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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 610 - ver ahora
Transcripción completa

Bienvenida, agente Bremón.

Ella va a ser nuestra nueva agente en prácticas.

Espero que todos le ayudéis en este período.

Bueno, nada, que...

que me alegro mucho de que me hayan destinado aquí.

-Como para no.

-Espero no agobiaros mucho con mi inexperiencia.

No te preocupes porque eso se arregla trabajando.

Y para empezar vas a hacer binomio

con Toni Ríos.

Ya veo que no te hace mucha ilusión que te hayan puesto conmigo.

-A mí lo que me molesta es que me gusta estar en la calle

y contigo tengo que estar aquí todo el día.

No es porque seas la sobrina del comisario.

-No quiero que me trates diferente por mi apellido.

-¿Por fin pudo ver a Guadalupe?

Ay, ¿qué he dicho? ¿Qué ha pasado?

-Ha muerto.

No me has dicho dónde está su tumba.

-Pues en ninguna parte.

-¿Cómo? -Pues que la incineré.

Lancé sus cenizas a la montaña como era su voluntad.

-No, no... Eso no puede ser.

-Ya le digo yo que sí.

-Ese Ismael me está mintiendo.

-¿Mintiendo en qué, Eustaquio?

-A lo mejor

Guadalupe no ha muerto.

-Quiero darle el palo a un furgón blindado.

Pero antes de entrar en detalle, quiero...

Quiero que sepas que cuento contigo, Coco.

-¿Cuánto tiempo tengo?

-Hasta mañana por la mañana que vienen a recoger el furgón.

-Vale.

-Pues a ver quién gana la partida.

-Vale, perfecto, pues voy para allá. Venga, gracias.

Paula, me tengo que pirar que me llamó una confite.

-¿Y qué te ha dicho?

-Me ha dicho...

Me ha soplado dónde puedo encontrar un ladrón de coches

que estoy buscando de una movida mía.

Quedas detenido por un delito de robo de coches de alta gama

y tráfico de piezas. -Toni...

Toni, viene el otro, el Bujías. -No. Para, para, Paula.

¡Baja el arma, Paula! ¡Que bajes el arma, Paula!

La agente Bremón tenía prohibido salir a la calle. ¡Prohibido!

¿Eh? ¿Lo entiendes ahora?

Perdón, inspectora,

pero espero que esa prohibición no tenga nada que ver

con mi apellido.

¿De verdad crees eso?

No sé. Estás muy equivocada

porque no hay ninguna orden en ese sentido.

Le aseguro que soy el primero

que quiere ver pagar a esa mujer por lo que hizo,

pero no hay ni una sola prueba que la incrimine de forma directa

y yo ya no puedo hacer nada más.

-¿En qué estás pensando?

-Igual bastaría con hackear el ordenador de alguien

cercano a Miralles

con algo que pudiera implicarla. -Inspector Antúnez

de la Policía Nacional.

Así que, por favor, tengo una orden judicial,

háganse a un lado, no interfieran en la labor policial

y, por favor, no toquen nada.

Mataste a Ricardo Soler bajo los efectos de los psicotrópicos

y vas a pagar por ello. -Ese hacker cometió un error.

Intercambiar los datos por una paciente real con depresión

y aportaron recetas médicas.

Montar toda esa falsa acusación acerca de tu supuesta medicación

es algo bastante más complicado.

Y para lo que se necesitan conocimientos avanzados

de informática.

Elvira Soler no tiene el perfil, es obvio.

Es obvio, pero podría haberle encargado

el trabajo a otro.

Ni esa comisaría ni todos tus compañeros

van a evitar que pagues tu deuda con los Soler.

-Elvira, ya estoy.

Vámonos. Esta señora no se merece que le dediquemos ni un minuto más.

Álvaro nos espera. Buenos días.

¿La conozco?

Coco, ¿no? Vámonos, vámonos.

Realmente no se merece nada.

(Música emocionante)

He hecho una copia de los planos de la clínica para ti.

Quiero que te sientas orgullosa de lo que construimos.

Cuánta amabilidad de buena mañana. Vero, por favor, no quiero discutir.

¿Este es el quirófano? Sí.

Es un poco más pequeño que el de Barcelona,

pero está equipado con la última tecnología

y todo esto es la zona de tratamientos no quirúrgicos.

Buenos días.

-Buenos días. Buenos días.

Me tomo un café rápido y me voy.

-Desayuna bien, por favor.

Cómete al menos una pieza de fruta.

-Me la llevo para el camino.

Bueno, ¿qué? ¿No nos cuentas nada? ¿Qué tal ayer?

No fue bien, ¿verdad?

-¿Por qué dices eso?

-Porque anoche te metiste en tu cuarto sin abrir la boca.

-Interrogatorios no, por favor.

Pauli, tú no te sientas presionada.

Cuéntanos lo que nos quieras contar.

Cariño, me gustaría que fueras un poco más comunicativa

para saber que todo va bien. -Pues sí, todo va bien.

La inspectora jefe me mandó que tomara contacto con la comisaría.

-¿Y no saliste a cubrir ninguna misión especial?

-No, mamá. No hacemos misiones especiales.

Eso es en las películas.

Salí con mi binomio.

¿Con quién?

El compañero que me ponen como pareja se llama binomio.

Bueno, no es que él se llame así. Claro, claro, lo pillo.

¿Y cómo se llama? -Toni Ríos.

-Tiene nombre de cantante. -Mamá...

Nos estabas diciendo que saliste con él a algún sitio.

Sí, salimos porque recibió un aviso de una confite.

-¿Confite?

Confite, Verónica, confite. Confidente.

Que no te enteras, Verónica.

El caso es que recibió el aviso de la confite con las claves

para detener al delincuente y fuimos a por él.

-¿En tu primer día?

-Sí, mamá. O te relajas o no cuento nada más.

-Estoy relajada. ¿Cómo fue?

-Regular.

-¿Te hirieron?

-¿Tú me ves herida?

-No, pero como has dicho que la cosa fue mal...

No, fue regular. Ha dicho que fue regular.

La cosa es que capturasteis a ese delincuente.

Pues no... no le detuvimos. No.

Por mi culpa se escapó

y mi compañero recibió un golpe en la nariz.

-O sea, que él sí resultó herido.

-Madre mía, si es que hice el ridículo.

Además, confundí a una vecina con un delincuente. Madre mía.

Bueno, no te preocupes. Era tu primer día.

Normal que te equivoques. Nadie nace aprendido.

Ahora mismo llamo a tu superior para que no te imponga

tareas para las que no estás preparada.

