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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 334 - ver ahora
Transcripción completa

Aunque vuelva a Santander, una parte de mí se queda aquí.

Marcelino y tú me habéis enseñado lo que es tener una familia

y yo os he decepcionado bastante.

Nerea, yo tengo buena memoria para lo malo y para lo bueno.

¿Te acompaño a casa? -No, no.

Ya te he molestado bastante.

-Ahora le hablaba de Herminio, que está la familia buscando a alguien

que le acompañe por el día, pero no le interesa.

-¿Por qué no?

-Por lo visto, prefiere a gente que no esté tan acompañada.

-¿Ha trabajado antes en otro sitio? Por si tengo que dar referencias.

-En el barrio solo ha estado con Flor y con Domingo,

pero ella trabajaba antes en una residencia,

una que hay a las afueras que se llama...

-Los Laureles.

-¿Tú te has oído? ¿Has visto cómo me has hablado?

-Me he pasado. Lo siento, si es que...

Tengo la cabeza que me va a estallar.

-No se está tomando la medicación o la tiene descompensada.

Parece otra persona.

-Es una enfermedad complicada. Puede estallar de repente.

¡Hola, hola! ¡Ya estoy aquí!

No sabes las ganas que tenía de verte.

Y yo también, cariño. ¡Ay, por favor!

-A Espe le tengo pillado el rollo, hablamos en un código, ¿sabes?

Y con un par de copas, pues más.

-¿Qué pasa? ¿Que para una vez que te comes un rosco

tienes que ir a contárselo a tus amiguitos o qué?

-De verdad que no es así. No sé lo que has oído.

-Que conmigo te resulta fácil, sobre todo si voy borrachita.

Necesito que me deis la información que podamos pasar

desde esta comisaría, ¿vale?

Quizá Fede pueda colaborar con otra compañera.

Estoy muy liada. No, de eso, nada.

Lo que busco es la colaboración entre las dos unidades.

Y bueno, ahora que ya hemos arreglado esto,

te tenía que decir una cosa. Va a venir Karim pasado mañana.

-Sofía y yo volvimos. -Creía que no habían acabado bien.

-Eso no le incumbe a usted.

Lo que debe saber es que Sofía es intocable.

-Perdona si no me río, pero esto puede costarme la vida.

Te pediría que comprendieras la importancia de mantenerlo en secreto.

-¿Dónde quedan las hormonas masculinas después del sexo?

-Sabes bien lo que haría Somoza si se enterara de esto.

-Yo solo he conocido a una persona más fuerte que yo y esa eres tú.

No me gustaría tenerte como enemiga. -Eso es imposible, querido.

Yo nunca te haría daño.

-¿Quieres darle una segunda oportunidad?

-No tengo la menor duda.

-Lo primero que vas a hacer es mudarte a mi casa

porque no quiero venir a visitarte como a una amante.

-Me parece muy bien.

-Desde que has vuelto del pueblo, todos comentan que estás diferente.

-La gente habla por hablar.

-Y también se comenta que tuviste una fuerte discusión con tu padre

y por eso te piraste. -Deshazte de él y vente para acá.

Elías acaba de venir y me ha hecho preguntas. Sospecha algo.

-David a lo mejor no es que no quiera ser policía,

sino que cree que no puede.

Sabe que los antecedentes y la placa son incompatibles.

Y si arrastrase, no sé, algún cargo, aunque fuese encubrimiento...

-Eh, ah, sí, David es encubridor, pero de un secreto, no de un delito.

Elías, se lo he contado todo a David, sí.

Ahora sabe que en otra época yo era conocido como el Chispas.

(Música emocionante)

(Timbre)

Buenos días. Hola.

-Buenos días, hija.

Bueno, ¿qué tal está Leo después de esta noche?

Ya sé que solo vienes a verle a él, pero podrías disimular un poco.

Tiene razón. Al menos podrías decir: cómo has pasado la noche, cómo estás.

No va a colar, pero al menos quedas bien.

-Bueno, cuando terminéis de meteros conmigo,

¿alguien me puede decir cómo está mi nieto?

Mucho mejor. ¿Puedo?

Sí.

Ha pasado la noche bastante tranquilo.

Se despertó una vez para la toma.

Estará agotado, pobrecito. El antibiótico da mucho sueño.

¿Quieres un café? Sí, me vendría fenomenal.

Hemos salido de casa sin desayunar. Tu padre me ha metido una prisa...

Anda, siéntate.

¿Te ayudo? No, no hace falta.

Tengo café recién hecho e Iker ha traído cruasanes.

¿A qué hora viene la chica? Hoy no viene.

Si quieres ir a trabajar, me puedo quedar yo con Leo.

-Marcelino, por favor.

-¿Qué pasa? -Que no insistas tanto.

Que sea ella la que te pida la ayuda cuando la necesite.

Me he pedido el día libre para estar con Leo.

Hasta que no esté mejor, prefiero estar con él.

Ayer habrá sido un día muy duro para ti.

Sí, la verdad es que sí.

Menos mal que Nerea descubrió lo que le pasaba.

Eso me tranquilizó bastante. Al principio estaba nerviosa.

La verdad es que ha sido de gran ayuda.

-No hay mal que por bien no venga.

El pobre Leo lo ha pasado mal, pero ha servido para unir a la familia.

Sí. La pena es que justo ahora tenga que volverse a Santander.

Bueno, eso no tendrías que ser así si moviese ficha alguien que me sé.

-Montse, no empieces otra vez con eso.

¿De qué habláis?

¿Se lo dices tú o yo? -¡Ay, señor!

Ayer, como quien no quiere la cosa, estuve considerando la posibilidad...

Pero la verdad es que no lo veo. -¿Quieres terminar de contarlo?

Qué manía de dejar las frases a medias.

Tu padre está considerando volver a readmitir a Nerea en el despacho.

¿En serio? Pero eso sería genial.

Puede que sí o que no. Aún no lo tengo claro.

Nerea se fue de malos modos del bufete.

Igual le planteo lo de reincorporarse y me manda a hacer puñetas.

-Eso no va a pasar, Marcelino.

