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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 43 - ver ahora
Transcripción completa

Tu madre era muy especial. Se hacía querer.

A pesar de la distancia, tu madre era mi paño de lágrimas.

Fue de las pocas personas que me aceptó tal y como era.

En aquella época ser gay era todavía muy difícil.

Sabes que tenía un amante, ¿verdad?

Solo me dijo que era alguien del pasado que había reaparecido.

Un capricho del destino, creo que lo llamó.

-No pasa nada, solo era un borracho.

-¿Crees que nos ha visto? -¿Quién?

-Coño, el violador.

-No lo sé.

"Actuaré cuando yo quiera, no cuando queráis vosotros".

Sabe lo que hacemos, nos vigila.

Si fuimos especialmente cuidadosos, tiene que hacer algo más.

Es alguien del barrio que nos conoce

y sabe nuestros movimientos, yo qué sé.

O nos espía.

(TELÉFONO) -"¿Qué ha pasado?". -Ha enviado un mensaje a Miralles.

Ha descubierto el plan y no va a caer.

-Tranquilízate,

Estaré tranquila cuando esté entre rejas.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Todo bien?

-Eh... Sí, sí. Son asuntos de familia.

Cada uno tiene que cargar con la que le toca.

-Puedes contármelo si quieres.

-Ya, pero no quiero.

Entre tú y yo no puede haber nada.

Yo pienso justo lo contrario.

Tú y yo hacemos muy buena pareja.

Bueno, no me gustas y punto.

¿Cómo es el tío que te gusta?

-¿El imbécil que te gusta cómo es? -¡Eh!

El único imbécil que hay eres tú.

Él, en cambio, es...

maduro, interesante, inteligente, con mucho carácter...

Es especial.

-Me tranquilizo, no tienes nada que hacer.

-¿Tú qué sabes si le gusto a tu hermano o no?

-¿Sabes cuál es tu problema? Que te crees mejor que los demás.

Y ya no sabes quién eres ni de dónde vienes.

Te estás pasando de la raya.

¿Te duele oír la verdad?

¿Que te gustan las mujeres inaccesibles para ti,

como la inspectora?

-Rober, ¿por qué no te vas a casa y nos dejas tranquilos?

¡Vete a la mierda, pijo!

¡Pero qué estás haciendo!

Sergio, ¿estás bien? Joder...

-A ver si te animo con un guiso de mi pueblo.

-Con una condición.

-Tú me dirás cuál.

-Que cenes conmigo esta noche.

-Ay, Miguel, no deberíamos haber abierto esa segunda botella.

-Puedes que tengas razón.

-Es él ¿verdad? El violador te está escribiendo.

¿Cómo tiene tu número? Tranquila, cariño. Es aterrador,

Pero Laura, de Delitos Informáticos

seguro que lo localiza. ¿Lo han encontrado?

Todavía no. Pero seguro que lo encontramos.

(TOSE)

(Música emocionante)

No sé si querrá que la acompañes.

Olga, ¿estás lista?

Ayer se puso muy nerviosa, la pobre.

(DULCE) ¿Olga? ¡Olga!

¿Todavía estás en pijama?

-Sí.

No he podido dormir en toda la noche.

Cada vez que cerraba los ojos, se me venía a la cabeza

la máscara de payaso.

Yo tampoco he dormido, he estado pensado toda la noche.

¿Sabes en lo que estaba pensando yo?

En dónde estará ese hombre,

en qué tiene preparado hacernos,

cuál será su próximo mensaje...

Discúlpame, tendría que tener más cuidado con el móvil.

Siento mucho que hayas visto los mensajes.

No es tu culpa.

A ver...

Tenemos que ser fuertes, ¿vale? No podemos vivir con miedo.

Pero no puedo evitarlo. Ya lo sé, cariño. Lo sé.

Quiero decir que no podemos dejarnos dominar por el miedo.

Vamos a ver, mamá,

ese hombre tiene tu teléfono,

vigila todos los movimientos de la comisaría

y seguramente los tuyos también.

Y no solo cuando estás en comisaría.

Bueno, creo que eso es demasiado especular, ¿eh?

¿Entonces no has barajado esa opción?

En eso consiste mi trabajo, en barajar todas las opciones.

Pero lo estamos haciendo, créeme.

Tu madre está trabajando duro para atrapar a ese criminal.

Tarde o temprano caerá.

-¿Y si es demasiado tarde? No. Ya verás que no.

Tú déjamelo a mí. Esa preocupación es mía, ¿vale?

¿Sabes lo que estuve pensando toda la noche?

Que no fue casualidad que me atacara a mí.

Porque si te está vigilando, sabrá que yo soy tu hija.

Seguramente me perseguía, a lo mejor ahora también lo hace.

Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.

Cariño, tranquila.

De verdad, tranquila. Mira...

Hoy pensaba acompañarte al instituto, ¿vale?

No.

-¿Sabes lo que pienso? Mejor te quedas en casa.

No has dormido casi nada, las clases no servirán de mucho.

-No, yo prefiero ir al instituto. -Quédate en casa, hombre.

Tienes que descansar. Duerme un poco.

-¡Que no me quiero quedar en casa sola!

Que una amiga venga a hacerte compañía.

Ya está. Así no estás sola.

Vale. Voy a ver si Paty puede.

(DULCE) Venga, cielo. ¡Hale! ¡Ánimo, venga!

Lo peor es que la niña tiene razón.

Lo que dice tiene toda la lógica.

Me siento fatal.

No tienes por qué sentirte responsable de lo que hacen otros.

Tu trabajo es detenerles, haces lo que puedes.

No, Antonio. Estoy fracasando.

Ese tío está en la calle, mi hija está aterrorizada

y todas las niñas igual.

No podemos protegerlas porque se nos adelanta.

¿Qué está pasando?

¿No podéis localizar el origen de los mensajes?

Lo he dejado en manos de Laura, pero dice que cubre bien su rastro.

No sé, no tenemos nada de momento.

¿Por qué no se los envía a Osorio, que está al cargo de esto?

Pues no lo sé.

Igual porque mi teléfono es más fácil de conseguir,

lo tiene medio barrio.

He estado dándole vueltas y es la explicación más sencilla.

Perdóname, te estoy atosigando a preguntas.

Todo lo que se me ocurre, ya lo has pensado.

Pero es que no sé cómo ayudar.

¡Cariño! No, así, así, estando.

