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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 544 - ver ahora
Transcripción completa

Es verdad que estás currando en una ferretería.

Cuando me lo dijeron no me lo podía creer.

Quiero mi dinero, Boli.

¿No te dijeron en la cárcel qué les pasa a los ladrones?

Se les corta la mano.

-Buenos días.

-Buenos días, Elías.

¿Qué me traes?

Esta mañana en la ferretería había un tipo que me ha dado mala espina,

estaba hablando con el Boli,

me he quedado pensando y... y bingo.

-Quiero mi dinero, me da igual si lo robas,

si lo sacas de tu maldito sueldo, si pasas el cepillito de la iglesia.

-Yo no quiero denunciarle a la policía,

porque no todo el mundo consigue enderezarse en la cárcel.

Y tampoco quiero que por mi culpa...

-No, no es culpa tuya.

Es culpa suya.

Estarías cumpliendo tu deber como buen ciudadano

y te protegerías de un tipo

que te dejó tirado y que viene a pedirte dinero.

-Toda la familia me habéis encubierto

y tenéis mucho que perder.

-¿Nos estás amenazando? -No, no, no.

Simplemente te digo que ser cómplice tiene pena de cárcel.

¿Estás dispuesto a asumirlo?

-Contadme hasta el último detalle.

-¿Por qué haces esto, hijo?

-Por la familia.

Porque es la única forma de que desaparezca de nuestras vidas.

¿Eso qué son, imágenes de tráfico?

Sí, de aquí de Madrid.

¿Te suena la matrícula?

Lo que me suena es el modelo, es como el todoterreno que utilizaron

para arrancar el cajero, ¿no?

Tan idéntico que es el mismo.

He comparado la matrícula y coincide con la del todoterreno

que apareció carbonizado en el barranco de la Chinarra.

En un semáforo del Distrito Seis con buena luz y el vehículo quieto.

Mira qué foto he sacado, ¿te suena el conductor?

Buenos días, Gabriel Campos.

¿Un cierto parecido a Gabriel, señora Soler?

Es Gabriel Campos.

Ah, muy bien.

Pues lo que usted diga.

Lo que no se ve en esta fotografía son las dos personas

que le acompañaron y ayudaron en el robo.

Estamos perdidos.

¿Qué vamos a hacer?

-Nosotros tenemos una cosa a favor,

que es la mochila llena de dinero.

Miralles puede ser muy lista, pero yo también.

Si ha venido a casa para restregarme lo de las pruebas es porque no tiene.

-¿Has vuelto a hacer de mula?

Sandra, por Dios, esa fue la razón de estar en la cárcel en Colombia.

-Cariño, tranquilízate.

-Mira, Maica, no estoy para sermones.

Lo importante es que el Cartel de Jalisco en España espera

la entrega del material.

-Perdona, ¿acabas de decir que has traído esa droga

para el Cartel de Jalisco?

-Sí y necesito hacer la entrega ya.

Estaría bien que esa chica nos condujera a algún pez gordo.

Eso es justo lo que yo pensaba.

Ya, pero si se decide a colaborar tendrá que hacerlo con la esposas.

El oficial Guevara

está esperando para hablar contigo.

Cuéntaselo todo, desde el principio.

-Sandra, cariño, ¿eres tú?

-Escúchame bien, pendeja.

Sandrita está aquí con nosotros.

Pero si quieres volver a verla, más te vale darnos lo que es nuestro.

-¿Sandra está bien? Por favor, no le hagan daño.

-Mañana a las 16:00 te volvemos a llamar.

-No me toques.

Sandra tenía razón, le hemos jodido la vida.

(Música emocionante)

Pero ¿cómo he podido dejarme convencer?

Tendría que haber hecho caso a Sandra y entregar la droga.

Ahora estaría aquí con nosotros.

-Mi vida, hemos hecho lo correcto, de verdad.

No podemos enfrentarnos solos a esos mexicanos,

ni yo tengo infraestructura, ni organización, ni dinero.

Costaría muchísimo hacer eso ahora.

Lo más sensato era recurrir a la policía.

-No. Yo solo sé que las horas pasan y seguimos sin saber nada de Sandra.

-Tenemos que tener un poco de paciencia. Esperar un poco, Maica.

Rastrean su móvil, cuando tengan la localización, irán a por ella.

-Eso suponiendo que no la usen como cebo para ir a por el Cartel

y así colgarse la medallita.

-¿Por qué dices eso?

Escuchaste lo que dijeron.

Su objetivo principal no es atrapar a esos narcos,

su verdadero objetivo es salvar la vida de tu hermana.

-¡La vida de mi hermana no vale una mierda!

Parece mentira que tú creas eso.

¿O ya no te acuerdas de cómo

jugaron con tu vida para llegar a Konchalovsky?

-Eso fue distinto. Cariño,

fue muy distinto, aquello fue una operación del CNI,

esto es la policía nacional y te aseguro que Elías Guevara

es un policía nacional que tiene un altísimo sentido del deber,

a él las medallitas y las condecoraciones le dan igual.

-Muy seguro te veo de eso.

-Lo he sufrido en mis propias carnes, mi vida.

He tenido a Elías Guevara pegado a mi culo,

como si fuera un maldito perro de presa durante años

a punto de morderme. Te aseguro que no parará hasta encontrarla.

-La pobre.

Con el miedo que tiene a estar sola.

De pequeña siempre...

jugaba a ser mi sombra cuando nos quedábamos solas.

Más bonita.

Y yo no he hecho más que fallarle.

-No, no, no. -Sí.

-Cariño, ven, ven. Te lo pido por favor, ven aquí.

Ven aquí, mi vida.

No permitiré que digas eso, porque tú no le has fallado nunca,

tú te has sacrificado muchísimo por ella

y siempre has intentado mantenerla lo más alejada posible de las drogas.

-No, llama a Elías, por favor. -¿Qué?

-Sí, llámalo. Me dijiste que era tu amigo, ¿verdad?

Llámalo y pídele que me devuelva la cocaína

que yo misma se la entregaré a los narcos, de verdad.

