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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 644 - ver ahora
Transcripción completa

-Baja las manos, no hagas tonterías. -Lo mejor es que te entregues.

Te prometo que te voy a ayudar a salir de esta como la otra vez.

-¿Sabes que va a ayudar a Julián Conde a pesar de todo?

-Lo sé. Te diré una cosa, a mí me parece bien.

A uno de los ladrones, lo conocía de allí. ¿Qué te parece?

Métetelo en la cabeza.

Seguiré en el centro cívico hagas lo que hagas.

Pues nada. Tendré que acostumbrarme a sufrir cuando salgas cada mañana.

Conectar con alguien es verdaderamente difícil.

Es raro y muy valioso.

-Lo siento.

La he cagado... pensando demasiado.

Y no estando en lo que sentía.

No sé si estoy para esto, Ángela.

-Mira, no me marees más. Otra vez no, ¿vale?

Está claro que...

es un error.

-¿No te das cuenta, Eladio, que esas tres son unas profesionales?

-¿Habla en serio? -¡Claro que hablo en serio, Eladio!

Claro que hablo en serio.

Solo tienes que fijarte un poco.

¿No ves cómo miran a todos los hombres de aquí?

Ven cómo está este mercado para ver si pueden hacer clientela nueva.

-Gracias. -No hay de qué.

-Siento que os tengáis que ir ya. -No te preocupes.

Nos ha encantado el sitio y tú, así que volveremos seguro.

-Miralles tiene que morir. Quién lo haga y cómo es cosa tuya.

-No cuentes conmigo. -¿Por qué?

Me han dicho que Caimán ha matado a decenas de personas...

(DOLORIDO)

-Sigue hablando así y te reviento la cabeza contra la mesa.

(VOZ DISTORSIONADA) "Le felicito por la captura de Fabio Callas."

¿Quién es? ¿Qué quiere?

"Eso no importa."

Yo sé cuál era el objetivo que tenía.

Es alguien vinculado a la comisaría.

"La inspectora jefa Claudia Miralles."

¡Cuidado!

¡Silvia!

Esa bala era para mí, Emilio, esa bala era para mí.

Yo tenía que estar en ese quirófano y no ella.

¿Qué ha pasado?

-Un tiroteo.

-¿Y ha habido víctimas?

-Pues sí, una.

-¿Alguien conocido?

-Silvia.

-¿Silvia?

-Perdona.

¿Qué acabas de decir?

Avisa a mi madre.

¿Quieres que avise a tu madre?

-¿Estás pensando lo mismo que yo?

¿En la razón por la que... Silvia quiere ver a su madre?

(SUSPIRA) -No lo sé, Espe.

La gente al borde de la muerte cambia a menudo su perspectiva de la vida.

Hay que averiguar cuanto antes quién y por qué le contrataron

para hacer ese trabajo.

No te preocupes. Lo averiguaremos.

Cueste lo que cueste.

Hola.

¿Esperanza Beltrán?

-Sí, soy yo.

-¿Qué tal? Soy Berta. La madre de Silvia.

-No quería que nada de esto pasara. No le deseo ningún mal, de verdad.

-Pues ahora mira dónde está.

En una cama debatiéndose entre la vida y la muerte.

(Música emocionante)

(Timbre)

Hombre, pasa.

Antonio. Claudia.

¿Sabemos qué tal está Silvia?

Está estable, pero hay que estar atentos.

¿Y tú cómo estás, Claudia?

Pues yo igual. No hay novedad.

Silvia sigue debatiéndose entre la vida y la muerte

por un disparo que iba dirigido a mí y todavía no sabemos

quién le puso mi nombre a esa bala.

Pero sabemos quién apretó el gatillo: Carlos Puerto.

Sigue en el calabozo, ¿no? Sí.

Hoy es el segundo "round" y te aseguro que haré lo posible

para sacarle quién le contrató y por qué.

No.

No vas.

Vamos. No, no, perdona. No te voy a dejar

salir de aquí ni a comprar el pan.

Antonio.

Si tú misma lo has dicho. Están esperándote para matarte.

Pediré el día libre en el centro de salud.

Deja que tus compañeros resuelvan el tema. Díselo, Emilio.

Antonio, sabes que si Claudia ha decido participar,

ni tú ni yo se lo vamos a impedir.

Pero te aseguro que pondré todo lo que esté en mi mano

para protegerla.

No te preocupes. Te prometo que no me separaré de mis compañeros

ni un milímetro.

Voy a estar llamándote cada media hora. ¿Lo tienes claro?

Lo tengo claro. Cojo mis cosas y nos vamos.

Perfecto, pero cualquier novedad me mantienes informado, ¿vale?

Y, Espe...

Muchas gracias por todo.

-¿Entonces está estable?

-Lo preguntas como si te importara. -Pues claro que sí, hijo.

Aunque no te lo creas, Silvia no era el objetivo. No le deseo ningún mal.

¿No me crees? -¿Cómo quieres que te crea

después de todo lo que has hecho?

Conspiraste con Paolo.

Planeaste un asesinato.

Y contrataste un sicario y a mis espaldas.

-Porque tú no querías participar.

-No, lo que dejé claro es que matar a Miralles era un error.

-¿Es un error matar a la asesina de tu hermano

y hacer justicia a tu familia? -No me des sermones de familia.

¿Te recuerdo qué hice para vengar su muerte?

Estas...

son las manos manchadas de sangre, no las de un sicario.

Así que no me des ningún sermón, porque solo tú

eres la que ha puesto en peligro a esta familia.

-¿En peligro? -Sí, en peligro.

Han disparado a una inspectora de policía, mamá.

¿Te crees que sus compañeros se quedarán tranquilos

solo deteniendo al que disparó?