-¿Cómo? No. A ver, mamá,

mi superior me ordenó que me quedara en comisaría

y fui yo quien decidió salir. Que fue mi culpa.

-¿A ti te parece bonito desobedecer a tu superior?

-Bueno, mira, esto no va a haber quien lo soporte. Yo me voy.

Bueno, tú tranquila que hoy va a ir mejor, ya lo verás.

Mateo, por favor, llama a tu hermano y pídele explicaciones.

Si no lo haces tú, lo voy a hacer yo.

Vero, no pienso entrometerme.

Y tú deberías dejar de tratarla como a una niña.

Me voy yo también que tengo muchas cosas que hacer.

Cuánto me alegro, Antonio,

que ya lo de Claudia haya vuelto todo a la normalidad.

Porque ella está bien, ¿no?

-Ahí andamos.

-Hay mucha gente mala por ahí.

-Y también mucha gente buena

como, por ejemplo, tú.

¿Qué sería de mucha gente de este barrio sin tu apoyo?

-Mira quién fue a hablar. No habrás ayudado tú

a un montón de gente.

Buenos días, Eustaquio.

¿Dónde va usted con esa maleta?

-Me vuelvo a Cuenca.

He venido a despedirme.

El autobús sale a las 12:00.

-¿Y eso?

-Bueno, unos productos típicos de Cuenca

que traje para Guada

y como ya no podré entregárselos...

He decidido que te los quedes tú

para que los disfrutes.

-Pues muchas gracias, Eustaquio,

pero ¿de verdad quiere que yo me los quede?

-Bueno, no se me ocurre nadie mejor.

Te has portado fenomenal conmigo.

-Y lo he hecho de mil amores.

Lo único que siento es

no haber podido ser testigo de su reencuentro.

-Pues a mí ni te cuento.

Con Guadalupe había recobrado la alegría.

He perdido al amor de mi vida justo...

cuando empezábamos a...

-Piense que ella, esté donde esté,

sigue con usted.

-Yo... preferiría tenerla a mi lado.

Ahora tendré que volver a habituarme a ser un lobo solitario.

-Aquí deja usted a una amiga. Puede volver por aquí

cada vez que quiera.

-Perdonad que me meta,

pero esa Guada de la que estáis hablando

¿es Guadalupe Romero?

-La misma, Antonio.

-¿Decís que ha fallecido?

-Sí. Ayer se lo dijo su hijo a Eustaquio.

Que la pobre falta ya hace unas pocas semanas.

-Entonces no estamos hablando de la misma Guadalupe Romero.

Lo digo porque la persona de la que yo hablo

está viva.

Soy su médico de cabecera.

-¿Cómo?

Me llamo Eustaquio, doctor. -Encantado. Antonio.

-Es que eso que ha dicho usted es muy importante

porque yo, en el fondo de mi corazón,

pienso que Guadalupe sigue viva.

-Perdone, no le sigo, lo siento.

-El hijo de Guadalupe, Ismael,

me dijo que su madre había fallecido de neumonía

y a mí todo eso me parece muy raro.

-Ismael, su hijo. Entonces, sí estamos hablando

de la misma Guadalupe Romero.

¿De neumonía?

No, no, no.

No, no, ella no está muerta.

-Pero vamos a ver, ¿tú por qué dices eso?

-Su hijo viene a menudo a coger recetas para su madre.

De hecho, estuvo antes de ayer en la consulta.

-¿De verdad? -¿Por qué iba a mentirle? Sí.

A Guadalupe hace un mes que la vi.

-En el caso de que hubiera muerto, ¿a santo de qué

iba a ir su hijo a recoger recetas para medicamentos?

-Aquí parece que hay gato encerrado, es verdad.

¿Qué relación tiene con usted?

-Eustaquio es su novio.

Bueno, a distancia.

Se conocieron en un viaje en el Imserso.

-Ella me habló de que había conocido a una persona encantadora

en un viaje ¿a La Manga? -Sí, nos conocimos en ese viaje.

-Sí, estaba encantada con usted.

-Sí, yo...

también me enamoré de ella como un chiquillo.

Pero desde hace semanas, no se pone al teléfono.

Me respondía su hijo. Así que...

Bueno, como no sabía nada de ella, me vine a Madrid a intentar verla.

-Pero Ismael le dijo que Guadalupe estaba muerta.

-Y que me fuera lo antes posible a mi pueblo.

Pero yo me niego a pensar que Guadalupe esté muerta.

No puedo creerlo. -Es que a lo mejor no lo está,

según dice Antonio. -¿Ha hablado con la policía?

-Sí, sí, con una chica muy maja, una colombiana.

-Nacha.

-Pero yo le conté que a mí me parecía muy raro

que hubiera sido incinerada

cuando ella de siempre

quiso ser enterrada.

Pero ella me dijo que sin más datos la policía no podía hacer nada.

-¿Y si vamos a comisaría y hablamos con Nacha que es una buena amiga?

-¿De verdad haría eso por mí, doctor?

-Claro que sí. No perdemos nada.

-Claro. Eustaquio, déjeme usted la maleta que yo se la guardo aquí.

-Acompáñeme.

-Si es que soy imbécil.

¿Quién me manda a mí llevarme a la chavala esa conmigo?

Si hubiera ido contigo, lo tendríamos entre rejas

y no tendría la nariz reventada.

Es que parece mentira que no aprendas, Toni.

¿Para qué aceptas llevártela si Miralles no te dio permiso?

Pues no lo sé. Porque se puso pesada.

Para que se callara la boca.

A mí me da que lo que tú temías es que Miralles no te dejara ir

a detenerle cuando te pasaron a ti el chivatazo.

Que Toni Ríos quería apuntarse ese tanto.

¿Por qué eres tan lista tú siempre?

Pues sí.

Me había currado yo el confite. No quería que le detuviese otro.

Normal. No le des más vueltas que tampoco hubo

daños mayores que lamentar, ¡Joder que no! ¿Y esto?

Me da a mí que te duele más el orgullo que la nariz.

Lo que me revienta es que Miralles no me ponga

con un veterano a patearme las calles y a aprender y me ponga de niñera.

(DOLORIDO)

Encima, con esto por la calle. Bueno, no te quejes más.

Una nariz rota

imprime carácter. Las chicas te van a preguntar...

Las chicas, sí...

El único que me pregunta es mi padre.

No para de vacilarme desde que se enteró

que había sido por una pepinilla.

-Toni,

te estaba buscando.

-Como para no encontrarme tal y como tengo la cara.

-He ido a los calabozos y un compañero con bigote

tipo morsa me ha dicho que seguramente te encontraría aquí.