Es la única manera que tenemos de salvar a Sandra.

-No podemos hacer eso. -Sí, sí, hazlo por mí.

Hazlo por mí, por favor, hazlo por mí.

-Escúchame, cielo, no puedo permitir que pongas tu vida en peligro

de esa forma. No puedo.

-En serio, si los narcos solo quieren la droga

y la policía nunca se la va a entregar, nunca.

Lo sabes tan bien como yo.

Por favor, no, de verdad.

Llámalo, es la única manera que tenemos de que Sandra vuelva.

-¿Estás escuchando lo que estás diciendo?

-Lo siento, es que no me puedo quedar aquí

parada, esperando,

mientras Sandra está en peligro.

-Está bien, déjame pensarlo.

Pero ahora mismo tenemos que intentar tranquilizarnos

para cuando llamen esos mexicanos, ¿sí?. ¿Vale?

¿Sí? -Sí, sí.

Vale, ya... ya me encargo.

-Está bien. ¿Quieres que pida algo de comer?

-Eh... agua.

-¿Agua? -Sí.

-¿Algo más?

-Y algo para la cabeza que me va a estallar.

-Sí, no te preocupes, creo que tengo algo en el baño.

¿Qué prefieres paracetamol o...?

¡Maica!

(DOLORIDO)

-¿Estás bien? ¿Se te ha abierto la herida?

-No pasa nada.

¿Qué tienes que hablar con nosotros tan importante?

-Anda, vamos a dentro.

-Mamá, tengo mucho curro, no sé a qué viene tanto enigma.

(SUSPIRA)

-Ahora todos los asuntos familiares no los podemos hablar por teléfono.

Si tenemos un tema muy importante, lo hablamos en persona

y en lugares muy discretos.

-¿Esto para qué es?

-Para cuando no podamos reunirnos.

Y estos son nuestros números de teléfono.

-Quédatelo, no pienso utilizarlo.

-Cógelo, Álvaro. La policía puede tener pinchadas las líneas.

-Ni de coña, mamá.

Estoy a la espera del juicio por la muerte de Gabriel

y no utilizaré un móvil de prepago como un delincuente.

-Utilizar un móvil de prepago no es un delito.

-Escúchame, Álvaro,

tienes que cogerlo, hijo.

La policía sabe que Gabriel robó el cajero.

-Tienen...

tienen imágenes de él conduciendo el todoterreno.

La inspectora Miralles fue a interrogar a mamá a casa.

-O sea, que la policía sospecha que estamos en el ajo.

Perfecto.

-A ver, Álvaro.

De momento no tienen nada que nos relacione con el robo.

-Solo suposiciones, sin pruebas.

-¿Os estáis escuchando o es que sois ciegos?

Cada día que pase tienen más pruebas y nos tienen acorralados.

La policía tiene más información de la que nos da.

-Tenemos que mantener la calma.

Ahora más que nunca.

Tenemos que andar con pies de plomo.

-No, mamá.

Yo ya no puedo con más mentiras.

Esto me está volviendo loco.

Y lo peor es que la bola cada vez se hace más grande.

-No voy a permitir...

que ninguno de vosotros vaya a la cárcel.

Tengo un plan

y va a salir bien.

-A ver, piénsalo, no tienen nada en contra de nosotros.

Si lo tuviesen, ya nos habrían detenido, ¿no?

(SUSPIRA)

-Todos los planes que salieron mal

fueron las chapuzas que hizo el malnacido de Gabriel,

pero todos los que hice yo salieron bien.

Conseguí exculpar a Ricky de lo del polideportivo,

a ti de lo tu padre

y justifiqué que mintiésemos sobre Dimas.

Tranquilo, cariño.

Esto está a punto de acabar.

Todo va a salir bien.

-No todo puede estar bajo tu control, mamá.

Hay cosas que se te escapan.

-¿Te refieres a Silvia?

-No quiero perderla.

(SUSPIRA)

-Si nos relacionan con el robo del cajero, la perderás para siempre,

porque irás a la cárcel.

-Hazle caso a mamá, Álvaro.

Por tu bien

y por el de todos.

-Vale, contadme cuál es el plan.

-El doctor vendrá enseguida.

-Ah. Hola, interna,

venía a ver si alguien me echaba un vistazo en la herida, por favor.

-No tenías cita, ¿no?

-No, qué va, pero es que me molestaba y he improvisado.

-Pues... deja que le eche un vistazo.

Debería haber cicatrizado.

¿Has seguido haciendo las curas como te recomendé?

-La verdad es que como no me dolía, he estado un poco pasota.

-Y... solo me hice una cura, la verdad.

Porque me duele.

Pica.

-Se te ha infectado.

Tengo que limpiarlo.

-Pero no es grave, ¿no? ¿Puedo seguir haciendo deporte?

-No me parece muy buena idea.

La infección es superficial,

pero no deberías hacer movimientos bruscos.

Bastaba con seguir las pautas de cuidado

que te entregamos el día del parte.

Si esta vez las sigues, no creo que tengas que volver.

-Oye, que si tienes algún paciente o...

prefieres que me atienda otra enfermera, sin problema.

-No hace falta, no me llevará mucho tiempo.

-Lo digo porque te noto incómoda.

-¿A mí? Para nada.

Un poco molesta, pero como lo estaría con cualquier otro paciente

que se pasa por el forro mis indicaciones.

-Entonces, ¿por qué me lanzaste esa mirada tan seria al verme?

-Si te lo ha parecido, lo siento.

A veces, la gente piensa que soy un poco borde.

Me viene de familia, qué le hago.

-Ya, claro, a mí lo que me parece es que estás intentando disimular

tu incomodidad mientras me curas.

-Te equivocas.

Te repito que lo que me sentó mal es que no te hicieras las curas.

-Y suponiendo que todo eso sea verdad...

me puedes decir por qué te molesta que no siga tus indicaciones

-Me molesta que menosprecies mi trabajo.

Pasar de curarte demuestra

que no confías en mi criterio profesional.

-Venga ya, Aitana, tú y yo sabemos que te engañas a ti misma.

