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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 577 - ver ahora
Transcripción completa

¿Desde cuándo has vuelto a los caramelos de menta?

-¡Qué manía con los caramelos!

Si yo no bebo, no fumo...

Alguna manera tendré de descargar la tensión, ¿no?

-Papá, no te andes por las ramas,

que ya soy mayorcito para soportar la verdad.

No soy el niño al que tenías que mentir

diciendo que no pudiste llegar a tiempo a recogerlo,

o el mismo que te tenía que ayudar

a meter la llave en la cerradura de casa.

-Ni yo soy aquel tipejo miserable e irresponsable

que era antes.

-No, pero tienes algo en común con él.

Mientes y escondes tu vergüenza tras esos caramelos.

-Papá, ¿de qué me sirve superarlo si nadie lo acepta?

-Tú eres una niña maravillosa, ¿sabes? Una niña muy especial.

Tú eres una valiente.

Y si él no se da cuenta de lo que tiene delante,

el problema no es tuyo, el problema lo tiene él.

-Muchas gracias por no contar nada.

Te has portado, chaval.

-¿Nada más?

-Yo entiendo lo que estás pensando, pero...

Pienses lo que pienses, estás ayudando a un compañero.

-Si tú lo dices.

-Mira, ahora sí me vas a poner un whisky con hielo.

-Marchando.

(Teléfono)

-María.

Sí, ya sé que había quedado en recogerte,

pero se me ha liado la tarde.

Pues un delincuente que no damos con él.

Vete tú para el hospital y ahora voy yo para allá.

-Aquí no queremos borrachos. Fuera. -¿A quién estás llamando tú borracho?

-A la cara te lo digo: borracho. -¡Eh, por favor, por favor!

Pero ¿qué estás haciendo, Elías?

Resulta que después de dejar en el aeropuerto a Mercedes,

tenía una reunión de comisarios en Jefatura,

y he estado hablando con el comisario Gálvez,

y me ha contado algo de una persona del barrio,

que me ha dejado de piedra. No me digas más, de Quintero.

Negativo. De Damián Pérez.

¿Del ferretero? El mismo.

Todo empezó hace más de un año en Salamanca.

El caso me ha sobrecogido, y...

he intentado averiguar un poco más y he leído...

en la investigación que nunca se atrapó a los culpables.

El caso se quedó sin cerrar,

y nunca se ha sabido la identidad de los asaltantes.

Me imagino que tiene que ser una carga enorme para ti

saber que están sueltos, ¿no?

Toma. Sandra...

¡Se puede saber qué coño le habéis hecho!

Os dije que la quería viva, no medio muerta.

Vamos a soltarte dentro de poco.

Solo queda que una pieza de todo este embrollo

dé un paso hacia adelante.

-¡Sácame de aquí, por favor!

-Sí, sí, en cuanto pueda te voy sacar de ahí, ¿de acuerdo?

-Ya es suficiente.

Tenemos asuntos que tratar.

La información que dices que hay aquí,

solo vale el cuerpo de la chica. -¿De qué estás hablando?

-Tienes que presentarme a tus antiguos lugartenientes,

convencerles de que yo soy el nuevo amo.

Eso sí que vale el cuerpo con vida de Sandra.

-Déjalo ya, papá. No dejaré que me jodas la vida.

Me ha costado mucho llegar hasta donde estoy.

El alcohol no fue un infierno solo para ti,

nos destrozó la vida a todos.

Te quiero lejos de mi vida, lejos de mi familia.

(Música emocionante)

(Puerta)

(ISRAEL) Adelante.

-Buenos días. ¿Se puede? -Hola, María. Pasa.

-¿Cómo te encuentras?

Espero no haberte despertado. -No, qué va.

-Bueno...

Ya te queda poquito, ¿no?

¿No ha venido por aquí tu padre? -¿Después de lo de anoche?

-Madre mía, qué desastre.

-Me dijo que solo había sido una vez,

y me juró que no se iba a volver a repetir.

-Y tú le creíste.

-Soy una ingenua, ¿no?

-Es normal que confíes en él.

-Pero no sé,

es como si se hubiera convertido en otra persona.

-Peor. Es como si volviera a ser la persona que era antes.

-¿Y cómo era antes? -Era un mentiroso patológico.

Como la mayoría de los adictos, supongo.

Mentía a todas horas. Eso le hacía ponerse muy tenso,

siempre a la defensiva.

-¿Y yo cómo puedo saber cuándo me miente y cuándo no?

-Lo notarás muy nervioso, te apartará la mirada.

Estará siempre deseando irse,

buscando el momento de escaquearse y tomarse una copa.

Y siempre tendrá una explicación.

Siempre habrá una excusa perfectamente razonable,

para justificar donde estaba. Perfectamente razonable y falsa.

-¿Y qué puedo hacer?

-Ojalá pudiera contestar esa pregunta, pero...

Lo que sí te puedo decir es que no confíes en él,

y que estés preparada para verle muy cabreado.

Cuando necesite beber y no pueda, se sentirá como un león enjaulado.

Te gritará, te hará chantaje emocional.

Luego se deshará en disculpas, y vuelta a empezar.

Me gustaría poder decirte otra cosa, pero...

-Te agradezco la sinceridad. -Sí hay una cosa que puedes hacer,

puedes buscarle ayuda profesional.

Las adicciones en el fondo son enfermedades mentales.

No intentes hacerlo tú sola, no tiene sentido.

Ve a cuidar de tu negocio, de tu vida,

y no dejes que te arrastre.

-¿Y Armand dónde está?

-Ha bajado a la cafetería, ahora sube.

De verdad, no te preocupes por mí, yo estoy bien.

-También estás sufriendo mucho, Isra.

-Bueno, para mí no es la primera vez que pasa.

María,

cuida de tu vida.

(MARÍA SOLLOZA)

-Mira, es tu padre.

"Buenos días, perdona que no te cogí el teléfono.

Ha sido una noche difícil, pero ya estoy mejor.

Estoy entrando a currar, me paso luego por La Parra

y hablamos tranquilamente".

-Bueno, al menos ya sabes que no está tirado en un portal.

-Gracias por todo, Isra.

