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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 611 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por fin pudo ver a Guadalupe?

Ay, ¿qué he dicho? ¿Qué pasa?

-Ha muerto.

-No sé dónde está su tumba. -¡En ninguna parte!

-¿Cómo?

-¡La incineré y lancé sus cenizas a la montaña,

como ella quería! -¡No! Eso no puede ser.

-Ya le digo que sí.

-¿Esa abogada de la que estáis hablando

es Guadalupe Romero? -La misma, Antonio.

-¿Decís que ha fallecido? (MARÍA) -Sí.

-Entonces no hablamos de la misma Guadalupe Romero.

Lo digo porque la persona de la que yo hablo está viva.

-Guadalupe Romero. ¿Sabe el segundo apellido?

-Sanchís.

-No está en el registro.

-Se ha ido a pasar unos días al pueblo con su prima.

Adiós.

-"¿Ismael?". -Sí, ¿quién es?

-Soy el Dr. Torres, del centro de salud.

Es que he estado viendo el historial de tu madre

y se nos ha pasado mirar los niveles de sodio en sangre.

¿Podrías venir esta tarde o mañana? Tengo un hueco.

-Pues... Sí, mañana mejor,

que tengo turno de tarde y la puedo llevar antes.

-Quedas detenido por un delito de robo de coches de alta gama

y tráfico de piezas.

-Toni, viene el otro, el Bujías.

-Para, Paula. ¡Baja el arma, Paula! ¡Que bajes el arma!

¡La agente Bremón tenía prohibido salir a la calle!

Parece que tuvisteis un percance.

-Gajes del oficio.

-Eso, si no se tiene la experiencia para estar al cargo de una novata.

-Quiero darle el palo a un furgón blindado.

Pero, antes de entrar en detalle,

quiero que sepas que cuento contigo, Coco.

-¿Cuánto tiempo tengo? -Mañana vienen a recoger el furgón.

-Vale. A ver quién gana la partida.

-¿Creéis que es un golpe seguro?

-Con lo que sabemos, es segurísimo.

-¿Mateo? Hola, cariño.

¿No deberías estar en la clínica?

Dime cariño.

¿Te esperamos a cenar hoy o tampoco vendrás?

Uf, lo siento, pero no voy a poder ir.

Tengo reunión con la presidenta de la comunidad de vecinos.

y el constructor. ¿Te puedes creer a qué horas me citan?

"¿Y no podrías mandar a Andrés?". Si está aquí conmigo.

Hablamos luego.

-He dejado en el despacho los documentos que has firmado.

Recuérdale que los firme también.

-¿Eres mi amigo o no?

Andrés, escucha. Estoy en el hotel Las Américas.

¡Joder, la madre...! "Sí, ya te contaré".

"Verónica me ha llamado para que vaya a cenar con ella.

pero no puedo". ¿No puedes?

"No puedo. Tengo un lío, tengo que zanjar una cosa.

Necesito que me hagas un favor".

(Música emocionante)

Uno no deja de sorprenderse por las cosas que pasan.

Nacha ya está en ello,

pero no tenemos ninguna prueba

de que el hijo de Guadalupe haya cometido un delito.

Hoy vamos a salir de dudas,

porque la he citado para una revisión.

No estoy yo muy convencida de ese plan tuyo.

No sabemos por dónde puede salir el Ismael ese.

¿Por qué no confías en mi don de gentes?

¿Sabes cuántas veces he tratado con gente como Ismael?

No me voy a meter en ningún jardín.

Lo que quiero es que Eustaquio y Guadalupe se reencuentren

y arreglen lo suyo.

Y por cierto,

falta el detergente del lavavajillas, que no se olvide.

Buen intento, pero no cuela, cariño.

Que no te preocupes, que estés tranquila.

No me va a pasar nada, ni a mí, ni a Eustaquio.

En todo caso a Ismael, si ha cometido un delito.

Ya sería cuestión de la policía, ¿no?

Ya lo sé. Ya.

Pero como no es suficiente con curar a tus pacientes,

tienes que arreglarles la vida, ¿eh?

¿Sabes cómo se miran?

¿Sabes cómo habla Eustaquio de Guadalupe?

Si es que eres un romántico empedernido.

Eso está muy bien.

Oye.

Lo del detergente del lavavajillas es verdad.

Apúntalo que se nos olvida.

(Móvil)

Ay.

A ver si es un "mail" que estoy esperando urgente.

(CARRASPEA)

¿Qué pasa?

Es un "mail" de Instituciones Penitenciarias,

que me confirma algo que ya sospechaba de Elvira.

¿Hablamos de nuestra Elvira Soler?

Efectivamente.

He estado investigando un poco a su amiga Coco.

Últimamente anda mucho por aquí, y además,

está ayudando mucho, según Elvira, a su recuperación.

Ya.

Ni idea. ¿Y esa tal Coco?

Se conocieron en la cárcel mientras Elvira cumplía condena

por homicidio imprudente.

Por atropello.

Exacto. ¿Y la tal Coco?

Pues la tal Coco, su nombre real es

Gisela Rodríguez.

Mira.

Ahí la tienes.

La recuerdo. Acompañaba a la consulta a...

a Elvira, al principio del diagnóstico.

Creo que me dijo que era de Valencia.

Pues esta ilustre valenciana

junto con otra reclusa, una tal Mamen Huertas,

son responsables de la sustracción de los bienes de un empresario.

Julio Millares.

Entraron en su ordenador y le clonaron todas sus claves.

Vaya con las amistades de Coco.

Una hacker.

Una hacker capaz de hacer cualquier cosa por su amiga Elvira.

¿Qué insinúas?

¿Que a lo mejor es la que me hackeó el ordenador?

Supongo que para ella sería pan comido entrar en tu usuario,

falsificar las recetas

de las pastillas que se supone que yo consumía.

Pues habrá que buscar pruebas.

Lo intentaré pero me temo que habrá borrado bien su rastro.

Si yo fuera una hacker experta lo haría.

