que delinque.

Incluso puede que sea un asesino.

¡Silvia!

Es verdad que el primero que ha despertado algo en mí

que creía que estaba desterrado.

Pero al segundo no le puedo amar.

Miralles y yo sospechamos

que quizá Álvaro y Elvira contactaron con Paolo para matarla.

¿Lo dices en serio?

Sabes que los Soler tienen relación con Paolo,

aunque no sabemos la naturaleza de esa relación.

¿Y por qué iban a encargar la muerte de Miralles?

Porque Elvira odia a Miralles desde que ocurrió lo de Ricky.

Ya. Tienes razón.

Y Álvaro no es trigo limpio.

Por ejemplo, investigando los informes de la UDYCO,

resultó que se abría una línea de investigación

en la que se relacionaba a Álvaro con la muerte de Santos Mercader.

Pero no llegasteis a demostrarlo.

La UDYCO cree era un ajuste de cuentas del cártel de Jalisco.

Además, vi a Filippo Tassano en su taller.

Pero no sabes si era él al cien por cien.

Y, aunque lo fuera, desconoces por qué estaba allí.

No sé por qué no me crees.

¡Silvia!

Yo solo digo que se le iluminan los ojos cuando habla de ti.

Es de eso de lo que me tengo que proteger.

No podría soportar descubrir que he estado a punto de morir

por un disparo que ha encargado el hombre al que amo.

¡Hombre, pareja! ¿Qué pasa?

-Nada, que María ha sufrido un desmayo

y quería saber si la podías reconocer,

echarle un vistazo.

-Sí, para eso estoy de guardia.

-No me he desmayado, ha sido un mareíllo.

-Ha sido un señor desmayo, se te han puesto los ojos en blanco.

-Eres más exagerado que la traca.

-¿Me quieres contar por qué te has desmayado?

-Porque he visto una cascada de sangre,

y soy muy aprensiva.

-¿Sangre? ¿Te has herido?

-No, no era sangre de verdad.

-Pero lo parecía, tú mismo lo has dicho.

-¿A ti esto te parece sangre de verdad?

-Perdonadme, no estoy entendiendo nada.

Cuéntame tú qué es lo que ha pasado.

-A ver, pues empezó todo

porque Elías decía que estábamos perdiendo la magia,

que se estaba perdiendo la chispa, y le ha dado por...

-María, tampoco te lo he dicho así.

Y tampoco hay que compartir nuestras intimidades.

-¿No se lo has contado a Lara y a Nacha?

-Al grano, que nos dan las uvas.

-El caso es que, para reavivar nuestra relación,

me ha llevado a La Mazmorra del Maligno.

-¿La Mazmorra del Maligno? ¿Qué es eso?

-Una "escape room",

todos los jóvenes del barrio están pasando por allí.

-Los jóvenes y nosotros.

-Vosotros sois jóvenes, y yo también.

Voy a tomarte la tensión.

-¿Llevarías a Claudia a un sitio así?

-No sé, si merece la pena... -Pues deberías.

-Pues no, no merece la pena. Es una cosa muy intensa.

-A ver, ¿en qué consiste?

-Pues es... Te meten en una mazmorra.

Vamos, una habitación todo oscura...

Bueno, con unas luces parpadeando, muy cansinas, agobiantes,

y te ponen en las manos...

unos grilletes. Te esposan.

-¿Y no te puedes soltar? -No. Muy agobiante.

(BALBUCEA) -A ver, yo te lo resumo.

Te encierran en una habitación y debes superar una serie de pruebas

con la amenaza de que aparezca Eric el Carnicero y te descuartice.

-¿Eric el Carnicero? ¿Quién es?

-El dueño de la mazmorra.

Si no consigues salir,

sale de una reja y te ataca con un cuchillo.

Pero no es un psicópata ni nada, es un actor con máscara.

-Que da un miedo que te mueres, y con un cuchillo jamonero.

-El cuchillo también es de mentira,

pero es verdad que daba muy mal rollo, sí.

-¿Y lo de la cascada de sangre? -Era otra prueba.

Teníamos que abrir un grifo

y empieza a salir sangre a borbotones...

-Y a la que me doy cuenta estaba pringado de sangre.

-Y yo he pensado que se había hecho daño de verdad

y me he venido abajo.

-Casi se cae al suelo, he tenido que sujetarla.

(Pitido indicador)

-Ah, muy bien.

La tensión la tienes bien. A ver las pupilas, anda.

Nada, maravilloso. Estás estupenda.

Pero has hecho bien en venir.

-¿No le mandas ninguna pauta?

-Vida tranquila después del trabajo. -Cómo te lo agradezco.

-Durante cinco días.

-¿Y el sexto?

-Pues hacemos una cenita de parejitas en casa.

Voy a preparar una lasaña que me ha enseñado Olga.

¿Os parece un buen plan?

-A mí me parece estupendo.

-Pues muchas gracias, doctor. -Estamos para eso.

¡Oye, lávate la camisa, que da pena!