Y cuídate tú también. -Sí.

-Hombre, compañero, contigo quería yo hablar.

-Sí, tenemos que hablar.

-Anoche me porté como un capullo, metí la pata hasta el fondo.

Menos mal que estabas tú allí y me salvaste la vida.

-¿Que yo te salvé de qué? -Me porté como un imbécil,

y debiste soltarme un puñetazo con toda la razón.

-A esto estuve, a esto.

Porque tú serás oficial, y serás superior a mí,

y tendrás más conocimientos que yo.

Pero no me vuelvas a poner la mano encima.

-Es lo que te estoy diciendo,

que tenías toda la razón y debiste soltarme un puñetazo.

Lo estoy pasando fatal. Tengo a mi hijo en el hospital,

y tú no sabes qué sufrimiento. Y eso te hace cometer tonterías.

-Lo único que te estoy diciendo es que te estás jugando mucho.

-Por eso te lo digo, que me has salvado la vida.

Tú esto no lo vas a contar por ahí, ¿verdad?

-¿Me estás pidiendo que engañe a Miralles?

-No, te estoy pidiendo que no lo sueltes,

que te olvides de lo que ocurrió, que me des un poco de cuartelillo.

Ha sido un mal momento, un tropezón,

un momento de debilidad, pero ya pasó.

¿Ya pasó? Y la otra vez también había pasado.

Elías, yo no me chupo el dedo.

Los alcohólicos lo son toda la vida.

-¿Me lo dices o me lo cuentas?

-Si has tenido un recaída tienes que pedir ayuda.

Es lo que os decían en Alcohólicos Anónimos, ¿no?

-Lo que se ve en algunas películas. -Pero ¿es así o no es así?

-Es lo que estoy haciendo, pidiéndote ayuda.

Tengo a mi hijo en el hospital.

Estaba en coma, vi cómo lo apuñalaban, como se desangraba.

-Elías, tu hijo está fuera del coma y está fuera de peligro.

-Es lo que te estoy diciendo, ya pasó, ha sido un tropezón,

un mal momento.

¿Qué motivo tengo para seguir bebiendo?

-Pues no lo sé,

pero lo que tienes que hacer es ir de cara con Miralles,

y decírselo, se lo dices tú. No le parecerá mal, lo entenderá.

-Si le cuento esto a Miralles, me pone en la calle inmediatamente.

-Yo lo siento mucho, pero es mi obligación,

le tengo que dar parte. -Mira, Toni,

llevo dejándome la piel en las calles de este barrio

toda mi vida, entré al cuerpo antes de que tú nacieras.

Este trabajo me ha costado el matrimonio, ser alcohólico,

y casi asesinan a mi hijo.

¿Crees que merezco una patada por un momento de debilidad?

¿Tú sabes lo que me ha costado recuperar mi vida,

recuperar el cariño de mi hijo, el respeto de los compañeros?

Mírame, yo llevo mis casos adelante.

Te estoy pidiendo una oportunidad, Toni.

-Como te vuelva a ver beber, aunque sea un sorbo de cerveza,

me da igual que vengas llorando, o suplicándome,

voy a ir a hablar con Miralles, ¿vale?

-Cuidado, viene por ahí...

¡Oye!

¿Pasa algo? Este, que le he hablado del Atleti,

y se pica que no veas.

Pero a los del Madrid les pasa lo mismo,

lo que pasa es que ganan la liga, ganan la Champions...

Pues Florentino no está muy contento,

pero en fin... Tengo un caso para los dos.

¿Para los dos? ¿Y Nacha dónde está?

Nacha está en la cama con fiebre.

¿Qué pasa, no quieres patrullar con Ríos?

Sí, ¿por qué? Qué tontería. Encantado.

-Pero yo estoy en la ODAC ahora.

Tiene más sentido que vaya alguien que pueda estar con él,

que no yo. Pues ya te cubrirá alguien.

Esto es más urgente.

Además, de verdad, que no te vuelvo a hablar de fútbol.

Vamos al grano.

Tenemos el aviso de un vecino que nos dice

que un chaval está vendiendo porros en el parque de Barlovento,

al lado del instituto, y ya sabéis que los chavales del instituto

suelen ir a pasar el recreo al parque.

Mira qué bien, porque el otro día se me escapó un camello,

y así me desquito. Gracias, Miralles. Pues a por ello.

Pero no os descuidéis, y tú ten en cuenta

que Ríos está de prácticas, átalo en corto.

Y cámbiate, ¿de acuerdo?

¿Y esa cara, esa cara? A ver, ¿no querías hacer calle?

Pues quien te entienda que te compre.

Sí, inspectora, muchas gracias por la oportunidad.

-Pues venga, Ríos, que el recreo dura solo media hora.

¡Venga! Venga.

¡Ríos! Un poquito de sangre, ¿no? Un poquito de sangre.

Sí.

(Puerta)

-Pasa.

¿Te apetece tomar algo?

-¿A estas horas de la mañana? -También pude ser un café.

-Déjate de hostias, Quintero, he venido a hacer negocios.

¿Has hablado con toda la gente con la que tenías que hablar?

-Ya he hablado, sí.

Y todos están dispuestos a reunirse contigo. Siéntate.

Verás, en esta libreta

tienes los números de teléfono seguros

de los principales cabecillas, ya les he explicado

que quieres ofrecerte para dirigir la ruta del sur.

-¿Y qué más hay?

-Aquí están las ubicaciones de las cámaras de seguridad

que hay en las distintas rutas,

los teléfonos de contacto de los agentes de aduana

y sus precios, un listado de los talleres de confianza

donde puedes modificar las carrocerías

de los distintos vehículos,

y unos cuantos contactos e intermediaros

y distribuidores que faltaban.

-Por lo que veo, cuando me pasaste el pendrive

te guardabas información importante. -Ya ves.

La información verdaderamente importante,

se guarda en la cabeza y se anota con papel y lápiz.

-Ya, ya lo veo.

-Yo he cumplido mi parte del trato, ahora te toca a ti.

-Antes del anochecer Sandra estará contigo.

-¿Cuándo y dónde la vais a soltar? -Estamos barajando varios lugares,

mi gente está comprobando la seguridad.