Pero no te vas a quedar de brazos cruzados, ¿verdad?

Por supuesto que no.

Es más, voy a empezar ya.

¿Qué vas a hacer?

Pues voy a coger un palito...

y voy a remover el hormiguero a ver qué hacen las hormigas.

Muy bien.

Vamos.

Y eso quiere decir...

que la compra la haces tú.

Te quiero infinito. Eres el mejor.

Para variar, ¿no?

Buenos días, cariño.

¿Qué tal la reunión con el constructor?

Muy bien, la verdad es que...

me explicó algunas cosas y acabamos enseguida.

De hecho, llegué al poco de que me llamaras,

pero ya estabas acostada.

¿En serio? Llegué antes de medianoche pero...

No quise despertarte porque estabas profundamente dormida.

La pastilla hizo su efecto rápido.

¿Ahora tomas pastillas para dormir?

No es la primera vez.

¿Por qué tomas pastillas?

¿Tienes insomnio por lo de Paula?

Tienes que tranquilizarte, ya oíste lo que dijo Emilio.

No es por Paula.

Es solo que necesitaba desconectar para no pensar en nada.

¿Ya estás mejor?

Puede decirse que sí.

Por lo menos tengo las cosas más claras.

¿No prefieres contarme qué te preocupa?

Pues mira, ahora que lo dices sí.

Puede que sea lo mejor.

¿Qué haces con mi teléfono?

Dámelo, por favor.

Dámelo.

¿Por qué te pones tan nervioso?

No seas cría.

Sabes que el teléfono es mi herramienta de trabajo. Tengo...

los contactos, la agenda, las tarjetas de crédito.

De hecho, voy a recibir una llamada de trabajo en cinco minutos.

¿Seguro que es de trabajo?

¿No estarás esperando noticias de Lorena?

¿De Lorena?

Sí, no te hagas el despistado. Los dos sabemos quién es.

Claro que sé quién es.

Ayer justo te la presenté.

"El conjunto que me regalaste me queda perfecto.

Sé que cuando me veas con él

no me va a durar nada puesto".

No, no. Déjame que te explique.

Eso es...

Es por un tema de las operaciones.

"Ya he hecho la reserva del hotel a tu nombre.

Te cambio la cena por un baño con masaje". ¿Sigo?

Por lo menos hay 20 más. Y ninguno habla de trabajo.

Está claro, ¿no? Que Lorena no es ninguna paciente.

Sé que diga lo que diga ahora mismo...

no me vas a creer pero...

Te juro que no significa nada para mí.

Ha sido...

Ha sido una...

una aventura sin importancia.

Ten la decencia de no mentirme.

Sé que cuando me llamaste ayer

estabas con ella.

En su hotel. No.

No, mi amor. Te juro que no. Ayer estaba en una reunión.

Pregúntale a Andrés, estábamos juntos.

El que tendría que preguntarle eres tú.

Andrés estaba aquí conmigo cuando me llamaste.

No.

No puede ser.

No, Andrés y yo estábamos... Sí, sí.

Y también estaba cuando lo llamaste para que te cubriera.

Yo misma te oí.

Le pedí que pusiera el altavoz.

Diga lo que diga ahora sí que no me vas a creer.

Pero...

Te juro que fui al hotel a decirle que todo se había acabado.

Yo ya había terminado con esta aventura, pero...

a ella no le habían quedado muy claras las cosas.

No.

Parece que ella no lo entendió así.

Puede que no te explicaras bien.

Entre esa mujer y yo ya no hay nada.

Tienes que creerme.

¿Por qué voy a creerte si no has dicho ninguna verdad

desde que te has levantado?

Vamos a hablarlo tranquilamente, ¿quieres?

Vete.

Déjame que te explique.

He dicho que te largues.

Está bien.

Está bien, como quieras.

(Portazo)

¿Seguro que solo quieres un café? -Sí.

Prefiero no comer nada, como Álvaro, el día del golpe.

-¿Desde cuándo tienes el estómago tan delicado?

-Estoy un poquito nerviosa.

-Pero si ayer estabas muy segura.

Y sigo estando segura, pero...

Prefiero no arriesgar y confiarme.

(SUSPIRA) -A ver, Coco.

Tú no estás acostumbrada a estar en primera línea.

Tú estás acostumbrada a estar en los ordenadores.

Escucha, estamos a tiempo de echarnos atrás.

Además, tú no eres de empuñar armas.

-A ver, Elvira, que no me voy a la guerra.

O sea.

Llevo la pistola para disuadir, no tengo intención de usarla.

-Coco.

A veces en los golpes surgen situaciones

en las que se tiene que utilizar el arma.

Yo te veo muy nerviosa.

Voy a llamar a Álvaro y le diré que busque a otra.

-Que no. Elvira, que no.

Me he comprometido y lo voy a hacer, soy una mujer de palabra.

-No es una cuestión de compromiso.

-Es una cuestión de experiencia. (RESOPLA)

-Elvira, pareces mi madre.

De verdad.

El golpe se tiene que dar hoy.

No se puede retrasar.

Y es muchísimo mejor no contar con nadie más.

-Muy bien, pues haz lo que tú quieras.

A cabezota no hay quien te gane. -Mira la que habló.

Que te has empeñado en que no me va a salir.

De ahí no hay quien te saque.

-No es que no confíe en ti, Coco.

Mira, si por mí fuera...

se suspendía este golpe.

Tengo un presentimiento y no quiero perder a nadie más.

-A ver, Elvira, mírame.

De verdad.

Nos conocemos hace años,

¿crees que me metería en algo que me diera mala espina?

El plan es seguro. Álvaro sabe lo que hace.

De verdad, confía en nosotros.

(Timbre)

¿Inspectora jefa Miralles?

¿Qué haces aquí? No eres bien recibida en mi casa.

Solo será un momento.

Yo os dejo solas para que habléis. No, por favor.

No se vaya.

Me gustaría hablar con usted. ¿Con mi amiga?

