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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 512 - ver ahora
Transcripción completa

(GOLPES)

¡Ay!

-Sara, ¿qué estás haciendo aquí?

Lo siento, la he cagado, pero bien. -Tus disculpas no nos sirven de nada.

-Yo sé lo que vi, y eso era un ajuste de cuentas.

-Lo que acabas de hacer a Sara se llama extorsión.

-Si la mamá no hace nada,

lo que nos espera a nosotros se llama cárcel.

-Es evidente que necesito cubrir el puesto de secretaria.

Ahora mismo esta oficina es un caos,

pero también es cierto que no tienes ninguna experiencia.

Déjame pensarlo un par de días y ya te digo algo.

-Claudia...

estoy embarazada de Pablo.

Manipuló mis anticonceptivos cuando estábamos saliendo.

Fui a la cárcel a decirle que no iba a tener ese hijo,

y por eso huyó...

e intentó matarme.

-"¿Quintero?"

-Sí, soy yo. -"Si quieres seguir vivo,

abandona la política".

-¿Qué?

-Informaré a la cúpula del partido.

Pero tendrás que aportarnos toda la información

sobre tus trapos sucios.

-Aquí tienes lo que habíamos hablado, y llevas 100 euros más de propina.

Y ahora lárgate.

Espera un momento...

Si alguien te pregunta por mí, tú a mí no me conoces, ¿estamos?

Venga.

Adiós.

Vamos a ver qué secretitos guardas en este teléfono.

-Acabo de hablar con Labarca, que está ahora en la UIT

y ha estado mirando lo tuyo y no ha encontrado nada.

-Sea quien sea el que esté haciendo todo esto

sabe muy bien lo que se trae entre manos.

-Hay una banda que roba teléfonos a las tiendas de móviles del centro,

y me he enterado de que hoy

los van a pasar a un tipo que luego los vende en locutorios,

y ahí es donde entraríais vosotros.

-Tenemos que robar a los ladrones. -Exacto.

-¡De rodillas!

¡No me mires!

(Música emocionante)

¿Y tú cómo estás, Ángeles?

Bueno, pues mucho ánimo.

Que sí, mujer, que sí puedes.

Ya verás como sí.

Yo estoy bien, te lo prometo.

Seguro que Fede no querría que nos vengamos abajo.

Claro que sí, me puedes llamar cuando lo necesites.

Siempre que quiera yo estoy aquí, bonita.

Un beso. Ánimo.

Venga.

Chao, chao.

¿La madre de Fede?

Sí, es que me llama de vez en cuando.

Me dio una pena ver a sus padres en el entierro.

¿Cómo están?

Pues como se puede estar

después de perder un hijo y en esas circunstancias, imagínate.

No te has cambiado todavía. ¿No venías conmigo a comisaría?

No, me voy a quedar en casa. ¿Y eso?

Porque no puedo, Silvia, es superior a mis fuerzas,

no puedo, ayer fue horrible. ¿Por qué?

Porque todo el mundo me preguntaba que cómo estaba.

Es normal, se preocupan por ti, te aprecian.

Ya, pero fue agobiante.

Además, yo lo pagué con Paty y con María,

y no tienen culpa de nada las pobres.

Ellas no te lo van a tener en cuenta.

Saben que tú estás con las emociones a flor de piel.

Por eso mismo no debería ir a trabajar.

No necesito que me recuerden la desgracia que he vivido.

Tú eres más fuerte que eso. ¡Que no soy fuerte, joder!

Todo el mundo igual, que no soy fuerte.

Y tampoco es verdad que reincorporándome

me vaya a olvidar de todo lo que ha pasado,

y mi mente vaya a estar ocupada y sea más feliz.

Pues yo sí creo que te vendría bien sentirte útil.

Es que...

en comisaría todo me recuerda a Fede.

Ayer...

cuando me asomé a la UIT y no lo vi allí...

me temblaban las piernas, y...

Y está la UFAM también. ¿Qué pasa con la UFAM?

Me angustia tener que tratar con mujeres maltratadas

que están en manos de psicópatas

y que tienen relaciones con gente que abusa de ellas

como han hecho conmigo.

Precisamente, son esas mujeres las que te necesitan.

No soy imprescindible.

Está Ramírez y Toni le ayuda. Fin.

Pero yo no conozco a nadie

que llegue al corazón de las víctimas como lo haces tú.

Es que...

me gustaría...

cerrar los ojos

y dormir,

y al despertar ver que todo ha sido un sueño

y que...

Fede sigue estando aquí, a mi lado.

Pues imagínate qué te diría él si estuviese a tu lado.

Te animaría.

Te haría reír.

Sí, pero no está.

No está y esto no es un sueño, es la realidad,

la mierda de realidad que me ha tocado vivir.

Te entiendo.

Te entiendo mejor de lo que imaginas.

¿Por qué lo dices?

Un novio de mi madre me estuvo maltratando cuando era adolescente.

¿De verdad?

No suelo hablar de ello porque...

fue muy duro y yo solo era una cría. ¿Y qué te hacía?

Me humillaba,

me insultaba y castigaba siempre que podía.

Me pegaba. ¿Y tu madre qué hacía?

Miraba para otro lado.

Así que durante años

me pasé épocas siendo una rebelde y otras...

convertida en una zombi sin ganas de vivir.

Ay, qué horror.

Ojalá entonces hubiera existido la UFAM,

y alguien como tú para dar apoyo y consolar.

Porque se está muy solo en ese infierno.

¿Ni siquiera tu madre?

Pero yo he salido adelante,

y me hice policía para luchar contra las injusticias.

Cogí todo ese dolor y lo convertí en algo bueno,

en mi mejor arma.

Has sido muy valiente.

Espe, no pueden con nosotras.

Somos fuertes.

Y hay un montón de personas ahí fuera

que están pasando lo que nosotras hemos vivido,

y es por ellas por las que nos sobreponemos

y seguimos trabajando.

Ven aquí, dame un abrazo.

Ay...

Venga, que me cambio ahora mismo y voy contigo.

¿Sí? Sí.

No puedo seguir aquí regodeándome en mi dolor

cuando otras personas están sufriendo

y necesitan nuestra ayuda. Cinco minutos.

Tres.

¡Cómo estaba el mercado!

Madre mía, menos mal que Candela me ha hecho el favor

y me ha colado, si no seguiría ahí.

Y me ha hecho precio en el bacalao, es supermaja.

María.

¡María! -¿Qué?