Nerea está deseando volver a ser parte de esta familia.

Y es muy buena abogada, siempre lo has dicho.

Sí, es cierto. Tanto que no he encontrado a quien la sustituya.

No he visto a ningún candidato que esté a su altura.

-Pues decídete de una vez.

-Montse, una decisión así no se puede tomar a la ligera.

A ver, yo, egoístamente, querría que se quedara en Madrid,

pero entiendo que eres tú el que tendría que trabajar con ella.

Esa chica era muy eficiente.

Te libraría de mucho trabajo. Piensa en eso, Marcelino.

Si le das una oportunidad, no te decepcionará, papá.

Buenos días. -Ah, hola, ¿qué tal?

-Camino del centro de salud. ¿Y tú, qué tal?

¿Cómo tan temprano por aquí? -Ah, voy al mercado.

Me gusta ir a esta hora porque así hay menos gente.

-¿Has encontrado trabajo? -Pues no.

Ojalá, pero, de momento, nada.

-¿No te interesa eso que me comentó María?

¿Ese anciano que necesitaba cuidados y le dijiste que no?

-Herminio. Ya, es que no me encaja con lo que estoy buscando.

-Ah, bueno, y si no es indiscreción, ¿por qué?

Me dijo que dijiste que no ¿porque tenía familia?

-Bueno, si no me sale otro trabajo, tendré que cogerlo.

Pero, de entrada, prefiero gente que esté más sola.

-¿Te llevas mal con las familias? -Yo me llevo bien con todo el mundo.

Simplemente, pienso que un anciano sin familia

está más necesitado. Así me siento más útil

y, al fin al cabo, un señor con sus hijos y sus nietos

realmente no me necesita. -Tiene sentido, sí.

Disculpa, es que me habías dicho que necesitabas trabajo urgentemente.

-Bueno, tal vez exageré un poco.

Gracias a Dios tengo unos ahorritos y me puedo permitir esperar.

-Y si no puedes trabajar en una residencia de ancianos.

Tienes experiencia. -Pues sí que la tengo.

Antonio, yo me tengo que marchar porque...

-Trabajaste en la residencia Los Laureles, ¿no?

-Pues sí, ahí trabajé, pero solo por un tiempo.

Después me fui. -¿Por qué?

-Antonio, pareces un policía con tanta pregunta, de verdad.

-Bueno, sí, disculpa. No quería ser grosero ni maleducado.

-Nada, no te preocupes.

Yo me fui de esa residencia porque no me gustaba el ambiente.

Esos sitios me deprimen. Y a los viejitos también, ¿sabes?

Para mí están mejor en sus casas.

Pero mira, ¿cómo has sabido lo de la residencia Los Laureles?

-Me lo mencionó María.

Me alegra que te vaya bien con el dinero

y que puedas rechazar trabajos.

-Bueno, espero no arrepentirme por ser tan especial.

Y Antonio, ha sido un placer hablar contigo,

pero me tengo que marchar o, si no, no llego.

Un placer. Que vaya muy bien, ¿eh?

Antonio.

Doctor Torres, está usted "in albis".

Perdona, no te había visto.

Ya me he dado cuenta que estabas en una nube.

Es que estoy pensando en un paciente. Ah.

¿Esa mujer es paciente tuya? No, era la cuidadora de Domingo,

el de La Suprema. Murió hace un par de días, ¿no lo sabías?

Vaya, no sabía que estuviera enfermo.

No, ese es el problema, que no lo estaba.

Tenía el corazón delicado, pero nada que hiciera presagiar

que iba a tener una embolia fulminante.

Vaya, lo siento. ¿Quieres que nos tomemos un café y charlamos?

No, no tengo tiempo, disculpa. Nos vemos en casa.

-Mira qué cascada. Y por atrás hay una cueva donde puedes pasar

y mira qué sitio más increíble.

-Chicas, os estoy oyendo y me está dando una envidia...

-No te hacía correteando por el campo.

-¿Correr, yo? Cuando se me escapa el autobús, vamos.

Pero, en fin, no sé, salir a respirar el aire puro,

ver todas esas maravillas, eso sí que me da envidia.

-¿Lo ves? -Si a mí el plan me parece estupendo.

Lo que no quiero es volver más cansada de lo que me fui.

-No te preocupes, haremos lo que quieras.

-Qué bonito es el amor y los peces de color.

-Sí, me han dicho que hay sitios muy bonitos,

pero no dará tiempo a verlos todos. -Madrugando un poco, sí.

-¿Cómo madrugando?

Madrugamos de lunes a viernes, el fin de semana, no.

El fin de semana es para dormir, descansar, relajarse...

-No hay nada más relajante que caminar en el campo

con estos sitios tan bonitos y recargar la energía.

-20 km no es relajarse. -Qué exagerada. 20 km, ¿dónde vas?

-¿Y cuántos son, a ver?

-No lo sé, serán unos 15 o 16, más o menos.

-Ah, bueno, 15 o 16. Nada que ver, claro que sí.

Que no quiero volver con agujetas, por favor.

-¿Cómo eres tan exagerada, de verdad?

-Es la única manera de persuadirte a ti.

Lo ves todo muy fácil, pero la raza humana tiene sus limitaciones.

-A ver, que querer es poder. -Pero no quiero, no quiero.

Yo quiero un plan de estar tumbadita, relajada, durmiendo.

Levantarme, leer un libro, un bañito en la piscina, la siesta.

Vacaciones, Nacha. -Vale, de acuerdo, de acuerdo.

-De acuerdo, ¿qué?

-Como has dicho eso del bañito en la piscina,

me han dicho que ahí hay unas albercas que están fenomenal.

-¿Albercas o pozas? -Bueno, eso, pozas.

-Ya, me han recomendado las pozas, pero no son de fácil acceso.

-Mira, mejor porque así hay menos gente y podemos disfrutar tranquilas.

-Ya estamos.

-A ver, es una excursión que haces bajando las Hoces del río

con monitor y todo y en menos de una hora estás en el paraíso.

Eso me han dicho. -Ya.