Diez minutos antes de la entrega te llamaremos por teléfono.

-Muy bien. Pues diez minutos después de que Sandra está conmigo,

tendrás tú esta libreta.

-Deja de decir tonterías, Quintero.

Te recuerdo que en el último intercambio,

se presentó allí la policía.

Si estás pensando en denunciarme,

ten en cuenta que Sandra cometió un delito

contra la salud pública.

El médico del hospital testificará que entró en el país

con un montón de cocaína en el cuerpo.

Ella sería la primera en caer.

Y si has pensado que le pueden rebajar la condena

por ayudar a detenerme,

recuerda que el cártel de Jalisco tiene gente en todas las cárceles.

No duraría viva ni una semana.

-Está bien, está bien.

Tú ganas. Acabemos con esto cuanto antes.

¿Qué pasa, qué me miras ahora?

-Tú y yo podríamos ganar muchísimo dinero juntos,

si nos asociamos en la distribución.

-No me interesa ser el más rico del cementerio.

Lo único que yo quiero es vivir tranquilo.

-No tendrías por qué estar en primera línea.

Podrías mover los hilos en la sombra. -¡Te estoy diciendo que no!

¡Ni quiero ser tu socio, ni quiero hacer negocios contigo!

No quiero volver a verte nunca más. -Está bien.

Es tu decisión y yo la respeto.

Pero si algo he aprendido en este oficio,

es que es muy difícil entrar en él,

pero es prácticamente imposible salir.

Tarde o temprano volverás al "business",

y no por dinero, volverás por poder.

-A mí no me interesa ese tipo de poder.

¿Te queda claro de una vez?

-Ahora eres como un exalcohólico que jura que no volverá a beber,

pero en el fondo sé que estás deseando

pegarle un lingotazo a la botella.

Estate atento al teléfono, socio.

-Buenos días, Damián.

-¿Qué haces aquí? -Relájate, hombre.

-¿Que me relaje?

Habíamos quedado en que estábamos en paz,

y que no volverías por la ferretería. -Eso de que quedamos...

Tú dijiste: "Lárgate y desaparece de mi vida".

Yo no dije que estaba de acuerdo. -Me da igual. Vete de aquí.

-Tranquilízate. ¿Quieres que alguien te oiga?

Vamos a llevarnos bien. -¿Qué quieres?

-He venido a decirte que esta vez te vas a librar de mí para siempre.

-Muy bien. -Mira.

-¿Esto qué es?

-Un bar.

Es el negocio de un tío de mi madre que acaba de fallecer,

y me lo ha dejado en herencia. -Muy bien. ¿Y a mí qué me importa?

-Está en Buenos Aires, en el barrio de San Telmo.

El bar está algo decrépito, pero tiene clientela,

y con una pequeña reforma va a ser un éxito.

El problema es que esa reforma va a costar un dinero.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

Hace 15 días te di 60 000 euros, ¿y ahora vienes a por más?

-¿Quieres tranquilizarte y escucharme?

No te estoy pidiendo prestado,

te estoy pidiendo que inviertas en mi negocio,

seríamos socios. -¿Socios tú y yo?

-No firmaríamos nada para no comprometerte,

y el dinero te lo voy a devolver a largo plazo.

-Pero ¿qué dinero?

Que no tengo ni un euro más, que me has dejado seco.

-Me dijiste que malvendiste la casa de Salamanca

para pagarme la última vez.

No creo que te dieran solo 60 000 euros,

por mal que la vendieses, mínimo te darían el doble.

-Iriarte,

te has pulido 60 000 euros en dos semanas.

¿En qué te lo has gastado?

Es que me da igual, no te daré ni un euro más.

-Muy bien,

en ese caso tendré que contar mis penas a otra persona.

-¿Esto qué es? -Mis memorias, podría decirse.

Lo he puesto todo por escrito.

Lo cuento todo sobre José Manuel López

y Adrián bolaños punto por punto. Incluso cómo los mataste.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Lo vas a llevar a Bremón, lo vas a publicar en internet?

Esto te perjudica más a ti que a mí. -Publicarlo en internet no.

Esto es algo más para gente cercana.

Para ti o para tu hija.

-Eres un enfermo. -Tienes razón, soy mala persona,

un ludópata, no tengo moral.

Por eso, si eres inteligente,

me darás los 40 000 euros que necesito

para irme de España de una vez y para siempre.

No.

Entonces tendré que quedarme,

renunciar a la herencia del tío de mi madre,

y tener una interesante conversación con tu hija.

(Puerta)

Bueno, cuando tenga esa herramienta me avisa y vengo a por ella.

-Ya le he dicho que no la voy a tener nunca.

Esa herramienta está descatalogada.

-Seguro que se le ocurre alguna alternativa.

Siempre que he venido por aquí,

me ha solucionado usted muy bien el problema, Damián.

Hasta pronto.

-Hola, señor Martín. ¿Cómo está usted?

¿Cómo están Ruth y las niñas?

-¿A ti qué se te pasa por la cabeza

para llevar dos kilos de marihuana encima?

¿Cuántos porros piensas que se fuman los chavales?

-¿Tú sabes cuánto te puede caer por llevar dos kilos de marihuana?

Te da igual.

Vamos a ver, chaval.

Raúl te llamas, ¿no?

Hasta donde yo sé, tú no tienes antecedentes,

lo cual te puede venir bien de cara al juicio.

Pero si te caen más de dos años por haberte pillado vendiéndola,

ten por seguro que vas a ir a la cárcel.

¿Vale?

A no ser que colabores con nosotros. Eh, mírame, te estoy hablando.

Tú llevabas dos kilos de marihuana encima.

Entiendo que alguien te los ha dado.

Si tú me dices quién te lo pasó,

nosotros hablamos con el fiscal para que te caigan menos de dos años

y no vayas a la cárcel.

Chaval.

Eh.

¿Tú entiendes que yo te quiero ayudar?

Pero necesito que me ayudes tú también.

-Agente Ríos, la inspectora jefe quiere hablar con usted.

-Estoy en medio de un interrogatorio.

-Pero la inspectora jefe le está esperando, agente.

-Muy bien. Gracias.