-¿Engañándome a mí misma?

-Exacto.

Es el momento de que te plantes y no sigas adelante

con eso que no te hará feliz.

-Nacha, ¿quién crees que eres?

No me conoces, no tienes derecho a opinar sobre mi vida

y menos a juzgar lo que me hace o no feliz.

Esto ya está, puedes vestirte.

-Vale, gracias por atenderme.

-Recuerda seguir con las curas.

Si se te inflama, ponte la pomada que te recetó el doctor.

-Vale.

Muchísimas gracias, de verdad.

Hasta luego.

¿Se puede?

Sí, claro.

Me estaba tomando un descanso.

Si quieres podemos salir a tomar un café.

No, gracias.

Me gustaría hacerte unas preguntas.

¿Sobre qué?

Son de trabajo, Álvaro.

Claro.

Pasa, siéntate.

Ponte cómoda, así me interrogarás mejor.

Como si estuviéramos en comisaría.

Una compañera de la UIT, encontró imágenes

que demuestran que Gabriel Campos

participó en un robo de un cajero.

No te veo muy sorprendido, ¿sabías su participación el robo

o sabías de la existencia de las imágenes?

Lo de las imágenes, porque Miralles se lo contó a mi madre.

Y respecto a si sabía si Gabriel participó o no,

no me sorprende.

¿Por qué?

¿Te mencionó o te dijo algo que lo vinculase al robo?

No me hizo falta.

En cuanto vi la noticia, me esperé lo peor, pero no quería saber nada.

Me parece increíble que no mencionases nada

de estas sospechas durante tu interrogatorio.

Tampoco recuerdo que me lo hubieras preguntado.

Venga, no te hagas el loco, Álvaro.

Hablamos largo y tendido sobre Gabriel Campos

y los motivos por los cuales encubristeis su vuelta.

Eso lo recuerdas.

Estaba en shock, Silvia.

Acababa de ver como...

Gabriel casi mató a mi madre de una paliza.

Y cuando le fui a defender, murió por un accidente.

Ya, pero eso no responde a mi pregunta.

¿En serio vas a tratarme como si fuera un desconocido?

No te imaginas cómo me siento.

Ni siquiera contestaste a ninguno de mis mensajes.

Solo intento hacer mi trabajo, ¿sabes?

Está bien.

Pregúntame todo lo que tengas que preguntarme.

¿Colaboraste con Gabriel Campos en el robo del cajero?

Me parece alucinante que me preguntes eso.

En las imágenes que tenemos de esa noche

aparecen tres personas.

Y ahora sabemos que una de ellas es Gabriel Campos.

De los dos acompañantes, ¿tú eras uno de ellos?

¿Qué te hace pensar que era yo?

Porque la complexión bien podría ser la de Luis o la tuya.

Silvia, hay miles

de personas con la misma complexión.

Podía haber sido cualquiera.

Vale, te lo voy a preguntar solo una vez

y me encantaría que me dijeses la verdad.

Álvaro, ¿dónde estuviste la noche que se produjo el robo?

Salimos a tomar una copa los tres juntos.

¿Celebraban ustedes algo?

No, no especialmente.

¿Por?

Bueno, me sorprende.

Su hermano Ricky y usted regentan un local de copas

y que salieran en un día de diario, precisamente.

No fue nada planeado.

Supongo que los tres necesitábamos cambiar de decorado.

Las visitas de Gabriel nos trajeron muy malos recuerdos y mucha tensión.

Mucha tensión,

¿por los recuerdos?

A usted qué le parece.

Gabriel nos abandonó después de años de broncas y maltratos.

No esperábamos volver a verle.

Y mucho menos que viniese...

exigiéndonos dinero y amenazándonos para no contar nada a la policía.

Muy bien.

Volvamos a la noche de autos.

Me sorprende que decidieran ustedes salir,

precisamente esa noche.

Ya le dije que fue algo improvisado.

De que estaba muy dolido con Gabriel.

¿Y eso por qué?

Ricky es el pequeño

y no tiene tan malos recuerdos de él como nosotros.

Además... esos días tenía una especie

de síndrome de Estocolmo con su padre.

Hasta que esa tarde descubrió

que él le había robado dinero de la cartera.

Álvaro nos propuso que saliésemos a dar una vuelta para distraernos.

No podíamos dejar que Gabriel nos amargase la existencia.

Ya, y eso se tradujo en salir de copas.

Sí.

Dejé a Juan, el camarero del Moonlight, a cargo del pub.

Nosotros pues... salimos por ahí,

sin más.

¿Por ahí?

¿Por dónde?

Fuera del barrio.

Estuvimos en un garito que se llama: Las suertes.

-Fuera del barrio.

Estuvimos en un garito que se llama: Las suertes.

Después nos fuimos al Penguin

que también está en el centro.

¿Sobre qué hora fue eso?

Sobre las 3:00.

Pero nos dejaron terminarnos la copa, así que...

nos fuimos media hora después.

¿Y luego?

-De ahí nos fuimos a casa. -De ahí nos fuimos para casa.

-Cuando fui a apagar el móvil, antes de acostarme,

vi las llamadas perdidas.

Entrarían todas juntas al llegar a casa.

-Debieron saltarme todas juntas cuando llegué a casa.

El Penguin es un sótano y no tiene cobertura.

Pero Ricky debía estar muy dolorido, ¿no?

Y muy cojo, porque la mordedura de perro había sido muy reciente.

Me parece un poco aventurado que saliera

hasta la madrugada de copas.

Bueno, supongo que Ricky estaba un poquito anestesiado.

Habíamos bebido bastante y ya sabe que entre los muchos efectos

del alcohol está el de ser un analgésico.

Pues enhorabuena, la historia encaja perfectamente.

Sí. Exactamente igual que cuando les pregunté a toda la familia

por la reaparición de Gabriel Campos.

¿Entonces, inspectora? ¿Dónde está el problema?

En ningún sitio. Ese es el problema.

La versión de su hijo Luis no desmonta en absoluto mi teoría.