Van a querer saber más. Y esa mierda de sicario que contratasteis

puede cantar en cualquier momento. -Si es prudente, callará.

-¿Prudente? Apretó el gatillo a plena luz del día

contra dos policías. Es de todo menos prudente.

-Lo contrató Paolo, no yo.

-Me da igual quién lo contrató.

Carlitos lleva a Paolo. Y Paolo a ti.

¿Sabes todo lo que saldría si nos relacionan con ellos?

-Llevo toda la vida alejando a la policía de nuestra familia

y lo seguiré haciendo. -No.

Tú ya no vas a hacer nada más, mamá.

Mira, hay algo que no me cuadra.

Siempre has sido muy astuta, muy inteligente

y, sobre todo, calculadora.

Y esta chapuza de plan no es propio de ti.

Así que creo que intentaste matar a Miralles por tus propios medios

y no lo has conseguido.

Es eso, ¿no?

No sé si es el odio o la enfermedad lo que te ha cegado,

pero no permitiré que sigas poniendo en peligro

a esta familia, ¿está claro? -¿Qué insinúas?

-Que a partir de ahora yo me voy a encargar de todo.

Y tú te vas a quedar sentadita en casa.

-Hola, hija, ¿qué tal?

¿Cómo estás?

Tengo muchas cosas que contarte, Silvia.

Muchas, pero...

Pero no sé por dónde empezar.

He encontrado una foto de cuando eras pequeña.

Tenías 13 años, mira.

Bueno, estás muy bonita.

Habíamos celebrado una fiesta de cumpleaños en casa

y... y también estaba Román.

Y bueno, pues yo había hecho una tarta.

Y tú te fuiste sin probar bocado directamente a la cama.

Yo... después de recoger subí y me acerqué a tu habitación

para darte las buenas noches.

Y me pediste que me metiera en la cama contigo.

¿Te acuerdas?

Y me diste un abrazo.

Y sentí que estabas... que estabas temblando, mi amor.

Estabas muerta de miedo.

Por fin decidiste contarme

lo que Román te estaba haciendo.

(LLORA) Recuerdo que...

que me enfadé contigo

y te acusé de no querer verme feliz

y echar mierda sobre Román, porque como no te gustaba...

Perdóname, mi amor, perdóname.

(LLORA)

De verdad que no tenía ni idea.

No podía imaginarme

la terrible verdad que estabas viviendo.

Es verdad que he tardado mucho tiempo en venir, mucho, demasiado quizás.

Pero ahora sé...

ahora sé todo lo que te hizo sufrir, hija.

Pero qué egoísta fui, pero qué...

pero qué mala madre.

Estaba tan desesperada, tan ciega por...

por rehacer mi vida que no me di cuenta

de que estaba destrozando la tuya.

Perdona.

Por favor.

Te lo pido con toda mi alma.

Por favor, perdóname.

Por haber metido a ese monstruo en nuestra casa.

Por no... por no haber sabido

protegerte de él.

(Puerta)

Perdona, perdona, perdona.

¿Quieres pasar?

-Tenemos que dejar la habitación,

que los médicos necesitan hacerle unas pruebas.

-Vale, bien, bien. Bien.

Perfecto.

Así aprovecho...

doy una vuelta y busco,

pues no sé, un hostal por la zona. ¿Conoces alguno?

-No, no, no necesitas ningún hostal, ya acordamos que te quedarías

en nuestra casa sin problema.

Olvídate de eso de buscarte un hostal.

-Vale.

Muchas gracias.

-Buenos días, madrugador.

-Oye, ¿qué haces?

-Darte los buenos días, aunque no sé si te los mereces mucho, ¿eh?

Oye, ¿me puedes hacer un poquito de caso? Un segundo solo.

Ay. -Oye, oye, oye, ¿qué? ¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa? ¿No ves que estoy trabajando?

No estoy viendo una peli.

-Ya, ya, y yo estoy hablando contigo.

-Bueno, que no eres el centro de atención ahora, ¿vale?

-Bueno, eso me lo has dejado bastante claro.

Nada, perdona, ¿eh? Sigue con tus movidas

que yo no te molesto más.

-Paty, Paty, perdón, espera, espera.

-¿Qué? -Estoy con la cabeza en el curro.

Por favor, sé que no es tu culpa.

Se me fue la olla, ¿vale?

-Entiendo que estés ahí concentrado con tus movidas,

pero ¿hablarme así?

Es que eso nunca ha pasado, ¿qué te pasa?

Te conozco perfectamente y algo te pasa, ¿me lo vas a contar?

-Son cosas del curro, y además son cosas técnicas,

ni sabría cómo explicártelas.

-Inténtalo. Que si no, voy a estar comiéndome la cabeza todo el día.

¿Qué pasa? -Cometí un error.

Quise proteger a mis inversores de una situación de locura

y he vendido unas acciones muy buenas para salvar las ganancias.

Quise adelantarme al mercado.

Lo que pasa ahora es que

mis clientes han perdido una rentabilidad de miles de euros

por mi culpa.

Así que...

-Ostras, Paolo.

"Joé", lo siento muchísimo, qué marrón.

Pero no te preocupes porque yo estoy segura

de que vas a compensarles porque eres el mejor.

Y ellos lo saben. -Sí, pero es que no es fácil.

Lo estoy intentando, en serio.

Pero siento mucho haberlo pagado contigo.

-Solo quiero que recuerdes que estamos juntos.

Y que eso significa que nos contamos las cosas, ¿vale?

Aunque pensemos que la otra persona no lo vaya a entender.

-Que lo sé, lo sé, lo sé, cariño.

Oye.

Eres la mejor, ¿lo sabes? -Ah, ¿sí?

-Sí.

-Venga, me voy a trabajar. -Vale.

-Con lo que sea me avisas, ¿vale? Voy a dejar el teléfono abierto

24 horas. -No te pases que luego María

me echa a mí la bronca.