¿Qué pasa? -Pues pasa

que el mercado está petado que por eso he llegado tan tarde,

que Candela me ha hecho el favor y me ha colado en el puesto,

que me ha dejado a buen precio el bacalao...

Todo eso ha pasado. -Muy maja la tía.

-Majísima. Sabes que te lo acabo de contar, ¿verdad?

-¿A mí?

-¿Se puede saber qué te pasa, que ayer estabas por los suelos

y hoy estás flotando entre nubes?

-No me pasa nada. Ni ayer estaba por el suelo,

ni hoy estoy levitando.

-María, que nos conocemos.

Tú volviste de París hecha polvo, y hoy estás radiante.

-Qué bien me conoces, "jodía".

-Empieza a hablar ya.

-A ver...

Es verdad que llegué de París un poco tristona.

La boda me removió, ver a Elías y a Raquel tan felices...

A pesar de que están separados, pero tan felices con su hijo,

tan orgullosos de él...

Me dio por pensar en lo que me había perdido.

Por no ser madre me refiero.

-María, no se necesita tener hijos para tener la felicidad.

-Ya lo sé, pero no puedo evitar a veces pensar que me falta algo.

-¿Te falta el qué?

Si tú eres una mujer fuerte, valiente, luchadora...

Es verdad, has conseguido montar este negocio tú sola.

Tienes suerte con tus amigos, las amistades,

en las relaciones...

-Que sí, nena, a veces me rayo. Yo qué sé.

Pero ayer Elías estuvo encantador conmigo, me subió la moral.

-Ah, ¿sí? ¿Te subió la moral? -Qué tonta eres.

Yo qué sé, que se lo conté y...

Por qué me sentía así y estuvo supertierno conmigo.

Me dijo que él haría lo que fuera

para que yo fuera feliz en esta vida.

-¿Incluso tener hijos?

-Yo le dije que a estas alturas no me veo con un bebé en brazos.

Eso lo dejo para gente joven como tú.

-Oh, quita, quita, me voy a meter la compra mejor.

-Pues no te creas,

ese es uno de los principales problemas de España,

que no nacen críos y la población cada vez está más envejecida.

-Claro, ahora voy a tener yo la culpa de que la población esté envejecida.

-Yo no he dicho eso.

Digo que si quisieras perpetuar la especie tendrías con quién.

-Ah, ¿sí? (MARÍA ASIENTE)

¿Con quién? Dime.

-¿Te lo voy a tener que decir yo? (PATY ASIENTE)

A ver, por aquí hay un policía de Carabanchel

que está todo el día rondando como una abeja encima de la flor.

-Y te recuerdo que esa abejita una vez se confundió de flor.

-Mujer, no le eches más sal al asunto,

que eso pasó hace un siglo.

Además el crío es majísimo,

más fantasma que Casper, pero majísimo.

-Mira, deja de liarme, María.

-Igual que tú me conoces bien a mí, yo te conozco a ti,

y sé que sigues colada por él, Paty.

-Pues sí, pero yo no quiero volver a pegármela otra vez,

y menos ahora que estamos bien y somos amigos.

-Ya, nena, pero a veces en esta vida

es preferible arrepentirse de haber hecho algo,

que de haberte quedado de brazos cruzados.

Solo te digo eso.

-Buenos días.

-¿En qué puedo ayudarla?

-¿Hay algún departamento para víctimas de violencia de género?

-Sí, la UFAM. La oficial Beltrán está al cargo.

¿Cómo se llama usted? -Begoña Quesada.

-Acompáñeme, por favor.

-Vale, me pongo a actualizar las fichas.

-Espe, ¿puedes atender a esta señora? -Sí, claro.

-Te dejo en manos de la oficial Beltrán.

-Encantada. Puede llamarme Espe. ¿Te quieres sentar?

Él es el agente Ríos, trabaja también en la UFAM.

Tranquila, todo lo que digas es confidencial,

pero si te sientes más cómoda le podemos pedir que se retire.

-No, no, es poca cosa.

-¿De qué se trata?

-Vengo a pedir un poco de información.

-Muy bien, nosotros estamos para informar.

Además, no vamos a hacer nada sin tu consentimiento.

Estás casada, ¿no?

¿Y ha ocurrido algo con tu marido?

-Sí, Aitor y yo tuvimos una discusión un poco fuerte anoche.

Gritamos y eso.

-¿Y además de los gritos hubo alguna otra manifestación de violencia?

-Aitor me encerró en el cuarto de baño

y me tuvo allí durante varias horas.

-¿Te encerró en el baño toda la noche?

-No, toda la noche no, solo durante unas horas.

Al amanecer él ya no estaba y yo pude salir.

Pero no sé si eso se considera agresión o no.

-Begoña, dime una cosa,

¿Aitor ha sido agresivo en otras ocasiones?

-Encerrarme en el baño es la primera vez que lo hace.

-¿Y discusiones subidas de tono?

(BEGOÑA ASIENTE)

¿Y tienes miedo cuando ocurre esto?

¿Siempre ha sido así,

o ha ocurrido algo que ha deteriorado vuestra relación?

-Bueno, nuestro matrimonio está prácticamente roto,

y hace un par de semanas le pedí el divorcio,

y eso ha hecho que se vuelva un poco más agresivo.

-¿Te ha levantado la mano en alguna ocasión?

-Levantarla sí, pero sin llegar a pegarme.

Antes de hacerlo golpea lo primero que encuentra.

-¿Rompe cosas? -Sí, ha roto alguna cosa.

Lo último fue un armario de la cocina.

-¿Tenéis hijos? -Sí, dos:

Susi y Tito, de cuatro y seis años.

La verdad es que son un cielo.

-¿Aitor ha sido violento en alguna ocasión con ellos?

-No, no, jamás, Aitor adora a sus hijos,

jamás les haría daño.

-¿Estaban en casa anoche cuando te encerró en el baño?

-No, están pasando unos días en casa de mis padres.

Los he mandado allí porque la situación está un poco enrarecida.

-Begoña, aunque Aitor nunca te haya puesto una mano encima,

esas reacciones agresivas y la privación de libertad,

son violencia de género y deberías protegerte.

-¿Cómo?

-Denunciándole, antes de que la cosa vaya a más.

-¿Y si le denuncio qué le pasaría?

-Tendríamos que investigarle,

y si conseguimos pruebas pasaría a disposición judicial.

-¿Lo detendríais? -Eso es,

y el juez tomaría medidas cautelares.

-No quiero que vaya a la cárcel, es el padre de mis hijos, no.