Si Gabriel Campos pudo extorsionarles

para conseguir dinero, también pudo hacerlo para convencerles

de que participaran en el robo del cajero.

Mi hijo Luis le ha contado la verdad.

Si eso no le basta a la policía, ese no es nuestro problema.

Elvira, le voy a insistir en lo que ya le dije.

Su hijo Ricky participó en los robos de los dos polideportivos,

pero en el robo del segundo le mordió el perro.

Eso le incapacitó para participar en el robo del cajero.

Gabriel Campos no quería renunciar al dinero del botín

y entonces tuvo que buscar en el caladero de la familia

para encontrar otro colaborador.

Inspectora, una cosa es lo que usted piense

y otra muy distinta lo que ocurrió de verdad. Yo comprendo que es

la vía más rápida para resolver el caso, pero hay cosas

que demuestran que usted se equivoca.

Ni Ricky fue mordido en el polideportivo,

como quedó demostrado, ni mis otros dos hijos participaron

en el robo del cajero.

Y si no les cree,

pregunte por ahí.

(SUSPIRA) Aún no he terminado.

Luis, quiero enseñarle una cosa.

¿Reconoce usted a la persona que conduce ese vehículo?

Sí. Es Gabriel Campos.

Muy bien.

¿Y a las otras dos personas que le acompañan?

No.

-Inspectora, no se ve nada. Podría ser cualquier cosa.

Vámonos, hijo.

Inspectora, ¿por qué le cuesta tanto creer que esa noche

mis hijos simplemente querían distraerse?

-Estos días hemos tenido que revivir el infierno

que ha sido nuestra infancia.

Ricky era demasiado pequeño como para acordarse, pero...

Luis y yo lo tenemos grabado a fuego.

Siento mucho que estemos en esta situación.

Solo cumplo con mi obligación e investigo para intentar dar

con los colaboradores de tu padre. Silvia.

¿Crees que después de todo lo que te he contado

sobre mi infancia yo colaboraría con ese cabrón?

Da igual lo que yo piense ahora mismo. Y la sospecha está ahí.

Todas estas explicaciones llegan tarde.

¿Te das cuenta que he tenido que sentarme e interrogarte

para enterarme de qué te ha estado pasando

todas estas semanas? Tienes toda la razón. Me equivoqué.

Pero si te digo la verdad,

desde que Gabriel se ha muerto me siento liberado.

Pero no ha sido fácil, Silvia.

No puedo.

¿Cómo haces para ponerte esta coraza?

Soy incapaz de hacer como si no hubiera pasado nada.

Pienso en ti todos los días.

Y en lo mucho que te echo de menos.

Y en las ganas que tengo de que volvamos a estar juntos.

Dime qué tengo que hacer y lo haré. No es tan fácil.

¿Por qué no, Silvia? ¿Tanto te cuesta ponerte en mi lugar?

¿Y a ti en el mío?

Confiaba en ti.

Y yo creía que todo lo que te quiero podría con todo.

Y no es así.

¿Por qué no? Tú misma lo acabas de decir.

Todavía me quieres.

¿Y de qué me sirve si ni siquiera puedo perdonarte?

La doctora Vico. Fondo a la izquierda, consulta 11.

-Nacha ha pasado a hacerse una cura.

-Hace un rato. -¿Cómo tiene el hombro?

-No ha cicatrizado porque no siguió las indicaciones.

-¿La has citado para una revisión?

¿La has citado para una revisión, Aitana?

-No, le he recordado que se ponga la pomada en caso de inflamación.

-¿Te pasa algo? Te veo preocupada.

-La boda. Cuanto más se acerca, más decisiones.

-Pues no sé si voy a serte de gran ayuda. ¿Es por el menú?

¿La música? ¿Las flores?

No sé. La lista de bodas.

La tarta. El discurso.

-Perdona, Antonio. Me estoy agobiando.

-Salí a buscarla corriendo, pero no la encontré

y lo que temo es que si la vieron salir sola de ese hotel,

la hayan podido secuestrar también.

-¿Y por qué piensas eso?

-Porque cuando ella habló con esos mexicanos por primera vez

por el teléfono de su hermana la amenazaron de muerte

si no entregaba esa cocaína.

-Pero ya tienen a Sandra secuestrada. Lo normal es que quieran a Maica

en la calle para presionarla y recuperar la droga.

-Ya sabes cómo va. -Si tienes razón, supongo

que me estoy volviendo un poco loco con todo este asunto.

Necesito sentirme útil, ayudar en algo.

-Ya, pero este no es exactamente el caso.

Temo que es la primera vez que el cártel de Jalisco

actúa en Europa. Por lo menos, no tenemos movimientos anteriores.

Y pensamos que Sandra sea mula pues puede ser el primer intento

de introducirse aquí en España.

-Tampoco me estás contando nada nuevo, Elías.

Más o menos todos los cárteles funcionan igual.

-¿Tú estás seguro? A ver, ilústrame.

¿Tú conoces algo de un tal Nemesio Oseguera Cervantes?

-Nemesio Ose...

-Es más conocido como el Mechu.

-No, no lo conozco, no sé quién es, Elías.

-Parece ser que este tipo hace tres años consiguió

que una organización novata

se escindiera de la matriz de Sinaloa.

Esa organización, ahora ya conocida como Jalisco,

es la más peligrosa de México. Están luchando todo el rato

con Sinaloa por el territorio. -Al grano. ¿Adónde quieres llegar?

-Pues no teníamos ni idea de nada, pero parece ser que se están

introduciendo aquí en Europa

y lo peor de todo es que no solo trafican con droga.

Trafican con armas y son especialistas en secuestros

y en hacer desaparecer a gente.

¿Alguna novedad?

No, ninguna. Sigo sin saber dónde está. Intentaba que estuviese

tranquila en el hotel mientras vosotros rastreabais

el teléfono de su hermana, pero tuvo que ponerse nerviosa y se fue.

Hemos localizado el móvil de Sandra. ¿Y?

No son buenas noticias. Hemos dado con la localización exacta,

pero era en una papelera a tres kilómetros del hospital.