-Oye, pasa un buen día, ¿vale? -Vale, y tú.

Ese hombre del parque, el que te hizo el encargo,

¿no te dijo por qué? ¿No te dio ningún motivo?

A ti con saber lo imprescindible ya te iba bien, ¿no?

Casi no hablamos, solo me dio la pasta.

Claro y eso fue suficiente, ¿eh?

¿Qué crees que va a pensar tu hija Candela cuando se entere

de todo esto?

Cuando sepa lo que has hecho.

Estoy colaborando.

Está bien.

Por ahora vamos a dejarlo aquí.

Ayer apenas conseguimos rascar la superficie,

pero ahora tú has sacado petróleo.

No, la clave ha estado en lo de la niña.

¿Cómo averiguaste que tenía una hija

que estaba a punto de hacer la comunión?

Le pedí a Ángela que buscara información suya en las redes.

Alguna tecla que tocar que le hiciera vulnerable.

Pues ha sido la tecla perfecta.

Los que somos padres o madres siempre tenemos

ese talón de Aquiles, ¿verdad?

Puede ser un talón de Aquiles, pero también una fortaleza.

El caso es que cuando ha oído nombrar a su hija,

no le ha quedado más remedio que colaborar.

La verdad es que sí. A partir de ahí se ha abierto bastante.

Claudia, vamos a recapitular.

Sí, vamos a lo importante. (CARRASPEA)

A la descripción del tipo que lo contrató.

Hombre blanco, 25 años, alto y atlético, con barba, encapuchado

y con marcado acento italiano.

Volvemos a la hipótesis de la mafia.

Después del fiasco de Fabio decidieron buscar a un asesino

más autóctono.

Ya, pero me sorprende que la 'Ndrangheta contrate

a un tipejo como Carlitos.

Vamos a dejar el móvil de lado por el momento,

y centrémonos en las preguntas que sí podemos esclarecer.

A ver, nuestro principal indicio es ese italiano del parque.

Si contrató al tal Carlitos a través de la "deep web",

deberíamos incautar su ordenador.

Y si se entrevistaron en el parque de Barlovento,

es posible que tengamos imágenes de las cámaras de seguridad.

Bien, yo me voy a encargar de pedir la orden a nuestros compañeros

para conseguir ese ordenador, y tú habla con Ángela

sobre las grabaciones. Y deberíamos retener a Carlos Puerto

en el calabozo. Creo que nos vendría bien

hacer un retrato robot.

El oficial encargado de hacer los retratos está de viaje,

pero vuelve esta tarde.

En cuanto entre por la puerta, prioridad absoluta.

Muy bien. Escucha, Claudia,

¿tú crees que el tal Carlitos dice la verdad?

Que no sabe por qué le encargaron tu asesinato.

Pues yo creo que en ese sentido, estaba tan perdido como nosotros.

Pronto empezaremos a tener certeza, ya verás.

Muy bien, espero que sí.

Eres un miserable y un mentiroso. Debería partirte la cara.

-Adelante, adelante.

Si eso te hace sentir mejor, por favor, adelante.

-Te juro que si no te estuviera protegiendo la mafia,

acabaría contigo.

-Qué pena, porque prefiero un buen puñetazo ahora

que la chapa que está por venir.

-No sé de qué me sorprendo.

Eres la misma persona que permitió que dejaran inválido a Isidro

y le pusieran a mi madre una pistola en la cabeza.

-Vas pillando cuál es mi trabajo.

Tu madre un día es víctima, el otro día es verdugo, y a mí, ¿qué?

Yo soy un gestor, Álvaro, y ya está.

Ya te lo he dicho. Y quien paga, manda.

Y tu madre me ha pagado un montón de dinero

para que tú no sepas nada.

-Ah, vale, o sea, que es una cuestión de ética, ¿no?

No tiene nada que ver que te estés aprovechando

de una mujer que sabes perfectamente que está enferma.

-Álvaro. Enferma o no, tu madre sabe perfectamente lo que hace.

Y es demasiado lista para dejarse engatusar por nadie.

-No sabes lo que estás diciendo.

Si mi madre estuviera bien,

nunca hubiera permitido esta mierda de plan.

¿Cómo se te ocurre contratar a un aficionado, tío?

Nos has puesto en peligro a los tres.

-Pero ¿por qué te pones nervioso siempre? ¿Por qué te precipitas?

Pues que él sea un aficionado, yo no.

-Eso díselo a la policía que le está interrogando.

En estos momentos, mientras hablamos, el tal Carlitos

te puede estar delatando.

-Bueno, me encantaría saber cómo.

No tiene mi nombre. No sabe quién soy.

Lo contraté a través de la "deep web", ¿sabes qué es?

Anonimato 100%.

-¿Nunca te vio la cara? ¿Eh?

-Fue un intercambio rápido en el parque de Barlovento,

pero ya está, no sabe nada de mí. Ni tampoco de tu madre.

Álvaro, confía en mí, en serio.

-¿Que confíe en ti? Venga, Paolo, no me hagas reír.

Si te vio la cara, puede describirte.

Y si te escuchó el acento, puede identificarlo.

Ahí ya tienes dos errores.

-Estás dándole demasiadas vueltas, ¿eh? Como siempre.

-Tendrías que haberlo hecho tú, en vez de ejecutar

esta chapuza de plan.

Pero te lo advierto, tío.

Como le pase algo a mi madre,

voy a ir a por ti.

Y ni siquiera la familia va a poder protegerte.

(Puerta)

Espe, pasa, cielo, ayúdame. ¿Quién es toda esta gente?

-Son compañeros y amigos del barrio.

Eso fue el año pasado en un bar cerca de la comisaría.

Le preparamos una fiesta sorpresa por su cumple.

