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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 425 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora las dos saben lo que ha pasado y me han echado un broncazo del 15.

Que me he pillado de dos chavalas y no sé qué decidir.

Me estoy volviendo loco, tronco. -Ya...

Sopesa qué tienes en común con cada una y ya está.

-¿Conoces a The Little Beast? -Ojalá vengan a Madrid

a tocar dentro de poco.

-¿Me estás vacilando? ¿No sabes que tocan esta noche en Madrid?

-¿En serio, tío? No me había enterado.

-Tronca, ¿vamos juntos?

-Si no hace falta que me convenzas, Olga. Yo estaría encantada de ir.

Es que es el cumpleaños de mi madre, ¿sabes?

Y no voy a dejarla sola a la pobre.

-Igual, sin esa mentirijilla pues...

Esta noche no hubiera sido posible.

Me molaría seguir viéndonos, como ayer.

-En plan, ¿salir y eso? -Sí, pero tampoco te quiero agobiar.

-Que sí, que vale.

-Claro, fuisteis juntos al concierto.

¿Y salís una noche y ya sois novios? Es muy fuerte, tío.

Te das la vuelta y tu mejor amiga te traiciona.

-Lo siento mucho. Lo último que quería era meterme entre vosotras.

-Te has cubierto de gloria.

-No entiendo la necesidad de convocarme hoy

si me incorporo mañana.

Tú has colado a este tipo

y le vas a dar un trato de favor porque es tu amigo.

-No, no. Yo trato a todos por igual.

Mercedes, es fundamental que la atención al ciudadano

sea lo más profesional posible.

Es que yo tengo mi estilo propio de trabajo.

Mi experiencia me avala.

Lo que no puedo hacer es convertirme en otra persona,

concretamente, no puedo convertirme en una más joven.

Bremón enchufó para un puesto que no merecía a su amante.

No escucho ni comento rumores.

No me importa en absoluto la vida privada de mis agentes.

A menos, que les afecte al desempeño de sus funciones.

Pues necesitaba hablar de esto, Claudia,

porque si es así, me parece indignante.

Mi marido me dejó hace seis meses.

Se fue a vivir con una mujer 20 años más joven que yo.

Llevábamos juntos toda la vida.

¿Qué queréis? Te queremos a ti.

-"Es acerca del muchacho con 15 años que abatió durante la misión.

Yuri Konchalovsky."

¿Era familiar de Kiril Konchalovsky? "Es su único hijo."

Que Quintero y Oleg hayan tenido negocios en el pasado

podría allanarnos la investigación.

Esos rusos son muy paranoicos con la seguridad.

Tengo que ir entrándoles poco a poco.

Estoy queriendo volver a reactivar la ruta del sur.

Dile que Fernando Quintero está de vuelta

y tiene un gran negocio que proponerle.

A nuestra gente les costó mucho ponerle las esposas a Quintero.

Si no les explicamos nada, no van a entender nada.

No tengo más información que la que da la prensa.

Pero dado mi puesto,

procuro no cuestionar las decisiones judiciales.

Yo también lo procuro, Miralles... Si le han soltado, será por algo.

Hay algo de Álvaro que creo que debes saber.

La chica con la que está saliendo es inspectora de policía.

-¿Qué quieres que hagamos? -De momento nada.

Ya me ocupo yo de Álvaro.

Tú y yo tenemos muchas cosas en común.

Por eso me gustaría que tu relación con Álvaro fuera adelante.

-Yo quiero, Elvira, pero Álvaro está con Silvia.

Y yo no me quiero meter en medio.

-De eso no te tienes que preocupar. De Silvia me ocupo yo.

¿Crees que una policía

saldrá con un chico sin averiguar de dónde viene?

Como empiece a estirar del hilo... A saber lo que encuentra.

-Me he escapado para preguntarte si quieres cenar conmigo esta noche.

-¿Con tus compañeros? -No van a estar. Yo hago la cena.

-Me parece buena idea.

(Música emocionante)

¿Crees que debería llamarla?

-Hombre, Paty, eso tienes que resolverlo cuanto antes.

Aunque no sé si llamarla por teléfono y contárselo es un poco cobarde.

-Ya...

Bueno, igual le escribo un mensaje para decirle que venga a verme, ¿no?

Va.

Pero ¿y qué le pongo? Le digo que tenemos que hablar

o cuando venga pues se lo suelto. -Mira, lo que sea, pero díselo ya,

por Dios, que me tienes nerviosa hasta a mí.

-Bueno, primero le pregunto cómo está.

Por si le ha pasado algo con su padre

y la pille de bajón y la liamos.

-¿Te estás echando atrás? -No, no.

-Bueno, pues eso espero.

Además, que ya es tarde porque mira, aquí la tienes.

-Olga, tía, qué casualidad, justo te estaba escribiendo.

-Mira qué bien, ya me puedes decir a la cara lo que sea.

-Me voy a la terraza a ver si hay alguien, ¿eh?

-¿Quieres tomar algo?

-Un agua, a ver si me aclara las ideas.

-¿Y algo de comer? -No, tengo el estómago cerrado.

-¿Y eso? ¿Ha pasado algo en la escuela?

Tu padre está bien, ¿no? -Sí, está bien.

¿Y tu madre?

No me contaste nada del cumple. ¿Qué le regalaste? ¿Dónde cenasteis?

-Bueno, es que tampoco...

Tampoco hay mucho que contar, o sea...

Ya conoces a mi madre y... -Ya, lo sé,

pero a veces la gente te sorprende, Paty.

Esperaba que ya que nos perdimos el concierto, mereciese la pena.

-Olga, yo...

Me hubiera encantado ir contigo. -Pues es una pena,

porque me dijeron que fue un conciertazo.

-Ah, ¿sí? ¿Quién te lo dijo?

-Toni.

-Toni...

Toni, ¿no? Toni, nuestro Toni. -En todo caso, tu Toni.