¿Me puedes explicar de qué va todo esto?

Me gustaría hablar con ambas de cómo se conocieron.

Perdone, pero ¿a usted qué le importa?

Pues un poco sí.

Porque sé que se conocieron en la cárcel de Picasent.

Que Coco es el alias de Gisela Rodríguez.

Y que cumplió condena por delitos informáticos.

¿Y adónde pretende llegar con todo esto?

Porque yo ya cumplí mi deuda con la sociedad.

Es posible que cumpliera su deuda con la sociedad,

pero no estoy tan segura de que cumpliera su deuda

con Elvira. Déjala en paz.

Ah, eso era, ¿no?

Usted

era la fuerte en la cárcel y defendía

a su amiga Coco del resto de las reclusas, ¿no?

En serio, ¿todo eso a santo de qué?

Pues que creo que usted le debe mucho

a su amiga Elvira

y que es capaz de cualquier cosa por ella.

Tranquila, Coco. Este es el pan nuestro de cada día

en esta comisaría con nosotros.

Siempre que ocurre algo vienen aquí a buscar culpables

y como tú eres nueva

ahora la deben haber tomado contigo.

Verá, me parece mucha casualidad

que su amiga sea una experta informática

y que hace unos días hayan hackeado el ordenador de mi marido

para crear pruebas falsas e intentar acusarme

y probar que hubo negligencia

en la muerte de su hijo Ricky.

¿Tiene alguna prueba que respalde lo que está diciendo?

No. Oh, qué pena.

Pero las encontraré.

Pregúntele a su amiga.

Ella le dirá que somos muy persistentes.

Pues cuando tengas las pruebas, vuelves.

De momento, te largas de mi casa.

Coco, yo me andaría con cuidado.

Yo que usted no me...

juntaría mucho con la familia Soler.

No suele dar muy buen resultado.

¿Hay alguna posibilidad

de que te rastree el hackeo?

-Imposible. No, no, eso no. -Muy bien.

Pues entonces nos olvidamos de esa desgraciada.

Vamos a centrarnos en el golpe.

A ver, Coco,

insisto.

Estamos a tiempo de echarnos atrás.

-Que no.

Elvira, que no.

Confía en mí que todo va a salir bien.

Venga, va.

-Sí, Nacha, sí, los he citado ahora.

Espero que venga con su madre, sí.

Y que la esté tratando bien.

Bueno, yo te llamo cuando haya acabado, ¿de acuerdo?

Te dejo. Están a punto de llegar.

Chao.

(Puerta)

Adelante.

-Buenos días.

-Buenos días, doctor.

-Lupe, ¿qué tal? ¿Cómo está?

-Bien.

No me puedo quejar. -Qué alegría verla.

Bueno, la veo un poco paliducha, ¿no?

¿Qué pasa que no está saliendo a la calle?

Hace falta tomar el aire.

El aire fresco y la luz natural son importantes para sentirse bien.

-Ya, verá, es que estoy un poco perezosa

porque como vivo en un segundo piso sin ascensor, pues...

últimamente, no salgo mucho de casa.

-Bueno, eso no es excusa.

Hay que caminar, ejercitar la musculatura.

Dígale a este mozo que la saque de vez en cuando al parque.

-Sí, mañana.

¿Empezamos ya con la prueba? Tengo algo de prisa

y he dejado el coche mal aparcado.

-No te preocupes. Vete a aparcarlo bien

y, de paso, tómate un café

porque tengo como 20 o 30 minutos con tu madre.

-Pero por teléfono me dijo que era solo un análisis

para ver el nivel de sodio.

-Me gustaría hacerle un reconocimiento más a fondo.

-Déjese de tanta prueba ya que a mi madre no le pasa nada.

Está perfectamente ¿o no la ve?

-Es una persona mayor, tiene artrosis en la rodilla,

hipertensión y la operaron de cataratas.

Hace meses que no le hacemos las pruebas.

Le haremos un reconocimiento. Unas preguntas nada más.

Un cuestionario.

-Ya... cuestionario. ¿Y qué es lo que le va a preguntar

si se puede saber?

-Nada...

Rutina, hábitos alimenticios, higiene,

horas de sueño... Un cuestionario tipo.

-Bueno...

Está bien. Pues en 20 minutos estoy aquí.

Ahora vuelvo. Pero no empiece con las preguntas

hasta que vuelva.

-Siéntese.

-Gracias.

-Qué suerte tiene, ¿no? Será la envidia del barrio

cómo la cuida su hijo.

-Sí.

-¿Y ese "sí" tan escueto?

-¿Eh? No, nada, doctor.

Cosas mías.

-No la veo muy bien de ánimo.

¿Pasa algo?

-No, no, de verdad. No pasa nada.

-Es importante. Los estados de ánimo afectan a la salud.

Nos podemos sentir cansados,

con ganas de hacer pocas cosas.

Si tiene algo que contarme, cuéntemelo. Soy su médico.

-No, doctor, de verdad. De verdad que no me pasa nada.

¿Qué tal la tensión?

-Esto no funciona. Lo suele hacer la enfermera.

Voy a llamarla.

Sí. Guadalupe ya está aquí. Puedes venir.

Muy bien.

Enseguida viene.

-Gracias.

-Bueno, pues esto es el almacén de pruebas.

Y, nada, aquí lo que tenemos son las pruebas archivadas

según el número de expediente y la fecha.

Y lo que hacemos es custodiarlas hasta que luego nos las piden

en los juzgados de Plaza Castilla.

Es importante sobre todo aquí tener en cuen...

Oye, perdona, esto me lo sé ya. Te lo explico a ti.

Te lo digo para que atiendas.

-Sí y me ha quedado muy claro. Te explicaste muy bien.

¿Ahora podemos buscar pruebas que nos lleven

a Samu Flores? Quedamos en preguntar en los talleres.

-Habíamos quedado en lo que mande Miralles

y mandó que te enseñe esto, así que atiende.

-Vale, ya lo pillo. No te pongas condescendiente.