-Parece feliz. -Y ¿eso no debería hacerte feliz?

-Sí.

Lo único que me recuerda son los cumpleaños que me he perdido.

Ocho. Desde que se fue a vivir con su abuela.

No sé, es que esto me parece muy raro, por una parte

veo a mi hija, y por otro lado a una desconocida.

-Pero sigue siendo la persona que mejor la conoce.

Siempre será su madre.

-¿Tú ves por aquí alguna foto de su madre?

-No, la verdad es que no.

Pero... cuando Silvia se recupere,

y te aseguro que se va a recuperar,

podréis hacer todo eso,

y llenar la habitación de selfis. -Seguro.

Ay, que así sea.

No puede ser.

No puede ser, no me lo puedo creer, ¡Risitas!

-¿Lo conoces? -Mucho.

-Es el peluche preferido de Silvia, yo no lo entiendo.

Porque es que vamos.

-Es horroroso, hija mía, más feo que un dolor.

-Sí, bastante inquietante, sí.

¿De dónde salió?

-Al poco tiempo de fallecer el padre de Silvia,

ella tenía nueve años. Nos fuimos a dar un paseo por la noche,

a una verbena.

Recuerdo que Silvia me llevó por todos los puestos de la feria.

Jugamos en todas las casetas, pero solo ganamos en una.

En la de los globos y los dardos.

Y nos llevamos el segundo premio. -Risitas.

-Le supliqué al dueño que, por Dios, me cambiara este horror de peluche

pero nada, no hubo manera, ¿eh?

Más que nada porque Silvia no quiso, dijo que era su premio

y que le había cogido cariño, así que nos fuimos los tres a casita.

No se separaba de él, estaba todo el día.

Así era Silvia de pequeña, jugando, jugando a todo

e imaginándose cosas, riéndose.

-No consigo imaginármela.

-No, es que ya no está.

Esa niña ha desaparecido.

Pocos años después, cuando Román entró en nuestras vidas,

Silvia dejó de reírse.

Se convirtió en una niña callada,

introvertida, desconfiada.

Y aquí la culpable.

No tuvo más remedio que protegerse a sí misma,

porque nadie más lo iba a hacer por ella.

-Silvia me habló de ese hombre,

me contó lo que le hacía cuando tú no estabas en casa.

(SUSPIRA) -Sí.

Me convertí en el cómplice de la persona

que le estaba haciendo tanto daño.

Abandonarme fue la mejor decisión de su vida.

Si Silvia hubiera seguido conmigo, nada de esto existiría.

Ni sus compañeros, sus amigos, esta casa, ni tú, ni su trabajo.

Nada de nada.

Y ahora vengo yo aquí...

a querer formar parte de su vida.

A querer saber más de ella.

-Venga, dispara.

-¿Qué? -Sí.

Yo quizá soy la persona que mejor conoce a Silvia.

Pregúntame lo que quieras saber.

-Espera, a ver, no sé.

Venga, pues el trabajo. ¿Le gusta?

-No.

Le apasiona su trabajo.

Y además es buena, la tía, ¿eh?

Es una de las inspectoras mejor valoradas

y la mejor compañera que se pueda tener.

Me ayudó muchísimo en el momento más terrible de mi vida.

No se separó de mi lado ni un segundo.

Y si ahora mismo está en el hospital

es por salvarle la vida a la inspectora jefe Miralles.

Tu hija no es policía.

Tu hija es una heroína.

-¿Y de los chicos qué tal va? ¿Sale con alguien?

-Bueno, lo único que te puedo decir es que estuvo con un chico.

Fue una relación muy especial, muy difícil...

que se quisieron mucho, pero también se hicieron mucho daño.

-Siempre te he tenido miedo de que la experiencia con Román

le pudiera afectar. Ya sabes, en ese aspecto.

Que no fuera capaz de volver a confiar en otros hombres.

-Pues no te preocupes por eso porque...

hay una cosa que Silvia no ha perdido desde que era niña.

Sabe ver lo mejor que hay en el interior de las personas.

Y eso te incluye a ti.

Bueno.

Toma. Me tengo que ir a comisaría.

Pero... no sé, ponte cómoda. Estás en tu casa.

Te dejo las llaves por si las necesitas.

-Muchas gracias.

-Hasta luego.

-Silvia tiene suerte de que tú seas su amiga.

Muchas gracias por cuidar de ella.

-Sí, sí, ya sé que es mucha pasta,

pero es que necesito más tiempo.

Te lo juro, de verdad que...

voy a devolverte cada céntimo que te debo.

Que sí.

Gracias, gracias.

Muchas gracias.

Madre mía.

Anda que...

Emma.

-Hola, pero si es mi "barman" favorito. ¿Cómo estamos?

-Nada, que te veo muy bien.

-Qué majo eres, Eladio. -Oye, Emma...

quería disculparme contigo. Bueno, con vosotras, por lo de ayer.

-Ya, cuando tu jefe nos echó del bar, ¿no?

-A ver, don Fernando es un buen jefe, pero...

Yo normalmente estoy con él pero cuando se equivoca, se equivoca.

Y la manera en que os trató ayer no eran formas.

-No fueron formas, la verdad.

Seguro que era mentira que estabais cerrando.

-No... vamos...

-Eladio, dime la verdad. ¿Por qué nos echó?

-Verás...

es que eso son cosas suyas.

-Ya... bueno, será mejor que lo dejemos aquí, ¿eh?

-Está bien, espera, espera.

Prométeme que no te vas a enfadar porque todo esto se debe

a una gran confusión.

Mira.

Don Fernando se pensó, pues que...

vosotras estabais allí...

para hacer negocio.

¿Sabes lo que te digo? -No, no. ¿Qué tipo de negocio?

-Él se pensó que seríais prostitutas. -¿Qué?