-Bueno, según lo que me cuentas

no creo que ningún juez lo mande a la cárcel,

pero sí que dictaría una orden de alejamiento para protegerte.

-¿Cómo voy a denunciar a mi marido?

-Bueno, no tengas miedo, nosotros estamos para protegerte.

-Me he precipitado, mi marido no es un maltratador,

tiene arrebatos de genio, pero se le pasa, de verdad.

Lo siento. Muchas gracias.

-Espera, por favor, no hemos terminado de hablar.

-Yo sí. Gracias por todo.

-Guau, testimonio duro.

-Pues vete acostumbrando.

-Hola, Sara. -Hola, María.

-¿Qué te pongo? -Un café solo, por favor.

-¿Y de comer no quieres nada? -No, gracias, ya he desayunado.

-¿Y cómo tú por aquí tan temprano?

Yo pensaba que los camareros de pub dormíais toda la mañana.

-No, yo soy de dormir poco.

Me levanto a las nueve de la mañana aunque me acueste tarde.

-Bueno, me he enterado que eres una estrella de la canción,

que el otro día diste un concierto en el Moonlight.

-¿Quién te lo ha dicho? -Hija, esto es el FBI del barrio.

Pues la gente que vino comentándolo.

-La gente exagera mucho.

-La próxima vez que des un concierto avisa para ir a verte.

-Yo no doy conciertos, María, y...

menos en el pub, ya no trabajo allí.

-¿Qué me dices?

Pero si tú eres el alma de ese pub, que me lo han dicho.

-El Moonlight no tiene alma.

-¿Qué ha pasado?

-Pasar nada, simplemente que...

Quiero vivir una etapa nueva en mi vida,

y ya me he cansado de trabajar de noche.

-La verdad, si ser camarera ya es esclavo,

por la noche no me quiero ni imaginar.

Entonces, ¿estás buscando curro? -Sí, estoy dando voces por el barrio.

De hecho, tengo aquí unos currículum.

-A mí no me lo des porque yo no puedo contratar a nadie,

con Paty solo sacamos para lo justo.

Pero si me entero de algo te lo digo. -Gracias, María.

-Igual no tendrías que haber dejado el Moonlight

hasta no tener otra cosas segura.

-Es que, no sé, han ido así las cosas, y ya está.

-Apúntame tu teléfono por si me entero de algo.

¡Que ya voy!

Te llamo enseguida. Que lo tuyo lo tengo marchando.

Hija, qué poca paciencia tienen algunas.

(Teléfono)

"Hija, la entrevista de trabajo ha ido bien y me han contratado".

-"Felicidades". -Hombre, Fernando, ¿qué te pongo?

-Ponme un café americano, María. Muchas gracias.

Sara, ¿cómo estás? ¿Cómo va esa búsqueda de trabajo?

-Ahí voy, pateándome el barrio. -¿Duro, verdad?

Ayer cuando te fuiste le estuve dando vueltas,

y pensando en tu currículum, ¿sabes?

-Pero yo no doy el perfil.

-Bueno...

Yo diría que sí.

-¿En serio?

-Sí, me gustaría hablarlo contigo con calma.

-Claro, yo puedo empezar cuando quiera.

-Pásate a lo largo de la tarde si quieres,

por mi oficina y lo hablamos tranquilamente, ¿te parece?

-Claro, perfecto.

María, te dejo aquí lo del café. (MARÍA) -Gracias, cariño.

-Adiós, gracias. -Hasta luego, Sara.

-¿De verdad que tienes trabajo para ella?

-Pues sí, ya sabes que después de tantos años,

Marisa no ha tenido más remedio que pedirme esa excedencia,

por el problema familiar grave que tiene,

y con todo el lío que tengo yo de trabajo,

no tengo más remedio que buscar secretaria

y sustituirla cuanto antes.

-Pues me alegro mucho de que le des una oportunidad a esta chica.

Pasan por aquí jóvenes buscando trabajo,

y la verdad que lo tienen más crudo los pobres.

-Tienes toda la razón, desde que entró la crisis

y con la tasa de paro que tienen...

Fíjate que los jóvenes son el futuro y los estamos dejando sin futuro.

Ese es uno de los motivos por los que me he metido en política,

quiero hacer todo lo posible para acabar con los contratos temporales

y la precariedad laboral que no les deja tirara adelante.

Y como un político tiene que predicar con el ejemplo,

creo que lo mejor que puedo hacer es contratar a esta chica.

-Pues ¿sabes qué te digo? Que mi voto todavía no lo tienes,

pero vas camino de ganártelo.

-Begoña no estaba preparada para denunciar,

pero me temo que los ataques de Aitor van a ir a más.

-¿Y cómo podemos ayudarla? -No podemos hacer nada,

si ella no denuncia, no podemos investigar por nuestra cuenta.

-Está claro que a ella no le gustó

pensar que su marido pudiera pasar a disposición judicial,

que se le aplicarían medidas cautelares.

-Ya, pero tendría que haberla convencido de alguna manera.

-Eso tampoco es así,

es una persona que no está preparada para denunciar.

-Ya, pero hay recursos para conseguirlo,

no sería la primera ni la última víctima

que siente pánico por miedo a las represalias

cuando denuncia a su marido.

-Siendo un caso tan claro, ¿no se le puede obligar?

-Todo lo contrario, a veces denuncian y luego se echan atrás.

-Pero la denuncia sigue su curso, ¿no?

-Sí, sí, pero cuando llegan delante del juez

niegan lo que le han dicho a la policía.

-Realmente, no me molaría estar en la piel de esa gente.

Seguro que hay casos donde ni la familia les apoya.

-Me acuerdo de una chica que vino a comisaría,

Martina se llamaba, vivía con su novio.

El tío era el típico posesivo que la tenía completamente sometida,

le daba unas palizas...

Yo intenté por todos los medios que denunciara,

y ella no quería.

Al final no lo conseguí, pero esa noche,

como no se atrevía a volver a casa le dije que viniera a mi piso.

-¿Porque no tenía familia?

-No tenía nadie que se ocupara de ella.

Recuerdo que Fede estuvo

toda la noche a su lado,

ahí, en el salón, parece que los veo,

y estuvo contándole historias divertidas

para hacerle reír y para...

para convencerla de que...

de que no era una mierda como le había hecho creer

el bestia de su novio, sino...

que era una mujer maravillosa.

Pues a la mañana siguiente,

ella decidió denunciar.