-¿Qué te ha dicho? -Que te has enrollado con él, Paty.

-Joder, Olga. Yo te lo quería contar, te lo juro.

Te estaba escribiendo para contártelo, de hecho.

Pero una cosa llevó a otra y... -Y estáis saliendo juntos, ¿no?

-Bueno, a ver, tampoco es en plan formal, ni mucho menos.

-¿Y en qué plan es entonces?

Y no me mires así porque te estás enrollando con el tío

del que dijimos que íbamos a pasar. Las dos.

-Lo siento muchísimo. No quería que te enteraras así.

-Me mentiste en la cara para liarte con él en el concierto

mientras yo estudiaba en casa como una imbécil.

-Olga, espera, por favor, vamos a hablarlo.

-No hay nada de lo que hablar ya.

-No sabía cómo contártelo. Lo último que quería era hacerte daño.

-Si hubieses pensado un poquito en mí no hubieses hecho nada de esto.

-Si se lleva tres le sale mucho más económico.

Todo depende del dinero que se quiera gastar.

-Con uno bastará. Gracias.

Y ¿tienen cajas de cartón, tipo mudanza?

-No, de eso no vendemos,

pero le puedo dar de las que tengo ahí.

Recibo material casi todos los días.

Es más, con suerte se lleva incluso cajas mías de mi mudanza.

Voy dentro, a ver si las tengo. -Estupendo. Gracias.

-Son un poco grandes. ¿Quiere que le ayude con las cajas?

-No, no, no. No hará falta. Gracias.

Si no son para una mudanza, además.

Son para meter las cosas de mi ex.

Nos separamos hace unos meses y todavía no ha sido capaz

de terminar de llevarse sus cosas y le aseguro que si supiera

dónde llevar las malditas cajas, aceptaría su ofrecimiento encantada.

-Bueno, yo me refería a ayudarla ahora, con las cajas.

Ahora.

-Con las cajas vacías. -Sí.

-(RÍE) Se estaba ofreciendo a ayudarme con las cajas vacías

y yo le estaba encasquetando una mudanza.

-Básicamente, vamos. Me veía ya por ser amable cargando un tresillo.

-¡Ay!

(RÍE) Al módico precio de 1,50 me llevaba cajas y porteador.

-Tres por dos.

-Es que llevo muy mal tener las cosas de mi ex por medio.

(RÍE) Y cuando me sacan el tema...

-Normal.

Pero, mire, si me acepta un consejo gratis, a parte de las cajas,

dele un poco de tiempo. No sé, una semana.

Si a la semana no se ha llevado sus cosas,

yo mismo voy y le ayudo a tirarlo todo al contenedor.

-Gracias. Espero no llegar a tanto.

-Y las cajas. ¿Seguro que no quiere que le ayude?

-No, no. Puedo, puedo.

Y la próxima vez, prohibido tratarse de usted.

-Eso dalo por hecho.

-Y gracias. Por las risas y por las cajas.

-Encantado.

Y vuelve cuanto antes y me vas contando cómo va la historia.

-(SUSPIRA)

Paty, déjalo ya.

Déjalo ya que me vas a desgastar el vidrio.

-Me siento la peor persona del mundo.

-Bueno, mujer, tampoco es eso.

-No me va a perdonar.

-Hombre, a Olga le va a costar tiempo digerir la cosa,

pero ya verás como al final te perdona.

Si está claro que Toni y tú estáis hechos el uno para el otro.

-¿De verdad lo crees?

-¿Pues no lo ves? Es nombrártelo y se te olvida todo.

-Tenía que haber ido de frente.

Es que si le llego a contar a Olga cómo me sentía.

Pero fue empezar a mentir y ya...

Es que no supe cómo parar.

-Bueno, mujer, a toro pasado lamentarse no sirve de nada.

Ya verás como al final lo comprende.

-(SUSPIRA)

-Acabáramos.

-Cuánto echaba de menos venir aquí a La Parra.

-Buenas tardes, Fernando. -Buenas tardes, María.

No sabes las ganas que tenía de volver a verte.

Sigues igual de estupenda que siempre.

-Si no te importa, estoy limpiando la roña.

-Sí, claro, Paty. Ya veo que tú también sigues igual.

-¿Lo de siempre, Fernando? -Sí, por favor. Gracias, María.

-(SUSPIRA) De verdad, yo es que flipo, ¿eh?

Hay que tenerlos bien puestos...

-(CHISTA) Tengamos la fiesta en paz, ¿eh?

Aquí tienes.

Tu pinchico de tortilla

y tu café.

-Muchas gracias por acordarte.

-Es que tengo buena memoria, porque mira que ha llovido

desde la última vez que nos vimos.

Que por cierto, bastante que te lloré.

-Lo siento mucho, de verdad.

-En el tiempo que no has estado han hablado mucho de ti.

-Y supongo que nada bueno. Pero tú ya sabes que en este barrio

las habladurías pueden llegar a hacer mucho daño.

-Habladurías no, Fernando.

Que ahora todo el mundo sabe cuál era tu verdadero negocio.

-Bueno, mi negocio era, y sigue siendo, el transporte de mercancías.

-Ya.

Pero ¿qué mercancías?

No me dirás que la policía se lo ha inventado.

-Verás, lo único que te puedo decir

es lo que me ha pedido y aconsejado mi abogado.

Que no hable absolutamente nada del tema hasta el día del juicio

y todavía no hay ni fecha prevista.

-Mira, yo ni creo ni dejo de creer.

El tiempo lo dirá. -Pues eso, el tiempo lo dirá.

Estoy intentando volver a darle trabajo a la gente del barrio.

Mírame. Soy yo, María.

Soy el mismo Fernando Quintero de siempre.

No soy ningún monstruo.

-Yo ya no sé quién eres.

Lo único que sé es que...

Lloré bastante tu muerte, la verdad.