Ese es Merinero. No hay dos iguales.

Os dejo, pareja, y así habláis.

Yo no tengo nada de qué hablar.

De... ¿de tus heridas de guerra?

¿Cómo tienes la nariz?

-En su sitio ¿o no lo ves?

-Oye,

he estado pensando

que si la nariz rota no te queda bien,

mi padre tiene una clínica de cirugía estética.

Prometo que te la arreglaría gratis.

Incluso podría acabar de dejártela bonita.

Ya sé que estás muy enfadado conmigo y lo siento muchísimo.

Hubiese preferido llevarme yo el golpe por imprudente y...

y por burra.

Me tienes manía, ¿verdad? -Que no te tengo manía.

-Que sí, no lo niegues, y no me extraña.

Además de la bronca de Miralles soy la sobrina del comisario

y piensas que me libraré de mis cagadas.

-Bueno, ya está, corta el rollo.

Me da exactamente igual que seas la sobrina de Bremón.

-¿Seguro que no?

No me importa que lo reconozcas, pero no me tengas manía.

-Que no te tengo manía.

Que no.

Si vamos a ser compañeros de tronchas habrá que llevarse bien.

-Me alegra oír eso. -Lo que sí te digo, por favor,

que a partir de ahora, en un operativo

no vuelvas a desobedecer a tus superiores.

-En un operativo y siempre, ¿no?

-Efectivamente, en operativo y siempre.

-Sí, sí. Prometido.

¿Y tú? ¿Nunca metiste la pata cuando estabas en prácticas?

-Eso no viene al caso. No sé si metí la pata, no me acuerdo.

-¿Ni desobedeciste a los mandos?

-No lo sé, no me acuerdo, Paula.

-Lo de poner en riesgo un operativo, ¿te pasó?

-Corta ya el temita.

Que sí. Todo el mundo en prácticas la lía. Ya está.

Hace cuatro meses estaba donde tú. Sé cómo te sientes.

-¿Lo dices en serio o por quedar bien?

-Lo digo en serio. Yo no miento... Casi nunca.

-Muchas gracias.

Vamos a atrapar a Samu Flores.

Tengo unas cuantas ideas. ¿Quieres oírlas?

Ahora Flores es mi prioridad.

¿Flores es tu prioridad?

-Sí, si es la tuya...

es la mía. Somos un equipo, ¿no?

-Ismael estuvo en la consulta anteayer.

Algo no encaja, Nacha.

-Yo tengo el pálpito de que... Guadalupe está viva.

Lo que cuenta el doctor

es la prueba definitiva.

-Para despejar dudas ¿no podrías mirar en Internet?

Por ejemplo, en el registro de defunción.

-Sí, claro. Tengo acceso, vamos a verlo.

(DUDA)

Eustaquio, le advierto que es muy probable que...

el nombre de Guadalupe aparezca en el registro, ¿vale?

-Si realmente está muerta,

prefiero saberlo con seguridad.

-Vale, muy bien.

Pues vamos a verlo.

A ver.

Guadalupe Romero, ¿se saben el segundo apellido?

-Sanchís.

¿Tardará mucho?

-No.

Pues no está en el registro.

-¡Ah!

Lo sabía. ¡Lo sabía!

Guadalupe está viva.

-A ver, que esto también puede tratarse de otra cosa.

-Sé lo que estás pensando.

-Mire, Eustaquio, puede que...

Ismael...

esté ocultando durante un tiempo...

la muerte de Guadalupe con otros fines.

Por ejemplo, cobrar la pensión de ella.

-No...

Por muchos problemas económicos que se tengan,

un hijo no puede hacer algo así.

-Ay, Eustaquio...

La gente ante la necesidad pierde los escrúpulos y los principios.

Se lo digo de verdad.

-Ah, no... Me parece increíble.

-Mire, hace cuestión de un año,

la policía destapó una estafa enorme de la Seguridad Social.

Casi seis millones de euros.

De personas que ocultaban la muerte de sus familiares

y llegaron a falsificar...

el acta de defunción

de las personas en cuestión.

-Qué barbaridad y...

¿qué se hizo con esos miserables?

-Pues fueron condenados por fraude, estafa a la Seguridad Social,

falsedad documental,

apropiación indebida...

-Que se pudran en la cárcel,

pero no creo que... que eso sea un...

un delito muy habitual, ¿no?

-No, pero...

sí hay casos.

Por ejemplo, un individuo que estuvo durante 20 años

cobrando las prestaciones de forma indebida

y llegó a vestirse como un viejito y a ir con un andador.

Tú escuchaste este caso, ¿no?

-No, ese no, pero conozco otros casos.

Ahora que recuerdo, creo que Guadalupe me dijo que su hijo

tuvo problemas económicos con un negocio.

-Sí, algo relacionado con esas monedas de Internet.

-Sí, bitcoins.

-Me lo contó cuando nos conocimos.

-Ahora creo que está de reponedor en un supermercado.

-A ver, Eustaquio, sobre todo, vamos a mantener la calma, ¿sí?

Porque esto lo vamos a investigar, pero lleva unos días.

Solo necesito que usted confíe en que lo voy a mantener informado.

Que vaya a la estación, coja el autobús

y vaya a Cuenca que yo lo voy a mantener al tanto.

Al menos ya empezamos a investigar.

-No... Yo no me muevo de aquí.

Bueno, y menos ahora.

Voy a llamar a mi vecino para que me vaya regando las plantas.

(SOLLOZA)

(SOLLOZA)

-¡Mamá!

-¡Hola!

-Hola.

¿Habéis devuelto ya el furgón? -Sí.

Voy a hacer un café, ¿queréis?

-Eh...

¿Has podido, Coco?

-Sí.

Me ha costado un montón, pero sí.

-Coco es una crac.

-Eh... Sí.

¿Me lo dices o me lo cuentas?

-Bueno, bueno, por un momento pensé...

que no lo iba a conseguir, ¿eh?

Los parches de seguridad contra el hackeo

del ordenador de abordo son lo más complicado

que me he encontrado en la vida.

-Bueno, no hay sistema de seguridad que se te resista.

-De repente, a las 02:00

se me ocurrió.

Una puerta trasera. Esa era la solución.

-¿Y eso qué es?

-Pues eso es una secuencia especial

que te permite sortear los sistemas de seguridad

y llegar a las tripas del ordenador.

-A ver, mamá.

Lo que Coco te quiere decir es que...

ha instalado un virus espía en el ordenador de a bordo, ¿vale?

De tal manera que tenemos acceso al mismo

y al sistema central de la empresa.