Me ayuda mucho con estar... ¡Si es que es muy difícil!

Es muy difícil, Antonio.

Pero solo con estar me ayudas, cariño.

¿Cuándo te has despertado?

-Buenos días. No quería despertarte.

-Buenos días.

-Madrugo mucho.

Es como si estuviera programado para madrugar a diario.

En mi cerebro hay un despertador

y da igual la hora a la que me acueste

o si es día festivo.

-Bueno, pero eso no tiene por qué ser malo.

Hay muchas formas de provechar el tiempo.

A mí se me ocurren algunas.

-Eh... La verdad es que ya debería estar en comisaría.

Si algo odio es la impuntualidad.

-Pues nada, hombre.

¿Y por qué no te has ido ya, si estás vestido?

No quiero que llegues tarde por mi culpa.

-¿Irme yo a la francesa?

No es mi estilo. Pensarías que soy un desconsiderado.

-Pues yo podría haber seguido durmiendo.

Tú despertador ese a mí no me funcionó.

-Pues mira qué bien. Creía que tenías insomnio.

-Y lo tengo.

Ya no me acuerdo cuál fue la última noche que dormí del tirón.

No sé si ahora ha sido la cama, el vino,

la compañía...

-Quizá una mezcla de las tres cosas.

-María, yo... -Que sí.

Que tienes prisa, lo sé.

Se te da muy mal disimular.

-Es que llego tarde. -Ya, yo también tengo un trabajo.

Lo que pasa es que ahora soy la jefa

y me tomo mi tiempo.

¿Me puedo duchar aquí para no pasar por casa?

-Claro, usa lo que quieras.

Por cierto, si quieres desayunar, tiene un bufé estupendo.

-Ah, ¿vas a desayunar ahora? -No. Yo nunca desayuno.

Pero dejas mi número de habitación en el restaurante

y estás invitada.

-Pues gracias, pero no me veo desayunando sola en un hotel.

Casi que prefiero irme a mi bar, allí por lo menos tengo compañía.

-Bueno, como quieras.

(Beso)

Me voy.

-Sí, al final vas a llegar tarde.

-Pues ya vamos hablando.

-Vamos hablando, dice.

(MOLESTA) Vas a hablar con quién yo te diga.

-Cuando salgas, asegúrate de cerrar bien la puerta.

¿Te vas a tirar toda la vida enfadado o qué?

Todo el tiempo que me dé la gana.

Tío, Paty no me gusta, de verdad.

No tengo la culpa, ¿qué quieres que le haga?

No tengo ganas de discutir. Ya te dije ayer todo lo que pensaba.

Y me dejaste bien jodido, que lo sepas.

¿Con quién estuviste anoche?

Si es para saber si estuve con Paty,

la respuesta es no.

¿Con quién, entonces?

Más solo que la una.

¿Te pasó algo o qué?

Pues sí, la he vuelto a cagar.

Me crucé con Alicia en la plaza y volvimos a discutir.

¿Eso te quita el sueño a estas alturas?

¿Me dejas terminar?

El caso es que discutí con ella

y aquí el colega pijo se metió por medio.

Pero chulito, chulito, ¿eh?

Es largo, pero no tiene ni media hostia.

No sé cómo, pero me encendí y acabé dándole un empujón.

El otro por los suelos, haciendo un paripé, Jairo...

Mira, parecía Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo no se tira nunca, ese es Neymar.

Era por poner un ejemplo.

El caso es que el abogado por los suelos, lloriqueando

y no lo hice adrede.

Pero le empujaste y acabó en el suelo.

Si no le hubieras empujado...

¿De qué lado estás? Porque yo flipo.

Lo peor es que no sé qué ha visto Alicia en el blando ese,

no sé cómo se ha fijado en él.

Será lo blando que quieras, pero listo es un rato.

Seguro que cuando ella lo vio en el suelo

le entró el instinto maternal.

Lo he leído en Internet.

¿Ahora tú y el pijo leéis los mismos artículos o qué?

Me quedo loco contigo, de verdad.

Digo que lo del instinto maternal no falla nunca.

El tío ese sabe lo que hace.

El caso, he quedado como un bruto delante de Alicia.

No sé cómo me apaño.

Pues sí.

La verdad, la has cagado bien.

Si antes no tenías posibilidad, ahora muchas menos.

En parte me alegro. ¿Por qué?

Porque así estamos igual.

Si sirve para que me perdones lo de Paty...

No quiero que hables de Paty ni de otra chica.

Me voy a trabajar, paso de ti.

Yo no tengo ganas de trabajar, si te sirve de consuelo.

Ah, ¿no?

Pues en ti sí que es extraño eso.

No sé qué decir ni cómo mirarle a la cara.

No te queda otra, encima es tu jefa. Ánimo, hermanito.

¿De verdad que no me ves algo raro en los ojos?

Ven aquí, que hay más luz. Mira.

-Hum, no. ¿Qué se supone que debería notar?

-Yo qué sé. Alguna telilla, catarata o algo.

-No te veo nada raro, pero como no soy médico...

Si te pica o no ves bien, deberías volver al doctor.

-Hola. -Hola.

(BOSTEZA) -¿Has tenido guardia?

-Qué va, si entro ahora.

-Pues cualquiera lo diría.

Parece que ha pasado la noche en blanco.

Trae la ropa de ayer.

-No es lo que parece, yo sé la razón.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál es?

-Los zombis y los nigromantes.

(RÍEN)

-¿Pero eso qué es?

-Sus colegas.

-¿De quién habláis?

Oye ya, ya está bien. Que os estáis quedando conmigo.

-Que no, que no.

Que me fui a dormir a las tantas jugando online.

Quería irme a dormir pronto, pero la misión se complicó

y no podía fallar a mi equipo.

-Ni que fuera un operativo.

-No, pues casi.

Yo a mis colegas del juego les tengo el mismo respeto

que a los del cuerpo, no puedo fallarles.

-Eso no puede ser sano, ¿eh?

Te vas a destrozar la vista. La espalda ni te cuento.

Todo el día en el ordenador y tiro porque me toca,

sal un poquito, airéate, que estás blanca.

-La que tenía ganas de salir ayer era Lola.

(ASIENTE) -Claro.

Como hoy era su día libre, pues nada.

Estará durmiendo hasta las tantas.

Bueno, chicas. Yo os dejo, que voy abajo, a calabozos.

A ver qué tal ha pasado la noche Abraham.