Esto de la casita rural me lo vendiste como un plan de relax.

Se está convirtiendo en un plan de deporte extremo con monitor.

-No seas exagerada. Te juro que te lo vas a pasar superbién.

Te lo prometo. Y vamos, no quiero que llegues tarde.

-Eres una lianta...

María, te dejo aquí lo que se te debe, ¿vale?

-Muy bien, cariño.

-Hasta luego. -Hasta luego. Pasad buen día.

-Chao, María. -Chao.

-Entonces, ¿no le has vuelto a ver?

-No, desde ayer no sé nada de él. -¿Ni una llamada, nada?

Qué fuerte, tía.

-Lo mismo debería ir a verle. -Sí, después del pollo que te montó.

Olga, por favor, ¿eh?

-Paty, no es culpa suya, es por la enfermedad.

Ahora, no permitiré que me vuelva a montar un número como el de ayer.

-Cuando esté mejor, que venga él a verte.

Y que venga con otra actitud, ¿eh? Lo primero, que te pida perdón.

-Seguro que está muy arrepentido. -Pues que lo demuestre.

-Esto de la bipolaridad es tan complejo.

-Ya lo sé, pero lo último que quiero es que sufras.

-Ya estoy mejor, pero sigo preocupada por él.

-Tienes un corazón enorme.

Es verdad, después de la que te montó

y solo te preocupas de cómo estará él.

Yo debería irme que lleva María mucho tiempo sola en el bar.

Me tenías muy preocupada, ¿eh? -Gracias por venir.

Ya estoy bien. Con amigas como tú, ¿cómo no voy a estarlo?

-Anda, ven.

Que nos vemos luego.

-Buenos días, señorita Nerea. -Buenos días.

-Me extraña verla por aquí.

Creo que ya no trabaja para mi marido, ¿verdad?

-No, ya no trabajo para él, pero vivo en el mismo hotel.

Lo elegí aquí porque estaba cerca del trabajo

y aún no me he mudado.

-Puede ser una buena idea ir cambiando de hotel, ¿no?

-Es posible, pero no entiendo qué le importa dónde me alojo.

-No me importa, siempre que sea lejos de mi marido.

-¿Son imaginaciones mías

o está insinuado que estoy interesada de alguna manera en su marido?

-Espero que, por su bien, no lo esté.

-Ya. Bueno, en ese caso, podemos estar las dos tranquilas.

Alejandro Somoza no es mi tipo. -Muy bien.

Por si no está siendo del todo sincera,

le informo que mi marido y yo nos hemos reconciliado,

hemos retomado nuestra relación. -Le daría la enhorabuena

si tuviese mejor opinión de él, pero para no ser hipócrita,

me limitaré a repetirle que por mi parte no tiene de qué preocuparse.

Estaba deseando alejarme de él. -Mire que me extraña.

Tengo entendido que cobraba una fortuna por trabajar para él.

-Sí, pero el dinero no lo es todo, señora.

Nunca quise trabajar para él.

Si lo hice fue porque no me dejó otra opción.

-¿Ah, no? ¿Y qué hizo?

¿Le puso una pistola para que aceptara ese dineral?

-Si quiere saber por qué empecé a trabajar en Construcciones Somoza,

debería preguntárselo a él. Yo prefiero no recordarlo.

Es más, me gustaría olvidar ya todo lo que tenga que ver con Somoza.

-Entonces, debería darme las gracias. -Las gracias, ¿por qué?

-Puede que no sepa cómo entró aquí, pero sí por qué salió.

Yo se lo pedí.

-Dudo que lo hiciese por mí, así que no hay nada que agradecer.

-En eso llevas razón.

Lo hice porque no soportaba la idea de ver a alguien

que me recordara la pérdida de mi hija.

-Siento que perdiese a su hija, se lo digo de corazón,

pero no tengo la culpa de parecerme a ella.

-Claro que no.

Con no verla por aquí es suficiente. Haga todo lo posible por evitarlo.

(Móvil)

-¿Sí? -Nerea, soy Marcelino.

-"Hola, tío, ¿cómo estás? ¿El niño qué tal?".

-Muy bien, Leo está como una rosa,

pero no es esto por lo que te llamaba.

Me gustaría hablar contigo de un asunto.

Bueno, si te pasas por el bufete te lo agradecería, ¿es posible?

-Sí, claro. ¿Cuándo? -Cuando quieras.

Yo voy a estar aquí todo el día.

-Pues en una hora, más o menos. -Muy bien, me parece perfecto.

Te estaré esperando. Muchas gracias. -De nada. Hasta ahora.

-"Hasta ahora".

(Timbre)

-Hola. -Hola.

-¿Puedo pasar? -No sé, si estás más calmado...

-Quería pedirte perdón. Ayer perdí los papeles.

-No me gustó nada cómo me hablaste. -A mí tampoco. Lo siento.

-Me trataste como una mierda. -Lo sé.

Bueno, realmente me acuerdo por encima.

-¿Cómo por encima?

-Tras esos ataques, uno no tiene plena consciencia

de lo que ha pasado. Lo recuerdo todo en una nebulosa.

-Desgraciadamente, yo me acuerdo de todo.

-Lo siento mucho. Ese no era yo, Olga.

Es esta maldita enfermedad. Sabes que no soy así.

Yo tomo mi medicación, pero a veces las pastillas dejan de hacer efecto.

Lo noto y aviso a mi médico, pero tardó en enviarme las nuevas.

-No puede volver a pasar, Julio. -No va a volver a pasar.

Ayer, al irte tú, me llegaron las pastillas nuevas.

Estoy bien, de verdad. He descansado, he dormido.

Ya no me duele la cabeza

y estoy muy arrepentido.

¿Me perdonas?

-Sé que no es tu culpa, pero tampoco es la mía.

-Por supuesto.

-Quiero dejar claro que no permitiré que esto vuelva a pasar.

No quiero que nadie me trate así. -Claro que no.

-Me dijiste que era una caprichosa jugando a las cocinitas.

-¿Eso dije?

Pero si yo no pienso eso de ti. -Me alegro.