-¡Ah!

Eso suena de maravilla.

(ASIENTE) -Y tenemos acceso

a todos los itinerarios

de los furgones blindados cargados de pasta.

-No solo a los itinerarios,

sino al sistema de seguridad también.

-¿Entonces creéis que es un golpe seguro?

Con la información que tenemos es segurísimo.

-Genial.

Pues esto va a ir muy bien, ¿no?

-A ver, solo hay un inconveniente.

Únicamente podemos dar un palo.

A un solo furgón.

-Un solo furgón ¿por qué?

-Sí, porque en cuanto descubran que ha habido un robo,

se pondrán a investigar las causas.

Entonces tenemos que pirarnos y hacer desaparecer el rastro.

Incluso la puerta de acceso.

-Pero no te preocupes, con esto hay pasta suficiente.

-¿Cuánta?

-Unos 200 000 pavos.

-Aprox.

-Vamos a dar el palo mañana.

-¿Mañana? ¿Por qué tan pronto?

-Porque hay un furgón blindado que va a recoger pasta

a una fábrica de amortiguadores. En el polígono sur.

Conozco perfectamente la zona.

Es un callejón poco transitado y sin cámaras de seguridad.

-Y tenemos un lapso de cuatro o cinco minutos

en los que están cargando dinero al furgón.

-En ese tiempo es cuando vamos a actuar.

-Muy bien.

Formáis un gran equipo.

-No.

Formamos un gran equipo.

-No... Yo no he hecho nada, cariño.

-¿Cómo que no?

Inspirarnos, boba.

-No...

¿Quién va a dar el golpe?

He pensado en llamar al Lucho y al Bala.

-Bueno, eso ya es cosa vuestra.

Yo me voy a dar una ducha

porque no he pegado ojo.

-Bueno, pues llámales, hijo.

Pero ten mucho cuidado, ¿eh?

Un golpe nunca es fácil aunque lo parezca.

-No te preocupes.

-Sí, sí que me preocupo.

Porque...

no quiero perderte a ti también.

-Eso no va a pasar.

No te voy a dejar sola.

-Te quiero mucho.

-Y yo a ti, mamá.

Esas son las cosas de Ricky, ¿no?

-Sí.

-¿Qué?

¿Estoy guapo?

-Guapísimo.

-Me la quedo.

Lo que nos faltaba,

que el ayuntamiento nos tocara las narices.

No es el ayuntamiento, es la comunidad de vecinos,

que son unos pejigueras.

Ahora nos piden unos certificados

sobre el aislamiento térmico y la climatización.

Y hasta que no los entreguemos y los aprueben, nos paran la obra.

No lo entiendo. ¿Qué les importa a los vecinos?

Pues que hay que seguir unos estándares de higiene

y seguridad por si hay riesgo de infección respiratoria

como la...

la salmonelosis o yo qué sé. ¿Salmonelosis?

María, buenos días. Hola, buenos días.

Ponnos dos cafés, un americano y uno con leche.

Muy bien, ¿algo de comer? -No.

No, gracias. Venga.

Bueno, entonces, eh...

¿Eso justifica que nos paren las obras?

Porque vamos muy retrasados.

Mateo, ¿tú me estás escuchando?

Te estoy diciendo que hay que adjuntar unas licencias

que tendría que haber facilitado el arquitecto en su momento.

De verdad, entre el arquitecto y el constructor vamos apañados.

Ya te dije que el constructor no me gustaba.

¿Cuánto hay que esperar para el tema de la refrigeración?

Pues no lo sé.

Tengo que hablar con la presidenta de la comunidad

que debe de ser un hueso duro de roer.

Ofrécele una rebaja en cualquier tratamiento

para ella y su familia.

No creo que tenga el perfil de una clienta potencial nuestra.

Es mayor, medio jipi, con collares de concha,

una perroflauta.

Los jipis también necesitan arreglos, sobre todo gratis.

Aquí tenéis, chicos.

Muchas gracias. Gracias.

El con leche... y el americano.

Gracias.

Lorena. Hola, doctor Bremón.

¿Qué haces por aquí?

Nada, he estado en la clínica. Pensaba que ya habríais inaugurado.

No, qué más quisiéramos. Llevamos bastante retraso.

No, ya he visto.

¿Cómo me has localizado?

El conserje me ha dicho que habías estado allí hace un rato

y que solías venir aquí.

Sí, sí, bueno.

Te presento. Él es mi socio, Andrés Coll;

ella es Lorena Azcona, es modelo.

Y futura cliente.

Sí, claro, por supuesto.

Encantado, ¿cómo estás? -Hola, Andrés.

-Pues me alegra mucho que hayas decidido confiar

en Clínica Di Matteo.

Estás en las mejores manos.

-Ya lo sé.

Me ha sorprendido que las obras no estuviesen acabadas

y no hubiera ningún albañil.

Ya, estamos en plena crisis por unos permisos que hay que pedir.

Es lo que tienen las obras, sabes cuándo empiezas,

pero no cuándo acabas ni cuánto te van a costar.

(Móvil)

El constructor, me voy a la clínica. Vale.

Andrés, dale caña.

Hasta luego. Rodríguez, contigo quería yo hablar.

Tú y yo teníamos un trato.

¿A qué viene eso de presentarse sin avisar?

Deja que te explique. (ASIENTE)

Discretamente que aquí hay ojos por todas partes.

Vamos mejor a una mesa, ¿vale?

Perdone, ¿es usted Ismael Llanos?

-Sí, ¿por qué?

-Soy la agente Aguirre, oficial de la Policía Nacional.

Necesito hacerle algunas preguntas.

-¿A mí?

-Sí, es sobre su madre, Guadalupe.

-¿Qué pasa con mi madre?

-Pues no sé, dígamelo usted.

-Mire, yo ahora no tengo tiempo de hablar.

Tengo menos de una hora para comer y luego debo volver al súper.

-Dos opciones: o le hago las preguntas aquí

o me acompaña a comisaría, lo que prefiera.

-Vale, vale, vale.

Pero rápido, ¿qué quiere saber de mi madre?

-¿Es verdad que hace un mes falleció a causa de una neumonía?

-¿No estará el Eustaquio ese detrás de este interrogatorio?

-Es usted el que dice que ha muerto.

¿Sabe qué pasa? Que puse Guadalupe Romero Sanchís,

su madre, en el registro de defunción

y no aparece nada.

-Qué fuerte me parece.

No mete a la policía en esto, el tío.

Si me lo encuentro le voy a decir cuatro cosas bien dichas.