-No entiendo tanta consideración con ese charlatán.

-¿Esto qué es? ¿También le vas a criticar?

-Elías me comentó lo de su detención y no es la primera vez,

Lola ya le había echado el guante.

-En la red también hay muchos forrándose a costa de los demás.

Venden sus libritos, las velas, los cristalitos...

Con ellos todo tiene solución.

-Desde luego, cuando os da por alguien...

Con lo sensible que es el pobre, que estará sufriendo

encerrado toda la noche.

-No preocupes, seguro que estará muy bien.

Siempre que no se le ocurra tocarle unos puntos de chakra

a sus compañeros de celda. -No deberías burlarte

de los poderes de Abraham.

-Y tú no deberías tomártelos tan en serio,

ese tipo es un embaucador.

-Por lo que contáis, se parece a un personaje

que cura a cambio de grandes tesoros.

Sí, no, no, tiene un gran ejército.

¿Cómo lo llaman? El Sanador lo llaman.

-De la Tierra Media, no te fastidia.

(RÍEN)

-¿Tú qué tal? ¿Has podido descansar algo?

-Más o menos, me acosté pronto,

pero no podía parar de pensar en qué hicimos mal

para no haber podido echarle mano al agresor de la máscara.

-No, eso no. Seguro que lo hiciste perfecto.

Si se parece en algo a los malos que vigilo en la red,

les gusta mucho observar antes de actuar.

¡Ánimo! Que lo vais a pillar seguro.

-Gracias.

-Tiene que tener paciencia, Nacha. -Ya...

-Seguro que parte de su juego consiste en deleitarse

antes de atacar.

Mirar mucho, fantasear...

Los de la red hacen lo mismo.

-Puede que tengas razón.

Pero es que estaba segura de que lo íbamos a atrapar.

-Venga, va.

Sí, un robo en un domicilio.

Pásale la dirección a Batista cuando pase por comisaría.

Dile que nos vemos directamente allí.

Venga, muy bien. Muchas gracias. Chao, chao.

¡Alicia! Qué sorpresa, hija. Buenos días, papá.

(BESA)

¿Qué haces aquí?

Venía a verte, me pillaba de camino y como no has pasado por casa...

Vengo directo del AVE,

me temo que tenemos un día muy complicado.

-¿Tienes un momento? -Claro, González.

-Hay que revisar un expediente. Será un momento.

-¿Nos disculpas? Ahora estoy contigo

-Hola, Alicia. Hola.

-¿Qué tal? -Pues lo de siempre.

Sin sobresaltos.

¿Qué tal ese golpe?

¿Cuál de ellos?

¿El que hice en la calle o el del cabecero de tu cama?

Niego todas las acusaciones, señoría.

Si necesita un abogado, señorita, estoy aquí para servirle.

Toma, anda. Al final han aparecido.

¿Dónde estaban? Detrás de la cama.

La próxima vez te voy a cachear y guardar tus objetos personales

en una bolsa, así no vas perdiéndolos.

Deténgame ya mismo, inspectora.

-¿No tienes que ir a una reunión?

-Sí, sí... Lo tengo todo preparado.

Hoy estaré todo el día fuera, Marcelino.

Esta tarde tengo otra reunión con Junco e Hijos.

-Pues ten paciencia.

Son clientes desde hace mucho, pero pejigueros como el primer día.

-Ya, ya. Es pura rutina. Revisar unos contratos, nada más.

-Pero prefiero hacerlo en persona. -Así me gusta.

Que los mimes.

-Bueno, pues me voy.

Alicia... Me alegro de verte.

Yo también.

Oye, eh...

¿Ha venido a verme a mí

de verdad esta mañana?

Pues claro, papá.

Solo he venido a hacer tiempo mientras hablabas con González.

Ya. A ver, soy mayor, pero no tanto.

No me he caído de un guindo.

¿A qué te refieres?

Pues que algo ha cambiado entre Sergio y tú.

Se me ha hecho tardísimo.

Me voy o mi compañero llegará al lugar del delito antes que yo.

No hace falta que contestes, lo he visto con estos ojos.

(IRÓNICA) Qué observador.

Hoy has sido un excelente detective.

(RÍEN)

Ay, Salima, cariño, perdona.

Que llego tarde, he tenido que hacer un recado.

Menos mal que estabas tú para abrir. ¿cómo vas?

-Tranquila, ha pasado el turno de retirada de noche

y ahora vendrá el de mañana.

-Voy a cortar el pan para tostadas. -No, no.

Si ya lo he hecho yo.

¿Por qué no me cuentas qué recado has ido a hacer?

-Pues... a cambiar la titularidad de la luz,

que estaba todavía a nombre de doña Rosario, la pobre.

-Ya. María, que llevas la ropa de ayer.

No has pasado por casa, no me vengas con esas.

-Coño, has puesto cuatro cafés a los policías

y se te ha pegado su olfato.

Chica, métete en la academia.

-O sea, que me das la razón.

¿La causa no será cierto inspector que bebe agua con gas?

-Que sí, cansina, que sí.

-Ayer Miguel se pasó por aquí

y venía el hombre muy agobiado por temas de trabajo,

que si el violador le estaba ganando al ajedrez,

tampoco lo entendí mucho porque yo soy más de mus.

Entonces le dije que lo que tenía que hacer era desconectar,

así que me ofrecí a hacer un guiso de estos...

(SERIA) -María, vete al grano.

-Que nos acostamos. -¿Así sin más? ¿Del guiso a la cama?

Pasará algo entre medias, ¿no?

-Aclárate, ¿el cuento largo o el corto?

-Yo quiero un cuento bonito. Así que déjate de juegos y guisos.

-Perdona, vengo acelerada. Hacía tanto que no tenía una cita...

-O sea, que primero salisteis.

-A ver, el hombre vino agobiado y eso, como te digo.

Entonces le dije que tenía que desconectar

y entonces me tomó la palabra. Total, que cenamos.

Cuando terminamos, me dijo que si quería tomar

la última copa en su hotel.

-Bueno... ¿Y qué tal fue? Estarás contenta.

-Pues la verdad es que sí. Fue una noche muy divertida.

-Ay, me cuesta imaginar a Osorio en plan divertido.

-Pues no te imagines tanto porque es espectacular.

Es un caballero y sabe cómo tratar a una mujer.

Aparte, tiene ese punto sarcástico que a mí me pone.

