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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 647 - ver ahora
Transcripción completa

¡Cuidado!

¡Silvia!

Avisa a mi madre.

¿Quieres que avise a tu madre?

Hola, Berta. -No, Álvaro, cielo, no puedes entrar.

Están retirándole la medicación para que despierte del coma.

Cómo me gustaría dar marcha atrás y deshacer todos los errores

que me separaron de ti.

Nunca voy a perdonarme lo que te hice, fui tan egoísta.

Ven aquí. Ven aquí, mi amor.

-Álvaro, confía en mí, en serio. -¿Que confíe en ti?

Venga, Paolo, no me hagas reír. Si te vio la cara, puede describirte.

Y si te escuchó el acento, puede identificarlo.

-Casi no hablamos, solo me dio la pasta.

A ver, nuestro principal indicio es ese italiano del parque.

Los compañeros están muy optimistas.

Creen que cada vez estamos

más cerca de los responsables de todo esto.

-Oye, tengo malas noticias.

Tengo que coger el primer avión a Napoli.

-¿Qué pasa, pasa algo?

-Paolo, que... se ha ido a Nápoles de urgencia

porque su tío abuelo está malo.

Un varón, de menos de 30 años,

de complexión atlética,

con barba y con marcado acento italiano.

Esto es lo más importante.

¿Podría ser o no?

Pues sí.

Tienes toda la razón. Sí podría ser. Y es lo que vamos a averiguar.

Tú no eres ningún asesino, tío.

-Te equivocas. Sí lo soy.

¿Alguna novedad sobre el caso Montechi?

Pues no, lamentablemente no.

Parece que a Paolo se lo haya tragado la tierra.

No hay registro desde ayer de sus llamadas telefónicas.

Todo apunta a que destruyó los terminales para no localizarle.

-Aquí tienes. -Y la botellita de agua, por favor.

-Ay, sí, perdona, cariño. Toma.

-Oye, ¿está bien Paty?

Digo, ha tenido problemas con su novio.

-Ay, hijo, si solo fuera eso.

-Lo han dejado. -Peor.

El italiano, que ha desaparecido de la noche a la mañana,

y encima la ha estado engañando. Por lo visto no era quien decía ser.

Yo creo que Paolo

buscó en una "deep web" un sicario,

pero prescindió de sus contactos de la mafia

para no verse comprometido con sus jefes.

¿Qué es eso del aviso?

Silvia recibió

un aviso telefónico de una persona anónima que preguntó

directamente por ella. Y esa persona, según asegura Silvia,

sabía que ella había sido quien detuvo

a Fabio Callas.

Alguien del barrio.

(Música emocionante)

Por la mañana le envío la documentación

para que pueda estudiarla.

¿De acuerdo?

Hola, preciosa.

¿Tienes un minuto? Claro, siéntate.

¿Con qué andas?

Hablaba con el banco. Intento frenar un desahucio.

Tú no has venido a hablar conmigo de eso.

Estaba desayunando con Paula esta mañana y...

me ha contado el episodio que sufriste ayer en comisaría.

Vi cómo se ponía violento un detenido.

Fue un poco desagradable. ¿Un poco?

Me encantan tus eufemismos.

Paula me ha contado que ese tipo se puso muy violento contigo.

Sí, pero no estuve en peligro. Estaba rodeada de policías

y lo redujeron enseguida. Eso me ha contado.

Lo que me preocupa es tu reacción.

Paula me ha dicho que te quedaste blanca en estado de "shock".

Solo me asusté un poco porque el hombre me recordaba a Rulo,

uno de los asaltantes que entró en nuestra casa.

Sí, y ahí precisamente quería yo llegar.

Cariño, creo que este tema te sigue afectando y mucho.

Claro, es normal, está muy reciente.

No le des mayor importancia. Sí, sí se la doy.

No solo por tu reacción de ayer, sino porque te pasas la noche

dando vueltas en la cama y con pesadillas.

Eso también entra dentro de lo normal.

No dramatices, por favor.

Y tú no minimices las cosas.

¿Por qué no me contaste tu episodio de ayer en la comisaría?

No quería alarmarte sin motivo. ¿Sin motivo?

Dada tu reacción está claro

que estás sufriendo estrés postraumático.

Creo que cualquier persona

ante esta situación se pondría nerviosa.

No te estoy hablando como tu marido preocupado,

sino que te estoy dando mi opinión médica.

Eres cirujano plástico, no psiquiatra.

Estoy de acuerdo, pero creo que deberías ver a un psiquiatra.

¿No será una estrategia para que deje mi trabajo

en el centro cívico?

Ni mucho menos. Ya te dije que no te daré más la lata.

Simplemente es que me preocupo por ti y creo que no estás bien.

Estoy perfectamente, No necesito un psiquiatra.

-Hola. Uy. Perdón. No sabía que estabas ocupada.

-Hola, Toni, pasa. Hola. Sí, tranquilo. Yo ya me iba.

Antes quiero pedirte un favor.

¿A mí? ¿Cuál?

Que convenzas a Verónica para ver un especialista.

Es lo lógico después del episodio

que sufristeis el otro día, ¿a que sí?

A ver...

Es recomendable, sí. ¿Lo ves? Es lo más normal.

Será lo normal, pero también es una decisión personal.

Deja de manipular a Toni para que diga lo que tú quieras.

Está bien, no insisto más.

Te veo luego en casa.

Adiós.

Siento que te haya puesto en este debate.

-No, qué va. Por favor.

Pero sí que creo que igual tiene un poco de razón.

No intentes solucionarme la vida. Para eso ya tengo a Mateo.

-No, perdón, no quería molestarte.

-No, no lo has hecho. No te preocupes.

¿Y para qué has venido? -Porque hemos detenido

a una mujer que necesita asistencia jurídica

y he pensado que podrías ayudarla. -¿Qué ha hecho?