-Tranquilícese y dígame qué pasa con su madre.

-Pasa que ese acosador no la deja vivir en paz.

Eso es lo que pasa.

-¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

-Lleva meses friéndola a llamadas.

-Es normal, tienen una relación.

-¿Qué relación? Va, no me hagas reír.

Con la edad que tienen.

-Se conocieron en un viaje.

-Sí, un viaje para ancianos a La Manga.

¿Qué relación es esa?

-Qué más da. Se quieren, son felices.

Aunque sea una relación por teléfono y a distancia.

-Le digo yo que eso es acoso.

-Si es acoso su madre está en el derecho

de interponer una demanda.

-Que no. Que ni mi madre ni yo queremos más líos.

-Ni nadie. Yo solo quiero aclarar la verdad.

-Pues la verdad se la digo yo:

ese tío está loco.

-¿Loco o acosador? ¿En qué quedamos?

-Pues las dos cosas.

A ver, que mi madre

se quería deshacer de ese viejo chocho y no sabía cómo.

Por eso tuve que tomar cartas en el asunto.

¿O usted no habría hecho lo mismo para defender a su madre?

-¿Y qué ha hecho para tomar cartas en el asunto?

-Al principio le respondí amablemente

y le pedí por favor que dejara de molestarla.

Pero es una mosca cojonera que no para de dar por saco.

Como que se ha venido al barrio.

-Por lo que sé, no me consta que su madre quisiera romper con él.

-Pero porque no se atreve. ¿Cómo se lo digo?

-¿Y no le parece cruel

haberle dicho que su madre ha muerto?

-Bueno, para que se olvide de ella.

Que mi madre ya lo ha olvidado.

Imagínese que se lo encuentra, le da algo.

-Que aclaren las cosas ellos dos.

-¿Usted es consejera sentimental de la policía?

Esto es un asunto privado. Usted no tiene que meterse.

Ahora, si me disculpa.

-¿Sabe? Usted tiene razón.

Es un asunto privado.

Usted tampoco debería meterse. Deberían solucionarlo ellos.

Creo que su madre es lo suficientemente mayor

y está en perfectas facultades para saber qué quiere.

-Sí, está en perfectas facultades,

pero ese tío la tiene martirizada con tanta llamada y tanta presión.

Tengo que marcharme o se me hará tarde.

-Oiga, ¿le importa si subo a ver a su madre?

-Pues sí me importa.

Porque está usted siendo una entrometida.

-Es que hay algunas cosas que no me cuadran.

Porque si su madre estuviera muerta,

podría estar percibiendo su pensión. -Pero ¿qué dice?

-Entonces déjeme subir a verla.

-No está.

Se ha ido unos días al pueblo con su prima Felipa.

Adiós.

-Fue como una revelación, Mateo.

Lorena, la mano. Perdona.

Te decía que, cuando me subí al avión de vuelta,

comprendí que mi carrera no podía despegar

si no ponía en marcha ya tus planes para mí.

¿Mis planes?

Sí. Los de esculpir mi rostro y mi cuerpo.

Cuando aterricé y me vi rodeada de turistas,

empecé a ahogarme.

Y en Mallorca, esa sensación no ha dejado de crecer.

¿Qué sensación es esa?

Lo que te estoy contando.

Que allí sentí que no podía crecer.

Que mi sitio estaba aquí, en la capital.

Total, que hice la maleta y me volví.

¿Y tus compromisos profesionales?

¿Por compromisos profesionales te refieres a aguantar a babosos?

Mira,

lo único bueno que he sacado de ese trabajo has sido tú.

A ver, Lorena,

creo que dejamos claro las cosas cuando nos despedimos.

Mira, lo único que quiero

que me ayudes profesionalmente a convertirme en una "top model".

¿Me ayudarás?

Sí, por supuesto. Ya te lo dije.

Mi bisturí está a tu disposición.

Me muero de ganas

de que me transformes en la nueva Lorena.

Ya, pero ya has visto que nos tienen paralizadas las obras,

así que tienes que esperar a que abramos.

Buf...

pues no sé qué voy a hacer para pagar todos estos gastos.

Porque me he instalado en el hotel

que me buscaste la otra vez.

Tal vez, podrías recomendarme otro más barato.

No, no, ese está muy bien.

Es... es cómodo, es...

es discreto.

No está nada mal.

Ya veo que recuerdas bien la habitación del hotel.

(ASIENTE)

¿Vamos?

Espera, te ayudo con la maleta.

No, no hace falta, no seas antiguo.

Antiguo no, soy un caballero de los que ya no hay.

¿Mateo?

Hola, cariño.

¿No deberías estar en la clínica?

Uh, qué más quisiera yo.

No, han paralizado las obras.

Ah. ¿Y por qué?

Sí, no sé. Ahora hay que esperar a conseguir...

unos permisos sobre la refrigeración,

un rollo de burocracia que nos va a retrasar todavía más.

Como si no fuera bastante la incompetencia del constructor.

¿No nos vas a presentar?

Sí, sí, claro. Ella es...

Lorena Azcona.

Es una azafata que conocí en el congreso en Mallorca.

Hola.

-¿Ha venido a verte a Madrid?

(RÍE) No, claro que no.

Bueno, en parte sí.

En parte sí porque le vamos a hacer unos arreglos.

Ha venido directamente desde el aeropuerto sin...

sin pasar por su hotel.

El hotel Las Américas.

Sí, pero como la clínica está impracticable,

hemos decidido venir al bar de la plaza.

Así vamos adelantando trabajo.

Hemos comentado sus presupuestos,

sus necesidades... Lo que suelo hacer con los clientes potenciales.

Es increíble la capacidad que tienes para no perder el tiempo, cariño.

Supongo que en el bar habrás podido tomarle las medidas a la modelo.

-Me llamo Lorena.

-¿Y qué tal, Lorena?

¿Te has quedado satisfecha con mi marido?

-Muy satisfecha.

Aunque me va a costar un poco decidirme...

por las posibilidades

que hay en la clínica.

-Di Matteo tiene muchos servicios.

¿Y por qué te has decidido por esta clínica?

-Mateo me va a ayudar a dar el salto que mi carrera necesita.

-Di Matteo. Expertos en dar forma a tu talento.

Bueno y tú ¿qué, cariño? ¿Qué te trae por Distrito Sur?

Pues nuestra hija. ¿Ha pasado algo?

Quiero que Emilio me aclare qué ocurrió ayer.

Ah... No vale la pena, hazme caso.

Sé que para ti, lo que tiene que ver con nuestra hija no vale la pena,

no es nuevo. Anda, quédate con tu cliente.