¿Algún otro tipo de noticia? ¿Hay imágenes de las cámaras o algo?

No, Elías. Saben perfectamente lo que hacen.

Vamos, que seguimos sin tener nada.

-Bueno, todavía... Todavía nos queda una llamada. Tienen que localizar

a Maica para hacer el intercambio.

Sí, pero para eso nosotros tenemos que localizar a Maica.

Lo voy a volver a intentar, a ver si hubiese suerte.

Maica, cariño, soy yo. Mira, estoy aquí ahora mismo en la comisaría

con Elías y la inspectora Miralles y hay novedades sobre tu hermana.

Por favor, llámame, ¿vale? Venga, adiós. Lo siento mucho,

pero no puedo quedarme aquí sin hacer nada. Tengo que seguir buscándola.

-Ojo. -Que sí, hombre, Elías, tranquilo.

-En fin. Voy a informar a las patrullas

para que estén atentas.

Dame el número de teléfono de Maica a ver si Ángela la puede localizar.

La única posibilidad de esa chica de que no la despedacen

es que Maica colabora. Lo hará.

¿Por qué estás tan seguro?

Quintero siempre consigue lo que se propone.

Me lo llevo, venga.

Merche, ¿buscas a alguien?

-A Aitana. Había quedado en tomar un café con ella.

-A lo mejor está al llegar. Yo no la he visto.

-A lo mejor se le ha olvidado, que es capaz.

-O ha tenido algo urgente en el centro de salud.

-O muchos pájaros en la cabeza.

-Menos mal que Felipe y yo nos encargamos de cerrar

el tema de la boda. Si esperamos a que los cierre ella...

-Entiende también que entre el jaleo de la boda y que tiene trabajo nuevo,

la chavala va despistada.

-Por un despiste casi perdemos la reserva del restaurante.

-Se le olvidó pagar la señal y esta mañana recibí el "mail"

de cancelación. Menos mal que lo arreglé. Casi me da un ataque.

-Bueno, paciencia con ella. Mira, ahí la tienes.

-Hola. -Buenas.

-Hola, hija. -¿Qué os pongo?

-Un café con hielo. -Otro para mí.

-Venga, ahora mismo.

-¿Estás bien?

Te veo pálida.

¿Has discutido con Felipe?

-¿Por qué iba a discutir con él?

-Pues porque como le he tenido que llamar para avisarle

de que no habías pagado la señal del restaurante...

-Ya estabas tardando en sacar el tema.

-A ver, Aitana, yo sé que piensas que me estoy metiendo demasiado

en lo de la boda, pero me da pena tu novio.

Se encarga de todo. -Pena por él y a mí que me den.

-¿Por qué dices eso? -Nada, déjalo.

-Lo único que digo es que tu novio se encarga de todo y me da pena.

-Estoy pensando en cancelarlo.

Pero ¿tú sabes lo que nos va a costar encontrar un restaurante

a estas alturas? Si no has probado el menú, dale una oportunidad.

-No hablo del restaurante. Hablo de suspender la boda.

No sé adónde va todo esto. Simplemente, no lo tengo claro.

-¿Cómo que no sabes adónde va todo esto? Si estáis viviendo juntos

y os va fenomenal. Felipe está enamoradísimo de ti.

-El problema es que yo ya no sé si me quiero casar.

-Chicas, el café.

-Aitana, no te asustes.

Todas las novias hemos pasado por momentos así.

Nervios, insomnio, dudas...

-¿Estás diciendo que a ti te pasó? -Dos semanas antes de la boda.

Me dio un ataque de ansiedad que creía que me moría.

Me aterraba lo de "hasta que la muerte os separe".

El miedo al compromiso.

-¿Y cómo supiste que al final querías dar ese paso?

-Porque yo era feliz con tu padre. Estaba bien con él

y si era feliz antes de casarme, pues no era lógico pensar

que no iba a serlo después. -Mira cómo te salió.

-No digas eso.

-Lo que pasa es que yo ni siquiera sé si soy feliz con Felipe.

-Pero ¿cómo que no sabes si eres feliz con Felipe?

-Lo siento, ahora no puedo.

-Nunca había pensado la de cosas guapas que tenéis aquí.

-Deja eso, Rafa, por favor. -Tranquilo, no me lo voy a llevar.

-Podrías andarte con ojo con la policía

porque ya me han preguntado por ti.

-Pero tú que eres buen chaval les habrás dado largas, ¿no?

-Lo único que digo es que no te des paseítos por aquí.

-Yo solo digo que no me voy a ir hasta que no me devuelvas

lo de la joyería.

-Rafa, ¿cómo tengo que decirte que yo no lo tengo?

-Pues a lo mejor no tienes ese dinero,

pero aquí hay pasta de sobra para saldar la deuda,

así que si me quieres perder de vista, abre la caja.

-Mira, Rafa.

Debes de estar loco si piensas que voy a robar a Damián.

-No vas a robar a nadie. Aquí el que va a robar soy yo, ¿eh?

Así que tú abres la caja, yo trinco la pasta y me largo.

-No voy a traicionarle.

-¿Me hablas tú de traición, Boli?

Te recuerdo que me diste una puñalada trapera.

-Te recuerdo que fui yo quien entró en el trullo.

-Pues allá tú con tu conciencia.

-La tengo muy tranquila porque solo le rindo cuentas a Dios.

-Estoy hasta los huevos del rollo beato que te llevas.

Que si Dios "pa'quí", Dios "pa'llá". ¿Qué va a hacer Dios?

¿Va a evitar que reviente la ferretería?

-¿Por qué vas a reventar la ferretería? ¿Por qué?

La violencia no ayuda a nada.

Escúchame.

La violencia no es la resolución.

-A mí la Biblia... -Mira, eres patético, Boli.

Pero para demostrarte que no soy un miserable ni un monstruo,

mañana el Boli y el Rafita van a dar

un palo a una gasolinera, ¿eh? Como en los viejos tiempos.

Y no acepto un no por respuesta.

(Timbre)

Qué bien que estás aquí.