No sé, me encanta.

Estuvimos muy a gusto.

Yo creo que tenemos química.

-¿Entonces esa cara a qué viene?

-Pues hija, que...

Esta mañana, de repente, se ha roto el encanto.

Me he levantado y parecía que tenía enfrente a otra persona.

-Bueno, déjame adivinar.

Otra vez el raro de siempre.

-Pues sí. ¿Cómo lo sabes?

-Es normal que vuelva al papel de inspector escrupuloso.

Es su estado natural, ¿no?

-Ya, hija, pero no sé.

Me he quedado así, un poquico...

-No sé... -¡Buenos días!

-Hola, Fernando. ¿Café con leche?

-Sí, por favor. Estoy en la mesa, ¿vale?

-Muy bien. Prepáraselo, Salima.

Toma.

-¿Pero esto qué es?

-¿Pues qué va a ser? El primer pago del préstamo

para la compra del bar. -No, mujer. No, no, no.

¿Qué va a pensar el resto de la gente del barrio?

Los sobre déjalos para políticos corruptos, banqueros,

empresarios y todos los chorizos que tenemos en este país.

-Qué bruta soy. Perdóname.

Como eres cliente habitual, pensé que así sería más fácil.

-Nada, mujer. Lo único que ocurre es que prefiero

es que me hagas una transferencia especificando bien el asunto.

Así Hacienda tiene clarito que yo no escondo nada.

-Si me das tu número de cuenta, hoy te hago el ingreso.

-No, lo que te voy a dar va a ser el teléfono de mi contable,

Manolo, que es el que me lleva todas las finanzas, ¿vale?

Tú lo llamas y que él te diga cómo tiene que hacerlo.

-Muy bien. Pues esta tarde mismo lo llamo.

Perdóname si te he incomodado.

-No, nada, mujer. No te preocupes, no ha sido nada.

-Es que soy muy bruta. Al café estás invitado.

-Muchas gracias, María.

-Qué hombre más honrado.

-Bueno, Guevara no opina igual

-Evidentemente se equivoca.

Dice que no quiere nada de dinero en mano,

que haga una transferencia para que conste en Hacienda.

Si hubieran más como él en este país, otro gallo cantaría.

-Oye, tía, ¿crees que el violador está abajo vigilándonos?

Mira, qué mal rollo. Se me ponen los pelos de punta.

-A ver, Paty, ¿tú a qué has venido?

¿A ayudarme a que se me olvide o a asustarme más?

No puedo creer que no se te ocurra otro tema de conversación.

-Has empezado tú con las paranoias.

-Pues precisamente.

Tienes que ayudarme a que se me olvide.

Para machacarme a preguntas ya he estado yo.

-Tienes razón. Tienes razón, lo siento. Ven.

La verdad, no sé si sería tan fuerte como tú

después de todo lo que has pasado.

Eres la persona más valiente que conozco, de verdad.

-Cuando estoy sola y me pongo a pensar,

no me sale tanta fuerza.

-Cuando se te venga el tío ese,

visualiza bien las clases de Nacha y Rober.

Coges ahí y pam-pam-pam

y luego...

-Cómo te gustan a ti las clases, ¿eh?

Sobre todo desde que las da Rober.

-La verdad, ahora me interesan un poquito más.

Aunque, tía, lo de Rober está vez más complicado.

Me he portado con él como una niña.

-Menos mal que lo reconoces.

¿Sabes lo que creo que pasa?

Que no estás acostumbrada a que te rechacen

y como Rober pasa de ti, cada vez te gusta más.

-Mira, me da igual el por qué.

Lo único que sé es lo que siento por él

y así no voy a conseguir nada.

Necesito que me vea como una mujer.

-¿Y eso cómo se hace?

Mira, Paty, yo creo que lo mejor es que te resignes

y veas que el objetivo no es realista.

-No, a ver, me lo voy a tener que currar un montón,

pero no pienso resignarme ni tirar la toalla.

No. Por Rober voy a hacer lo que haga falta.

Te juro que no se me va de la cabeza,

cada vez que cierro los ojos lo veo en bucle.

-Eso es obsesión.

Y tan rápido como viene, se va.

¿Te acuerdas de lo fuerte que me dio con Marcos?

-Ahora parece que han pasado siglos. -Pero Marcos es un niñato.

No, Rober es distinto.

-Mira, será lo distinto que tú quieras,

pero el resultado es el mismo.

Progresos, lo que se dice progresos, no veo.

-No, ni yo. Bueno, al menos con él.

-¿Cómo que con él? ¿Es que hay otro?

-Puf, el pesado de Jairo, tía.

Ayer se presentó en el gimnasio y le dije que me gusta su hermano.

Creo que metí la mata hasta el fondo.

Se puso tan pesado delante de todos que se lo tuve que soltar.

-Tía, pobrecito. A mí me da pena.

-¿Qué quieres que le haga...? -¡Chist!

(ASUSTADA) -¿Qué, qué, qué?

(Sonido de llaves y forcejeo)

(GRITAN)

-¡Qué susto nos has dado, papá!

-¡Anda que vosotras a mí!

Me he equivoqué, metí la llave de la consulta.

-Suéltame la mano.

(BURLONA) ¿Cómo era eso de visualizar las clases?

-No me ha dado tiempo a meterme en situación.

-Perdonadme, tenía que haber llamado al timbre.

Venía pensando, ¿por qué no comemos juntos?

¿Por qué no salimos y te aireas un poco?

-Por ahí se refiere al bar La Parra, como siempre.

-No tiene por qué. Venga, donde tú quieras.

Está invitada, Paty.

-No, gracias. Voy al gimnasio, ya me he escaqueado bastante.

-Te acompañamos y tomamos el aperitivo en La Parra,

para variar, y luego eliges el restaurante, venga.

-Vale. Pues me voy a cambiar. -Venga.

-¿Entonces qué?

¿Un mexicano, un árabe?

-Hum, no. -¿Una pizza?

-Mejor vamos al "burguer". -¿Un "burguer"?

De todos los restaurantes, ¿quieres ir a un "burguer"?

¿No puedes buscar uno un poco más elegante?

-Tú lo has querido, voy a llamar a una amiga,

a ver qué me recomienda.

-Bueno, anda. Que si no vamos a comer aquí.

-Oye, no sé dónde vais a comer mejor que en La Parra.

-Por eso vengo siempre que puedo.