-Pues estoy seguro de que, aquí en el barrio, más de uno

hasta descorcharía una buena botella de cava cuando se enteraron.

-Y tú mientras riéndote de nosotros.

Querrás que te reciban con los brazos abiertos.

-Ya hay bastantes que me han retirado el saludo por la calle.

-Bueno, ¿y qué esperabas?

-Esto.

Poder agradecerte doblemente este maravilloso pincho de tortilla.

-Que aproveche.

-Gracias, amiga.

-Hola, María. -Hola.

-Hola, Paty. ¿Me pones un café, por favor?

Hay que tener mucho morro para sentarse aquí como si tal cosa.

-Vaya, la oficial Aguirre. Qué sorpresa.

¿Quieres un cafelito o algo?

-¿A quién has sobornado, Quintero, para poder salir?

-Raro, ¿no? Que un agente de la ley empiece a desconfiar de la justicia.

-Solo trato entender quién puede dar crédito a una rata de su calibre.

-¿Sabes qué? Se lo vas a tener que preguntar a otra persona

porque yo, esta mañana, me he mirado al espejo y me he prometido

que no voy a entrar al trapo de ninguna provocación.

¡Paty!

Toma. Mira, te dejo aquí 50 euros para que te cobres de lo mío

e invites también a una ronda a todos los vecinos

a ver si el barrio se entera de una vez de que estoy de vuelta

y no soy ningún fantasma.

-¡Paty! Tranquila.

Y mi café ya me lo pago yo. Muchas gracias.

Lo único que quiero de usted es volver a meterlo en la cárcel.

-Ah, ¿sí? Pues creo que vas a tener que esperar sentada

porque eso parece que es algo que no está en tus manos.

Que tengas un buen día.

-(SUSPIRA)

¡Quintero!

Inspectora Miralles, qué sorpresa.

Si quiere darme la bienvenida al barrio puede ahorrárselo.

Acaba de hacerlo la oficial Aguirre en el bar La Parra.

En su nombre y en el de toda su comisaría.

Su puesta en libertad no es un trago fácil para mis agentes.

Supongo que lo comprende.

Sí, claro, lo comprendo y lo entiendo perfectamente,

pero no se preocupe, no pienso caer en ninguna provocación.

Lo único que me importa ahora mismo es retomar mi empresa.

Por cierto, para que lo sepa usted y el resto de sus agentes,

una empresa que he adquirido legalmente.

Espere.

Fidalgo me ha puesto al tanto de todo.

Al tanto de...

¿De todo?

Le aseguro de que en esto estamos los dos en el mismo barco.

Alicia es como una hija para mí.

Miralles, quiero que sepa que...

voy a hacer lo que sea para traer a mi hija a casa sana y salva.

No me cabe la menor duda.

Yo no me siento orgulloso de muchas cosas

que he hecho en el pasado

ni de lo que he sido, pero si eso sirve ahora para salvar a mi hija,

bienvenido sea.

Coincidimos plenamente.

Ahora, si no le importa, tengo que...

seguir haciendo de narcotraficante por el barrio.

Hágalo bien.

(Suena un móvil)

¡Corbacho! ¿Qué tal, amigo? ¿Cómo estás?

¿Tienes alguna respuesta de...?

Vaya.

No has podido contactar con él. Bueno, no te preocupes ya...

Ya nos veremos en otro momento. Adiós, amigo. Chao.

¿Alguna propiedad a nombre de Oleg?

¿Y de algún familiar o alguien relacionado?

Necesito que os dejéis la piel con esto, ¿vale?

Cualquiera novedad, llama.

¿Por qué no te sientas? Me pones más nervioso.

Pues lo siento, no quiero.

No soporto estar sentado esperando. Si me muevo tengo la sensación

de estar haciendo algo. No sabemos lo que puede durar,

así que cálmate.

Déjame ver otra vez el vídeo de Alicia, por favor.

No.

Necesito verlo.

No te voy a enseñar ese vídeo en ese estado.

No sirve de nada recrearse en la angustia.

¿Por qué no pones el foco en el siguiente paso?

Necesitamos encontrarla cuanto antes.

¿Y por qué tengo la sensación de que ya es tarde?

No lo es.

Tu hija sigue viva y vamos a liberarla.

Piensa en lo que vas a decirle cuando llegue a casa.

Si pudiera cambiarme por ella.

Pues no puedes.

Nadie puede.

¿Qué va a ser de Leo? ¡Ya basta!

Alicia es fuerte y valiente.

Tienes que confiar en ella.

Siempre lo he hecho.

(Suena un móvil)

Quintero.

Te escucho. Fernando, soy yo.

¿Has localizado a ese hombre?

-"No, lo siento. Mi contacto no ha encontrado al ruso aún."

-¿Qué pasa ahora? ¿Cuál es el plan?

Sigue según lo acordado.

No podemos levantar la liebre, no sabemos dónde está Oleg.

"Lo seguiré intentando."

-Dios. Tiene que haber algo que podamos hacer.

Estamos haciendo lo correcto. Hemos lanzado la caña

y hay que esperar a que pique. Ten paciencia.

¿A mi hija se le acaba el tiempo y quieres que tenga paciencia?

Lo siento, Iker. Perdóname.

Perdóname, yo sé que a ti te duele tanto como a mí.

No me lo tengas en cuenta.

De todos los planes, el mejor es el de Quintero.

Y tal vez el único.

Me parece un tanto precipitado. ¿Y si Oleg

sospecha de algo

y decide no dejarse ver?

Se te nota en el tono de voz que estás mejor.

No. Venga, pero por favor, ¿eh? Cuídate.

Te necesito a ti fuerte.

No, yo estoy bien. Venga, hasta luego.

(Tocan a la puerta)

Adelante.

Eres tú, menos mal.

No tenía ganas de disimular.

Vengo a ver cómo lo llevas, porque yo, fatal.