-Voy para el gimnasio. ¿Necesitas algo?

-¿Tienes un momento para hablar conmigo?

-Sí. ¿Por? ¿Qué pasa?

-No sé ni por dónde empezar. Estoy muy preocupada por Aitana.

-¿Aitana?

-No entiendo nada de lo que pasa. -¿Qué le pasa?

-Pues dice que quiere cancelar la boda.

¿Tú sabías algo de esto?

-¿Yo? No. No, ¿por qué tendría por qué saberlo?

-No entiendo lo que está pasando. Toda la vida a su lado

y tengo la sensación de que no la conozco de nada.

Dice que no sabe, ahora no sabe si Felipe va a hacerla feliz.

-No sé qué decirte, Merche, de verdad.

-¿Tú sabes si han discutido o...? ¿Te ha dicho algo de esto?

-No. Me gustaría ayudarte, pero es que no sé nada.

-Perdona que insista tanto, pero como te llevas tan bien

con ella... Pensé que a lo mejor te dijo algo. A mí no me cuenta nada.

Tengo que sacarle todo con sacacorchos.

¿Sabes si le gusta algún chico?

-Pues no. Es que tampoco hemos hablado mucho de esas cosas,

sinceramente. No sé, hemos hablado del curro, del centro de salud,

de la comisaría...

Pero de nada personal. Es normal, de todas formas,

que le esté pasando esto con los preparativos de la boda.

Tú también te agobiaste.

-Sí. Y sé lo mal que se pasa. Por eso no quiero que se agobie.

-Dale tiempo.

-Espero que no sea nada serio.

En mi familia somos tan introvertidos...

Y encima la única persona que podría ayudarme

está a 1000 km de aquí.

-¿Lo dices por el comisario?

-Le llamaría, pero es que no quiero agobiarle con este tema.

Desde allí tampoco puede ayudarme. -Con el tiempo todo se arreglará.

-Si lo que no tenemos es tiempo. No sé qué hacer, Nacha.

-Pues esperar.

-Pero ¿esperar a qué?

-A que Aitana se anime a contarte qué es lo que le pasa.

Sea lo que sea, es mejor que lo pase antes de la boda y no después.

(Móvil)

Es Felipe.

¿Le habrá dicho algo?

-Pues no sé. Bueno, yo me tengo que ir porque si no,

no llegaré a clase. Siento no haberte ayudado.

-Claro. -Adiós, Merche.

-Está congelada, tío. -Evidentemente.

-Muy bien. Muy bien, Paquito, sí. Muchas gracias.

Ya te enviaremos la botella.

Tienes mi palabra. Venga, hasta luego.

-¿Qué ha dicho? -¿Ha ido bien?

-Según lo previsto. Dice que la policía se ha presentado

para preguntarle sobre vuestra declaración

y él ha corroborado que estuvisteis los tres juntos en el Penguin.

Me ha dicho que se lo tragaron.

-Con este han terminado ya la ronda de testigos.

-Sí. Este nos va a salir más caro de lo previsto.

Ha tenido que hacer virguerías con las grabaciones

de la cámara de seguridad del local.

-Pues ya podemos respirar tranquilos, ¿no?

-Tendremos que ser prudentes hasta que pase una buena temporada.

-Pero podremos pedir comida a domicilio, ¿no?

Porque eso es lo normal.

-Eso sí.

Lo que no hay que ser es ostentosos.

-Entonces, ¿qué es lo que queréis? No sé, ¿qué es lo que podemos pedir?

-Ricky, ¿no te habrás comprado algo ya?

-¿Yo? ¿Qué me voy a comprar, mamá?

-Ricky...

-Mamá, de verdad, que no. Que no me he comprado nada.

-A ver, entonces ¿japo o chino? -Japo.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Oye, llegas a punto para pedir comida a domicilio. ¿Qué quieres?

-No tengo hambre.

-Venga, alegra esa cara, que el plan de mamá ha salido perfecto.

-Paso. -Estamos libres de toda sospecha.

-Me alegro mucho, sobre todo por ti y por toda mi familia.

-Déjale tranquilo que a este no hay quien le aguante.

-Pues a lo mejor no hay quien me aguante, tienes razón.

Pero estoy quemado, tío. Y sobre todo de ser un Soler.

He perdido a Silvia para siempre y no tengo ganas de celebrar nada.

Y menos con vosotros.

(RESOPLA)

-Y tú, ¿qué? ¿No le vas a decir nada?

-Ricky, es normal que esté así.

No puede ver que le he librado de la cárcel.

Yo he hecho lo que tenía que hacer.

Sin esperar nada a cambio.

-Bueno, pues vamos a ocuparnos de lo que importa.

¿Japo entonces? Venga.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta el tinto? ¿O es que está muy fuerte para ti?

-No, está bien.

Te ha quedado un poquito aguado, pero está bien. (RÍE)

-Y entonces, ¿qué te pasa?

(SUSPIRA) -No sé, es una chorrada en verdad, pero es como que...

después de todo el subidón del desahucio y todo,

como que echo de menos la acción. -Ah, ¿sí?

-Sí. -Pues yo he guardado las cadenas

por ahí, así que me puedo encadenar...

¿Al grifo de cerveza? -Pues estaría bien.

Pero yo creo que en lo más interesante

volvería Miralles.

Y sería raro. (RÍE) -Eres más tonto...

-¡Hola!

-¿Qué tal? -¡Hola!

-Llego tardísimo, lo sé. -Ni te preocupes. Mira,

María me ha dejado...

esto por aquí. El pisto, filete de pollo empanado

y ha insistido en que meta también un poco de arroz,

para que los niños lo coman mejor. -Gracias.

Pero esta será la última entrega.

-Que no te preocupes. Si María y yo estamos encantadas.

-Lo sé.

Estoy tan contenta que no sé ni por dónde empezar.

Mañana me mudo.

-¿En serio? ¿Has encontrado casa ya?

-Un vecino ha estado siguiendo las noticias desde el extranjero

y se ha puesto en contacto con la asociación y...

Que me va a prestar su casa.