-He intentado apuñalar a un vecino suyo.

-¿Habían tenido algún altercado?

-Parece que no. El hombre solo se cruzaba con ella en el portal.

Pero ella le vio y le confundió

con su hermano muerto y dijo que venía del más allá.

Por eso lo quiso apuñalar.

-Está claro que tiene algún trastorno mental.

¿Ahora mismo qué está, en comisaría?

-Sí, pero está mejor. Podrías hablar con ella si quisieras.

-Vale, me ocupo del tema.

¿Vamos para allá? -Claro.

-Emma, espera un segundo, mujer. -¿Qué quieres?

-Quería aclarar contigo unas cosas.

¿Por qué me has mentido?

-No tengo por qué darte explicaciones de mi vida.

-Por tu culpa he quedado como un imbécil delante del jefe.

Había intentado convencerle de que tú y tus amigas no sois...

prostitutas.

-Pobrecito, has quedado como un tonto delante de tu jefe. Qué pena.

-No hace falta que te pongas tan antipática.

Que sepa, siempre me he portado bien contigo.

-Perdona.

Perdona, tienes razón.

No tengo nada en contra de ti, incluso me caes bien, pero...

Si he sido una borde es porque tengo problemas.

-¿Qué te pasa? Quizá puedo ayudarte. -No, no puedes ayudarme.

-¿Qué es eso? -Nada.

-¿Quién te ha hecho eso? -Nadie.

-Pero ¿cómo que no? Si... Es un moratón.

-No es asunto tuyo, Eladio.

-Por favor.

Quítate las gafas, solo quiero echarle un vistazo.

Madre mía, pero ¿quién es el responsable de eso?

-Fernando Quintero. -¿Qué?

-No, Fernando no me ha puesto la mano encima,

pero para el caso es lo mismo.

-Pero ¿qué te ha pasado? -Nada.

Nada. Tendrías que haber convencido a Quintero

de que me dejara entrar en el pub.

-¿Y habría evitado que te marcase la cara?

-No me ha tocado nadie un pelo y no quiero seguir hablando.

-Pero ¿por qué no? -Porque no.

-Vamos a ver, pero no seas cabezota, Emma.

Si hablamos, igual yo puedo

ayudarte a encontrar una solución. -Eladio, que me dejes.

Sí, entiendo que es ella quien debería pedir esta cita,

pero no quiere ni hablar del tema.

Ella cree que está bien y no tiene que ir a la consulta.

de ningún psiquiatra.

Es la reacción típica.

Seguiré insistiendo. De acuerdo.

Cualquier cosa le aviso y millones de gracias.

Gracias.

¿Con quién hablabas?

Con la doctora Carla Piñero. ¿La conoces?

Sí, he leído algunos artículos sobre sus trabajos

y es una excelente psiquiatra.

¿Por qué la has llamado?

Estoy preocupado por Verónica y quiero que vaya a verla.

¿En serio? ¿Lo crees necesario?

Creo que la experiencia traumática que ha vivido

podría pasarle factura.

Pues yo la vi muy entera.

No me pareció que le quedaran secuelas de ningún tipo.

Está durmiendo muy mal y ayer se puso nerviosa en comisaría.

¿Sí? ¿Qué pasó?

Un detenido se puso violento delante de ella

y Verónica sufrió un ataque de pánico.

¿Crees que se comportó así como consecuencia del atraco?

Sí, ella misma me lo ha reconocido.

¿Entiendes por qué estoy preocupado? Claro.

Ya. Le he dicho que fuera a ver a una especialista, pero no quiere.

Cree que se lo digo para que deje de trabajar en el centro cívico.

¿Y no es la verdad?

No, yo solo quiero que se recupere

y no le queden secuelas psicológicas.

Pues lo tienes complicado.

Verónica es muy testaruda y si ella ha decidido

que está bien, lo tienes crudo para convencerla.

Ya.

¿Y si hablas tú con ella? ¿Quién? ¿Yo?

(ASIENTE) ¿Qué le voy a decir?

Si no te hace caso a ti, menos me hará a mí.

Valora mucho tu opinión. Eres su amigo del alma.

Amigo del alma... Sí, confía mucho en ti.

Se pondría bastante menos a la defensiva que conmigo.

Verónica tiene mucho carácter.

Dudo que porque le diga algo vaya a cambiar de opinión

¿Y?

Inténtalo, no tienes nada que perder.

Está bien, lo haré. Gracias. Pero hazlo hoy,

estas cosas hay que resolverlas cuanto antes.

De acuerdo. El informe que me pediste.

Gracias.

Eso es. Apunta lo mismo que la semana pasada:

una caja de güisqui, otra de ron y dos de ginebra.

Es lo que más sale. Desde que el "gin-tonic" se puso de moda

es lo que bebe todo el mundo.

Tened mucho cuidado y nos dejéis olvidada una caja

como ocurrió la semana pasada.

Que volvamos a quedarnos una noche con el local lleno y sin güisqui.

Por ejemplo.

Venga. Gracias. Hasta luego. Adiós.

Lourdes.

¿Eladio no ha llegado todavía? ¿No lo has visto?

-No. Pero estará al llegar, ¿no?

-No sé dónde demonios se habrá metido.

-Ayer dijo que tenía que comprar bombillas.

-¿Bombillas?

Espero que venga pronto porque quiero hablar con él

antes de salir a resolver unos asuntos

que tengo que hacer fuera.

Voy al almacén a terminar otras cosas.

-¿Qué haces tocando las cosas de don Fernando?

-No, estaba limpiando la barra.

-Ya te dije que no deberías limpiar la zona donde está trabajando.

Puedes desordenar sus papeles y no le haría gracia.

-Tranquilo que sé hacer muy bien mi trabajo.

Por cierto, el jefe ha preguntado por ti.