(RÍEN)

-Hale. -Adiós, Antonio.

(RÍE POR LO BAJO)

(MIGUEL RESOPLA CANSADO)

-Pues por mí ya estaría. Me voy a casa.

¿Te quedas?

-Sí.

Espero a Toni Ríos para que me ayude

con un informe sobre las condiciones en las que trabajaba Mabel.

-Qué buena onda con el chaval este.

-Sí, la verdad es que me está ayudando mucho.

-Qué bien.

-¡Hola! Perdón, ¿llego muy tarde?

-Hombre, pasa, por favor. Gracias por lo que estás haciendo.

-De nada, hombre.

-Me voy, nos vemos mañana. -Hasta luego, Miguel.

-Perdóname, es que tenía un montón de curro.

-Tranquilo, estoy igual que tú.

-No he podido redactar el informe.

Traigo alguna cosa anotada, pero no he podido hacer más.

-No sufras. Lo redactas y te echo una mano, ¿vale?

Te voy a abrir un documento...

aquí, ¿vale?

Espera. Siéntate.

-Pues voy a ir ordenando un poco la información

-Vale.

-Oye, ¿has cenado? -No.

-Ah, yo tampoco. ¿Te apetece si llamo a un chino?

-Venga, vale. Guay.

-A ver...

Por mi amigo Andrés, que por fin se toma una copa conmigo.

Si no te digo que sí, eres capaz de no parar.

¡Hasta has tenido que meter a Verónica!

Sí, lo siento.

No volveré a hablarle de tu vida monacal.

¿Por qué no te creo? Porque sabes que es mentira.

¿Cómo no le voy a decir a Verónica lo que le pasa a mi mejor amigo?

¡Te queremos, Andrew!

Si nos preocupamos es porque queremos que estés bien.

Bueno, pues no os preocupéis tanto.

Tu problema es que no abres los ojos a la belleza.

Más cerca de lo que crees hay una mujer

con la que puedes pasar momentos estupendos.

Por ejemplo, esa morenaza. ¿Qué te parece?

Es guapa.

Ah, pues ve a decirle algo. A por ella.

Vamos a ver, Mateo,

yo he venido a tomarme una copa contigo.

Y cuando termine me voy a volver a mi casa, solo.

¿Qué pasa? ¿Te da corte?

No me da corte, es que no quiero.

Bueno. Esto lo hago por ti, pero luego desaparezco.

A ver, Mateo:

¡yo no soy de los que les entran a las chicas en los bares!

¡Cómo te pones! ¡Es que me estás cargando, joder!

Las redes sociales.

¿Qué pasa con ellas? Bájate una aplicación para ligar.

Yo no he probado, pero creo que funcionan fenomenal.

Muchos clientes de la clínica han encontrado pareja así.

Ese no es mi estilo.

¿Y cuál es tu estilo? Porque alguno habrá, ¿no?

Parece mentira que no me conozcas. ¿Nos vamos?

No, no, espérate, hombre. Vamos a acabar la copa.

(Música pop)

(Móvil)

¿Sí? (HOMBRE) -"¿Fernando Quintero?".

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-"Has estado molestando a una de mis chicas".

-¿Eres Rojo? ¿Qué quieres?

-"Ha llegado la hora de que nos conozcamos".

-Estupendo, cuando quieras. -"Pronto nos veremos.

Adiós".

¿Pedimos otra?

Vamos a ver, ¿Verónica no te espera para cenar?

¡Qué va! Está trabajando en el centro cívico.

(VERÓNICA RÍE)

-¿Qué? ¡Se me da fatal!

-Para nada. Es cuestión de práctica.

Mira: coges uno de los palos entre el dedo gordo y este, ¿vale?

Y el otro tiene que pivotar.

O sea, tiene que pinzar.

A ver.

-¡Es que...! No soy capaz.

-¿Quieres un tenedor? -Sí, por favor. ¿Tienes?

-Sí, creo que tengo algunos

de una fiesta de cumpleaños de un compañero.

Aquí.

-Gracias.

-Yo también voy a comer con el tenedor.

-¿Tú también? Por solidaridad con el patoso.

-Y por el superfavorazo que me has hecho con lo de Mabel.

-Ya ves tú.

Ahora lo importante es que no la deporten.

-Va a necesitar ayuda. ¡Me da una pena, pobre!

-Me da a mí que a ti te da pena todo el mundo.

-No exageres.

A algunos les veo el plumero.

-Con Julián te portaste genial.

(ASIENTE)

Que... ¿Al final le vas a hacer caso a tu marido?

-¿En qué? -En lo de...

ir a ver a un especialista, por lo de las secuelas.

-A ver, sé que lo dice con lo mejor de las intenciones,

y, bueno, quizás me iría bien.

Pero no quiero colocarme en la posición de víctima.

-Bueno, yo no creo que te coloques en posición de víctima.

Yo creo que viviste algo muy fuerte.

Bueno, "vivimos" algo muy fuerte. Y...

Y sufriste mucho. Es normal.

(ASIENTE)

-Sufrí mucho.