-Prostitutas de lujo, por supuesto.

-Pero el tío este...

Pues me va a oír, ¿eh?

Esta tarde voy allí y le canto las 40.

-No saquemos las cosas de quicio. -Sí voy a sacarlas.

-No consentiré que un cincuentón prejuicioso

me humille a mí y a mis amigas.

Tengo un contacto en el Ayuntamiento.

Como mueva hilos, lo mismo le encierro el garito.

-Emma, para el carro porque, porque...

los que trabajamos allí no tenemos culpa de nada.

Yo creo que estamos llevando las cosas demasiado lejos.

-Me da mucha vergüenza que hayas pensado esto de mí.

-¿Yo? Yo jamás pensaría eso de ti.

Vamos, si le he dicho a don Fernando

una y mil veces que vosotras estabais allí para divertíos.

Y que teníamos mucha suerte de tener unas clientas tan guapas

alegrando el local.

-¿Le has dicho eso? -Claro que sí.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Déjame hablar con don Fernando y estoy seguro

de que le haré ver que todo esto es una confusión.

¿Vale? -¿Harías eso por mí?

-Es lo mínimo. Vosotras merecéis una respuesta.

y el "Monli" merece que estéis allí.

Mira.

Pasaos esta tarde

porque te aseguro

que todo estará arreglado.

-Eres un encanto, Eladio.

Nos vemos esta tarde.

-Claudia, ¿tú no deberías estar en casa?

Lo que debería es estar en el hospital

con un disparo en el costado.

Y mira, cada minuto de vida que me ha regalado Silvia

lo dedicaré a la investigación.

Silvia se ha llevado la bala equivocada,

pero tú sigues en la rifa.

No pienso descansar hasta que no sepa

quién reparte los boletos.

¿Y el sicario detenido ha cantado?

Ha señalado a un joven italiano del que no sabe el nombre

como autor del encargo.

La mafia calabresa

quiere mi cabeza.

¿Tú le encuentras un sentido a eso?

He pensado en alguna otra vía,

igual los italianos funcionan como intermediarios.

Si eso mismo pienso yo, yo creo que hay alguien

que quiere liquidarme y su relación con la mafia es circunstancial.

¿Por eso estás repasando casos antiguos?

Sí, sobre todo en los que ha habido operativos de riesgo

con víctimas mortales. Siempre puede haber algún...

no sé, algún viudo, algún hijo con afán

de venganza al que no ponemos cara.

Todos los policías nos ganamos algún enemigo.

Y a veces muy peligroso, pero tú ya has pasado por eso.

¿Te refieres a Juan, el violador de la máscara?

No viene el asesino de la más... Ese tipo

secuestró, violó y mató para hacerte daño.

Fue tu gran enemigo, pero dos en una vida

me parece demasiado, ¿no?

Pero entonces...

¿qué es, Elías, qué es?

¿La mafia

se ha equivocado, me confunde con otra persona?

Tú eres inconfundible, amiga mía.

Este caso es diferente. El asesino de la máscara

mataba él con sus propias manos, pero este tipo

busca un intermediario.

¿Qué nos puede decir eso?

Pues que quiere mi cabeza, pero no quiere

una confrontación directa conmigo.

Quizá...

se trate de alguien muy cercano

o alguien que tenga miedo a fallar

o a ser identificado.

O todo eso a la vez.

¿Piensas en alguien en concreto?

Alguien de un entorno cercano.

con antecedentes delictivos.

Con un odio hacia mí justificado.

¿Con medios y sangre fría suficientes

como para contratar un sicario para matarme?

Pues sí, pienso en alguien en concreto.

Elvira Soler.

Esa mujer me odia, lo ha manifestado en multitud de ocasiones.

Ya buscó desacreditarme y acabar con mi carrera.

De eso al asesinato...

Pero los Soler no son ajenos al homicidio.

Si se trata de un crimen pasional, ¿por qué no lo ha hecho ella misma

con sus propias manos?

A lo mejor se le ha pasado por la cabeza.

Lleva meses que no me pierde de vista. No sé. Está...

Está débil.

Está enferma.

¿Has hablado de esto con Bremón?

No, no sabe nada y prefiero que no lo sepa.

No, es que...

De momento, solo es una hipótesis cogida con pinzas.

Ya les hemos acusado demasiadas veces, ¿sabes?

Acaba de llegar el responsable de identificación facial.

Muy bien. Le acompañaré al calabozo. Gracias.

Mira. ¿Sabes lo que nos enseñó el asesino de la máscara?

Por muy maquiavélicos y maliciosos

que sean nuestros enemigos,

siempre los trincamos.

Gracias, amigo.

Estupendo, Ángela. Escucha una cosa más.

El ordenador de Carlitos Puerto está a punto de llegar de Málaga,

en cuanto llegue, me gustaría que le echaras un vistazo

y si encuentras novedades me lo comunicas rápidamente.

Perfecto. Gracias, Ángela. Adiós.

Aquí tienes el retrato robot del tipo que contrató al sicario.

Es muy genérico.

Es el máximo que consiguieron con sus indicaciones.

Y le dedicaron más tiempo del habitual en deferencia a Silvia.

Sea como sea, tendremos que ponerlo en circulación

entre las patrullas y el resto de comisarias.

Mañana después del "briefing". ¿Qué sabemos de las grabaciones?

Ángela ha estado revisando las cámaras de seguridad

cercanas al parque de Barlovento, pero nada, no hubo suerte.

¿Ni una sola imagen de ninguno?

Una de las cámaras captó a Carlitos entrando y saliendo.

La imagen no es muy nítida,

pero creo que es casi seguro que sea él.

Sin embargo, del italiano nada.

Sabía dónde estaban las cámaras, claro.

Si este tipo trabaja para la 'Ndrangheta,

no puede ser ningún panoli.