-¿Dónde está? ¿Se ha ido ya? -No, está ahí entro.

Y yo ya he acabado, así que me las piro.

-Qué suerte que los servicios sociales

se hayan encargado de Rosa tan rápido.

-Suerte no, has sido tú que lo ha gestionado en un minuto.

¿Estarás cuando venga la psiquiatra?

-Claro, soy su abogada. -Oye.

Qué bien. No te he visto nada asustada.

-¿Asustada por?

-Por ver cómo iba a reaccionar

después de haber amenazado a su vecino.

-Al principio no te digo que no sintiera miedo,

pero después la he visto más asustada que yo.

-Hola, Verónica. -Andrés, ¿qué haces por aquí?

-He ido al centro cívico para invitarte a un café,

pero dijeron que estabas en comisaría.

-Sí, tenía que asistir a una detenida.

Mira, él es Toni Ríos, uno de los compañeros de Paula.

-Encantado. -Lo mismo digo.

-Estuvo conmigo el día del asalto.

Gracias a él puedo contarlo.

-Anda. Ya tenía yo ganas de ponerte cara.

Para felicitarte.

-Gracias. -Es uno de mis mejores amigos

de toda la vida y socio de la clínica.

-Uh placer. Me vuelvo a comisaría. Os dejo.

-Vale. -Chao.

-Adiós, hasta luego.

¿Nos tomamos un café y charlamos?

-Me va regular. Estoy hasta arriba de trabajo.

¿Mejor lo dejamos para otro día?

-Serán solo cinco minutos. No te entretendré.

-¿Cinco minutos?

-Es algo serio.

-Vale. Siempre logras convencerme.

-Casi siempre.

-Hombre, ya era hora.

Estaba esperando para hablar contigo. ¿Dónde demonios te has metido?

-Hola, jefe. Aquí. He ido a comprar unas bombillas.

-Ya.

¿Lourdes se ha ido ya? -Sí.

-Muy bien. Eladio, he tenido que llamar yo en persona

a los proveedores de bebidas para hacerles el pedido de la semana.

Cuando llegue la mercancía, quiero que con el albarán

lo revises y chequees todo bien

no vaya a ser que se quede olvidada otra caja

y en mitad de la noche nos volvamos a quedar sin güisqui.

¿De acuerdo? -Cuente con ello.

¿Algo más? -No, no.

Por mí nada más.

-Entonces voy a poner las bombillas que he comprado en el almacén.

-Espera, espera. Nada más de trabajo.

Pero yo sí quiero hablar contigo.

¿Se puede saber qué te pasa conmigo?

-¿A mí? Nada, jefe. -¿Nada?

-Vamos, Eladio, te conozco como si te hubiese parido.

Sé que estás enfadado conmigo, lo que pasa es que yo no sé

qué es lo que te he podido hacer para que estés así.

-A mí nada, pero a otra persona sí.

-¿A quién? -A Emma.

-Ya estamos. Sabía yo

que estabas enfadado conmigo porque no quiero

que entren aquí ese tipo de mujeres.

-Habla de ellas

como si hubieran tenido un camino de rosas.

-Sé que no han tenido una vida fácil

y tampoco la tienen ahora, pero no es mi problema.

El tuyo tampoco y no sé por qué

te tienes que preocupar tanto por ellas.

-Porque sospecho que al no dejarlas trabajar aquí,

le han dado para el pelo. -¿Cómo que le han dado para el pelo?

-A Emma me la he encontrado hace un rato

y tenía un ojo morado.

-¿Y? -Podríamos haberlo evitado.

-Vamos a ver, estás hablando

como si yo fuese el responsable o tuviese la culpa.

-Hombre, un poco de culpa sí que tiene.

¿Qué más le da a usted si Emma y las chicas estas

están aquí buscando clientes? No hacen daño a nadie.

-Ya te lo he explicado un montón de veces,

pero te lo voy a volver a decir a ver si se te queda grabadito.

No quiero a ese tipo de mujeres

aquí en este local porque lo único que vamos a conseguir

es que atraigan a borrachos dispuestos a pagar por sexo.

Esos borrachos van a traer a camellos

dispuestos a venderles droga para que puedan seguir manteniendo

el ritmo de la fiesta. Y los camellos atraerán a policías

con una orden judicial para precintar el local.

¿Te queda claro o...? -Por favor, por favor.

-Dese cuenta que estas chicas... -¡Ni por favor ni por "favora"!

Este es mi negocio. Estas son mis normas

y esto es lo que hay. ¿Te queda claro?

No quiero volver a hablar ni una palabra más de este asunto.

-Lo que usted diga, pero por culpa de sus normas,

a Emma le han dejado la cara hecha un Cristo.

-No te vas a callar ni debajo del agua, ¿verdad?

(SUSPIRA)

-Mateo está muy preocupado por ti.

Después de hablar con él. yo también lo estoy.

-¿Qué te ha dicho?

-Que aún estás muy afectada por el asalto de tu casa.

Y teme que sufras estrés postraumático.

-Es un exagerado. No le hagas caso.

Si estuviera tan mal, no podría estar trabajando.

-Me ha dicho que duermes poco y mal

y que ayer tuviste una ataque de pánico en la comisaría, ¿no?

-Tanto como un ataque de pánico...

Me puse nerviosa porque presencié un acto violento, pero...

Reconozco que es verdad que me ha afectado el asalto en casa.

Pero tanto como para sufrir estrés postraumático, vamos.

-Si seguramente tendrás razón.

¿Por qué no dejas que lo valore un psiquiatra? No pierdes nada.

Nos quedaríamos todos más tranquilos.

-No pienso ir a un psiquiatra. No insistas, por favor.

-Está bien. Haz lo que quieras.

Quería venir a hablar contigo porque me preocupo por ti.

-Yo te lo agradezco, pero no soy ninguna niña desvalida.