-Lo he estado viendo.

Mi compañero es muy joven y me lo como yo con patatas, ¿verdad?

¡Mírame que te estoy hablando, cacho de mierda!

Tú no tienes cojones para reírte de mí, ¿a que no?

Por eso me vas a decir quién te pasó la maría.

Porque si no, te van a caer más hostias que a una estera.

¿Sabes qué me jode de los camellos como tú?

Que pensáis que no hacéis daño.

Quién no se fuma un porro alguna vez, ¿verdad?

¿Sabes cuál es el problema?

Que de cada cien personas que se fuman un porro,

no les pasa nada, pero muchas otras pasan de ese porro a una pastilla,

y de ahí a la coca y al caballo.

Y les estás arruinando la vida y arruinándote la tuya.

¿Para que cuatro narcos ganen dinero con vosotros?

A mí me parece una idiotez, ¿no? Es de tontos.

Y tú no eres tonto, ¿verdad? No te veo cara de tonto.

También te parecerá idiota que los narcos se maten entre ellos,

qué tontería, ¿no?

Pues en algo estamos de acuerdo.

Por eso tú me vas a decir quién te ha pasado es maría.

¿Vale, chaval?

¿Quién te la ha pasado? Dímelo. -Vete a la mierda.

-Te vas a ir a la mierda tú.

¡Vuelve a repetirme eso!

-¡Elías, Elías!

¡Basta! -¡Dime quién te la ha pasado!

-¡Apártate!

¡Basta! ¡Basta! Por favor.

-Sin manitas, ¿eh? -Vale.

Ya está, por favor.

-Buenos días. ¿Marga?

-Sí. ¿Nos conocemos?

-Sí, soy cliente de vuestra tienda, a lo mejor no te acuerdas.

Estaba reformando una casa. -Ah, sí, la casa del pueblo.

-Claro. -Perdone, no me acordaba de su cara.

¿Qué tal la reforma? -Pues ahí estamos.

Con las obras uno sabe cuándo empieza,

pero no cuando acaba.

Dentro de poco me tocará volver por vuestra tienda, me temo.

-Pues le atenderemos encantados. -Estupendo.

(MARGA RÍE) Igual te pito que me asesores.

No tengo claro qué materiales usar en esta fase,

y quizá una visión femenina me ayuda. -Mi padre tiene más idea,

pero yo le doy mi opinión.

-Dale recuerdos a tu padre, ¿vale?

Dile que Pedro Iriarte le manda saludos.

¿Te acordarás? -Sí, sí, claro.

-A seguir bien, Marga. -Chao.

-Chao.

-Yo estaba interrogando al chaval, y de repente entra Elías,

y me dice que me está llamando usted para no sé qué.

Me pareció raro que usted me llamara mientras estaba interrogando.

Yo me salgo y se queda él interrogando y se pone violento,

y en un momento engancha al chaval de la camiseta,

lo empotra contra la pared, levanta el puño para darle,

y es cuando entro yo.

Si no entro le da un puñetazo en la cabeza.

¿Dónde está el detenido? En el calabozo.

Lo he bajado después de que lo viera el médico.

Quiere denunciar.

¿Y dónde está Guevara ahora?

Se fue cerrándome la puerta en la cara,

y no coge el teléfono. No lo sé.

A ver, Toni,

¿estás absolutamente seguro de que la acción de Guevara

no estuvo motivada por una provocación?

Igual le dijo algo antes de que saltara Elías.

Los detenidos se ponen de muchas manaras.

Se ponen chulos, se ponen pasotas, se ponen indolentes...

Lo que quieras, pero no es motivo para agredirlos.

Lo que te estoy preguntando es si estás absolutamente seguro

de que Guevara no se estaba defendiendo.

Absolutamente, inspectora.

El chaval no le levantó un dedo, se lo aseguro.

Pues algo ha tenido que pasar,

porque es una actuación muy irregular, y Elías lo sabe.

Le preguntamos el nombre del que le pasó la marihuana,

y el chaval no estaba respondiendo, pero...

Pero ¿qué?

Ríos, pero ¿qué?

Que Elías ha vuelto a beber.

¿Perdona?

Pues eso, que estaba...

Que está bebiendo otra vez.

Y seguramente antes de que pasara esto había bebido.

Para el carro que me estoy perdiendo.

Eso no puede ser porque Elías lleva muchos años

sin probar una gota de alcohol. Que no, inspectora, que no.

Ayer lo vi en el Moonlight bebiendo y la noche anterior también.

¿Y tú cuándo pensabas decirme que llevaba dos días bebiendo?

Pero ¿tú no sabes lo que es el alcoholismo?

Lo siento.

Yo qué sé... No sé.

El primer día me dijo que fue un arrebato,

luego me dijo que era

porque su hijo se había despertado del coma.

Y yo le creí y me convenció. Te convenció.

Pero ¿a ti te convencen de cualquier cosa o qué?

¿Cuándo vas a madurar, eh?

Que Elías es alcohólico.

Te diría cualquier cosa con tal de conseguir otra copa.

Ya lo sé.

Ayer fui al Moonlight para intentar que entrara en razón,

y se puso violento conmigo.

Y yo hoy venía con la intención de contárselo, inspectora.

Pero te ha dicho que va a ser la última vez,

que no volvería a pasar, que había sido un desliz.

O sea, que antes no estabais hablando de fútbol.

Estabais discutiendo sobre esto.

Sí.

Es mi superior, es un profesional que admiro muchísimo,

y yo pensaba que podía salir de esto. Me equivoqué, lo siento.

Estaba intentado ser buen compañero.

No se es buen compañero dejando beber a un alcohólico.

Grábatelo a fuego en tu cabeza.

A un alcohólico no se le puede dejar beber ni una sola copa.

Lo siento mucho.

Pero yo quiero que sepa que lo hice de buena fe.

Lo sé.

Puedes irte.

¡Marga!

Te iba a llamar para ver si venías a comer.

-Ya. ¿Has cerrado la tienda? -Sí, hace un minuto.

¿Comemos en La Parra? -Sí, claro.

Me he encontrado a un cliente y me ha dado recuerdos para ti.

-¿Con quién?

