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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 641 - ver ahora
Transcripción completa

que haga de intermediario

al margen de "la famiglia"?

-Es un trabajo extra.

Además, no tendrás que compartir la comisión con nadie.

-¿Y estás seguro de lo que me estás contando?

¿Y cómo se llama?

¿Caimán? Vale.

-No cuentes conmigo. -¿Por qué?

Me han dicho que Caimán ha matado a decenas de personas...

(DOLORIDO)

-Sigue hablando así

y te reviento la cabeza contra la mesa.

¿Sabéis detrás de quién iba?

-No hemos conseguido averiguar nada en el interrogatorio

ni sacar ninguna pista ni nada que nos lleve a saber quién

o quiénes eran su objetivo.

El Seprona nos ha hecho llegar un aviso de que un grupo

criminal mafioso internacional especializado

en el tráfico de animales en peligro de extinción

está operando en Madrid.

Lo más fuerte es el destino final de esos pobres animales.

Muchos de ellos sirven de materia prima

en restaurantes clandestinos y de lujo.

Van a un público muy selecto.

-He logrado hacerte un hueco en un servicio privado.

Vas a probar

mis platos más exquisitos y sorprendentes.

-Escúchame. Por favor, haz lo que te digo. ¿Vale?

-Vale. -Y confía en mí.

Cuando yo me vaya, llama a Elías. -Vale.

-¿A quién se supone que seguimos? -A María, que le ha dado

por irse a comer con Darío Santana

a una comida clandestina con animales protegidos.

-Esto no me gusta nada. Se está alejando un montón.

-Vamos a buscarla. -Yo os aviso de todo.

-Gracias.

-A ver, inspectora, usted que parece una mujer cultivada,

escuche mi versión de los hechos y verá que tiene una explicación.

No dude que lo haré.

¿Qué pasa? -Julián Conde.

Tenía que estar en clase y no ha vuelto a venir.

Y está faltando y estoy preocupado.

-Julián, ¿qué haces por aquí?

Te he llamado. ¿Has escuchado mi mensaje?

Estábamos todos muy preocupados.

¿Te has vuelto a pinchar?

-No, no, yo no. -Bueno, ¿qué?

¿No me vas a presentar?

-Este es mi colega Rulo.

-¿Por qué prefieres que me partan las piernas

unos prestamistas antes que robarle a esa pija?

-No quiero que te hagan daño. -¡Pues aclárate, tío!

Seguro que lo tenemos a huevo para entrar ahí sin armar jaleo.

-No lo tengo tan claro.

-Te estoy diciendo que a ella no le va a pasar nada.

-¿Qué pasa? -Espera un momento, mamá.

A mi madre se le han olvidado las llaves de casa

y quiere que le lleve las mías. -Si quieres se las llevo.

-No, qué va, ¿qué dices? Cuando vaya al juzgado le llevo las mías.

-Tengo que ir a buscar a mi madre a Chamartín, me pilla de paso.

-No me esperaba compañía.

-¿Qué haces aquí? -Policía, baja el arma.

-Julián.

-Dame la pipa o te meto un tiro.

(Música emocionante)

-Que me des la pipa, madero. -Tranquilo.

Tranquilízate. Vamos a bajar el arma los dos y ya está.

-¡Que me des la pistola!

O me la cargo.

-Tío.

Ya está, la bajo. No hagas una tontería, te arrepentirás.

-Cachéale. Quítale la pipa.

Así haces algo útil, que estás empanado.

-Coged lo que queráis

e idos, por favor. -Te callas la boca, pija.

¿Qué? -Solo tiene unas esposas.

-Coge la llave. -Aquí está.

-Guárdalas por si las necesitamos.

Ya está, se acabó la charla.

Abogada, al sofá, los dos.

Me estáis hinchando las narices. No hagáis una tontería.

-Ya sé lo que ha pasado.

Me habéis robado las llaves en el centro cívico.

Julián, ¿por qué haces esto?

En el fondo no quieres, eres buen chico.

-¡Déjale en paz o acabas con dos ombligos!

-Tío, estamos hablando.

-¡Aquí solo hablo yo! ¿Está claro?

¿Y tú qué?

¿Eh? ¿Qué pasa que los chinos que te has fumado

te han fundido el cerebro? -Dije que no quería líos.

Y mira en la que nos hemos metido. -Chavales, escuchadme, un segundo.

Os habéis metido en un lío los dos.

Escuchadme, lo mejor que podéis hacer

es dejar el arma y entregaros.

-Hacedle caso. Solo os van a juzgar por allanamiento de morada,

pero si seguís amenazándonos o alguien sale herido o...

-¿Estás sorda? ¡Que te calles!

-Vamos a hacerle caso.

Ella sabe de leyes. Ya tenemos las joyas y el dinero. Vámonos.

-No me sale de los huevos. No he venido a este barrio de pijos

a llevarme cien pavos y cuatro joyas de mierda.

El destino ha querido que tu amiga apareciera por casa

y es una señal. -¿Una señal de qué?

-Guapita.

¿Dónde está la caja fuerte?

-No tenemos caja fuerte.

-Todas estas cajas pijas tienen.

-Nosotros no, te lo prometo. Escúchame.

Llévate la tele, es muy cara. pero idos.

-¿Dónde está la caja fuerte?

-¡Que la dejes! Te está diciendo que no hay.

¡Que lo estás empeorando todo, para ya!

¿Y a ti qué te pasa?