Deberías preocuparte más por ti y dejarme tranquila.

-¿Por qué dices eso? No tengo problemas.

-Creo que sí.

Te centras demasiado en tu trabajo y muy poco en tu vida afectiva.

-Vaya.

Mateo ya te ha contado lo que estuvimos hablando.

-Sí, me lo ha contado.

No se lo tengas en cuenta. Me lo dijo porque se preocupa por ti

y yo estoy de acuerdo. Deberías conocer a alguien.

¿Cuánto hace que no tienes una cita?

-No quiero hablar de este tema y menos contigo.

-¿Por qué?

-No estoy interesado en conocer a nadie ni quiero tener pareja.

Y lo sabes de sobra.

Ya estoy enamorado de una mujer.

-No sigas por ahí, por favor.

-Yo no quería hacerlo,

has sido tú la que me ha obligado a sacar el tema.

-Te iría muy bien conocer a alguien.

Borrarías de la cabeza esa tontería que acabas de decir.

-Verónica, acepto que me rechaces,

pero no puedo controlar lo que siento.

Y para mí no es ninguna tontería.

-No me lo pongas más difícil.

-No quiero seguir con esta conversación.

Tengo mucho que hacer.

-Hola, vengo a por el dinerito para el regalo de Silvia.

-¿Cuánto hay que poner? -Cinco, dos cada uno.

-Vale. Gracias.

Gracias.

-¿Recoges el dinero y compras el regalo?

-Sí, es lo habitual.

Nadie mejor aquí para esta tarea. Llevo muchos años de experiencia.

-¿Qué le vas a pillar?

-Tengo dos o tres ideas. ¿Por cierto, habéis visto a Ortiz?

-No. ¿No te he ha pagado? -Qué va.

Es un tacaño. Cada vez que tiene que pagar,

se escaquea. No sé cómo lo hace.

Mira. Ortiz. ¡Eh!

(RÍEN)

-Qué personaje el Merinero.

-Ya te digo. Oye, ¿sabes qué ha pasado con Rosa?

-Que va a llevar tu madre el caso. Sí.

Ya ha iniciado los trámites para que le den la asistencia médica.

-Se está tomando a pecho su trabajo. -Es una crac.

Ha solicitado que la ingresen en un centro

para que traten su trastorno.

-Últimamente pasáis mucho tiempo juntos.

Ayer con lo del taller clandestino y hoy con lo de Rosa.

-Sí, ha dado la casualidad. -Al final pasas más tiempo

con ella que conmigo que soy tu compañera.

-Es la abogada del centro cívico. Pero paso el mismo tiempo

que con otros compañeros. -No te pongas a la defensiva.

Era broma. -No me pongo a la defensiva.

-Hola, Paty. -Hola.

-Hola. ¿Qué haces aquí?

-Venía a hablar contigo. ¿Si tienes un segundo?

-Claro. ¿Estás bien? -Sí, tranquilo.

Es... nada, que...

Que esta noche quiero ir al piso de Paolo a recoger mis cosas,

pero la verdad es que no tengo fuerza para hacerlo yo sola.

¿Te importaría acompañarme? -Claro que no.

-¿Seguro? ¿No tienes nada que hacer? No quiero joderte ningún plan.

-No tengo, y si tuviera, lo cambiaba.

No dejaré que pases por eso sola.

-Si es que...

Dios. Gracias.

-¿Cuando acabe mi turno te paso a recoger y vamos?

-Perfecto, luego nos vemos.

Adiós, Paula. -Adiós.

(SUSPIRA) -Pobrecilla Paty, lo está pasando fatal por Paolo.

-Ya.

-Voy luego a ayudarle a quitar las cosas de la casa.

-Muy bien. No hace falta que me des explicaciones.

-Era un comentario.

-Ya, pero estoy liada

redactando diligencias y no quiero perder el tiempo

con temas personales que no me importan.

-Nada, chica, perdón, no te molesto más.

Madre mía.

(RECUERDA) -"Estas son las manos manchadas de sangre,

no las de un sicario.

(SANTOS) -No eres como tus hermanos, eres listo.

(PAOLO) -Tú no eres ningún asesino.

-Te equivocas.

Sí lo soy".

-Álvaro, qué sorpresa.

¿Has venido para comprobar que todo está en orden?

-No me vengas con tus rollos.

Solo venía a tomar una copa.

-Vaya, pues por lo que veo

parece que ya llevas unas cuantas.

-¿Qué mierda te importa lo que yo me tome?

Cuanto más consuma, mejor para tu negocio.

-Sí, para mi negocio está claro que sí. Para el tuyo,

no lo sé porque

a estas horas deberías estar trabajando en tu taller, ¿no?

-Es lo bueno de ser autónomo,

puedo cerrar la verja cuando quiera.

(RÍE)

-Sí, sí, sí, eso podrás hacerlo tú

que a lo mejor estás forrado de pasta, pero yo...

tengo que estar echando más horas que un reloj

para que me cuadren las cuentas e intentar sacar beneficio

de esto, ya lo sabes.

(CARRASPEA) Álvaro, ¿qué ocurre? ¿Qué te pasa?

Cuéntamelo, no sé, igual te puedo ayudar.

-¿Cómo lo haces, Quintero?

-¿Cómo hago el qué?

-Seguir con tu vida como si no pasara nada,

habiendo sido un narcotraficante.

No me vas a contestar, ¿verdad?

-Verás, Álvaro,

sí, sabes que yo he sido un narcotraficante,

pero eso ya forma parte del pasado.

Y también sabes que le he hecho mucho daño

a mucha gente en todo ese tiempo.

También me lo han hecho a mí.

He perdido a gente muy querida en mi vida.

-¿Y eso no te hundió, tío? -Claro que me hundió.

Y llegué a tocar fondo.