Vero, espera.

No seas así conmigo. Así, ¿cómo?

-Bueno, de todas formas yo ya me iba. Quiero instalarme en el hotel.

-Hotel Las Américas, nos ha quedado claro a los dos.

-Chao. Adiós, Lorena.

¿Qué se supone que le vas a hacer? Eh... Un aumento de pómulos,

corrección de la simetría en los ojos, una rinoplastia

para dejar el ángulo naso facial en 30 grados exactos,

una reducción de barbilla, ligero aumento de pecho y...

implantes en los glúteos. Vamos, que lo necesita con urgencia.

Pobrecita, me da una pena, está hecha un asco.

(RÍE) Me encanta tu sentido del humor. ¿Sabes qué?

Te acompaño a ver a mi hermano. Ni hablar.

(Puerta)

Adelante.

Hola, Emilio. Hola, pareja.

Perdónanos, si no te viene bien hablar ahora,

podemos volver en otro momento o quedar fuera.

Lo último que queremos es molestar.

Venís a hablar de mi sobrina, ¿no? Entonces os podéis sentar.

Verás, Emilio, estamos algo sorprendidos.

¿Es verdad que Paula participó en un operativo peligroso

para detener a un delincuente?

Bueno, efectivamente, pero fue un error.

Encima, ella va diciendo que es culpa suya.

No, hombre, no. Lo cierto es que puso su granito de arena

al insistir al compañero que le dejara acompañarle.

¿Estás insinuando que es culpa de Paula?

A ver, no. Lo que ocurrió fue un... Una cadena de errores.

Está claro que el agente Toni Ríos no debió transigir a la petición

de Paula siendo una agente en prácticas.

(ASIENTE) Exacto, ese agente... Su binomio.

Sí. Ese agente me parece que tiene una profesionalidad muy dudosa.

Eso debería juzgarlo yo, ¿no te parece?

Vamos, a mí me parece un irresponsable.

No debería seguir con Paula. Para, para. Verónica, para.

¿Tú te estás escuchando? No puedes entrometerte así.

¿Qué crees que es esto? ¿Una guardería?

Solo sé que tu hija se juega la vida con un irresponsable.

Escucha, Verónica. Mira,

participar en operativos donde se detiene a delincuentes

es el pan nuestro de cada día en la policía y...

Paula, antes que después, tendrá que empezar a ello.

Bueno, pero para cuando esté preparada.

Pero debes entender que siendo una agente en prácticas,

forma parte de lo previsible que cometa errores.

Si no los cometiera, yo me asustaría bastante.

Claro, claro. ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Eso y que apoyo a mi hija.

A ver, Vero, lo siento mucho, pero nos guste o no,

esta es la profesión que ha elegido ella libremente.

Y yo os prometo que ella apunta maneras,

pero necesita que confiéis en ella y que la dejéis en paz.

Por ejemplo,

para ella no está bien que vengáis aquí a pedirme explicaciones.

Perdón, comisario, no sabía que estaba reunido. Vuelvo luego.

No, Toni, Toni. Pasa.

Los padres de Paula. ¿Qué hay?

-Hola. -El binomio de Paula, ¿no?

-Sí. Sí, sí. -Parece que tuvisteis un percance.

-Bueno, gajes del oficio. (RÍE)

-Sobre todo, si no se tiene experiencia suficiente

como para estar al cargo de una policía novata.

Bueno, nosotros nos vamos a ir yendo.

Emilio, muchas gracias por la charla.

Da un beso a los niños. Vamos, cariño.

Encantado. Hasta luego.

Mi hermano y mi cuñada.

Pero ¿venían por algún tema personal o por...?

Sencillamente, querían comentar el primer día de trabajo de Paula.

Y usted les ha comentado la cagada nuestra, ¿no? Con perdón.

Sí, pero no te preocupes, que les he tranquilizado.

Paula no tiene tu suerte. ¿Mi suerte por?

Tu padre sabe de qué va el cotarro y no te agobia.

Ah, claro, claro.

Bueno, aquí están las diligencias. Muchas gracias.

-Así que, no me ha quedado otra que dejarle subir a casa

sin poder ver a Guadalupe.

-A saber en qué estado está mi Guadalupe.

O si está viva. -No nos pongamos en lo peor, ¿no?

-Usted mismo ha dicho que hace tiempo que no viene por aquí ya,

que Ismael es el que se encarga de las recetas.

Si no la ha visto en semanas, ¿cómo puede saber cómo está?

Si está mal, desatendida... o muerta.

-Si hubiera estado mal, me imagino que hubiera venido por aquí

y si hubiera tenido una neumonía, quiero pensar que también.

-No, no. No sé, no sé. Ese hombre es un monstruo.

Puede tener a su madre secuestrada.

-Si tuvo la desfachatez de decirme que usted era un acosador

y que su madre no quería saber nada de usted.

-No, mentira, mentira. Ella estaba muy ilusionada conmigo,

como yo con ella.

Vamos, puedo traer testigos que hicieron el viaje con nosotros

o vecinos míos de Cuenca que os contarían que...

que la mayor ilusión de mi vida era poder hacer feliz a Guada.

-No. Si tranquilo, yo le creo.

De hecho, cuando Ismael hizo esa acusación no tenía convicción

y estaba muy incómodo con mi presencia. Lo que hacía

era echar balones para fuera.

Y cuando le volví a recalcar sobre el tema del acoso,

lo que hizo fue cambiar de tema.

-Es que hay gente que no entiende que las personas mayores

pueden enamorarse, pero yo juro que en nuestro caso era

amor verdadero. Queríamos...

estar juntos el tiempo que nos quedara de vida.

Y ahora, por culpa de... de ese tarado

todo se ha ido al garete.

-Bueno, no vamos a adelantar acontecimientos.

Igual se ha ido unos días fuera simplemente.

-Sí, claro, tiene razón, doctor.

Vamos, si he tardado toda mi vida en encontrar a Guada,

vamos, ni un hijo ni un ejército de hijos

me van a impedir que dé con ella.

-Muy bien, pues tranquilo que en cuanto Guadalupe regrese

del pueblo, si es que es verdad que está en el pueblo,

vamos a hacer todo lo posible para que pueda verla, ¿vale?

-No está en el pueblo, Nacha. No, no.

No ha ido a ver a su prima Felipa, no.

-Y usted, ¿eso cómo lo sabe?

-Porque llamé a Felipa para darle el pésame cuando Ismael me dijo

que Guada había fallecido. -¿La llamó? ¿Usted tenía su número?