¿Así le agradeces todo lo que ha hecho por ti?

Explícale a tu colega que solo tenéis dos opciones:

os piráis u os entregáis.

-¡Toni, Toni! -¿Tú estás loco o qué?

Podrías haberle matado.

-Menos mal que respira.

Está sangrando. Tengo que taponarle la herida.

Julián, ve a por gasas. Están en el lavabo.

(SUSPIRA)

-Que no se te olvide dar un retoque al almacén, Lourdes.

¿Me oyes?

¿Lourdes?

¡Lourdes! -¿Qué?

¿Qué? -¿Qué escuchas?

-Música. Mira.

-Pues sí que la tienes alta.

-Me gusta tenerla así. Siempre la tengo así.

-Bueno.

-Buenos días. ¿Qué tal por aquí? -Buenos días.

Aquí pasando el mocho. Con su permiso sigo.

-Bien. -Buenos días, don Fernando.

Estoy repasando todos los albaranes de los proveedores.

-Bien, siéntate, que tengo que comentarte algo.

Y deja esto por ahora. Ya seguirás con ello luego.

-Sí.

(SUSPIRA)

-No se preocupe por ella que tiene la música a todo trapo

y no oye un carajo. -¿Seguro?

-Sí, bueno.

-Acércate de todas formas. Escúchame bien, Eladio.

-Sí. (CARRASPEA)

-Ayer pillé a dos chicos intentando vender droga aquí.

-¿Qué me está contando?

-Lo que te estoy diciendo.

Parecían dos chicos normales del barrio.

Empezaron a molestar a un cliente y este se puso más nervioso

hasta que tuve que intervenir.

-¿Y qué hizo con ellos?

-¿Qué quieres que haga? Echarlos a la calle.

Eso fue lo que hice y eso es lo que quiero que hagas

si te los encuentras por aquí.

¿Te queda claro? Luego te diré qué pinta tienen.

Porque yo aquí, Eladio, quiero que el Moonlight sea un local

que esté siempre limpio y cuando me refiero a la limpieza,

no me refiero solo al trabajo de Lourdes.

¿Entiendes? -Sí, sí.

-Esa parte de toca a ti.

-Sí, pero ¿exactamente qué quiere que yo haga?

-¿Cómo me preguntas eso?

Lo que quiero que hagas es que estés bien atento, que tengas los ojos

y los oídos bien abiertos. Si ves a quien sea vendiendo droga

por aquí, aunque solo lo sospeches, lo largas inmediatamente.

-¿Y si se ponen chulos y no quieren?

Ya sabe cómo es esa fauna. Madre mía.

-Llamas al 091, que para eso está la policía.

Que vengan ellos y lo resuelvan.

-Vale, no se preocupe. Así lo haré. -Otra cosa.

Y esto también es importante.

Si aparece alguno de nuestros antiguos amigos,

sabes qué tipo de amigos, ¿no? -Sí.

-No quiero que nadie hable nada, absolutamente nada

ni de drogas, ni de tráfico, ni de trapicheo,

nada de eso. Y déjaselo claro desde el minuto uno.

¿Sí? -De acuerdo, jefe.

-Ahora ven al almacén que te diré cómo reorganizaremos todo

para hacer más hueco y espacio. -Bien.

-Traigo gasas y esparadrapo. -Gracias.

-Y el trapo húmedo por si hace falta.

Dime que no se ha muerto.

-De momento no.

Tu amigo es un bestia. Con el golpe que le dio vete a saber cómo termina.

-Él se lo ha buscado, por chulo.

-Con los esfuerzos que estabas haciendo.

No entiendo cómo puedes ir con un amigo como este.

-Rulo es amigo mío.

Ha estado cuando nadie daba un duro por mí.

Yo sé que me defendería en cualquier momento.

-¿Crees que meterte en un lío así es defenderte?

-A ver si te enteras, pija.

En el lío os habéis metido vosotros

por no hacer lo que digo. ¿Sí o no, Julián?

-Escúchame.

Tiene que verlo un médico.

Julián, díselo, por favor.

-¿Tú qué te crees? ¿Que es un pelele

al que puedas manejar?

¿Eh? Por última vez, ¿Dónde está la caja fuerte?

-¡Cuántas veces tengo que decirte que aquí no hay caja fuerte!

-Puede que sea verdad y no tengan.

-No me lo creo. Estos son muy listos.

Seguro que la tienen escondida detrás de un cuadro.

A estos no les importa nada más que la pasta.

-Toni. Toni.

-Pon las esposas antes de que haga algo.

Y esto, por si las moscas.

Y más estando tú así de alelado, parece que te hipnotice.

¡Venga! ¡Las esposas! ¡Vamos!

Pijita, las manitas.

Te la estás jugando, tía.

-¿Qué haces? ¿Se te va la olla?

-¿Dónde está la caja fuerte?

-Te juro que en esta casa no hay nada más de lo que habéis encontrado.

Lo juro. -Rulo, para ya, tío.

Que dice la verdad. -Vale ya de ser un blando.

Métetelo en la cabeza.

De aquí no me voy sin la pasta. -Rulo, Rulo.

¿Quieres la pasta? Yo te ayudo a buscarla.

No hace falta que dispares ni pegues a nadie.

-Pero ¿en qué mundo vives?

Que nos han visto el careto.

Tienen que palmar.

Si dejamos testigos, mañana estamos en el trullo.