-No parece que te alegres mucho. -¿Y qué quieres? ¿Que baile?

Este tipo de cosas no se olvidan así como así.

-Quiero que sepas que eres lo más importante de mi vida.

Estoy enamorado de ti y nunca te haría daño.

Te lo juro. No me tengas miedo, por favor.

Olga, te doy mi palabra de que estoy bien

y de que nunca voy a dejar de tomar las pastillas.

¿Sabes por qué? Porque te quiero

y no quiero perderte.

(RECHISTA)

"Antonio, ha sido un placer hablar contigo,

pero me tengo que marchar o, si no, no llego".

"Que vaya muy bien, ¿eh?".

¿Se puede? Miralles, bienvenida a casa.

Gracias. ¿Qué tal ese congreso? Cuéntame.

Bueno, sobre todo traté de no aburrir mucho al personal

con la exposición sobre Planeta Libre.

En fin, creo que no me fue mal del todo.

Anda y no te hagas la modesta que ya me he enterado

de que estuviste brillante. Me lo han dicho los espías que tenía.

¿Qué espías? Sabater y Montoya.

Dos amigos que son comisarios en Valencia

y estaban allí y me han dicho que has dejado el pabellón muy alto.

Que todos tomaban apuntes como si estuvieran otra vez en la academia.

Eso todos. Ha habido ponencias interesantísimas.

Bueno, ya me harás un resumen. Aquí lo tienes.

Un resumen con notas de todas las conferencias.

Ya te digo que el congreso ha sido interesante.

Muchas gracias, hombre.

Espero que encuentres un momento para leerlas y las comentemos.

Vaya por Dios. Me extrañaba que no me pusieras deberes.

A ver, te has librado del congreso, no del trabajo de oficina.

Hablando de deberes, ¿qué ha pasado por aquí?

La verdad es que la vuelta de Alicia ha ayudado.

Como te comenté, está de jornada reducida, pero se ha notado.

No la he visto al entrar. ¿En qué está metida?

Hoy no ha venido. El bebé se puso malo y se ha tomado el día.

Espero que nada serio. No, al final, no,

pero ayer se llevaron un buen susto.

Ha sido una infección de orina que ha remitido.

Vale, luego la llamo. ¿Habéis tenido algún caso complicado?

Lo más gordo lo ha estado llevando Elías,

un homicidio violento con arma blanca.

El muerto, un joven con antecedentes.

(Móvil)

Disculpa.

Mira, precisamente es Elías. Lo cojo por si es algo urgente.

Dime, Elías. "Hola, Claudia".

"Ya estás de vuelta, no?". Acabo de llegar.

Parece que me hueles. Querría darte la bienvenida

con algo más agradable, pero tenemos un asesinato en el barrio.

¿Un asesinato? Estoy en el despacho de Bremón, pongo el altavoz.

Te escucha el comisario. ¿Estás en el lugar de los hechos?

"Las naves abandonadas detrás de las vías,

junto al polígono".

Esto tiene pinta de ser un ajuste de cuentas.

Haz un resumen.

"Varón blanco, 50 años, dos disparos a bocajarro en el estómago y bueno",

el cuerpo presenta síntomas de haber sido torturado.

¿Está identificado?

No, no hemos dado con su cartera.

Estamos esperando a la Científica, a ver si halla más.

"Cuando sepa algo, te aviso". Vale, de acuerdo. Gracias.

"Venga, vale".

Menuda forma de empezar a trabajar, ¿verdad?

Pues sí, desde luego.

Luego le dices a Elías que te hable del otro cadáver

y métele prisa que dos homicidios en la misma semana...

Sí, se nos puede echar la prensa encima como buitres.

Te cuento luego, ¿vale? Venga.

No te ha dado tiempo a aburrirte, ¿verdad?

No, no me ha dado tiempo.

Ya ves, en Distrito Sur todos los días son fiesta.

Muchas gracias por venir. Perdona que te haya llamado de sopetón.

-Me has dejado un poco intrigada.

-Lo siento. No quería hacerme el interesante. Siéntate, por favor.

¿Quieres un café? Lo acaban de traer.

-No, gracias. Ya estoy bastante alterada.

-¿Por mi culpa? No pienso darte ninguna mala noticia.

-No, tranquilo, tío.

Al venir aquí he tenido un encuentro que me ha dejado tocada.

-¿Con quién? ¿Qué ha pasado?

-Me he cruzado con la mujer de Somoza, la exmujer.

Sofía Collantes, se llama y ha sido bastante desagradable.

-¿Qué te ha dicho? Si te lo puedo preguntar.

-Sí, pero no me apetece hablar de ello. Toda esa gente...

Somoza, Mayoral son parte del pasado

y me gustaría olvidarlos cuanto antes.

Los últimos meses han sido como una pesadilla.

-Me imagino. Me alegro de que todo haya terminado.

-¿Qué tal Leo? Mejor, ¿no? Alicia me mandó un mensaje.

-Sí, está mejor. El antibiótico le hizo efecto rápido.

Alicia dice que ha dormido como un bendito.

Se va a quedar en casa con el niño. -Qué bien.

-Bueno, no estaría mal que hablásemos de por qué te he hecho venir.

-Estaría bien, sí.

-Verás, Nerea, últimamente he estado muy arisco contigo.

-No te lo reprocho, te he dado motivos

y las heridas no cicatrizan de un día a otro.

-Las mías ya están cicatrizadas y te lo voy a demostrar.

Te he llamado porque quiero ofrecerte tu antiguo puesto en el bufete.

-¿Cómo has dicho?

-Quiero que vuelvas a trabajar en Ocaña Abogados,

en tu antiguo puesto con las mismas condiciones.

Como si no hubiera pasado nada.

-Tío, me dejas sin palabras. -No tienes ningún compromiso.

Entendería que no quisieras ni oír hablar del asunto

ahora que sabes que parte del bufete se montó

con dinero sucio proveniente de Quintero.

-No estaba pensando en eso. Sé que has cometido errores,

pero has hecho lo posible por enmendarlos.

Además, no tienes la culpa de que Mayoral destruyese las pruebas.