Estoy que me subo por las paredes.

¿Has visto esto?

¿En manos de quién está Alicia?

Es un criminal, es un carnicero.

También lo he mirado por mi cuenta.

Es difícil no hacer nada en esta situación.

Si al menos dirigiera el operativo para rescatarla.

Ya, pero tenemos que confiar en el CNI. Miralles, no queda otra.

Tengo paracetamol e ibuprofeno. ¿Qué prefieres?

Anda, que si te oyera Antonio... Me conformo con un café.

¿Te lo traigo? Sí, hombre. Lo nunca visto.

El comisario trayéndome un café. Venga.

Tienes toda la razón.

Vamos y nos lo tomamos. Y te aireas, te vendrá bien.

No sé qué decirte, porque cada vez que me asomo

todos me preguntan por qué Quintero está en la calle.

No nos queda otro remedio que mantener la fachada.

No podemos descuidar otros casos. Lo sé, pero no me puedo concentrar.

Bueno. ¿Alguna novedad en el caso de la mujer estrangulada?

No hay nadie en su entorno con motivos para asesinarla.

Como no encontremos pronto indicios...

Bueno, encontraremos algo.

Vamos a tomar ese café que lo estás necesitando.

Vamos. Espera, espera.

Te quería comentar que he hablado con Merche

por su problema de actitud.

¿Crees que ha servido de algo? Espero que sí.

Hay que tener paciencia con ella, está pasando por un momento personal

un tanto delicado.

A ver, que su marido la ha dejado por otra más joven,

y no lo lleva bien. Está muy reciente todo

y se le hace cuesta arriba.

Vaya por Dios. Lo siento mucho.

Pero la cara visible de la comisaría frente al ciudadano

no puede permitirse estar de mal humor.

Lo sé, pero por eso te digo que hay que tener paciencia.

Es la persona idónea para la ODAC.

Si tú lo dices, me fiaré de tu instinto.

De todas formas, intentaré ser especialmente delicado con ella.

Vale, pues sí, te lo agradezco porque no necesitamos

más frentes abiertos.

Si me dice su nombre, yo le anuncio.

Oiga. -Espera, Marisa. No te preocupes.

Tranquila, déjalo pasar. Es un viejo amigo. ¿Verdad, Oleg?

Todo bien.

-Así que es verdad. Has vuelto, cabronazo.

-Aquí estamos, amigo.

-Estás viejo, Fernando.

La cárcel te ha sentado mal. -(RÍE)

La cárcel no le sienta bien a nadie.

Pero a ti te veo igual que siempre, sigues en forma.

-Será porque me cuido bien.

-¿Sabes? Me ha sorprendido tu visita, porque Corbacho me dijo

que no había podido contactar contigo.

-Le ordené decir eso por seguridad. -¿Por seguridad?

Vaya. ¿No te fías de mí? -No confío en nadie.

-Tan desconfiado como siempre, ¿no?

-No como tú.

-Bueno, en eso tienes razón.

-¿Brindamos por tu regreso? Espero que tengas vodka.

-Pues no lo sé, voy a tener que mirarlo.

Me estoy instalando de nuevo y no sé muy bien lo que tengo aquí.

-Corbacho me comentó que querías hablar de negocios.

Explícate.

-Bueno, no sé.

Creo que ya va siendo hora de que tú y yo

volvamos a hacer negocios juntos, ¿no?

Pero me vas a tener que disculpar,

porque no tengo vodka. Solo puedo ofrecerte

un buen güisqui.

¿Quieres?

-Anda que... Hoy no hace falta sonsacarte nada, ¿eh?

-¿De qué hablas?

-¿De qué voy a hablar? De tu cita con el mecánico,

se te nota que piensas en eso. -Me hace ilusión, pero tampoco...

-¿Ilusión?

Ilusión se queda corto, vamos.

Te hacen los ojos chiribitas y no paras de mirar el móvil.

A ver si te ha escrito o no. -Eres muy listilla.

-Pues tienes suerte de que Alicia no haya venido hoy, porque

no te veo la cabeza muy puesta en el trabajo.

-Pues sí.

La echo de menos, es que ya son días.

Pero sí, tengo suerte, porque no estoy muy centrada.

-Qué bonitas son las primeras citas, ¿verdad?

Esa expectación, esa cosita.

-Creo que estoy hasta nerviosa. -¡Ni nerviosa ni nerviosa!

Si tenéis mucha química los dos.

-Ya, pero no paro de imaginar cómo será la noche.

-Así que te imaginas una tórrida noche de pasión.

-Calla, que al final me pondré nerviosa.

-Por algo me has pedido la casa para ti sola.

-Y tú, ¿a qué hora vuelves?

-No te preocupes, voy al cine con unas amigas

y luego picaré algo por ahí.

Y Fede tiene turno de noche, tienes vía libre.

¿Qué vas a cocinar?

-Él se encarga de traer la cena y yo compro el postre.

-¿Llegaréis a los postres? -Vale, ya, para.

-Vámonos, que no llegamos. -Voy a pagar.

¿Cuánto es? -5,40 lo vuestro, cariño.

-Silvia, ¿tienes un euro? -Sí.

-No pasa nada, ¿eh? -Toma.

-¿Inspectora Orestes?

-Sí, soy yo.

¿La conozco? -No.

A mis hijos sí, son los propietarios del Moonlight.

Soy Elvira Soler, encantada.

-Lo mismo digo.

-Tengo entendido que se pasó por nuestro local

para investigar la venta ilegal de medicamentos.

-Pero no tiene de qué preocuparse, fue algo circunstancial.

El responsable frecuentaba su pub y necesitaba descartar

que no hay socios implicados. -Entonces todo arreglado, ¿no?

Me alegro.

Nosotros encantados de colaborar, pero entienda que la clientela

puede pensar cosas raras si ven a policías sacando la placa.

-Yo solo hacía mi trabajo.