-Sí, sí, me lo dio Guada una vez que estuvo allí con ella unos días.

Eran como hermanas y cuando le dije que Guadalupe

había fallecido, se puso muy triste, muy triste y me dijo...

Me dijo que no sabía nada, que Ismael no se lo había dicho.

-Entonces, ¿Felipa también llevaba mucho tiempo sin hablar con ella?

-Sí. No, nada. Guada lleva mucho tiempo sin dar señales de vida.

Vamos, ni con su prima ni con nadie.

Por culpa de ese Ismael, que ha ido apartándola de los que la quieren.

-Usted tiene razón, esto cada vez pinta peor.

-No sé, pero yo creo que la tiene retenida contra su voluntad, Nacha.

-Bueno, pues yo no pienso quedarme cruzado de brazos.

Voy a plantarme en su casa y a gritar hasta que se asome a la ventana.

A mí no me da vergüenza hacer eso, ¿eh?

-No, Eustaquio, no es cuestión de vergüenza, pero no es buena idea

porque se enfrentaría con Ismael ahí en la calle y eso no es conveniente.

Lo que tenemos que hacer es primero comprobar que Guadalupe esté bien

y confirmar que sigue en ese piso. Y luego ya veremos cómo actuamos.

-Ya, pero ¿cómo? Si la tiene encerrada a cal y canto.

Ni siquiera la deja ponerse al teléfono.

-Creo que hay una posibilidad y puede ser más fácil de lo que pensamos.

-¿De verdad? ¿Tienes alguna idea? -Voy a intentarlo.

(Móvil)

-¿Sí? (ANTONIO) -"Ismael".

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Soy el doctor Torres, del centro de salud. ¿Qué tal?

-Ya. Pues ahora mismo con poco tiempo, que estoy currando.

Si es por las medicinas, no tengo que ir hasta la próxima semana.

-Verás, he estado viendo el historial de tu madre y se nos ha pasado

mirar los niveles de sodio en sangre, ¿sabes? Culpa mía, ¿eh?

-Y ¿eso es importante?

-"Sí porque dependiendo de los niveles de sodio"

ajustaríamos la medicación.

¿Podrías venir esta tarde o mañana por la mañana? Tengo un hueco.

-Pues sí, va, mañana mejor que tengo turno de tarde en el súper

y la podría llevar antes. -Estupendo. Hasta mañana entonces.

No faltéis.

Mañana saldremos de dudas.

-Doctor, es usted muy grande, ¿eh?

(Puerta)

Mateo, qué sorpresa.

No te esperaba.

He venido a ver que estabas bien instalada.

Perfectamente, pero no puedo atenderte, he quedado.

¿Tienes una cita?

Sí, con una amiga. Ah.

Pero que le den morcilla. No, no.

No te preocupes, si no te voy a entretener.

¿No quieres entretenerte? No, no te voy a entretener.

No vengo a lo que te imaginas.

Toma.

Doctora Graciela Villascusa.

¿Quién es?

Es una excelente doctora en cirugía plástica.

Trabaja en una de las mejores clínicas de Madrid.

No. Yo quiero operarme en tu clínica y que lo hagas tú.

Pero mi clínica no va a estar operativa en un tiempo.

Tú tienes prisa, Lorena.

Y la doctora es una de las mejores especialistas que conozco.

No me creo lo que me propones.

Me debe algunos favores

y va a hacer los retoques que necesites totalmente gratis.

Ya, pero no era lo que habíamos acordado.

No quiero operarme con nadie más que no seas tú.

Tú eres el mejor, ¿no?

Quiero que tus manos me transformen.

Ha operado a algunas de las famosas que salen en las revistas.

Si te dijera nombres te sorprenderías.

Me da igual.

Quiero que me operes tú. Pues a mí no me puedes tener.

Cuanto antes lo aceptes, mejor para todos.

Escúchame.

(SUSPIRA) Mira.

Por lo que te conozco,

eres una chica ambiciosa, pero también muy inteligente.

Por eso sé que no vas a dejar pasar esta oportunidad.

Llama y pide cita. Diles que vas de mi parte.

Todo esto es por tu mujer, ¿no?

Si no nos hubiese visto te presentarías aquí para otra cosa.

Lorena, llevo muy mal día, por favor, no lo compliques más.

Me has dado el pasaporte porque Verónica me ha descubierto.

Lorena, no dramatices.

Sé inteligente. Las oportunidades hay que cazarlas al vuelo.

(Móvil)

Dame un segundo.

Ah...

Por favor.

Dime, cariño.

¿Te esperamos a cenar o tampoco podrás venir?

¿Ya ha llegado Paula?

No, pero está por venir.

Y después de lo que ha pasado hoy...

Creo que estaría bien que estuvieras en casa.

Pues lo siento, pero no voy a poder ir.

Tengo una reunión con la presidenta de la comunidad de vecinos

y con el constructor. ¿Te puedes creer a las horas que me citan?

"¿Y no podrías mandar a Andrés?"

Está aquí conmigo.

Vale. Hablamos luego.

-Le he dejado a Mateo en el despacho los documentos que has firmado.

Recuérdale que los firme él también, ¿eh?

¿Estás bien?

-Perfectamente.

Con el corazón hecho añicos pero bien.

-¿Qué ha pasado?

-Mateo.

-Tú eres una mujer maravillosa

y no te mereces llevarte estos disgustos por nada del mundo.

-Solo los cojo por mi marido.

-Pero te mereces ser feliz.

-Eso díselo a Mateo.

Que no ha tardado en volver a las andadas.

-¿De qué hablas?

-Lo sabes perfectamente.

Ahora mismo está con una, ¿sabes?

Se llama Lorena. ¿La conoces?

-No.

-Mientes fatal.

Seguro que la conoces. -Te lo digo en serio.

-Pues ya te digo yo quién es. La he conocido hoy.

Lorena es una modelo muy guapa

que aspira a salir en las revistas del corazón y en la tele.

Pero para eso necesita los milagros del doctor Mateo.

Un clásico. -No hagas mala sangre por eso.

En dos días...

Lorena estará olvidada.

-¿Entonces lo reconoces?

¿Están liados?

¿Desde cuándo?

-Por favor, no insistas.

Me duele mucho verte así.

-Si a ti te duele, imagínate a mí.

(Móvil)

Seguro que es Mateo.

Es él, ¿no? Espera.

Por favor.

Si de verdad te preocupo pon el altavoz.

-No me pidas eso. -Andrés, Andrés, por favor.

¿Eres mi amigo o no?

(Móvil)

Dime, Mateo.

"Escúchame bien.