-No, pero elegí mezclarme con esa gente en beneficio propio.

-Todo eso también pertenece al pasado.

Quintero está muerto, Sergio no puede hacerte daño

y este bufete lleva muchos años siendo legal,

además de tener un prestigio merecidísimo.

-¿Eso significa que aceptas mi oferta?

-Acepto encantada y muy agradecida.

No sabes lo que significa para mí que me ofrezcas esto.

¿Me das un abrazo? -Claro.

-¿Crees que a Alicia le parecerá bien?

-No solo lo creo, sino que sé que es así.

Alicia es la que ha terminado de convencerme.

La idea de llamarte fue mía, pero no me decidía

y Alicia ha insistido mucho.

-¿De verdad? -Y Montse también.

Te queremos mucho en esta familia. Te hemos echado de menos.

¿Te parece incorporarte mañana mismo?

-Cuanto antes, por favor. -Pues perfecto.

Mañana nos pondremos al día. Ahora tengo mucha faena,

ya sabes, porque se me fue mi mejor abogada

hace unas semanas y se me ha ido acumulando el trabajo y...

-Te dejo trabajar. Hasta mañana.

-Nerea. -Dime.

-Me alegro de que estés de vuelta. -Yo también, tío.

-Aquí tiene. Hasta luego, gracias.

-Papá. -Sí.

-He terminado con las facturas. ¿Empiezo con el reparto?

-Anda floja la mañana. No tenemos ni un solo pedido.

-Vale, pues vuelvo para dentro y pongo al día la base de datos.

-Espera. ¿Por qué no aprovechas que no hay trabajo y descansas?

Mira, he preparado un zumo de naranja y de zanahoria.

¿Te pongo un vaso? -Bueno.

-Toma. Hoy te veo como más relajado, más descansado.

-Pues he dormido fatal. No dejo de darle vueltas a lo de ayer.

-¿El qué de ayer? ¿Lo de Elías?

Yo de ti no me preocuparía más por eso.

-Porque tienes mucha sangre fría,

pero mi currículum criminal no es tan abultado como el tuyo.

Y cuando la policía me interroga y tengo que callar,

se me acelera el pulso. -Ya.

-Papá, lo siento, no quería... -No, no, no pasa nada.

-Me asusté cuando se puso a preguntarme

por qué no quiero ser policía. Menos mal que apareciste tú y...

-David, es un truco.

-¿El qué? -Los polis.

Cuando necesitan sacarte información hacen como si lo supieran todo.

Es como si dijeran: "Te he cazado".

"Tienes que confesarlo del tirón y te ahorras el mal trago".

Es puro teatro. -Ya.

Perro ladrador, poco mordedor, ¿no? -Ajá.

-La teoría me la conozco, pero la práctica es otro tema.

-De todas formas, Elías ya no te molestará más.

Con lo que le dije ayer, creo que le convencí.

-¿Cómo se te ocurrió eso tan rápido?

-Mira, David, cuando quieres que no te pillen una mentira,

lo que tienes que hacer es contar la verdad, pero no toda.

Solo hasta donde puedas, eso desarma a la gente,

especialmente a los polis. -Ya.

Porque ellos esperan que mientas. -Exacto.

Mira Elías, ahora, confía en nosotros.

Tiene la sensación de que necesita guardarnos el secreto.

Lo único que siento ahora es que estés pagando por mis errores.

Sigo pensando que serías muy buen policía.

-Ya hemos hablado de eso. -Sí, ya lo sé.

Pero es lo que pienso. Tienes muy buen corazón y tienes cabeza.

Hacen falta más policías como tú. Llegarías lejos.

-Es que no basta con ser espabilado y majete, papá.

Hay que ser un tío íntegro.

Yo no puedo hacerlo sin que te lleven preso.

Como comprenderás, no puedo pasar por ahí.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Te vas a jubilar de frutero en Distrito Sur?

-No sé, ahora no tengo cabeza para pensar en el futuro.

-Alguna vez tenemos que volver a la normalidad.

Vamos, digo yo. -Supongo. Cuando todo haya terminado.

-Todo esto ya ha terminado. Toño se ha ido.

Nadie ha denunciado el robo y Elías no sospecha nada.

Todo ha terminado. -¿Cómo puedes estar tan seguro?

-Porque no hemos dejado ningún rastro y nadie ha encontrado una conexión.

-Ojalá tengas razón y esto termine pronto

y podamos volver a vivir como antes.

-Sí, bueno, como antes ya es imposible, ¿no?

-¿Estás pensando en María? ¿Y si hablas con ella?

-Ya, ¿y qué le digo?

¿Que Toño me amenazó con matarte si no rompía con ella?

No, no puedo implicarla a ella también en esto.

-Puedes disculparte, decirle que estabas equivocado,

que te afectó mucho nuestra discusión y necesitabas separarte de ella

para no hacerle daño. -No.

Es demasiado tarde para eso.

-Tú mismo has dicho que hay que volver a la normalidad, ¿eh?

Tienes suerte que María es una mujer muy generosa

y muy comprensiva y lo que teníais antes era una relación muy bonita.

O sea que, como mínimo, debes intentarlo.

-No sé, es posible.

¿Sabes qué? Me voy a poner con la base de datos.

¿Atiendes tú? -Venga.

-Santo Dios, ¿qué le han hecho a este hombre?

-Lo han dejado hecho un Cristo

y parece que lo han tirado desde arriba.

Además, sé quién es. -¿En serio?

-Sí, lo sé por los tatuajes. Tengo que hablar con la jefa.

-Si quieres me cojo un compañero y voy buscando testigos.

-Bueno, sí.

Dudo que encuentres a alguno, pero por intentarlo que no quede.

-Por esa zona suelen venir a pasar la noche

algunos sin techo. Igual alguno ha visto algo.

-A ver si encuentras alguno que estuviera sobrio.

-Venga. Voy.

(Móvil)

Dime, Elías. "¿Cómo estás, inspectora?".

Espero que hayas hecho ya la digestión del desayuno

porque lo que te voy a contar no es plato de gusto.