-Vamos a ver, la custodia de pruebas es vital,

por si no lo sabes.

Porque en un juicio la defensa te puede tumbar un caso

si hay un defecto de forma.

-Que sí, tienes razón. Siento no haber estado

todo lo atenta que debería.

-¿Te piensas que me gusta estar aquí de profesor?

-Ya...

Y más, después de mi cagada con la detención de Samu Flores.

No solo se escapó por mi culpa, sino que tú te llevaste el golpe.

-Vamos a ver, Paula, pasa página, ya te lo he dicho.

Ya está. Cuando estamos en prácticas, la liamos todos. No pasa nada.

Lo que menos debes hacer ahora es darle vueltas,

porque no sirve de nada. -Es muy fácil decirlo.

-Por lo menos cuando vuelves a casa

no tienes a tu padre echándote la bronca.

-Yo a mis padres prefiero no contarles nada.

Se les hace todo un mundo.

-¿Tus padres? A mí me parecen muy majos los dos.

-¿Los conoces?

-Bueno, conocer conocer no, pero me los presentó ayer Bremón.

-Me estás vacilando, ¿no? -No.

Ayer estuvieron en el despacho de Bremón

porque estaban preocupados por lo del operativo

y todo lo que se lio.

Hola, Paula. Toni, me han dicho que me estabas buscando.

Sí. Eh...

Te quería pedir un favor por lo de Samu Flores.

Tú dirás.

Que si puedes bien, si no, no pasa nada.

Si, por lo que sea, tienes algún problema con esto...

Al grano, Toni.

A ver, tú sabes que...

por experiencia, cuando hay un robo de coches

generalmente lo que hacen es vender las piezas

en el mercado negro, segunda mano...

Y lo suelen hacer en talleres.

Talleres...

Y lo digo porque...

igual... Sí, lo pillo.

Talleres. Sí.

Tú quieres que vaya a hablar con Álvaro,

al taller.

Si quieres y te va bien

porque yo sé que lo habéis dejado hace poco, ¿no?

A ver, pero estaba pensando y digo,

si él se ha enterado de algún taller

que venda piezas de segunda mano o alguien que le haya contactado,

te lo va a decir antes a ti que a mí, ¿no?

Bueno, eso es mucho suponer.

No hemos acabado muy amigos.

Ah. No habéis acabado muy amigos...

Pues voy yo, no pasa nada. Voy yo a ver si le pillo de buenas.

A ver si...

Venga, vale.

Se lo pregunto. ¿Seguro?

Sí, sí, tienes razón. Igual...

Igual si voy yo, decide colaborar.

Así vosotros aprovecháis y preguntáis en otros talleres.

Pues sí. En cuanto acabemos aquí, hacemos las rondas, ¿verdad?

(AFIRMA) -Sí.

Pues a ver si tenéis suerte.

¡Gracias!

-Madre mía.

Por si no tuviera poco con ser la sobrina del comisario,

todo el mundo se reirá de mí sabiendo que mis padres

vinieron a hablar con él como si fuera el director.

-Que no. No, mujer.

Se preocupan por ti, nada más.

-Muy bien. Bueno, yo lo veo todo bien.

-¿No iba a venir la enfermera a mirarme la tensión?

-Sí. Tiene que estar a punto de llegar.

-Pues ya hace un buen rato, ¿eh? -Ya.

-Guadalupe, voy a serle sincero, no estamos esperando a una enfermera.

Estamos esperando a un buen amigo suyo.

-¿Un buen amigo mío, dice?

¿Lo sabe Ismael? -No, no se preocupe por Ismael.

(Puerta)

¡Eustaquio!

Pero...

¿Tú qué haces aquí?

-Pues... pues venía a verte,

ya que no dabas señales de vida.

-Te he echado

tanto de menos.

-Les voy a dejar para que hablen tranquilamente.

Recuerde que está a punto de venir Ismael.

-Gracias, gracias.

Espera, siéntate, siéntate.

Ay, ¿cómo estás, mi amor?

-Todavía no me hago a la idea de verte aquí.

-A ver, ¿qué remedio? No había forma de contactar contigo.

Gracias a que el doctor Torres me ha ayudado.

¿No te ha dicho nada tu hijo? -No...

¿Has hablado con Ismael?

-Como no sabía nada de ti,

me vine a ver qué pasaba

y abordé a tu hijo en la calle para que me dejara hablar contigo

y me dijo

que te habías muerto de una neumonía.

-¿En serio? -Sí.

Me quedé destrozado.

Estuve a punto de volverme a Cuenca.

Así que, como no quería irme sin despedirme de ti,

le pregunté dónde estabas enterrada para que...

Para llevarte unas flores.

Entonces, me dijo

que te habían incinerado.

-Pero qué barbaridad.

¿De verdad mi hijo te dijo todas esas mentiras?

Que me había muerto, que me había incinerado...

No se puede ser más cruel.

-Bueno, pero yo estaba con la mosca detrás de la oreja, ¿sabes?

Todo me sonaba muy raro.

Entonces, afortunadamente, conocí al doctor Torres

y él fue quien me dijo que seguías viva.

No sabes la alegría que me dio.

-Yo también estoy muy contenta

de que no te hayas marchado

porque así

nos podemos despedir

de mejor manera. -¿Despedirnos?

-Sí. -¿Cómo que despedirnos?

¿Es que ya no me quieres?

-Claro que te quiero. Claro.

-Entonces, ¿cuál es el problema?

-Mi hijo no me va a dejar.

-Pero tú eres una mujer adulta. Él no puede impedirte nada.

-Sí puede.

Ismael controla mi vida como...

si fuese una menor de edad.

Me engañó, ¿sabes?

Me hizo firmar unos papeles

que eran unos poderes que yo le autorizaba

para que manejase mis cuentas y todos mis papeles legales.

Me quitó

el móvil,

el dinero... -Pero ¿por qué no pediste ayuda?

-Porque no tenía llave.