Está trabajando en Alemania y... hasta dentro de seis meses no vuelve.

-Pero, Ana, ¡eso es genial! ¡Dios!

Me flipa tanto cuando la peña hace cosas así, en plan por la cara.

-Es algo temporal,

hasta que el abogado encuentre una vivienda social.

Pero estoy feliz.

-Ana, de verdad, cuánto me alegro. ¿Los niños lo saben ya?

-¡Qué va! No me ha dado tiempo, vengo de una entrevista de trabajo.

-¿La clínica dental que te dijo María?

-No, no, esa la tengo mañana.

Ha sido a través del profe de educación física del cole.

Es una vacante de limpiadora en el nuevo módulo infantil.

-Jo, es maravilloso, Ana.

-Bueno, así al menos entra algo en casa.

Son un par de horas, pero por algo se empieza.

-Totalmente, qué bien. De verdad, Ana.

Me alegro tanto de que todo se haya puesto en su sitio.

-Y pensar que a principio de semana

me veía en la calle con una mano delante y otra detrás.

Todo el mundo se ha volcado con nosotros.

No, no... Nunca me imaginé

que el vecindario iba a ser tan generoso.

Es... como si nos hubiera tocado la lotería.

Y tú... has contribuido mucho. -Bueno, yo y Paty y todos.

-Los niños me han dicho que te dé esto.

-Un dibujo. (RÍE) -(RÍE)

-¿En serio? -¡Qué lindos!

-Pero ¡hay un montón de gente! ¿Esta soy yo?

-Sí. (RÍE) -(RÍE)

-Y este supongo que soy yo, el del gorrito.

(RÍE)

-Dales un beso enorme y diles que me ha encantado el dibujo.

Y que lo voy a poner en mi nevera. -De acuerdo.

(SUSURRA) -Adiós.

-Mucha suerte, Ana. -Chao.

-¡Qué monos! -Me han puesto "to" feo en realidad.

Pero ¿este ojo?

Tengo uno más grande que el otro. ¿Eso por qué?

-Tú piensa que el uniforme de policía te queda superbién y con eso ya vale.

-¿Tú me estás vacilando a mí? O ¿qué te pasa?

-Que no, que estás muy guapo, hombre. -(RÍE)

-Tienes los ojos normales, de verdad.

-No has probado bocado.

Si hemos pedido curri es porque te gustaba, ¿no?

Ya, bueno.

Ahora lo único que me apetece es un vaso de leche y... magdalenas.

Llevas toda la semana comiendo lo mismo. ¿No te cansas?

Pues no.

Es lo que me pide el cuerpo y yo creo que me sienta bien.

Eso es por el azúcar, que cuando estamos tristes

o estresados, el cuerpo demanda recompensas para sentirnos mejor.

Pues entonces, voy a pillar doble de magdalenas.

Porque ha sido un día de mierda.

Yo creo que por ahí hay unas galletas de chocolate escondidas.

Por si te apetece cambiar.

Y ¿crees que las galletas van a hacerme olvidar

que tengo que volver a interrogar a mi novio?

O exnovio o como se llame.

Ah, pues no me he enterado de nada. Es que en los descansos

me escondía para estudiar las oposiciones. ¿Hay novedades?

No me lo puedo creer. Debes ser la única persona

que no se ha enterado de las imágenes de Ángela.

¿Qué imágenes?

Gabriel Campos conduciendo el todoterreno.

El día del robo del cajero.

Y ¿has interrogado a Álvaro?

¿Sabes si hay sospechas de que haya colaborado?

Las imágenes que ha encontrado Ángela

son de Gabriel Campos conduciendo el todoterreno.

Pero es que en las de la noche del robo se ve a tres figuras.

No se pueden identificar, pero la hipótesis

es que son Luis y Álvaro

colaborando con su padre en el robo.

¿Y él qué te ha dicho?

Pues ¿qué me va a decir? Lo ha negado todo.

Y, al parecer, tiene coartada, así que...

¿Pero?

No sé, algo se ha roto dentro de mí.

Me ha contado cosas horribles de su infancia

y yo he vivido con un maltratador, sé lo que es.

Y aun así, he sido incapaz de darle un abrazo o...

O decirle algo que le reconfortase.

Que tu pareja sea sospechoso de un crimen

es algo difícil de digerir. Ya.

Pero me he quedado ahí...

plantada, sin decir nada. Como una piedra.

Desconfiando del hombre que amo, ¿sabes?

Si ha demostrado su inocencia, quizá deberías darle otra oportunidad.

Él quiere que sigamos, pero...

mi cuerpo lo tiene claro. Mi cuerpo dice que no.

Ya.

Es que a veces me gustaría no ser tan fría, ¿sabes?

Tú no eres fría.

Simplemente te proteges.

Confiaste en él y te defraudó.

Vuestra relación ha sido una historia cargada de terceras personas,

de medias verdades... Es normal que reaccionaras así.

Qué bien se ve todo desde fuera.

¿Desde fuera? ¿En serio me lo dices?

Yo he sido la persona más ciega del mundo.

Es que pensaba que...

que si pasábamos unos días sin vernos,

cuando lo tuviese delante sabría... qué siento.

Y lo único que siento es vacío.

Ah, claro, ahora lo entiendo todo. Y por eso lo llenas así,

atiborrándote de magdalenas.

(RÍE)

Tú lo que necesitas es un dramón de los que desatascan los lacrimales.

A ver, elige.

Enfermedades, superación personal, amores imposibles...

Es o eso, o Hugh Grant en vena. Tú dirás.

Vale, no, no, no. (DUDA)

Lo de los lacrimales.

Dramón desatascador. (RÍE)

(SUSPIRA)

-Aquí tiene. -A ver, Marisa,

no sé qué demonios es esto ahora mismo,

pero da igual. Déjalo y ya le echaré un vistazo luego

porque no tengo cabeza para revisarlo.

Por cierto, es un poco tarde ya. Deberías irte a casa a descansar.

Hasta mañana, adiós.

(SUSPIRA)

Maica, por Dios, ¿por qué no me respondes?