La quiero sacar un poco del ambiente del barrio.

Ponme un mosto, anda.

(SUSPIRA)

-Oye, Antonio, ¿sabes algo de Rosa? La de la frutería.

Lleva tres o cuatro días sin abrir y me han dicho que está enferma.

-Te han informado bien.

Está ingresada con cáncer de garganta en fase terminal.

-¿Cómo que terminal?

¿Cuándo ha sido? Yo ni sabía que tenía cáncer.

-No se sometió a tratamiento.

Un curandero la convenció para tratarla

con gárgaras y hierbas.

-Qué barbaridad.

-Perdió un tiempo precioso.

Cuando quiso ir a un médico de verdad,

demasiado tarde.

-¿Me quieres decir que se podría haber salvado?

-Nunca lo vamos a saber.

Pero está claro que el charlatán le impidió intentarlo.

Por Dios, pero cómo se puede ser tan canalla

para sacarle los dineros a las personas enfermas.

-Ya ves.

-Bueno, pues ya está. Ya sé dónde vamos a ir.

-Menos mal. Si no, creía que íbamos a cenar.

Cóbrame, anda.

Son tres euros, Antonio.

-Lamento mucho la noticia.

-Hasta luego.

-Adiós, bonica.

-¿Se puede? Claro, pasa.

Estoy terminando y no queda nadie.

Venía a limpiar las taquillas.

Lo tendría que haber hecho esta mañana,

pero no me ha dado tiempo, fui a ayudar a una amiga.

Como no aproveche ahora que no hay nadie.

Bueno, sí hay alguien. Estás tú.

Pero al menos he esperado que estuvieras vestido.

Y se agradece.

¿Qué tal la clase? Te he visto más motivada.

Sí, me he puesto las pilas. Qué guay que te hayas fijado.

Normalmente soy como hoy,

lo que pasa es que me ponía nerviosa tenerte de profesor.

No sé, la novedad, supongo.

A ver, no me tienes que dar explicaciones.

Me alegro de que te haya cundido más la clase..

¿Y tú cómo estás? Te he visto un poquito espeso.

Como si te faltara energía o algo.

Supongo que un mal día lo tiene cualquiera.

Y ahora me voy a trabajar.

Espera.

Oye, Paty, por favor.

Quería darte las gracias por venir a dar la clase.

Después de todo lo que ha pasado entre nosotros,

no sabía si te iba a volver a ver aquí.

Me comprometí a darlas, ¿no?

Y creo que es un buen servicio a los ciudadanos.

Pero de ahí a tener que rehuirte... No.

Creo que no, ¿no? No, para nada.

Pues ya está, todo aclarado. (ASIENTE)

He aprendido un montón contigo, de verdad.

Me pareces un tío supermaduro.

Y lo siento mucho si me he comportado como una cría.

No te preocupes, todos cometemos errores

cuando nos pillamos por alguien.

Pero hay que saber aceptarlo cuando no nos corresponden.

Ya te digo, lo que le cuesta a tu hermano aceptarlo.

¿Jairo? Sí.

Sé que para ti la familia es lo primero,

y no quiero provocar ningún conflicto entre vosotros.

No te preocupes, que yo hablo con Jairo

no quiero que discutáis más por mí.

Mira, no me parece buena idea.

¿Por qué no lo dejas como está?

Dale tiempo para que se le pase.

A ver, creo que todos somos personas adultas.

Y lo maduro en estos casos es hablarlo.

Asumir la responsabilidad y enfrentar el conflicto.

Te veo muy segura.

Soy una chica muy segura de sí misma y que sabe lo que quiere.

Bueno, tú sabrás.

Sois mayorcitos los dos para saber lo que hacer.

Sigo pensando que le deberías dar una oportunidad.

Si no te importa, tengo que trabajar, ¿puedo?

Yo pienso que no puedes decir que algo no te gusta

si no los has probado.

Rober, si ya has acabado, salte. Tengo que dar un repaso al suelo.

Max, no me mires con esta cara.

No pude hacer nada, me pilló por sorpresa.

No he visto que te apartases.

Mira, lo siento.

María.

-Hola, Espe, cariño.

Qué disgusto más grande tengo.

-¿Qué te pasa, mujer?

-¿Sabes de Rosa, la de la frutería? (ASIENTE)

Pues que me acaba de decir Antonio

que está muy malita, muriéndose,

con un cáncer en estado terminal.

Y todo porque se fue a un curandero,

le dio unas yerbas y no se ha sometido a tratamiento.

-Bueno, ya se sabe cómo son los médicos de radicales

con las medicinas alternativas.

Se ponen nerviosos cuando los sacas de los que dictan las farmacéuticas.

-Vamos a ver, Espe. Que tú conoces a Antonio.

¿Tú crees que si pensara que una cosa va a funcionar

no se la daría a un paciente?

-Yo qué sé.

¿Cómo sabe que no funciona algo que no ha probado?

-Pues mira, díselo a la pobre de Rosa.

Que se va a morir con un cáncer de garganta

por no haber ido al médico.

¿Cómo se puede ser tan canalla? ¿Tú te crees?

¡Gárgaras para un cáncer de garganta, por Dios!

(SUSPIRA)

-Lo siento, María.

¿Sois muy amigas?

-Pues mira, menos de lo que yo me creía.

Porque si me lo hubiera contado, la hubiera llevado al médico.

-¡Qué tonta!

-No, tonta no.

No hace falta ser tonta.

Hace falta estar muy desesperado.

Hasta la gente más lista. Mira a Steve Jobs, el de Apple.

¿No dijeron que si hubiera acudido a tiempo a un tratamiento

se hubiera salvado?

De eso se aprovechan esos charlatanes.

De la desesperación de las personas enfermas.

Cualquiera puede caer en sus garras.

-¿Qué te pongo, corazón?

(NERVIOSA) -Una tila.

-A ver, yo no soy de meterme en este tipo de cosas.

Tienes 18 años, ya eres mayor de edad, pero...

Creo que no estás haciendo las cosas bien.

-Pues mira, tienes razón. Ya soy mayor de edad.

Y, con todos los respetos del mundo,

creo que eres el menos indicado para juzgarme.

-Ya sé por dónde vas.

Crees que con mi historial no tengo derecho a opinar.

Que sepas que yo nunca le he hecho daño queriendo.

-No sé a qué te refieres.

-Yo creo que sí, Paty.

-No tengo la culpa de sentir lo que siento.