No, yo solo podía salir con él

y, entonces, no podía hablar con nadie.

-No entiendo cómo tu hijo ha sido capaz de hacerte algo así.

-Pues, ¿sabes? Todo empezó

cuando le dije que...

que me quería ir a vivir contigo

y que iba a vender el piso.

Se puso furioso.

Me daba miedo.

Estaba tan enfadado.

Me echó en cara que le iba a dejar en la calle

por ir a vivir con un extraño.

Y, entonces...

me secuestró

en mi propia casa.

Dijo que la casa era suya

y que si la vendía era como...

si lo desheredara.

Yo le he suplicado. Le he dicho que...

pues, no sé,

que me dejase ir,

que me estaba matando viva

y que yo no podía vivir así.

Pero le da igual.

Él solo piensa en él

y en salirse con la suya, como siempre.

Y yo no puedo hacer nada.

Es que...

no sé cómo he llegado a esto.

-No llores, no llores. No llores.

Ya verás como entre los dos lo solucionamos.

-¿Sí? -Sí.

Sí.

He visto el cartel de cerrado, pero como la puerta está abierta...

He quedado para comer con una amiga. La estoy esperando.

Entonces... Es una amiga de mi madre.

No tienes que darme esas explicaciones, Álvaro.

No te las estoy dando.

Supongo que no vienes para preguntarme

qué voy a hacer para comer.

No.

Vengo para preguntarte si has visto a este individuo.

No lo he visto en mi vida.

No te acuso de nada. Simplemente necesito saber

si ha pasado por aquí. Y yo te estoy diciendo que no.

¿Qué se supone que ha hecho?

Es Samuel Flores, un ladrón de coches.

Creemos que puede estar intentando vender las piezas robadas

como piezas de segunda mano.

Pues por aquí no se ha pasado.

Bueno, ahora que sabes qué aspecto tiene,

si te enteras de algo o lo ves por aquí,

dame un toque.

Por supuesto. Cuenta con ello.

¿Algo más?

No.

¿Siempre va a ser así?

No sé a qué te refieres.

Tratarnos con esta...

frialdad como...

como si entre tú y yo nunca hubiese pasado nada.

Ese es el problema, Silvia.

Que entre nosotros han pasado muchas cosas.

Si te molesta tanta frialdad, podemos seguir discutiendo

que es lo que hemos hecho las últimas veces que nos vimos.

Pues mira, casi que lo prefiero.

Mucho mejor que esta indiferencia.

Solo estoy centrado en mi presente

y nuestra relación es pasado.

No gano nada perdiendo mi tiempo discutiendo contigo

o lamentándome de algo que pudo haber sido y no fue.

Estoy de acuerdo.

Al menos, podríamos tener una relación cordial.

¿Tú y yo?

¿A quién vamos a engañar?

Sabes perfectamente que eso no nos lleva a ningún lado.

Te recomiendo que te centres en tu presente

o en tu futuro, en lo que prefieras.

Mucho mejor que seguir anclados a algo que...

ya pasó y no va a cambiar.

-Lo siento, la puerta estaba abierta.

-No te preocupes, Coco. Pasa.

Silvia ya se iba.

-Esta es la chica con la que salías, ¿no?

La poli.

-Sí.

-¿Estás bien?

-Sí, no te preocupes. Solo venía a preguntarme

algo del curro.

-¿Qué?

¿Nos vamos a divertir tú y yo?

-Gracias, Coco.

-Vaya.

-Venga, estoy listo.

-¿Vienes? -Vamos.

-Ismael, Ismael.

Qué pronto has vuelto, ¿no? -¿Dónde está mi madre?

-Está con la enfermera.

-No dijo que tuviera que verla también una enfermera.

-Enseguida termina, no te preocupes.

-Ya, pero es que no tengo más tiempo.

Además, todo eso me parece muy raro. Me la voy a llevar ahora mismo.

-¿Qué hace aquí este viejo?

-No consiento que le hables así.

-O sea, que todo este tinglado ha sido una encerrona.

¿Y quién lo ha organizado, doctor, usted,

o el carcamal este chalado? -Eso es lo de menos.

Lo más importante es que des explicaciones.

¿Por qué le dijiste a Eustaquio que tu madre había muerto?

-¿Va a creerle de verdad? ¡Que está pirado el viejo!

-Primero me dijiste que ella no quería saber nada de mí

y, luego, que había muerto de una neumonía.

¿Quién es el que está aquí chalado?

-Vamos a dejar de dar el espectáculo y vamos a casa.

-No, no. Vete tú si quieres.

-¿Qué has dicho? -Yo no me voy.

-Que te vienes conmigo a casa ahora mismo.

-Tu madre ha dicho que quiere quedarse,

así que déjala vivir su vida, aprovechado.

-¿Qué me ha llamado? -¡Eh!

-¡Suéltale! -¡Aprovechado tú!

¡Te quieres quedar con mi herencia!

-Vamos a ver.

Quieto aquí contra la pared.

-Ha empezado él. No quiere dejar que me lleve mi madre a casa.

-No quiere que la sigas teniendo retenida en contra de su voluntad.

Lo sabemos todo, Ismael.

Sabemos que engañaste a tu madre para que te firmara un poder,

que te quedas el dinero de su pensión y la tienes incomunicada.

-O sea, ¿que llamó a la policía? ¿Fuiste capaz de hacerme esto?

-He sido yo. -Yo te quiero, hijo,

pero lo que estás haciendo conmigo no está bien.

-¿Y lo que me quieres hacer tú a mí qué?

-Tranquilo, ¿vale? Será mejor que vayamos a comisaría.

Este no es el lugar adecuado para aclarar este asunto.

-¡No tengo nada que hablar contigo! -Por las buenas o por las malas,

pero quiero ahorrarle otro disgusto a tu madre, ¿te enteras?

Vamos.

Vamos.

Vamos.

-Los vigilantes, tanto este que está aquí

como los que han subido a por la pasta,

tienen móvil y pistola. -¿Hay que quitárselos?