¿Tú me quieres ayudar a mí

a encontrar la caja fuerte, la pasta?

¡Pues mueve el culo!

Venga.

-No esperaba andar tan liado con el trabajo esta semana.

-Ya lo sé, pero no te preocupes porque te entiendo.

Tienes que estar pendiente a todas las bolsas del mercado.

Y encima las asiáticas abren cuando están todas cerradas.

-Pero me encantaría prestarte más atención,

pero me doy cuenta de que dependo de mis clientes.

Siempre, ¿sabes? Se quedan ahí como

esperando que cuando surjan oportunidades para ganar dinero,

yo esté allí para ellos y coja al vuelo estas oportunidades.

-Ya lo sé, ya lo sé. Tranquilo.

Tranquilo. Sé que si no lo haces tú

cogerán a otro bróker y a ti te van a apartar.

¿Te crees que no sé cómo funciona tu negocio? Poco a poco.

¿Te apetece hacer hoy un plan tranquis?

Peli, sofá, mantita, pizza... -"È basta". por favor, sí.

Sí. -Pues hecho.

-Hola. -Hola. Dime.

-Un botellín, por favor.

-Marchando.

-Gracias. -De nada.

-Voy a la terraza porque llevo una hora hablando contigo

y la tengo que tener... -Vete. Chao.

Hola.

-Creí haberte dicho que no quería volver a verte.

-Pero qué pena, ¿no?

El gran Caimán

que no quiere aceptar ningún encargo más.

-El Caimán ya no existe. Déjame en paz.

-No, tranquilo.

No tengo interés en seguir molestándote.

-perfecto, porque es justo lo que necesito.

-La conversación que tuvimos ayer nunca existió. ¿Has entendido?

-Sí, ya recibí tu mensaje.

Espero que tú seas capaz de mantener la boca cerrada.

-Esta no es la actitud que yo esperaba encontrar

en un inofensivo trabajador social.

Ni se te ocurra decirle a nadie

de la propuesta que te hice.

No puedes imaginarte hasta dónde puede llegar la mafia calabresa.

¿Te queda claro? -Clarísimo.

-Madre mía, ¿qué te he dicho? -¿Qué?

-La terraza petada. -Claro.

-Voy a acabar muerta. Solo tengo ganas de coger el sofá ya.

-Oye. -¿Qué?

-Dime qué peli te apetece ver.

-¿Te apetece ver alguna española? -Claro que sí.

-Pues vamos a ver "Yo soy la Juani".

-Gracias por curarme.

-Tú en mi lugar habrías hecho lo mismo.

-Verónica, ¿de verdad no tienes caja fuerte?

-¿Crees que si tuviera, querría pasar por esta situación?

No estoy tan loca.

-Tenemos que pensar un plan.

-Nos van a matar, ¿verdad? -No.

Son unos delincuentes de mierda. Seguro que no han matado a nadie.

Saben que les conviene dejarnos vivir.

-Si me estuvieras hablando de Julián te creería.

pero ese Rulo es muy peligroso.

Está muy loco. -Es el más listo de los dos.

Sabe lo que le pasará si nos mata.

Tranquila.

-No querrá dejar testigos.

Está claro.

No quiero morir, Toni.

Ni tampoco que tú mueras.

No podría con esa culpa. -¿Qué culpa?

-No tendrías que estar aquí.

Es por haberme traído las dichosas llaves.

-Mírame.

Vamos a salir de esta.

No vamos a morir.

¿Vale? -¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Tengo un plan.

Pero necesito que te tranquilices.

Que confíes en mí. Mírame.

Ey. Y que saques esa mujer fuerte y valiente

que tienes dentro. Yo lo sé.

-Me sobrevaloras.

Ahora mismo siento morirme.

Estoy temblando de pies a cabeza.

-Yo también, pero no pienso morirme sin dar guerra.

-No podemos hacer nada. Admítelo.

Solo nos queda esperar a que nos maten.

-No. Nos queda mucho por vivir.

¿Vale?

Dilo. Necesito que lo digas.

-Nos queda mucho por vivir.

-Repítelo.

-Nos queda mucho por vivir.

-Ahora necesito que estés conmigo.

Y que seas fuerte porque yo no voy a poder.

-Vale. ¿Cuál es tu plan?

-Mi plan es que tengo una copia de las llaves

de las esposas en el bolsillo de atrás.

Es una cosa que aprendí. Necesito que me ayudes

porque yo no soy capaz de sacarlas.

Están aquí en el bolsillo de atrás.

-Creo que las he encontrado. -¿Sí?

-Sí. -Vale.

Ahora despacito suéltalas en mi mano.

No, no, no. Mierda. ¿Dónde están?

-Se están riendo de nosotros. ¿No te das cuenta?

-Ya están aquí. -Muy bien.

Hasta aquí. Se acabó la tontería.

¿A quién me cargo primero?

-Por favor, por favor no.

-Hola. -Hola.

-Creo que nos hemos pasado un poco.

-Que no, ya verás cuando lo coloque, lo precioso que va a quedar.

-¿No os ibais a dar un paseo por el centro?

-Eso pensaba yo, pero nos hemos ido al centro comercial.

-Ni caso. Si está encantado.

Tenía muchas ganas de redecorar el piso y la verdad es que

me he venido arriba y he comprado un montón de cosas.

-Sobre todo marcos para hacer composiciones.

La de viajes que haremos para llenarlos.