Estoy en el hotel Las Américas." Joder.

"Sí, ya te contaré.

Oye, Verónica me ha llamado para que vaya a cenar con ella,

pero no puedo."

No puedes.

"No, no puedo.

Tengo que zanjar una cosa,

así que necesito que me hagas un favor.

Andrés, ¿estás ahí?"

Sí, te estoy escuchando. ¿Qué necesitas?

"Que me cubras.

Si te llama o te pregunta, le dices que estabas conmigo

y que teníamos una reunión

con la presidenta de la comunidad y con el constructor, ¿vale?"

De acuerdo. "Vale. Muchas gracias, tío.

Mañana hablamos."

¿Cuántas veces lo has cubierto?

-Cada vez que lo he hecho te aseguro que no ha sido agradable.

-Ya.

Pero ¿cuántas? -No lo sé.

-No llevas la cuenta, es imposible, ¿no?

-Por favor, no llores.

(SUSPIRA)

Me voy.

¿Estás seguro?

Sí, creo que va a ser lo mejor.

Cuídate mucho, ¿vale?

A ver, Rubi me enseñó a hacer el casado de otra manera.

Pero he hecho lo que he podido.

-¿Y quién era Rubi?

¿Una novia?

-Una amiga con derecho a roce. -Oh.

-Era mexicana, pero coincidí con ella en Costa Rica.

Te hablé de ella la última vez que estuve aquí.

-¿Ella te aficionó a la cocina? -Sí.

Yo que no sabía ni freír un huevo.

-Hola.

¿Qué hacéis? -Hola, hijo.

Siéntate a probar esto que ha preparado Coco.

¿Cómo dices que se llama? -Se llama casado.

Es arroz con frijoles y pollo.

¿Te preparo un plato? -No te preocupes.

Cogeré un yogur y me iré a dormir. Quiero estar fresco mañana.

-¿Qué llevas aquí?

¿Un pasamontañas?

¿No habías dicho que ibas a hablar con Lucho y Bala?

-Me encontré con ellos en la gasolinera, pero...

decidí no contarles nada.

-¿Por qué?

-No confío en ellos, mamá.

Me dio la sensación de que se burlaban de mí

cuando me dieron el pésame.

Así que mejor no les dije nada.

-Oye, en serio,

está feo que yo lo diga, pero sentaros a probar esto.

Está buenísimo.

-Eh... entonces...

Habrá que confiar en alguien, hijo.

-En ellos desde luego que no.

Me dan mala espina.

-Entonces habrá que abortar el plan.

No pienses que es porque no confío en ti.

Si Luis o Ricky

hubieran dicho que querían hacerlo en solitario...

les hubiera dicho lo mismo.

-Estoy pensando en otra persona.

-¿En Coco?

-Me gustaría que vinieras conmigo mañana.

Eres la única en la que puedo confiar.

Solo tendrías que conducir hasta el callejón

y cubrirme las espaldas.

-No, no, no. Esto es una locura.

Coco es muy buena en lo suyo, que son los ordenadores.

Pero no en eso de empuñar armas.

-Yo aprendo rápido.

En serio,

la cárcel fue un máster de supervivencia.

(SUSPIRA)

-Desde luego, tú no tienes remedio, ¿eh?

-¿Somos o no somos un equipo?

Vamos a ser un equipo hasta el final.

Va.

¡Venga!

Hasta el final.

-Gracias.

No te creas que estoy muy convencida de ese plan tuyo.

No sabemos por dónde puede salir el Ismael ese.

¿Por qué no confías en mi don de gentes?

¿Sabes cuántas veces he tratado con gente como Ismael?

No me voy a meter en ningún jardín.

-Buenos días, doctor.

-Lupe, ¿qué tal? ¿Cómo está?

-Bien.

-Qué alegría verla. -No puedo quejarme.

-Bueno.

Le veo un poco paliducha, ¿no?

¿No está saliendo a la calle? Le hace falta tomar el aire.

El aire fresco y la luz natural son importantes para estar bien.

-Es que estoy un poco perezosa, porque...

Como vivo en un segundo piso sin ascensor pues...

pues últimamente...

no salgo mucho de casa.

-A mis padres prefiero no contarles nada,

se les hace todo un mundo.

-¿Tus padres? Pues me parecen muy majos los dos.

-¿Los conoces?

Nos los presentó ayer Bremón.

-Me estás vacilando. -No.

-No sé qué tiene de malo que me preocupe por ti

después de lo que nos comentaste ayer.

-Si todavía siguiera en el colegio no sería malo.

Pero soy policía.

Y le habéis pedido explicaciones a mi comisario.

¿Cómo se os ocurre? -¿Porque es tu tío?

-Bueno, mira. Estoy harta.

¿Qué tengo que hacer para que me toméis en serio?

-¿Tú qué haces aquí?

-Pues venir a verte.

Ya que no dabas señales de vida.

-Te he echado...

tanto de menos.

-¿Qué pasa?

Es un mail de Instituciones Penitenciarias

que me confirma algo que ya sospechaba de Elvira.

He estado investigando a su amiga Coco,

últimamente anda mucho por aquí, y que además,

está ayudando mucho, según Elvira,

a su recuperación.

El golpe se tiene que dar hoy.

No se puede retrasar.

Y es muchísimo mejor no contar con nadie más.

-Tengo un presentimiento y no quiero perder a nadie más.

Me parece mucha casualidad

que su amiga sea una experta informática

y que hace unos días hayan hackeado el ordenador de mi marido,

para crear pruebas falsas

e intentar acusarme

y probar que hubo negligencia...

en la muerte de su hijo Ricky.

He visto el cartel de cerrado, pero como la puerta estaba abierta.

He quedado para comer con una amiga, la estoy esperando.

¿Qué haces con mi teléfono?

Dámelo, por favor.

Dámelo.

¿Por qué te pones tan nervioso?

Voy a recibir una llamada de trabajo en cinco minutos.

¿Seguro que es de trabajo?

¿No esperarás noticias de Lorena?

¿De Lorena?

No te hagas el despistado. Ambos sabemos quién es.

Claro que sé quién es.

Ayer justo te la presenté.

"El conjunto que me regalaste me queda perfecto.

Sé que cuando me veas con él no me va a durar nada puesto".

-Mierda.

Tenías razón, no tienen las llaves. -Claro, las tiene el de dentro.

Está metido como en una caja fuerte.

Voy.

-¿Te dio tiempo a cogerle el móvil? -Qué va.

-Mierda, seguro que está llamando a la policía.

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Servir y proteger - Capítulo 610

04 oct 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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