-Pedro Iriarte, ¿te acuerdas?

Venía a por materiales para su casa de campo.

-Sí, sí, sí. ¿Y qué te ha dicho?

-Nada. ¿Por? -Porque te ha dado recuerdos para mí.

-Sí, me ha preguntado que qué tal,

me ha dicho que está liado con lo de la casa...

Y también me ha pedido mi opinión

para nuevos materiales que quiere comprar.

-¿Para qué quiere tu opinión? -Pues no sé.

Me ha dicho que una visión femenina.

Yo le he dicho que hablara contigo. Simplemente quería ser agradable.

-Supongo que sería eso. -¿Vamos a La Parra?

-Claro, a comer.

Buenas.

¿Qué tal? -Está cerrado.

Sí, por eso venimos a esta hora.

Tenemos que hacerle unas preguntas.

-Qué raro, la policía haciéndome preguntas a mí.

Ha tenido que pasar algo catastrófico.

Venga, Luis, que ya sabes cómo funciona esto.

¿Va a responder a nuestras preguntas por las buenas,

o pedimos una orden de arresto y se las hago en comisaría esposado?

-No sería la primera vez.

Ahórrese las amenazas, que conmigo no le van a funcionar.

Usted hágame las preguntas y yo veré si las contesto.

-Muy bien. Primera pregunta.

¿Usted qué hace aquí?

-Mi trabajo consiste

en comprobar si hay refrescos suficientes,

alcohol... Y si no lo hay, llamar a los proveedores.

-Déjese de bromitas. Le pregunto por qué trabaja en este pub.

Que yo sepa, ya no pertenece a su familia.

El nuevo propietario es el señor Santos Mercader.

(LUIS ASIENTE) Y el señor Santos Mercader

me ha ofrecido este empleo. -Vaya.

¿Y usted ha aceptado eso? -Pues sí.

¿Va a preguntarme algo que no sea una obviedad?

¿Por qué no lo comentaste la última vez que hablamos?

Igual no me lo preguntaron.

-El otro día nos dijo

que la razón para vender el Moonlight,

era que estaba cansado del trabajo, que necesitaba descansar.

-No sé para qué hace ese esfuerzo en hacerme preguntas,

si no me atiende cuando le contesto.

El otro día no le dije que estuviera cansado,

le dije que estaba estresado de llevar el negocio.

Demasiadas horas de trabajo, demasiado riesgo,

demasiada responsabilidad.

Ahora todo eso se lo come Santos Mercader,

y yo me quedo con la parte bonita del asunto:

organizar, atender a la gente... Cobrar un sueldo.

Ya, pero gana mucho menos dinero. Y tiene un jefe al que someterse.

¿A usted le gusta eso? -Le voy a decir lo que me gusta.

Tener una nómina, una Seguridad Social y un paro

cuando todo esto termine.

Me imagino que para usted eso es algo normal,

porque lleva siendo funcionario toda su vida, pero yo

soy autónomo desde los 20 años y para mí es un lujo.

Y teniendo en cuenta todo el dinero que tengo en el banco

por la venta del pub,

considerará que este ha sido el negocio de mi vida.

-Lo del negocio de su vida lo creo, ¿sabe por qué?

Porque creo que se está llevando un porcentaje del otro negocio.

-¿Qué otro negocio? -Lo sabe perfectamente.

-¿Sabe lo que sé?

Que mi jefe, Santos Mercader,

me ha pedido que tenga la barra preparada antes de abrir,

y faltan 20 minutos. Así que, si me disculpan...

No te molestamos más, Luis.

De momento.

-Hola.

-Menos mal que no has entrado por la puerta principal.

Te hubieras dado de cara con Silvia Orestes y Alejandro Font,

los inspectores de policía. -¿Y a qué han venido esos dos?

-A hacer preguntas, como siempre.

Te tienen vigilado, Santos.

Él ya vino el otro día preguntando por ti,

y con fotos de tu casa. -No me preocupa.

Le tengo fichado a ese Font, es un tocapelotas profesional.

Estuvo una temporada buscándome las cosquillas en Valencia

sin ningún resultado. ¿Y qué te ha preguntado ese pájaro?

-Por qué te había vendido el negocio,

por qué seguía trabajando yo aquí...

Sospechan que me llevo una mordida del otro negocio.

-¿Qué otro negocio?

-Eso es lo que les dije yo, ¿qué otro negocio?

Santos, te digo una cosa.

Si piensas utilizar el Moonlight de tapadera, ten mucho cuidado.

Sobre todo metiendo la mercancía en el almacén. Te están vigilando.

-No tengo ni idea de qué me estás hablando, Luis.

¿Mercancía? ¿Tapadera?

¿A qué te refieres?

-Tú ya me entiendes. -No, no te entiendo.

Y al parecer tú tampoco me entiendes a mí.

Ya te dije en una ocasión que no te metas en mis asuntos.

Ahora eres el encargado del Moonlight,

ni más ni menos. Te conviene no saber.

Oír, ver y callar. ¿Está claro?

-Muy claro. -Genial.

Y ahora ponme un gin-tonic, estaré en el reservado.

Buenas noches. Hola, Claudia, ¿qué tal?

Bueno, pues un día bastante duro, para qué te voy a engañar.

¿Has visto a Elías? No.

Me mandó un mensaje esta mañana,

que nos veríamos cuando acabara el turno,

pero no he vuelto a saber nada de él. ¿No está en comisaría?

No.

Deja eso que estás haciendo. Creo que tenemos que hablar.

¿Qué pasa?

Elías se fue de comisaría a mediodía de muy malas maneras,

y no hemos vuelto a saber de él.

Ya.

No me digas más. Estaba bebido, ¿verdad?

¿Tú lo sabías?

(MARÍA SUSPIRA)

Me dijo que...

que había sido una cosa puntual.

Que no se iba a volver a repetir, que lo de su hijo...

le estaba haciendo mucha mella.

Madre mía...

Y yo me lo creí como una idiota.

Y anoche se presentó en el hospital a ver a Isra,

borracho.

Por Dios.

No sé ni dónde ha pasado la noche.

Ya no he vuelto a saber nada de él.