-Lo que pasa que la decoración te viene un poco así.

-A mí me gusta, pero soy minimalista.

¿Qué pasa? Lo he leído en una revista de decoración.

Para ellos menos es más.

Están de acuerdo conmigo. Lo minimalista.

-En su casa los únicos marcos son los de las puertas.

-Yo te llevo a ti, a mi hijo y a mi nieto

en el teléfono. ¿Para qué quiero yo marcos?

-Ya. A mí me gusta tener en mi casa fotos de mi gente querida,

cosas bonitas a mi alrededor.

-Pero bueno, tantos marcos...

Creo que eso de tener al cocinero este,

le ha dado un subidón y se ha venido arriba.

-Lo que tenía eran unos nervios en el restaurante

de esperar a la policía que casi me pongo mala.

Voy a subir esto para arriba.

-Ay.

-He leído que al final a Darío Santana le ha caído

prisión provisional, ¿no? -Algo es algo.

Si lo malo es que en el tráfico de animales

las penas son muy leves.

-Ya.

Yo es que flipo, te lo juro. Entiendo que funcione este negocio.

Lo que no entiendo es a qué están esperando.

¿A qué? ¿A que solo queden los perros

y los gatos de las casas de la gente?

-Le van a temer más cargos a este tipo.

Pertenencia a banda criminal, desvío de fondos,

delitos contra la salud pública...

-¿Por comer animales en peligro de extinción?

-Eso y por todo lo demás.

Se va a pasar unos cuantos años en la cárcel.

-Ya ves.

Lo que más le dolerá será perder la fama y sus negocios.

He leído las redes y están que arden. Está todo el mundo indignado.

-Lo que más me ha dolido es no darle

una colleja por intentar besar a María.

-Eso también. ¿Y a los que pagaron el banquete, qué les va a pasar?

-Son gente de mucha pasta. Hasta en los mejores bufetes

los abogados están montándola en comisaría.

-Que los van a soltar ¿no?

-Seguramente. Alegarán que... iban a una cita a ciegas

y no sabían qué iban a comer y a la calle.

-Vaya tela. Aquí los únicos que pierden son los pobres animalitos.

-Hemos conseguido recuperar muchos vivos,

y los del Seprona se encargarán de enviarlos

a sus países de origen.

Ha tenido mucho que ver en esto María.

-¿María? María es una crac.

-También es responsable de otra especie en extinción:

los marcos en los cuadros de los centros comerciales.

-¿A cuál de los dos me cargo primero?

¿Eh? Lo mismo con uno de los dos fiambre,

el otro se lo piensa mejor y nos dice dónde está la caja fuerte.

-Está bien, tú ganas.

Aquí no hay una ninguna fuerte, pero obviamente sí tenemos una.

-Habla.

-Está en el chalé que tenemos en la sierra, cerca de Guadarrama.

Fue una idea de mi marido. Pensó que como íbamos poco,

a nadie se le ocurriría que la tenemos ahí.

-Es un farol.

-¿Qué crees que gano alargando esto?

Por favor, si nos dejas vivos,

te llevo allí y te lo doy todo, ¿vale?

-Desde allí os podéis escapar más fácil sin que os pille nadie.

-¿No ves, chiquitín?

Ya te dije yo que nos estaban tangando

y que el dinero tenía que estar en algún sitio.

-Sí, nosotros estamos aquí y la pasta está en la sierra.

-La pija nos lleva al chalé, cogemos la pasta y nos piramos.

(SUSURRA) -¿Qué hacemos con este?

-Este no nos sirve de nada.

Hay que cargárselo antes...

¡Ay!

¡Julián, la pistola, coge la pistola!

-Quedas detenido por un delito de allanamiento de morada,

secuestro y robo con violencia e intimidación.

Tienes derecho a guardar silencio, a no declarar

y a contar con un abogado.

(SUSPIRA)

Julián.

Baja el arma, no hagas tonterías.

-¡Mata a este cabrón! -No le hagas caso.

Lo mejor es que te entregues.

-¡Dispara al poli!

-Tú no eres así. Yo sé cómo eres en el fondo.

Por eso creo en ti,

porque eres un buen chico que tiene problemas con las drogas,

pero sé que puedes salir de esta y empezar una vida nueva.

También sé que no eres un asesino.

Te prometo que te ayudaré a salir de esta como la otra vez.

Confía en mí, sabes que no miento.

Pero ahora baja el arma.

Bájala, Julián.

-Por favor.

Por favor, tío.

-¡Dispara, joder! -¡Cállate!

-Julián, no le hagas caso, por favor.

-Muy bien.

Has hecho bien, dame el arma, por favor.

Dámela.

Eso.

Bien.

Ya estoy aquí.

Perdóname. Siéntate. Sí.

¿Qué te ha parecido nuestra primera sesión?

Genial. No me imaginaba que el aspecto de mi cicatriz

podía cambiar tanto. Te dije que con este tratamiento

la elasticidad y la textura, mejoraría mucho.

A este ritmo, en la última sesión

la cicatriz no se verá y parecerá que tengo la piel de un bebé.

El cambio más radical se nota ahora al principio,

luego las siguiente sesiones son para pulir el resultado.

Que parezca que nunca hubo una cicatriz.

Yo con quedarme como estoy ahora, me conformo.

Lo importante es que luzcas la pierna sin miedo.

Bueno, te parecerá una tontería,

pero me voy a comprar unos pantalones cortos

que hace mucho que no me los pongo.