-El móvil y la pistola. Es muy importante cuando lo reduzcamos.

Vamos al lío antes de que bajen los otros dos.

¿Preparada?

Vamos.

Ni te muevas.

Las manos arriba.

De rodillas.

Las manos atrás.

(Pasos)

¡Quietos ahí!

La pasta en el suelo.

¡Que la pasta en el suelo!

-¿No la habéis oído o qué? La pasta en el suelo.

Despacito. Sin hacer ninguna tontería. Vamos.

¡Andando los dos! -Vale.

-Las pistolas.

De rodillas.

(Ruido)

Voy yo.

¡He dicho que de rodillas!

-De rodillas.

¡De rodillas!

Que...

De rodillas...

-¿Qué pasa? -Me cago en...

Se ha metido en el furgón.

-¡Mierda!

No se puede abrir sin la llave.

-Ay, Guada, no sabes lo que me alegro de verte

porque como corrían por ahí rumores de que estabas...

-Sí, ya me he enterado.

Pero mira, aquí me tienes sana y salva.

-Y más guapa que nunca, que estás estupenda.

-Bueno, te agradezco el elogio, pero sé que no es verdad.

Últimamente, he tenido tantas preocupaciones

que me han afectado.

-Bueno, pues ahora a no pensar en eso

que vienen tiempos mejores, ¿eh?

-Gracias.

-¿Quieres que te pida un poco de agua

para refrescarla un poco? -No.

-¿Estás mejor?

-Así así.

No me puedo quitar de la cabeza

la imagen de mi hijo entrando en la comisaría

con la policía.

Sé que se ha portado muy mal conmigo,

pero sigue siendo mi hijo.

-Hola, Guadalupe, Eustaquio. -Hola.

-¿Y mi hijo? ¿Está detenido?

-Eh... ¿Puedo? -Por favor, siéntate.

-A ver, lo he dejado en libertad,

pero podría ser acusado por los delitos de secuestro,

estafa y apropiación indebida.

Lo que pasa es que, después de hablar con él,

ha tomado conciencia y se ha comprometido

a dejar de manipular y controlar su vida.

-Muchas gracias, guapa. Te lo agradezco mucho.

-Nada.

-Eso sí, nos queda el tema de revocarle el poder

que consiguió que firmara mediante el engaño.

Mañana, a primera hora, deberían acercarse a un notario

y dejar ese tema zanjado, ¿vale?

-Sí.

-¿Y nada más?

-No.

De momento, con eso es suficiente para que pueda volver

a tomar el control de su vida en el aspecto burocrático.

-¿Y mi hijo tiene que estar presente?

-No, con una firma y el DNI será suficiente.

Y, después, cuando le den ese documento,

sería importante que se acercaran a los bancos

para que retiren a Ismael de todas las cuentas.

-Parece fácil, ¿no?

-Sí, lo es. Es un poquito engorroso por el tema del papeleo,

pero nada más.

¡Ah! Tampoco se olviden de llamar a las compañías de suministros

porque supongo que Ismael tiene todo a su nombre.

No sé. ¿Hay algo más en lo que les pueda ayudar

o que me quieran preguntar? -Pues sí.

Cuando me ha dicho que yo puedo tomar

el control burocrático de mi vida,

¿qué quiere decir eso? -Ah, bueno.

Es una forma de hablar, Guadalupe.

Me refería a todo el tema del papeleo.

Eso sí, que quede claro que si usted quiere ir más allá

y denunciar a su hijo, tenemos pruebas suficientes

para llevarlo delante de un juez. -Me robó,

me raptó,

me quitó tiempo de pasar con Eustaquio.

(SUSPIRA)

Pero no podría dormir por la noche

si yo supiese que mi hijo estaba en la cárcel por mi culpa.

-Así es que está bien así. (RÍE) (RÍE)

-Ahora solo quiero irme a vivir con Eustaquio. (RÍE)

Y recobrar el tiempo perdido. (RÍE) -Pero con moderación.

(RÍE) (RÍE) -Bueno, bueno.

Todo eso está muy bien, además están en todo su derecho.

-Muchas gracias, guapa. (RÍE) -Nada, pues no es más.

Yo los dejo. -Bueno, pues muchas gracias por todo.

Oye y puede sonar exagerado,

pero nos has devuelto las ganas de vivir.

(RÍE) -Bueno, pues tanto que me alegro, de verdad.

Además, se merecen ustedes ser muy felices

y les deseo muchísima suerte a los dos. Bueno, permiso.

Adiós.

-¡Mierda! Tenían razón, ninguno de los dos tiene las llaves.

-Claro, las tiene el de dentro. Está metido como en una caja fuerte.

Coño.

-¿Te dio tiempo a coger el móvil? -Qué va.

-Mierda, llamará a la policía. -No puede, lo tiene capado.

-¿Cómo que capado?

-Con el inhibidor de frecuencia funcional no... no va.

Lo traje por si acaso. -Eres una crac.

-Tío y ¿si nos llevamos las dos bolsas y pasamos del resto?

-No me pienso ir sin toda la pasta. Déjame pensar.

¡Eh! ¿Has traído el espray de pimienta?

-Sí. -Dámelo.

¡Cubre el otro lado!

(TOSE)

(TOSE)

-Venga, estamos perdiendo mucho tiempo.

-Buenas. -Hombre, pareja, ¡qué alegría! (RÍE)

-Muy buenas, doctor, veníamos a... Bueno, a darle las gracias

por todo, ¿no? Sin su ayuda, yo creo que no hubiera sido posible

volver a encontrarme con mi Guadalupe.

-Bueno, yo además de las gracias, quiero decirle

que durante una larga temporada voy a estar desaparecida

y que cuando vuelva, pues solo será para saludarle.

Se lo digo para que no se asuste.

-Bueno, eso significa que siguen con los planes de ir a vivir juntos.

-Sí. -Mañana mismo nos vamos a Cuenca.