¿Por qué no contestas a mis llamadas? No sé cuántos mensajes he dejado.

Necesito saber dónde estás.

No sé si te ha pasado algo, estoy muy preocupado. Por favor, llámame.

¡Gracias a Dios! ¡Maica, mi vida!

¿Se puede saber dónde estabas, cariño? Me tenías...

me tenías muy preocupado. ¿Te ha pasado algo?

(LLORA) -Unos policías de paisano me han localizado

y les he pedido que me trajeran aquí.

-Estás temblando, cariño. Por favor, siéntate. Ven, siéntate aquí, anda.

¿Se puede saber qué ha pasado, cielo?

¿Por qué has desaparecido? Te he buscado por todas partes.

(LLORA) -Ni siquiera he sabido hacer algo tan sencillo como esconderme.

-Esconderte ¿de qué? (LLORA) -Siento miedo,

culpa, vergüenza, tengo como...

De verdad, me angustié en tu hotel y me tuve que ir para estar sola

y pensar.

-Y a culpabilizarte un poco también, ¿verdad?

-Supongo.

-Cariño, tú no te puedes seguir castigando

por las malas decisiones que tu hermana tome en su vida.

-Es que no sé cómo no me di cuenta.

Yo pensaba que... que estaba bien para volar sola,

que estaba rehabilitada, pero... me equivoqué.

Tengo miedo, Fernando. -Lo sé, cariño, pero yo estoy aquí.

Contigo. Y no te voy a dejar sola ni un momento.

Solo te pido una cosa y te la pido por favor.

No vuelvas a desaparecer otra vez, ¿vale?

-No sé. Yo solo sé que quiero salvarla.

Salvarla. ¡Mi niñita!

-Y lo vas a hacer, cariño. Porque yo te voy a ayudar.

¿Me oyes? Yo te voy a ayudar. Tú vas a salvar a tu hermana

como cuando me decías que lo hacías cuando erais pequeñas.

¿Eh? Pero escúchame. Solo te voy a pedir una cosa.

No vuelvas a desaparecer más, ¿vale? Yo voy a estar a tu lado,

no te voy a dejar sola ni un momento porque tú necesitas estar tranquila

y relajada cuando esos mexicanos llamen por teléfono.

En cuanto tengan localizada la llamada y sepan dónde está,

las fuerzas especiales entrarán y la rescatarán. Ya está.

-¿Van a entregar la droga?

-Sí. Sí que van a entregar la droga. Claro que sí.

Claro que sí.

-Ojalá te cojan.

-Aunque a lo mejor me tienes que dar un último empujoncillo.

Es que me han dicho que, a lo mejor, necesitan referencias mías.

Les he dado tu teléfono. No el móvil, sino el de la ferretería.

A lo mejor te llaman y bueno, tú ya... pues les dices lo que...

-Lo que quieras. -Que sí, que sí. Ningún problema.

-¿En qué puedo atenderte? -Pues estaba buscando a Fede,

he tenido un problema informático y bueno,

supongo que él me puede ayudar. -¿Fede?

-¿No me digas que no trabaja en esta comisaría ya?

-El inspector Alarcón murió hace un par de meses.

-Efectivamente, Adrián Bolaños lleva trabajando aquí varias semanas.

¿Que si es bueno?

Pues no.

-Tengo un problema con la tarjeta.

Me están cargando un montón de cosas carísimas que no he pagado.

-¿Y la has cancelado? -Sí, sí. Es lo primero que he hecho.

Pero el banco me dice que tengo que denunciar

para intentar reclamar el dinero.

-¿La usaste en tus viajes? -Sí.

-¿Dónde? -En Camboya, China, Japón, Tailandia.

-Pues lo más probable es que te la clonaran en China.

-Tienes ojeras, ¿has dormido bien? -Tenía mucho en lo que pensar.

He estado comiéndome la cabeza hasta muy tarde, sí.

-Pues ya somos dos.

-Ya te vale, mamá, que la que se casa soy yo.

-¿En serio no sientes ningún conflicto contigo misma?

Solo te atreves a ser tú misma por ahí en los bares clandestinamente

y besando a una chica cuando vas a casarte.

¿Esa es la vida que quieres llevar? -Lo de la otra noche fue puntual.

-Vale, muy bien. Pues entonces, vamos a dejarlo en que...

lo del otro día fue un impulso que tuviste causado por dos cervezas.

-Eso es. Vamos a hacer como que no pasó.

-"Ya te lo dije, necesito dar el palo a la gasolinera hoy."

-Vamos a ver, no entiendes que estoy en el tercer grado, no puedo hacerlo.

-"Lo voy a hacer hoy y contigo. Así que trae el material."

-"¿Qué material?"

-La gasolinera esta tiene una caja fuerte de las pequeñas.

Nada, va a ser fácil reventarla.

"Traes el taladro y un par de palanquetas. Yo cojo el cuchillo."

-¿A qué hora habéis quedado?

-A las 16:00.

¿Me puedo ausentar a esa hora?

Necesitamos que haga dos cosas.

La primera,

que intente alargar el máximo posible la conversación

para que podamos localizarlo.

No... no sé cómo voy a hacerlo, pero lo entiendo. Y ¿la segunda?

Necesitamos que les pida una prueba de vida de su hermana.

¿Cómo va el secuestro? ¿Cómo lo lleváis?

-Pues de momento no tenemos novedades.

Dijeron que llamarían a las 16:00, ojalá cumplan.

-A ver si a través de ella encontramos a esos capullos.

-Pasan de las 16:00, estarán a punto de llamar.

-Paciencia. Puede que llamen ahora o puede que no y llamen mañana.

Quieren jugar con nosotros. -¡Queréis callar!

Me estáis poniendo nerviosa. -Llamarán.

(Teléfono)

¿Qué pasa?

-Va a entrar una llamada, número oculto. Son ellos.

-¿Sabes lo que hacer?

-Tranquila, vas a hacerlo bien. -Sí, sí, venga.

-Silencio.

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Servir y proteger - Capítulo 544

01 jul 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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