Yo pensaba que con el mensaje de esta mañana...

se iba a arreglar la cosa, pero ya veo que no.

No, no se ha arreglado.

Ha ido a peor, María.

Ha agredido a un detenido en comisaría.

Estaba bebido.

Por Dios, este hombre...

Le hemos llamado 40 veces, y no hemos conseguido localizarlo.

¿Tú sabes dónde está?

Yo qué voy a saber. A mí tampoco me ha dicho nada.

María, escucha,

no quiero que pienses que no confío en ti.

Pero si tú sabes dónde está y no me lo dices,

no le haces ningún favor cubriéndole.

Ya lo sé, Claudia.

Yo conozco muy bien a Elías,

y sé que puede ser muy persuasivo.

Es un maestro del chantaje emocional.

Y si ha convencido a otros agentes para que no me lo contaran,

me imagino lo que puede hacer con su pareja.

A mí también me ha convencido,

dos veces ya

de que no iba a volver a beber.

Y me podría convencer una tercera, seguro.

Pero no sé dónde está, no tengo ni idea.

¿No se te ocurre algún sitio donde haya podido ir?

Cuanto antes lo encontremos, antes podremos empezara a ayudarlo.

Me da miedo los líos en los que se pueda meter.

Si es que no lo sé Claudia,

nosotros cuando salimos no vamos a bares, lógicamente.

Yo le he dicho a Toni Ríos que vaya a vigilar al Moonlight,

es donde ha ido a beber las dos últimas noches.

¿Y tú crees que va a volver por allí? Pues si tuviera lógica,

no iría porque es donde lo hemos pillado.

Pero últimamente no está actuando con mucha lógica.

Y además tengo la sensación de que...

¿De qué? De que quiere que lo pillemos.

Parece absurdo, pero... No, no.

No es absurdo, y tiene toda la lógica.

Elías es muy orgulloso para pedir ayuda cara a cara.

Pero tonto no es.

Y sabe que se está arruinando la vida.

Sí.

Te tengo que dejar.

Te acompaño.

Si se pone en contacto contigo o sabes algo de él,

por favor, avísame. No lo dudes.

Y tú lo mismo, si sabes cualquier cosa,

con lo que sea, llámame.

Venga.

Mucho ánimo.

(Puerta)

Te acabo de contratar

y ya te escaqueas del bar en horas de trabajo.

-No había mucha gente.

Juan se puede encargar perfectamente de todo.

-Pasa.

-Llevo toda la tarde dándole vueltas a una cosa,

y si no te la digo reviento.

-A ver.

-No he entendido nada de lo que ha pasado antes en el pub.

De cómo me has tratado. No he entendido nada.

Yo solo te he dicho por las buenas,

que han estado Silvia y Font preguntando por ti.

Y tú me has tratado como a un esclavo,

o como a un espía, que no sé lo que es peor.

Vale que me quieras mantener al margen de tus negocios,

pero tratarme como a un simple camarero,

con todo lo que ha habido entre nosotros, no lo entiendo.

Yo no te pido que seamos socios, pero por lo menos amigos.

-Tú y yo somos algo más que amigos.

¿Quieres tomar una copa? -No.

No quiero, he venido aquí para hablar y para aclarar las cosas.

Pensaba que podíamos estar bien trabajando juntos,

pero si tú no confías en mí, es muy complicado.

-Mira, Luis, yo no confío ni en mi propia sombra.

¿Crees que habría sobrevivido tantos años en mi línea de negocio

si confiara en alguien?

-Aquí si alguien puede desconfiar, soy yo de ti.

Te recuerdo que nos tendiste una trampa para extorsionarnos.

Nos convenciste de dar un palo,

y nos sacaste fotos para amenazarnos con ellas.

-Y esto refuerza mi teoría:

no te puedes fiar de nadie.

Mira, Luis, yo sé que tú no vas a venir en mi contra,

no porque confíe en ti, sino porque no te conviene.

Hay demasiadas sospechas sobre las familia Soler,

y no te vas a meter en otro asunto criminal.

-Vale, lo entiendo.

-Vamos, Luis, no te hagas el ofendido.

Si antes he sido un poco borde contigo,

me disculpo, lo siento.

Pero por favor, no vuelvas a hacer preguntas sobre mis negocios.

Eso es asunto mío,

y ya te lo he dicho antes, te conviene no saber.

-Me ha quedado claro.

-¿Y ahora te vas a largar?

-Tengo que trabajar en el pub, tú mismo lo has dicho antes.

-Como has dicho que Juan ya se apañaría...

-¿Tú me quieres volver loco o qué?

-¿Qué pasa, que no quieres?

-Lo que no quiero es que me des una de cal y otra de arena.

-Y yo no quiero que confundamos las cosas.

Podemos ser amigos, podemos ser amantes...

Pero en el trabajo, cada uno se ocupa de sus asuntos.

¿Es tan raro eso?

-¿Y esto?

-¿Tú qué crees?

-¿Por qué lleva una pistola?

-¿No acabamos de decir que cada uno se mete en sus asuntos?

Anda, dámela.

Está cargada, Luis.

No te van las pistolas, Luis.

Dámela.

-¿Tú crees?

-Te estoy empezando a conocer.

Anda, dámela.

-Lo de trabajar para Santos Mercader, ¿qué tal?

-Luis me enseñó a ver, oír y callar. Y a poner copas.

-Al final el más listo vas a ser tú.

-Un whisky solo, por favor. -¡Hombre!

El oficial Guevara. Ya veo que no estamos de servicio.

-No, no estamos de servicio.

-Joder, macho, venimos con sed.

(RICKY RÍE)

-Pues sí, tenemos sed y muy pocas ganas de conversación.

-Bueno, mientras no tengas ganas de montar bronca.

Ya me contaron cómo empezó ayer:

policía tajándose a saco y luego liándola sin parar.

-¿Por qué no me dejas un poquito en paz, chaval?

(RICKY RÍE) ¡Madre mía!

Y yo que hasta ahora solo le había visto tomar tónicas y zumitos...

-¿No tienes otro sitio para ir a molestar

que te estás poniendo un poquito payaso?

-Oye, no me insultes,

que yo no te he faltado en ningún momento.