-Me alegro muchísimo y con su hijo, ¿qué tal? ¿Cómo ha quedado todo?

-Bueno, pues todavía no he hablado con él.

Estoy dejando que pasen unos días para que se vaya haciendo a la idea.

De todas formas, la decisión está tomada.

No tiene más que aceptarla. -Muy bien.

¡Anda! Pasa, cariño, pasa. Mira, Eustaquio y Guadalupe.

(RÍE) -Mi esposa,

la inspectora jefe de la comisaría. -Encantada.

Tenía muchas ganas de conocerlos a los dos.

Nacha y Antonio me han hablado mucho de ustedes.

Han venido a despedirse porque se van a Cuenca a empezar una nueva vida.

-Sí. ¡Vaya! Es una idea fenomenal.

Y ¿sabe una cosa? Tengo la misma ilusión

que cuando era una jovencita de 18 años.

(RÍE) (RÍE)

No hay más que ver el brillo en los ojos y no me extraña,

porque su historia es como... la de una película con final feliz.

Sí, pero gracias a su marido y a la cabezonería de este hombre,

que no se rindió y siguió buscándome hasta que me encontró.

Solo por eso, merece la pena intentarlo.

-Cualquier hombre enamorado en un caso así habría hecho lo mismo,

ir en busca de su amor. -Ay.

Bueno, les dejamos, que estos señores querrán irse a su casa.

-Sí, tienes razón. Bueno, lo dicho, Antonio, muchas gracias por todo

y si algún día pasa por Cuenca, no deje de visitarnos.

Vamos. Seguro que sí.

-Faltaría más. -Adiós.

Encantada. Igualmente.

(TOSE) ¿Nos vamos a casa?

Ay ¿tú crees que cuando lleguemos a esa edad seguiremos enamorados?

La duda ofende.

(Móvil)

Ay.

Emilio.

Dime, Emilio.

No te preocupes. No, no, has hecho bien en llamar. No, no.

Yo voy enseguida. Venga, hasta ahora.

Que tienes que ir a comisaría, ¿no? Pues sí.

Ha habido un asalto a un furgón blindado,

parece que se llevaron una cantidad importante.

Intentaré no llegar muy tarde a casa, ¿eh?

Una razón más para que la jubilación venga cuanto antes.

Venga, cariño. Hasta luego. Nos vemos en casa.

Hola.

¿Me estabas esperando para cenar?

A ti no, a Paula. Supuse que estarías con tu amiga Lorena

y que ibas a llegar mucho más tarde. Ya te dije esta mañana

que lo mío con esa chica ha terminado.

Ayer fui a su hotel para decirle que se alejara de mí.

Y no la voy a operar yo, la he derivado a otra cirujana.

Y a esa otra cirujana, ¿también te la estás tirando?

Eso es un golpe bajo. No, es una pregunta.

¿También te la tiras? Pues no, claro que no.

Pues qué raro, porque tengo claro que Lorena no ha sido la única.

No digas eso.

Verónica,

tú eres la única mujer de la que sigo enamorado.

¿Esto se supone que tiene que ser un consuelo?

La he cagado, lo sé.

(SUSPIRA) Mira, después de pensarlo mucho,

me da igual con quién te acuestes y lo que hagas.

Lo único que no voy a consentir es que me humilles.

Nunca ha sido mi intención.

Vamos a quitarnos las máscaras de una vez.

Que nunca te haya pillado in fraganti no significa

que no llevara tiempo sospechando que me eras infiel.

No soy tan imbécil como piensas.

Y ¿por qué nunca me dijiste nada? ¿Para qué?

Al principio, pensé en contratar a un detective y divorciarme,

pero después comprendí que nuestro matrimonio es algo más.

¿Qué quieres decir?

Que tú y yo no solo somos marido y mujer,

tenemos un negocio, tenemos una hija estupenda que...

que nos necesita fuertes y unidos.

¿Para qué estropearlo por unos cuernos?

¿Por qué has estado conmigo todo este tiempo?

Porque creía que era lo mejor para nosotros.

Y ¿todavía sientes algo por mí?

Porque yo sigo perdidamente enamorado de ti.

Te quiero y nunca he dejado de quererte.

Sigues mintiendo. No, te juro que no, Verónica.

(SUSPIRA) Yo te quiero.

Tú solo te quieres a ti y a tu trabajo.

Es lo único en lo que piensas desde que te levantas.

No, te equivocas. Paula y tú sois lo más importante en mi vida.

Lo último que quiero es haceros daño.

Y no nos lo vas a hacer.

A partir de ahora, cuando llegues a casa no me beses

ni me des explicaciones.

De cara a Paula y a la galería,

seguiremos manteniendo nuestro matrimonio, las formas,

pero cada uno va a hacer su vida

sin dar explicaciones al otro. Es decir, como en los últimos años,

pero sin mentiras.

-¿Interrumpo algo? -No, no, no, qué va.

Le estaba diciendo a tu padre que como no ha avisado para cenar,

pues que no tenía cena. -Ah, mira, pues así no cenas sola.

-¿Qué pasa? ¿Tú ya has cenado?

-No, pero no me apetece sentarme a la mesa con vosotros.

Paula, espera.

Eso que has dicho es pasarse un poco de la raya, ¿no? Explícate.

¿Quieres hablar?

Vale, pues hablemos, pero conmigo. No con el tío Emilio a mis espaldas.

Sé que hablasteis con él e imagino que fue cosa de mamá.

No, fue cosa de los dos.

No sé qué tiene de malo que me preocupe por ti

después de lo que comentaste ayer. -Si siguiera en el colegio,

no habría nada de malo. Pero soy policía

y habéis ido a pedir explicaciones al comisario. ¿Cómo se os ocurre?

-¿Porque también es tu tío? -Bueno, mira, estoy harta.

¿Qué tengo que hacer para tomarme en serio?

Mamá, ¿cuándo piensas darte cuenta que ya no tienes que ocuparte de mí?

¿Por qué no te buscas otros pasatiempos?