Pero vamos, que lamento las molestias.

-Silvia, ¿vienes? -Sí, voy.

Encantada.

Nos veremos.

-O no.

-¿Quién es?

-La madre de Álvaro.

-Así que piensas reflotar tu negocio.

-Pues sí, pues sí.

Y esta vez quiero volver a lo grande, ¿sabes?

Por eso necesito a un socio que tenga

músculo e infraestructura para que sea capaz de distribuir

toda esa mercancía, esa droga por el sur.

Ya sabes que a ti allí te respetan.

-¿Y a ti?

No te ofendas, amigo, pero estás acabado.

-Mira, Oleg.

La cárcel ha podido dejarme algo tocado,

pero estoy más fuerte que nunca. -Estás pendiente de un juicio.

Ya no eres jefe de nada.

Ni siquiera tienes vodka para ofrecer.

En cuanto asomes la jeta te mandan a la cárcel.

-Eso está por ver.

Yo no pienso volver allí.

-¿La policía está de acuerdo? -Han hecho el gilipollas conmigo.

Creen que me utilizan para desmantelar

la organización de Somoza, pero he sido yo

quien los ha utilizado a ellos para quitarme de encima

a ese maldito colombiano que se estaba convirtiendo

en un grano en el culo.

-Eso he oído.

Te levantó el negocio.

Mató a tu mano derecha.

Jodió a tu hijo. -Yo también le hice daño a él.

Pero lo importante es que ni Somoza ni su mujercita

están aquí entre nosotros, ¿verdad? Así que tengo todo el camino libre

para volver a lo grande.

-Eres un gato, Fernando. Tienes siete vidas.

Lo malo es que no sé por cuál vas.

-Por la mejor, amigo.

Estoy en el mejor momento de mi vida. Por eso estoy buscando un socio

que tenga un buen par de huevos.

¿Podrías ser tú?

-Está bien.

Deja que me lo piense.

-No tienes mucho que pensar, ¿sabes?

En este negocio, tú sabes bien que las buenas ofertas

no duran mucho. -Es que ahora no voy por libre.

Trabajo para una persona mucho más poderosa.

-¿Quién? -Kiril Konchalovsky.

-No sé quién es ese tipo, pero si tienes un jefe está bien,

consúltalo con él. -Lo haré.

-¿Lo harás...

cuándo?

No sé si está en España. ¿Lo vas a ver hoy o qué?

-Haces demasiadas preguntas. Te preocupas.

Ya te daré una respuesta.

Y si quieres hacer negocios con nosotros,

cómprate un buen vodka.

Ese güisqui sería una ofensa para mi jefe.

-No te preocupes. La próxima vez tendrás aquí un buen vodka.

(Llaman a la puerta)

-Estoy cerrando. -¿Se puede?

-Ah. Que sois vosotros.

¿Qué queréis? -Joder, nano.

Cuando trabajabas para el rata de Ramón

te quedabas hasta las mil y ahora que es tuyo

cierras a la hora. -He terminado por hoy.

Chicos, tengo prisa. Venid en otro momento.

Deja eso que la lías.

¿Lo ves? Tío, si es que... -Joder.

Vaya humos, y eso que venimos de buen rollo.

Mira.

-¿Y eso?

-Habrá que celebrar que has conseguido tu sueño.

Tantos años dando la brasa con montar tu taller y mírate.

Aquí estás.

-No lo habría conseguido sin la ayuda de mamá.

-Para eso está la familia, ¿no?

Para ayudarnos los unos a los otros. -Estamos muy orgullosos de ti.

Ahora podemos decir que el traslado a Madrid

ha sido un éxito. Tenemos el Moonlight, este taller...

No está mal para empezar.

-¿Cómo que no está mal para empezar? -¿Qué te has pensado?

Vamos a ser los putos amos del barrio. Toma.

-Gracias. -Luis.

Por Motor Soler. -Y por su propietario, Álvaro Soler.

Gracias a ti el negocio familiar sigue creciendo.

-Espero estar a la altura. -Sí, siempre has sido responsable.

Por cierto, he hablado con mamá. Ya le he dicho que esté tranquila.

Que no vas a tirarlo todo por la borda por un capricho.

-¿Por capricho te refieres a Silvia? -Hombre.

Pues claro que sí.

Si las tienes a patadas, para qué ponernos en peligro a todos

por una tía.

-No te he preguntado, así que calla. -En eso pensamos igual.

Y tú lo has dicho antes. Si tienes esto es por mamá.

Los tres estamos en deuda con ella de alguna manera.

El viejo nos dejó tirados, pero los Soler

somos una piña.

-No nos pondrás en peligro, ¿no?

-No digas tonterías. -Si te la quieres tirar,

no hay problema, ¿eh? -De hecho, te felicitamos.

Porque está de toma pan y moja.

-Pero si sientes algo más... -Solo nos estamos conociendo.

-Lo único que te digo es que si te empiezas a pillar,

corta por lo sano.

Si la dejas entrar en nuestro mundo, acabarás jodiendo a la familia.

-A ver. Creo que estamos exagerando. ¿No te parece?

-No. No me parece.

Una cosa es que mires para otro lado mientras nos manchamos las manos

con el negocio familiar, pero no te equivoques.

Lo que sostiene de verdad a esta familia,

lo que permite que tengas todo esto, ese es el verdadero negocio familiar.

Y tú formas parte de él tanto como nosotros.

-No hace falta recordárselo, lo dice claro el logo, ¿no?

Motor Soler.

-Motor Soler.

-Tú no nos dejarás con el culo al aire

igual que el viejo. ¿A que no?

-Claro que no. ¿Eres tonto?

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer.

Para seguir adelante tenemos que ser eso, una piña.

Nada ni nadie puede destruirnos.

Así que mantén a esa inspectora

lejos de nuestros asuntos.

-Por los Soler.

-Nos vemos en casa.

-Hasta luego.