-Qué grande era Fede, ¿eh?

-Sí.

Por lo menos la historia de Martina...

terminó bien.

A veces me llama, ¿sabes?

Me llama para contarme lo bien que le va con su nueva vida.

Y hace tres días me llamó,

me preguntó por Fede...

Y le...

le tuve que decir que...

Y ella se echó a llorar

recordando aquella noche

en la que Fede le salvó la vida.

Porque le dio la fuerza necesaria para salir del hoyo, ¿sabes?

Y es que era así, él siempre...

intentaba ayudar a...

a los que sufrían.

Es que lo echo mucho de menos, tío,

mucho.

(ESPE SOLLOZA)

Ay...

-Hola, Sara, ¿cómo estás? -Muy bien.

-No tengas tanta prisa que no te voy a morder.

-¿Qué quieres, Ricky? -¿Qué voy a querer? Que hablemos.

-Yo no tengo nada que hablar contigo. -No tienes nada que hablar conmigo...

Tú y yo nos conocemos muy bien.

-Sí, para mi desgracia nos conocemos muy bien.

-No me gusta nada ese tono. -Ni a mí que estés tan cerca.

Ya pude ver la otra noche qué tipo de persona eres.

-Cuidadito con lo que dices.

-No te preocupes, en boca cerrada no entran moscas.

-Eso está mejor.

¿Sabes? Nosotros te considerábamos de la familia.

-Yo no quiero tener nada que ver con los Soler.

-Pues bien rápido aceptaste

el trabajo que le conseguimos a tu padre.

-Eres imbécil. -Y tú eres una "pringá",

y lo vas a seguir siendo toda tu vida.

Hola, chicos. ¿qué tal?

Hola, inspectora, y adiós.

Cada día te llevas mejor con los Soler, ¿no?

El otro día Álvaro, hoy Ricky...

Sí, parece que están cortados todos por el mismo patrón.

Me he enterado que has dejado el Moonlight.

Lo siento, me imagino que no fue agradable el asunto con Juan.

¿Álvaro te ha dicho que me ha pasado algo con Juan?

Que tuviste una pelotera con él y por eso te has ido.

Si, sí, es que....

hemos tenido una discusión muy desagradable,

por eso he dejado el pub.

Ya, seguro que ha sido por eso.

Claro, ¿por qué iba a ser si no?

Igual has visto algo que no te ha gustado.

Mira, Silvia, no inventes, la culpa ha sido de Juan.

Y ahora, si no te importa, tengo cosas mejores que hacer

que aguantar un interrogatorio.

Claro.

Begoña, ¿qué te ha pasado? -¿La conoces?

-Sí. ¿Ha sido Aitor? -No, no... Fue un ladrón.

Entró en mi casa y me atacó. -¿Un ladrón?

-Ha sido un intento de robo con lesiones,

recibimos un aviso de H50,

y nos acercamos a la urbanización donde vive Begoña.

Vamos abriendo las diligencias.

-E inmediatamente vamos al hospital. -No, estoy bien.

-No, la va a ver un médico,

y tiene que presentar el parte de lesiones.

-Así es. Toma, siéntate tranquila, y déjanos tu DNI, por favor.

-Me voy a quedar si no os importa.

-Bien, comencemos... Gracias.

Comencemos con el relato de los hechos.

¿Qué es lo que ocurrió?

-Bueno, yo estaba en casa, recogiendo la cocina,

acababa de cenar.

-¿Estabas sola? -Sí.

Mis hijos están pasando unos días en casa de mis padres.

-Continúe, por favor.

-Oí unos ruidos en la entrada, pero no le di mayor importancia.

-Parece que forzaron la puerta por la inspección que hicimos, sí.

-Cuando fui hacia el salón, vi una sombra que se movía,

y me asusté mucho, pero no tuve tiempo de reaccionar,

porque un hombre con un pasamontañas se me abalanzó encima.

-¿Quieres un poco de agua, Begoña? -No, no, tengo yo.

-¿Nos podría dar alguna descripción del atacante,

algún rasgo personal?

-No noté nada especial, iba encapuchado.

-Y te golpeó, ¿no? -Sí, me golpeó fuerte,

y yo intenté defenderme como pude, pero no...

Y grité mucho, pero él me tiró al suelo,

y me agarró por el cuello.

Yo me ahogaba, casi pierdo el conocimiento.

-¿Cómo te libraste de él?

-Pues pude susurrar la caja fuerte.

-Lo hiciste muy bien.

¿Qué ocurrió entonces?

-Dejó de ahogarme y me ordenó que le dijera

donde estaba, y...

Yo señalé la habitación

y él me agarró por el pelo y me arrastró.

Me pidió que abriese la caja fuerte,

cogió todo el dinero y las joyas de mi marido y mías,

y lo metió todo en una mochila,

y yo aproveché y le pegué una patada no sé cómo,

y salí corriendo. -Lo hiciste muy bien.

-Él gritaba todo el rato, pero yo salí sin mirar atrás,

y le oí chillar que me quería matar.

Y luego ya estaba fuera

y vi un coche que se acercaba y lo paré...

para pedir ayuda, y cuando...

cuando me giré a la casa vi que salía corriendo.

-Basta ya, tiene que verte un médico, yo te acompaño al hospital.

-¿Segura? -Sí, sí, yo me encargo.

-Ve tranquila, Begoña, quedas en buenas manos.

-Fernando, ¿se puede? -Sí, gracias por venir.

Déjame que recoja todo esto un poco.

-Noto mucho jaleo. -La verdad es que sí.

Sabes que estoy ahora mismo sin secretaria,

y como no encuentre una pronto

me va a terminar matando toda esta situación.

Siéntate, por favor, ¿quieres tomar algo?

-Prefiero tomármelo con calma por el estómago.

-Si no te importa, yo me voy a tomar una copa

porque ahora mismo lo necesito.

-Te admiro, Fernando,

no se puede negar que eres un currante nato.

-Sí, en eso tienes razón, soy un currante de toda la vida.

Cuando era joven decía que mis manos son mi capital.

Ese era mi lema.

Supongo que si te hubieses criado como yo en la calles,

entenderías lo que te estoy diciendo,

pero todo parece indicar que tú eres de esos

que estudiaste en uno de esos colegios de pago

y de niños ricos en el centro, ¿no?

-Lo que define al PMA es su transversalidad,

por eso alguien como tú y como yo podemos defender las mismas ideas

bajo sus siglas -Bien dicho, brindo por ello.