Pero cuando estás ahí abajo, cuando no te puedes hundir más,

lo único que te queda es coger impulso y salir a flote.

Porque hay que seguir viviendo, la vida continúa.

¿Qué te pasa?

-Tienes que tener algún...

estímulo que te haga seguir adelante, ¿no?

-Sí. Bueno, yo tenía

y tengo el amor por mis hijos y por mi nieto.

Eso me ayudó a salir adelante.

Venga, dime qué te pasa de una maldita vez.

Insisto, igual puedo ayudarte.

¿Estás metido en algún lío, andas en algo raro o qué?

-Nada.

Es simple curiosidad.

-Eladio,

mete eso en la caja de las copas que estaba tomándose Álvaro Soler.

¿Lleva mucho tiempo aquí bebiendo?

-Algo menos de una hora.

-Ya. ¿Y no has hablado con él? ¿No te ha contado nada?

-Nada, no me ha dicho ni mu.

Ha estado ahí sentado

y para lo que ha abierto la boca, ha sido

para pedir copa tras copa.

¿Por qué? ¿Pasa algo? -No. Nada, no pasa nada.

¿Y a ti?

¿Te pasa algo? ¿Sigues mosqueado conmigo o qué?

-Ya que lo dice...

Un poco sí, la verdad.

Es que me parece muy injusto

que Emma se lleve palos

por todos lados.

-Mira, mira que eres cansino, Eladio.

Otra vez con el mismo tema, por Dios santo.

Anda, dame su teléfono.

(SUSPIRA)

-¿Para qué lo quiere?

-Para enmarcarlo, no te jode.

Dame el teléfono y no hagas preguntas.

Toma.

Emma, ¿qué tal? Soy Fernando Quintero.

Te dejo un mensaje en tu buzón de voz

para decirte que me gustaría hablar contigo

de un asunto importante. Pásate por el Moonlight esta noche

y nos vemos. Te estaré esperando aquí.

Hasta luego.

-No va a soltar prenda para qué ha llamado a Emma, ¿verdad?

-Por supuesto que no y mucho menos a ti.

(SUSPIRA)

Carlos Puerto, alias Carlitos,

el sicario que intentó matarme y que te disparó a ti,

nos ha dicho

que había sido contratado

por un italiano del que desconocía el nombre.

Un italiano.

¿Y sabemos ya quién es?

Sí.

Hemos confirmado que se trata de Paolo Montechi.

¿Paolo?

¿Paolo no es el novio de Paty?

Efectivamente.

Pensábamos que era bróker, que invertía en bolsa.

También, pero es que tenía una doble vida.

Estaba relacionado con la mafia calabresa

y, aunque no lo hemos confirmado, sospechamos

que llevaba sus finanzas aquí.

¿Qué más ha contado en interrogatorios?

No le hemos interrogado porque cuando hemos ido

ya había volado.

Habrá huido en cuanto ha sabido que detuvisteis al sicario.

Y Paty no sabe nada de él.

Él le puso un mensaje cuando se fue,

le dijo que tenía que salir de España

hacia Italia

por un asunto familiar grave. Que un tío suyo, un tal Luciano,

se había puesto enfermo.

Lo hemos comprobado y era mentira.

Así que está en paradero desconocido.

Hemos emitido una orden de búsqueda y captura,

pero todavía no ha dado resultados.

¿Y Paty cómo está?

Después de enterarse de que su novio es un mafioso.

Pues te lo puedes imaginar. Está hecha polvo. Ha sido un...

ha sido un golpe durísimo.

Lo que no acabo de entender es qué motivos

tiene la mafia calabresa para matarte, Claudia.

No creo que la mafia calabresa quisiera matarme.

Más bien creo

que alguien

acudió a Paolo

para que buscara a un sicario,

aprovechando sus relaciones con la mafia.

Y Fabio Callas

fue la primera opción, el primero de la lista.

Eso creo yo. Y cuando tú detuviste a Fabio Callas,

a Paolo no le quedó más remedio que improvisar

y tuvo que buscar

a este matón de medio pelo que es Carlitos.

¿Qué estás pensando?

Creo que vi a Filippo Tassano en el taller de Álvaro.

Y si Álvaro y Elvira

tienen relación con la mafia,

es posible que supieran que Paolo trabajaba para ellos.

¿Adónde quieres llegar?

Que no descartaría que Elvira Soler

contactase con Paolo

para pedir un sicario.

Sí, Silvia, yo también sospecho de Elvira,

pero solo son especulaciones.

No tenemos ninguna prueba, necesitamos encontrarlas.

Pues cuando detengamos a Paolo cerraremos el círculo.

Ya me estoy arrepintiendo de haberte contado todo esto.

¿Por qué? ¿Por qué? Porque te conozco

y sé que te vas a dedicar a darle vueltas a la cabeza

y a atar cabos.

Hola. ¿Qué tal?

¿Qué tal, cielo? ¿Cómo estás? Bien.

Claudia me estaba poniendo al día de la comisaría.

¿Tan pronto? Pero si todavía estás convaleciente, cielo.

Tienes que poner de tu parte para reponerte.

Eso le estaba diciendo yo, así que lo mejor será que me vaya

por donde he venido.

Os haré caso a las dos.

Gracias por venir.

Y por la información.

Tú ahora dedícate a descansar.

Y olvídate de lo que hemos hablado.

Sabes que eso es imposible.

Así que cualquier novedad, me la cuentas.

No hay quien pueda con ella, ¿eh? Hasta luego.

Muchas gracias.

(SUSPIRA)

¿Cómo le pides a Andrés

que me convenza para ir a un psiquiatra?

Bueno, como a mí no me hacías caso pensé que a él sí le escuchabas.

Mateo, estoy harta de que me controles la vida.

Vero, por favor, no te lo tomes así.

Le pides a Miguel que me convenza para dejar el centro cívico,

¿y ahora esto?