(Timbre)

¿Qué haces aquí? Tengo novedades.

-Por fin.

-Oleg se ha pasado por mi oficina. Parece que Corbacho le dio

el recado, pero el ruso no se fiaba de mí.

¿Has conseguido ganártelo? Sí, creo que sí.

Pero no lo sé, no estoy seguro. Solo decía

que estoy acabado, y no le falta razón.

¿Ha mencionado a Konchalovsky? Sí.

Al final habló de él, no dijo nada

hasta que no se convenció de que mi vuelta iba en serio,

entonces confesó que trabajaba para él.

-Pero eso es bueno, ¿no? -No lo sé, no tengo ni idea.

Yo ya se lo he dicho, ahora

habrá que esperar respuestas. No está en mi mano.

Le he sacado todo lo que he podido, pero no sé ni cómo, ni cuándo,

ni si se lo dirá en persona. Si esperamos la aprobación del jefe

se puede demorar mucho, y más si tienen otras prioridades.

No tenemos tiempo. Alicia nos necesita.

Vamos a mantener la calma, ¿vale? El plan sigue adelante.

¿Y de qué sirve esto?

Podías haberle exigido al jefe...

-¡No puedo exigirles nada, maldita sea!

Ni necesito, tampoco, que me presiones más.

Acabo de salir de la cárcel, joder.

No puedo ofrecerles nada, solo palabras.

Me esfuerzo todo lo que puedo por ser convincente ante ellos.

-Pues esfuérzate más.

-(SUSPIRA)

He intentado seguirle cuando salía de mi empresa.

¿Cómo? No te preocupes,

no pude hacer nada. Antes de arrancar el coche

tus hombres me lo impidieron.

-¿Y por qué?

Pues porque todo el plan se hubiese ido a la mierda.

Si poner un seguimiento a ese ruso fuera la solución

ya hubiésemos enviado a nuestros agentes.

Entonces, ¿qué nos queda?

¿Solo esperar?

El tiempo de Alicia se acaba.

¿Y si esta era la última oportunidad que teníamos para salvarla?

Marcelino, sé que te voy a pedir un imposible.

Pero tienes que calmarte.

Y lo mejor será que te vayas a casa con Montse

y cuides del pequeño.

Alicia necesita que lo hagas.

Vale, pues...

Pues está bien. Supongo que soy más útil allí.

-Marcelino...

Cuida bien de nuestro nieto.

Sé que lo harás.

Le he fallado, maldita sea.

He vuelto a fallarle a Alicia.

Debí coger a ese maldito ruso por el cuello

y haberle reventado la cabeza a golpes

hasta que me dijese dónde la tenía.

Y si hubieses hecho eso, ahora mismo Alicia estaría muerta.

Quintero, has hecho bien en contenerte.

Tenemos que seguir con el plan.

Con el plan.

Tenemos que seguir con el plan.

Pues sí.

¿Sabes? Yo, ahora mismo, lo que necesito es un buen trago.

Espera, espera, espera, espera...

Estoy empezando a recordar

un dato que podría ser muy importante.

¿De qué hablas?

¿Tú podrías rastrear una matrícula?

Sí, podría. ¿Acaso la viste?

Sí, me fijé bien.

Y llevo un rato intentando recordar la última letra

y creo que he conseguido fijar la imagen.

Apúntala ahí.

Esta es.

Búscala.

(Timbre)

-Hola. -Hola.

Qué guapa estás.

-Gracias.

¿Todo bien?

-Sí. Perdón por el retraso.

-No importa.

Estaba preparando unas velas y...

lo único que tengo es un cero, un tres y un cuatro.

-Bueno. Perfecto, ¿no?

Podemos celebrar...

que es la cuarta vez que nos vemos.

O mejor...

Las 30 tonterías que te he debido decir hasta ahora.

-Si es por las tonterías

que me has dicho hasta ahora, vamos a poner un...

430 tonterías.

-Me encanta que me vaciles.

-La de deseos que les habrán pedido a estas velas.

-Sí.

Y nosotros, ¿qué celebramos?

-Habrá que decidirlo. ¿Qué has traído?

-Vino.

¿Qué pasa?

No me digas que no te gusta el chocolate.

-Tanto que compré un brownie espectacular para el postre.

Traías tú la cena.

-No, Silvia. Quedamos en que era al revés.

-No, no. Por teléfono dijis... Vamos, no se oía bien...

¡Qué desastre!

-Vale, que no cunda el pánico. Tenemos...

Brownie de primero y bombones de postre.

O al revés. Qué más da, ¿no?

¿Por qué no empezamos primero por el vino?

Y luego, ya veremos.

-Sí.

(Suena un móvil)

Perdona, es de comisaría. Tengo que cogerlo.

Dime, Márquez.

Eh... Sí, estará encima de mi mesa, ¿por?

No, a ver... Al abogado dile que el detenido no quiso llamarle.

No es cosa nuestra.

Está todo en las diligencias, que para eso están.

¿Vale?

Vale, me cuentas mañana.

(SUSPIRA)

Qué ganas de que se reincorpore Alicia.

Todo solucionado.

Olga, escúchame una cosa, cariño.

Es que todavía tengo para un buen rato, ¿eh?

Pero bueno.

Pero ¿te vas a ir a la cama sin cenar?

¿Ha pasado algo?

No, no. Pero ¿estás bien, hija?

No. Es que no es normal.

Vale. No me quiero meter en tu vida. No.

No pasa nada.

Mañana hablamos, ¿eh?

Venga. Hasta luego.

Ay, lo siento. ¿Estabas ahí?

¿Cómo no me dices nada? No quería interrumpir.

Tampoco tengo prisa, ¿eh?

A mí no me espera nadie en casa.

Pues, por lo que se ve, a mí tampoco.

¿Tú tienes hijos? Sí.

Una, de 21. Aitana.

Pero se ha ido a vivir con su novio.