-No me toques los huevos, y no hará falta que te insulte.

Oficial Guevara, ¿podemos hablar un momento?

Necesito que vengas conmigo a comisaría.

¿A qué?

¿Te importa apartarte unos metros, por favor?

Para hablar de lo ocurrido en el interrogatorio.

¿Para qué? Ya te lo habrá contado todo este chivato.

-Elías...

Lo que ha ocurrido es muy grave y no puedo pasarlo por alto,

¿lo entiendes? No debería, no.

Vamos a comisaría.

Espera un momento que pago esto.

No lo encuentro.

Aquí.

¡Oye!

Elías, por favor. Ahora sí, vámonos.

-Ahora entiendo por qué la policía funciona como funciona.

Como todos le den al "drinking" como este... (RÍE)

¡Elías, quieto! ¡Elías, quieto!

¡Te voy a quitar la cara de listo que tienes, gilipollas!

¿Me oyes?

Estás haciendo el ridículo. ¡Quieto ya!

Vale. Está bien.

Ríos, ponle las esposas.

¡No me has oído! Ponle las esposas.

Hazle caso, que será lo mejor.

Elías Guevara, quedas detenido por lesiones

y por alteración del orden público.

¿Tú estás bien? ¿Que si estoy bien?

Lo estaré cuando le ponga una denuncia al borracho de mierda.

Puedes ponerle una denuncia si quieres, estás en tu derecho.

Pero cuidado con los calificativos.

Andando.

(Puerta)

¡Sandra!

¡Quieto ahí!

Quítate de mi vista.

Sandra, Sandra, ¿qué tal estás?

Siéntate, anda.

¿Qué te han hecho? ¿Estás bien?

-Estoy bien. -¿Sí?

Será mejor que te traiga un poco de agua.

Toma. Bebe un poco, mujer.

¿Qué tal estás?

¿Te han dicho algo cuando te traían para acá?

-Venían contando lo que me iban a hacer si...

-Ya, ya, mujer, no pienses en eso ahora.

No te preocupes, estás conmigo y estás a salvo.

Creo que lo mejor será que llamemos a un médico

para que te eche un vistazo cuanto antes.

-Un médico no, por favor. La policía no me puede encontrar.

-La policía no te va a encontrar.

Conozco médicos que son muy buenos y son grandes profesionales,

no hacen preguntas. No necesito un médico, de verdad.

Necesito descansar.

Ha sido agotador.

Me han tenido todo el tiempo encerrada.

Primero en casa de uno de los capos, uno que no era mejicano.

Y luego en una nave todo el tiempo haciéndome preguntas.

-¿Preguntas?

¿Preguntas sobre qué? -Querían saber cosas sobre ti.

Yo les decía la verdad, que no sabía gran cosa.

Qué habías sido la pareja de mi hermana,

y que tú y yo casi no nos conocíamos. -Tranquila, no te preocupes por eso.

Lo importante es que tú estés bien.

-Lo siento mucho, Fernando.

Te he arruinado la vida.

Y mi hermana ha muerto por mi culpa. -No, no digas eso.

Tu hermana no ha muerto por tu culpa.

-Si la hubiese escuchado...

Con todo lo que ella luchó para sacarme de este mundo...

-Tú estabas en una situación completamente desesperada,

Desgraciadamente, algo salió mal, ya está.

-Ojalá la cocaína que me metí me hubiera matado.

-No sigas por ahí. No sirve de nada que empieces a castigarte ahora.

Lo único que vas a conseguir con eso es hundirte.

Ya me ha pasado a mí, no lo hagas tú también.

-¿Tú qué culpa vas a tener?

-De una forma u otra, fui yo quien insistió

para meter a la policía en todo esto. -Era lo que había que hacer.

Teníamos que haberlo hecho desde el principio.

-Ya.

De todas formas...

lo que ha pasado ha pasado, y no podemos cambiarlo.

-¿Qué vamos a hacer? Tendré que irme de España.

-Sí, también creo que es lo mejor.

Pero tú no te preocupes por nada, ya me encargo yo de todo.

-Eso no te va a salir gratis. -El dinero no es lo importante.

-¿Cuánto te he costado? Quiero saberlo.

-No me has costado ni un solo céntimo. ¿De acuerdo?

Solo he tenido que hacer algo que no quería hacer,

pero no pasa nada, no me arrepiento.

En el fondo me he quitado un gran peso de encima.

-Maica siempre decía que confiaba mucho en ti.

Y no se equivocaba.

Tuvo mucha suerte de conocerte.

Tu hermana era una mujer maravillosa.

Quien tuvo la suerte de conocerla fui yo.

¿Qué es eso que tienes en el brazo?

-No es nada. -No, no. Déjame verlo, por favor.

¡Dios!

Pero ¿cómo han sido capaces de hacerte esto?

-Es heroína.

Me pinchaban a diario.

Al principio solo por las noches,

pero después, siempre que me veían nerviosa.

Ahora necesito tres picos al día.

Tenemos que conseguir un poco de caballo. Lo siento.

-No, no, mujer.

No me digas que lo sientes, no te tienes que disculpar de nada.

Ya estás aquí y estás a salvo, así que tranquila.

¿De acuerdo?

Yo te voy a ayudar, Sandra.

Vas a salir de esta cueste lo que cueste.

Te lo juro por Dios, cueste lo que cueste.

Gracias. Puedes retirarte.

0,9

¿Solo?

Ya te he dicho que solo había tomado dos copas.

Le he dado un trago a la petaca esta mañana, pero...

he intentado mantenerme sobrio. ¿Cuánto tiempo llevas bebiendo?

Dos días y medio.

Desde que a Isra le... Elías, dime la verdad, por favor.

Claudia, me pillaste con un vaso de whisky en la mano,

me has metido en un calabozo, te lo he contado todo.

¿Para qué te iba a mentir?

Júrame que no habías bebido en el operativo.

¿En qué operativo? El operativo de Turbo.

El operativo en el que hirieron a tu hijo.

¿Cómo puedes decir eso?

¿Cómo puedes pensar que yo puedo hacer algo así, Claudia?

Te has presentado borracho en la habitación de Isra.