Si no llega a ser por ti...

Pero no quiero darle vueltas y vueltas.

A veces los psicólogos te hacen mirarte demasiado el ombligo.

-Puede ser.

-¿Y a ti no te afectó eso?

Estuvimos a punto de morir.

-Sí que me afectó.

-Pero, bueno, siendo policía, supongo que estarás acostumbrado

a estas situaciones...

-Hombre, soy policía, pero soy humano también.

Y tengo mis miedos...

y sufrí mucho.

Sufrí mucho por mí

y sufrí mucho por si te pasaba algo a ti.

Porque no me lo hubiera perdonado.

-Lo sé, y te lo agradezco.

Oye, Toni, ¿no sientes que desde ese día

hay como una conexión entre nosotros?

-¿Una conexión?

-No sé, yo hablando contigo me siento muy a gusto.

-A mí me pasa igual.

Es como que siento que...

intento contarle a los demás lo que me pasó, pero...

noto como que nadie me va a entender.

Como que solo me entiendo contigo.

-Me pasa lo mismo.

Te miro y siento que eres la única persona que me entiende.

Y, además, sabes escucharme.

Y eso, en el mundo del que vengo, pues no...

-Pues no sé de qué mundo vienes, pero a mí me pasa igual.

Cómo me miras,

tu sonrisa... No sé...

Me haces sentir a gusto todo el rato.

(Música romántica)

-Toni.

-Perdón, perdón.

Lo siento. No sé qué me ha pasado, joder.

Perdón.

-Será mejor que te vayas. -Sí, me voy.

-Gracias por la cena. Y perdóname, no sé qué me ha pasado.

-Mejor sola que mal acompañada.

Sí, las dos hemos sufrido

por tener relaciones que no nos convenían.

Tú más que yo.

Pero ¿sabes lo que te digo?, que lo que más quiero ahora mismo

es que tú y yo

nos reconciliemos.

Bueno, estamos en eso.

No has parado de dar vueltas en la cama.

¿Has vuelto a tener pesadillas por el asalto?

No. Es por el trabajo.

Sí. Anoche llegaste muy tarde.

Pensaba encontrarte aquí cuando volví de tomar una copa.

(TRISTE) Ya.

-No me gusta verte en Distrito Sur.

Y menos en el bar donde desayuno.

-Ha sido de casualidad, relaja un poco, tío.

He venido a un concesionario a comprarme una moto.

-¿A qué concesionario? -El de la calle Júcar.

Dicen que tiene buenos precios. ¿O me aconsejas otro?

-No te voy a aconsejar nada.

Y es mejor que no nos volvamos a ver ni aquí ni en ningún sitio.

-Cuando necesitas favores, bien que vienes al desguace.

Los Soler están a punto de caer.

Se comportan como un animal herido. Creo que no tardarán mucho.

Si llegase el caso, me gustaría participar en ese operativo.

¿No me puedo pintar el ojo? -No conviene.

Y procura no secarte los ojos con la misma toalla.

-Bueno, ya está. No es para tanto al final.

-Si puede llegar a serlo el motivo que lo provocó.

-¿Qué quiere decir?

-Que me cuentes cómo recibiste el golpe.

-Pues, si tan urgente es, vete tú a dárselo.

-Paula, no te estoy pidiendo esto como compañero,

te lo estoy pidiendo como superior.

Es una orden. Lleva esto al centro cívico.

-¿Cómo que una orden?

-Una orden. Y mañana te invito a comer.

-Cariño, ¿qué haces aquí? -Venía a traerte esto.

-Está a nombre de Toni Ríos.

-Sí, lo han dejado por error y me ha pedido que te lo traiga.

-¿Por qué no lo ha traído él?

-Miguel, ¿tienes un momento? -Sí, claro, dime.

-Estoy preocupada por mi madre.

Mi padre piensa que son secuelas psicológicas del robo.

-Tras una experiencia traumática a veces pasa. Estaré atento.

-Muchas gracias. Hasta luego.

-Creí que dijiste que no volverías nunca más por aquí.

-Rojo me lo ha ordenado. No estoy aquí por gusto.

-Ya. No lo vas a denunciar, ¿verdad?

Vas a seguir siendo su perrita fiel.

-Necesito que me dejes trabajar aquí. Por favor.

Si te importo, necesito que me dejes trabajar aunque sea hoy.

-Si te portas bien, un día te llevo a dar un voltio

y verás lo que es pasar de 0 a 100 en cero coma.

-Puedo lograr lo mismo sin necesidad de ninguna moto.

-Mira, guapa, salta a la vista a lo que te dedicas

y yo estoy encantado de pagar lo que haga falta

por pasar la noche contigo.

-¿Sí? -Dime si va a merecer la pena.

(RÍE CON PICARDÍA)

-¿Qué quieres, Rojo?

Oye, te dejo, que estoy acompañada.

-¿Con quién hablabas?

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Servir y proteger - Capítulo 648

28 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. ERIC

    no funciona el video

    28 nov 2019