¿Qué ha pasado?

"¿Recuerdas la banda de butroneros del Toño?".

Hemos encontrado su cadáver, sí. Le he reconocido por los tatuajes.

El cabronazo que ha hecho esto se ha ensañado con él, pero bien.

¿No hace poco que había salido de la cárcel?

Mira lo que han durado. ¿Cómo lo que han durado?

¿Hay más muertos o qué? Sí, otros dos.

Y lo malo es que Toño era nuestro principal sospechoso.

Sí que me he perdido diversión yéndome a Mallorca.

A ver, empieza por el principio.

El caso es que al poco de irte de viaje

encontramos un cadáver en la incineradora del vertedero.

"Era de un veinteañero, un tal Pincho".

-Permiso. -Adelante, Mayoral.

-Necesito su firma para la licencia de obras.

-La promoción de Valdecantos. -Eso es.

-¿Y ya cobró los dividendos de esa inversión tan prometedora

que me dijo? -Sí, esa operación ya está cerrada.

-¿Cuánto dinero me hizo ganar? -Menos de lo que yo esperaba.

Ha sido muy decepcionante.

-¿Y cómo así? Me dijo que era la inversión del siglo.

-La inversión ha sido buena, mejor que la que le hubiera ofrecido

un banco o un agente de bolsas. Simplemente, esperaba más.

-Bueno, me gusta que sea así de exigente.

-Buenos días, cariño. Hola, Sergio. -Buenos días.

-Buenos días, amor. -Con permiso.

-Alejandro, tengo un problema. -A ver, Sofía, ¿qué pasa?

-Me encanta vivir contigo,

pero tu casa necesita una intervención estética urgentemente.

-Bueno, pues cariño, cambia lo que necesites cambiar.

Cámbialo todo, si quieres. -No, no lo voy a hacer yo.

Voy a contratar a un decorador de interiores

y tomaremos las decisiones entre los dos.

No pienso decidir nada sin tu aprobación, que es tu casa.

-Tú sabes que voy a aprobar cualquier cosa que te haga feliz.

-¿Ah, sí? Pues me haría muy feliz que nos fuéramos a comer

y a visitar la exposición de Helmut Newton en el Reina Sofía.

-Me parece increíble, pero hoy yo no puedo.

Tengo un compromiso que no puedo cancelar.

Un cliente de la empresa de transportes

que viene solo un día a Madrid. No lo puedo dejar tirado.

Es más, ya me iba saliendo. -Bueno, entonces tendré que ir sola.

-No tienes que ir sola. Dile a Mayoral que te acompañe.

-Bueno, qué remedio. ¿Te vas ya?

-Me voy porque no quiero llegar tarde.

-¿Puedo usar 20 minutos tu ordenador? -Usa lo que necesites, mi amor.

-He quedado con la empresa de mudanzas de Roma

en ponerles una videoconferencia antes de comer.

-¿Para qué necesitas contratar a una empresa de mudanzas?

-Si me voy a quedar a vivir aquí, tendré que traerme mis cosas.

He venido solo con tres maletas.

-Mira, cariño, recuerda que ahora tengo una empresa de transportes.

No necesitas estar contratando a nadie en Roma.

-Muy bien, pero eso ya está todo resuelto.

Vete tranquilo a comer. -Bueno.

-Después encontramos el cadáver de Rodrigo

y pensábamos que el asesino era Toño. Bueno, tiene sentido.

Si era violento y andaban metidos en un robo,

podrían haber discutido por el botín y acabar a cuchilladas.

No sé, pero hay algo que no me cuadra

porque con el primer cadáver se esmeraron mucho en esconderlo

y el de Rodrigo lo dejaron a plena luz del día.

Como si quisieran que lo encontráramos.

Sí, eso es, sí. Y con este, pues lo mismo.

Además, ha sido una ejecución porque hay mucha violencia.

Ya, si lo han torturado es

que, tal vez, robaron a la gente equivocada, ¿no?

Sí, puede ser, puede que fueran a robarle a un tipo importante,

poderoso y les pillasen y quisieran dejar claro el mensaje de:

"Fulanito es intocable".

Pero no sabemos a quién han dado el palo o si lo han dado.

¿Ha habido denuncias estos días?

"Mi confite me dio a entender que Toño y Rodrigo"

estaban planeando dar un golpe, pero no ha habido ninguna denuncia.

Si robaron un alijo de droga, por ejemplo,

claro, no va a haber denuncia, ¿no?

Sí, claro, y estos se dedicaban a robar cajas fuertes,

que son joyas, dinero y, en estos casos,

la gente no suele poner denuncias, como con la droga.

A ver, a lo mejor tiene sentido lo que pensábamos desde el principio,

que un miembro de la banda se esté cargando a los demás

para conseguir el botín y quedárselo él solo.

Sí, puede ser. Oye, te dejo que viene Nacha, ¿vale?

Quizá traiga algo. Vale.

Si hay alguna novedad me llamas y, sino, os venís aquí corriendo.

De acuerdo. Chao.

Bueno, ¿alguna noticia?

-No, no hay testigos. No ha habido suerte, nadie ha visto nada.

-Nosotros aquí ya no hacemos nada.

Que venga Científica y a ver si encuentra algo más.

Somos más útiles en comisaría. -Pues sí. Vamos.

(Timbre)

Nerea. Pasa.

Perdona que me presente así, sin avisar.

No te preocupes. Me pedí el día libre para estar con Leo.

Por cierto, está mucho mejor.

Me lo ha dicho tu padre. Me alegro. ¿Y tú qué tal? ¿Has podido descansar?

Sí, he pasado una noche tranquila. El antibiótico hace maravillas.

¿Quieres tomar un café o un té? No, no quiero molestar.

Solo quería decirte que me voy a reincorporar al bufete de tu padre.

¿En serio? No sabes cuánto me alegro.

Me ha dicho que insististe para que me ofreciera el trabajo.

Fue decisión suya. Yo solo le di el último empujón.

No sé, me di cuenta de que quería tomar la decisión,

pero al mismo tiempo sentía miedo.