Lo siento, pero me preocupo por ti. Bueno, pues gracias.

Pero vale ya, vale ya.

Andrés es un buen amigo y también se preocupa.

Le pedí que me echara una mano, nada más.

Ha sido una mala idea.

Pero, bueno, ya que él se ha permitido opinar sobre mi vida,

yo he opinado sobre la suya.

Ah, ¿sí? ¿Y qué le has dicho?

Que en vez de preocuparse por mi salud mental,

se preocupe por su vida y que busque pareja.

Muy bien. ¿Y cómo ha reaccionado?

Pues no ha sido una conversación muy agradable.

¿Habéis discutido?

No, pero le ha sentado como una patada en el estómago.

Tampoco te lo tomes a mal.

Seguro que ya se le ha pasado.

Eso espero.

Vale, y...

con respecto a lo del psiquiatra, ¿te lo has pensado mejor?

No hay nada que pensar, Mateo.

Solo necesito olvidar ese mal rato.

-Hola. Buenas noches.

Oye, Pauli, ¿qué prefieres:

cenar mexicano o japo?

Me da igual, lo que queráis.

Si no os importa yo prefiero mexicano.

¿Te encargas tú del pedido? Claro.

Ah... ¿dónde he dejado el móvil?

¿Has tenido un mal día?

-¿Por qué lo dices?

-Porque vienes muy seria. ¿Te ha pasado algo?

-Bueno, es que...

ya sé por qué me ha dejado Toni o más bien por quién.

-Ah, ¿es que tiene una pareja?

-No, todavía no,

pero sigue pillado por Paty.

-Pero ¿Paty no tiene novio? -Sí.

Lo tenía.

Paty estaba con un italiano, pero ha desaparecido

y, claro, se ha llevado un palo muy gordo

al saber que estaba metido en asuntos turbios.

-¿Y cómo tienes tan claro que sigue enamorado de Paty?

-Porque le está ayudando a sacar las cosas de casa del italiano

y le está apoyando en todo lo que puede.

-A ver, si son amigos es normal que le esté ayudando en un momento así.

-Que no, mamá. Que está claro que se mueren por estar juntos.

Vale, la cena ya está pedida.

He pedido dos de quesadillas que siempre me dejáis sin ellas.

Pues mira qué bien. Me voy a dar una ducha.

(SUSPIRA)

¿Le pasa algo a Paula?

No, viene cansada de comisaría.

Ya.

No es por eso. Es que las casas de acogida tienen que estar

al servicio de las personas que las precisan

y las mujeres que vienen aquí, vienen desesperadas.

Claro. Lo que necesiten, cuando lo necesiten.

No, no es un lema. No es un lema.

Es a lo que nos enfrentamos aquí a diario.

Bien.

Bien, se pasará por allí en media hora.

La acompañará mi compañera de la UFAN, Marta Garrido.

Muchas gracias.

-¿Qué pasa? ¿Malas noticias?

(SUSPIRA) -No, la burocracia que es que...

es que ralentiza todos los procesos y la UFAM necesita inmediatez.

Me encuentro con todo lo contrario. -Imagino que no será siempre así.

-Supongo que no.

-Mira, Espe. Creo que, aunque en ocasiones haya fallos,

el sistema funciona perfectamente.

-Ya. Puede ser, sí.

-¿Te pongo un cafecito?

-Pues... no.

No, porque me está entrando hambre. Voy a ver

lo que me encuentro aquí.

-Le he comprado el regalo a Silvia. ¿Quieres verlo?

-Claro que sí. -Mira.

-¿En serio

este es el regalo?

-¿Qué pasa? ¿No te gusta?

-No sé, con el dinero que te has gastado en esto

le podíamos haber comprado

un fin de semana para que se relajara.

A ver si voy a tener que hacerte una auditoría.

-Bueno, tranquila, mira.

He comprado un masaje en el spa.

-Ah, por ahí te vas a escapar.

-¿Vas a ver luego a Silvia?

(ASIENTE) -¿Se lo puedes llevar?

Dile que el mensajito está dentro. -Claro que sí.

Vosotros también le habéis comprado un peluche a Silvia, ¿no?

Sí. (RÍE) -Sí.

-"Mea culpa".

¿Por qué?

Porque es un poquito cutre, ¿no?

Mujer, cutre... No sé.

Bueno. Venga, hasta luego.

¿Qué pasa?

Que lo había comprado él, ¿no?

Pues me temo que te vas a tener que disculpar.

Sí, a lo mejor me he pasado un poco.

Se le veía muy ilusionado.

(RÍE) ¿Quién se puede ilusionar con esto?

No sé, a mí me hace gracia.

Me recuerda a unos dibujos animados que había cuando yo era pequeña,

igual le ha pasado a él.

Ay.

Pues la verdad es que...

estaba enfadada y...

lo he debido de pagar con él.

Luego le pido perdón porque es verdad que

ha hecho la colecta, luego ha ido a comprar todas las cosas...

¿Cómo todas las cosas? ¿Habéis comprado más?

Sí, tiene un masaje aquí en un spa. Mira.

Pues a mí nadie me ha dicho nada. Yo quiero contribuir también.

Bastante tienes con lo que tienes.

Tú te disculpas luego y ya está.

(RESOPLA)

(SOPLA)

¿Qué es eso?

-Unas entradas de un concierto de jazz al que me llevó Paolo.

-No sabía yo que te gustaba el jazz.

-No he escuchado jazz en mi vida.

Lo que pasa es que a él le hacía ilusión llevarme.

No sé, le encantaba el barrio. Montorio se llamaba.

Tocaban en un café muy pequeñito y muy bonito, no sé.

-¿Le mola el jazz a él?

(ASIENTE)

-Le encanta.

Bueno,

o no.

Igual es otra mentira de las suyas.

-Va, ya está. Basta de torturarse.