No es ninguna tontería. Estar a gusto con uno mismo

y con tu cuerpo es importante.

Eso nos ayuda a que mejore la autoestima y a ser más felices.

Por lo que veo, te gusta participar en ese proceso.

Mucho, mucho, si no, habría escogido otra profesión.

Querer a los demás es maravilloso,

pero hay que quererse a uno mismo.

Después de esta primera sesión, estoy mucho más contenta.

No sabes lo contenta que estoy

de no haber hecho caso a los consejos que me dio

el doctor Coll. Hiciste bien.

De momento no hay necesidad.

Eso tiene que ver mucho con el grado de satisfacción

que tengamos con nuestro cuerpo. Supongo que ese es el secreto:

fijarse en lo positivo y no recalcar lo negativo,

como hace mucha gente. Es lo que más me gusta de esto:

hacer que los demás sean más felices potenciando su aspecto.

En mi caso, lo has conseguido.

Y yo estoy muy feliz de ello.

(Móvil)

Perdona.

Tengo que cogerlo. ¿Te importa? Para nada.

Dime, sí.

(VERÓNICA) "Mateo, tienes que venir inmediatamente.

(LLORA) Tú no sabes, ha sido horrible."

Para, Vero, tranquila. ¿Qué ha pasado?

Nos han entrado dos hombres a robar.

¿Han entrado a robar?

Pero ¿tú estás bien?

Sí, por suerte estaba aquí con Toni.

¿Toni?

"Sí, ha venido porque me ha traído las llaves.

Es muy largo de explicar."

Por suerte, todo ha terminado bien.

Tienes que venir ahora mismo.

"Y avisa a Paula." -Pregunta si ha avisado a la policía.

¿Cariño, has llamado a la policía?

Sí, están aquí.

Vale, pues tú tranquila que voy de camino.

Lo siento, me tengo que ir. No sé si lo has oído,

pero han entrado a robar en mi casa y mi mujer estaba allí.

Voy a llamar a Paula. Ya la llamo yo.

Le digo que te recoja en un coche patrulla.

Sí, así me voy cambiando.

Sí, llama a Paula, por favor.

Voy a cambiarme.

Tranquila, si ya ha pasado todo.

-No sé cómo he podido hablarle a Julián así

cuando tenía la pistola en la mano.

-Has sido muy valiente.

Si no fuera por ti, ahora mismo estaría muerto.

-¡Mamá! Mi amor, ya estamos aquí.

Ya estamos aquí.

Pensaba que no volvería a veros.

Tranquila, ¿cómo estás? ¿Estás bien? Debería verte un médico.

Nos han visto los del SUMMA. -¿Qué os han dicho?

-Que estamos bien, por lo menos físicamente.

-Él se ha llevado un buen golpe.

Creo que deberíamos ir a un hospital a por un chequeo.

No hace falta. Lo que pasa que ahora me está saliendo todo.

Tranquila, ha tenido que ser terrorífico.

Sí, suerte que estaba Toni aquí.

Él ha sido quien los ha detenido. Si no, no estaría viva.

Gracias.

No te tendrías que haber comido este marrón.

Tenía que haberle traído yo las llaves.

-Ahora va a ser tu culpa todo lo que pasó.

Qué va. A quien tenemos que darle las gracias es a Verónica.

No sé cómo, pero consiguió que el chaval ese bajara la pistola.

¿Os han amenazado con una pistola?

Yo os voy a dejar, familia,

para que os pongáis un poco al día y me voy a ir.

-No hace falta que te vayas si no quieres.

-Tengo que ir a hacer el atestado en comisaría.

Y os vendrá bien estar solos.

Mejórate, Verónica.

-Igualmente.

Bueno. Chao. Gracias.

Cariño, cuéntanos. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido?

Papá, yo creo que es mejor que la dejemos tranquila.

Sí, perdona, tienes razón. Es que cuando me has llamado,

he pensado que te perdía.

He venido en cuanto me he enterado.

¿Te encuentras bien? Sí.

He pasado mucho miedo y todavía estoy nerviosa.

Por suerte todo ha terminado bien gracias a uno de tus agentes,

Toni Ríos. -Estaba aquí cuando ha pasado todo.

¿Se sabe algo de los atracadores?

Aún es pronto para tener datos, pero sí sabemos que son

dos delincuentes habituales relacionados con la droga.

Habrá que averiguar si han venido a robar a propósito

o de forma casual. Hoy mismo lo sabremos.

Estaban tomándoles declaración.

Ahora lo importante es estar pendientes de Verónica.

Cuando sepas algo nos lo dices, ¿no? Claro, y nos ocuparemos de esos dos.

Vale.

No me lo puedo creer. Eso es que no ha mirado bien.

Tiene que haber algo en las fotografías de los documentos.

-No hay nada. -Le digo yo que Fernando Quintero

sigue metido en asuntos de tráfico de drogas.

A lo mejor hay algo en clave en los documentos.

-Cuando tenga algo de verdad, llámeme.

-Lourdes, ¿qué tal? ¿Cómo estás? -Bien, bien.

-Mi mujer y yo hemos comido lo que nos trajiste

y está buenísimo, que lo sepas. -Cuánto me alegro.

-Estás un poco alterada. ¿Estás bien de la tensión?

-Sí, de la tensión estoy bien. Sí.

-¿Y qué tal con Quintero?

-Bien.