-¿La policía ha encontrado algo sobre las amenazas?

-Todavía no, ni creo que vayan a encontrar.

Para ellos una simple llamada

y una pintada no es gran cosa,

necesitan algo más sustancioso para movilizarse.

-Me imagino que lo dices por experiencia.

Perdón, este comentario no ha sido afortunado.

-Tranquilo, hombre, tranquilo, tampoco pasa nada.

En el fondo tienes razón,

ahora mismo para la policía solo soy un ciudadano más.

Como los demás, les importamos una mierda.

-Pero cuentas con todo el apoyo del PMA, eso ya lo sabes.

-Lo sé, lo sé, y con tu apoyo también.

-Yo con los ojos cerrados, ya te lo he dicho.

-Vamos, Jesús,

tampoco hace falta ser tan exagerado. -Entiéndeme, es una manera de hablar.

-Sí, sí, sí...

Ya sé que es una manera de hablar.

Toma.

Por si en algún caso quieres enviar algún mensaje de texto de esos

mientras estamos hablando.

Es tu teléfono móvil, ¿no? -¿No decías que no lo habías visto?

-Escúchame, imbécil,

he sido yo quien encargó que te lo robaran.

-¿Cómo?

-¿Tú crees que yo soy idiota o qué te pasa?

-Perdón, estoy perdido.

-Claro que estás perdido, ¿cómo vas a estar?

Estás perdido porque cuando tú vas, yo he vuelto dos veces.

Desde el principio sabía que no eras trigo limpio,

y no me he equivocado.

Guardas todo un tesoro en ese teléfono móvil, ¿sabes?

Si fuese a la prensa con esos mensajes de texto, de voz

y grabaciones que tienes ahí,

te aseguro que te convertirías en alguien pero que muy famoso.

-¿Cómo has podido? -¿Y tú?

¿Cómo has podido encargar a alguien

que me llamase para amenazarme de muerte

y que hiciese aquella pintada?

"Fernando Quintero es un narcotraficante

y una vergüenza de político que no merece vivir".

¿De verdad crees tú que yo no merezco vivir?

¿Por qué?

También me gustaría saber

por qué tienes grabadas todas las conversaciones

que hemos tenido tú y yo en estos días, ¿a santo de qué?

¿Qué pretendes?

¿Querías conseguir información sobre mi pasado en el narcotráfico

para usarlo contra mí? -Sí, lo hice, ¿sabes por qué?

-Estoy deseando saberlo.

-Mis compañeros del PMA son estúpidos, creen en ti,

como si fuera posible que un criminal como tú

pueda pasar página tan fácilmente.

-Así que tú eres de esas personas

que no creen en segundas oportunidades, ¿verdad?

-No, incluirte en nuestra lista es un tremendo error,

mancharás al PMA. -Vamos, hombre...

Será mejor que dejes esos ataques de dignidad para tus mítines,

y para cuando nos sentemos con el presidente del partido,

a ver qué opina de todo esto que has hecho.

-Creo y practico lo que defiendo. -Ah, ¿sí?

¿Qué crees que podría encontrar, si yo empiezo a hurgar en tu pasado?

-Investiga lo que quieras.

Si tengo una reputación intachable es porque soy una persona ejemplar.

-Espera, espera, no te vayas todavía.

¿Sabes lo que tú eres?

Tú no eres más que un maldito capullo integral,

eso es lo que eres tú.

Tú no eres ninguna persona ejemplar,

tú eres un político mediocre y resentido,

que quiere trepar en la vida a costa del partido,

por eso me has querido quitar de en medio.

-Llevo en el partido desde que se fundó,

y no voy a permitir

que un narcotraficante meta sus tentáculos en él.

-Perdón, puedo volver más tarde. -No, no, tranquila,

estábamos teniendo una reunión de partido,

pero estamos a punto de terminar.

¿Si no te importa esperarnos un segundo fuera?

En seguida acabamos. Gracias.

Escúchame bien, capullo,

o presentas tu dimisión antes de una semana,

o te juro por Dios que te mataré con mis propias manos,

¿te queda claro? Y ahora lárgate de aquí.

Y disimula.

Sara, pasa por favor.

Disculpa, se ha alargado un poco la reunión.

Siéntate.

-Pues tendrás que quedarte en observación unas horas.

-Los médicos son unos exagerados,

con unos analgésicos yo me puedo ir a casa.

-Que no, que los médicos han sido muy claros,

que te tienes que quedar esta noche aquí, te cuidarán bien.

-Mil gracias, de verdad,

ya te puedes ir, que tendrás mil cosas que hacer.

-Yo ya he acabado el turno y en casa no me espera nadie,

prefiero quedarme contigo.

-Pero yo me puedo quedar sola hasta que llegue mi marido.

-Pues vamos a hacer una cosa:

me quedo aquí, y cuando él llegue me voy.

Y así aprovecho para hacerte unas preguntas.

-Claro. ¿Qué preguntas?

-En la declaración de comisaría

dijiste que cuando el ladrón entró en casa

reaccionó de una manera muy violenta,

que no te preguntó por las cosas de valor,

se abalanzó directamente sobre ti para estrangularte.

-Sí, eso fue lo que pasó.

-¿Y no recuerdas que te preguntara por las cosas de valor?

-No, no me preguntó nada.

Si no le llego a decir lo de la caja fuerte, igual ni lo cuento.

-¡Bego!

¿Cómo estás, mi vida? -Bien.

Fue el ladrón que entró en casa.

-Pero ¿qué pasó? No me diste detalles por teléfono.

-Ahora te cuento, es que tenía prisa por ir a poner la denuncia

y me trajeron directamente aquí. -¿Tan mal estás, cariño?

-No tengo nada roto, solamente son las magulladuras,

pero los médicos insisten en que me quede en observación.

-¿Usted es del hospital?

-No, yo soy la oficial Esperanza Beltrán.

-¿Y es necesario que esté aquí? -No quería dejar a Begoña sola.

-Ah, gracias.

Cuéntame, ¿qué ocurrió, qué ha pasado?

-Pues acababa de cenar y estaba en la cocina,

fui hacia el salón y lo vi en el pasillo.

La policía dice que forzó la puerta para entrar.

-¿Le viste la cara? -No, iba encapuchado

y no me dio tiempo a reaccionar, fue todo muy rápido.

-Pero ¿no habías puesto la alarma? -No.

Ya sabes que cuando estoy en casa la quito, Aitor.

-Te tengo dicho que cuando estés sola debes ponerla, Bego.