No te consiento que hables así a tu medre.

Déjala, tiene razón. Ha llegado el momento de pensar en mí.

-Yo solo os pido que empecéis a respetar mi decisión,

soy policía con todas las consecuencias.

A ver si se os mete ya en la cabeza.

(SUSPIRA)

-Hombre, menos mal que estáis aquí. Habéis tardado mucho, ¿no?

(ASIENTE) -¿Qué? ¿Cómo ha ido?

(SORPRENDIDA) -Tuvimos un pequeño contratiempo.

-¿Habéis tenido que usar las armas? -No, las pistolas no, pero esto sí.

-¿El espray de pimienta? (ASIENTE) -Menos mal que lo compraste

y que se me ocurrió meterlo en la mochila esta mañana.

Álvaro también anduvo superrápido.

-Bueno, pero contadme, ¿qué ha pasado?

-Tranquila, mamá. Solo que uno de los tíos de seguridad se encerró

dentro del furgón con la pasta. -Y es que no los abres ni a tiros.

-Entonces, vi la rendija de ventilación y le vacié

todo el espray de pimienta dentro. (RÍE) -Tardó un minuto en abrir.

-Qué suerte que lo llevaras encima. -Esta mañana estaba tan nerviosa,

que metí de todo en la mochila.

(ASIENTE) -Normal.

Por un momento pensé que se iba el plan a la mierda.

-A ese hombre aún le deben picar los ojos y la garganta, ¿no?

(RÍE) -Bueno, mira, que se fastidie, ¿sabes? Por su culpa

casi se va todo al garete.

-¿Qué hay de cena? Me muero de hambre.

-Pues mira, iba a reservar en un buen sitio para celebrarlo,

pero después, he pensado que hay que ser cautos.

Miralles está muy cabreada y está muy pendiente de nosotros.

-Bueno, si los Soler no van al restaurante,

el restaurante vendrá a los Soler. ¿Queréis que pida marisco?

Ah, no os preocupéis, que no va a quedar ni rastro, ¿eh?

-Ah, pues pide. -Yo voy a llevar la pasta al taller,

estará segura hasta que sepamos qué hacer.

-Espera, pero eso lo puedes hacer mañana. Vamos a brindar primero.

Esta botella la pillé el día que hackeé el ordenador de a bordo.

Es una cosecha buenísima.

-Vamos, que tú no dejas nada para la improvisación.

-Sabía que íbamos a dar el golpe del siglo.

-Y no te equivocaste. -Gracias.

-Señores, señora.

-Igual son imaginaciones mías, pero...

tengo la sensación de que todos me ven

como la enchufada del comisario. Bueno, no todos,

pero seguro que alguien sí

y en tu mano está hacerle cambiar de opinión.

¿Qué pasa? -No os lo vais a creer.

-¿Qué? -Me ha tocado la rifa del mercado.

-¿En serio? -En serio.

-Y ¿cuánto te ha tocado? -Pues 3000 euros así,

de golpe y porrazo. -Podrías invertirlo, multiplicarlo.

Ayer asaltaron un furgón blindado en el polígono.

Los ladrones se llevaron un botín de aproximadamente 200 000 euros.

(SILBA) -¿200 000 pavos? Irían armados, ¿no?

Para robar tanta pasta... Afirmativo.

Igual conocían a alguien dentro de la propia empresa.

Eso es lo que Nacha y tú tenéis que averiguar. Es vuestro caso.

Sí, soy yo.

Pero ¿estás seguro de que era él?

Vale. Vale, pues muchas gracias por la información.

¿Buenas noticias? Buenísimas.

Te lo cuento por el camino. -A ver, Paula, ¿no te ha quedado

claro que no puedes salir? Y más después de la que liaste, que no.

Me pasas la información y ya veo yo lo que hago.

-He estado hablando con el comisario y me ha dado permiso.

No tenemos tiempo que perder. -¿En serio?

-Sí.

-Gracias por todo, Espe. -De nada.

Y cualquier cosa que necesites, ya sabes, me llamas cuando sea,

te plantas aquí, lo que quieras. -Muchas gracias.

-Espe, ¿por qué no vas con Fadila al centro cívico?

-Porque ella es del barrio y sabe dónde está perfectamente.

-Me da más bien la impresión que intentas evitar a Miguel

a toda costa.

-Sí que estás muy liada, ¿verdad? -Súper, superliada.

-Pero ¿esa es la única razón por la que...

has dejado de pasar por el centro cívico?

-Oye y ¿si nos ha visto?

Creo que estamos muy expuestos, ¿por qué no nos metemos ahí?

-Es aquí, te lo he dicho cinco veces. Escóndete, por favor.

Tranquilízate, me estás poniendo... -No puedo tranquilizarme.

Quiero detener a Flores y arreglar lo del otro día.

-Para ya. Para ya.

¿Alguna novedad en el asalto al furgón blindado?

De momento, sabemos cómo consiguieron la información

de la ruta del vehículo. Ah, ¿sí?

Vigilaron los movimientos del furgón, pero no físicamente,

hackearon la intranet de la empresa de seguridad.

-¿Te ha pedido el divorcio? No, no.

Me dolió tanto como si me lo hubiera pedido.

Pero ¿qué pasó? Pues quiere que sigamos juntos

por Paula y por las clínicas, pero a partir de ahora,

nuestro matrimonio solo será una bonita fachada.

La mejor época que viví con él fue cuando éramos jóvenes

y estábamos recién casados.

Entonces solo tenía ojos para mí.

-Bueno, yo supongo que... la rutina y la convivencia...

ha hecho mella en vuestra relación.

-Esa sería la conclusión fácil, pero no.

Lo que ha roto nuestra pareja son sus engaños.

Mateo hace tiempo que vive para sus ligues y para su trabajo.

No piensa en nada más.

-Es un imbécil por no darse cuenta de la mujer que tiene a su lado.

No tiene ni idea de lo afortunado que es.

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Servir y proteger - Capítulo 611

07 oct 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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