Ya, me imagino que tras todo lo que ha pasado,

le costará volver a confiar en mí. No, no es eso.

Realmente, tenía miedo de que le rechazaras

o de que te pareciera una forma de condescendencia.

No, para nada. Si estoy agradecida, sobre todo a ti.

Sé que tu padre tiene en cuenta tu criterio.

Aunque te quieras quitar importancia, has hecho mucho para convencerle.

Quien se lo ha currado ha sido Montse.

Vio que mi padre quería tomar la decisión

y le insistió bastante.

¿No te apetece tomar algo? ¿Aunque sea para celebrar tu vuelta?

Bueno, venga. Tendrá que ser con mosto.

Es lo más así que tengo para brindar.

Mosto, genial.

Así que te quedas en Madrid.

Tendrás que buscar un sitio, no seguirás en el hotel.

Sí, no lo he pensado. De momento no me voy a mover

hasta que vuelva con tu padre y recupere el ritmo de trabajo.

Luego buscaré un sitio.

Que sepas que aquí sigues teniendo una habitación.

Creo que no es buena idea. Yo creo que sí.

Pocas veces uno puede rebobinar y volver al punto antes

en el que se torcieron las cosas.

Pero en ese punto no habías dado a luz ni vivías con tu chico.

A Iker no le iba a importar. Alicia, de verdad, que no.

Ahora tienes una familia y necesitas intimidad.

No me quiero meter por medio. Vale. No te voy a insistir más.

Pero no te olvides de que formas parte de mi familia.

No me olvido y significa mucho para mí.

Me voy a dejar la piel en el trabajo.

Me habéis dado una oportunidad que no merezco

y quiero demostraros que no os equivocáis.

Bueno, por la familia, ¿no? Por la familia.

Me imagino que mi padre no te puso a trabajar el mismo día.

No, empiezo mañana.

Entonces, tienes la tarde libre. ¿Habíais hecho planes?

No, pensaba ir al hotel y tirarme en la cama a leer un libro.

No es un mal plan, pero igual prefieres pasear con Leo y conmigo.

Iba a bajarlo al parque. Sí, me apetece mucho.

Voy a por él y nos vamos. ¿Quieres que te ayude con algo?

Como si quieres cambiarle el pañal. Me has leído el pensamiento.

Mira, Leo, ha venido la tía Nerea.

(Puerta)

Sí, adelante.

Ah, hola, Anabel. Pensaba que era la enfermera.

Ya había visto a los pacientes de la mañana.

-Sí, ya lo sé. Me esperé hasta que se fuera el último.

No te voy a entretener, pero creo que deberíamos hablar.

-Lo siento, pero no tengo mucho tiempo, ¿sabes?

Tengo que comer, revisar unos historiales

y en tres cuartos de hora entro en el turno de tarde.

Preferiría que fuera en otro momento.

A no ser que sea algo médico.

-No, no es nada médico, pero lo vamos a hablar ahora mismo,

si no te importa. -Ya te he dicho que sí.

No tengo tiempo. -Ah, no tienes tiempo, ya.

Pero para coger el coche y plantarte en la residencia Los Laureles

para preguntar por mí sí has tenido tiempo, ¿no?

-¿Quién te ha contado eso?

-Si vas a responder a mis preguntas con más preguntas, esto se alargará.

¿Lo vas a negar? -No he dicho que vaya a negarlo.

-Resulta que todavía tengo amigos en esa residencia

y uno de ellos, cuyo nombre no pienso decirte,

me ha contado que esta mañana ha estado por ahí el doctor Torres

para hablar con la dirección del centro.

-Ese amigo, cuyo nombre no me importa tanto,

tiene toda la razón, pero no pienso darte ninguna explicación.

-No pienso salir de aquí hasta que me digas qué andas diciendo de mí.

-No me preocuparía por lo que voy diciendo por ahí de ti,

me preocuparía por las mentiras que tú vas diciendo.

-¿Cuándo he mentido yo, si se puede saber?

-Esta misma mañana. Me dijiste que habías abandonado

por propia voluntad la residencia y no es verdad.

-¿Y qué te importa a ti si me fui o si me echaron?

-Me importa, me importa lo que le pasó a Alfonso Paños,

que te denunció por agresión.

-Si tanto has averiguado, deberías saber que esa denuncia quedó en nada.

-¿En nada? Fue la causa de tu despido.

-Despido improcedente, que lo dice el finiquito.

-Después de los disgustos que les diste,

solo les faltaba meterse en un juicio en magistratura.

Pero esto no cambia las cosas, ¿no?

Un paciente te denunció por agresión. -Eso no es así.

Alfonso tenía demencia senil, sufría delirio persecutorio.

Acusaba a todas las enfermeras, no solo a mí.

-No sé si a todas, pero solo despidieron a una.

-A ver, si yo lo hubiera agredido sería delito

y habría pasado por tribunales, ¿cierto?

Pero la familia quitó la denuncia porque era injusta.

Y si yo mentí esta mañana es porque aquello todavía me duele,

así como me duele que estés investigándome a mis espaldas.

¿Qué quieres de mí? ¿Por qué haces esto?

-Me pediste que te recomendara como cuidadora

y, como comprenderás, para recomendar

no se hace a la ligera, sin ver sus referencias.

Quiero estar seguro de que eres profesional.

-Si eso ya lo sabes.

¿Cómo estaba Domingo conmigo? Estaba feliz de la vida como Flor.

-Y mira dónde están, los dos muertos y por el mismo motivo.

-¿Cómo has dicho? -Lo que has oído.

Que mira, qué casualidad, los dos han fallecido

y recientemente y por la misma causa, una embolia.

Y que yo sepa, Domingo tenía una cardiopatía,

pero Flor tenía el corazón perfecto.

-¿Se puede saber qué disparate estás insinuando, Antonio?

-No estoy insinuando nada. -¿Qué me estás llamando?

¡Me estás llamando asesina! -Eh, por favor, no levantes la voz.

-¡¿Que no levante la voz?!

Tú ni te imaginas lo que va a sonar cuando yo airee todo esto.