-Lo sé, lo siento. -Bueno, no pasa nada,

ahora mismo no necesita reproches. -No es un reproche,

solo intento saber cómo ocurrió. ¿Qué quería robar?

-Al principio me empezó a golpear a lo bestia y...

No sé, casi me estrangula.

-Menos mal que no estaban los niños en casa, ¿verdad?

-Sí.

No hubiese parado si no le digo que tenemos una caja fuerte.

-Normal, si quería robar... ¿Abriste la caja fuerte?

-Se llevó todo lo que teníamos: las joyas que me regalaste,

el anillo de compromiso, el anillo de tu madre, el reloj...

(LLORANDO) Lo siento muchísimo.

-Bueno.

Tú no tienes que sentir nada. -Por supuesto que no.

Tú no tienes la culpa de nada, cariño.

¿Qué pasó después?

-Reaccioné y le pegué una patada, salí corriendo no sé cómo, y...

-¿Y el ladrón?

-Salió corriendo.

Pasé tanto miedo, Aitor... -Ay, amor.

Estoy aquí para cuidarte, cariño.

¿La policía tiene alguna pista sobre el ladrón.

-Todavía no, pero le mantendremos informado.

A mí me gustaría hacerle unas preguntas señor...

-Aitor Escalante.

-Pues si quiere salimos un momento

y dejamos que Begoña descanse -Claro, claro.

Ahora vuelvo.

-En primer lugar, muchas gracias por venir.

Y en segundo lugar, me gustaría pedirte disculpas

por la escena que has tenido que contemplar cuando has llegado.

-Eso no es asunto mío.

-Lo sé, lo sé.

Y ahora, si te parece bien, vamos a lo nuestro.

Ya sabes que estoy sin secretaria,

y que para mí es urgente cubrir ese puesto

porque esta oficina es un caos.

Marisa ha estado conmigo unos cuantos años, bastantes,

pero ha tenido que pedir una excedencia

por un asunto personal así que...

Me gustaría ofrecerte el puesto de secretaria a ti, ¿qué me dices?

-Ya, pero yo no tengo experiencia -Por eso te dije que necesitaba...

un poco de tiempo para pensarlo.

Verás, he tomado una decisión,

me gustaría ofrecerte uno de esos cursos online.

Sería algo parecido a lo de los tutoriales

que tú comentabas.

Me han dicho...

Puedes ir aprendiendo sobre la marcha

es algo que puedes compatibilizar perfectamente con tu trabajo,

y no te tienes que preocupar de otra cosa,

porque el coste de ese curso lo va a sumir la empresa,

tú vas a seguir recibiendo tu sueldo totalmente íntegro.

Lo único que te pido a cambio es que...

Solo te pido lealtad y que confíes en mí.

Si hago todo esto

es porque el instinto me dice que puedo creer en ti.

-¿Su instinto? -Sí, mi instinto.

No es la primera vez que hago algo así,

a mí me gusta mucho apostar por la gente joven

que creo que tiene potencial.

Hace un par de años ya lo hice con un chico que se presentó

para pedirme trabajo.

Le di una oportunidad

y se terminó convirtiendo en mi mano derecha.

-Me está diciendo que quiere que yo sea su mano derecha.

-No, no, por favor,

no te quiero decir nada de eso, aunque quién sabe, todo se andará,

Si te estoy diciendo esto es porque...

Bueno, cuando contraté a este chico eran otros tiempos,

y la empresa tenía otras necesidades.

Lo que me llamó la atención de él

fue la forma en que entró pidiendo trabajo,

con mucho desparpajo, más o menos como tú.

Me cayó bien el chaval.

El joven se llamaba Jairo,

y aunque no había trabajado nunca,

le di la oportunidad y él la aprovechó.

-¿Y dónde está ese chico ahora?

-Desgraciadamente, murió en un trágico accidente.

Pero será mejor que no hablemos del pasado

y nos centremos en el futuro.

En fin, tú dirás.

¿Qué me dices? ¿Aceptas el trabajo?

-Le prometo que haremos todo lo posible

para atrapar al desgraciado que le hizo eso a Begoña.

-Ténganme informado de todos los avances, por favor.

-No soy yo quien lleva la investigación, pero lo haremos.

Aun así, me gustaría hacerle alguna preguntas.

¿Estaba usted en Barcelona cuándo se produjo el asalto?

-Sí, soy arquitecto,

y mi empresa está rehabilitando un edificio antiguo

en el barrio gótico.

Tenía reuniones hasta mañana, pero en cuanto Bego me llamó

cogí el último tren de ese día para llegar lo antes posible.

-Begoña me ha contado que tienen dos hijos.

-Sí, son lo mejor de mi vida,

ellos, mi familia.

Pero si me pongo a hablar de Tito y Susi, puedo pasarme horas.

Si tiene hijo sabe de lo que hablo. ¿Tiene hijos?

-Eeeeee... No, no tengo.

-Pues no sabe lo que se pierde,

es lo mejor que uno puede hacer en la vida.

Y supongo que usted, viendo cómo trata a mi mujer

seguro que tiene un gran instinto maternal.

-Bueno, las apariencias engañan.

Yo lo veo en mi trabajo constantemente,

hay personas que aparentan una gran bondad,

y en el fondo son unos auténticos canallas.

-Ya.

Supongo que tiene razón.

De todas maneras, muchísimas gracias por ocuparse de Begoña, de verdad.

Gracias. -No me dé las gracias,

es mi obligación. -¿Le ha contado algo más?

-¿Algo más sobre el asalto?

-Sobre nosotros o nuestra familia, no sé.

-Bueno, la vi un poco triste, y le pregunté sobre su matrimonio.

Me contó que no pasan por su mejor momento como pareja.

-Sí, a veces discutimos,

como cualquier pareja que pasa muchos años junta.

Pero siempre nos reconciliamos.

Es...

es la madre de mis hijos, es la mujer de mi vida.

-Hola, Espe. -Hola,

te presento a Aitor Escalante el marido de Begoña.

Él es el oficial a cargo de la investigación,

Elías Guevara. -Buenas noches, oficial.

-Encantado. ¿Cómo está Begoña?

-Bien, bien, no tiene lesiones graves,

pero está dolorida por los golpes que recibió del ladrón.

De todas maneras, los médicos han decidido que se quede esta noche

en observación. -En ese caso si es usted tan amable,

tendrá que acompañarme, señor Escalante.