Pero tengo dudas. -¿Dudas?

-Usted lleva aquí toda la vida, le conocerá bien.

-Es toda una institución en Distrito Sur.

-Bueno, a ver, yo claro,

como llevo tanto tiempo fuera, me he desconectado.

He estado viendo en Internet

que ha estado metido en asuntos no muy legales.

-Ni caso, eso fue en el pasado.

-¿Sí? No sé si fiarme porque

yo soy una mujer decente. No me gusta verme metida en líos.

-No te tienes que preocupar. Estuvo metido en un asunto turbio,

pero está reformado. Es otra persona.

-Ya, pero tú y yo sabemos que la cabra tira al monte.

-Si estuviera metido en algo así, no te preocupes

que la policía estaría encima de él a diario.

-No sé qué decirte.

Yo en el Moonlight he oído cosas un poco raras.

-¿Cosas raras?

-No sé explicarte exactamente qué cosas, pero...

yo a veces veo a Quintero hablando con su ayudante

cuando yo estoy delante y hablan en clave.

-Estás en una situación privilegiada para ver si se cuece algo turbio

en ese bar, la verdad.

Si es así, tienes que ponerlo en manos de la policía y denunciar.

-Tampoco se crea que estoy todo el día escuchando,

que yo tengo mi trabajo.

No soy una fisgona, lo que pasa es que

paso y si lo oigo, no me tapo los oídos.

-Está claro. -Bueno, creo

que no te tenía que haber dicho nada

porque seguro que me lo invento, no hay caso

para ir a la policía. -Nunca se sabe, ¿eh?

-No, es que no pienso morder la mano que me da de comer

ni mucho menos. Además, este señor

me ha dado trabajo sin conocerme y sin nada, así que...

-Bueno, disculpa si...

te he contado lo de la policía. Era un simple comentario.

-No te preocupes. El comentario lo he hecho yo.

Adiós, buen día.

-Adiós, adiós.

-¿Qué le pasa a esta mujer? Se ha ido enfadada.

-Sí, es una paciente mía.

He hecho un comentario que le ha molestado.

Es la chica de la limpieza en el Moonlight.

-Buf, no me gustaría estar en su lugar.

-¿Por qué dices eso?

-Si hay algo que no soportaría sería tener a Quintero como jefe.

Vero, deberías comer algo.

No puedo, se me ha cerrado el estómago.

-Mamá, tendrías que comer, aunque sea un poco de caldo.

-No me veo con ánimo.

Vamos a tomar medidas para que esto no suceda.

-¿Qué clase de medidas?

He hablado con Emilio.

Me ha dicho que han confesado

que te robaron las llaves y sabían dónde vivías.

Me ha recomendado que cambiemos la cerradura

y reforcemos la seguridad.

Y tendríamos que poner una alarma.

Sí, claro que lo haremos.

Pero sobre todo...

creo que deberías dejar de relacionarte

con esa clase de gente.

¿Lo dices en serio?

Hemos tenido suerte ahora,

pero no quiero que haya una próxima.

Y esos dos te ficharon en el centro cívico.

No, Mateo.

Eso ha sido una excepción.

Además, Julián tiene buen fondo.

Ha sido su amigo. A ver.

Cariño, cariño, cariño.

Sabes que Paula y yo te apoyamos.

Que pensamos que eres una gran abogada.

Creo que puedes usar tu talento en otro sitio

donde no haya gente que venga a tu casa

a robarte a punta de pistola.

Estoy convencida de que no volverá a pasar.

Yo no estoy tan seguro.

Así que vamos a buscar otro sitio

en el que haya gente necesitada, pero sea más de fiar.

Paula, ¿tú también piensas lo mismo?

-Sí, mamá.

En el centro cívico hay gente más peligrosa de lo que pensaba.

-¿Cómo puedes decir eso?

Tú trabajas ahí al lado.

Nunca has tenido ningún problema.

-Ya, mamá, pero...

Yo soy policía, llevo un arma

y me han entrenado para defenderme.

Sí, habrá gente honrada que se merezca la ayuda que tú ofreces,

pero hay otras personas que solo quieren aprovecharse.

Te despluman sin contemplaciones. Ya lo has visto.

Gracias por preocuparos por mí.

Pero ya sé lo que tengo que hacer.

¿Vas a dejar de trabajar en ese sitio?

No.

No voy a huir.

Es más, voy a ir a comisaría a hablar con Julián.

¿Ahora?

Ahora.

No voy a cambiar mi manera de entender la justicia

por lo que ha pasado hoy.

¿Aunque hayan estado a punto de matarte?

Aun así.

El sistema judicial está

para defender a personas como Julián,

que son víctimas de las drogas, de la ignorancia y la pobreza.

-Tampoco hace falta que llegues tan lejos.

Esto empieza a rozar el síndrome de Estocolmo.

Le prometí a Julián

que si bajaba el arma,

le ayudaría.

Y voy a cumplir mi palabra.

Me voy.

No me lo puedo creer.

Verónica, ese tipo no se merece tu ayuda.

Después de lo que te ha hecho no se la merece.

Tienes que descansar.

Ya descansaré cuando lo haya visto.

Entonces voy contigo.

Por favor.

Déjame ir sola.

-¿Quiere hablar con él después de lo que le ha hecho?

-Sí. Ya le he dicho que soy su abogada.

-Muy bien.

Estaré aquí fuera. Avíseme cuando termine.