¡Tú a mí no me difamas! -No estoy difamando a nadie.

La palabra "asesina" la has puesto tú. Yo relato los hechos.

-Mira, Antonio, serás muy doctor, muy médico, lo que te dé la gana

y yo seré una simple cuidadora, pero tengo mis derechos

y los voy a hacer valer, los voy a hacer respetar.

Te vas a tragar cada una de las palabras que has dicho.

¡Te lo juro por mi madre!

(HABLA EN ITALIANO)

(Puerta)

-¿Interrumpo? -No, ya había acabado.

Pasa. ¿Has reservado mesa?

-Me temo que no. -¿Y eso?

¿No íbamos a comer antes de ver la exposición?

-No creo que sea buena idea.

-¿Piensas saltarte la comida para ir directamente al postre?

-Sofía, aquí no, ¿vale?

-¿Qué pasa? La secretaria se ha ido a comer.

-Aun así. Estamos en un lugar público.

-Bueno, pues busquemos un lugar privado.

-Sofía, no sigas por ahí, ¿eh?

Este juego está empezando a no ser divertido.

-Ya. Le has quitado la gracia con la cara que has puesto.

Si tanto te preocupa que nos vean juntos,

no te vayas dejando tus cosas en mi habitación.

-¿Te imaginas la cara de tu marido si supiera lo nuestro?

-Exmarido. -¿Y eso qué más da?

¿Sabes lo que me haría si supiera que nos hemos acostado?

-Sí, y tampoco tendría gracia, sobre todo para ti.

Es un hombre muy celoso.

-Y muy violento con quien lo traiciona.

-Tú no le has traicionado. ¿No te pidió que te ocuparas de mí?

Y bien que lo has hecho.

Pocos se han ocupado de mí tan bien como lo has hecho tú.

-Eso se acabó, ¿eh? -No me hables así.

Te recuerdo que eres un empleado, ¿está claro?

Y no te hagas de rogar, hombre, que no soy estúpida.

Sé bien cuándo un hombre disfruta. Tú lo pasaste bien conmigo.

-Sí, eso nadie lo niega, pero eres imprudente.

-Relájate un poco, Sergio.

Alejandro no sospecha ni va a saber nada.

-¿Cómo estás tan segura?

-Porque tiene otras cosas más importantes en qué pensar.

Por ejemplo, en lo bien que va nuestra relación.

Me ha pedido que viva con él.

¿Qué? ¿Soy una chica mala? Perversa.

Bueno, poco a poco me irás descubriendo.

-Creo que ya he descubierto bastante.

-No te preocupes, no soy tan tonta como para dejar que nos pille.

-Acabaríamos los dos bajo tierra. -Sí.

Pero reconocerás que el peligro le pone interés al asunto, ¿no?

¿Te pongo nervioso? -Un poco.

-Yo creo que no son nervios, es más bien excitación.

¿No te gusto?

¿No tienes ganas de repetir? -Me gustas mucho.

Y claro que quiero repetir, pero para eso hay que seguir con vida.

Si alguien nos pilla aquí... -Cada día me gustas más.

Creía que solo eras un esclavo de Alejandro.

Pero tienes personalidad. -Nunca he sido esclavo de nadie.

-Que solo hacías lo que él decía.

Luego agachabas la cabeza, como todos,

para pedir tu limosnita. -¿Limosnita?

A veces no tienes ni idea de lo que dices, Sofía.

Si estoy aquí es por elección propia.

Soy yo quien ha manejado a tu querido Alejandro

para salir de la cárcel y ganar una fortuna.

Soy yo quien decide, ¿te queda claro?

-Me gusta que hables así, me gusta lo que dices. Mucho.

Me gusta lo que toco. Me gusta lo que vamos a hacer en este despacho.

¿Qué haces? -Demostrarte que soy yo quien decide.

-Eres patético, Sergio.

Vas de dandi por la vida y ninguna mujer puede ser feliz a tu lado.

Eres un maldito asesino y no tienes nada de qué presumir.

¿Tú conoces a Anabel, la que cuidaba a Domingo, el de la heladería?

Sí, la conozco, ¿por? Esta mañana me ha dado la impresión

de que estaba demasiado cariñosa con tu padre.

Lo está pasando mal con lo de Domingo.

El otro día le dio un ataque de ansiedad

y vino a que papá le atendiese. ¿Ha estado en casa?

Quiero saber qué tipo de relación tienes con Anabel.

Dentro de poco viene el cargamento más importante

que haya hecho en Europa. Quiero que usted esté al tanto.

¿Cuándo llega ese cargamento?

No se preocupe, oficial, ya se enterará a su debido momento.

Desde que regresaste a mi vida es lo mejor que me puede haber pasado.

-Yo también pienso lo mismo. ¿Por qué no nos casamos?

-Sofía, ¿es que no dejas de sorprenderme?

-Karim. Ah, ¿vienes mañana ya? ¿Tan pronto?

-Sí, yo también tengo ganas de verte.

-Te invito a cenar esta noche.

-Te estoy diciendo que quiero la mínima relación contigo

¿y me invitas a cenar?

-Entiendo que te sorprenda mi forma de actuar,

pero María, tengo mis razones.

-Hemos encontrado el cadáver de Toño en un descampado.

-¿En serio? -Sí.

Como esto siga así, de la banda no va a quedar ni el apuntador.

Jesús, si no me has contado la verdad, aún puedes rectificar.

Estoy empezando a temer por tu vida. Van a por la banda.

Tú has formado parte de ella.

A estas alturas creo que se ha cometido un atraco,

pero quizá robaron a otros atracadores y no se ha denunciado.

Es una posibilidad.

Pero no podemos descartar que haya otro miembro de la banda de Toño

del que no tengamos conocimiento y que haya matado a los demás.

A estas alturas, no podemos descartar nada.

Tú sabes que hay un miembro de la banda del Toño

que era experto con la lanza térmica. Sí, el Chispas, ¿no?

Pero nunca tuvimos constancia de su identidad.

El caso, Claudia, es que yo sí sé quién es.

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Servir y proteger - Capítulo 334

29 ago 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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