-¿Adónde? -Tenemos que pasar por su casa

a comprobar si hay desperfectos y si hay objetos robados,

y después a comisaría a complementar la denuncia que interpuso su mujer.

-De acuerdo, como quiera. -Por favor.

-Supongo que antes de tomar una decisión querrás saber

cuáles son las condiciones económicas y laborales.

-No, porque no voy a aceptar su oferta de trabajo.

-¿Cómo? -Lo que ha oído.

-¿Y eso por qué?

-Esta tarde me he estado informando sobre usted,

y sobre Transportes Quintero,

y la verdad, lo que he encontrado es muy fuerte.

-Vaya, eres de esas personas

que se creen todo lo que leen en internet.

-Todo no, pero cuando el río suena agua lleva.

Dicen que es usted un narcotraficante que utiliza su empresa como tapadera.

¿Sí o no? -Ambas cosas.

Sí y no,

depende del tiempo verbal en el que estés hablando.

Tú estás hablando en pasado y yo hablo en futuro.

Te aseguro que no tengo nada que ver ni soy ese Fernando Quintero

que aparece en los artículos que has leído.

-Pues no es la impresión que me ha causado

la conversación que acabo de presenciar aquí.

(QUINTERO RÍE)

-Sabía yo que al final tendría que darte esas explicaciones.

En la vida las cosas son siempre más complicadas de lo que parecen,

la vida no es de color rosa, ¿sabes?

Ya sabes que Jesús Olaizola y yo somos compañeros de partido,

él es el tesorero, tiene un cargo importante,

pero desgraciadamente es uno de estos políticos envidiosos,

celosos y resentidos,

que no soportan ver cómo otros compañeros ascienden en el partido.

Ha llegado a contratar una persona

para amenazarme de muerte por teléfono

y para que haga pintadas en contra de mí en esta empresa.

Tengo fotos en el teléfono, te las puedo enseñar.

-No hace falta.

Evidentemente, me urge encontrar trabajo,

pero no quiero trabajar para usted.

-Vaya, ¿no crees que te estás precipitando un poco

a la hora de tomar esta decisión?

Yo te estoy ofreciendo un buen puesto de trabajo con un buen sueldo

y lo único que te pido es que seas leal

y que confíes en mí, nada más.

-No pienso trabajar para ningún empresario sospechoso

de chanchullos ilegales. Ya tuve suficiente en el pasado.

Adiós y buena suerte.

-Está bien, como quiera.

Gracias.

-No sé, el ladrón debía pensar que no había nadie en casa

y al encontrarse con mi mujer reaccionó de forma violenta.

-Pues me parece muy chapuzas ese ladrón por no vigilar la casa

para asegurarse de que había alguien dentro.

-¿Y su mujer por qué no fue con usted a Barcelona?

-Bueno, era un viaje de trabajo.

Es cierto que a veces me acompaña y hace turismo mientras yo trabajo,

pero esta vez no pudo ser.

¿Por qué me lo pregunta?

-Puede que el ladrón supiera que usted se iba a Barcelona

y diera por hecho que su mujer le iba a acompañar.

-Si fuera así, el ladrón debía ser alguien que me conoce,

o que vigila mis movimientos. ¿Es eso lo que trata de decir?

-Lo que trato de decir es que no podemos descartar

ninguna hipótesis por dura que parezca, caballero.

-Lo cierto es que este robo es muy muy extraño.

Normalmente los ladrones no suelen actuar solos,

y siempre intentan vigilar bien la casa que van a asaltar,

para evitar este tipo de imprevistos.

-A lo mejor el ladrón tenía un compinche fuera.

-No, su mujer nos dijo que lo salir huyendo solo.

-Esto parece obra de un chapuza que ha actuado solo.

Actualmente actúan mucha bandas del Este,

pero según su mujer, este tipo no tenía ningún acento extranjero.

-Estamos hablando de un varón de origen español,

que no tiene experiencia, no es profesional

y que probablemente pertenezca a su entorno.

-¿Tiene usted algún enemigo,

alguien que quisiera hacerle daño a usted o a su mujer?

-No que yo sepa.

Siempre hay alguien que te tiene tirria en lo laboral,

pero no se me ocurre... -Ya.

¿Y en su casa tienen algún jardinero o empleada de servicio doméstico?

-Sí, viene una señora dos mañanas a la semana,

pero lleva mucho tiempo trabajando con nosotros, es de fiar, no...

-¿Y tienen su hijos alguna niñera?

-Teníamos una cuando los críos eran más pequeños,

pero ya no trabaja para nosotros.

Es que todo esto me supera.

-Es normal.

Vamos a necesitar que haga una lisa de esas personas:

sus nombres, teléfonos, direcciones...

porque no podemos descartar ninguna hipótesis, caballero.

-Se lo diré a Bego,

es que ella se ocupa de estos asuntos.

-De acuerdo, y si la puede ayudar, mejor.

Dos cabezas piensan más que una y en cuanto la tengan envíenosla.

Necesitamos ponernos a investigar cuanto antes.

-¿Hemos acabado?

-Sí, muchísimas gracias, puede usted irse.

-Un momento, por favor,

le voy a dar un documento para que firme.

Por ahí.

-Gracias por todo. -A usted, señor Escalante.

Buenas noches.

-Hola. Hola.

Huele que alimenta.

Estoy haciendo un risotto con una receta de Fede.

Sabes que no nos va a salir igual que a él en la vida.

Oye, sin presión, es solo un homenaje.

¿Pones tú la mesa? Sí, pero me lavo las manos primero.

Oy, oy, oy, oy... ¿Y esto?

Pues porque quiero agradecerte que eres maravillosa.

Tus mimos, tus cuidados...

y que me hayas convencido para ir a trabajar.

¿Algo nuevo en la UFAM? Sí, y uno bastante extraño,

A primera hora de la mañana llegó una mujer así como de pasta,

para pedir información

sobre la posibilidad de poner una denuncia a su marido,

pero al final se fue sin hacer nada. Pero eso no es extraño, ¿no?

No, eso no es lo extraño,

lo extraño es que unas horas después un ladrón asaltó su casa,

y le dio una paliza bastante gratuita antes de robar.

¿Ella estaba sola?

Sí, estaba sola porque su marido estaba de viaje,

había ido a Barcelona, pero tengo la intuición

de que el ladrón tenía la intención de darle la paliza, no de robar.

¿Tú crees? Sí, porque en cuanto entró

se abalanzó sobre ella y fue cuando ella le habló de la caja fuerte,

arrampló y se largó de la casa.