A esa gente no se la pilla fácilmente.

Espero que te equivoques, Claudia.

Todavía nos queda la comunicación que tuvieron en la "deep web".

El ordenador de Carlitos está a punto de llegar

y confío en que Ángela

encuentre la más mínima huella de ese italiano.

La "deep web" es una plaza bastante más oscura y transitada

que la de Barlovento.

Seamos positivos. Tenemos más que ayer.

Tenemos una confesión, un ordenador y un retrato robot.

Tenemos que trabajar con lo que tenemos.

Y si se te ocurre cualquier línea de actuación

que no hayamos utilizado,

soy todo oídos. Yo creo que la persona,

el autor intelectual, el que ideó mi muerte,

esa persona está enmarañada entre las pistas.

Creo que está más cerca de lo que pensamos.

Claudia.

Espero que no me estés ocultando cualquier sospecha

que tengas sobre la persona que quiere acabar con tu vida.

No, no.

Solo son disquisiciones.

Entonces la línea de investigación está clara.

Queda un asunto por resolver muy importante.

Tu seguridad.

Te voy a poner un escolta.

Emilio, no, gracias.

Estaremos todos más tranquilos si estás protegida.

Sí estoy protegida.

Llevo mi arma reglamentaria

y el chaleco me lo pongo hasta para ir de paisana.

¿Tengo que recordarte que ahí fuera hay alguien intentando matarte?

Habrá que detenerlo antes de que lo vuelva a intentar.

Menudo éxito están teniendo mis alcachofas salteadas.

-Que no, mujer, están muy buenas, lo que pasa es que...

no tengo apetito.

-Ya, ya. Yo tampoco, me pasa lo mismo.

-Vaya tres.

Es por...

la pelota esta que tenemos en el estómago

y mezcla de rabia y preocupación por Silvia.

Pero mira.

Pensadlo al revés.

¿Qué haría Silvia si estuviera aquí ahora mismo?

-¿Cómo? Se comería la sartén entera, seguro. (RÍE)

-Y rebañaría el plato.

-¿Me estáis diciendo que a Silvia le gustan las alcachofas?

-Que no le gustan, le vuelven loca.

-Pero si de pequeña las aborrecía.

Las esparcía así por el plato.

Y si no, las tiraba al baño en una servilleta.

-¿Sí? -La de atascos

que hemos tenido en ese baño.

-Ahora también es superfán del brócoli, de los pimientos.

-Berta. ¿Estás bien?

-Lo siento, es que no sé cómo explicarlo. Llevo...

llevo todo el día viendo fotos de su nueva vida.

Compañeros, amigos.

Un montón de cosas con las que no tengo ningún vínculo.

Cosas de las que no podría hablar con ella.

-Ya.

-Por primera vez me estoy imaginando hablar de esto con ella.

Que le diría...

¿Lo ves, tanto coñazo de niña

y al final tu madre tenía razón con las verduras?

Imagino cómo se ríe

Silvia de mí, metiéndose conmigo.

"Qué pesada eres, mamá, qué exagerada eres, qué..."

Que yo casi... Bueno, lo siento. Una estupidez.

-Que no es una estupidez.

Son las ganas de recuperar la normalidad con ella.

-Sí, no sabes cuánto. Pero...

Me atormenta un pensamiento.

Y si no sale del hospital, ¿eh?

¿Y si he llegado demasiado tarde?

-Berta, tienes que ser valiente.

Mantén la esperanza.

-He tenido ocho años para ser valiente.

Ocho años para sacar todas mis mierdas

y venir aquí y pedirle perdón.

¿Qué pasa si no puedo hablar con ella?

¿Dónde han quedado estos ocho años tirados a la basura?

¿En una conversación imaginaria sobre las alcachofas?

Perdonad.

Perdonad este numerito. Lo siento.

-A ver. Un momento.

Berta, escúchame.

Tu hija va a salir sana y salva de esto.

¿Sabes por qué? No eres la única

con asuntillos pendientes con ella, ¿verdad, Lara?

-¿Cómo? Ni de coña.

Le debo una bronca por la última lavadora que puso

que destiñó mi vestido favorito.

-Me debe 20 euros, la morosa.

-¿Solo? A mí me debe 50.

-Y... respecto a ti,

Silvia nos pidió que te trajésemos de vuelta

y no lo hizo porque sí.

Las dos tenéis una charla pendiente

y como que me llamo Esperanza Beltrán que eso va a ocurrir, ¿me oyes?

-¿Te puedo dar un abrazo? Por favor.

Gracias.

-Aquí está.

El mejor Ribeiro de la casa.

Increíble.

-Tú sí que eres increíble, Eladio.

Buenísimo.

Y muchas gracias otra vez por hablar con tu jefe.

-Claro.

-Ha sido un detalle que se haya disculpado.

-Ya te dije que eso estaba hecho, mujer.

Pero no es un plato de buen gusto

tener que decirle a tu jefe cuatro cosas.

Él no ha tenido más remedio que escucharme

porque soy su gerente y mano derecha. Y me ha dado la razón.

Pero está muy arrepentido. Muy, muy arrepentido.

De verdad. -¿Y dónde está él ahora?

-Tenía una cena en el círculo de empresarios

y no va a poder venir en toda la noche.

-Qué pena.

Me hubiera gustado mucho agradecérselo en persona.

Pero bueno.

-Siempre me lo puedes agradecer a mí, si quieres.

-Ah, ¿sí?

¿Y cómo quieres que te lo agradezca exactamente?

-La verdad tengo algunas ideas.

-Eladio, Eladio, por favor.

Eres el gerente de este local, tienes que mantener las formas.

-Lo siento. -¿A qué viene tanta prisa?

-Lo siento, lo siento.