-Sé que es difícil saber lo que hay que hacer,

pero a veces hay que ponerse en el lugar del otro.

-Eso lo dices por experiencia, ¿no?

-No. Lo digo porque te quiero.

Y porque no quiero que sufras.

(BESA)

(SUSPIRA)

-Gracias.

-Hola, Elías. -Hola, "peque".

-¿Lo de siempre? -A ver qué remedio.

(RÍE)

Si te pasas cuando termines, preparo un cóctel sin alcohol.

-Eso es como el que deja de fumar y está con un chupa-chups.

Qué tristeza.

-Ah, pues el charlatán que pasaba por aquí, Abraham,

era capaz de curar cualquier adicción.

-Como las curara igual que las enfermedades...

-María dice que tiene un piquito de oro

y es capaz de convencer a cualquiera.

Pues ese piquito tendrá que piar un tiempo en la sombra.

Con la de denuncias que tiene, estará meses entre rejas.

A ver qué cuenta allí.

-Hay que ser cara dura para jugar con la gente.

-Y con sus finanzas.

Gracias.

(Teléfono)

-¿Cómo está mi princesa?

-¿Qué quieres? ¿Matarme a sustos?

-Perdona. ¿Cómo puedo ser tan torpe? ¿Estás bien?

-Sí, perdona.

-¿Y el móvil? No se habrá roto.

-No, cariño, está bien.

Es que tengo mucho jaleo y estoy sola.

¿Quieres tomar algo?

-Eh... Un pincho de tortilla y agua, pero sin prisa.

Sigue con lo que estuvieras haciendo.

-Ni un beso me ha dado para saludarme.

Tú que llevas aquí más rato, ¿la has notado rara?

-¿De quién estamos hablando?

-De Salima.

-Conmigo ha estado tan normal.

Pero no te fíes de mi ojo con las mujeres.

Oye, ¿vienes de la ONG?

-Sí, pero estaba tranquila y vine a tomar algo.

-¿No habrás visto a Lola por allí?

No, hoy no ha venido. Iba a llamarla para consultarle

sobre una familia a la que ayudamos.

-Me he cruzado con Espe y me ha dicho que era su día libre.

Y como suele ir a la ONG, donde colabora...

-Sí, pero esta semana no ha venido. ¿Llamamos?

-La he llamado un montón de veces y salta el buzón.

Prueba tú, a ver si tienes suerte.

-Tampoco es tan importante.

No voy a molestarla en su día libre.

Igual quiere desconectar del todo.

-Puede que tengas razón.

Bueno, yo me largo.

¡Salima!

¡Apúntamelo!

Hombre, máquina. ¿Oye, has visto a Lola?

-Eh... Es su día libre. ¿Por?

-Le tengo que preguntar una cosa sobre un asunto de la UFAM.

¿Sabes si tiene otro móvil? La llamo y no hay manera.

-Estará durmiendo.

-¿A estas horas? -Ayer tenía muchas ganas de salir.

Mejor la dejamos descansar, ¿no?

-Vale. Venga, maquinón. -Chao.

-Hasta luego.

-Hum... Ponme un café bien largo, por favor.

(SUSURRA) -Salima...

-Perdón. Tengo la cabeza en otra parte.

-No te preocupes, no eres la única.

Necesito café en vena, ponme la taza más grande que tengas.

-Eh... Salima.

Te lo digo antes de que se entere María,

es que la tortilla tiene muchísima sal.

-No me extraña que tenga dolor de espalda, ¿eh?

Esa silla, más que una silla, parece un instrumento de tortura.

¿Sabe lo que es la ergonomía?

-Calla ya un poquito, vale ya.

-Yo, si quiere, se lo puedo curar.

Le hago una energía en su cuerpo que se lo curo enseguida.

-Y le curo... -Calle un poquito.

-Le curo esa espalda.

-¿Qué tal? ¿Algún problema con los detenidos?

-El chamán este, que es que no calla.

-Me tiene la cabeza como un bombo. -Ve a tomarte un café.

-Gracias.

-¿Qué tal, Abraham?

-Terrible.

Es que aquí tengo una sensación de ahogo.

Como la llama de una vela, cuando le falta oxígeno, se apaga.

Pues igual.

-¿Cómo no te has tratado esa claustrofobia?

-El problema no es estar encerrado, sino las paredes de hormigón,

que no recibo la energía biofotónica del universo.

La verdad, no sé cuánto más voy a aguantar aquí dentro.

No lo sé.

-Yo he pasado una noche horrible. Me dejaste tan preocupada...

-Ay, Esperanza, perdona que no me haya dado cuenta,

pero aquí no siento nada.

-Es que lo veo todo oscuro. -Ya...

Me tiré como una hora mirándome los ojos en el espejo,

pero no vi nada raro.

-No, si es que leer las enfermedades en los ojos,

la verdad, no lo hace cualquiera.

Es muy difícil.

No te preocupes, te puedo ayudar.

Solo tengo que salir, porque aquí dentro no puedo,

pero no hay problema.

-Me voy a tener que aguantar.

Porque yo sí que veo negro tu futuro.

-Ay, no me digas eso, que me bajas la energía.

-No me extraña.

Te pueden imputar publicidad engañosa y estafa.

De delito contra la salud pública no hablamos.

Te libras porque no vendes sustancias.

-Lo que me importa es tu salud. -¿Sí? Gracias, hombre.

Qué generoso eres.

Lo que no te importó fue la salud de la mujer a la que estafaste.

He hablado con ella y con sus hijos.

Curarle el alzheimer, ¿cómo?

Imponiéndole las manos, con la piedrecita cuántica

y, ¿cómo era lo otro? Sí, comiendo mucho aguacate, ¿no?

-No, si yo podía curarlo, pero no me han dejado demostrarlo.

-El aguacate tiene... -Para, para.

Ya has demostrado suficiente con la pobre Rosa.

-¿Rosa? -Rosa, sí. La frutera.

La del cáncer de garganta.

He hablado con ella. No, con ella no,

con su familia, porque ella no puede ni eso.

-Pobre mujer...

La verdad es que estaba a punto de curarse.

-Pero dejó el tratamiento... -¿El tratamiento?

Unas cuántas hierbas, muchas gárgaras

y, ¿qué era?, cánticos

para equilibrar la energía interior o algo así.

-Si hubiera llegado al final, pero se fue con ese médico

que la alejó del camino. -Si tú no tienes culpa, claro.