-¿A qué has venido? ¿A echarme la bronca?

Para eso no hace falta que pierdas el tiempo.

-En casa te he prometido que si entregabas el arma,

te ayudaría, y aquí estoy.

-No sé por qué quieres ayudarme.

Soy un yonqui.

Un deshecho humano.

-No es cierto.

-Puede que cumplas tu palabra,

pero yo nunca lo hago.

Vete de aquí.

Después de lo que has hecho por mí,

he vuelto a las drogas.

A robar.

Soy un mierda.

-No voy a irme.

Sé en lo que te puede convertir la droga,

pero estoy convencida de que puedes salir de este mundo

y empezar una vida nueva.

-Ya lo he intentado.

-¿Por qué fuiste a mi casa?

-Te juro que lo siento.

El Rulo es mi colega.

Necesitaba la pasta.

Tenía deudas. Si no las pagaba, le partirían las piernas.

Dijo que sería fácil.

-Ya ves que no lo ha sido tanto.

Un poco más y nos cuesta la vida a Toni y a mí.

-Ya lo sé.

Lo siento de verdad.

Vete, por favor, no merezco que estés aquí hablándome.

Después de lo que has hecho por mí.

Te lo pago yendo a robar tu casa.

-No voy a irme.

Sé en lo que te puede convertir la droga.

Estoy convencida de que puedes salir de este mundillo

y empezar una vida nueva.

-Ya es demasiado tarde.

Os he fallado a ti,

a Miguel, al grupo.

-¿Cuál es la solución? ¿Ir a la cárcel?

-No, el trullo es el peor sitio para dejar las drogas.

-Vamos a evitar que pases allí mucho tiempo.

Voy a llamar a un amigo mío abogado, un buen abogado,

que seguro que conseguirá que te reduzcan la pena.

A cambio te voy a pedir una cosa.

Prométeme que vas a dejar las drogas. Todas.

-No puedo prometerte eso.

Te he dicho que lo he intentado.

Me falta voluntad.

-Prométeme al menos una cosa.

No te volverás a drogar hasta mañana.

-¿Cómo voy a hacerlo?

Estaré aquí encerrado.

-Si puedes conseguirlo un día,

lo podrás conseguir dos.

No saldrás del calabozo hasta mañana.

Entonces te voy a llamar

y te pediré que me recuerdes tu promesa.

Día a día, paso a paso,

batalla a batalla vas a ganar la guerra.

Al principio será duro.

El tiempo pasará rápido y al final saldrás de esta.

-¿De verdad harás eso por mí?

-¿Y tú? ¿Vas a hacerlo por mí?

-Creo que eso sí podré hacerlo.

No quiero volver a fallarte.

-Sé que puedes hacerlo, Julián.

Y aquí me tienes. Confío en ti.

-Tenerte ha sido lo mejor que me ha pasado estos años.

-A partir de ahora te pasan cosas mucho mejores.

-Vamos.

(SUSPIRA)

-¿Qué haces aquí, Ángela?

-¿Cómo que qué hago aquí?

Habías quedado en llamarme, ¿no? Estaba preocupada.

-Lo siento, se me olvidó.

-¿Y qué haces aquí?

Bebiendo y solo. Enciendo la luz.

-No, prefiero estar a oscuras.

Me relaja.

Me da la sensación de estar como en un refugio.

Y más cuando he tenido un fracaso.

-¿Qué te pasa? ¿De qué fracaso hablas?

-Julián.

Un chico que venía aquí.

Enganchado al caballo.

Seis meses limpio.

Y ha recaído.

Ha asaltado a la persona que más confiaba

en él, mucho más que yo de hecho, en su casa.

Verónica, una de nuestras abogadas. Seguro que la conoces.

-Sí, claro que la conozco. No sabía nada.

Lo siento.

A ver.

En profesiones como las nuestras, muchas veces

intentamos ayudar a personas que no se dejan ayudar,

que se quedan por el camino.

Es parte de nuestro trabajo.

-¿Tú cómo haces para seguir adelante en momentos así?

-Bueno, yo trato de pensar en la gente que sí he podido ayudar.

Tendrías que hacer lo mismo.

Estás haciendo mucho por la gente de aquí.

-Lo intento, lo intento.

-Ya. Bueno, si necesitas beber para olvidar,

déjame que esté contigo por lo menos.

Y vamos a un sitio más alegre. No estés aquí solo.

-No quiero ir a un sitio más alegre.

Quiero estar aquí.

Hoy es uno de esos días en los que...

uno tiene la sensación

de haber hecho un gran esfuerzo para cambiar,

para hacer las cosas diferentes

y no ha servido de nada.

-Miguel, yo...

No sé cómo serías antes.

Pero sé quién eres ahora

y el gran ejemplo que eres para mucha gente.

-No tan gran ejemplo.

Me cuesta decidirme cuanto tengo que elegir entre lo que me conviene

y lo que debo hacer.

Y con gente que lo puede pasar mal de por medio.

-¿Te refieres a este chaval o...?

-Sí, a este chaval... A más gente también.

Gente que...

Que debería ayudarla.

Pero que ayudarla significa abrir heridas

que no quiero volver a abrir. -No te sigo, Miguel.

Pero lo que sí que veo es que parece que necesitas desahogarte.

¿Por qué no me cuentas desde el principio?

Se me da bien escuchar.

Quizás te aliviaría.

-Prefiero estar solo.

-OK.