Ay, Dios mío. ¿Y cómo lo llevas?

Porque Olga estuvo viviendo un tiempo en París, por estudios,

pero me aterra que llegue la hora de irse de verdad.

Es que es horrible. Lo digo por experiencia.

Ahora la opinión de su novio cuenta más que la de su madre.

Y hasta hace nada, tenía que andar tras ella para todo.

Y ahora, de repente,

ya no me necesita más.

Echas de menos hasta los problemas.

Patético, ¿verdad?

Pues no.

Será lo que llaman "ley de vida". Pero, vamos. Manda narices. No sé...

Oye, estoy pensando...

Si no te importa, luego, ¿tomamos algo?

Ya que no nos espera nadie... ¿Eh?

Vale.

Pues te busco después. (ASIENTE)

-Pues... Una cena exquisita, ¿no?

No puedo más.

-A falta de un primero y de un segundo...

Una maravilla.

Qué desastre. -Pero ¿qué dices?

Si tenemos hasta velas.

-No hemos decidido qué celebramos.

-Es verdad.

¿Y si las soplamos

a ver si nos llega la inspiración?

-Espera. A mí, lo de soplar velas de cumpleaños, me da cosa.

Acabo de parecer una tarada, ¿no?

-Sí. Bueno, no... No sé.

Necesito que me lo expliques.

-Vale. Es que en casa no éramos mucho de soplar velas.

De pequeña, sí.

Luego, murió mi padre.

Y la cosa cambió mucho.

No tenía mucho sentido pedir deseos.

Me he puesto nostálgica.

-Eh, no te preocupes.

Me encanta que me cuentes cosas de ti.

-¿Y tú?

-¿Yo?

(RÍE) ¿De verdad quieres que te cuente

los momentos patéticos de mi infancia?

Prepárate.

Para empezar, en mi familia, se reciclaba todo.

El papel de regalo,

los juguetes usados de mis primos,

y hasta las velas.

Ni recuerdo cuántas veces soplé el cero.

-(RÍE) Anda ya. -Te lo juro.

Hubo un año que...

cogí un cero y lo calenté

para ver si se podía convertir en un ocho.

Y se me rompió.

Ese año, no tuve velas.

Pero hay que reconocer que

mi madre siempre ha hecho las cosas con todo su amor.

Y nos hacía un bizcocho

que era una locura.

-¿Y qué deseos se le piden a un cero?

-Lo imposible.

Que mi padre volviera.

-Pues, ¿sabes qué? Sí, vamos a soplar velas. Está decidido.

Y vamos a pedir algo que vaya a cumplirse.

-Hecho.

-Yo ya sé lo que voy a pedir.

-¿Ya? -(ASIENTE)

-¿Preparada?

-Creo que el mío ya empieza a cumplirse.

-Ah, ¿sí?

Lo siento, Silvia, no puedo.

-¿Qué pasa?

-Tengo que irme, ¿vale?

-Álvaro, es que no entiendo. Estaba todo bien.

-Sí, está todo bien.

Es que es mejor que lo dejemos aquí, de verdad.

-Vale, mírame.

Álvaro.

¡Mírame!

¿Qué pasa?

-No siento nada por ti.

Esto es un error.

(GIME)

Es hora de despertarse, bella durmiente.

¿Estás sudando? Déjame.

¿Cuánto tiempo va a durar esto?

Mejor que dure, ¿verdad? La alternativa es mucho peor.

Además, yo te tengo bien alimentada.

No quiero nada.

No seas estúpida.

La medicación es fuerte, necesitas comer algo.

Estas pastillas me quitan el hambre,

solo quiero un poco de agua.

Tú misma.

No.

Por favor, no vuelvas a drogarme, por favor.

Por favor.

Te la vas a tomar.

Tú eliges: por las buenas o por las malas.

Enséñame la lengua.

No me gustan los trucos.

¡Zorra, que te la tragues!

Tú jefe te deja pegarme, ¿eh?

¡Quiero ver a ese Konchalovsky en persona!

¿Qué vais a hacer conmigo?

Come algo y te lo cuento.

¿Conoces la historia de Anastasia?

¿La hija del último zar de Rusia?

La pequeña de las cuatro.

Cuenta la leyenda,

sabiendo que los bolcheviques vendrían a por ellas,

las reinas se cosieron las joyas con las que pretendían escapar

al interior de sus ropas

y precisamente eso salvó la vida de Anastasia.

¿Y esto qué tiene que ver conmigo?

Agua.

La leyenda de que Anastasia

había logrado salir viva.

Sobrevivió incluso más allá de la revolución.

Cada cierto tiempo aparecía una impostora

diciendo que era la auténtica, que era de los Romanov.

Nunca me gustaron los cuentos de princesas.

¿Qué quiere tu jefe de mí?

Lo mismo que exigían a todas esas impostoras.

Una prueba de que eres auténtica.

Alicia Ocaña está viva en mi poder.

Que venga a verme en persona. ¡Que venga! ¡Que venga!

¿Te estoy tratando mal? ¿Qué pasa?

A ver si te enteras

de que vas a hacer lo que yo te diga

por las buenas o por las malas.

Konchalovsky planea algo especial para ti.

Así que más te vale hacerme caso.

Ya estoy lista.

¿Te llevas trabajo a casa?

Qué remedio.

De todas maneras, no creo que pueda dormir mucho esta noche.

Me he entretenido, enseguida estoy. Vale, vale.

¿Llegáis ahora? Vuestro turno terminó hace rato, ¿no?

-Ha pasado algo, Miralles. -Perdón.

¿Qué ha pasado?

Hemos encontrado el cadáver de una mujer.

Ha sido pura casualidad.

Patrullábamos por el polígono, Toni vio un bulto sospechoso,

se acercó a mirar y, bueno...

Lo tuve que sacar de allí rápidamente, estaba afectado.