¿Sabes lo que le pasó?

Aguantó hasta que no pudo más,

se quedó sin voz y fue a un hospital donde está esperando la muerte

por culpa de un desalmado como tú.

-Por favor, te están emponzoñando en mi contra, Esperanza.

-De verdad, cómo me dejé engañar. Qué tonta soy.

Si no eres más que un cínico y un charlatán.

-Pero si entre nosotros fluía la energía biofotónica.

Lamento mucho que pienses eso de mí.

(ASIENTE) -Pues más lo vas a lamentar.

Porque he convencido a Rosa para que te denuncie.

Y como se demuestre que esas hierbas son mínimamente perjudiciales...

-¡No! Son totalmente inocuas. -Inocuas e inútiles.

Y tú lo sabías y le negaste la oportunidad de curarse.

-Esperaba comprensión por tu parte. -Y yo por la tuya

con esas pobres mujeres a las que engañaste.

¿Sabes lo que te digo? Espero que te pudras en la cárcel.

-Eres una desagradecida, ¿eh?

¿Sabes lo que te digo?

No vuelvas a mí cuando vuelvas a estar enferma.

-No te preocupes, iré a mi médico, al que le debo una disculpa.

Hasta nunca, delincuente.

-¿Qué tal? Todo muy rico.

¿Postre o café?

Tenemos unas natillas caseras, si necesitas endulzarte el día...

Con un cortado basta. Gracias, Salima.

¿Aún sigue aquí?

Por los pelos. Dentro de anda comienza el turno.

Me gustaría que habláramos de lo de ayer.

¿Me puedo tomar un café contigo?

Como quieras.

No podemos seguir evitándonos eternamente.

Yo no he estado evitándote. ¿Ah, no?

Y por eso eliges la hora de comer para hacer deporte.

Tenía que dar clase de defensa personal, ¿recuerdas?

Se lo prometí a Nacha.

Ponme un cortado, Salima. En seguida.

Deja que de despeje esto. Gracias.

El allanamiento tiene el sello de la banda de Cholo, ¿verdad?

Un trabajo muy limpio, como siempre.

Casa vacía y sin gente, desvalijada en 10 minutos.

Sin violencia ni testigos.

Se marcharon antes de que alguien pudiera ver algo.

Tengo las diligencias echas, están sobre tu mesa.

Muy bien.

Me lo tengo merecido.

¿El qué?

Comerme yo el papeleo.

Ayer te lo comiste tú, hoy me toca a mí.

Y perdona por decir que te escaquearas.

Creo que no quería estar a solas conmigo.

No te creas tan importante, Rober.

Dieron aviso por pocket de un carterista y fui a detenerlo.

Pensé que lo habías oído.

Lo tenía silenciado, pero me da igual.

Gracias.

Se te acaba el tiempo. Si vas a decirme algo...

Te debo una disculpa. ¿A mí? ¿Por qué?

Estoy acostumbrada a tus salidas de tono.

Pues que no soy así.

Y no sé qué me pasó.

Tenía un mal día y se me fue de las manos.

De verdad, no volverá a suceder. En serio.

Más te vale.

Pero tus disculpas no me sirven si no me lo cuentas todo.

¿Qué te pasó para llegar a hacer algo así?

Si después de lo que hablamos ayer no te quedó claro,

es inútil, no lo entenderías.

De acuerdo. ¿No vas a preguntarme por Sergio?

Claro. ¿Cómo está?

Le hiciste una brecha, Rober.

Podrías haber llamado para preguntar cómo estaba.

Tuvimos que ir al médico.

No era mi intención, no quería hacerle daño.

No sé cómo pude hacerle eso,

cómo pudo perder el equilibrio y darse en la cabeza.

Es más una justificación que una disculpa.

Solo quiero decir que no fue para tanto.

¿Sabes? Vamos a dejarlo porque estás empeorando las cosas.

Estoy intentándolo, ¿vale?

Siento mucho haberme puesto así. Te pido disculpas.

Se aceptan tus disculpas.

Pero tendrás que tener más cuidado con tus impulsos.

Te vas a tener que acostumbrar a verme con él.

¿Qué significa eso? No tengo que dar explicaciones,

pero prefiero dejar las cosas claras.

Estoy saliendo con Sergio y no quiero que interfieras.

Cuanto antes lo aceptes, mejor para todos.

Tranquila, me ha quedado claro.

Me alegro.

Ya podemos ir a trabajar en paz. Sí.

(Teléfono)

Vengo a poner una denuncia por lesiones.

-¿Lesiones? ¿Qué te ha pasado?

-Adjunto parte firmado por el médico.

Pero si quieres comprobarlo por ti misma...

-Madre mía, ¿quién te ha hecho eso?

Hola, Sergio. Hola, Alicia.

He venido a poner una denuncia contra Roberto Bastita.

Aquí tienes el escrito y el parte de lesiones.

Alicia, he tenido que citarte como testigo de los hechos.

Pero chaval, si fue un accidente.

Eso se lo explicas al juez.

Me quedo loco contigo. Rober, déjamelo a mí.

Solo empeorarás las cosas. Ve a tu puesto y espérame.

Es una orden. Sí, mejor.

Espe, ¿me lo dejas? Sí.

¿Puedes venir?

¿Qué estás haciendo?

Es mi deber denunciar este tipo de comportamiento

como abogado y como ciudadano.

No sabía que tuvieras pensado hacerlo.

No se puede permitir que un policía agreda a una persona

y se vaya de rositas.

Rober te empujó.

Pero sin intención. Me empujó, con eso basta.

Respondo por él y te seguro que nunca había actuado así.

Te juro que jamás volverá a suceder.

No deberías defenderle.

La gente como él perjudica la imagen de todo el cuerpo.

Lo conozco, es un buen policía y no es justo que lo metas ahí.

Se ha metido él solito.

Como garante de la ley debe mostrar más respeto por el ciudadano.

Espero que me apoyes en esto y seas capaz de decir la verdad.

Viste lo que pasó.

Me pones en una situación muy complicada.

¿De verdad quieres seguir adelante?

Solo estoy haciendo lo que debo.

Por favor, tómate un día para meditarlo bien.

Es lo único que te pido.

A diferencia de otros, sé escuchar.

Si crees que debo pensarlo mejor, vale.

Pero te advierto que difícilmente cambiaré de opinión.