Bueno, déjame decirte por lo menos

que si necesitas desahogarte, hablar, que da igual la hora que sea,

que me llames, por favor, que yo estoy aquí para ti.

¿Vale?

Solo eso.

Hasta luego.

-Verónica.

¿Qué haces aquí?

-He venido a hablar con Julián.

Le he prometido que si bajaba el arma le ayudaría

y voy a cumplir mi palabra.

¿A ti te parece mal? -A mí...

¿Quién soy yo para decir nada?

Supongo que será buen chaval, si no, no estaríamos tú y yo aquí.

Así que sí, se merecerá otra oportunidad.

-Al menos alguien me entiende.

Lo que es en mi casa, no lo ven tan claro como tú.

¿No habías acabado el turno?

-Sí, pero me he venido para redactar los hechos

y que no se me olvidara nada.

-¿Y la cabeza qué tal? ¿Te duele?

-Sí, bueno, mejor.

Más me duele cuando me da la chapa Miralles.

-Oye, gracias otra vez por lo de hoy.

No sé qué habría hecho sin ti.

-Eres mucho más fuerte de lo que crees.

-¿De verdad?

-Hubo un momento que yo pensaba que no salíamos.

De repente sacaste una fuerza para conseguir

que bajara el arma y entrara en razón que no sé...

Otra persona en tu lugar no hubiera dicho nada.

-Parece que tenías razón cuando decías que...

que nos queda mucho por vivir.

-Y lo sigo pensando.

-En ese salón he sentido que volvía a nacer.

También he descubierto que...

lo que me queda de vida, el tiempo que me queda

quiero vivirlo con intensidad.

-Dicen que cuando alguien vive una situación cercana a la muerte,

después retoma la vida con más energía.

-Tú no te debes sentir así.

Yo estoy en la segunda mitad de mi vida,

a ti te queda un poco para eso.

-Hala, exagerada.

Yo creo que me siento un poco como tú.

Que ahora me apetece...

disfrutar de la vida al máximo.

-Bueno, pues me alegro de que

hayamos sacado algo positivo de esta pesadilla.

Necesito irme ahora. Me ha venido como un bajón

de las emociones del día. -¿Te acerco a casa?

-No, quiero coger un taxi.

Prométeme que descansarás.

-Te lo prometo, y descansa tú también.

-Hasta luego. -Chao.

-¿Tu madre qué tal? Que hace mucho que no la veo.

-Es que no le apetece mucho salir.

Prefiere quedarse en casa.

-Haciendo inversiones por Internet, ¿no?

-¿Cómo que inversiones? ¿Quién te ha dicho eso?

He visto aquí en el informe

que días atrás ellos mismos habían intentado pasar droga

en el Moonlight. ¿Qué sabes?

No me lo tomé en serio, como no lo consiguieron.

-Ya estamos con lo mismo. ¿Vamos a empezar de nuevo?

No sigáis jodiéndome más en comisaría.

Sabéis de sobra que no quiero seguir teniendo

nada que ver con asuntos de drogas ni trapicheos sucios.

Ya no tengo nada que ver con eso.

-Álvaro, corazón, tu cambio.

-Hola, Lara, ¿qué tal por comisaría?

-Bien. ¿Me puedes poner un cortado con sacarina, por favor?

-¿Trabajas en comisaría?

-Sí, soy policía.

-Te estoy notando un poco nerviosa desde que ha entrado la inspectora.

¿Ocurre algo? ¿Hay algo que no me hayas contado?

¿Has tenido algún problema con la policía

en el pasado o lo tienes ahora?

-¿Yo? Vamos, Dios me libre.

En mi vida me he metido en ningún lío.

Solo era curiosidad.

-¿Sabes que seguirá ayudando a Julián a pesar de todo?

-Sí, lo sé. Te diré una cosa, a mí me parece bien.

-Solo te falta formar un club de fanes de mi madre,

siendo tú el presidente.

(SUSPIRA) -No sé, Paula, he vivido una situación tan extrema

con ella. Que casi nos matan a los dos.

Por suerte no pasó nada. -Menos mal, tío.

Lo que no termino de entender es qué hacías tú llevando las llaves

a la madre de tu novia. ¿Ahora le haces recados o qué?

-Eh... ¿Nos vemos en otro momento, que me tengo que pirar?

-Vale. -Chao.

-Chao.

-Toni, si quieres podemos hablar en algún momento.

-Sí, por favor. -Sí.

-Julián sí que está vinculado con nosotros, pero el otro chaval

no tiene nada que ver con nosotros.

Para el caso es lo mismo. Mira, Miguel,

sé que Verónica a mí no me hará caso, pero creo que

tú sí puedes convencerla de que este sitio es

un lugar que no es seguro para ella.

Si al final lo condenan, le ayudaré a salir de la droga.

Al final ese es su problema.

Me da una pena porque este chico

tiene buen fondo, ¿sabes?

Lourdes, ¿qué te pasa? -Ay, perdone.

Perdone, señora.

-No debí contártelo. ¿Te ha afectado mucho?

(MIGUEL) -"Te felicito por la captura de Fabio Callas."

¿Quién es? ¿Qué quiere?

"Eso no importa". -¿Qué sabes del sicario?

-Ha estado estudiando los movimientos de Miralles

y ha confirmado que lo hará hoy.

En una hora esta mujer estará muerta.

-Perfecto.

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Servir y proteger - Capítulo 641

19 nov 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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