¿Y el marido qué le había hecho el día anterior?

La encerró en el baño un montón de horas,

después de haber tenido una bronca monumental

porque no asume que ella se quiera divorciar de él.

Hay cada desgraciado por ahí... ¿Y no crees que es mucha casualidad

que hayan pasado las dos cosas seguidas,

primero lo del marido y luego lo del ladrón?

Hombre, es bastante mala suerte, sí.

Yo creo que no es cuestión de mala suerte.

(Puerta)

Álvaro no es, tenía curro.

Es el pepinillo. ¿Toni?

Hola, Espe. -Hola, Toni, pasa.

-¿Qué pasa, Silvia? Joé, qué bien huele.

Estoy haciendo risotto. Ya ves.

Cuéntame, ¿es por lo de Begoña Quesada?

-Sí, vengo del hospital de visitarla. -¿Y qué tal está?

-No tiene lesiones graves, estaba su marido allí.

-Sí, lo vi en comisaría que fue a denunciar,

una pinta de pijo...

-Bueno, pues al turrón.

No me creo que el ladrón quisiera robar a Begoña,

creo que tenía la intención de pegarle una paliza,

y creo también que el marido puede tener algo que ver.

-¿Algo que ver en plan qué?

-Que puede estar detrás,

a lo mejor su intención era darle un susto a Begoña

o algo peor.

Eso que insinúas es bastante grave. Es que el ladrón no iba a robar,

el ladrón no estaba interesado por las cosas de valor,

iba a pegarle una paliza a Begoña sin más.

O sea, tú crees que el marido contrató a alguien para matarla.

A ver, a ver, a ver...

De tener un arrebato violento con la mujer,

a contratar alguien para darle una paliza

hay mucha diferencia.

Pero él nunca le puso la mano encima según ella declaró.

-No, pero pudo encargar el trabajo a alguien,

no se atrevía a hacerlo él mismo y no quería mancharse las manos.

-¿Qué quieres que haga, Espe?

-Quiero que investigues al marido de Begoña

y que me cuentes a ver qué averiguas,

porque tengo el pálpito que hay gato encerrado,

y ahora que estás en la UFAM conmigo pues...

-Encantado, jefa, mañana me pongo con eso, ¿vale?

Te quedas a cenar, ¿no? Hay arroz de sobra.

No me lo digas dos veces.

-Que te pongo un plato. -¿Sí? Vale.

Ay... Tengo la sensación de que voy a aprender mucho de ti, Espe.

Me encanta verte tan motivada.

Es en parte gracias a vosotros.

Venga, vamos a hacerle ese homenaje a Fede.

(TONI RÍE)

-¿Le puedes decir a Ricky que me deje en paz?

Estoy harta de sus amenazas.

-¿Que mi hermano Ricky te ha amenazado?

-Pues sí, y no fue ni sutil ni agradable,

ya te puedes imaginar.

-¿Puedo pasar? -Sí, claro. Entra.

-¿Cómo estás, Begoña? -Mejor.

-¿Tiene alguna pista sobre el ladrón?

-La investigación la llevan mis compañeros Aguirre y Guevara.

-Entonces, ¿usted a qué ha venido? -A ver cómo está Begoña. ¿Le molesta?

-¿Te acuerdas que teníamos que renovar el contrato de alquiler?

-¿Qué quiere, subírtelo? -¿Subírmelo? No, hombre no,

me lo quiere triplicar.

-He venido porque me quedé preocupada con lo que me contaste

de cómo te trata tu marido. -Olvídalo, fui una exagerada.

-¿Una exagerada? -Aitor tiene mal genio

y a veces se enfada por tonterías, pero yo sé que me quiere, lo sé.

-Pues su comportamiento no lo demuestra.

Yo estoy empezando a pensar que hay cierta relación

entre los malos tratos y el asalto a su domicilio.

-Ya, pero Aitor Escalante no pudo ser el asaltante,

estaba en Barcelona.

-No lo habrá hecho él materialmente, ¿no os parece sospechoso?

-¿Qué pasa? Soy el marido de la víctima,

¿no tengo derecho a ser informado? Aunque sea como víctima del robo,

¿no me pueden informar? -Vale, tranquilícese, ¿quiere?

-"Sara, soy Fernando Quintero".

-Ah, es usted. ¿Qué quiere?

-"Me gustaría hablar contigo en persona,

¿te podrías pasar un momento por mi oficina?"

-Vale, de acuerdo, ahora voy.

Hoy es la fiesta anual

de la Asociación Benéfica de la Policía.

¿Y qué pasa? Que te da una pereza tremenda.

Me gustaría mucho que vengas conmigo como mi pareja.

¿Cómo dices?

¿Y no te has planteado compartir piso? Yo lo vi claro.

Sí, es una opción,

pero vivir con gente que no conozco, no sé...

¿Por? ¿Eres muy maniática?

No, y además me paso todo el día en el bar,

precisamente por eso cuando llego a casa me apetece desconectar,

relajarme, ver una serie si me da la gana...

Lo normal.

Te han dejado en paz sin más. Sí, eso parece.

¿Y tú te has quedado tranquilo?

No sé, si vuelven a llamarme o aparece alguna pintada,

no te preocupes, que vendré aquí para comunicártelo.

Y ahora será mejor que te deje seguir trabajando

que tenéis siempre mucho lío en la comisaría.

Fernando, te lo voy a preguntar directamente.

¿Has hecho algo para amedrentar a los que te han amenazado?

Perdóneme, pero no me ha quedado muy claro

a qué viene tanto interés por ella.

-Tengo buena mano con las víctimas de agresiones,

forma parte de mi trabajo.

-Una llamada para UFAM, ¿la atiendes tú o me ocupo yo?

-Ya voy yo, Marta. El deber me llama. -Gracias.

-Cuántas vidas se habrían salvado si los vecinos silenciosos

dieran la alarma cuando la tienen que dar.

-Ella dice que se arrepiente muchísimo.

De hecho, está dispuesta a repetir la declaración ante el juez.

Aprecia mucho a Begoña, quiere ayudarla como sea.

-No hay nada en el mundo que desee más que divorciarme de ti.

-Eso nunca, ¿me oyes? ¡Eso nunca!

¡Nunca te vas a divorciar de mí!

¿Te enteras? ¡Nunca!

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Servir y proteger - Capítulo 512

16 may 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Nubia

    Es una falta de respeto que despues qe uno ha visto 500 capitulos ya no lo dejen ver mas.

    pasado miércoles