Me cuesta contenerme cuando tengo una belleza así delante.

-A lo mejor soy yo la que se tiene que soltar un poco.

El vino me sube muy poquito a poco.

¿Sabes lo que me pone a mí?

Una copita de champán. -Ah.

Si quieres abro una botella solo para ti.

-Solo para mí sería un poquito demasiado, ¿no?

¿A quién le apetece una copita de champán, cortesía del Moonlight?

Bueno, pues parece que la idea ha triunfado.

Me vas a tener que vigilar, porque con el champán...

¿Me prometes que me vas a cuidar?

-¡Marchando un champán!

-Me gusta, pero no me lo tomo por la noche porque si no...

No me deja dormir.

(Timbre)

Ya voy yo.

Hola, Álvaro. -Hola.

-¿Álvaro, todo bien?

-Sí.

Vengo de ver a Silvia,

pero se ha acabado la hora de las visitas.

Era por si teníais alguna novedad.

-No, sigue todo igual.

Está en coma, pero estable.

-Entiendo.

Os dejo que es muy tarde y estáis cenando.

-Espera.

Pasa, que te quiero presentar a alguien.

Ven.

Mira, Álvaro, ella es Berta, la madre de Silvia.

-Siento lo que le ha pasado a tu hija.

-Ya.

Lo imagino.

Fue a ti, ¿no?

¿Silvia te dijo que me llamases?

-Se esforzó mucho para decírmelo...

antes de quedarse inconsciente.

-Todavía me cuesta mucho asimilar todo esto.

y que Silvia...

haya tenido tanta mala suerte.

-No ha sido mala suerte, Berta.

Ha sido un ataque intencionado.

¿Sabemos algo de quién disparó?

-No te puedo revelar esa información, es confidencial.

-Está siendo muy duro, Espe.

Es injusto y muy frustrante lo que ha pasado.

Y, bueno, saber que el responsable lo va a pagar

haría que me quedara más tranquilo.

Pero entiendo que no me podéis decir nada.

Si necesitáis algo, sabéis dónde estoy.

-Álvaro.

Me han dicho que...

que la quieres mucho.

-Te han dicho la verdad.

-Espera.

Solo te puedo decir que en comisaría

los compañeros están muy optimistas.

Creen que cada vez estamos

más cerca de los responsables de todo esto.

-Pues que los cojan pronto ya

y que paguen por lo que han hecho a mi hija.

-Gracias, Espe.

Buenas noches.

-Buenas noches.

-Uva Chardonnay de la región del...

del mun... del mun...

(RÍE)

¿Quién era ese?

-Un profesor de la universidad que me he encontrado. Qué fuerte.

-¿Has estudiado en la universidad?

-Sí, un montón de años, pero vamos a lo nuestro.

Eladio, ¿una copita y un brindis?

-No, no. Yo no puedo.

Esto es para vosotras. -Eladio, tienes que beber, por favor.

-Lo siento, es una promesa

que le hice a don Fernando.

En el pasado tuve problemas con el alcohol.

Pero si vosotras lo disfrutáis, yo también.

-¿Se puede ser más mono?

(RÍEN)

-Bueno.

Espera un momento, ¿eh? -Sí.

-Don Fernando.

-¿Se puede saber qué demonios está pasando?

-Pero usted me había dicho que vendrían... vamos que igual...

-Sí. Pero se ha suspendido la reunión, Eladio.

-Ah. -Y mientras tanto has aprovechado

para montarte aquí una buena fiesta con tus amiguitas, ¿verdad?

A mis espaldas -Quería darles una oportunidad.

Para demostrarle que ellas no son lo que usted piensa que son.

Si usted conociera a... -No tengo por qué conocerlas

porque ya sé perfectamente qué clase de mujeres son.

-Muy buenas, señor Quintero.

-Buenas. -Ha venido a disculparse.

-¿Yo? ¿Por qué se supone que tendría yo que disculparme?

-Eladio ya nos ha contado que estaba un poco arrepentido

porque ayer nos echó bruscamente del local.

(RÍE)

-Ah, ¿sí?

Eso es lo que os ha contado Eladio, ¿eh?

Pues parece que mi empleado y yo tenemos un serio

problema de comunicación.

Porque lo que yo le dije exactamente era que no quería volver a veros.

-¿Y esta vez se va a atrever a decirnos por qué o...

le vamos a tener que preguntar a Eladio?

-Claro, no tengo ningún inconveniente.

¿Te lo digo con todas sus palabras?

-Por favor.

-A lo mejor no hay que llegar a... esos extremos.

-Cállate, Eladio. -Sí, cállate.

-¿Qué?

-Sí.

Somos prostitutas, ¿y?

¿Nos va a dar lecciones de moralidad un narcotraficante?

Un hombre con su pasado debería ser más permisivo con nuestro oficio.

Nos estamos ganando el pan.

Igual que usted con la droga.

-¿Sabes qué? Te voy a decir un par de cosas.

La primera es que yo no soy ningún narcotraficante.

La segunda es que no tengo nada en contra

de vuestra profesión. Por mí puedes hacer con tu cuerpo

lo que te dé la gana.

Pero no en mi negocio. ¿Te queda claro?

-Clarísimo.

-Bien.

-Chicas,

nos vamos.

No sé de qué va con el rollo de empresario honrado,

pero le voy a decir una cosa.

No cuela.

(RÍE)

-Toma.

Por si todavía no te había quedado claro.

Ya hablaremos luego tú y yo.

(Puerta)

¿Vas a venir a intimidarme dos veces al día?

¿En serio?

¿Crees que esto va a ayudar en algo?

-No seas imbécil y siéntate.

Quiero hablar contigo.

Sé que esta mañana me he presentado de malas maneras y lo he pensado.

Ponernos uno en contra del otro no va a solucionar el problema.