-¿Cómo no lo voy a hacer, Toni?

¿Cómo? Si he sido idiota, tío.

Que es que me he comido

cada mentira, una detrás de otra, tío.

-Tú y todo el mundo. Nos engañó a todos.

-Pero yo era su novia.

Yo en el fondo dentro de mí sabía que algo no iba bien.

Y no quise hacer nada para averiguarlo.

-Sí que hiciste. (NIEGA)

-Sí, me lo contaste a mí.

Y yo intenté investigar lo que pude

y pensé que era un tío con un currículo perfecto

y que era un crac como bróker, que por eso tenía tanta pasta.

-Yo a veces sentía que Paolo tenía una máscara.

¿Sabes? Como si...

estuviera interpretando un papel todo el rato.

-¿Por qué nunca le preguntaste?

-En el fondo me daba miedo

descubrir su disfraz de novio perfecto y encantador.

Tenía que haber sido más valiente.

-¿Qué dices, hombre?

Es normal.

Creíste lo que querías creer. Lo hacemos todos. Nos autoengañamos.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-¿Tú también? -"Joder".

-¿Cuándo?

-Todos los días me miro al espejo y creo que soy el Bruce Willis

de Distrito Sur y soy un tirillas de mierda.

-¿Eres tonto o qué?

-¡Menos mal que te he arrancado una sonrisa!

-No te haces una idea de lo importante

que es que estés aquí

De verdad, no lo sabes.

Gracias.

Gracias por estar siempre.

-Perdón, perdón. Paty.

-Perdón.

Perdón, perdón. Perdón yo.

-Creo que es mejor que no... nos liemos la cabeza.

Estás ahora con lo de Paolo...

-Ya, ya, si tienes toda la razón del mundo. Perdóname.

(MUSITA ALGO ININTELIGIBLE)

(Timbre)

Buenas. -¿Qué hacéis aquí?

-Venimos a ayudaros con la mudanza.

-Yo creo que entre los cuatro recogemos esto en un plisplás.

-Guay.

-¿Interrumpimos algo?

-No. -No, no.

-Estamos ya aburridos de hacer cajas.

Nos venís superbién. -¿Seguro?

-Seguro, no seas pesada.

-Bueno. ¿Por dónde empezamos?

-No sé.

Si queréis ir metiendo las...

los libros estos en las cajas.

Digo yo que si estás enfadada

o tienes ansiedad, no lo pagues con la nevera.

Tienes razón.

No sé, ¿me puedes hacer uno de esos?

Pues claro, mujer.

Luego iré a ver a Silvia.

Fenomenal.

Le va a venir muy bien que le hagas compañía.

Además, que si vas hoy, así

su madre puede salir a cenar tranquila.

Sí, gracias.

Hombre, buenas noches.

¿Todavía estás aquí? No te he visto en tu despacho.

Sí, me he quedado. Tenía que gestionar unos asuntos.

¿Qué ha pasado?

Una buena noticia que le tengo que dar a Silvia Orestes.

Yo os dejo para que habléis tranquilamente.

No, no hace falta que te vayas.

Si te vas a enterar, mejor te doy yo la primicia.

Pero ¿qué ha pasado?

Después de la brillante actuación de Silvia Orestes,

decidí pedirle al Ministerio del Interior

que le concedieran la orden al mérito policial.

Me acaban de confirmar que sí, que se la han concedido.

No me habías dicho nada de que la habías solicitado.

La van a condecorar, ¿eh?

Sí, y nada menos que con la cruz con distintivo rojo.

No se lo he dicho a nadie por si no se la concedían.

Es un notición eso.

Es un gran honor para ella.

Será muy emocionante cuando la reciba.

Ya te digo, una medalla pensionada.

Sí que lo es.

¿Qué haces aquí que no se lo estás contando?

Estaba esperando a que me lo confirmaran.

Ya estás tardando porque ella debería haber sido

la primera en saberlo. Yo no le diré nada.

Tenéis razón.

Mis disculpas.

Hasta luego.

Por Silvia.

Don Fernando.

Emma ha venido a hablar con usted.

-Hola.

-Hola, Emma. ¿Qué tal estás?

-He tenido días mejores, la verdad.

-¿Podrías quitarte las gafas? Me gusta mirar a los ojos

cuando hablo con alguien.

-Yo prefiero dejármelas puestas.

-Ya.

No hace falta que intentes esconder nada.

Me ha dicho Eladio que tienes un buen moratón.

-Mal hecho por su parte.

-Solo quiere ayudarte. Y yo también.

Por favor, quítate las gafas.

(SUSPIRA)

¿Quién te ha hecho eso?

-Nadie. Me lo he hecho yo, me he resbalado en la ducha.

Y déjate de rodeos, Quintero.

Supongo que me has llamado para preguntarme qué porcentaje

quieres llevarte por dejarme trabajar aquí.

-Para nada.

No te he dicho que vengas para eso.

-¿Entonces?

-Te he pedido que vinieras porque...

me gustaría hacer todo lo posible para convencerte

de que denuncies a ese tío.

Es un maldito proxeneta.

Ese que es tu chulo

es un malnacido.

Y muy poco hombre si es capaz de hacerte eso que tienes ahí.

-¿Me estás tomando el pelo? -No, te estoy hablando en serio.

-Muy bien. Mira, creo que ya he escuchado

bastantes tonterías por hoy.

Venir aquí me parece que ha sido una pérdida de tiempo. Perdona.

-Emma, Emma. Por favor. Escúchame.

Si quieres salir de la mierda en la que estás metida,

lo único que puedes hacer es denunciar a ese tío

y si lo haces, yo estoy dispuesto a ayudarte.

-A ver, a ver, ¿eh? ¿Cómo te lo tengo que decir?

Que Rojo no me ha puesto la mano encima.