Hasta luego, Espe.

(SUSPIRA)

Es una pena que no haya podido comer con vosotros.

Sí... ¿Dónde?

¿Dónde habéis ido, dónde estáis comiendo al final?

Hala, qué morro, ¿no?

Tú padre no me ha llevado a un restaurante así en años.

Mira qué bien.

Sí.

Vosotros en el asador guipuzcoano y yo con un bocata en el despacho.

(RÍE)

Bueno, es que tengo mucho lío,

pero me alegra que estés más animada.

¿Quién?

No sé quién es, ya sabes, yo de fútbol ni papa, ni idea.

Ah, ya. (RÍE)

Ya, ya, ya, ya.

¿Y por qué has querido ir a ese restaurante?

¿Por la comida o por el futbolista este?

Ya...

Sí, si ya sé yo que tienes muy buen gusto.

Sí, muy buen paladar.

Claro. Bueno...

(Llama a la puerta)

Bueno, a ver si me compensáis en la cena, venga.

Luego os veo en casa. Un besito, cariño. Te quiero.

Qué gusto oírte hablar así con tu hija.

Sí...

Será cuestión de llevar bien las riendas

sin tensarlas demasiado. Sí...

Parece una contradicción,

pero todo lo que nos ha pasado últimamente a la familia

ha hecho que nos uniéramos más.

No sé.

Como si Olga hubiera madurado de repente

y Antonio y yo estamos en sintonía.

Bueno, a veces estas cosas hacen que valoremos lo que tenemos.

Las situaciones de peligro nos despejan la cabeza

y hacen que coloquemos cada cosa en su sitio.

No te puede imaginar las ganas de acabar con esta historia.

Es desesperante que ese agresor esté aún en libertad, Elías.

No solo como inspectora, como madre también.

Olga tiene miedo de volver a toparse con él.

Y también tiene miedo por mí, porque me tope yo.

Claro, pero además seguimos dando pasos en falso.

No es por hacer sangre,

pero el operativo de Osorio ha salido rana.

Con la guerra que dio con eso, Dios mío.

Ahora, me alegro de que Nacha no haya corrido ningún riesgo.

(SUSPIRA)

Pero conociéndolo, será difícil hacerle desistir.

A ver qué pasa con el superpoli.

Va a ser un varapalo para su orgullo.

Es lo que tiene sentirse infalible, sí.

(SUSPIRA) Yo ya no sé nada, Elías.

No sé si estoy tan implicada que pierdo la perspectiva o...

O que he perdido la intuición, no sé.

Siento que se me escapan demasiadas cosas.

No, tu intuición está impecable, lo que necesitas es un día libre.

Sí, hombre, para ponerme mala, como siempre.

Sí, y luego contagiarnos a todos, como con la varicela.

(RÍE) Calla, por Dios.

(Teléfono)

Nah, no es nada.

A ver.

¿Qué pasa? ¿Es él?

"Os dije que actuaría cuando yo quisiera".

¿Qué pasa?

¿Qué?

¡Lola!

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

¿Qué quieres?

No, no, no.

Eso es imposible y lo sabes.

Por favor.

Déjame tranquila.

-Lo que vengo a proponerle no tiene que ver con los servicios de Ocaña.

Entre otras cosas, porque no sabría hacer algo así.

También he de decirle que no sabe que estoy aquí.

-Pero esto es la cuenta de resultados de mi empresa,

es una información pública,

cualquiera puede consultarla.

-Exacto, esas son las cifras que aparecen.

Y estas las que podrían aparecer.

Le empujaste, hay un parte de lesiones.

Fue accidente. No quería que le pasara nada.

Qué sabía que se iba a tropezar.

Eres policía, no puedes hacer eso..

Mira, tía, déjalo. Espera un momento.

¿Tienes algo más sólido? Osorio, por favor.

Sí.

Hay algo. Comisario.

El agresor tiene a Lola.

Debemos mantener la cabeza fría.

De ello depende encontrar a Lola con vida.

-Sabíamos que tanta provocación iba a traer una consecuencia.

¡Bueno, ya está bien!

Ahora no es el momento para pedir responsabilidades

ni ajustar cuentas.

Ahora lo que toca es arremangarse y estar al 100%.

Alicia y Rober, sigan con lo de los móviles.

Elías y Nacha, peinen la zona. Trabajo de campo,

sistemático, sin dejarnos nada. Tiene que haber algún testigo.

(LLORA) -Sé que está viva.

¡Lo sé!

Pero...

(LLORA)

No me quiero ni imaginar lo que le ha podido hacer.

-Vamos a ver si sacamos algo de la foto.

-El plano es demasiado cerrado, no sabemos si es luz natural.

-Haga zoom aquí. -¿Aquí en el reloj?

Ya lo he mirado,

retocó la imagen para que no veamos la hora.

-Tiene que haber algo. -No hay nada.

No tenemos ni una puta mierda.

(RESPIRA HONDO)

¿Has averiguado algo de los teléfonos robados?

Sí que lo conozco.

¿Alguien más?

¿Seguro? Ha memoria, esto es importante.

Hay una nueva víctima.

Se lo digo porque tengo que pedirle un favor,

que no publique nada.

-Ya decía yo que era todo demasiado sencillo.

-Tengo buenas razones para pedírselo.

-Claro, y yo a lo mejor tengo razones para negarme.

Como que estoy harto de ser un pelele, inspector.

-Miralles, han traído esto para ti.

¿Qué es esto?

No.

No, no, no. No puede ser.

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Servir y proteger - Capítulo 43

27 jun 2017

Olga aterrada decide quedarse en casa. Miralles se desespera al no tener más pistas. A Rober se le juntan los problemas: tiene que vérselas con Jairo, Paty, Alicia y Sergio. María no sabe cómo reaccionar con Osorio. Salima está rara. Y, de momento, nadie echa de menos a Lola.

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  1. maia

    La empecé a ver, me aburrió, la dejé, volvi a verla para darle una segunda oportunidad. Pero no hay caso. Es un plomo....ninguna historia atrapa, las actuaciones son flojas, demasiado poco gasto de producción, escenarios casi estáticos, Si es barato....que no se note...!!!

    01 ago 2017
  2. Gladys Luna

    Ya es tiempo que nos den un la, la serie es buena pero que no pase como Acacias que pasan sucesos super increiblesy como dicen en Puerto Rico que se caen de la mata

    29 jun 2017