-Así que vienes para disculparte.

-No. Y no vayas por ahí.

He venido para que busquemos una solución a esta chapuza.

Me guste o no, estamos juntos en esto.

Si quiero salvar a mi madre, te tengo que salvar.

-Es que yo no necesito que me salves de nada, Álvaro.

-Ah, ¿no?

Pues vengo de ver a dos policías de Distrito Sur y...

están contentos con el interrogatorio que le han hecho al tal Carlitos.

¿Sabes lo que significa? -No, no significa nada.

-¿No ves que es un pringado?

Que va a hacer todo lo posible por salvar su culo.

-En ese caso tenemos suerte, ¿no?

Porque él no sabe nada.

-Que te ha visto la cara y ha escuchado tu acento.

Seguramente haya un retrato robot.

¿Cuánto tiempo crees que van a tardar en encontrarte?

No quiero que mi madre vaya a la cárcel.

Pero por lo menos, ella ya ha estado.

Sabe sobrevivir a situaciones muy jodidas y peligrosas.

¿Puedes decir lo mismo?

-No, por favor, tío. Yo nunca iré a la cárcel.

-¿Te quieres dejar de hacer el machito?

Estás igual de cagado que yo.

-Cuéntame el plan.

Porque si estás aquí, tienes un plan.

-Sí.

Claro que lo tengo.

Pero para eso necesito que desaparezcas de aquí.

-¿Y qué... qué va a pasar con... con los calabreses?

¿Qué va a pasar con Paty?

-Llevas muchos años poniendo excusas, no creo que sea complicado.

-No.

No porque este plan

tiene un problema.

Si la policía

da con mi nombre

antes de lo que pensamos, ¿vale?

Lo tendré jodido para salir del aeropuerto.

No podría salir de España de forma segura.

-Sí, sí que podrás si yo te ayudo.

Por eso te he dicho que tengo un plan.

Mañana te llevo a Portugal.

Tendrás que esconderte en el maletero de un coche prestado del taller.

Cambiaré las matrículas para que no quede rastro del viaje

y una vez en Portugal te puedes largar donde quieras.

-No está mal para ser un mecánico de barrio.

-¡Ah! Hola, Paty.

-Hola, Álvaro.

¿Qué tal?

-Bien, todo bien. -Ha venido a traerme la moto.

Ya sabes que está un poco vieja,

he perdido potencia.

-No le hagas caso, es un exagerado.

La moto está perfecta, le he dado una vuelta.

No podríais competir con ella, pero...

no os va a dejar tirados en una escapada.

-Qué bien. Jo, pues muchísimas gracias.

-Sí, gracias

por las gestiones que has hecho.

¿Nos vamos?

Mañana

confirmamos por la factura, ¿no?

-¿Qué? ¿Qué tal tu día?

¿Estás menos agobiado con el tema de las inversiones y todo eso?

-La verdad que no, pero...

puede que haya encontrado una salida. -¿Sí?

Qué bien. Pero eso son buenas noticias, ¿no?

¿Vamos a cenar y me lo cuentas?

-Es que...

me está explotando la cabeza.

Voy a tomar una pastilla

y voy a la cama.

Mañana necesito las pilas cargadas.

-Vale.

Pues descansa, amor.

Yo siento muchísimo que esté pasando por esta situación.

Yo me siento...

En cierto modo, me siento responsable.

El sicario iba a por mí.

Es una mujer muy valiente

y muy generosa.

No me gusta que te impliques en su desaparición.

-Pues habértelo pensado antes.

Tú me has metido en esto y estamos de mierda hasta el cuello.

Ya sé que no soy bien recibida en esta casa, pero me da igual.

Vengo a hacerle una pregunta

muy sencilla.

¿Ha intentado matarme?

¿Qué clase de delirio es ese? Ojalá lo fuera.

De esa manera, no tendría yo a una inspectora joven y valiente

postrada en una cama debatiéndose entre la vida y la muerte.

Paty,

"amore". Chao, ¿qué tal?

Oye, tengo malas noticias.

Tengo que coger el primer avión a Napoli.

Y lo siento mucho despedirme así.

En serio. Luego te voy a explicar.

Chao, "amore".

-¿Qué pasa? ¿Pasa algo?

-Paolo, que...

se ha ido a Nápoles de urgencia porque su tío abuelo está malo.

-¿Su tío abuelo?

-Sí, sí, me...

Bueno, el otro día les escuché hablar.

Parece que es su única familia.

Pobrecito.

-¿Estás seguro de que no te pueden relacionar con mi madre?

-Álvaro, las veces que hablamos fue desde una línea segura, ¿vale?

La misma que usaré en Portugal.

-¿En persona alguien os ha podido ver?

-Paty.

-¿Y este tal Carlitos no dijo quién lo contrató?

Un varón,

de menos de 30 años,

de complexión atlética,

con barba

y con marcado acento italiano. Esto es lo más importante.

¿Qué me estás queriendo decir? Pues que los datos encajan.

Italiano, veintitantos, buena planta. ¿Nunca lo ha visto en La Parra?

Bueno, yo sabía que Paty tenía un novio italiano,

pero creo que no me lo he cruzado.

¿Tú sí? Sí, he hablado con él alguna vez.

-Eh... ¿qué pasa?

¿Dónde podemos encontrar a Paolo?

¿Le ha pasado algo?

Necesitamos hacerle unas preguntas.

¿Unas preguntas de qué?

-Por favor, contesta a lo que te preguntamos.

¿Sabes dónde podemos encontrarlo?

-Se ha ido a Nápoles. -No sé si me lo van a perdonar.

Pero es asunto mío, ¿vale?

-Me interesa saber si mis socios

van a echar de menos a nuestro intermediario.

-Echar de menos...

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Servir y proteger - Capítulo 644

22 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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