-Entiendo que tengas miedo,

pero no debes preocuparte.

Aquí tenemos a la mejor comisaría de policía

con los mejores agentes que pueden ayudarte.

Si hace falta, te pondrán protección 24 horas.

-A ver, Quintero.

Esto me lo he hecho yo sola.

Punto número uno. Y punto número dos,

no necesito otro chulo que dé la cara por mí, ¿vale?

Buenas noches.

-Como quieras.

-Álvaro. Álvaro, ¿dónde estás?

Llámame, hijo, dime que estás bien.

(Llaves)

Hola.

-¿Dónde estabas?

-He ido a dar una vuelta, necesitaba tomar el aire.

-Estás borracho, hijo.

-Me he tomado unas cuantas copas, ¿qué pasa?

-¿Estás preocupado?

-¿Por qué?

¿Porque alguien pueda descubrir que soy un asesino?

Tranquila, ya...

sabes cuál es la coartada para que no me descubran

y además...

me da igual, mamá.

Me importa una mierda que vengan a por mí

porque estoy preparado para llevarme por delante a quien sea.

-No digas eso, hijo.

-Y pensar que llevo

toda la vida pensando que lo mío era la mecánica y resulta que...

lo que se me da bien es matar a sangre fría.

-Anda.

Deja de decir tonterías. Date una ducha de agua fría.

Después te acuestas.

-Deberías estar contenta, mamá.

Me he convertido en un asesino sin escrúpulos.

Y Silvia ha estado a punto de morir

por tus ansias de venganza hacia Miralles.

-Ya te he dicho que yo no quería que pasara nada de todo esto.

Es más, me alegro de que haya salido del coma.

-¡Eres una mentirosa, mamá!

¿Eh? ¿Y de mí?

¿Yo qué?

¿Te alegras de mi vida también? ¿Estás orgullosa de mí?

No has parado

hasta que eligiera entre mi familia y Silvia.

No has parado hasta meterme en todas tus mierdas.

No pararás hasta que termine igual que Luis y Ricky.

Eso es lo que te pasa.

-No te haré caso porque estás borracho.

(LLORA)

Oye, Lara, ¿se te ocurre algún plan así que esté

muy guay para sorprender a alguien? Algo así muy chulo.

-La Mazmorra del maligno.

-¿Perdona?

-¿Eso qué es, un "pub" que está superchulo?

-No, mucho mejor.

Me llevaron el fin de semana pasado y aluciné.

Es algo original, divertido.

Una pasada.

-¿Qué te pasa?

¿Ya no te diviertes conmigo ahí en el sofá viendo una serie

los dos junticos picando algo?

-Tengo miedo de que caigamos en la rutina.

Cuando las parejas se apoltronan, se acaban aburriendo

y se acaba todo y... y más conmigo que soy un plomo.

-Venga, vale. Haz la reserva.

Quiero hacerte una pregunta profesional.

Paolo Montechi. Es un cliente del taller.

Me pidió que le pusiera la moto a punto. ¿Por?

Hay evidencias de que es él

quien contrató al sicario para tentar contra Miralles.

Claudia, qué sorpresa. ¿Qué tal, Fernando?

¿Tienes un momento? Sí, claro, dime.

Es algo delicado. Verás, lo que te voy a contar es confidencial.

Por favor, te pido...

Claudia, sabes que puedes confiar en mí.

Paolo efectivamente es bróker, pero además

trabaja para la mafia calabresa. ¿Cómo?

¿En la 'Ndrangheta?

No me lo puedo creer.

Lo que sí te voy a pedir es que

levantes tus antenas y...

si oyes hablar de Paolo o de alguien

que haya estado relacionado con él, me avises.

Son peligrosos. Es uno de los cárteles

de droga más peligrosos que hay en el mundo,

mientras menos humee por ahí,

mucho mejor para todos.

-Oye, Toni, que lo siento mucho por lo que pasó ayer.

De verdad, que lo pienso y me da una vergüenza...

Perdona, soy tonta. -No pasa nada.

Ya está. Estabas en un momento agobiada

y te salió así... -Total.

-Dame un abrazo, anda.

-¿Qué os pasa a Toni y a ti que cuando llegamos Elías y yo

estabais como... raros?

-Que le besé. -¿Tú?

¿Y cómo hiciste eso? -Yo qué sé, María, yo qué sé.

Porque estábamos ahí los dos y...

Me dio todo el bajón por lo de Paolo.

Yo qué sé.

-¡Emma, Emma!

Espera un momento. -¿Qué quieres?

-Hablar contigo, solo eso.

-Pensé que había quedado claro.

-Te fuiste de una forma un poco brusca, ¿no te parece?

-No tenía tiempo para escuchar tus tonterías.

Y ahora tampoco lo tengo. -¿Por qué tienes tanta prisa?

¿Te espera tu jefe o qué?

-Me espera un cliente. Ya sabes a lo que me dedico.

-Tienes miedo, es eso, ¿no?

En esta lista has escrito

Álvaro y Elvira Soler. (ASIENTE)

¿Qué relación tenían Álvaro y Elvira con Paolo?

Pues Álvaro era el mecánico de Paolo.

¿Y Elvira?

Vino porque quería consejo para invertir un dinero en bolsa.

¿Elvira Soler quería invertir en bolsa?

¿Quieren interrogarte?

-No sé, la policía que me ha llamado no me lo ha dicho.

-¿Lo ves? Están estrechando el cerco. -Es posible.

Me ha citado a última hora. A las 21:30.

¿Conoce a este hombre? No.

Y sin embargo, usted estuvo en su casa.

Qué cosa tan absurda.

¿Cómo voy a estar en casa de alguien que no conozco?

Patricia Fernández, Paty,

ella asegura que la vio a usted

en su apartamento con Paolo

y que a su modo de ver se conocían.

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Servir y proteger - Capítulo 647

27 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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