Se quedaron Márquez y Ochoa

esperando al juez para el levantamiento del cadáver.

Bien. ¿Qué hay de la escena del crimen?

¿Identidad de la víctima o algo por lo que empezar?

Solo te puedo adelantar que ha sido estrangulada.

¿Igual que Rita Blanco?

Estás pensando lo mismo que yo, ¿verdad?

Tenemos un asesino en serie en Distrito Sur.

Nada.

Vía muerta, la matrícula es falsa.

Al menos lo hemos intentado.

Rastreamos el recorrido del vehículo,

pero se perdió a pocos kilómetros del polígono.

Saben evitar las cámaras de tráfico.

Nos tienen bien cogidos por los huevos.

¿Qué? ¿Qué pasa?

Vamos, hombre. Sea lo que sea me lo puedes decir

o vas a conseguir angustiarme más de lo que ya estoy.

Están a punto de cumplirse 72 horas desde que se llevaron a Alicia.

Y pasado este tiempo,

hay pocas probabilidades de encontrar a un rehén con vida.

¿Sabes lo que te digo?

Que se vayan al carajo las puñeteras estadísticas.

(Notificación de un móvil)

Espera. ¿Qué pasa ahora?

Es un mail. Lleva un adjunto.

Mi nombre es Alicia Ocaña.

Soy inspectora de la comisaría de Distrito Sur.

Y voy a morir.

¡Malditos hijos de perra!

Quintero, esto es una muestra de que sigue viva.

Vamos a ir a por Alicia y la vamos a traer de vuelta a casa.

Sí. Lo haremos, sí.

Sería una pena que se rompiera una amistad tan bonita

porque se metiera un chico por medio.

Claro, precisamente por eso nosotras dos pactamos pasar

las dos de él. Pero no, ella ha preferido mentirme

para enrollarse con él a mis espaldas.

Respóndeme a una pregunta.

¿Qué te molesta más:

que te mintiera o que se enrollara con Toni?

Mira, me he pasado toda la noche

dándole vueltas a la cabeza, intentando recordar

si dije algo que provocase el cambio y no se me ocurre nada.

Mierda, era perfecto. -Excepto por su madre.

-¿Su madre?

-Ayer en La Parra te echó una mirada de arriba a abajo

que me dio un mal rollo.

-Imagino que estarás jodido por haberla dejado.

Entiendo que estés cabreado

y sé que lo has hecho por nosotros, por tu familia.

-Hola. -Hola.

-¿Qué quieres? Estoy trabajando. -No os he presentado todavía, ¿no?

-No te molestes, ya nos conocemos. Buenos días.

-Adiós. Buenos días.

-¿Cómo que ya os conocíais?

-Ya tienes vía libre con Álvaro.

Te dije que cumpliría con mi parte del trato.

-De verdad, me sabe mal.

-No, no, no. ¿A ti él te gusta de verdad?

-Pues claro.

-Pues entonces una chica guapa, inteligente,

con la cabeza bien amueblada y que sabe adónde va,

haría muy feliz a mi hijo.

-No puedo olvidarme de ti.

-Estás perdiendo el tiempo conmigo.

Será mejor que te vayas.

-Cuídate.

-Tranquila, lo haré.

Y, si en algún caso, me ocurriese algo,

no te preocupes, me lo habría buscado yo solito.

-¿Sabes? A veces pienso que, que en otra vida

hubiéramos sido felices.

-Lo que tenemos que hacer ahora todos es pensar en el presente.

Lo que tienes que hacer es aplicarte el cuento y salir y disfrutar

y quitarte un poco los problemas del trabajo.

-Pablo, ¿quieres cenar conmigo? Yo pongo la casa y las velas.

-¿Me estás pidiendo una cita?

-¿Te apetece?

-"Hallada una segunda mujer estrangulada en Distrito Sur.

El cadáver de Carolina Fuentes fue hallado anoche

en la zona del polígono".

-Su ex. Se dejaron hace un mes.

Mira lo que le pone:

"Tranquila, amor. Somos inseparables".

O sea, que la víctima tenía una relación tóxica

con un tipo impulsivo e inestable.

Pero necesitamos una vinculación

entre el tipo este, ¿cómo se llama? Arturo.

Arturo Sánchez.

Entre Arturo Sánchez y la otra víctima: Rita Blanco.

Pues la tenemos.

-No debería estar aquí. Oleg puede pasarse por mi oficina.

Ese nunca avisa.

Seré breve. Tienes que estar preparado.

Necesitamos que hackees su móvil. ¿Qué haga qué? Pero..

¿Cómo voy a hacer yo eso? No soy un agente del CNI.

Ojalá tuviéramos tiempo para instruirte.

Tampoco será tan difícil. Dame tu teléfono.

¿Para qué? Tu teléfono. Dámelo.

Está bien. Tómalo.

Las marcas en el cuello de Carolina

coinciden en tamaño con las marcas en el cuello de Rita Blanco.

Además, la ausencia de huellas y las fibras encontradas

indican que se utilizaron el mismo tipo de guantes.

¿Crees que es el mismo hombre?

Me temo que les vas a tener que decir a Jefatura que...

probablemente estemos ante un asesino en serie.

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  • Capítulo 425

Servir y proteger - Capítulo 425

11 ene 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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Añadir comentario ↓

  1. Nuria

    Nuria Muy buena serie, con un gran elenco de actores, merecedora absoluta de un primetime. Felicidades a los guionistas por haber creado el personaje de Alicia, ese que no deja indiferente a nadie: fuerte, contradictorio, vulnerable, ese que remueve tanto al espectador. Muchas Alicias en una sola. Excelente interpretación de A. del Río. Nos está dejando grandes secuencias. Un ejemplo, la de hoy.

    12 ene 2019
  2. estrella

    desde el capitulo 423 incluido no se ve ninguno ponerlo otra vez bien que quiero verlos y no cargan gracias

    11 ene 2019