Has bebido durante el servicio y has agredido a un detenido.

En aquel momento yo no había empezado a beber.

En ese operativo intervine equivocadamente,

se pusieron nerviosos, se me fue de las manos...

Nacha te lo puede contar. Yo estaba sobrio.

¿Cómo puedes pensar que te pueda mentir en algo así?

En tus peores tiempos me mentías a mí, al comisario, al juez,

y a la Virgen del Pilar que se presentara por delante.

Entonces era para tomarme una copa,

para esconderme cuando la estaba tomando, pero...

Ahora ya no tiene sentido.

De hecho me viene mejor decirte la verdad.

¿Ves? En eso estamos de acuerdo.

Empecé a beber cuando los médicos me dijeron...

que no sabían si Isra iba a salir del coma.

O si se iba a quedar hecho un vegetal.

Entonces empecé a obsesionarme con que yo tenía la culpa.

Empecé a pensar qué hubiera ocurrido si yo no hubiera intervenido.

Tú sabes cómo son estas cosas, Claudia.

Cuando sale mal un operativo y...

se pone en juego la vida de un inocente,

y en este caso era mi hijo.

Y no encontrábamos al Turbo este, y me sentía impotente.

¿Y cuando detuviste al Turbo?

Había bebido bastante.

Muy bien.

A mí no me gusta decir tacos, pero estamos bien jodidos, Elías.

Lo sé, Claudia, lo sé. Lo he mandado todo a la mierda.

Raquel está conmigo hecha un demonio.

El pobre Isra no quiere ni verme, no quiere pasar por esto otra vez,

prefiere tenerme lejos.

A María le prometí que lo iba a arreglar y...

y no he podido.

Le he dicho que la iba a llamar. ¿Te importa avisarla?

No te preocupes.

(CLAUDIA SUSPIRA)

Ya la he llamado.

Le he dicho que ibas a pasar la noche aquí.

Como comprenderás,

no te puedo soltar después de lo que ha pasado.

Lo entiendo, y es mejor así.

Por cierto, a Toni que no le caiga ningún paquete, ¿vale?

El chaval intentó por todos los medios dar parte de esto,

pero yo le comí la cabeza de mala manera.

Y menos mal que me ha separado de ese camello,

porque le iba a romper la cara.

No te agobies.

A Toni no le va a caer este marrón.

Gracias.

Siento haberte decepcionado, Claudia.

Después de todo lo que me ayudaste a salir del hoyo...

Elías, yo no voy a justificar lo que has hecho,

pero tampoco te voy a juzgar.

No sé cómo habría reaccionado, si tuviera un hijo

en la situación que está el tuyo.

No lo sé. Eso no cuenta.

Yo creía que lo tenía superado.

Ya había dejado atrás a ese gilipollas,

ese imbécil que se dejaba la vida en los bares.

Ese miserable

que arruinó su familia, perdió a su hijo,

y que casi pierde su trabajo.

Pero no es así.

Ese tipejo sigue viviendo dentro de mí.

Ahora que su hijo se ha recuperado, él recae en su adicción.

Se le va a caer el pelo. Sois conscientes de ello, ¿verdad?

Sí, porque al camello que agredió durante el interrogatorio

le ha puesto una denuncia. No me extraña.

¿Y Ricky Soler?

Ayer estaba convencido, pero aún no le ha denunciado.

Aunque no la haga, yo estoy obligada a investigar de oficio

lo que pasó en el Moonlight.

-¿Y te pegó un policía borracho? (RICKY ASIENTE)

-Llevo toda la noche pensando si denunciarle o no.

Creo que lo mejor será no hacerlo. -¿Y por qué no?

-Nunca está de más que un policía te deba un favor.

-Yo no sé si es por el deporte o por la chica con la que sales,

pero me encanta cómo te comportas últimamente.

Mira, lo voy a dejar con Marga. Fin de la historia.

-Hola.

-Perdona que llego tarde.

-Nada, han sido cinco minutos.

Di lo que tengas que decir, no quiero seguir así.

Traerte aquí detenido y dejarte pasar la noche

ha sido de las cosas más duras que he tenido que hacer en mi vida.

¿Y tú sabes que....

qué sanción me va a caer? No.

Todavía es pronto.

Pero...

Por el momento te vas a casa hasta nueva orden.

Cariño, cuando bebo me convierto en un puto egoísta.

Paso por encima de todo, lo que más me importa es la copa.

Y no me importa hacer daño a la gente que quiero.

Entiendo que estés decepcionada, no tengo perdón.

Si quieres que lo dejemos, yo lo entendería.

-Pero ¿qué me estás contando? ¿Tú quieres dejarlo?

-Vengo a hablar contigo a solas si puede ser.

-Está bien. Por aquí.

Por mucho que reniegues de tu pasado, fuiste narco igual que yo.

Y los narcotraficantes no somos buena gente.

-Me hace ilusión.

Va a quedar perita en mi historial ser escolta de un ministro.

En realidad vas a ser escolta de la hija de un ministro.

(Puerta)

¿Sí?

Pasa.

-Hola.

Eeeeh... Hola.

Soy el agente Antonio Ríos

que voy a estar ocupado de su seguridad.

-Para celebrar que vas a perderme de vista.

-Y para ayudarme a pasar el mal trago de dejarme sablear una vez más

por una sanguijuela como tú. -Qué pena que pienses eso de mí.

Creí que podríamos brindar, pero veo que no estás de humor.

-Espera, hombre.

Tómate un trago que no me gusta beber solo.

-¿Esta soy yo ahora, Adriana Vélez?

-Sí te voy a registrar en esa clínica en Suiza,

con ese nombre.

La falsificación del pasaporte es bastante buena,

no creo que tengas problemas en viajar cuando te den el alta

desde Suiza a Cabo Verde. Yo te estaré esperando allí.

-Una nueva vida, suena bien.

¿Seguro que Mercader cumple con su palabra?

El cártel de Jalisco está en todas partes.

-No te preocupes, te dejarán tranquila

mientras la policía española no tenga noticias tuyas.

(Puerta)

-Chssst...

Escóndete en el baño.

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  • Capítulo 577

Servir y proteger - Capítulo 577

20 ago 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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